Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo quince

Los leones son leones sin importar dónde están

"Sólo si el asesino es un hombre bueno puede ser considerado monstruoso." ~Graham Greene

BELLA

—Sé que estás despierta —dijo con frialdad, mientras salía baño. Al abrir los ojos, vi cómo se anudaba la corbata.

—No estaba ocultando el hecho de que lo estaba. ¿Hay alguna reunión de la que no sepa? —respondí, sentándome. Eran las 06:45 AM. ¿Por qué diablos se está vistiendo a las 6:45 AM?

Suspiró, aburrido, antes de voltearse.

—Sí. Pero no tienes de qué preocuparte ya que es una reunión personal. En el momento que la conversación cambie a disparar cachorros en la calle, te llamaré.

Mátalo, córtale las malditas pelotas y házselas tragar.

Podía sentir mi ceja contraerse ante el tono de su voz. Me estaba hablando como si fuera una maldita niña.

—Mal…

—Por mucho que disfruto de tus agresiones verbales, Isabella, realmente tengo que irme —me interrumpió, caminando hacia la puerta—. Nos veremos en el coche para ir la iglesia. Si te sientes como para seguir despotricando para ese entonces, adelante, grita todo lo que quieras.

Ni siquiera lo pensé. Un momento estaba tratando de respirar, y al siguiente, mi mano se encontraba debajo de la almohada y comenzaba a disparar. Sin embargo, no ocurrió nada. Edward sacudió su cabeza.

—¿Un arma bajo la almohada? Espero que no pienses que iba a dejarla cargada —dijo, con un deje frío en su voz.

—Tocaste mi arma —siseé, levantándome de la cama.

—He tocado más que tu arma. Supéralo —dijo, cerrando la puerta mientras se iba.

La sangre en mis venas hervía demasiado que mi piel estaba enrojecida.

Tomando mi teléfono, traté de no gritar cuando escuché la voz detrás de la línea.

—Jacob, ¿estás listo para redimirte? —pregunté. Casi podía escucharlo saltar de la cama.

—Sí, señora, lo que sea —respondió rápidamente.

—Edward tiene un desayuno esta mañana. Quiero cada puto detalle. —Si estornudaba, quería saber todo sobre ello.

—Por supuesto, ¿dónde está él? —preguntó el idiota.

—¡NO LO SÉ! ¡HAZ TU MALDITO TRABAJO! —grité antes de lanzar el teléfono contra la pared, rompiéndolo junto con el espejo que golpeó.

Pasándome las manos por el cabello, hice mi mejor esfuerzo para respirar, pero seguía enojada. Quería matarlo. ¡Quería matar a alguien! Pero no podía; no ahora, al menos, así que me quedé quieta, respirando lentamente, dejando afuera el mundo que me rodea. No me permití pensar, sólo respirar. No estaba segura de cuánto tiempo me quedé así. Todo lo que sabía era que mi sangre hirviendo se estaba enfriando.

—Señora. —Parpadeando me encontré de frente con Ángela—. Lo siento, señora, pero ha estado así durante una hora y necesita prepararse para la misa.

La miré fijamente antes echar un vistazo al reloj y, efectivamente eran las 7:47AM. Asintiendo con la cabeza, me dirigí hacia el baño.

—Ángela, necesito un teléfono nuevo —le dije antes de desnudarme y dirigirme a la ducha. Por mucho que me gustara la calidez del agua contra mi piel, tenía que darme prisa.

Mi padre siempre decía, nunca mantengas a Dios esperando. Cuando salí, Ángela ya me estaba esperando con una toalla.

—Ángela, no vas a ir al campamento con nosotros —le dije mientras me secaba el cabello.

Ella me miró confundida y preocupada.

—¿He hecho algo que le haya molestado?

—No, simplemente tengo otra misión para ti —respondí, dejando caer la toalla y tomando mi ropa interior—. Mientras no estemos, debes entrenar a Alice Cullen en combate cuerpo a cuerpo. También quiere aprender a disparar, pero fracasará. Sus manos son demasiado pequeñas. Mejor enséñale los conceptos básicos sobre cuchillos. Puede que sea buena en eso.

Ángela me entregó el vestido azul que tenía un lazo blanco en la parte delantera antes de hablar.

—¿Qué tan lejos debo ir, señora? —preguntó ella. Sabía que estaba preocupada por Jasper.

Poniéndome mis pendientes, lo pensé por un momento.

—Asegúrate de que todas las cicatrices y/o moretones no sean visibles y que los trate con rapidez. Dale cuchillos seguros primero.

Puso los zapatos frente a mí y asintió con la cabeza.

—¿Eso es todo, señora?

—Sí, y no seas suave con ella. Asegúrate de que entienda que sólo se pone peor después del primer día antes de ponerse mejor —contesté, dando un paso en mis zapatos antes de sentarme para que pudiera poner un poco de maquillaje en mi cara.

Antes de que ella pudiera responder, se oyó un golpe en la puerta.

—Entre —dije en voz alta. Jacob se acercó rápidamente con una cámara en sus manos.

—Buenos días… —Comenzó él.

—¿Te vio? —le pregunté, estirando la mano hacia la cámara.

—No —respondió, entregándomela.

Al mirar las imágenes, sentí regresar mi ira. Él estaba sentado frente a una rubia tonta, inclinándose cerca de su estúpida cara de mierda.

—Su nombre es Tanya. Asistió a la boda con James —informó Jacob—. Ella llegó después de que él se reuniera con Jasper y Emmett para desayunar. Hablaron durante unos momentos y cuando él se dirigió hacia la parte de atrás, ella lo siguió. Doce minutos después, él se dirigió de nuevo a su coche.

No pierdas la calma, mi mente gritaba mientras mi garganta se cerraba.

Poniéndome de pie, bajé la cámara y tomé mis gafas de sol junto con mi bolso antes de salir de la habitación. No iba a pensar o decir nada hasta más tarde. En este momento, sólo necesitaba para respirar y mantener la calma. Lo mataría, pero no en un domingo. No mato a nadie los domingos... aunque realmente quería. Atravesando las puertas, vi como todos hablaban entre ellos. No estaba segura de qué tan lejos fue el desayuno de Edward, pero ya estaba de vuelta y hablaba rápidamente con Emmett. Se detuvo cuando sus ojos verdes se enfocaron en mí.

—Te ves hermosa, querida. —Sonrió Esme.

—Gracias, Esme, al igual que tú —fue todo lo que dije mientras caminaba hacia el Porche de Edward. Su chófer me abrió la puerta mientras me ubicaba dentro.

Cuando Edward entró, ni siquiera se molestó en mirarme. De hecho, se centró en su teléfono. En mi mente, todo lo que veía eran las fotos y me dieron ganas de hacerle tragar el teléfono.

—Recuerda fingir como si te importara algo. Siempre está la oportunidad que se nos tomen una foto —comentó, reajustándose la corbata.

Vete a la mierda.

Asintiendo con la cabeza, miré por la ventana para ver a la misma iglesia en la que nos habíamos casado, a sólo una cuadra de distancia. Me esforcé mucho para no pensar en mi boda... sólo me recordaba a mi padre.

Cuando tomó mi mano, no pude evitar alejarme y él sonrió tristemente, sacudiendo la cabeza en mi dirección, antes de tomarla con más fuerza.

—Haz lo que mejor sabes hacer y finge —me susurró mientras me ayudaba a salir del coche. Ciertamente, había algunos fotógrafos. Podrías pensar que tendrían más respeto.

Suspirando, me quité las gafas de sol en el momento en que entramos, mirando alrededor de la hermosa iglesia otra vez.

—Realmente te ves hermosa, Bella. —Alice me sonrió, pero podía ver que estaba más emocionada por su futuro que por mí.

—Gracias, A. —Le devolví la sonrisa. Rose me fulminó con la mirada antes de tomar la mano de Emmett y entrarse más en la iglesia.

Me mordí la lengua para no decir algo grosero en la casa de Dios. Sin embargo, cuando mis ojos se encontraron con una rubia que vestía un vestido rosa muy corto para la iglesia, sentí las compuertas abrirse y una sonrisa se extendió por mis labios. Entró en el baño y nadie más pareció haberse dado cuenta de ella. Ni siquiera Edward que hablaba con Emmett, de nuevo.

Mirando hacia arriba, sonreí. Gracias Dios por este regalo.

—Todos ustedes ir yendo, los veré en un momento —les dije mostrando la mínima emoción posible.

Edward me miró con atención.

—Deberíamos entrar juntos. Mi madre no lo permitiría de ninguna otra forma.

—Entonces ella tendrá aceptarlo. Voy al baño, vuelvo enseguida. —Suspiré, tenía que pelearme por todo. Alice dio un paso adelante, pero le fulminé con la mirada antes de que pudiera atreverse a unirse a mí. Le entregué mi bolso a Edward y me alejé de él. Puso los ojos en blanco antes de caminar tras Emmett y Rose.

Podía sentir mi pulso acelerarse cuando entré en el baño y allí, por supuesto, estaba Tanya, añadiendo más labial a sus labios llenos de colágeno. La forma en que me miró cuando entré me dijo todo lo que necesitaba saber... ella no tenía idea de qué tipo de persona era yo.

—Hola, —Sonreí, lavándome las manos.

Ella sonrió con superioridad.

—Bueno, si no es la señora Cullen.

—¿Te conozco? —pregunté suavemente.

Apartó su cabello dorado por encima del hombro dos veces, solo quise arrancárselos de su cabeza.

—Deberías. —Suspiró, y frunciendo el ceño con falsedad—. Mira, no estoy tratando de hacerte daño y pareces dulce... un poco demasiado dulce, en realidad. Pero necesitas saberlo. Edward y yo éramos algo antes de que se casaran. Sé que esto es sólo un matrimonio arreglado. Él me lo dijo. No va a durar, cariño. Como dije, eres dulce, pero Edward no necesita dulzura. Él necesita una reina.

—¿Y tú eres esa reina? —pregunté lentamente, secándome las manos.

Ella sonrió.

—Él no lo sabe todavía, pero sí, lo soy. Sé cómo darle placer como nadie. Él se vino cada vez que mi boca estuvo sobre él. Rogaba por mí de noche. Me hizo venir una y otra vez. Éramos como animales. Pero luego hacíamos el amor dulce, lenta y apasionada…

Antes de que pudiera terminar, la agarré por su estúpido cabello rubio y golpeé su cara contra el espejo. Ella gritó, dejando escapar un grito de dolor cuando el cristal se hizo añicos alrededor de su cabeza. Casi parecía como una tela de araña... una sangrienta tela de araña. Empujando su cara más fuerte contra el vidrio roto, ella gritó.

—Por favor...

—Creo que ya has dicho lo suficiente —le susurré, moviéndome lentamente a ella. La sangre manaba del costado de su rostro cuando me encontré con sus ojos. Gimió, luchando contra mí, pero mantuve quieta, tirando de su cabello. Con lágrimas en sus ojos, ella abrió la boca para gritar.

—Si gritas, voy a destrozarte el cráneo, ¿entiendes? —La fulminé con la mirada, y sus ojos se agrandaron con miedo.

—Lo…

—Cierra la puta boca, perra barata, —la interrumpí antes de que se atreviera a mentir y decirme cómo lo sentía—. Mi marido está fuera del mercado. Deberías avergonzarte de ti misma. Estamos en la casa de Dios... la misma iglesia en la que nos casamos y tú piensas en tener una aventura. Eres una puta asquerosa. ¿Cuántos problemas con tu padre tienes?

—Lo... siento. Yo... Yo... sólo... sólo... lo... amo. —Sollozó. Era una idiota, eso era obvio. Quería tomar su cabeza y romperla, pero no mataba los domingos.

Alejando su cara del espejo y tomando un puñado lleno de pelo, la metí dentro de uno de los cubículos. Ella se resistió, pero eso me hizo jalar más fuerte, empujándola hacia una pared antes de golpearla en la nariz. Jadeó, deslizándose hacia el suelo y agarrando su nariz ensangrentada mientras sollozaba. Arrodillándome frente a ella, me aseguré de que pudiera verme con claridad.

—¿Qué estabas haciendo con mi marido esta mañana? —pregunté.

Ella me fulminó con la mirada.

—Vete a la mierda, puta horrorosa.

—Tanya. —Suspiré—. Te voy a preguntar de nuevo amablemente. ¿Qué estabas haciendo con mi marido esta mañana?

—Chupando su dulce polla. —Sonrió.

—Respuesta equivocada.

Tomando su cabeza, la metí en el inodoro. Sus brazos se movían como una loca, pero los contuve rápidamente con mi otra mano. Gritó dentro de la taza antes de que la dejé salir.

Dándole un momento para toser el agua, sonreí.

—Ahora, Tanya, ¿realmente estabas mamando a mi marido esta mañana, o estás tratando de hacerme enojar? —le pregunté con dulzura.

—Por favor...

Suspirando, volví a meter su cabeza en el agua y esta vez, ella luchó fuerte, pero por desgracia para ella, ya había derribado hombres del doble de su tamaño. Cuando dejó de luchar, la solté y ella quitó la cabeza del inodoro, cayendo de culo mientras tosía y lloraba.

—Tanya...

—Sabía que a Edward le gusta comer en Andrew's los domingos y lo esperé. Cuando me acerqué a él, me dijo que me fuera o me arrastraría fuera él mismo. Yo... —Sollozó—. Mentí sobre tener información acerca de Aro y James. Le dije que sólo podía decírselo si me seguía al fondo. Inventé una historia y de alguna manera se dio cuenta. Trató de irse, pero intenté darle un beso y él me agarró del cuello. Me llamó puta y me gritó que me mantenga alejada o la próxima vez me mataría. Dijo que la única razón por la que no lo estaba haciendo ahora era porque era domingo.

Las palabras de Edward de la noche anterior vinieron a mi mente... 'Eres como yo.'

—¿Por qué has venido aquí, entonces, Tanya? —Suspiré, poniéndome de pie ligeramente. Ella se deslizó por el pequeño espacio en el suelo para alejarse de mí.

Lágrimas brotaban de sus ojos mientras sollozaba, cubierta de agua de inodoro y sangre.

—Lo amo —dijo entre sollozos—. Por favor, no me mates.

—Encuentra un nuevo hombre para amar, Tanya. Si vuelves a acercarte de nuevo, voy a romperte el cuello y enterrarte bajo esta iglesia —contesté, pasando por encima de ella y saliendo del cubículo.

Me miré a mí misma rápidamente, lavándome las manos una vez más.

—Fue un placer conocerte Tanya —le dije y me fui.

Bendiciéndome con el agua bendita, me moví rápidamente hacía el frente, donde el resto de los Cullen estaban de pie y cantando. Edward se detuvo, echándome un vistazo, pero sonreí y, tomé su libro y comencé también a cantar. Me sentía mucho mejor.

EDWARD

—Que la paz esté con ustedes —dijimos todos.

—Vayan en paz, la misa ha terminado —respondió el sacerdote antes de salir. Poco después, todo el mundo empezó a irse, sin embargo, agarré a Bella antes de que pudiera moverse.

Ella se volvió hacia mí, con una ceja arqueada, como si no tuviera idea de por qué la agarraba. Tal vez realmente pensó que no me daría cuenta.

—¿Qué? —Me fulminó con la mirada.

—Tienes sangre en el zapato —le dije, esperando una explicación.

Ella bajó la mirada y frunció el ceño, alejándose de mí y tomando asiento. Se veía muy a gusto mientras tomaba un pañuelo de su bolso y lo limpiaba antes de agarrar desinfectante de manos.

—¿Mejor? —me preguntó con una sonrisa. Por el amor de Dios, no tenía vergüenza y eso la hacía aún más sexy.

Sin embargo, necesitaba no mostrar emoción.

—Sí, ahora ¿cómo llegó hasta ahí? —le pregunté.

Ella frunció el ceño.

—Edward, por favor, no me hagas mentir en la iglesia.

—Tienes que... entonces no mientas, Isabella. —Ella iba a volverme loco.

—Tuve que arreglar algo y ya está —respondió ella, poniéndose de pie y haciendo una reverencia hacia el altar, salió.

Mirando el crucifijo, sacudí la cabeza y la seguí. Lo sabría pronto. Ahora mismo, sólo necesitaba asegurarme de que el paso cuatro funcionara.

Nos íbamos de campamento esta noche. Después de eso, ella y yo estaríamos unidos y volveríamos a matar a aquellos que eran realmente importantes.

Emmett se acercó rápidamente, mirando por encima de mí y dándole la espalda al resto de la familia.

—Edward, ¿estás seguro? —me preguntó por sexagésima vez.

—Sí, Emmett. —Suspiré—. Ni bien estemos en el campamento, vas a dispararme y vas a asegurarte de sea un disparo bueno, pero no fatal. Esa es la única manera que voy a dejar atrás el pasado.

—Podría matarte —dijo entre dientes mientras nos dirigíamos a nuestros coches.

—Si lo haces, te atormentaré por el resto de tu vida. —Sonreí—. No vas a matarme, Emmett, quieres mi perdón demasiado como para matarme.

—Esto es frío, Edward. Sí ella se entera...

La miré mientras hablaba con Alice y nuestro sacerdote, y no podía dejar de pensar en lo hermosa que era.

—Ella no lo va a descubrir. Si lo hace, se va a enojar, pero lo superará. Ella me ama y está sola. Simplemente tengo que recordarle que soy todo lo que tiene. ¿Recuerda lo que pasó la última vez que mis planes no funcionaron?

Me miró confundido.

—No.

—Exacto. —Sonreí, porque mis planes siempre funcionaban.

—Está bien, lo haré. ¿Lo quieres en el segundo día?

Asentí con la cabeza, dando un paso hacia adelante y luego deteniéndome, mirándolo a los ojos.

—Si le dices a alguien de esto, Emmett, incluso a tu esposa, no sólo te odiaré. Te mataré a ti y a ella, juro por Dios que lo haré —le susurré en voz tan baja que no estaba seguro si podía realmente oírme. El miedo en sus ojos me dijo todo lo que necesitaba saber.

Dándome la vuelta, me acerqué a mi bella esposa. El lazo de su vestido me hizo sonreír. Ella era un regalo, mi regalo, y no podía esperar para desenvolverla... No podía esperar para el campamento.

BELLA

—Edward, mi viejo amigo —llamó el padre Thomas hacia atras de mí mientras Edward se acercaba.

Edward tomó su mano.

—Fue una maravillosa misa, padre Thomas.

—Dirías eso incluso si te aburre hasta las lágrimas. —Bromeó el padre Thomas, guiñándome un ojo—. Debo decir que has elegido bien, otra mujer de Dios en la familia Cullen. Es por eso que Dios los bendice grandemente. Todos ustedes le honran todos los domingos sin falta.

Si supieras lo que hice en tu baño, sonreí para mis adentros.

—Gracias, Padre. —Sonreí, sonrojándome para su beneficio.

Me tomó la mano y Edward tomó de mi cintura.

—Veo a un niño en un futuro próximo, mi querido hijo. Dios los bendecirá con uno, también —susurró para que sólo Edward y yo oyéramos. Sentí mis orificios nasales tensarse y mis ojos estrecharse, pero Edward me dio un ligero apretón.

Sonriéndole, me aparté, con la esperanza de que Edward dijera algo, pero él todavía estaba sentado en su montaña de hielo.

—Muchas gracias, pero tenemos que irnos, Thomas, —le contesté, tirando de Edward hacia el coche.

—Necesito tu teléfono —le dije una vez que estuvimos dentro. Él miró de manera extraña.

—¿Por qué?

—Porque el mío está roto —suspiré—. ¿Estás diciendo que no? ¿No quieres que vea los nombres de tus putas del pasado?

Él me miró enojado, y me entregó el teléfono.

—No. No hay putas en mi teléfono. Simplemente quería saber con quién necesita hablar mi esposa con urgencia.

—Mi doctor. —Fruncí el ceño cuando marqué el teléfono—. Todo el mundo parece pensar que pronto saldrá un bebé de mí. ¿Por qué? No estoy segura. Pero eso no va a pasar y voy a asegurarme de que mi método anticonceptivo esté funcionando tan bien como sea posible. ¿Alguna otra cosa que te gustaría saber?

—Rose ha tenido dificultades para concebir, se filtró a la prensa hace un año. Jasper no cree que él o Alice estén listo para ser padres, sobre todo porque ni siquiera puede controlar a Alice. Tú eres nueva y joven; nadie duda de que seas capaz de tener hijos. Es por eso que sacan el tema —dijo sencillamente, echándose hacia atrás y observando la ciudad pasar a nuestro lado. Él ni siquiera me miró, pero no me importaba, no ahora al menos. Tuve mi dosis de sangre esta mañana; fue un desayuno de campeones. Podía con el mundo y con Edward.

No podía esperar para el campamento.