Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo nueve
Nunca fui Bueno Reciclando
"Un asesinato te convierte en un villano, millones en un héroe. Los números santifican, mi buen amigo."
~Charlie Chaplin
BELLA
Él tenía un buen cuerpo. ¡No! Deja de pensar con tus piernas abiertas, me reprendí a mí misma. Maldito sea él por quitarse su camisa. No era el primer hombre al que veía así. Ni siquiera el primer hombre al que veía con esos abdominales como para fregar ropa. Tenía todo un arsenal de hombres bajo mi control y todos ellos eran jóvenes y estaban en forma. Pero había algo con Edward Cullen.
Cuando salió de su habitación, estaba vestido con unos pantalones oscuros y una chaqueta de color negro y verde con una "C" en su pecho. Parecía sorprendido de verme, como si no estuviera seguro de por qué estaba allí. En sus brazos había cicatrices y moretones de nuestra pelea. El idiota debería haberlas tratado, pero en cambio, tuvo que ser hombre y dejarlo así.
—Te tardaste, Cullen. —Fulminé—. ¿Acaso tenías que arreglarte el cabello?
Me miró antes de sonreírme.
—Se llama pelo de sexo por una razón. Esa es la única manera en que lo arreglo. ¿Terminaste de comportarte como una perra?
Antes que pudiera responder, Jacob vino y se paró frente a mí.
—Señora, el avión está listo. Seth está bien y estamos listos para ayudar —dijo, esperando órdenes.
—Ya hablé con Seth y él te dirá qué hacer. —Sus ojos se ensancharon un poco, sorprendidos, y él sabía lo que quise decir. Perdió su título como mi mano derecha, el hijo de puta—. La próxima vez, Jacob, cuando digo que hagas algo, lo haces sin dudar. Pierdes mi tiempo e insultas mi inteligencia con una frase como: "Nos superan en número." Eso es todo.
Asintió con la cabeza y se fue rápidamente, dejando al "cabello de sexo" y a mí solos. Él miró hacia Jacob con sus ojos entrecerrados antes de fruncirme el ceño. Antes que pudiera hablar de nuevo, le interrumpí.
—El avión nos llevará a Delaware. Nos tomará una hora. Luego, desde allí, iremos en lancha rápida a quince kilómetros al norte de la costa. Ahí es donde el GPS nos dio la señal. Sin embargo, los Volturi ya son conscientes de tu treta y posiblemente tengan a sus hombres en las aguas tratando de recuperar cualquier perdida. —Dando un paso adelante, me aseguré que él entendiera que no estaba jugando—. Primero, ¿ves lo que estoy haciendo, diciéndote cada detalle de esto? Sí, esto es lo que deberías haber hecho. Segundo, esta es mi operación ahora. Mis hombres. Así que vete a la mierda, te cortaré la garganta y luego te la llenaré de balas…
Sus ojos ardieron como el fuego antes de tomarme y tirarme contra la pared.
—Cada momento que pierdes gritándome, es un momento en contra nuestro, Capitán-me-quejo-de-todo. Aunque tu plan sea inteligente, será mejor tener francotiradores en el aire. Algo que pensé incluso antes de salir de aquí.
Sonreí maliciosamente. Incluso con su brazo en mi cuello, él pensaba que era jodidamente inteligente.
—Tienes tanta razón. Es por eso que ya tengo a Emmett y Ben armados y cargados, esperando. ¿Qué más crees que me olvidé?
Él no dijo nada, simplemente me miró, así que sonreí.
—Deberías soltarme, Capitán asno.
No esperé, simplemente me liberé. Yo era pequeña a comparación de él y todo lo que necesitaba hacer era agacharme y soltarme de su agarre. Él tenía tanto que aprender, y este era el momento para hacerlo. Yo era la Capo por una maldita razón.
Debido al hecho que había disparado en una de las casas de Carlisle, la fiesta que habían hecho en mi honor terminó rápidamente, pero aquellos que vivían o trabajaban en la Mansión se quedaron.
Afuera quedaron cuatro motocicletas, dos de las cuales fueron tomadas por Jasper y Seth, y las otras dos por Edward y por mí; la mía era blanca, la suya verde. Él me miró como si fuera una muñeca de porcelana y todo lo que pude hacer fue rodar mis ojos antes de saltar en mi moto y salir picando ni bien abrieron el portón. Fue solo un segundo después que lo vi al idiota alcanzándome, casi sobrepasándome, así que aceleré. Era como si estuviéramos teniendo una carrera por las calles de Chicago y él siempre quería ganar. Solo pude pasarlo por un segundo, antes que volviera y me sobrepasara de la nada.
Para cuando llegamos al avión, Jasper y Seth estaban tras nosotros. Edward ya había bajado de su moto, estaba sonriendo y cruzado de brazos, como si hubiese esperado horas… Estúpido.
Sin decirle nada, caminé derecho a bordo para encontrar a Ben y Emmett charloteando sobre rifles francotiradores como si fueran niños en la mañana de Navidad.
—Me encanta que tu lealtad sea tan fácil de comprar, hermano. —Le fulminó con la mirada Edward mientras tomaba su asiento.
Emmett se quedó inmóvil y vi una pizca de miedo en sus ojos. Edward debió de haberlo visto también, porque no paró lo que estaba haciendo. Era como si pudiera leer su mente y ver su peor miedo y Emmett lo sabía.
—Señora, ¿quisiera su vino antes que despeguemos? —La voz temblorosa de Mike Newton sonó mientras se acercaba con mi botella favorita en sus mugrientas manos.
¡Sí! Pensé, pero negué con mi cabeza. Necesitaba estar concentrada para esto.
—Jinx —dije claramente y lo más alto posible.
Edward, Jasper y Emmett miraron a su alrededor para encontrar a la persona detrás del nombre, pero nadie vino. Un segundo después, los motores del avión comenzaron a calentarse y una voz suave se escuchó por los altavoces.
—Bienvenida a bordo, señora. Los tendré en Delaware en cuarenta minutos.
Seth se sentó frente a mí en el asiento que normalmente ocuparía Jacob y me giré hacia Edward, que también estaba frente a mí.
—Jinx es nuestro aviador maestro. Si va al cielo, él puede volarlo. Él es el que volará el helicóptero para Emmett y Ben.
Sabía que Ben podía disparar a matar en cualquier tipo de condición; no sería la primera vez que lo había hecho con el viento y la oscuridad de la noche. Sin embargo, estaba probando a Emmett y si él no pasaba, sería la última vez que trabajaría cerca mío hasta que mejorara. Ya tenía una idea de las habilidades de Jasper.
—Tú estarás controlando el GPS —declaró Edward, finalmente poniéndose al día.
Seth asintió y Edward se giró hacia mí.
—Jasper puede hackear cualquier frecuencia a los alrededores y seguirlas. El área debe estar lleno de paramédicos, policías, y la guardia costera —me dijo Edward y en sus ojos me estaba desafiando a que estuviera de acuerdo, ahora de todas las veces.
Viendo que él estaba siendo un buen chico, le dejaría tener su momento de dominación. Seth me miró y yo asentí. Había planeado tener a Jasper en el mar conmigo ya que él era bueno en combate cuerpo a cuerpo y puede que necesitemos eso, pero, seguro, Edward puede pretender que ayudó. Una vez terminado, Seth se puso de pie rápidamente para salir de la burbuja negativa creada por Edward y yo.
Él no dijo nada, pero podía ver su mente trabajando y podía ver que no me quería aquí. Casi quería decirle que lo supere. Pero el avión ya estaba lo suficientemente tenso. Mike se quedó en la esquina trasera, preparado para mearse encima. Jasper y Seth estaban concentrados en sus portátiles, mientras que Ben y Emmett chequeaban sus rifles. Ambos parecían listos ya que Emmett le tiró un paquete de tabaco para mascar y Ben lo aceptó como si fuera oro. Al menos cuatro de nuestros hombres podían trabajar juntos. Pero, de nuevo, buenos francotiradores y hackers siempre se complementaban. Ellos hablaban un idioma diferente al resto de los hombres que simplemente eran expertos en armas.
Al fin, mis ojos se posaron de nuevo en Edward. Lo encontré mirándome. No quitó su vista como la mayoría de las personas hacían cuando los pillan mirando. En cambio, siguió mirando más, como si yo fuera un libro que estaba tratando de leer, pero era en un lenguaje que él no comprendía.
—¿Sí? —le pregunté lentamente.
Él sacudió su cabeza.
—Estamos aquí.
Y, efectivamente, el avión comenzó su aterrizaje ilegal en la playa.
—Señor, señora —dijo Jasper, mirando entre nosotros—. Tenemos un problema.
—¿Qué? —dijimos al mismo tiempo Edward y yo.
Seth cerró su computadora.
—Los Volturi acaban de obtener la grabadora y se dirigen hacia el mar. Tenemos un bote esperando.
Tomando aire profundo, presioné el botón sobre mi cabeza.
—Jinx, llévanos… —Miré hacia Jasper y Seth por coordenadas.
—38.09, -72.50 —ambos dijeron rápidamente.
—Lo traerán a nosotros —Edward asintió, mirando hacia Ben y Emmett mientras que el avión se detenía—. Isabella y yo esperaremos en su bote. A la mierda el helicóptero y disparen desde la puerta.
Ellos asintieron mientras Edward se ponía de pie y miró hacia mí. Se estaba portando tan bien hasta que abrió su boca de nuevo.
—O tú puedes disparar e iremos Emmett y yo.
Poniéndome de pie, le fulminé con la mirada.
—Dame un rifle y las balas irán a tu columna —le dije mientras esperaba junto a la puerta, los aviones no eran buenos para mantenerse quietos en el aire. Jinx tendrá que dar círculos continuamente. Edward se puso frente a mí, con una mano en la manija de la puerta y me miró, otra vez, como el raro que era. Por un momento, en medio de la tormenta que había en sus ojos, vi preocupación. Estaba jodidamente preocupado por mí el hijo de puta. Esta no era mi primer —ni mi último— salto de un avión. Él tiene que tomar sus bolas e inyectarse un poco de testosterona, porque yo no estaba preocupada por esa mierda. Simplemente quería terminar con esto así podía beber hasta dormirme. Seth caminó hacia nosotros acercándonos nuestros paracaídas, pero ambos negamos. Estos solo nos retrasarían y acabaríamos siendo disparados. Necesitábamos bajar rápido y duro.
—Jinx nos llevará lo más bajo posible —dije claramente.
No había nada más que silencio mientras que sentíamos la caída del avión en nuestros estómagos. De alguna manera, sabiendo antes que Jinx tuviera que hablar, Edward abrió la puerta en la oscuridad de la noche, ambos podíamos ver al yate esperando abajo. Me miró y todo lo que pude hacer fue poner los ojos en blanco antes de alejarme de la pared y saltar. En el momento que la brisa golpeó contra mi piel, me aseguré de prepararme para la caída en la cubierta. Cuando mi cuerpo cayó, rodé mientras las balas volaban hacia mí.
Tomando mi arma, giré y disparé a uno justo entre los ojos mientras Edward caía sobre los hombros de otro. Hubo gritos y maldiciones en ruso mientras Edward se lanzaba a mi lado.
—¿Vienes aquí a menudo? —Me sonrió mientras la adrenalina bombeaba en sus venas. Ya no me vería como una muñeca de porcelana en ese momento, pero sino como a otra persona a su lado… Al fin, imbécil.
—No realmente. —Traté de no sonreír mientras más rusos venían a dispararnos—. La hospitalidad aquí es una maldita mierda.
—Deberías escribir una carta de queja muy grande —contestó.
Rodándole los ojos, me giré hacia ellos y disparé al tipo sobre la cubierta superior en la rodilla antes de girarme hacia él.
—Esto es más cuidadoso con el medio ambiente. Salva los árboles y toda esa mierda, recuérdalo.
Él sonrió y luego disparó en la cabeza al tipo que estaba gritando de dolor.
—Nunca fui bueno reciclando.
Dos hombres más se acercaron, uno por Edward, y el otro detrás de mí. Ambos levantamos nuestras manos mientras que seguían gritando.
—¡Кто вы? Вы лохи!—nos gritaron. (¿Quién mierda son? Bajen sus armas)
Edward me sonrió —realmente sonrió por una vez— disfrutando esto.
—Я Эдвард Каллен. это мой жених, вы тоже мертв . (Soy Edward Cullen. Esta es mi prometida, y ustedes dos están muertos.)
Justo cuando terminó, las balas volaron hacia sus cabezas, cortesía de Ben y Emmett, antes que el avión salga de vista otra vez. Un segundo después, el teléfono de Edward sonó y lo puso en altavoz.
—Ellos están a dos kilómetros de distancia y estarán allí dentro de poco —dijo Jasper. Edward no dijo nada antes de colgar mientras yo tomaba sus armas.
—¿Pistola Yarygin o Stechkin? —le pregunté, haciendo que frunciera el ceño.
—Los rusos no pueden hacer armas —dijo con disgusto y tenía razón.
Sonriendo, comenzamos a tirar los cuerpos por la borda mientras que esperábamos por nuestros amigos. Solo nos tomó un segundo y para ese momento ya habíamos tirado a los rusos borrachos y excedidos de peso.
El barco estuvo en silencio excepto por sus risas mientras caminaban por la cubierta.
—Все чертовски наркотики ушли. Черт бы побрал этих влагалища в ад. Аро собирается убить нас. (Todas las malditas drogas no están. Malditas putas de mierda. Aro nos va a matar.)
—¿Где наши братья? (¿Dónde están nuestros hermanos?)
—мертвый (muertos) —dijo Edward mientras que le disparaba a uno directamente en la nariz y yo disparaba al otro en el ojo. Gritó de dolor mientras que yo me acercaba, tanteando con mi mano en busca del mini iPad. Una vez que lo obtuve, le disparé solo por el hecho de hacerlo.
—Llamaré a los chicos —dije, dándoselo a él, pero una vez que me giré, me encontré mirando a un arma. Era el hombre al que Edward había derribado al caer y tenía su arma apuntada hacia mí. Antes que me pudiera mover, Edward me quitó del medio y disparó al hijo de puta en el rostro, pero no antes que este le disparara en el brazo.
—Mierda puta —siseó, aferrando su miembro herido.
Debió de haber dejado a su ángel guardián en casa.
—Jinx, ven, nos encontraremos en la costa. Estamos bien… en su mayoría —fue todo lo que dije antes de colgar y tomar de su brazo.
Él se apartó furiosamente.
—Estoy bien, solo deseo no haber matado al hijo de puta así podía torturarlo.
—Tienes una bala en tu brazo. —Le fulminé con la mirada—. Una bala rusa, la cual tú mismo dijiste que era una mierda. Voy a quitarla.
—¡Dije que estaba malditamente bien, Isabella! —me gritó.
Furiosa, guardé mi arma antes de dispararle en su otro brazo y tomé su brazo herido, causando que siseara de dolor.
—No estás bien. —Apreté con más fuerza—. Ahora deja de quejarte y déjame curarte, idiota.
No le permití ni siquiera hablar antes de jalarlo a la cabina de la cubierta y empujarlo hacia la cama. Debían de estar listos para comer porque allí esperaba el alcohol y una gran variedad de comidas. Tomando una servilleta y un cuchillo, y tiré alcohol sobre ella y su herida. Esperemos que el licor lo mantenga quieto.
—Creo que me gustas como enfermera. —Me sonrió antes de beber.
Fulminándole con la mirada, metí el cuchillo en su herida de bala.
—No deberías decir cosas estúpidas a una mujer con un arma.
Él siseó y gritó de dolor como un maldito bebé hasta que saqué la bala y usé la servilleta como vendaje.
—Bebe y cállate. Ya vuelvo —fue todo lo que le dije antes de subir a la cubierta.
Me aseguré de arrastrar y tirar los cuerpos del barco antes de activar el piloto automático. También llamé a Seth otra vez para hacerles saber a él y a los hermanos de Edward lo que pasó. Me tomó una hora y media. Para cuando volví a Edward, él estaba quieto en la cama, escuchando el audio del avión que destruyó.
Los dos podíamos escuchar los gritos, llanto y oraciones. La misma cosa que recordaba escuchar de niña. Acercándome, pulsé "stop" y él salió de su trance.
—Pensé que ibas a poner al barco en piloto automático —cuestionó, probando lo distraído que estaba.
Tomando otra servilleta, quité la que estaba empapada de sangre y cambié el vendaje.
—No aceptes una bala por mí otra vez —le dije, mientras apretaba fuerte.
Él resopló antes de alejarse.
—Ninguna buena acción queda sin castigo. Las palabras correctas que buscas son: "gracias".
Apreté más fuerte e hizo una mueca de dolor el bebé.
—Gracias, pero no lo hagas de nuevo. La última cosa que necesito es que alguno de mis hombres piense que no puedo manejarme sola.
—Eres jodidamente ridícula. ¿Por qué siempre tratas de demostrar que eres una perra sin corazón? —gimió de frustración.
—Porque una "perra sin corazón" es lo que se necesita para ser Capo —espeté, levantándome—. Tú puedes cagarla cuantas veces quieras, pero al final del día, nadie dudará de ti. Yo, por el contrario, cometo un error, es porque soy una mujer. Es porque soy sensible. Es porque no tengo las bolas.
Él no dijo nada, sabía que yo tenía razón. Yo no tenía tiempo para ser suave. Tenía un trabajo que hacer y un imperio que gobernar.
—Y en cierto modo, tienen razón, porque debería haber volado el avión yo misma —confesé con voz cansada, bebiendo el vino de la mesa e inclinándome contra ella—. Si hubiera…
—En veinticuatro horas, serás una Cullen. Nosotros hacemos lo que hacemos y no nos arrepentimos de ello —me interrumpió, levantándose solo para estar frente a mi rostro.
—Un poco hipócrita —le fulminé—. Viendo que estás comenzando a arrepentirte. Déjame adivinar, esos 105 inocentes están en tu mente. Estás pensando en lo último que habrán pensado o hecho. Estás escuchando…
—¡Suficiente! —rugió en mi cara. Ni siquiera me inmuté, él no me asustaba, Si iba a ser una Cullen en veinticuatro horas, no aceptaría esta mierda. No quería verlo lamentarse. No tenía tiempo para encontrar sus bolas.
Tomé su rostro en mis manos e hice que me mirara.
—Cada persona que matamos es por la familia. Si no los matamos, nos matan a nosotros. Así es el mundo. Es legítima defensa. Si fuera tu vida por la de ellos, ellos te matarían en un segundo para salvarse. Todos somos despiadados; solo que no lo saben. Nosotros sí y es por eso que estamos en la cima y así seguirá siendo.
Mi miró a los ojos y esperé por Dios que haya entendido porque no sabía otra manera de explicarlo. Era pensando así que me hacía fácil dormir por la noche.
Cuando asintió, solté su rostro y traté de moverme, pero él me tomó de mis costados y me mantuvo allí. Tenía esa mirada en sus ojos—de hambre, de lujuria y de un animal enjaulado que muere por salir. Trayéndome más cerca, me presionó contra él.
—E… —Antes de que pudiera hablar, sus labios estaban sobre los míos y estaba tirando de mi ropa. Con su brazo bueno, tomó mi culo y con la otra tomó mi pecho mientras que se frotaba contra mí. Sus labios rozaron mi cuello antes que me levantara, tirándome en la cama.
Se detuvo por un segundo para mirarme y la tormenta en sus ojos flameaba peor de lo que había visto antes.
—Esta es tu única oportunidad para decirme que pare —dijo, sombríamente.
Abrí mi boca y dije…
