Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo ocho

¿Le temes a la oscuridad?

"Los hechos de la vida de una persona, como el asesinato, saldrán a la luz."

~Norman Sherry.

EDWARD

—Tu prometida es… —Emmett dejó de hablar, mirándola por la ventana mientras que ella reía y bailaba con los niños. Una parte de mí quería correr hacia allí y salvarlos. La hermosa mujer con la sonrisa amable, risa de campana y rostro sonrojado era solo una ilusión. Ellos estaban bailando con un maldito león, una serpiente en el césped, una salvaje despiadada.

—Ella es una maestra del disfraz —siseé enojado. Disfrutaba mirarla bailar, sonreír y cantar fuera de tono. Si no la conociera mejor, si no tuviera un puto agujero en mi puta pierna, estaría tentado en pensar que era afortunado.

La mujer ante nosotros era la mujer que estaba esperando, la que quería, y me molestaba como la mierda que no existiera. Se suponía que esto la haría sentirse incómoda, pero estaba jugando con nuestra "familia" al máximo como tontos.

—¿Cuánto tiempo crees que le tomó aprender a ruborizarse en el momento justo? —preguntó Emmett mirándola con asombro y admiración.

—Emmett, te dispararé en frente de Rose y luego le daré el arma a ella para que lo haga si no paras de mirar a mi prometida como si fuera la puta Virgen María, —siseé, terminando mi brandy. La odiaba por esto. Por, otra vez, hacerme dar cuenta que ella puede jugar este juego, el juego del asesinato y mentiras, como una maldita profesional.

—No descargues tu enojo conmigo. —Sonrió, girándose lejos de la ventana—. Tú eres el que la cagó. Si tan sólo…

—Cierra la puta boca, Emmett, o juro por Dios… —grité, tomando el vaso en mi mano con demasiada fuerza, casi quebrándolo—. Ve a hacer tu puto trabajo. Quiero el avión en cenizas en tres minutos.

Él no dijo nada más, sino que se fue a encontrarse con Jasper y el resto de nuestros hombres mientras miraba a mi futura esposa caminar sobre puta agua. En el momento que bajamos del coche, se transformó en esta pequeña oveja delicada. ¿Dónde y cuándo había aprendido a hacerse sonrojar? La Isabella que conocí ayer y la Bella que se anunció ante mi madre eran dos mujeres diferentes. Debería haber sabido que iba atraerlos como polillas al fuego. Ella fue jodidamente hermosa y para nada amenazante cuando conoció a todos, que, por un breve segundo, me olvidé de los demás. Si hubiera sido así cuando la conocí, la hubiera deslumbrado y cautivado mientras hacíamos el amor en mi cama.

Me habría complacido en hacer ruborizar todo su cuerpo con lo que tenía planeado hacerle y me hubiera asegurado que mi pequeña oveja estuviera a salvo. Si tan solo mi vida fuera así de jodidamente fácil.

—Señor, estamos listos —dijo uno de mis hombres, Ethan Reese, tras de mí.

Asintiendo, caminé hacia la puerta que conducía a la oficina secreta, mi padre la había hecho construir entre las paredes para asegurarse que nadie entrara "accidentalmente". La habitación estaba llena de monitores y mapas, todos concentrados en dónde estaría el avión.

—¿Estás seguro que quieres hacer esto, Edward? —preguntó mi padre mientras miraba al punto que indicaba el destino del avión. El avión cruzaría las aguas americanas pronto.

—Es jodidamente brillante. —Sonrió maliciosamente Jasper, esperando con entusiasmo—. Los Volturi nunca lo verán venir.

—Me gustaría ver el rostro de Aro. —Sonrió Emmett—. Esto le va a hacer perder una fortuna.

Eric asintió.

—Deberías enviarle una invitación a la boda, solo para endulzar la olla, amigo.

Todos tenían razón, y aun así mi padre no parece estar de acuerdo. Bueno, que se vaya a la mierda. Aro no tenía idea que alguien sabía sobre su avión secreto, pero igualmente se aseguraba de dejar que algunas personas sin suerte suban en él. Debió haber imaginado que nadie sería lo suficientemente cruel como para matar a algunos inocentes para llegar a sus hombres. Era ese tipo de pensamientos que le haría arrepentirse de esa decisión hoy. No solo perdería algunos hombres, sino que también perdería medio millón de dólares en cocaína y heroína. Eso sería una mierda.

En el momento que vi el avión, todo lo que pude hacer fue sonreír mientras daba la orden.

—Hazlo.

Jasper sonrió en respuesta, asintiendo con la cabeza, pero antes de que pudiera apretar el botón, Emmett se adelantó como si fueran unos putos niños.

—Soy el jodido mayor por una razón —dijo seriamente, antes de sonreír como un loco y un momento después, hubo solo llamas rojas, naranjas y amarillas antes que el humo negro llenara el cielo. Metal haciéndose pedazos, cenizas cayendo al mar y todo lo que pude hacer fue deleitarme de todo.

Sentándome en la silla principal que una vez mi padre aclamó, me permití soñar en el futuro por un momento, mientras los hombres en la habitación rugían en victoria por nuestro logro. Los Volturi habían sido jodidos por mí hoy. Esto, más el anuncio de la boda entre Isabella y yo, lo dejarían claro, Edward Cullen había llegado y planeaba hacerles comer mierda por el resto de sus vidas. Controlaría el este y el oeste y, una vez hecho esto, todo Europa. ¿Quién dijo que no podías tenerlo todo?

Iba bien por mi camino con todo lo que necesitaba. Incluso Isabella, a pesar de todas sus quejas y disparos me había venido muy bien. Enterarse de los planes de vuelo fue demasiado fácil. Ella había estado guardando notas de ello por meses y nunca hizo nada, qué jodida Capo. Ella podría haber cortado a Aro por las rodillas, pero en cambio, no lo hizo para salvar unas pocas vidas. Ella no entendía. Manejábamos la puta Mafia, no librábamos a nadie, tomábamos lo que queríamos, cuándo lo queríamos, y matábamos para terminar con un trabajo. Todas esas personas estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado, y me aseguraría de que mi madre… o quizás Isabella, abra una organización benéfica en sus nombres. Ahora…

Antes que pudiera terminar mi pensamiento, explotaron balas por una de las paredes. Nos caían como lluvia y destruyeron la mayoría de nuestros monitores.

—¡Mierda! —gritó de dolor Emmett mientras la sangre brotaba de su brazo.

—¡Abre la maldita puerta y acaba con el hijo de puta! —grité mientras que Jasper se quedó inmóvil mientras una bala pasaba junto a su cabeza e impactaba en una pantalla tras él. Mi padre cayó hacia atrás cuando una bala impactó en su pecho y Eric se aferró su muñeca. El resto de los hombres en la habitación se apresuraron a seguir las ordenes, pero se detuvieron cuando se abrió la puerta.

—Dime que no fuiste tú, y así puedes seguir viviendo para nuestra puta boda, cariño —gritó Isabella mirándome fijamente a los ojos.

Mátala. Pon una bala en su linda y maldita cabeza y tírala por un puto puente. Mi mente me gritaba mientras fulminaba al cañón de la semi-automática que mi prometida sostenía apuntándonos a todos.

Traté de mantener la calma. Casi incluso recé para no perder la fuerza, pero todo lo que podía ver era rojo. Mirando hacia Eric, quién se encontraba más cerca de ella, se hizo cargo y puso un arma en su cabeza, haciendo que ella bajara su arma.

—Maldita perra —siseé respirando por mi nariz—. ¿Has perdido tu puta cabeza?

—Eric Reece, ¿no? —Le preguntó mirándolo a los ojos. Pero él no respondió—. Será mejor que aprietes el gatillo ahora, te arrepentirás si no lo haces.

Él me miró, pero en una fracción de segundo, Isabella se dio vuelta y usó la culata de su arma para golpearlo en la cara antes de golpearle las piernas y apuntar el arma a sus huevos.

—Dije que lo lamentarías —siseó.

—Señorita Swan, le ruego que no mate a nadie en mi casa. —Frunció el ceño mi padre, dando un paso hacia delante mientras yo tomaba mi arma. Había momentos cuando ya era jodidamente suficiente.

Seth, creo que ese era el nombre del hombre, caminó apuntando su arma a Eric mientras Isabella se giraba todavía apuntándole con su arma.

—Carlisle, me caes bien. En serio —dijo sin emoción en su voz—. Pero, no te metas o te mataré antes que mate a tu hijo.

—Su madre le tiene cariño y yo le tengo cariño a su madre, Srta. Swan. —Sonrió el hijo de puta, como si esta perra no acabara de insultarnos, como si casi no hubiera matado a la familia—. Bella, entiendo tu enojo y tienes razones por…

—¡Como la mierda que las tiene! —grité, alzando mi arma también. Nunca en mi vida quise matar a alguien tanto.

—¡EDWARD CULLEN, POR LAS PRÓXIMAS CUARENTA Y OCHO HORAS SIGO AL MANDO! ¡DA UN PASO ATRÁS! —gritó, pero otra vez, la sangre en mis venas demandaba que se derrame sangre, así que disparé cerca de la cabeza de ella, dándole al brazo de Seth.

Los ojos de Isabella brillaban con furia, pero antes que su bala me impactara, mi padre tomó sus manos. Torció su mano y luchó con ella hasta que el arma estaba fuera de su agarre y su muñeca estaba girada en su espalda.

—Isabella, escúchame —pidió mi padre, pero ella simplemente me gruñó como un maldito lobo—. Como jefe de la familia Cullen, me disculpo por las acciones idiotas de mi hijo hoy y los recuerdos que trajo, y del daño que se te causó. Pero necesito que respires y salgas de aquí ahora. No como una mujer, sino como Capo, y vayas y pienses. Si encontraste este sitio, podrás encontrar la habitación de Edward. Él estará allí en un momento y ambos pueden hablar de Capo a Ceann Na Conairte.

Fue solo cuándo ella asintió que la soltó y se fue rápidamente con Seth, quién se aferraba a brazo, y Jacob, quién no se había movido de la pared destruida, siguiéndola. Cuando se fue, mi padre no tuvo que hablar, simplemente miró a nuestros hombres y ellos se fueron más rápido que ella. Dejando solo al hombre que había escupido sobre mi victoria y a mí, solos.

Una vez más, todo lo que podía ver era rojo y por primera vez en mis veinticuatro años de vida, quería la sangre de mi padre.

—¡Me humillaste! —rugí furiosamente—. Esta relación, este matrimonio no va a funcionar, romperé el maldito contrato, así puedo ponerle una bala yo mismo.

Dio un paso adelante, sus ojos estaban más oscuros que una tormenta.

—Tú te humillaste hoy. ¿Acaso no pensaste que una mujer, una Capo, como Isabella, pudo haber bombardeado fácilmente el puto avión? Sí, sé de dónde sacaste la información, estúpido idiota, porque también chequeé sus archivos, mientras que tú estabas ocupado encadenando a tu prometida a una silla.

—Ella no lo hizo porque era débil y no quería matar inocentes —espeté, tratando lo mejor que podía para no apuntar un arma a su rostro.

Apuntó a las ruinas a nuestro alrededor.

—¿Eso luce como debilidad para ti? ¿O estás tan cegado por la idea del poder que has olvidado todo lo que te he enseñado?

Suspiré profundamente, dejando el arma en la mesa antes de que apretara el gatillo.

—Todo lo que hice hoy, lo hubieras hecho tú también.

—Sí, pero me hubiera asegurado que no lastimara a mi esposa primero. Felicitaciones, le has demostrado a Aro y sus hermanos que eres tan despiadado como ellos. Ganaste el orgullo de tus hombres y lograste un trabajo que nadie pensará que fuiste tú —espetó furioso—. Pero si hubieras hecho caso a mis palabras y a cambio hubieras hechos las paces con Isabella, hubieras utilizado el acceso a los archivos Swan y hecho tu tarea estudiando qué le pasó a Isabella y a su madre para que los haya unido a ustedes dos en primer lugar.

Me quedé inmóvil, sin entender que tenía que ver Renée Swan con todo esto; ella había muerto hace años.

—Piénsalo, luego vuelve a ella y humíllate. Ella te supera, no porque es mejor, sino porque se alimenta de ira y no necesita ser elogiada. —Y con esas palabras, se fue de la habitación.

Tomando asiento en la única computadora sana, saqué los mismos archivos de los que se estaba quejando y mi sangre se heló.

19 de enero, 1997: Vuelo 307 sobre el Océano Atlántico; Un sobreviviente, Isabella Marie Swan, seis años de edad.

—Mierda —murmuré para mí mismo mientras leía el título, pero solo empeoró.

NOTAS:

Según la memoria de la joven Bella, había cuatro hombres en el avión que se levantaron en pleno vuelo y comenzaron a disparar, demandando a Renée Swan, la esposa del Capo, para que se muestre, ignorando la joven Srta. Bella. La Sra. Swan, con ayuda de su guardaespaldas, puso a Bella en uno de los compartimientos superiores antes que ambos sean baleados y asesinados. Los hombres, los cuales después fueron identificados por el tatuaje "V" en sus brazos, eran Volturi. Después de la muerte de la Sra. Swan, procedieron a matar a todos en el avión. Fue debido a sus lágrimas y sollozos que la encontraron. Aterrizando al avión en la superficie del mar, lo prendieron fuego antes de dejar a la joven Bella en un bote.

Bella explicó que, porque ella estaba rezando, ellos decidieron que Dios decida su destino, y la dejaron en el medio del frío océano. Cuando ellos se alejaban, le dijeron que, si ella sobrevivía, se uniera a los Volturi cuando crezca.

El Capo encontró a su hija a la mañana siguiente aferrándose a una de las alas rotas del avión. Este se había incendiado totalmente y el cuerpo de la Sra. Swan nunca fue recuperado.

Bella estaba viva, pero sufrió de hipotermia, junto con escotofobia, de la cual no se ha recuperado y quizás nunca lo haga, pero con terapia puede que disminuya un poco.

Encubrimiento: Accidente de avión debido a falla del motor.

—¡Mierda! —suspiré pasando mis manos por mi cabello—. Mierda. Mierda. Mierda. ¡Madre de la puta mierda!

Mi mente estaba jodidamente confusa, no podía pensar con claridad, todo lo que podía ver era a mi joven prometida, aferrándose a un ala por su vida en el medio del puto Océano Atlántico.

Le tiene miedo a la oscuridad. Un pensamiento se abrió paso y recordé la sala de la piscina: cómo la había dejado allí.

—Mierda —gruñí.

Mi padre tenía razón, yo, por primera vez, realmente necesitaba humillarme, pero incluso eso no cambiaría las cosas. No sería suficiente. Nada sería suficiente y yo no tenía nada más que dar.

No me di cuenta de que me estaba moviendo hasta que me encontré de pie afuera de mi cuarto, y por primera vez en mi vida, me aterraba la idea de entrar. Mi habitación era mi santuario y, ahora, iba a ser el lugar de mi muerte. Pero, necesitaba ser un hombre y enfrentar las consecuencias que venían con mis acciones.

Cuando entré, ella vestía un traje color plata con un arma y un cuchillo atado al muslo.

—Teníamos una máquina a bordo grabando sus conversaciones, ahora está en alguna parte del océano. Un equipo y yo iremos a buscarlo —me dijo mientras intentaba salir de la habitación, pero le agarré del brazo antes.

—Yo puedo ir —ofrecí mientras que ella me fulminaba con la mirada—. Debería ir yo porque es mi culpa. Lo siento. Por todo lo que…

—Mira quién por fin hizo una verificación de antecedentes. Si quieres venir, no puedo detenerte —siseó, quitando su brazo de mi agarre—. Pero, saca a la niña de seis años de tu cabeza, porque ya no soy ella.

Quería decirle que se cuidara, pero en cambio, asentí y me quité mi camiseta para cambiarme. Sus ojos fueron directamente hacia mi pecho justo antes de salir. Estuve tentado de sonreír ante la idea que ella todavía me deseaba mientras que me odiaba, pero no lo hice. Una vez que esto estuviera hecho, haríamos un control de daños y le daría algunas opciones de cómo hacer que esto funcione. No me inclinaré ante ella. Ella tampoco lo haría. Así que tuve que seguir el consejo de mi padre para hacer que los dos crezcamos. Si eso era posible, y si podía silenciar lo suficiente a mi ego.