Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo 14

Tristemente, no podemos matar a la familia

"Si el deseo y la oportunidad de matar vienen siempre juntas, ¿quién lo dejaría pasar?" – Mark Twain

EDWARD

—Destruiste mi ropa interior —me siseó mientras se volvía a colocar sus zapatos blancos.

Enderezando mi corbata, traté de no sonreír, pero no puede contenerme.

—La próxima vez no uses ninguna y no tendremos este problema.

Mi hermosa esposa vino hacia mí, lanzándome dagas con su mirada, pero, al contrario, eso me hizo desearla más.

¿Qué mierda me pasa? Me grité a mí mismo. No importa cuántas veces la hubiera follado, solo me hacía desearla incluso más.

—Yo no tengo un problema. —Me fulminó con la mirada—. No soy yo la que tiene que sentarse durante toda la cena pensando que no tengo nada debajo de mi vestido, sobre cómo simplemente puedes deslizar tu mano y llegar a mí. Pero creo que me sentaré frente a ti esta noche.

Se alejó tan rápido que casi sentí que estaba siendo bañado con agua fría ante la pérdida de su calor. Eso, y el hecho que toda la sangre de mi cuerpo estaba corriendo hacia otra parte de mi cuerpo…. Maldita sea ella.

—Te vas a sentar a mi lado —espeté mientras ella caminaba hacia la puerta y mis ojos se dirigían directamente hacia su trasero.

—No, no lo haré. Preferiría dispararte, pero ya que no puedo, te frustraré sexualmente. No destruyas mi ropa —siseó, dejándome ardiendo por ella.

—Esa perra me va a matar —suspiré, luchando por calmarme.

"Emmett y Rose…" No tuve que pensar mucho más que eso antes que un escalofrío, y no del bueno, corriera por mi columna, matando con toda lujuria en su camino.

Mirando al documento en el escritorio, no quería nada más que destruir a Aro ahora. Quería mirarlo a los ojos mientras prendía fuego su mundo. Sin embargo, iba a tener que esperar. Primero, necesito… necesitamos arreglar a los idiotas bajo nosotros.

Al momento que salí, Jasper ya estaba esperándome.

—¿Cuánto tiempo has estado allí? —le pregunté mientras nos encaminábamos hacia el comedor.

Me sonrió.

—Lo suficiente. Me disculpo, porque no hubiera esperado si hubiera sabido. Ella me dijo que me calmara, que solo era sexo. Esa mujer me asusta y desconcierta al mismo tiempo.

Solo sexo.

—Prueba estar casado con ella. —Fruncí el ceño—. Un minuto te besa y al próximo tiene un abrecartas apuntado a tu garganta.

Los ojos de Jasper se ensancharon antes de estallar en risas.

—Un día puede que ella simplemente te mate, Edward, lo juro.

—Un día, puede que lo haga —suspiré. En realidad, no estaba seguro si yo le gustaba por cualquier otra razón que no sea porque estamos casados. Yo solo era… sexo para ella, y no debería haberme molestado tanto como lo hizo, pero no podía dejar de sentir que ella no iba a cambiar… que a ella nunca le importaría.

—¿Así que supongo que ambos manejaron al Superintendente? ¿O hay algo que pueda hacer? —me preguntó justo cuando nos detuvimos fuera de la puerta. Podía verlo en sus ojos. Su sed de sangre. Jasper no era tan asesino como Emmett o yo. Él siempre ha sido, y siempre va a ser, el hombre detrás de la computadora; dónde necesitaba que estuviera. Pero cuando se trataba de la policía, Jasper quería sangre. Él odiaba el código con el que vivían ellos. Nunca voy a entender por qué, pero era lo suyo.

—Si las cosas se complican, puedes limpiarlo tú mismo, Jasper —le dije seriamente—. Pero hasta entonces, solo mantén un ojo en nuestro Superintendente. Si incluso compra una casa cerca de algo Cullen, házmelo saber.

Asintió, y la mirada sombría en sus ojos desapareció en el momento que entró al comedor. Se detuvo por un momento, notando a mi esposa sentada en su lugar al lado de Alice. Arqueó una ceja hacia mí antes de sonreír, como si se hubiera dado cuenta de la razón. Sin decir nada, caminé hasta mi Bella, besándole suavemente en la mejilla. Ella se estremeció como si le hubiera abofeteado.

—Buenas noches, esposa, —Intenté decirle cortésmente y lo suficientemente alto para que todos escuchen. Sabía muy bien que la iba a enojar mientras tomaba asiento frente a ella y a la derecha de mi padre. Pero no me importaba. Ella me estaba presionando y me encontraba cerca de estallar.

Carlisle se ha sentado y siempre se sentará a la cabecera de la mesa. No me importaba. Era una silla de utilería. No tenía ningún otro poder real además de cortar el pavo. Yo me sentaba en la verdadera cabecera. Mi madre se sentaba del otro lado y como siempre, estaban hablando en otro idioma con sus miradas. Traté de enfocarme en Bella, pero ella parecía perdida en su propia mente; una mente que daría cualquier cosa por leer.

—Bella, ¿hay alguna razón por la cual no estás sentada junto a Edward? —preguntó mi madre amablemente cuando tomé mi copa de brandy.

Bella frunció el ceño.

—Lo juro, intenta dejarme embarazada. No puede mantener sus manos quietas. Es algo molesto, de hecho.

Sentí el líquido volver a mi garganta mientras tosía. Por supuesto que ella traería el tema del sexo a la mesa. Por supuesto. Ella era mi Bella y le importaba un bledo el decoro. Ella vivía para hacerme temer por mi vida, cachondo o incómodo.

—¿Qué tiene de malo quedar embarazada? —Fulminó con la mirada Rose, tomando su vino mientras los sirvientes traían la comida.

—Nada. — Bella devolvió la mirada—. Nada en absoluto, especialmente cuando no tienes nada más que hacer que lucir bonita y comprar.

Jasper pateó mi pie, pero no dije nada, simplemente seguí cortando mi carne. Esta no era mi batalla y definitivamente no iba a recibir una bala por Rose.

—¡Te crees mejor que nosotros! —espetó Rose, haciendo que Bella se riera y que yo me llene la boca con la carne.

—Barbie, sé que soy mejor que tú. —Sonrió Bella, tomando un sorbo de su vino tinto, eso era básicamente comida para ella—. Además, todas mis partes son originales y no hecho en China.

Tomó todas mis fuerzas no reírme, pero sí sonreí como un tonto y por el rabillo de mi ojo, vi a mi padre sonreír detrás de su copa.

—¡Perra! —siseó Rose, levantándose de su asiento.

Mirando con furia hacia ella, me encontré con los ojos de Emmett.

—Contrólala, Emmett, sino ella necesitará nuevas partes. Nadie llama "perra" a mi esposa… con la excepción de mí.

—Nadie me llama "perra", punto. No eres especial, Edward —siseó Bella y sentí como si me hubiera apuñalado.

—Tal vez deberías decirle que no atacamos a la familia —espetó Emmett mientras Rose se volvía a sentar.

—Sí, simplemente fallamos en defenderlos —añadí, sabiendo muy bien que lo callaría. Sin embargo, él simplemente se volvió hacia mí.

—¿Por cuánto tiempo seguiremos con esto, Edward? ¡Ha pasado una década! —me gritó.

—Bueno, dije que nunca te perdonaría —respondí tomando otro bocado—. No quise decir dentro de diez, veinte, o incluso ochenta años. Compartimos ADN, nada más.

—¡Edward! —me gritó Esme—. No estoy segura de lo que pasó entre ustedes, pero Emmett tiene razón. Es momento de hacer las paces.

—Emmett, ¿te gustaría decirle a nuestra madre lo que pasó entre nosotros? —le pregunté, esperando. El cobarde nunca les contó a nuestros padres lo que me había hecho de niño. Una parte de mí cree que Carlisle lo sabe, pero nunca lo dijo en voz alta.

Emmett asintió lentamente para sí mismo antes de ponerse de pie y caminar hacia la puerta.

—Emmett —llamó Bella. Su espalda se enderezó antes de volverse hacia ella.

—Haz tu maleta. Tengo algo planeado para la semana. Nos vamos mañana después de misa —respondió ella, sin molestarse en mirarlo.

Él asintió y se fue rápidamente, haciendo que Rose se pusiera de pie también.

—¿Están felices? —Nos preguntó Rose. Me volví hacia Bella.

—Bueno, amor, ¿estás feliz?

—No. —Frunció el ceño ante mi uso de "amor" —. Estaría más feliz si me pasaras los guisantes —añadió, fingiendo no notar a Rose.

Alice, quién había mantenido su cabeza baja y su boca cerrada todo este tiempo, simplemente se acercó y se lo entregó a ella. Miré hacia Jasper para encontrarlo mirándola y reconocí esa mirada. Alice seguramente gastó otra tarjeta de crédito y probablemente secó la cuenta… habían pasado solo dos semanas. Él estaba enojado… quizás le permitiré matar a la policía solo para que libere un poco de estrés.

—Ustedes me dan asco —siseó Rose.

—¿Sigues aquí? —preguntó Bella, confundida mientras servía guisantes en su plato. Rose salió furiosa y me encontré jodidamente agradecido. Ya estaba en una pequeña batalla con mi esposa, la policía y Aro. La última cosa que necesitaba era el drama de Rose y Emmett.

—¿Qué están planeando ustedes dos? —preguntó simplemente mi padre.

—Acampar —dijimos Bella y yo al mismo tiempo.

—¿Acampar? —Alice levantó su cabeza. Si recordaba bien, Alice realmente le gusta el aire libre… e ir de compras para estar al aire libre.

—Nada de mujeres —dije sin pensar, haciendo que ella mirara a Bella. Los ojos de esta se estrecharon.

—Solo aquellas que son parte del trabajo, A.

Alice pareció sorprendida ante el apodo, como todos los demás.

—A, —repitió Alice.

—Eres enana, así que acorté tu nombre —sonrió Bella, no era en serio, pero era mejor que la mirada maligna que le dio a Rose. Podía ver la maldad en sus ojos y no estaba segura si debería estar asustado o gemir en emoción.

—Así que este campamento… —comentó Esme, insegura. Si era criminal, ella no quería saberlo, pero estaba interesada.

—Básicamente, es para unir a los hombres, sino planeo matarlos a todos. —Sonrió Bella, cosa que hizo su amenaza mucho más letal y más sexy. El hecho de saber que lo haría me hacía desearla más, me hacía querer darle un arma y apretar el gatillo junto con ella. Sin embargo, ella solo puso los ojos en blanco ante mi lujuria.

—Acampar —repitió Carlisle—. Quizás debería…

—Lo siento, Carlisle, pero esa invitación no es para ti tampoco. Tú eres el pasado, y por mucho que respete eso, y a ti, mis hombres necesitan caminar solos como uno. —Mi mandíbula casi se me sale mientras miraba entre Bella y mi padre, quién la miraba con fuego en sus ojos. Sin embargo, no eran rivales para los de ella y solo la hizo parecer incluso más fuerte. Carlisle sacudió su cabeza y suspiró.

Ella dijo "mis", no "nuestros".

Jasper se inclinó hacia mí.

—Cuando ella se despierta en la mañana, el diablo maldice.

—Ambos lo hacemos —susurré.

¿Cómo mierda lo hacía? ¿Cómo mierda podía suscitar al infierno y al cielo en sus ojos?

Estaba tan asombrado de ella que me molestaba. Podía escuchar las palabras de Charlie en el fondo de mi mente. "No encontrarás a una mujer a la que tengas que enseñar algo." Él tenía razón. Ella podría reinar sin mí. Ella no me necesitaba y eso me molestaba, por su culpa siempre necesitaba un trago. Ella me hacía confundir mis malditas emociones. Me sentía como un adolescente otra vez… inseguro de si quería follarla o golpear una pared.

—Bueno, entonces, hija, no quisiera meterme en tu camino. Después de todo, reinarás el mundo un día —bromeó Carlisle.

—Algún día pronto, espero. —Sonrió ella—. He puesto todas las piezas en orden. Nada se interpondrá en mi camino. He trabajado muy duro por ello.

—No te excedas. —Frunció el ceño Esme—. Todavía sigo pensando que tú y Edward deberían haber tenido una luna de miel.

—Eso hubiera sido inútil. Edward y yo nos casamos por la compañía. Una luna de miel hubiera sido una pérdida de tiempo. —Frunció el ceño ante la idea de eso. Ella fruncía el ceño ante la idea de mí.

Pasando mis manos por mi cabello, suspiré antes de ponerme de pie.

—No me siento bien. Buenas noches —les dije, alejándome. Necesitaba recordar que yo solo era una pieza para ella.

BELLA

Lo observé irse en shock. Parecía que estaba tan perdido en sus pensamientos que se puso mal. No estaba segura si debía quedarme o seguirle. ¿Qué hacen las esposas en estas situaciones? Tal vez él necesite un momento. Esme me miró a los ojos y podía sentirla empujarme hacia la puerta. Suspirando, me puse de pie y les deseé una buena noche antes de salir también. ¿Qué mierda se supone que debía decirle?

Cariño, ¿estás bien? Mierda que no.

Edward, ¿qué mierda fue eso? Entonces volveríamos a pelear.

Edward, ¿estás bien? Intentará tener sexo.

—¿Isabella?

Me giré rápidamente, me encontré con nada mientras miraba por sobre la cabeza de Alice. La pequeña duende se movía como una puta hormiga en la selva.

—¿Sí? —espeté, haciéndola saltar. Ella era tan dulce que casi siento lástima por ella, pero ella necesitaba endurecer y rápido.

—Emm… me preguntaba… emm…

—A, odio cuando las personas malgastan las palabras. ¿Qué te pasa? —La Alice que conocí vivía por lo alto con unicornios. Esta parecía que le habían tirado del séptimo cielo.

Ella respiró hondo y se paró derecha, cosa que seguía siendo bastante corto.

—Estoy perdiendo a Jasper —dijo directamente.

—Eso apesta —respondí—. Esme se encuentra del otro lado para terapia de parejas.

Ella me miró fijamente antes de sacudir su cabeza.

—No necesito la ayuda de Esme. Desde que llegaste aquí, Jasper ha estado mirándome diferente… Como si fuera una molestia.

—Eso podría ser las compras. Otra vez, Esme…

—Bella… y voy a llamarte Bella porque somos familia y no puedes matarme.

—¿Estás segura? —Jasper iba a tener que conseguir una nueva esposa si ella no decía cuál era su punto.

—Sí, es por las compras —suspiró—. Sé que es un problema y estoy trabajando en ello. Leí que las personas como yo compran cuando sea que sienten que no tienen control y no me he sentido en control por años.

—Otra vez, A, eso apesta, pero, ¿qué tiene que ver eso conmigo? —pregunté, intentando fuertemente no enojarme.

—Amo a Jasper y no quiero perderlo. Pero veo la manera en que te mira —susurró y realmente esperé que esta conversación no se dirija a dónde pensaba.

—Alice, no hay nada…

—No, lo sé —dijo rápidamente, con ojos muy abiertos—. Sé que Jasper nunca me engañaría incluso si estuviera enojado conmigo. Pero sé que desea que fuera diferente. Quiero ser diferente. Quiero ser más como tú.

—Eso no va a pasar —respondí—. Solo hay una Isabella Swan y no hay una versión pequeña.

—Bella, no quiero ser tú; quiero ser como tú. Quiero ser capaz de disparar un arma. Quiero aprender cómo pelear. Siempre he querido aprender, pero nunca fue nuestro lugar. Pero entonces, tú llegas rompiendo techos de cristal y literalmente derribando paredes. Quería ver si podías entrenarme. No necesito ser la mejor, pero quiero ser capaz de sentirme en control y quiero que Jasper me vea como más que una…

—Una adicta a las compras —terminé por ella.

Ella frunció el ceño.

—Sí. Quiero subirme al ring y mostrarle que hay mucho más para mí.

—¿Por qué no simplemente se lo preguntas a él? —Jasper era un buen luchador.

—Porque él ha dejado de verme. Todos han dejado de verme y he visto lo que eso significa para nuestro futuro. Si no hago esto, Jasper y yo solo nos alejaremos más y él me va a resentir. Preferiría morir antes que eso pase. —Lucía tan asustada, como si ella ya lo hubiera visto pasar.

—A, tienes que entrenar por ti misma, no por Jasper —respondí y ella me miró como si yo fuera la que estaba loca.

—Jasper es parte de mí, Bella. Siempre hemos estado en sintonía y luego, en algún lugar, la música cambió para uno de nosotros y ahora estoy buscando por la estación correcta para volver a él. Él haría lo mismo por mí, lo ha hecho por mí. Es lo que las parejas casadas hacemos. Así que, por favor, ayúdame. —Me rogó y no estaba segura de qué decir.

—Estoy ocupada, A. —La mirada de decepción en sus ojos me molestó—. Sin embargo, Ángela puede quedarse aquí y trabajar contigo mientras nos vamos por la semana. Luego de eso, veremos. Prepárate para meses de moretones y dolor.

Alice sonrió, jalándome en un gran abrazo.

—¡Gracias!

—A, suéltame. —Tenía suerte que me caía algo bien.

—Lo siento —dijo, soltándome rápidamente—. Gracias.

—Sí, buenas noches —le contesté antes de irme. Alice era buena consiguiendo lo que quería de mí y la última cosa que necesitaba era concederle algo más.

Cuando entré al cuarto mío y de Edward, pude escucharlo en la ducha. Caminando hacia la puerta, lo miré mientras estaba de pie bajo el chorro de agua. Las gotas caían sobre cada parte de su cuerpo… era tan hermoso. Lucía como uno de esos dioses griegos cincelados en piedra.

—¿Hay algo que necesites, Isabella? —me preguntó, sin molestarse en levantar la vista.

¿Isabella? Él no me había llamado así desde la primera vez que habíamos tenido sexo y por alguna razón, escucharlo llamarme así me molestaba.

—¿Qué te pasa? —Traté de leerlo, pero él estaba cerrándose.

—Nada, Isabella. Saldré en un momento —respondió sin emoción, pero incluso yo podía escuchar la mentira en eso.

Me estaba haciendo enojar. Nosotros no nos mentíamos. Quitándome mis zapatos, caminé hacia la ducha, sin molestarme en quitarme el vestido. Estremeciéndome ante el agua fría, lo miré a los ojos, tomándolo del rostro.

—¿Qué mierda te pasa? —siseé.

—Isa…

—Llámame Isabella una vez más y te patearé las bolas. —No iba a dejar que me mienta.

Apartó mi cabello mojado antes de tirar de él y mi cabeza hacia atrás. Empujándome contra la pared, miré directamente a los ojos de un león.

—Tú no me posees —siseó—. No eres dueña de nosotros. No soy una pieza de tu juego.

—¡Nunca te llamé así! —grité al idiota desnudo frente a mí.

—En mi mente, pensé que estaba acercándome a ti. Pero esta noche me di cuenta que juegas con las personas a tu alrededor, incluyéndome a mí. Me inclino a tu voluntad. ¿Desde cuándo lo hago? ¡Tú no me posees! No soy otra pieza, soy tu marido —me espetó.

—Deja de quejarte. ¿Estás enojado por mis palabras? ¿Por qué eres tan jodidamente emocional? —respondí.

—¡Porque soy humano y por lo tanto tengo emociones! —gritó, haciendo que me sorprenda—. ¿Acaso siquiera te gusto, Isabella? ¿Cómo solo Edward? —preguntó.

¿De dónde mierda viene esto?

Sonrió tristemente, sacudiendo su cabeza mientras cerraba el agua. Dando un paso hacia delante, besó mi frente.

—El hecho que ni siquiera puedas responderme esa pregunta es suficiente —suspiró.

—Lo haces sentir como si fuéramos novios que se casaron ni bien terminaron el colegio. Esto es negocios, Edward. Te dije que gobernaría a tu lado, pero no puedo soportar tu mierda emocional. —¡Él sabía esto! ¿Por qué mierda estaba siendo un maldito idiota?

—Cometí un error. Pensé que no entendías el amor. Pero sí lo haces. Amas la sangre y el poder, como yo. Sin embargo, estaba haciendo lugar para ti y eso me ha hecho suave. Me estás sobrepasando porque te importa una mierda. No recibirías una bala por mí o incluso derramarías una lágrima si muero. Soy el tipo que absorbe tu necesidad y luego te vas. Solo soy sexo. Toda esta noche fue solo sobre Isabella. Todo este matrimonio ha sido sobre Isabella. No perderé más mi tiempo. ¿Quieres negocio? Eso tendrás —respondió, dejándome parada en la ducha demasiado sorprendida y confusa.

¿A caso me gusta Edward?

Él era increíble en la cama y, hermoso y divertido… a veces. No lo odiaba. Cuando entré en la habitación, todo estaba completamente oscuro, haciendo que el vello de mi cuello se ponga de punta mientras caminaba hacia la cama.

Él apagó la luz. Él nunca lo hacía. Desde que él supo de mi… miedo. Las noches en las que no teníamos sexo —cosa que era raro— él leía hasta que me dormía y cada noche decía: "Buenas noches, amor." Trataba que no fuera obvio, pero sabía la razón. Si iba a ser frío, yo iba a ser peor. Él era un idiota. Pero parte de mí sentía que tenía razón. No había puesto gran esfuerzo desde nuestra segunda noche juntos cuando le dije sobre los zapatos blancos. Cuando le dije, parecía tan feliz, como si saber ese pequeño detalle de mí hubiera hecho su día.

Así que, ¿qué si lo llamé una pieza o peón está noche? Ambos lo éramos. Ambos sabíamos eso cuando nos casamos. ¿Por qué estaba intentando complicar esa relación? Follábamos. Trabajábamos. Simple. Pero ahora ese estúpido hijo de puta tenía que asegurarse que me importara.

Gimiendo en frustración, me senté rápidamente. Estaba despierto, mirándome sin emoción alguna en el rostro. ¡Quería gritarle! Por su maldita mierda no podía dormir.

—Déjame adivinar, ¿necesitar decir el último insulto? —preguntó, sentándose para prepararse.

Alcé mis brazos, lista para estrangularlo, pero me aparté. Iba a matarlo. No tenía clara la razón aún, pero iba a matarlo. Había mucho que quería gritarle, pero no salía nada.

—¿Qué mierda quieres de mí, Edward? —grité.

Puso los ojos en blanco antes de volver a acostarse.

—Ve a dormir, Isabella. Vas a despertar a toda la casa.

—Me importa una mierda —espeté—. ¿Qué pasó? Un momento estamos bien y al próximo… ¿qué mierda, Edward?

Bostezó y me molestó.

—Voy a la guerra, Isabella. Todo el mundo viene por mí… viene por mi familia. Pero la mujer más peligrosa del mundo está durmiendo a mi lado. Me preocupo por ella, a ella le importa una mierda sobre mí o cualquier cosa.

—Es por eso que soy la mujer más peligrosa del mundo —siseé, estaba orgullosa de ese maldito título.

Sonrió.

—Es por eso que también estás sola. Confías en mí para el trabajo, pero personalmente, no me dejas acercarme.

—¡No te conozco! —grité—. ¿Cuánto tiempo hemos estado casados? ¡Diez putos días, Edward! ¿Quién se enamora en diez putos días? ¿Quién siente algo en diez putos días? ¡Esto no es normal!

—¡Yo lo hago! —Miró al techo—. No somos normales. La gente normal no se dispara a otras a diario. Nuestras posibilidades de morir son mayores que las de cualquier persona. No tengo tiempo que desperdiciar tiempo ante los cambios. Me gusta o no. Estoy dentro o estoy afuera. No camino en el medio.

—No todos son como tú. —Fruncí el ceño, dejándome caer.

—Eres como yo —susurró—. Pero prefieres bloquear todo. Alegría, dolor, amor. Tú trabajas con la ira y la lujuria.

—No te odio, Edward. Buenas noches. —Fruncí el ceño, girándome hacia mi lado.

EDWARD

Y así de simple, quise sonreír. Sabía que la tenía. Paso uno: asfixiarla con amor. Paso dos: quitar ese amor. Paso tres: hacerle sentir emociones. En el momento que salí del comedor, sabía que era momento del paso dos. Planeé el paso tres para la mañana, pero ella sólo tenía que hablarlo ahora.

Sabía quién era ella y la mayoría del tiempo, lo amaba. Pero no tenía tiempo para derribar sus paredes, ladrillo por ladrillo. Necesitaba encontrar un punto débil y luego explotarlo. Seguiría así, seguiría siendo frío hasta que admitiera la verdad para ella misma. Podía sentirlo. Ya no éramos solo sexo. Incluso ahora que estaba durmiéndose, podía sentirla inclinándose por mi calor. Le importaba; ella quería que le importara más, pero tenía miedo.

Esperando hasta que estuviera totalmente dormida y murmurando para sí misma, me acerqué y la abracé contra mí. Ella olía increíble. Besando suavemente sus labios, vi como ella rodó hacia mis brazos.

Ella quería esto. Ella me quería. Iba a tener que quebrarla y hacerle salir de su modo perra… por mí. Disfruté su pelea con Rose.

—Mi dulce Bella. Vas a admitir que me amas, incluso si tengo que jalarte del cabello para escucharlo —murmuré, besando su frente.

Después de todo, todo entre nosotros era un juego de ajedrez y la clave de ganar cuando el juego cambia, es cambiar de táctica. Eso hice y ahora podía ver el jaque mate a solo un paso de distancia.

Todo lo que tenía que hacer era completar el paso cuatro y ella tendrá que decirlo. Una vez que lo haga, podríamos ser lo que necesitábamos ser. Sin embargo, iba a necesitar ayuda y tristemente, eso significaba Emmett.