Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.
Capítulo once
Una boda de muerte
"Prefiero la manera vieja, la forma más sencilla de envenenar, dónde somos tan fuertes como dos hombres." ~Eurípides
BELLA
"Después de horas de misiones de rescate y miles de plegarias, todavía no encontramos sobrevivientes del vuelo 735. Nuestros corazones están con todas las familias afectadas por esta gran tragedia, la cual fue causada por una simple e impredecible falla en el motor. La familia Cullen ha creado una obra de caridad en su honor y ya han donado 15 millones de dólares en nombre de Isabella y Edward que, como todos sabemos, se casan esta tarde. Su boda ha sido la comidilla de la ciudad desde que informamos la noticia hace tres días. Aparentemente, la pareja había estado viéndose en secreto por mucho tiempo. Los rumores de quienes asistirán a la boda van desde senadores de Estados Unidos a lo más alto de celebridades."
—Señora, ¿quiere que lo apague? —preguntó Ángela mientras arreglaba mi cabello. Tomando un trago de mi vino, negué mi cabeza ante de mirarme al espejo.
—Ángela, no quiero un recogido. —A la mierda la tradición, a mí me gusta mi cabello suelto.
—¿Estás segura? —Sonrió Esme amablemente mientras entraba en mi habitación.
Atando mi bata rápidamente, sonreí antes de ponerme de pie. Ángela nos dejó rápidamente para buscar el vestido que colgaba en la parte más profunda y oscura de mi armario.
—Lo prefiero suelto —dije cuando ella caminó hacia mí y mirándome de arriba abajo, me asintió. Acercándose, tomó la hebilla de mi cabeza y dio un paso hacia atrás.
—Bueno, tengo que decir que así luces aún más hermosa. —Sonrió y me sonrojé para su beneficio.
—Gracias, Esme —dije suavemente.
—Bella, por favor, mírame —pidió y cuando lo hice, su palma se estampó contra mi rostro tan rápido que nunca la vi venir.
Sorprendida, toqué mi mejilla sin saber si estaba soñando o no.
—¿¡Qué carajos!? —siseé.
Ella ni siquiera se inmutó.
—Así que supongo que esta es la verdadera Isabella Swan, ¿la chica que tuvo las pelotas para entrar a mi casa, destruir mi Jackson Pollock y luego disparar a mi maldito marido?
Ahora empezaba a enojarme. Irguiéndome, la fulminé con la mirada. Ella tuvo su bofetada y listo, la próxima vez que me levante la mano, se la iba a quebrar. Antes que ella pudiera moverse, Ángela estaba tras ella con un arma apuntada a su cabeza.
—Esme. —Sonreí saboreando el corte en mis labios gracias a su puto anillo—. Deberías saber mejor.
Esme me devolvió la mirada sin un poco de miedo ya que dio un paso hacia adelante.
—Vengo aquí como una madre a una hija. Si hubieran sido algunos de mis otros hijos los que le pusieron una bala a Carlisle, los hubiera borrado de este mundo tan rápido que ni siquiera sabrían que fui yo. Puede que no camine por la misma línea que tú, ni deseo hacerlo, pero debes saber que cuando se trata de mi esposo, no dudaré en matar a nadie. Te pasaste de la raya.
Mira quién tiene agallas. Asintiendo hacia Ángela, ella dio un paso hacia atrás y dejo el vestido en la cama.
—Entendido —le dije a Esme sin sentirme ni un poco amenazada. Estaba muy entretenida como para eso—. Carlisle está prohibido. Él no era mi objetivo, sino el idiota de tu hijo.
Me fulminó con la mirada otra vez antes de sonreír.
—Me tomó mucho tiempo cambiar la perspectiva de Carlisle sobre las mujeres cuando lo conocí por primera vez y otra vez cuando supo de ti.
¿Qué?
—Carlisle se enteró de mí al mismo tiempo que Edward. —¿O no?
Esme sonrió negando con la cabeza.
—Como dije, puede que no elija caminar por el mismo camino que tú, pero eso no significa que sea ingenua ante el funcionamiento interno de esta familia. Todo lo que Carlisle ha hecho, me lo ha dicho. En el momento que supo lo que eras, él creyó que eras la mejor para el idiota de mi hijo, como tan bien lo dijiste. Lo mantuvo en secreto y se manejó como lo vio mejor. Te felicitaré por tu actuación y espero que sea así cuando sea que estés conmigo en público. Lo que tú y Edward hagan no es de mi incumbencia. Solo quería asegurarme que sepas donde te encuentras.
—¿Y dónde es eso? —Quería borrar su rostro de presumida. Me recordaba a Edward.
Esme sacó una pequeña caja y la puso en la mesa.
—Hoy te conviertes en mi hija, te amaré, estaré a tu lado y te pondré en tu lugar cuando sea necesario. Puede que tengas el mundo en tus manos, pero sigues siendo joven y eso te hace igual de estúpida que mi hijo a veces. Me caes bien, Bella, así que espero que la próxima vez que hablemos sea más civilizado.
No dije nada mientas que ella miraba hacia la cama y tomaba mis nuevos zapatos blancos.
—Christian Louboutin. —Sonrió antes volverse hacia mí—. Cuando vayamos a Paris en la primavera, tú, Alice, Rose y yo debemos ir de compras. Tienes un gusto impecable.
—Esa será Ángela, pero tomaré la invitación de todos modos —respondí y ella asintió antes de dirigirse hacia la puerta.
—Bueno, las dejo que sigan. Las chicas y yo volveremos después si no te importa. —No parecía una pregunta, pero asentí de todas formas.
Cuando se fue, no pude evitar sonreír mientras terminaba el resto de mi vino. Empezaba a caerme bien Esme.
Sin embargo, mi momento de paz no duró mucho antes que Edward entrara vestido en nada más que unos pantalones pijama de seda como si no nos casáramos en unas horas.
—¿Qué pasa con ustedes y eso de no tocar antes de entrar? —Miré su pecho antes de servirme más vino. Tendría que asegurarme que estuviera cerca si iba a tener que soportar el resto del día.
—¿Qué quería mi madre? —preguntó mirando el vestido en la cama.
—Una mejor pregunta sería ¿qué quieres tú? —le pregunté dando un paso hacia delante.
Se acercó a mí y el hecho que estaba en nada más que mi ropa interior debajo de mi bata no pasó desapercibido para ninguno de los dos.
—Ángela, déjanos —le ordenó y ella se quedó quieta mirándome.
Poniendo mis ojos en blanco, le asentí y ella se fue. Ni bien lo hizo, él me besó, abriendo mi bata y agarrando mi culo. Alejándolo de mí, le di una bofetada.
—Solo porque ya hayamos follado no significa que necesitamos saltar sobre el uno cada vez que nos vemos —le espeté. A pesar del hecho que se veía sexy, no quería que se acostumbrara a la idea de que mi cuerpo era suyo para hacer lo que quisiera cuando estaba caliente.
—Tal vez si lo hiciéramos serías más amable —siseó entrecerrando sus ojos verdes hacia mí. Yo solo bufé y me alejé de él, viendo los elementos en la cama.
—Cullen, en serio, ¿qué es lo que quieres? Tenemos que ir a la boda de la década pronto —respondí poniéndome los zapatos.
—Esos zapatos hacen que sea difícil no follarte ahora mismo —contestó mirando mis piernas—. Pero lo disfrutaré más tarde esta noche. Solo quería hacerte saber que Aro y su hijo James estarán presentes.
¿Qué mierda?
—¿Sabes que este sería un momento perfecto para que él se vengue de ti por lo que hiciste al avión? —Me crucé de brazos y sus ojos fueron a mis pechos… Dios, podrías creer que no tuvimos sexo toda la noche. Si no fuera por la llamada de Carlisle, ambos seguiríamos en ese barco.
Dando un paso adelante, dejó que sus manos vagaran por mis costados.
—Bueno, amor, como dice nuestro contrato personal nuevo, ahora trabajamos juntos. Mis planes eran o bien reforzar la seguridad y disfrutar de la tarde o tomar un momento de nuestra noche y envenenar al hijo de puta justo allí.
Fruncí el ceño ante la idea.
—Cuando Aro caiga, quiero que vea caer su imperio quemarse a su alrededor y que sepa que estuvo bajo de inteligencia, bajo de armas y que fue jodido. Ahogarlo en la sopa parece…
—Demasiado fácil. —Sonrió—. Entonces, será la primera opción. Estoy sorprendido, Sra. Cullen, ¿acabamos a acordar en algo? ¿Realmente puede ser así de fácil?
Sus manos tomaron mis pechos y yo agarré su polla firmemente.
—Si eso es todo, cariño, me gustaría pasar mis últimos momentos como una Swan a solas.
Él siseó de dolor.
—Perra.
—Tú también. —Le guiñé el ojo antes de darle la espalda.
—Debería haber… —Se detuvo antes de ubicarse tras de mí—. Luces hermosa. Te veré en el altar y no te asustes con el agua bendita.
—Lo haré si tú no lo haces —respondí mientras él me besaba mi cuello.
Él no dijo nada más antes de salir, haciendo que Ángela volviera a ingresar. Sentándome cómoda, ella terminó de hacer ondas en mi cabello mientras que yo miraba mis propios ojos. Su beso trajo de vuelta todas sus caricias de la noche anterior. Él era increíble y tenía tanta resistencia. Mi cuerpo clamaba por él y mi mente lo amaba y lo odiaba. Amaba ser dominada de manera tan bestialmente sexual, cómo sus manos, lengua y labios me tomaban. Él era el mejor compañero que he tenido y no quería que lo supiera. No quería que su cabeza creciera más grande de lo que ya era.
No quería que él pensara que solo por ser un gran follador, él tenía la llave para hacerme inclinarme ante él. Él había dicho que lo entendía, pero la Capo en mí me decía: todos mienten. Era la verdad más grande en la vida que llevo.
Las personas mienten acerca de cuánto beben, cuánta deuda tienen, cuantas personas han matado. Todos mienten. Siempre pensé que era buena leyendo a las personas. Podía verlo en sus ojos y sí mentían, los mataba. Sin embargo, con Edward estaba perdida. Era como si estuviera ciega. Él parecía honesto, pero era igual que yo, un mentiroso profesional. Él también aprendió a buscar las mentiras.
—Ángela, ¿qué piensas de Edward Cullen? —le pregunté una vez que terminó con mi cabello.
Ella se quedó quieta, insegura de qué decir.
—Ángela, no te preocupes. Puedes hablar libremente. Quedará entre las dos —le aseguré.
Asintió.
—Edward Cullen es engreído, arrogante, y mortalmente atractivo. Lo que lo hace peor es que él lo sabe. Nos mira con tanta rabia que parece que deseara que nosotros la caguemos así puede ponernos una bala. Tiene sed de sangre. Sin embargo, en cuanto la mira a usted, desaparece. Él se pone contento, lo que es lejos del hombre que vi hace tres días. Los criados aquí murmuraban acerca de su soledad. Aparentemente, de niño estaba muy enfermo y era acosado notoriamente por ello. Lo mantiene privado, se siente avergonzado de ello ya que es un Cullen. Después que estuvo en el hospital, mejoró. Pero a consecuencia de ello, no confía en nadie más que su familia e incluso con ellos es cerrado. Cuando una de las mujeres con las que estaba lo traicionó, fue, la besó, le dijo que la perdonaba y luego le apuñaló en el corazón con un punzón. Él es frío, cerrado y colérico. Pero no quiere ser así todo el tiempo. Creo que él ve esperanza de eso en usted.
Me quedé mirándola a través del espejo con la ceja levantada antes de sonreír. Este era el talento de Ángela. Ella era una perfiladora, y una muy buena. Todos simplemente la miraban, pensando que era solo mi criada, pero yo mantenía a Ángela cerca porque era mi segundo par de ojos. Ella ve a la gente como si fueran un libro abierto, y colecta información porque nadie le presta atención. No era una fan de la sangre o la violencia, pero no la forzaría a serlo. Ella demostraba su valor en momentos como estos.
—Así que, ¿crees que debo confiar en él? —le pregunté.
—Solo usted sabe eso, señora, usted es mejor analizando a las personas. Creo que él quiere que usted cuide de él tanto como su madre cuida de su padre. No creo que quiera dañarla. Pero sigue siendo un Cullen y los irlandeses son astutos. Él va a ser su esposo y usted no está indignada ante la idea, señora —dijo suavemente con su cabeza gacha, insegura de cómo iba a reaccionar.
Pero ella tenía razón y yo no sabía cómo procesar eso.
—Han sido tres días largos. —Suspiré, levantándome y permitiendo que mi bata caiga. Ella asintió, tomando mi vestido y sosteniéndolo para que me vista.
—Oh, Dios mío, ¡estás hermosa! —gritó Alice mientras que ella, Rose y Esme entraban. Rose lucía amarga y no me sorprendería si supiera que fui yo la que puso una bala en el brazo de su marido.
—Es muy simple —siseó Rose mirándome de arriba abajo. Si no estuviera toda de blanco y por entrar a la casa de Dios, le hubiera reventado la cabeza.
—Algunas personas tienen que esforzarse más que otras. Mientras que otros pueden ser sencillamente elegantes —respondí fulminándole con la mirada.
—Concuerdo. —Sonrió Esme, aparentemente ella y yo habíamos llegado a un nuevo acuerdo.
—¿Le diste el brazalete? —preguntó Alice incluso cuando Esme ya estaba caminando hacia el escritorio para tomar la pequeña caja.
La abrió y mis ojos se abrieron sorprendidos tan ligeramente que supe que ellas no se dieron cuenta.
—Algo viejo, todas las mujeres Cullen lo usan durante su boda. —Sonrió colocándolo en mi muñeca.
—Gracias —respondí y por primera vez realmente caí. Me iba a casar hoy.
—Deberíamos irnos, Carlisle está esperando. —Rose frunció el ceño ante el momento que pasaba con todos menos ella; perra.
—¿Carlisle? —pregunté sorprendida—. ¿Dónde está Charlie?
EDWARD
—Así que, ¿qué pasó en el barco, Eddie? —me preguntó Emmett por billonésima vez mientras esperábamos en la catedral St. Peter.
—Métete en tus propios asuntos —repetí una vez más—. Y llámame Eddie otra vez, Emmett, y te mataré y enterraré bajo la iglesia.
Frunció el ceño antes de sonreír otra vez.
—Estás emocionado. Ni siquiera describiste cómo me matarías. El viaje en el barco debió de ser…
Antes de que pudiera terminar, le di un puñetazo en la puta nariz.
—¡Por el amor de la puta mierda! —gritó.
—Ultima oportunidad, hermano, o me vas a hacer enojar —respondí arreglándome la corbata.
—Edward, cálmate antes que tengas sangre en tu traje. Estoy seguro que a Isabella no le importaría, pero sí a la prensa. —Suspiró Jasper lanzando una cerveza fría para que se lo sostenga contra la nariz.
Emmett murmuró algo en voz baja antes de irse.
—Algún día ustedes dos tendrán que arreglar sus problemas —me dijo Jasper.
Tal vez algún día, pero no jodidamente hoy.
Sin decir nada, tomé aire profundo antes de salir por la puerta que me llevaba al frente de la Catedral. Observando, vi que mi madre se había asegurado de invitar hasta el último hijo de puta con un patrimonio neto de cien millones de dólares y todos lucían como turistas emocionados de estar en la lista de invitados. Mi vista se encontró con la de Aro y pude sentir la sangre en mis venas calentarse. Me sonrió asintiendo con su cabeza como si estuviera orgulloso, bastardo. A su lado estaba James, el rubio de rizos que lamía el cuello de Tanya. Parecía que garganta profunda había cambiado de barco. Ella me guiñó un ojo y casi quise vomitar.
—¿Cómo está la seguridad? —susurré a Jasper.
—Tienen más chances de llegar al presidente que a uno de nosotros hoy. —Sonrió Jasper.
—Si esto no sale perfectamente, dispárale por si acaso. —Yo quería ser el que le quite la vida a Aro, pero si era necesario que sea hoy, no me importaba quién lo hacía.
—Solo preocúpate por Isabella y reza que no huya —respondió medio bromeando.
—No, ella no huiría. —Correr no estaba en su naturaleza—. Ella vendría, aunque solo fuera para matarme.
Antes que pudiera contestarme, comenzó a sonar la música por toda la iglesia y vi mientras la puerta se abría lentamente, haciendo que mi corazón se acelerara. Allí había una visión de blanco de pie junto a mi padre con un ramo de rosas rojas en sus manos. Ella no se molestó con un velo para cubrir su rostro y estaba jodidamente contento por eso. Era hermosa, mortalmente despampanante y toda mía.
Se detuvo solo cuando llegó a mí y besó a mi padre en la mejilla antes de tomar mi mano. Pero, cuando la vi a los ojos, vi una punzada de tristeza y me dolió hasta la médula. Apreté su mano, no porque quisiera lastimarla, sino porque quería decirle que lo vi y que no me gustó; quería que estuviera feliz. Dejaría que eligiera a cualquiera de la iglesia y lo matara si eso la hacía sonreír.
—Queridos hermanos, estamos reunidos hoy aquí para unir a Edward Anthony Cullen e Isabella Marie Swan en santo matrimonio… —Y eso fue lo último que escuché del sacerdote cuando ella me devolvió el apretón.
Levantó su vista hacia mí y la leona en sus ojos no había desaparecido, sino que dormida. Algo estaba mal y odiaba que no pudiera saber qué.
—Edward Anthony Cullen, ¿aceptas a Isabella Marie Swan como su esposa desde el día de hoy, en las buenas o en las malas, en la riqueza o la pobreza, en la salud o en la enfermedad, para amarla y cuidarla? ¿Prometes serle fiel hasta que la muerte los separe?
—Acepto, siempre —dije sin dudarlo y ella me sonrió sacudiendo su cabeza mientras ubicaba el anillo de bodas en su dedo.
—Isabella Marie Swan, ¿aceptas a Edward Anthony Cullen como tu esposo desde el día de hoy, en las buenas o en las malas, en la riqueza o la pobreza, en la salud o en la enfermedad, para amarlo y cuidarlo? ¿Prometes serle fiel hasta que la muerte los separe?
—Acepto, siempre —respondió y sentí alivio y gran alegría mientras que deslizaba mi anillo en su lugar.
—Que estos anillos sean bendecidos así el que lo da y lo recibe vayan en paz, y continúen enamorados hasta el final de la vida —dijo mientras que nosotros nos mirábamos el uno al otro—. Ahora pueden sellar las promesas que han hecho al uno al otro con un beso.
Me tuve que restringir de no tomar su rostro y besarla como lo había hecho en el barco. Pero el suave y gentil beso que compartimos igual de delicioso y ninguno de los dos quería separarse, hasta que el bastado tosió. Todos rieron mientras Bella, mi Bella limpiaba el labial de mis labios.
—Damas y caballeros, les presento a la amorosa pareja, Sr. y Sra. Edward Cullen. —Sonreí mientras que ella me ponía los ojos en blanco. Aparentemente no le cayó bien el Sra. Edward Cullen, pero que mal. Todos se levantaron de sus asientos aplaudiendo y alentando mientras caminábamos por el pasillo de la mano. Nos detuvimos al tope de las espaleras para posar para las fotos de cada puta revista del mundo, cuando mi padre se inclinó a mi lado.
—Creí a los dos con sus emociones, y así lo hará el mundo —murmuró con una sonrisa mientras que nosotros sonreíamos—. Pero fue verdadero. ¿Puedes creerlo? ¿Solo alcanzó con sangre rusa y un paseo en barco?
No dije nada antes de entrar al Rolls Royce.
—¿Qué pasa? —le pregunté a ella ni bien nos sentamos.
—Nada —mintió.
Suspirando, me incliné tomando su rostro así podía verme a los ojos.
—Esposa, ¿qué pasa?
Ella se limitó a mirar antes de suspirar.
—Esposo, mi padre se negó a caminar hacia el altar conmigo. Aparentemente ha empeorado.
Y con eso, quitó su rostro de mis manos y dirigió su mirada hacia la ventana. Me sentí como un maldito idiota. Estaba tan concentrado en ella que ni siquiera pensé en la persona que caminó con ella al altar. Isabella S… Cullen tenía la habilidad de hacerme olvidar que los demás existían cuando ella estaba cerca.
—Después de la recepción si quieres podríamos escaparnos e ir a verlo. —No quería presionarla, pero puede que ayude.
Me miró extrañamente y entrecerró sus ojos.
—Todo esto de ser jodidamente dulce me está volviéndome loca. Estoy acostumbrada al imbécil Cullen. Tú sabes, el hijo de puta con el cual peleé en mi sótano, quién pensó que tenía las pelotas más grandes de lo que realmente eran.
Y allí estaba la leona otra vez.
—Estoy haciendo el esfuerzo, tal vez tú también deberías hacerlo, Isabella. Estoy planeando entrar en guerra con el mundo entero. No necesito otra más con la mujer que duerme a mi lado —siseé y me volví hacia la ventana.
Ninguno de los dos habló después de eso. Ella sí que sabía cómo matar al humor.
—Nunca he sido… buena. No estoy acostumbrada a otra cosa más que ser Capo. El afecto y la ternura me hace sentir rara porque no sé cómo devolverlo. El modo perra es normal para mí y voy a trabajar en ello —respondió sin mirarme pero tomó mi mano en la suya y la apretó.
—No me molesta que seas una perra con los demás, mientras que no sea conmigo —murmuré besando su mano.
Una parte de mí estaba comenzando a disfrutar que ella rasgara el corazón de otros. Era lo suyo y era buena en eso.
—Sabes que nos hemos conocido solo por setenta y dos horas. —Río y me gustó ese sonido.
—Mierda, siento como si te conociera desde hace décadas. —O más.
—¿En serio? —Sonrió—. ¿Cuál es mi color favorito? —Mierda.
BELLA
Cuando llegamos a la recepción, la cual se celebraba en la mansión Cullen, solo había más fotógrafos, los cuales Esme permitió que tomaran fotos desde la distancia. Mi rostro se sentía como si fuera a romperse por todas las sonrisas forzadas.
—Diles que paren o llamo a los francotiradores —murmuré hacia Edward.
Se inclinó para besarme la mejilla y respondió:
—Lo haría con gusto, pero mi padre y mi madre quieren buena prensa.
Le miré enojada, pellizcándole el brazo hasta que se apartó y nos dirigimos hacia el mar de invitados. Hubo más jodidas fotos y falsas felicitaciones en la recepción hasta que vi a Aro y James acercarse a nosotros.
—Recuerda que los Volturi no saben que tomé el cargo de mi padre —susurré asegurándome que pareciera como si fuera una novia emocionada. Por el rabillo de mi ojo pude ver a Emmett y Jasper acercarse a nosotros. Seth y Jacob estaban cerca de la entrada con sus ojos fijos en mí. Con sus ojos, Jacob me hizo saber que Ben y otros tres estaban en las ventanas de los Cullen con un francotirador esperando.
—Oh, y debes saber que Aro trató de arreglar un matrimonio con James y yo. —Sus ojos se abrieron ampliamente antes de entrecerrarlos peligrosamente.
—¡Sr. y Sra. Cullen! —dijo Aro emocionado mientras se acercaba—. Felicitaciones, debo decir que esta es una gran sorpresa. Isabella, qué mujer hermosa en la que te has convertido, ¿no, James?
—Lo siento, ¿te conozco? —pregunté inocentemente, apretando la mano de Edward. Él necesitaba dar un paso y calmarse. Pero James me miró con nada más que pura lujuria, haciéndome querer arrancarle los ojos y eso no estaba ayudando a que Edward se calmara.
—Este es Aro Volturi, amor. El dueño de la compañía que espero poder poseer pronto. —Sonrió Edward estrechando la mano de Aro, la cual había extendido hacia mí.
Aro fulminó con la mirada peligrosamente, al igual que James antes de darme una sonrisa coqueta.
—No quiero aburrir tu pequeña y hermosa cabeza con esos falsos y ficticios sueños. Tu padre y yo éramos muy cercanos, esperaba hablar con él, pero parece estar ausente en tan feliz ocasión.
—¿En serio? —Traté de no tener arcadas—. Edward y yo realmente queríamos casarnos. Mi padre habló de un nuevo y gran negocio en Austria que necesitaba impulsar. Le haré saber que hablaste de él.
Los ojos de James se abrieron sorprendidos antes de sonreír con malicia y buscar mi mano, pero Edward la tomó.
—Lo siento, señores, pero mi esposa y yo debemos hacer rondas. Por favor, disfruten.
—Sí, por favor, disfruten —añadí sonriendo como si fuera ingenua a la tensión entre ellos—. Esme ha trabajado tan duro en este día. Tenemos suerte de permitirnos este estilo de vida. Mi padre dice: "un día puedes estar sentado en la cima del mundo, y al siguiente este está encima de ti."
—Tu padre siempre ha sido inteligente. —James me guiñó el ojo antes de mirar a Edward—. Pero todos somos humanos y cometemos errores.
Vete a la mierda, maldito hijo de puta.
Cuando nos alejamos, Edward me sacó a la pista de baile.
—¿Qué mierda pasa en Austria? Sé que ese es el último lugar donde está tu padre —siseó en mi oído.
—Cálmate, carajo. No pasa nada en Austria, pero James no sabe eso. Él es una sanguijuela que trata de aferrarse a los hallazgos de los demás. No lo dudaría si esta noche se toma el primer avión en busca de algo. —Además, si separamos a él de Aro, será más fácil destruirlos.
Sus manos vagaron por mi espalda lentamente.
—Quieres que piensen que tú no sabes nada.
Con mi cabeza apoyada en su hombro, asentí.
—Es más fácil matar a un ciervo si piensan que eres una oveja y no un león. James estaba tan ocupado mirando mis pechos que no podía hablar.
—Me di cuenta —siseó acercándome más a él—. Debería simplemente matar al hijo de puta y ahorrarme la molestia. Tiene suerte que no le arranqué los ojos y, créeme, lo habría hecho.
La oscuridad en su voz me hizo temblar de placer. Le permití hacerme girar antes de atraerme lentamente.
—Necesitas despejar tu mente y tomar aire profundo. Fuimos capaces de quebrar a Laurent Ross. Él reporta directamente a Seth y este a mí. Así es como supe sobre el avión. Él quiere hacer algo más grande. Quiere que esto se calme y que nos relajemos antes que ataque. Pero, sobre todo, quiere lastimarte.
—¿Y cómo mierda Aro me va a lastimar? —Frunció el ceño. Era simple.
—Yo —respondí—. Tratará de usar a James para obtener información. James probablemente coquetee conmigo y intente ganar mi confianza. No sería la primera vez que fuera tras una mujer casada.
—No estás haciendo que mi deseo de matarlo disminuya. —Se detuvo para mirarme a los ojos—. De hecho, quiero matarlo más.
—Entonces yo mato a Aro. —Él no iba a matar a los dos.
Frunciendo el ceño, me miró.
—Yo mato a Aro. Tú te quedas con los hermanos y James.
—Trato. —Sonreí—. Pero la única forma de que eso suceda es dando a James un poco de lugar y una cuerda para que se ahorque a sí mismo.
—Así que, más fiestas y bailes. A mi madre le gustará —gruñó Edward—. Pero, le cortaré los dedos al hijo de puta si te toca. Y hasta entonces, los Volturi tienen un cargamento de coches preciados que llegará en dos semanas a Italia. Aro ama sus coches.
El hijo de puta estaba emocionado de solo pensarlo.
—¿Atacas sus drogas y ahora quieres sus juguetes? Esposo, eso es bastante cruel. —Sonreí disfrutando de la idea de un nuevo atraco.
Él levantó una ceja.
—¿Tienes alguna otra idea?
—No. —Sonreí—. Pero después que le robemos, deberíamos prenderle fuego.
—¿Y yo soy cruel? —Besó mi mejilla y me congelé por un momento, dándome cuenta que otra vez habíamos trabajado juntos con facilidad. Era como si nuestras mentes se alimentaban la una a la otra y sabían lo que la otra pensaba.
—Hablaremos de esto después, aparentemente es momento de cortar el pastel —le dije notando a Esme agitando su mano. Casi me había olvidado que esta era nuestra boda con la idea del robo y sangre.
—Sí. Luego —respondió mirándome con lujuria una vez más.
EDWARD
Se sintió como si hubieran pasado horas después de haber cortado el pastel cuando al fin pudimos escaparnos. Charlie estaba en una de las habitaciones de la parte este de la mansión. En el momento que llegamos allí, Bella fue a sentarse a su lado. Él estaba respirando solo a través de los tubos y máquinas, los cuales todos lucían dolorosos.
—Ciao mi bambino dolce. (Hola, mi dulce niña.) —Bella besó sus manos.
—Ciao mio dolce padre. (Hola, mi dulce padre)
—Sei bellisima, Bella. Mi dispiace che non ero abbastanza forte per voi. (Luces tan hermosa, Bella. Lo siento por no ser lo suficientemente fuerte para ti.)
—Tu sei e sarai sempre abbastanza forte. (Tú eres y siempre serás suficientemente fuerte.)
Me sentí mal por estar en medio de su momento. No estaba seguro de lo que decían, pero parecía ser personal como para que yo estuviera allí. Sin embargo, no me atrevía a alejarme del lado de ella. Charlie levantó su mirada hacia mí respirando pesadamente, esperando que tomara su mano. Cuando lo hice, la apretó.
—Sii buono con lei. Sé bueno con ella, Edward —me dijo antes de volverse hacia Bella—. Sii buono con lui. Sé bueno con él, Bella.
—Lo faro —dijo ella y yo repetí. Cuando lo hice, él besó nuestras manos antes de soltarlas.
Bella cerró sus ojos tomando aire profundo y se puso de pie. Vi como ella sacaba una jeringa de la mesita de noche y supe lo que estaba por hacer.
Acercándome, tomé sus manos y por primera vez, vi la verdadera profundidad de su fuerza y cuanto lo odiaba. Ella pondría a dormir a su padre para darle paz, pero eso solo la mataría cada día de la eternidad, y aun así ella lo haría.
—Tengo que hacer esto —me susurró, tratando de quitarme la jeringa. Negando con mi cabeza, la alejé.
—Te odiarás a ti misma y prefiero que me odies a mí.
En sus ojos había una lucha, pero ella era Bella, y mi Bella siempre peleaba conmigo. Pero yo ganaría esta batalla. Dando un paso hacia delante, quité el tapón con mis dientes antes de ir al brazo de él. Bella envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y puso su cabeza en mi espalda para no ver.
Bien. No quería que ella viera esto.
Lo hice lo más rápido posible y apagué las máquinas antes de girarme y abrazarla.
BELLA
Simplemente escuché en los brazos de Edward, sin llorar o deprimirme, sino algo aliviada de que alguien había cumplido con el deseo de mi padre. Algo que había temido desde que lo pidió. Nos quedamos abrazándonos por Dios sabe cuánto tiempo antes que hablara.
—Esposa, Bella, mi Bella. Vamos a la cama —murmuró y asentí. Me levantó estilo novia y una parte de mí quería pelear con él, pero no ahora. No esta noche. No en nuestra noche de bodas. No en la última noche de mi padre. Sabía que pelearía con él por millones de cosas pronto, pero no esta noche.
