Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo doce

¿Quiénes son realmente el Sr. y la Sra. Cullen?

"Cruel por la culpa, y audaz por la desesperación, el asesino nocturno irrumpe en el bar; invade la hora sagrada de descanso y deja, sin ser visto, un puñal en tu pecho." ~Samuel Johnson

EDWARD

—¿Eso es todo, señor? —me preguntó Dylan suavemente, dejando la bandeja de comida y los documentos en mi escritorio. Él sabía tan bien como cualquiera que, si despertaba a mi esposa, le rompería el cuello.

—Dile a Patrick que quiero saber los movimientos de James de las próximas horas —respondí y él simplemente asintió antes de irse.

En el momento que la puerta se cerró, me volví hacia Bella, solo para encontrarla observándome. Su rostro estaba vacío y sus ojos eran claros como el día. Era casi inquietante.

—Lo siento, no quise despertarte —le dije, cortando la distancia entre los dos mientras trataba de leerla.

Ella frunció el ceño notando que todavía tenía su vestido antes de ponerse de pie y darse vuelta.

—Ayúdame a sacármelo.

Sin decir una palabra, desabroché la pequeña parte superior lentamente, intentando todo para no emocionarme, pero no funcionó.

Su maldito padre acaba de morir, cálmate. Me grité a mí mismo mientras el vestido caía al suelo. Pero verla vestida en solo encaje blanco casi me mató.

Qué se vaya todo a la mierda.

—Déjame que… —Ella me detuvo con sus labios y me rendí con gusto trayendo su cuerpo hacia el mío y tomando de su culo con fuerza. Amaba su culo. Amaba como se sentía que estaba hecho solo para mis manos.

Cuando sus pequeñas manos quitaron mi corbata y desgarraron mi camisa, tuve que alejarla.

—Bella, podemos esperar. Puedo esperar —jadeé respirando profundamente para controlar a mi furiosa polla.

Ella me fulminó con la mirada.

—Bueno, esto no es sobre ti. Esto es sobre mí y yo no puedo esperar. No quiero pensar. Solo te quiero dentro de mí ahora.

Mierda.

Esta vez cuando me besó, la levanté en mis brazos y la recosté en la cama antes de besarla desde los labios hacia el cuello. Ella gimió empujando contra mí, colocando sus manos en mi cabello mientras me encaminaba hacia su pecho.

—Te compraré unos nuevos —le dije mientras arrancaba su sujetador, permitiendo que sus pechos rebotaran al ser libres, y le quité sus bragas. Ella me fulminó con la mirada, pero sólo por un momento antes de cerrar sus ojos mientras le pellizcaba los pezones.

—Más fuerte —pidió y así lo hice, tirando de ellos con fuerza antes de llevármelos a la boca. Ella se retorcía contra mí y yo sabía que me deseaba descontroladamente pero no cedería por ahora.

Mis manos se movieron hacia abajo, tocándola y ella arqueó su espalda en placer.

—Ya fóllame, Edward —gimió embistiendo contra mis manos.

Metiendo tres dedos en ella, la observé, disfrutando de cómo se veía mientras encontraba el placer con mis manos.

—No —respondí, moviendo mis dedos más rápido y más profundo en su húmedo centro. Cada vez que lo hacía, ella soltaba pequeños gemidos de placer y una de sus manos fue hacia mi pecho, mientras que la otra pellizcaba su pezón. Mirándola, esa hambre por mi polla hacía crecer mi deseo por ella cada vez más. Me aseguré de guardar imágenes mentales de esto.

—Edward, tu polla. —Casi suplicó.

—No. —Sonreí maliciosamente, follándola con mis dedos aún más y cuando que casi llega a su orgasmo, salí de ella. Me miró furiosa y con ojos sorprendidos. Lucía tan enojada que todo lo que pude hacer fue lamer mis dedos con sus jugos.

Me observó por un momento antes de empujarme contra la cama. Levanté mi vista con diversión, sosteniendo sus piernas mientras que ella arrancaba mis pantalones para llegar a mi polla. No tuvo que esperar, porque en el momento en que me quitó los pantalones, este salió libre entre nosotros. Es por esto que elijo ir sin bóxer. Me fulminó con la mirada mientras me tomaba en su mano, y embestí contra ella incapaz de resistirme a su tacto.

—Quieres esto tanto como yo —dijo y estuve tentado a decirle: "duh, ¿en serio?". Sin embargo, cuando ella se deslizó en mí, no pude pensar con claridad antes que mis caderas comenzaran a moverse profundo en ella.

Se movía muy lento mientras me miraba combatir las ganas de embestir en ella hasta que no pudiera caminar.

—Qué rápido que se pueden invertir los papeles. —Sonrió mientras jadeé cuando se inclinó para besar mi pecho.

Tomándola de la cintura y del cabello, la sostuve sobre mí antes de sentarme. Ya me cansé de jugar. Solo quería follarla tan profundo, que ella no sería capaz de ver bien.

—Y qué rápido que pueden cambiarse de nuevo. —Aferrando su cintura, la hice moverse conmigo, follándola mientras estábamos sentados en el medio de mi cama.

Nos mirábamos a los ojos, nuestros labios estaban a solo pulgadas mientras ella me montaba. Levantando mi mano, acaricié su mejilla y jalé su cabello hacia atrás para así poder besar su cuello. Desde allí, la tiré sobre la cama y metí mi polla profundamente en ella.

—Maldito Dios, Edward —gimió y no pude evitar sonreír.

Inclinándome, le besé la mejilla antes de susurrar:

—Ni siquiera él puede salvarte de esto ahora.

Tomando sus muñecas con una mano y su muslo con la otra, follé duro su coño, embistiendo más y más mientras ella temblaba de placer.

—Mierda, Bella —grité mientras sentí sus paredes contraerse a mi alrededor. Pero incluso entonces no me detuve, quería follarla hasta volverla loca, por lo que solté sus manos y la agarré de la cintura. La cogí como perra en celo. Rápido. Profundo. Salí y entré tantas veces que no podía ver bien. Ella gritaba mi nombre mientras que arañaba mi espalda. Ya se había venido dos veces y la mantendría así hasta que estuviera llena de mí.

Desacelerando mis embestidas solo un poco, lancé mi cabeza hacia atrás mientras que me descargaba en ella justo cuando ella se venía por tercera vez. Exhausto, me sentí desplomar a un lado de ella, para así no aplastarla. Sin embargo, me sorprendió y me trajo sobre ella. Así que solo me quedé recostado allí sobre su pecho dejando pequeños besos en su cuello.

—Gracias —susurró.

—Nunca tienes que agradecerme por tener sexo. —De hecho, ella puede tenerlo cada vez que lo quiera.

—No es solo por el sexo, Edward. —Deteniendo mis besos, me senté para observarla a los ojos, pero ella se rehusó a mirarme.

—Mi querida esposa, tampoco tienes que agradecerme por eso. —Besé su mejilla antes de por fin salir de ella. Tendríamos que tener una charla sobre condones luego y esperaba que ella no los quiera al igual que yo.

No hablamos por un momento mientras que yacía a su lado. El olor a sexo y nuestra respiración era lo único que llenaba la habitación.

—¿Qué quieres de mí, Edward? —susurró mirando hacia el techo.

No sabía cómo decirlo sin… sin sonar como un ñoño. Pero sabía que, si mentía, ella lo sabría y la última cosa que nuestra relación podía manejar era una mentira, aunque fuera grande o chica.

—Quiero que me ames —dije suavemente—. Y si no, entonces quiero ser lo más cercano que puedas amar. Quiero tu lealtad. Quiero tu honestidad. Te quiero a mi lado solamente y no en el de ninguno más. Quiero tu cuerpo. Quiero tu mente. Quiero saber tus esperanzas y tus sueños así algún día pueda hacerlos realidad.

Pausé sabiendo que esto era la parte oscura y enfermiza de mí la que estaba por hablar. Pero así era yo y quería que ella lo supiera. Ni siquiera me había dado cuenta que lo quería hasta ahora.

—Quiero que estés dispuesta a matar por mí. Quiero que seas la misma asesina que yo y no inmutarte ante la sangre. Quiero que te deleites ante la sangre junto conmigo. Quiero que me ayudes a destruir a cualquier hijo de puta que se mete en el camino de un Cullen.

Ella se quedó en silencio y yo me quedé quieto.

—La segunda parte de eso puedo hacerlo con facilidad —respondió al fin—. La primera, el amor. No he amado a nada en mucho tiempo. Le tenía cariño a Charlie, pero nunca fuimos cercanos. Pasé la mayoría de mi vida entrenando. Él estaba trabajando. No sabría por dónde comenzar para amar.

No era un no. Era solo un cómo y tendría que demostrárselo. Tomé su mano y la besé antes de sentarme.

—Vamos a comenzar conociéndonos el uno al otro —respondí amando cómo lucía ella en mi cama… nuestra cama.

—¿Conociéndonos? —preguntó sentándose también.

—Como qué jodido color es tu preferido y otras cosas sin importancia, pero cosas así de importantes. —Sonreí como ella.

—Es verde azulado. No sé por qué, pero es verde azulado —murmuró haciéndose el cabello hacia atrás.

Sonriendo, me puse de pie, desnudo como en el día que nací, y tomé el plato de comida, vino y los archivos antes de ubicarlos frente a nosotros en la cama.

Ella tomó el vino y sonrió.

—Sabes cuál es mi vino preferido.

—Eso es porque tus ojos se iluminaron como estrellas cuando el tonto tartamudo del avión lo ofreció. —Sonreí descorchándolo. Ella no necesitaba una copa, tomó directo de la botella antes de pasármela a mí. Lo tomé de la misma forma, mientras en mi mente me reía ante lo lejos que habíamos llegado tan rápido. Si hubiera sido otra mujer la semana pasada, la hubiera visto como poca mujer. Pero con Bella, solo lo hacía más atractivo. Todo lo que ella hacía, la hacía más sexy.

—¿Cuál es tu color favorito? —preguntó tomando un bocado del pequeño sándwich.

—Marrón —respondí mirándola a los ojos. Ella se dio cuenta y sacudió su cabeza—. ¿Película favorita? —le pregunté.

—El Padrino —dijo ella y estallé en risas.

—¿En serio? —Ella era tan…. perfecta.

—¿Cuál es la tuya entonces? —Sonrió.

—Buenos Muchachos —respondí y ella rio conmigo, y una vez más, absorbí su risa. Subió sus piernas y noté que seguía usando sus tacones blancos, lo que significaba un par de cosas. Primero: la había follado con sus tacones y eso era jodidamente sexy. Segundo: ella lucía condenadamente sexy sentada en mi cama desnuda con solo tacones y, tercero: casi siempre usa zapatos blancos. Tomaría nota de eso para cuando quiera comprarle algo, pero aun así…

—¿Por qué usas tacones blancos todo el tiempo? ¿Es una moda italiana o algo? —pregunté tentado de besar el largo de su pierna. Ella se quedó inmóvil por un momento antes de dejar caer sus hombros y sus ojos.

—Charlie y Reneé peleaban a menudo cuando era una niña. Yo era chica, pero sabía que pasaba algo malo. Por fuera, ellos se mostraban como una familia rica y feliz, pero en realidad mi mamá estaba viviendo en un ala diferente de la casa. Incluso se había pasado la mayoría de su tiempo en Italia. Verás, ellos se conocieron cuando eran jóvenes y se enamoraron rápidamente. Mi padre no quería perderla así que solo le dijo lo que hacía para ganarse la vida después que se casaron. —Frunció el ceño bebiendo de la botella.

—Mierda. —No había ninguna forma en nuestras vidas que una relación funcionara si no lo dejamos en claro desde el principio.

—Sip. —Sacudió su cabeza—. Mi madre era una hippie. Odiaba la violencia y, como todos los hippies, protestó. Mis abuelos no le dejaban divorciarse así que ella vestía sus guantes blancos. Básicamente, con eso le decía a Charlie que sus manos estaban limpias. Le dijo que, si pasaba una semana sin matar, ella se los sacaría y él podría tocarla. Pero eso nunca sucedió. Mi padre se fue con putas fingiendo que ellas eran Reneé y ella se enamoró de su guardaespaldas. Sin embargo, ella estaba embarazada de mí y, después de un aborto cuando estaba con Charlie, no quiso arriesgar nada. Ellos intentaron mantenerse juntos por mi bien, pero al final, Charlie dejó de intentar ganarla y concordaron en dejarme pasar las vacaciones con él. Fue así por un tiempo hasta que pasó lo del accidente de avión.

Dejé que mi mente asimilara sus palabras.

—Y usas tus zapatos blancos…

—Porque mis manos no están limpias, pero… —Medio sonrió—. Cuando los veo, pienso en ella y no me siento como si nunca tuve madre. Solo veo a una mujer con guantes blancos.

—Eso es…

—Raro, lo sé. Eso es algo que nadie sabía de mí, solo Charlie, pero tu preguntaste…

Tomé su rostro en mis manos.

—Es raro, pero tiene sentido para mí. No me di cuenta que era muy profundo. No lo hubiera preguntado.

—No. —Sacudió su cabeza—. Deberíamos sacar todos los secretos ahora que estamos siendo civiles y estamos sexualmente satisfechos.

Sonreí ante eso.

—Yo no estoy sexualmente satisfecho.

—Tal vez luego. Dime sobre ti. —Puso sus ojos en blanco.

Tomando el vino, tomé respiración profunda antes de llenarme con el líquido rojo. Ella habló de su pasado y compartió algo que ningún ser vivo sabía excepto por mí. Ella confiaba en mí así que tendría que confiar en ella. Solo que no sabía por dónde comenzar…

—No tienes que…

—Quiero, Bella —dije suavemente—. Quiero y lo haré. No he pensado en esto por mucho tiempo.

—¿Es sobre el bullying? —me preguntó y no debería estar sorprendido, pero lo estaba—. No sé más aparte de que estuviste enfermo una vez y te cargaban por ello.

—Nací gemelo —dije lentamente—. Esme estaba de camino a una recaudación de fondos cuando alguna de la gente de Aro los hizo chocar contra un árbol. El conductor fue capaz de sacar a mis hermanos, pero Esme se puso de parto y no podía moverse. Cuando los paramédicos llegaron, ella ya estaba empujando para que saliera mi hermana. Pero ella nunca lloró o incluso respiró y cuando llegaron al hospital, yo estaba enroscado. Tuvieron que jalar y a consecuencia de eso, mi hombro se rompió. Mi corazón y mis pulmones no estaban completamente desarrollados todavía y apenas lloré. Fue más como un jadeo. No pensaban que fuera a sobrevivir, pero lo hice. Pero en mi crecimiento, mi peso y mi habla tenían un retraso.

Por alguna extraña razón, incluso aunque no lo recuerde, siempre siento un dolor en mi hombro cuando pienso en ello.

—Esme entró en depresión y por mucho que me amaba, ella no podía mirarme sin ver la bebé muerta en sus manos, así que se mantuvo alejada. Mi padre pasó la mayoría de su tiempo conmigo en el hospital. Leía algunos artículos del diario y me contaba lo importante que era mi futuro mientras los doctores hacían sus pruebas. Solía maldecir cada vez que me estremecía. Tenía la tentación de hacerlo él mismo. Yo era más inteligente que la mayoría de los niños de la escuela y mi padre lo vio como una ventaja. A Jasper no le importaba que estuviéramos en el mismo grado, pero siempre estaba ocupado con su mundo cibernético. Emmett, sin embargo, siendo el chico grandote que era, tenía la reputación de chico malo. —Me reí. La mayoría de los estudiantes se meaban encima cuando Emmett estaba enojado con ellos.

»—Él era el capitán de fútbol, hockey y el puto equipo de lucha. Así que naturalmente, lo admiraba, pero en el colegio, él se mantenía alejado de mí así su hermano de doce años no dañaba su reputación. Intenté entrar al equipo de fútbol, solo para que me golpeen y se rían de mí. El entrenador sabía que era bueno con las tácticas así que me puso de aguatero. Un día, algunos de los amigos de Emmett me empujaron por las escaleras antes de ponerme en un armario con sus ropas sucias. Emmett no sabía que estaba allí, él solo entró cuando sus amigos estaban meando mi ropa. Emmett entró y les dijo que se tranquilicen porque yo era el favorito de mi padre y que luego tendrá que lidiar con mi mierda. Yo no dije nada porque no podía. No había tomado mi medicación esa mañana y terminé teniendo una convulsión en el maldito armario. —Casi quería reírme porque era tan retorcido.

»—Estaba temblando tanto que el armario se movía conmigo y el entrenador fue quién me encontró. Terminé en el hospital con mi madre llorando y rezando por mí. Estuve en coma por una semana y ella le prometió a Dios que sería mejor madre si me hacía sanar. Hicieron unas pruebas y me dieron una transfusión de sangre y de repente estuve mejor. Jasper me dijo que quemaron la casa del hijo de puta. Cuando Emmett me pidió perdón, le dije que se la guarde, que lo odiaría todos los días de la eternidad. Mejoré, trabajé duro y me hice más fuerte así nunca sería ese chico de doce años otra vez. —Finalmente terminé con una respiración profunda.

Casi me había olvidado que ella estaba allí, sentada frente a mí, cuando me dio la botella de vino otra vez. No era mejor que el brandy, pero seguía siendo lo suficientemente bueno.

—Deberías haberle cortado la polla y metérsela por la garganta —siseó haciéndome toser mientras tomaba un trago antes de sonreír.

—Tenía doce —repetí y ella se encogió de hombros.

—Me vale una mierda. La polla de Emmett y la del hijo de puta, ambos deberían haber vivido con eso, idiotas —respondió y ella no sabía, pero para alguien que no amaba bien, ella estaba haciendo un buen trabajo ahora.

—Entendido. —Ella era la mejor cosa en mi vida y me tomó tan solo tres días. Me hacía emocionar ante el futuro.

—Ahora no me siento tan mal por disparar a Emmett —replicó cayéndose sobre su espalda en la cama y permití mis ojos vagar por sus piernas, luego sus muslos y su estómago antes de llegar a sus pechos.

—¿Alguna vez te sientes mal? —le pregunté empujando la bandeja del vino y la comida fuera de la cama. Cayó al piso y se rompió, y sabía que haría un lío enorme, pero me valía una mierda. Solo quería a mi esposa.

Me miró mientras me acercaba y me cernía sobre ella.

—¿Para qué eran los documentos? —me preguntó. Me había olvidado de ellos.

Tomándola de la espalda, la atraje hacia mí.

—Primero el placer, luego el trabajo.

—Creo que es al revés —contestó envolviendo sus piernas a mi alrededor.

—Hacemos nuestras propias reglas ahora, Sra. Cullen. —Besé su frente, palmeando su culo y embistiendo hacia dentro de su apretado coño. Sus labios fueron directamente a mi cuello.

—Regla número uno: después o durante nuestras reuniones y charlas, nos aseguramos de follar hasta la locura. —Embestí contra ella—. ¿De acuerdo?

Se aferró a mis hombros y gimió.

—De acuerdo.

—Regla número dos: nunca usaremos un condón. ¿De acuerdo? —Ella me siseó y casi me vengo justo allí… Ella era tan jodidamente perfecta.

—Mierda, sí.

La giré y salí de ella antes de enterrarme por detrás.

—Regla número tres, —gemí alto. Pero ni siquiera pude pensar cuando ella se puso sobre sus rodillas y empujó su culo hacia mí con sus manos envueltas en mi cuello.

—Regla número tres: no confiamos en nadie aparte de nosotros —me dijo y ya no pude controlar mi necesidad. Agarrándola del culo como hice antes con su cadera, embestí mi polla rápida y profundamente. Empujando su espalda hacia abajo, jalé de su cabello como si fueran riendas.

—De acuerdo —siseé en placer.

—Mierda, Edward —gimió mientras se venía y cuando lo hizo, salí de ella para que mi semen se esparciera por su espalda. Era enfermizo lo mucho que lo disfruté. Ella era mía. Era toda mía.

Levantándose, se giró y me dio una bofetada en el rostro, algo que estaba comenzando a disfrutar incluso aunque doliera. Era una de las muchas cosas que hacía diferente a Bella.

—Ahora tengo que tomar una ducha —me siseó levantándose y la miré con lujuria y orgullo enfermizo. Ella había encontrado el monstruo en mí y lo alimentaba. Lamentablemente, no creía que alguna vez fuera a tener lo suficiente de ella.

Se dirigió a mi baño y se detuvo girándose hacia mí.

—¿Está cansado, señor Cullen? Todavía tengo más reglas.

Es jodidamente perfecta.

Mi polla se alzó ante su voz y casi gruño. Íbamos a quebrarnos el uno al otro y eso solo me emocionaba más.

Mi polla ardía por ella mientras que me dirigía hacia la ducha.

Es jodidamente perfecta. Incluso mientras que ella me empujaba, poniéndome de rodillas y forzando mi cabeza hacia su coño. Felizmente bebería todo.

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BELLA

No dije nada, tomando una de sus camisas limpias para usar, mientras él hablaba con un tipo moreno en la puerta.

Tomando asiento en su cama, lo observé con cuidado mientras dos mucamas corrían rápidamente y limpiaban el desorden que habíamos hecho con el vino y la comida. Ninguna se atrevía a subir la mirada, sino que trabajaban lo más rápido posible.

No estaba segura qué estaba pasando entre Edward y yo, pero la parte desconfiada de mi mente me decía que ponga freno. Solo nos conocíamos desde hace tres… ahora cuatro días. Era demasiado rápido. Ninguno de los dos estaba cansado, lo que era raro ya que no habíamos hecho nada más que tener sexo desenfrenado y alucinante por horas. La única vez que habíamos hablado fue cuando confesamos algunos de nuestros más oscuros pasados. Me hizo confiar en él. Me dijo la verdad y luego dio un paso al frente en la única cosa que no tuve la fuerza para hacer.

Charlie había querido asegurarse que muriera después de mi boda porque no quería que me sintiera sola. Traté de decirle que no estaba sola, pero él siempre me dijo que el camino de un Capo era oscuro y solitario. Nunca había tenido amigos. Nunca había socializado con nadie más que mis hombres y los criados de nuestra casa. Siempre me mantuve ocupada aprendiendo idiomas, estudiando y entrenando. Nunca pensé mucho sobre ello. No hasta ahora. No hasta que Charlie, la única familia que tenía, murió. Caí de repente. No tenía a nadie, y justo ahí estaba Edward. Y por primera vez entendí por qué Charlie me empujó con tanta fuerza a aceptar, porque, aunque todavía no confiaba completamente en Edward, la promesa de una futura confianza estaba allí. Ahora él era la única familia que tenía. Ese hecho me confundía.

Sentía que podía confiar en él. Quería confiar en él. Quería ser lo que él necesitaba porque ahora yo necesitaba a alguien. Nunca me di cuenta lo mucho que Charlie llenaba ese papel para mí. En los últimos cuatro años desde que me convertí en Capo, él era la única persona a la que recurría. La única persona que usaba como pizarra para mis planes. Le contaba todos y cada uno de mis pasos solo porque necesitaba sacarlo de mi cabeza. Le contaba cuándo estaba estresada, cuándo quería asesinar a alguien, cuándo asesinaba a alguien. Charlie era mi verdadero mano derecha y ahora Edward estaba tomando su lugar. No de una forma paternal de mierda, sino más como si Edward ahora era la única persona con la que podía hablar libremente. Todos debajo de mí, todos los demás, no los respetaba. Charlie era eso que ahora es Edward.

—Tenías razón —comentó Edward seriamente tomando lugar frente a mí. Todos se habían ido. Odiaba que él estuviera en pijamas. No podía mirar su culo.

—Lo sé. —Sonreí—. Pero, ¿en qué?

Poniendo los ojos en blanco, me entregó el archivo antes de dirigirse a su escritorio y tomar su brandy y servirnos una copa a ambos. Mirando la transcripción de vuelo, sonreí.

—James está de camino a Austria. —Leí tomando la copa que me ofrecía.

—Sí, y estaba pensando en usarlo como encubrimiento. —Frunció el ceño bebiendo lentamente. Esperé a que siguiera, pero no lo hizo.

—¿Y bien? —pregunté molesta que tuviera que desperdiciar palabras.

Me miró con atención como si fuera una niña y eso me enfureció antes que hablara.

—Charlie no quería que el mundo sepa que estaba enfermo. Estaba pensando en causar un accidente falso y correr el rumor que fue James.

Se detuvo y en mi mente pensé que era perfecto. Pero antes que pudiera decir algo, él malentendió mi expresión facial.

—No quiero usar la muerte de tu padre como una pieza de ajedrez ni tampoco quiero…

—Edward, cierra la boca. No soy una niña a la cual puedes herir los sentimientos. —Lo detuve—. Sí, me importaba Charlie, pero está muerto. Sabía que iba a pasar desde hace años, apesta, pero no me trates como si fuera de cristal. A mi padre le hubiera encantado ser usado para joder a los Volturi. Así que haremos lo que mejor sabemos hacer.

No me iban a ver emocional solo porque mi padre había muerto. Ni tampoco le dejaría olvidar quién era, aunque nuestra relación esté cambiando. Seguía siendo la maldita Capo y todavía tenía trabajo por hacer.

Él levantó una ceja hacia mí antes de inclinarse y sonreír.

—De cristal no eres, esposa. Le permitiremos a James pensar que mató a Charlie. El hijo de puta estará flipando que tomará mayores riesgos, pensando que quitó del medio al gran Manos de Hierro. Cuando vaya a Marruecos en las próximas semanas para el otoño, iremos a Italia y quemaremos algunos de sus coches.

—Aro se verá obligado a reaccionar y dará órdenes a James, quién le dirá a Laurent y cuando nos enteremos, lo tendremos de la cola —respondí con una sonrisa.

—Muerte por miles de cortes. —Sonrió de nuevo.

—Y luego le cortaremos la cabeza —dije levantando mi copa.

Me entregó otro documento lleno de fotos de todos sus hombres. El primero era un hombre de ojos color avellana y cabello oscuro de casi treinta años.

—Patrick Darragh, mi internet. Él puede asegurarse que nada que no queremos llegue a la prensa y puede obtener lo que sea en segundos.

—El próximo es Dylan Cormac —dijo mientras yo miraba al tipo de ojos verdes—. Él es mi experto en armas. Si lo quieres, él puede conseguirlo. No importa lo que sea.

Pasé foto tras foto rápidamente.

—Ustedes jodidos irlandeses se reproducen como conejos.

Él se echó a reír.

—Hablando de eso, ¿cuántos hijos quieres? —Le fulminé con la mirada, insegura si debería dispararle o no.

—Lo sabrás cuando esté de acuerdo con la idea de estar descalza y embarazada —siseé volviendo a mirar las fotos.

—¿Por qué tengo la sensación de que eso pasará en un tiempo lejano? —Frunció el ceño antes de beber.

—Entonces, ¿qué dices si nos conocemos, y en unos meses, o años, discutimos este tema otra vez? —respondí y el hijo de puta sonrió. Sabía que él no podía esperar a que estuviera redonda y gorda, incapaz de beber y pegada a la cama así podía manejar al mundo. Jodidamente NO.

—¿Esa era la regla número cuatro? —me preguntó y sonreí. —Lo supuse.