Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole.

Capítulo veintidós

La hora decisiva

"Si alguno de ustedes, hijos de puta, se mueve, los ejecutaré uno por uno." ~Honey Bunny.

BELLA

—Seth —siseé entre dientes y un segundo después, colocó una pistola ametralladora y dos pistolas más en mis manos.

—Tus órdenes son disparar a matar a todos menos James y Victoria —espetó Edward. Jacob y Seth no gastaron un segundo antes de salir por la puerta. Colocando las pistolas en la parte trasera de mis pantalones, puedo sentir la sed de sangre crecer.

—¿Dónde está la familia? —le pregunté.

—En la habitación de seguridad, donde deberías estar —me dijo, tomándome del brazo antes de que pudiera irme.

—Edward, no quiero malgastar balas, así que te juro que, si piensas por un segundo que me voy a sentar en el búnker y no hacer nada, te mataré yo misma, —espeté, apuntando mi pistola contra su nariz.

Entrecerró los ojos.

—Estás embarazada. Vete al búnker, Isabella.

—Púdrete. —Lo fulminé con la mirada antes de salir. Al momento que lo hice, todo lo que vi fue destrucción. Era como… era como si estuviéramos siendo bombardeados. Las luces titilaban, cables colgaban del techo y todo lo que podía escuchar eran disparos.

Apoyándome contra la pared, mantuve mi pistola contra mi pecho mientras Edward se colocaba a mi lado.

—¿Terminaste de tratarme como a una perra y no como a tu esposa? —pregunté, intentando ver de dónde provenían los disparos.

—Más te vale no terminar lastimada o te mataré yo mismo, amor. —Sonrió Edward, besando mi mejilla antes de apartarse de la pared, disparando ciegamente hacia el pasillo, y aun así dándole a los hijos de puta.

Saliendo de detrás de la pared, lo miré enojada.

—Te odio.

—Me amas… —Fue interrumpido cuando comencé a disparar al maldito que se encontraba escondido detrás de una puerta en el pasillo.

—Te olvidaste uno. —Sonreí, antes de correr por el pasillo. Podía escucharlo detrás de mí.

Ni bien llegamos al ala este, encontramos una guerra declarada por nuestros hombres, que usaban cualquier parte de ellos: dientes, puños, y vidrios rotos para matar sino tenían armas. Por el rabillo de mi ojo, vi a Emmett casi arrancarle un brazo a un ruso. El aire estaba inundado de nada más que sangre y sentí que me volvía sorda por ruido a mi alrededor. De la nada, sentí una navaja cortar mi pierna y al segundo que levanté la mirada, me encontré con los ojos del tonto que pensó que era buena idea cortarme con un vidrio.

Pisoteándole la cara con mi taco, grité de rabia mientras su sangre caía por todos lados. Limpiándome el rostro con los brazos, me di vuelta para ver a Edward degollar un hombre. Cuando levantó la cabeza, no me miraba a mí. Siguiendo su mirada, me encontré a James mientras le pegaba un tiro en la frente a Eric.

—¡JAMES! —rugió Edward tan fuerte que hubiese pensado que él fue quién hizo temblar la casa.

James parecía impactado al principio; como si se hubiera olvidado de quién era la casa que había atacado. Pero el asombro rápidamente se transformó en miedo mientras Edward caminaba hacia él como el mismísimo diablo. En el momento que alguien bloqueaba su camino, eran golpeado tan rápido que no tuve tiempo ni de parpadear. Quería observarlo mientras destrozaba y aniquilaba al idiota, pero necesitaba asegurarme que nuestros archivos e información no estén siendo robados debajo de nuestras narices.

—¡Emmett! —grité, pero él estaba tan ido en su sed de sangre mientras disparaba a los hijos de puta en su camino. Parecía demasiado ansioso; como si estuviera en un videojuego y fuera invencible.

Echándole un vistazo a Edward por última vez antes de correr por el pasillo, vi cómo su puño impactaba con el rostro de James. Mientras más me adentraba, saltando y esquivando cables llenos de corriente, más altos eran los gritos. Al principio no estaba segura de qué o quién era. Entre las llamas y las chispas, apenas podía ver a unos metros frente a mí. Todo lo que podía hacer era presionar mi espalda contra la pared y deslizarme hacia adelante para asegurarme que podía ver todos los ángulos.

—¡SUÉLTAME! —gritó Rose mientras tres hombres enormes la rodeaban como lobos alrededor de un cordero.

—Eres linda —dijo uno de los hombres—, pero serías más linda sobre mi verga.

Todos se rieron mientras la agarraban y, en ese segundo, puse una bala en su cabeza, haciendo que la sangre saltara por todo su rostro. Ella se quedó allí, aturdida, mientras que los otros dos se dieron vuelta y comenzaron a disparar.

Saltando detrás de lo que quedaba de una pared, grité:

—Tienen dos segundos antes de que les ponga una bala en el cerebro.

—Muérete, perra, estás sola. —Rio uno con fuerte acento.

—Sal como una buena perra y seremos gentiles contigo. —Rio el otro y todo lo que pude escuchar fue el grito de Rose. Era jodidamente molesto. ¿Por qué no pudo ir al cuarto de seguridad como una buena dama en apuros?

Tomando aire profundo, levanté mis manos lentamente.

Con armas apuntadas a mi rostro, sonrieron. El hombre que sostenía a Rose sonrió.

—Suelta la pistola, cariño.

—Te advertí, —fue todo lo que le dije, sonriendo mientras Jacob se acercaba por detrás de uno de ellos. Disparé en la mano del hijo de puta que sostenía el brazo de Rose y cuando se apartó, le disparé en el ojo.

Corriendo hacia Rose mientras que ella gritaba, tomé su brazo sangriento. Cortando un poco de mi camisa, envolví la herida rápidamente y la obligué a mirarme a los ojos.

—¿Por qué carajos no estás en el búnker? —grité, apretando la venda improvisada.

—Emmett… —tartamudeó en shock—. Yo… Emmett.

Dándole una bofeteada, la miré a los ojos con furia.

—Recomponte y muévete o te mataré yo misma. Jacob, llévala a la guarida. Si se opone, desmáyala.

Él asintió y la dejé en su cuidado antes de correr por el pasillo. Esto debe ser una distracción; querían algo. El ala este estaba lleno de cuartos y, si eran inteligentes, seguro tenían los planos de la casa. Lo que significaba que ellos sabían lo que había en el ala oeste; algunos de nuestros documentos más importantes, dinero, y códigos estaban allí.

Subiendo las escaleras destruidas, todo lo que sentí fue el ardor de una bala mientras me atravesaba el hombro con tanta fuerza que caí sobre mi espalda, rodando por las escaleras.

—Ups, ¿te lastimé? —Una niña pequeña que recordaba haber visto en la boda de James y Victoria me sonrió mientras me miraba. Intenté sacar mi pistola, pero pisó mi mano—. ¿Acaso sabes quién soy? —escupió. Apuntándome a la cara con un arma—. Ustedes mataron a mi hermano.

—Cariño, hemos matado a mucha gente. No me importa una mierda tu hermano, Jane. —Sonreí contra el barril de la pistola.

—¡Perra! —gritó, pero yo le daría motivo para gritar.

Tomando un cable eléctrico, lo presioné contra su pierna, apartándome cuando echó chispas y la sacudió como si estuviera teniendo una convulsión.

Arrastrándome lejos de ella, me tomé del hombro intentando mantenerme calmada. Sentí la urgencia de tocar mi vientre, pero no podía. No podía detenerme y no podía permitirme entrar en pánico. Pero incluso sabiendo todo eso, me encontré dibujando círculos sobre mi estómago por un momento antes de ponerme de pie y volver a las escaleras.

Ni bien entré al cuarto secreto, no encontré a nadie. Sacando nuestros archivos, comencé a enviarlos rápidamente a otras computadoras antes de borrar todo. Al momento que escuché romperse lo que sonaba como vidrios, me di vuelta y apunté mi pistola directamente al rostro de la amante del diablo. Pero no pude hablar, el arma se cayó de mis manos mientras bajaba la vista a la navaja en mi vientre.

—Te advertí. —Rio Victoria y eso fue lo último que escuché antes de que todo se vuelva negro.

EDWARD

—Sosténgalo quieto —le dije a Jasper y Emmett mientras sostenían a James, poniéndolo sobre sus rodillas frente a mí. Nos encontrábamos en lo que quedaba de mi garaje de medio millón de dólares. El hijo de puta pensó que podía escaparse. Ni bien tuve mis manos en él, supo que su vida había acabado. Tomando mis nudillos de acero, comencé a golpear su rostro.

»—Pensaste que podías entrar en mi casa, —grité mientras mi puño destrozaba su mandíbula—. ¿Pensaste que podías destrozarme? —Amé el sonido de los huesos de su rostro romperse. Solo su piel lo mantenía unido.

»—¿Pensaste que podías incendiar mi casa? —Ni podía ver su rostro con toda la sangre.

»—¿Pensaste que podías lastimar a mi familia? Irresponsable, —Sus dientes saltaron fuera de su boca como palomitas de maíz—, idiota, —Golpe—, ¡hijo de puta! —Golpe. Cuando me detuve, la piel de su nariz tocaba sus labios y un ojo se había salido de su cavidad.

»—¿Tú? El gran pedazo de mierda que ninguna madre pudo amar y ningún padre pudo respetar. Pero, sobre todo, el puto que tuvo que arruinar el maldito día. —Suspiré, limpiando mi nariz ante de tomar las cadenas.

»—Una vez vi esto en una película —le dije mientras Emmett y Jasper ataban sus pies y sus manos en la parte trasera de dos autos distintos—. Siempre quise saber si el cuerpo humano puede partirse así de verdad.

James tosió otros dientes mientras lo ataban.

—¿Cómo está tu esposa, Eddie?

Fue entonces que algo hizo clic en mi cabeza y sentí mi corazón detenerse. Sin embargo, no podía dejar que mi rostro lo demuestre. En cambio, asentí hacia los chóferes y estos comenzaron a apartarse conduciendo mientras el cuerpo de James se elevaba del suelo y sus gritos aumentaban.

—Me aseguraré de enviarle esto a tu padre —le dije, asintiendo nuevamente a los chóferes que aceleraron. Me maravillé ante el sonido de sus gritos mientras su cuerpo era destrozado. Alzando la mirada, sus palabras me seguían atormentando.

—¿Dónde mierda está mi esposa? —grité sobre el ruido de los motores, y cuando lo hice, Rose se acercó cubierta de sangre. Emmett ni siquiera desperdició un momento al acercarse a su lado, pero ella lo empujó y corrió hacia mí.

—Isabella… me salvó, pero… —tartamudeó, deteniéndose ni bien pudo ver las dos mitades del cuerpo de James.

—¡ROSE! —grité, tomándola de los brazos—. ¿DÓNDE ESTÁ MI ESPOSA?

Temblando, sus ojos se ensancharon.

—Me dejó con Jacob y él me llevó a uno de los bunkers. Pero vi en las cámaras, Victoria… un cuarto lleno de computadoras… todo estaba… Isabella no la vio… ella… Victoria…

Jamás pensé que le fuera a levantarle la mano a una mujer en mi familia, pero, en ese momento, la abofeteé tan fuerte que cayó al suelo. Emmett dio un paso hacia adelante, pero Jasper lo detuvo.

—Rose, por última vez: ¿DÓNDE ESTÁ MI ESPOSA? —rugí.

—Victoria la apuñaló en el estómago antes de que Patrick llegara y la ayudara a escapar. Carlisle está con ella ahora —sollozó.

Jamás corrí tan rápido en mi vida. Me sentí poseído. No podía ver nada. No podía escuchar. Y juro que no quería sentir. La única habitación a la que iría Isabella se encontraba en el ala oeste. Intentaba proteger nuestros archivos. Archivos que podrían haber conseguido con Patrick. Confié en él; yo lo traje a esta familia. Y me jodió. Tenía agallas, pero no por mucho tiempo. Cuando me detuve, cuando mis pies no podían más, observé el río de sangre que conducía hacia el cuerpo de mi esposa. Mi padre estaba hincado sobre ella, se había quitado la camisa para envolverla sobre su cuerpo.

—Tu madre ha llamado a una ambulancia. Detuve el sangrado por ahora, pero… —Cayéndome de rodillas, no estaba seguro de qué hacer. Estaba tan pálida, tan débil, y tan diferente a la mujer que había visto hace tan solo unas horas.

—Edward… —espetó mi padre, intentando sacarme de mi desesperación—. Tu esposa vivirá. Ahora mismo necesito que estés calmado. ¿Me entiendes lo que te digo?

Asentí. Todo lo que podía hacer era asentir.

—Patrick Darragh. Patrick nos traicionó. Yo…

—Hijo, has hecho tu deber. La casa está segura. Cuida de tu esposa… —dijo y sentí el nudo crecer en mi garganta. Quería tenerla en mis brazos, pero no podía; no sin causar más daño. Besando su frente, nariz, y labios, tuve que poner fuerza de voluntad para alejarme una vez que llegaron los paramédicos.

BELLA

Todo dolía. Todo estaba oscuro. Pero en esa oscuridad, una voz sonaba más fuerte y más alta que el resto.

—Bella. Mi Bella. Estoy aquí. —Sonaba tan triste.

—Edward… —Fue todo lo que pude decir antes de volver a la oscuridad.

EDWARD

—Sr. Cullen, no se preocupe. Tenemos a los mejores médicos operando a su esposa. Si hay cualquier cosa… y quiero decir, cualquier cosa… —Tomándola del cuello, estrellé su cuerpo contra la pared.

—¿Está coqueteando conmigo, Dra. Lewis? —susurré tan suave que sus ojos se ensancharon con temor, intentando todo lo posible para apartar mi mano de su pequeña garganta. Pero solo la estrujé más—. ¿Está coqueteando conmigo mientras un idiota está suturando a mi esposa? ¡Dígame que no, así no tengo que arrancarle la cabeza del cuello, perra idiota y sin clase! —grité a solo un centímetro de su rostro.

—Por favor… —Lloró ella, pataleando salvajemente.

—Edward, estamos en público, —susurró mi madre detrás de mí.

—¡¿Y?! ¿A quién vas a llamar? —Me volví hacia el resto del staff del hospital—. Soy dueño de este maldito hospital y de esta maldita ciudad. ¡Si no lo sabían antes, ahora lo saben!

Volviendo hacia la perra, que estaba poniéndose azul, la fulminé con la mirada.

—Jamás vuelvas a acercárteme o te juro por la cabeza de tu madre y tu padre que te mataré.

Dejándola caer al suelo, tomé mi asiento de nuevo sacando un cigarrillo mientras mi padre me acercaba un encendedor y mi madre fruncía el ceño. Era lo único que me podía calmar ahora. Emmett abrazaba a Rose con todas sus fuerzas. Jasper no dejaba de mirar a Alice como si fuera a desaparecer en cualquier momento. Sabía que seguían peleando o lo que sea que estaban haciendo, pero estarían bien a pesar del hecho que ella no lo miraba, aunque sí le permitía sostener su mano. Los únicos que se notaban calmados eran mis padres, pero sabía que por el simple hecho que habían pasado por esto antes. No era la primera vez que perdíamos un niño por culpa de los Volturi, pero este sería el último. Me aseguraré de ello. Intenté no pensar mucho. Pero dejó un ardor en mi pecho y me hizo hervir la sangre.

Al momento que el cirujano salió, todos nos pusimos de pie.

—No gastes palabras. ¿Cómo está? —espeté.

—Sr. Cullen, su esposa está bien y se encuentra en su habitación ahora. Hicimos todo lo que pudimos por el bebé, pero… —Apartándome de él, asentí hacia Jasper y Emmett, que ya sabían que nadie excepto familia y sus doctores podían entrar en ese cuarto.

—Gracias, doctor…

—Blake, señor, Dr. Nicholas Blake —dijo rápidamente, estrechando mi mano. Intenté irme, pero mi madre me detuvo.

—Todos váyanse. Necesitamos un minuto, —anunció de tal forma que nadie pudo discutirlo. Jamás había escuchado tanta rabia salir de su lengua. Ella y mi padre compartieron una breve mirada antes de que ella me apartara a un lado.

—Madre, lo que sea…

—Ahora mismo, este preciso momento, definirá tu matrimonio y a ti para siempre —me interrumpió. En sus ojos pude ver su dolor—. La esposa que una vez conociste no será la misma que verás cuando entres en esa habitación. Imagina que Isabella "la Capo" está dormida y cómo reacciones te definirá cuanto tiempo seguirá así. Ella necesita llorar.

Ella no conocía a mi esposa.

—Bella no es de las que llora. —Ni siquiera soltó una lágrima cuando murió su padre.

Mi madre me golpeó mi cabeza, algo que solo ella podía hacer.

—No me estás escuchando. Tu esposa fue atacada; su hijo le fue robado. Ella no es como la recuerdas. Al menos, no por ahora. Tienes dos opciones: te apartas, o te aferras a ella, incluso cuando sus palabras o sus acciones te lastimen. Porque lo harán, créeme que lo harán. No cometas los mismos errores que cometimos tu padre y yo.

—Ustedes lo superaron —susurré. Aquí estaban, veinticuatro años después, y tan enamorados como siempre.

Sonrió, pero sus ojos brillaron como siempre.

—Pedí el divorcio. Hice que prepararan los papeles e incluso llamé a mi prima en Canadá. Tu padre estuvo de acuerdo. Si no hubieras terminado en el hospital, no lo hubiéramos logrado. No podía manejar mis cambios de humor, o los insultos que le lanzaba. No pude parar de culparlo. Lo logramos, sí. Pero fue un camino difícil. Así que esta, hijo, es tu hora definitiva y cómo reacciones ahora creará o romperá tu futuro. Deja ir el dolor y la furia que contienes antes que ella lo vea, o puede que la pierdas.

Me besó la mejilla antes de irse y dejarme allí, incapaz de hablar. No podía siquiera respirar. Caminando hacia un cuarto de suministros, dejé caer las lágrimas por el hijo que jamás conoceré e intenté no enojarme con ella. Lo retorcido de esto era el hecho que mi furia hacia Bella era más grande que hacia Victoria. Le dije que no fuera. Le dije que se ponga a salvo, pero no me escuchó. Nunca me escuchaba.

Secando mis lágrimas, tomé aire profundo antes de salir. Nadie hizo contacto visual conmigo hasta que me encontré en la puerta. Emmett y Jasper fueron lo suficientemente inteligentes para apartar su mirada.

Se sintió que había pasado horas para cuando encontré la fuerza de entrar y, para mi sorpresa, Bella estaba sentada. Lucía tan aturdida, como si hubiera ido a la guerra, pero cuando volvió nada fue lo mismo. Esme besó su frente mientras Alice le dio un pequeño abrazo. Rose se mantuvo apartada al lado de Carlisle, con su cabeza colgada hacia abajo como si fuera una sirvienta. El verla me hizo enojar.

—Fuera. —Fue todo lo que tuve que decir antes que todos se fueran y en ese momento supe que mi madre tenía razón. Jamás en los nuestros meses juntos había visto a Bella sobresaltarse ante mi voz.

Tomando asiento a su lado, ella sacudió su cabeza hacia mí mientras contenía las lágrimas que se asomaban en sus ojos.

—Dilo —susurró.

—¿Decir qué? —Lo que sea que quiera que diga, lo diré.

—Di que fue mi culpa. Di que maté a nuestro hijo. Di que fue por el bien común porque de todas formas hubiera sido una madre horrible. —Lo que sea menos eso. Quitándome la chaqueta, me acosté a su lado, tomándola en mis brazos.

—Esto no fue tu culpa, y no mataste a nuestro hijo. Hubieras sido y serás una gran madre —susurré, besando su frente.

—Entonces, ¿por qué me siento así? —Se aferró a mi camisa mientras contenía sus sollozos.

No pude responder, mayormente porque no podía pensar en qué decir. Me sentía tan culpable por pensar que esto haya podido ser su culpa. Esto fue culpa de los Volturi. Esto fue culpa de Victoria y lo pagarán caro. Fue después que se haya dormido que la solté y salí hacia el pasillo.

Emmett, Jasper, Seth, Jacob, y mi padre estaban de pie esperando. No confiaba en ninguno de ellos. Esto es lo que hizo Patrick. Rompió la confianza que teníamos en nuestros vínculos cercanos.

—¿Cómo pasó esto? —pregunté, calmado.

—Patrick fue el que encontró el dato sobre Félix —anunció Jasper—. Estaba usando un bloqueador de frecuencias CS-5. Bloqueó la mitad de nuestros códigos de defensa y sensores. Después de esto, simplemente abrió la reja. Fue sencillo; todo lo que necesitaban era una persona dispuesta a morir y Félix fue esa persona.

—Entrar a nuestra casa jamás debe ser sencillo —siseé, pellizcándome el puente de mi nariz—. Pero lo que pasó, pasó. Llama a cada hombre italiano o irlandés en el país para que reconstruya nuestra casa. No nos vamos a mudar…

—Edward, podemos quedarnos en la casa de verano…

—¡NO NOS VAMOS A MUDAR! —grité, respirando por la nariz antes de dar un paso hacia atrás—. No seré apartado de mi casa como una rata golpeado por la pobreza. Hay bastante lugar todavía en la casa. Elige un cuarto y lidia con eso, padre.

Arqueó una ceja hacia mí, sonriendo antes de asentir.

—En cuanto a Aro y Victoria; toma fotos del cuerpo de James y envíaselas. Cuando termines, lanza el cuerpo de James como se te dé la gana. Envíalo a la luna por lo que me importa. Pero asegúrate que Aro sepa que esas fotos es lo único que tendrá de su hijo. —Parte de mi deseaba no haber matado a James tan rápido y así usarlo de ventaja para derrocar a su padre.

—¿Vamos a vengarnos, jefe? —me preguntó Jacob y creí que era la primera vez que me llamaba "jefe".

—Comenzamos ahora. —Los miré a todos—. Jasper, junta a todos los malditos hackers y róbenle todo su dinero. Lo que sea que pueden destruir, lo hacen. El resto de ustedes, sus órdenes son las mismas. Disparen a matar. No me importa si están en la calle o en sus malditas camas. Vamos a terminar con esto incluso aunque tenga que bombardear a toda Rusia.