Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo trece

¿Quién dijo que la dominación mundial sería fácil?

"El asesinato no es un delito de criminales, sino de los ciudadanos respetuosos de la ley." ~Emmanuel Tanay

EDWARD

—El plan era perfecto —siseé pellizcando el puente de mi nariz—. Cada pequeño detalle estaba planeado para ustedes, pedazos de mierda sin cerebro. Prácticamente les dibujamos el puto mapa. Así que, ¿DÓNDE MIERDA LOS PERDÍ? —grité apuntando mi arma a los rostros de Emmett, Ben, Eric y Jinx. Estos cabeza-llena-de-músculo fallaron gloriosamente y estaba tentado a matarlos a todos.

—Señor, teníamos a James en el Puerto Lincoln, pero él ya había estado en Austria por días y sabía que algo no estaba bien. Colocamos la trampa e incluso le dimos tiempo para irse, pero el italiano aquí no nos dio el visto bueno hasta recién cuando estuvo por irse —siseó Eric a Ben, quién estaba listo para lanzarle un puñetazo.

—¿Sabes qué, hijo de puta irlandés…?

—¡SUFICIENTE! —rugí dando un paso hacia adelante—. ¿Alguno de ustedes me puede explicar cómo perdimos algunos de nuestros hombres? ¿Acaso pulsaron el botón de idiota?

—James encontró la bomba y lo reconfiguró hacia el refugio —respondió Emmett mirándome fijamente a los ojos, y no quise más que destrozar su puto cráneo. Perdimos cinco de nuestros hombres; tres irlandeses, dos italianos, todos hechos pedazos por sus malditas estupideces.

—¿Acaso es su primera misión? —espeté tratando de mantenerme calmado—. Avergüenzan a la familia.

Me volví hacia Emmett.

—Me avergonzaste y ahora están de pie frente a mí con sus pollas en sus manos, sin saber qué hacer con ustedes mismos.

Suspirando, me giré para encontrar a mi esposa sentada en mi silla de cuero detrás del escritorio de roble, simplemente mirando a los idiotas detrás de mí. Ella lucía deslumbrante en un hermoso vestido azul y sus zapatos blancos. Me miró a los ojos y supe que estaba tan enojada como yo.

En los últimos nueve días, habíamos peleado y follado duro, y estaba comenzando a leerla tan bien como ella a mí. Desafortunadamente, nuestros hombres eran unos cavernícolas que no tenían idea de cómo trabajar juntos y ahora yo tenía cinco muertes en mis manos.

Estábamos en mi sótano con todos nuestros hombres alrededor, pero ninguno hablaba; ni uno de ellos. Bella sacó un arma y la colocó en la mesa con una bala antes de volver a mirarme a los ojos. Ella quería sangre y yo también.

—¿Quién fue el que la cagó más? —preguntó suavemente. Me di cuenta que ella nunca gritaba a los hombres cuando estaba enojada. De hecho, su voz se hacía más suave, como si quisiera atraer a los que la rodeaban.

Nadie habló así que caminé hacia su lado, inclinándome sobre la mesa.

—Ella hizo una pregunta. Queremos una respuesta o ambos los mataremos y comenzaremos de nuevo. ¿Cuánto les pagamos, amor?

Me fulminó con la mirada y supe que odiaba cuando la llamaba así en público, pero no me importaba.

—¿Cinco millones por año? Podría ir al gueto y conseguir hombres para reemplazarlos en cinco minutos con solo ofrecer quinientos mil dólares —dijo despreocupadamente mientras giraba el arma sobre la mesa.

Asintiendo, volví a mirar a los hombres.

—Así que, pregunto de nuevo: ¿quién la cagó más?

Eric dio un paso adelante.

—Fue Riley.

Y en el momento en que lo dijo, Bella levantó el arma y le disparó directamente en la rótula, pobre. Ni siquiera sabía que el arma estuviera cargada, viendo que la bala seguía estando en la mesa.

—¿Desde cuándo entregas a tu hermano, hijo de puta? —siseó Bella y tenía razón. Incluso cuando les ordenábamos, no debían dar esa información a menos que alguien estuviera traicionándonos.

Eric gritó de dolor, como un cerdo muriendo, mientras que Riley daba un paso adelante. Alejándome de la mesa, extendí mi mano hacia Bella mientras que ella se ponía de pie.

—Esta bala es para ti, Riley —le dije mientras que él observaba el arma y la bala. Los quejidos de Eric eran todo lo que se escuchaba mientras esperábamos—. Cinco muertos por tu culpa; matate —dije mientras Bella y yo caminábamos hacia los ascensores.

—Si no lo hace —añadió Bella mientras entrabamos—. El resto de ustedes puede sacar al idiota de su miseria. Es una orden.

Ella debió haber tomado bien el tiempo porque las puertas se cerraron en el momento justo.

—Me agrada Eric —le dije mientras subíamos al piso principal. Mi madre estaba por realizar uno de sus jodidos eventos de caridad de verano y todos debíamos atender, por supuesto.

—La próxima vez mantendrá su boca callada. —Sonrió, obviamente disfrutando el haberle disparado.

—Touché, pero todavía podemos usar ese fallo para cubrirlo. Todo lo que él sabe es que uno de los cinco pudo haber sido Charlie. Podemos enviar un comunicado mañana —respondí, deteniendo el ascensor y empujándola contra la pared. La deseaba demasiado y si no la tenía ahora, entonces tendría que esperar horas.

—Cálmate, maldita sea, Edward. —Me fulminó con la mirada—. Cada vez que ves sangre, te emocionas.

—Cada vez que veo que tú derramas sangre me emociono. Hay una diferencia —le corregí mientras me inclinaba hacia ella.

—Estamos llegando a la entrevista que tenemos —respondió mientras la agarraba por la nuca, permitiendo que mis manos vagaran y se enterraran en su cabello.

—Entonces podemos tener un rapidito —mentí, nada era rápido con nosotros y ella lo sabía.

Me alejó de ella mientras comenzaba a arreglarse el vestido y volvía a poner en marcha el ascensor.

—Rápidamente te estás convirtiendo en un adicto al sexo.

—Solo por ti. —Le guiñé el ojo mientras arreglaba mi corbata y las puertas se abrían. Y allí, esperándonos, estaba mi madre golpeando su zapato contra el suelo.

—Ambos llegan tarde. Tengo a la revista Time esperando para tomar una foto a la pareja feliz sin la pareja feliz —espetó.

—Esme, la revista Time esperará tanto como nosotros queramos que esperen ya que ellos son los únicos a los que hablaremos —respondió Bella. Observé divertidamente como se comunicaban en silencio con la mirada. Sin embargo, esa diversión se esfumó cuando mi madre me dio un golpe en el brazo sin previo aviso.

—¿El ascensor, Edward? ¿En serio? —resopló mientras yo la miraba confundido. Bella y mi madre parecían hablar un lenguaje con sus ojos que nadie parecía entender.

—No sé qué le pasa, Esme. —Sonrió Bella antes de guiñarme un ojo.

—Arreglemos tu cabello antes que todo el mundo lo sepa. —Suspiró alejando a Bella de mi lado. Odiaba decirlo, pero me hizo enojar. Durante los últimos días, Bella y yo pasamos la mayoría de nuestro tiempo juntos. A veces hablábamos, la mayoría follábamos, y el resto simplemente nos acostábamos juntos. Era como si ambos permitíamos que nuestros cuerpos, mentes y almas se acostumbren al otro y me encantó cada momento de ello. Y por eso odiaba cuando la alejaban de mí.

—Conozco esa mirada. —Sonrió mi padre mientras se ubicaba a mi lado.

—¿Qué mirada? —siseé mientras me apoyaba contra la pared esperando que vuelva mi esposa… mi esposa. Eso me hizo sonreír.

—Esa mirada. —Sonrió el viejo tonto—. La conozco porque aparece en mi rostro de vez en cuando. Es lujuria, deseo, esperanza y amor, todo en uno. Te tomó poco más de una semana; a mi menos de cuarenta y ocho horas.

Tiene razón.

—Es demasiado pronto para ser amor —respondí tratando de no pensar en ello.

Resopló, mi padre Carlisle Cullen, resopló.

—Ella es tu otra mitad y lo sabes. Lo sientes…

—Nunca dije lo contrario —le interrumpí rápidamente—. He esperado por alguien como ella por mucho tiempo y ni siquiera lo sabía. Sin embargo, no puedo dejar que ella sepa que la amo. Puedo codiciarla, ser leal, y puedo cuidarla, pero no amarla todavía. Esa información solo le haría alejarse. Ella no acepta amor. Esta es la única vez en que el hombre realmente tiene que esperar a que una mujer lo diga primero.

—¿Y si no lo hace? —preguntó. Fue como si sus palabras me hubieran golpeado en el estómago.

Me enderecé una vez que las dirigirse hacia nosotros.

—La amaré a pesar de todo y estaré feliz de que esté a mi lado.

—Y es por eso que los hombres no se convierten en verdaderos hombres hasta que tienen esposas. —Me sonrió mirando a mi madre—. Ellas nos cambian, nos hacen mejor, y nos hacen crecer más rápido de lo que podríamos hacerlo nosotros mismos.

—¿Qué tanto andan murmurando? —Mi madre nos miró detenidamente.

—Dominación mundial —respondió mi padre, besándola en la mejilla. Ella puso sus ojos en blanco mientras que Bella simplemente arqueó una ceja hacia mí.

—Tuviste tu oportunidad y fallaste; es momento de hacerse a un lado y dejar que la nueva sangre de un paso adelante. —Se burló mi madre mientras mi padre fingía estar herido, antes de jalarla en sus brazos. Eso era lo que quería hacer con Bella pero probablemente ella me dispararía por las demostraciones de afecto en público.

Como si demostrara mis pensamientos, Bella los miró confundida antes de encontrar mi mirada como diciendo que no había forma que haga eso.

—¿No tienen una entrevista, nuevo rey y reina? —nos preguntó mi padre con una sonrisa burlona. Él había renunciado oficialmente a su título la noche de nuestra boda y desde entonces yo… Bella y yo gobernábamos. Desde entonces, él estaba más relajado, incluso feliz. Había esperado mucho tiempo para dar un paso atrás, y yo que pensaba que todo este tiempo él no quería soltar su título; pero lo hizo. Simplemente quería asegurarse que no tendría que volver de nuevo.

Después de ofrecerle mi brazo a Bella, nos dirigimos hacia la sala y no pude evitar reír cuando la vi trabajando en relajar su rostro.

—Cállate. Dios sabe cuánto tiempo tendremos que sonreír para estas personas —gruñó Bella mientras me detenía frente a la puerta.

—Solo se cómo Esme —le dije, ante lo cual ella me fulminó con la mirada.

—¿Ser como tu madre? Eres un maldito enfermo, Edward Cullen. —Sonrió haciendo que quisiera tanto besarla como estrangularla.

—No seas como una Capo —respondí entre dientes antes de abrir la puerta y cuando lo hice, ella dio un paso adelante.

—Lamento mucho la demora, sacar a Edward de su trabajo puede ser difícil. Él es tímido ante estas cosas —dijo amablemente Bella mientras que el equipo ante nosotros le sonreía. Después de dos malditas frases ya estaban enamorados de ella.

—Oh, no lo sienta, Sra. Cullen, simplemente estamos contentos que pudieran hacerse tiempo para nosotros. Soy Jan y este es mi equipo. Solo nos estamos asegurando que la iluminación y todo esté bien. —Sonrió la mujer, obviamente comprendiendo que había conseguido la entrevista de su vida.

—¿Necesitan algo? Estoy seguro que podemos hacer que alguien los ayude —dije agregando suavemente mi acento irlandés. Ella se quedó quieta mirándome a los ojos como si la estuviera deslumbrando con algo. Siempre funcionaba con cada maldita mujer, excepto con Bella; la única a la que quisiera que funcionara.

—Edward, detente antes que le des un ataque al corazón a la pobre mujer. —Me sonrió Bella, pero todo lo que vi en sus ojos fue cuchillos antes de volverse hacia Jan—. Por favor, no le haga caso, él no conoce lo que hace su encanto irlandés.

Puse los ojos en blanco y besé su mejilla cariñosamente.

—Todo lo que necesité era atraparte.

Todavía necesitaba atraparla.

—Esta va ser una gran entrevista, puedo sentirlo. ¿Están preparados? —preguntó Jan. Asintiendo, caminamos hacia las sillas que estaban preparadas para nosotros. Esperé a que Bella se sentara primero antes de sentarme a su lado. En el momento que lo hice, ella se inclinó como una maldita profesional y puso su mano en mi rodilla. Para alguien que nunca antes hizo una entrevista, lo estaba haciendo muy bien. Pero esa era mi esposa, un maestro de la manipulación.

—Primero que todo, es un placer estar sentada frente a la Pareja Real de América —dijo Jan inclinándose hacia delante.

—¿Pareja Real de América? —Sonrió Bella antes de soltar una pequeña risa falsa.

—Sí, Sra. Cullen, toda América los ama y tengo que decir personalmente que amé tu vestido de novia. Después de su boda, las ordenes vinieron volando en todo el país —dijo Jan con estrellas brotando de sus ojos.

—Dios mío, ¿en serio? —Se sonrojó Bella, luciendo inocente mientras que aferraba mi rodilla con un fuerte apretón—. Eso es tan raro para mí. De repente a todos les importa mi ropa y cabello. Me siento como una celebridad o algo.

—Créame cuando le digo que no hay mayor celebridad que ustedes. Mis amigos incluso tratan de encontrar el secreto para el "cabello de sexo Edward Cullen" —continuó y tomó todo lo tenía para no gruñir, pero en cambio sonreí a la puta cámara.

—Honestamente no hago nada —reí.

—Porque él es Edward Cullen y es naturalmente sexy —se burló Bella sacándome la lengua. Así que me incliné y la besé rápidamente en los labios.

—¿Ves por qué nunca puedo ganar una pelea? —Frunció el ceño Bella a Jan antes de sonreír de nuevo—. Él simplemente me besa o, peor, se quita la camiseta y estoy completamente deslumbrada.

Ojalá eso fuera jodidamente cierto.

—Sí, porque soy Edward Cullen y soy naturalmente sexy —me burlé otra vez y me volví hacia Jan—. ¿Crees que podríamos conseguir poner eso en una calcomanía?

Bella me golpeó suavemente, riendo y no me gustó solo por el hecho que sabía que no era ella. Esta maldita no era mi esposa. Era raro porque había querido que fuera así. Sin embargo, mi Bella, las dos, la privada y la que enfrentaba a nuestros hombres, era más fuerte, más despiadada y más sexy. Esta Bella era adorable, pero no era ella y quería que fuera ella misma conmigo.

—La primera pregunta que el mundo quiere saber es: ¿dónde se conocieron? —nos preguntó.

BELLA

—Gracias al puto Dios —gemí mientras entrabamos a la oficina. Me dio una copa de brandy recordándome, una vez más, que necesitaba que alguien colocara mi vino aquí.

—Estoy sorprendido que no la hayas matado cuando preguntó si estabas embarazada. —Sonrió mirándome atentamente mientras bebía.

—Yo también. Aparentemente el matrimonio me hizo suave —respondí volviéndome hacia los papeles en el escritorio frente a nosotros.

Él envolvió sus brazos a mi alrededor suavemente y sentí mi cuerpo automáticamente relajarse en él. No estaba segura cuándo comenzó, o si era debido a todo el sexo, pero ahora ocurría esto. Mi cuerpo conocía su toque y lo aceptaba, de hecho, lo disfrutaba. Yo lo disfrutaba.

¿Qué mierda me estaba pasando?

—Edward, necesitamos asegurarnos que todos crean que James mató a mi padre y prepararnos para Italia —le recordé, pero él simplemente besó a lo largo de mi cuello y hombro—. Lo digo en serio. Guarda tu polla y terminemos con esto antes que Esme nos saque arrastrando para la cena.

Gruñó alejándose y mi cuerpo instantáneamente extrañó su calidez. Bebiendo un poco más, se sentó mirando al archivo que le acerqué.

—Seis de los coches más apreciados de Aro irán de camino de Suvereto a Lucignano. Son alrededor de 170 kilómetros, pero tomarán las carreteras secundarias porque es más seguro y los caminos están libres. No me importa si son hombres de Aro o no, siguen siendo hombres —respondí mostrándole el mapa.

Me miró con una ceja alzada y una punzada de deseo como siempre; él era tan jodidamente adicto al sexo.

—¿Qué quiere decir eso? —preguntó con una sonrisa socarrona.

—Quiere decir que, si tienen pollas, son hombres. Si son hombres y los pones detrás del volante de un coche deportivo de millones de dólares, querrán romper el límite de velocidad. Competirán entre ellos, porque los hombres tienen que probar que son los mejores en todo. —Puse mis ojos en blanco.

Me fulminó con la mirada mientras agarraba mi brazo.

—Sabes que odio que te refieras a las pollas de otros hombres que no sean la mía.

—Supéralo, no es como si las estuviera chupando —siseé, mirando con furia su mano. Tenía un segundo antes que se la cortara.

—Mierda, Bella. ¿Por qué siempre intentas molestarme? —Entrecerró sus ojos antes de soltarme.

—Pareja Real de América, ¿recuerdas? Eso significa que tengo libertad de expresión —espeté.

Antes que pudiera responder, hubo un golpe en la puerta.

—Genial. Es tu madre —suspiré preparándome para ser civil.

Poniendo los ojos en blanco, Edward se giró hacia la puerta y habló sin rodeos.

—Adelante.

Sin embargo, la persona que entró no fue Esme, sino Jasper y lucía enfadado.

—El nuevo Superintendente de la Policía de Chicago está aquí y desea hablar contigo. —Le dijo hacia sus pies. Miré a Edward, que ahora estaba sentado derecho en su silla, fulminando con la mirada hacia la puerta con una promesa de muerte en sus ojos. Este Edward me parecía el más sexy de todos.

—Hazlo entrar —dijo suavemente.

Cuando Jasper se hizo a un lado, un hombre de mediana edad, más joven de lo que pensaba que un superintendente podía ser, entró. A su lado, había otro hombre alrededor de su edad. Ambos lucían sin miedo, lo que significaba que o eran ingenuos o estúpidos.

—Gracias, Jasper —dijo Edward. Jasper simplemente miró serio a los oficiales antes de salir, cerrando la puerta tras él.

—Es superintendente Andrew Patterson, ¿no? ¿Qué lo trae aquí? —preguntó Edward con calma mientras yo tomaba lugar en el escritorio cruzando mis piernas.

—Así es, Sr. Cullen —dijo antes de mirarme—. Hemos venido aquí para hablar con usted en privado.

¿Privado? Este maldito hijo de puta.

—Creo que me quedaré —dije los más amable posible antes que Edward pudiera hablar.

—Ya escucharon a la dama —sonrió Edward echándose hacia atrás en su silla.

—Como ya sabe, Sr. Cullen, de hecho, lo llamaré Edward, soy el nuevo superintendente Andrew Patterson. Fui elegido por la buena gente de Chicago para volver segura esta ciudad; algo que no ha sido desde hace un maldito tiempo. Sé quién eres. Sé lo que haces y estoy aquí para advertirte que tus días de caminar por sobre ley se acabaron —siseó entre dientes—. No pararé hasta que tú y el resto de los de su clase estén dónde pertenecen: detrás de las barras.

—Cariño, de verdad que tenemos que comenzar a votar. —Rio Edward mirándome—. Mira lo que pasa cuando no lo hacemos. Algún idiota con una placa y un arma trata de comenzar una pelea.

—No es muy tarde. —Sonreí caminando hacia su lado—. Él no se detendrá. Así que todo lo que tenemos que hacer es matarlo y asegurarnos de llenar la siguiente votación.

—¿Es esa una amenaza, Sra. Cullen? —El otro oficial detrás del idiota dio un paso adelante.

Sonreí.

—Con mi mano en la puta biblia, jodido estúpido.

El superintendente me miró sorprendido.

—Quizás no me escuchó…

—No, lo escuchamos claramente —espetó Edward mientras sus ojos se estrechaban peligrosamente—. Pero es momento que ustedes me escuchen. Esta es mi puta ciudad. ¡CHICAGO es mía! ¡Yo la compré! ¡Yo peleé por ella! ¡Yo la construí! Ningún hijo de puta salido de la mierda vendrá aquí a decirme otra cosa. ¡CHICAGO ES MÍA! ¡Lo que significa que soy el dueño de USTEDES!

—Puede pensar que caminas sobre agua, pero eres un hombre, Edward Cullen. Nada más, y no te tengo miedo. ¡Usaré todas las medidas de ley y cada hombre que tengo para derrocarlo como el jodido perro que es! —gritó Patterson, dando un paso adelante. Tenía que admitir que el tipo tenía huevos. Era un maldito idiota, pero tenía huevos.

—Piensa que puede —respondí mientras que Edward respiraba por la nariz poniéndose de pie—. Cree que puede tener cada policía, pero no es así. Nunca lo será. ¿Qué pasa si alguien fuera a matar a sus familias? Ellos no son como usted, superintendente Patterson. Usted perdió a su esposa, su hijo y su puta casa. Lo perdió todo y ahora cree que no tiene nada que perder.

Edward caminó alrededor del escritorio, encontrando su mirada.

—¿Cree que puede cambiar al mundo? ¿Cree que puede cambiar mi puta ciudad? Aquí le doy un poco de realidad: un policía por unidad abajo cada vez que intentes derrotarme. ¿Qué tal uno por día? ¿Un miembro de la familia por día? Esta ciudad sangrará y manchará tanto sus manos que jamás será capaz de borrarlo. Esos hombres de los que hablas te odiarán. No me sorprendería si meten una bala en tu cabeza ellos mismos.

Edward tomó otro paso para estar frente al hijo de puta.

—Voy a desatar el infierno en estas calles como nunca antes lo has visto y cuando una madre vaya hacia ti con una foto de su hijo muerto, cuando tu gente esté tenga tanto miedo que duerman con chalecos antibalas y se vuelvan hacia ti… diles que es porque pensaste que podías sobrepasarme. Diles que fue porque fuiste un idiota y entraste a la casa equivocada un sábado —le dijo Edward y no podía negar lo sexy que lo encontraba en ese mismo momento.

Caminando hacia la puerta, la abrí.

—Han sido des-invitado. Lo que significa que se van a la mierda de mi casa antes que usé mi derecho a la segunda enmienda y los saqué arrastrando.

Se fueron rápidamente después de eso, y cuando lo hicieron, cerré la puerta con un golpe y caminé hacia Edward y lo besé profundamente. Con sus manos, me levantó y me llevó hacia el escritorio, dejándome caer sobre este. Lo sentí separar mis piernas fuertemente con sus rodillas mientras sus manos viajaban hacia mi estómago y luego hacia mis pechos mientras me besaba mi mejilla.

Pero antes que pudiera rasgar mi camiseta, tomé el abrecartas y lo sostuve contra su cuello. Él se detuvo mirándome sorprendido y confundido.

—Recuerda lo cerca que estuviste de follarme en esta oficina —respondí presionando el abrecartas un poco más fuerte contra su cuello—. Y luego recuerda que no eres el dueño de Chicago. Ambos lo somos, ¿o te olvidaste de eso mientras lo decías? Nosotros. La próxima vez que te olvides, te cortaré desde la punta de tu linda barbilla hacia tu corazón. Ahora, aléjate.

Me miró a los ojos, tomando mis muñecas y apretando hasta que el abrecartas cayó de mi agarre. Sus manos fueron hacia mi cuello y vi al monstruo que codiciaba mirándome a los ojos. Incluso así lo encontraba sexy.

—Te lo dije antes, pero te lo diré otra vez viendo que eres mi esposa, la cual confío y me importa de demasiadas maneras retorcidas como para describir. No vuelvas a sostener un arma contra mí.

—Vamos a tener que matar la misión Aro —respondí caminado hacia él para arreglar su corbata.

Me miró enojado, frustrado y sediento de sangre.

—¿Y por qué mierda eso? Esa perra y su compañero no tienen nada que hacer en Italia.

—Edward, —siseé jalando su corbata—. Estamos por ir a la guerra. No estaremos atrapados entre Aro y la policía de Chicago. Especialmente cuando nuestros hombres actúan como niños y la cagan cada vez que nos damos vuelta.

—Así que, querida esposa, ¿qué haremos? —Su respuesta me hizo sonreír.

—Esta noche iremos a cenar y mañana vamos a prepararnos para acampar. —Amaba acampar.

Me miró como si hubiera perdido mi maldita cabeza.

—¿Acampar?

—Cuando asumí el cargo de Capo, mis hombres no confiaban en mí. No creían que podría guiarlos y cuando traje nuevas personas, no confiaban entre sí. Compré un tramo de bosque en Forks, Washington e hice una especie de campamento. Es su espacio para bajar la guardia porque el lugar es como una maldita fortaleza. Los hackers pasan tiempo jugando con los nuevos juguetes que les doy. Todo lo que pido es que se metan en las listas del FBI. Los bosques están llenos de objetivos para los francotiradores. El gimnasio es para los locos del cuchillo y hay doce chefs alrededor para alimentarlos. Ellos matan juntos, comen juntos y duermen en las mismas casas. Para el final de la semana, son hermanos unidos. —Era una genialidad de mi parte y podía verlo en sus ojos también.

—Una semana y serán unidos bajo nosotros. —Sonrió—. Querida esposa, eres una genio.

Sonreí casi queriendo tomar más orgullo de sus palabras.

—Ninguna mujer permitida más que Ángela y yo.

—¿Qué mierda es esta Ángela? —me preguntó tan despistado como siempre.

—Es parte del equipo, Edward, y si vieras más allá de lo físico, lo sabrías. Ella es una francotirador entrenada, experta en perfiles y una buena ayudante personal —añadí apartándolo para tomar mi teléfono del escritorio.

—Todavía quiero quitar los coches de Aro. —Frunció el ceño. Los hombres y sus coches.

—Podemos y lo haremos. —Sonreí, amando ya el plan que estaba formándose en mi mente—. Excepto que esta vez tendremos que robarlos de la finca de Aro antes que él llegue allí.

Me miró sonriendo como un loco tonto y dio un paso hacia mí, acariciando mi mejilla.

—Jodidamente perfecto —me dijo antes de besarme una vez más y supe que esta vez no lo podría detener.