Una brisa helada recorrió su rostro, interrumpiendo el estado letárgico en el que su cuerpo estaba inmerso. Con sus sentidos nublados y el cansancio aún presente en su sistema, los parpados de Allen temblaron, en un intento de abrirse.

Pero no pudo hacerlo.

Tras varios intentos torpes, finalmente fue capaz de abrirlos ligeramente, siendo recibido por el cielo del ocaso. Su consciencia confusa tardó unos momentos en asimilar lo que veía, y entender lo que estaba sucediendo.

No fue, hasta que poco a poco los recuerdos antes de perder el conocimiento se hilaron que recordó todo. Ampliando los ojos con sorpresa, el cuerpo de Allen se inclinó hacia delante, desapareciendo el ultimo rastro de cansancio que le abrumó minutos atrás.

Con la respiración acelerada, Allen viró en todas direcciones, intentando identificar en donde se encontraba. Por su apariencia parecía estar en los remanentes de lo que alguna vez pudo había sido una vivienda, de la cual solo algunas paredes permanecían de pie.

Y a su alrededor, la vegetación había dejado de prosperar, tornándose en nada más que pasto y maleza marchita.

El sonido de hierba seca siendo aplastada, pronto sonó a sus espaldas. En alerta Allen viró hacia atrás, incorporándose rápidamente con ayuda del árbol en el que antes estaba recostado.

Su mirada pronto se encontró con la figura solitaria de un hombre joven, que, en silencio, observaba las ruinas de aquel lugar. Frunciendo el ceño, Allen miró la figura abatida del hombre.

Al principio, los únicos rasgos que podía identificar del otro eran sus ojos y la corona de siete cruces en su frente. Ahora, teniendo la oportunidad de verle con más detenimiento, fue capaz de ver su rostro completo.

Los rasgos de su rostro no habían madurado por completo, aparentando tener una edad cercana a la suya. Su cabello, acomodado de forma rebelde, era corto y conservaba las mismas características que presentaban los integrantes de la familia Noé: cabello oscuro, piel ligeramente oscura y el estigma de siete cruces en su frente.

Pareciendo sentir la mirada de Allen sobre él, este lentamente desvió su mirada hacia el joven exorcista. Cuando Allen se percató de que su atención se desvió hacia él su cuerpo se tensó, y velozmente adoptó una postura vigilante.

Aunque la actitud del Noé no había sido agresiva hasta ese momento, Allen no decidió bajar la guardia, aun si este se mostraba tranquilo.

La personalidad de los Noé era cambiante y errática, siendo capaz de cambiar de un estado apacible a un estado de locura en cualquier momento. Además...

Todo lo que implicó al 14 hasta ese momento estaba completamente fuera de su comprensión. Desde su aparición en el Arca en el momento crítico, hasta lo sucedido en la Orden, todo se tornó en una situación complicada y confusa.

El Noé, que había visto su reacción aprehensiva hacia él, dibujo una sonrisa apenas perceptible. Burla, alegría o tristeza...el sentimiento tras ese gesto era difícil de determinar, pero su mirada no albergaba ningún sentimiento de hostilidad.

―Si hubiese querido hacerte daño, lo habría hecho en el momento que descubriste mi existencia en el Arca. No habría esperado hasta ahora para hacerlo ― habló, para después retornar su mirada a los restos de aquella antigua casa ― Pude haber tomado el control de tu cuerpo y destruido tu consciencia.

―De haberlo hecho, quien estaría en ese cuerpo sería yo, y tu alma terminaría vagando en el limbo por siempre.

Ante sus palabras, Allen vaciló.

Era cierto.

Si realmente lo hubiese querido, no se habría mantenido en la oscuridad en el momento de la invasión a la Orden. Tuvo numerosas ocasiones para deshacerse de él y hacerse de su cuerpo sin mayor dificultad, pero este no lo hizo.

Como si desde el principio los objetivos de los otros Noé no tuvieran nada que ver con él.

Tras permanecer en silencio durante un largo tiempo, Allen reunió el valor para cuestionar sus razones.

―Si eso es verdad... ¿Entonces porque decidiste ayudarme en el Arca? ―preguntó, incapaz de comprender por qué este decidió ponerse de su lado en ese momento.

―El Conde mencionó hace un tiempo que me habías otorgado el permiso para controlar el Arca... ¿Por qué lo harías tal cosa cuando los exorcistas y Noé son enemigos mortales?

Ante su pregunta, el Noé entorno su rostro hacia él, con una expresión solemne dibujada en él.

—Porque eres el único que tiene un vínculo entre ambos mundos. —respondió, recibiendo una mirada confundida de Allen, quien no fue capaz de entender las implicaciones ocultas en aquellas palabras.

Viendo su reacción, el Noé se percató que explicar las cosas de esa manera terminaría causando más confusión y malentendidos.

Tras considerar la mejor forma de proceder, el decimocuarto se acercó a Allen. Y tomando ventaja de su estado de confusión, posó sus dedos sobre su frente.

—Te será más fácilmente entender si lo ves por ti mismo— En la frente de Allen, en donde el Noé mantenía puestos sus dedos, una pequeña luz comenzó a surgir. Palpitando y desorientando sus sentidos.

Allen en un intento de conseguir respuesta abrió la boca, pero ningún sonido emergía. Entornó su mirada confundida al Noé, este le miraba sereno, como si con ese gesto fuese suficiente para resolver sus dudas e infundiendo tranquilidad.

Sin previo aviso, su vista se tornó borrosa, impidiéndole sostener por más tiempo su mirada en el Noé. Cerró los ojos, sintiendo que todo le daba vueltas y tratando de aplacar aquella terrible sensación.

Cómo un destello, una serie de imágenes invadieron su mente. Pasando con rapidez y envolviéndolo en una sensación abrumadora.

De entre aquel lío, un impulso ajeno a él le instó a abrir los ojos nuevamente. Por unos segundos Allen luchó para no ceder, más sus esfuerzos no duraron mucho ante esa poderosa presión que de una u otra forma le obligaba a abrirlos.

Sus párpados temblorosos se abrieron lentamente, siendo recibidos por la vista de un paisaje desconocido.

Frente a él tomó forma un prado seco, iluminado por la luz del amanecer. Y de forma silenciosa, la figura de espaldas de un niño surgió de entre ese paisaje dorado.

Vestido por no más que una camisa delgada y un pantalón de lino negro, el pequeño permitió que la brisa otoñal rosara su rostro, pareciendo disfrutarlo en silencio. Este, absorto en el cielo, parecía no ser consciente de su presencia, permaneciendo inerte observando el amanecer.

Por su parte, Allen se sumió en una lucha interna.

El impulso de moverse surgió nuevamente en su mente, tan espontaneo y ajeno cómo había sucedido en la orden con el Arca. Pero este era distinto al de esa vez.

Iba acompañado con emociones cálidas y una felicidad desbordante.

Esas emociones no le pertenecían, por lo que, tras enfrentarse tan resolutamente con aquellos deseos, terminó cediendo a ellos. No fue solamente por su incapacidad de detenerlos, si no también por la incertidumbre de saber a qué se refería el Noé con sus palabras.

"Un vínculo entre ambos mundos"

Esa declaración estaba llena de ambigüedad, y no estaba completamente seguro de que el significado que le dio el Noé fuera el mismo al que él le había dado.

Pero, por la expresión con la que lo dijo y al no sentir cualquier tipo de hostilidad o malicia hacia él, decidió ceder a lo que fuese que el Noé quería mostrarle por medio de lo que estaba experimentando. Aquellas sensaciones tan vividas debían pertenecer a algún recuerdo de este, de ahí la razón de que no pudiera intervenir en ellos.

Éstos pertenecían a un pasado lejano, en el cual Allen sólo podía observar. Y aunque en su interior la desconfianza seguía presente, colaboró con él.

Sabía por experiencia propia que no debía confiar sin más en el enemigo, aunque éste se mostrará amable hacia él. Pero su repentina cooperación sabiendo esto tenía una razón más profunda.

Después de todo, de no haber sido por su ayuda cuando el Arca estaba en proceso de autodestrucción, ni sus amigos ni él estarían con vida en esos momentos.

Por ello, y solo por esa vez, cooperaría con el Noé.

Si después, este daba indicios de intentar atacarle por la espalda, no dudaría en tomar acciones, aún si hacerlo significaba dañarse así mismo en el proceso.

El cuerpo que utilizaba comenzó a correr hacia el joven, empujando el pasto fuera de su camino. El crujir del pasto seco acompañaba sus pasos mientras se acercaba con rapidez a su objetivo.

Cuando estuvo escasos centímetros de distancia del niño, alargó sus brazos y le abrazo por la espalda. Los brazos y manos de ese cuerpo eran pequeños, demostrando que ese cuerpo pertenencia también al de un niño pequeño.

El niño, que antes se encontraba observando el atardecer, brincó de sorpresa y miró en su dirección.

Sus ojos miel le miraron confundido al principio, más después de la sorpresa inicial, estos brillaron con felicidad. Y las comisuras de sus labios se elevaron en una amplia sonrisa.

Aquella expresión tan pura e infantil duró varios segundos, hasta que, de la misma forma que Allen llegó a ese lugar, todo comenzó a volverse borroso y desvanecerse ante sus ojos.

El rostro sonriente del niño desapareció y todo a su alrededor empezó a distorsionar.

Su cuerpo se entumeció en ese instante y cambió de enfoque.

El paisaje dorado fue sustituido por la vista de las teclas de un piano. Sus dedos danzaban sobre ellas, al ritmo de una melodía suave y pacífica.

Desconcertado por el cambio repentino, Allen tardó unos momentos en identificar el lugar, dándose cuenta de que se encontraba en la habitación oculta del Arca. Y que ese piano, era el mismo piano blanco que utilizó para detener la descarga del Arca.

La melodía inundaba la habitación, creando una atmósfera de paz y armonía. Entre ese espacio de calma, las risas suaves de una joven resaltaron sobre la canción y pronto la poderosa carcajada de un joven le secundó.

Una sonrisa se dibujó en su rostro, y desviando su atención del piano. Viró hacía la fuente de dichas risas.

En medio de la habitación, un joven reía conforme danzaba con una joven. Sus rostros desde ese ángulo eran difíciles de descifrar, más no fue impedimento para que la alegría en su pecho creciera aún más.

Esa reacción descolocó a Allen, que, observando los sucesos mostrados en ese recuerdo, pudo ver que la vida del Noé distaba mucho de lo que él pensaba.

No había guerra, ni muerte, solo...un momento pacífico lleno de risas y una tranquilidad abrumadora.

Los dos jóvenes realizaron un par de pasos más, antes de que sus movimientos se vieran detenidos de repente. De la misma forma, el sonido del piano se volvió lento y lo que estaba frente a él fue oscureciéndose.

Esperando un recuerdo levemente similar a los dos anteriores, Allen fue sorprendido por un profundo dolor. Su cuerpo perdió fuerza, y pronto un ardor creciente nació en su pecho.

El sabor acre de la sangre invadió su boca, y sus sentidos se nublaron, impidiendo ver y escuchar con claridad.

Atrapado en ese dolor constante, no se percató de inmediato de que alguien le tomaba por los hombros y cómo este le acostaba lentamente en su regazo mientras le abrazaba.

Esa persona temblaba notoriamente, pareciendo que este se derrumbaría en cualquier momento.

—¡Nea …! —su voz temblorosa llegó a sus oídos.

Ese cuerpo reaccionó al llamado e intentó mirarle la cara, pero no lo logró. Solo podía ver una mezcla de colores difusos empañaba su visión.

Una inmensurable tristeza oprimió su pecho, después de intentarlo varias veces sin éxito.

Con dificultad, este movió los labios, forzándose hablar.

— No fue tu culpa... —Su voz era débil, decir cada palabra era una tortura — Sabíamos ...que esto pasaría tarde o temprano.

—¡Esto es mi culpa! — la voz del contrario comenzó a romperse, siendo remplazada rápidamente por sollozos — ¡Si no fuera tan débil...tu no te encontrarías así ahora!

—No es así, tú...— intentó hablar, más el impulso de toser le impidió terminar. Después de toser varias veces, una gran cantidad de sangre escapó de su boca.

La otra persona se tensó, y afianzando su agarré en él, suplicó.

—¡Resiste un poco más! ¡Te recuperarás!

Él negó.

—Ambos sabemos que eso es imposible.

Tras esa declaración, Allen pudo sentir otras manos agarrarle de los hombros con cuidado. Tratando de mantener su cabeza levantada para que no se ahogara.

— Nea tiene razón — Otra voz irrumpió — No hay manera de salvarle.

—¡Debe haber alguna manera de salvarlo! ¡Lo sé Cross! — dijo, acercándole a un más a su cuerpo en estado de negación.

Notablemente irritado por su negativa constante, la otra persona levantó la voz.

—¡Es imposible Mana! ¡Ya es muy tarde! — interrumpió bruscamente. La ira y la impotencia de no poder hacer nada era perceptible en cada palabra.

Esas últimas palabras que intercambiaron se clavaron en la conciencia de Allen, creando un caos interno en su mente por lo que había escuchado.

El niño que vio en el primer recuerdo...y la persona que le sostenía entre sus brazos...

En verdad... ¿Siempre fue Mana?

Esa revelación colapsó la última defensa que mantenía ante el Noé. En ese momento dejó en segundo plano el por qué había terminado experimentando los recuerdos de este, y se limitó a experimentar nuevamente el contacto con la persona que pensó nunca volvería a ver en su vida:

A Mana...su padre y su única familia. Quien derramaba lágrimas por el Noé y se negaba a aceptar que este pronto perecería.

Siendo reprendido por las palabras de Cross, por unos momentos Mana se quedó en blanco, conforme la veracidad de aquella declaración se volvía cada vez más real.

En un estado más lúcido, Mana ya no estaba controlado por emociones de locura. Y sus lágrimas, que se habían detenido durante su contemplación, volvieron a descender.

Sus lágrimas cálidas cayeron sobre el rostro del contrario, sin poder detenerse.

Ante su inmensa tristeza, las manos de Allen se movieron solas y se dirigieron al rostro de Mana. Su vista, que antes estaba nublada se aclaró apenas un poco permitiéndole observarle.

Sintiendo su mano sobre su rostro, Mana viró hacia él, con un brillo de esperanza en sus ojos.

Como Allen había visto antes, el Mana frente a él era bastante joven y el rostro demacrado que Allen conocía ya no existía. A diferencia de su apariencia de niño, su cabello era largo y lo mantenía sujeto con un lazo rojo

Sus ojos ámbar estaban inundados de lágrimas.

Ver a Mana de esa forma le hizo recordar lo que le había dicho años atrás: "No puedo llorar, por más que la situación sea dolorosa y triste, no puedo hacerlo" "Es como si se hubiesen acabado desde hace tiempo"

Aquellas palabras para Allen tomaron sentido en ese momento. Esa situación debía ser la razón de eso.

Debió haber sido demasiado doloroso...Lo suficiente como para que aquel sentimiento se esfumara de él conforme pasara el tiempo.

Aquél Noé...Nea.

Debió de ser alguien muy importante para él.

—Volveré, lo haré Mana — Allen acarició el rostro de Mana con los pulgares, dejando una línea de sangre por donde ellos pasaron.

—Transferí mis memorias a "Él". Aunque muera, todo lo que viví renacerá en un nuevo cuerpo — sus manos resbalaron lentamente del rostro de Mana hasta caer sobre su propio cuerpo — No sé cuánto tardará y si estarás conmigo cuando eso suceda. Pero, definitivamente volveré y terminaré con lo que empezamos.

Al lado de su cabeza una pequeña luz se formó, cegando por unos instantes a Mana y a Cross. Aquella luz tomó forma, disminuyendo su brillo.

Cuando la luz desapareció completamente Mana y Cross miraron lo que había surgido:

Aquella luz se había convertido en un pequeño golem amarillo con apariencia redonda. Una criatura con cuatro patas cortas, con una larga cola que termina en un remolino de espesor, y dos alas con plumas.

—Este es Timcanpy — con dificultad él viró hacia Cross y Mana—Necesito que encuentres al portador de mis memorias cuando llegue el momento. Timcanpy te ayudará cuando eso suceda. ¿Podrías...prometer hacerlo, Cross?

El joven a su lado, siendo una versión más joven de Cross, le miró, con una expresión de sorpresa en su rostro. Permaneció de esa forma por varios segundos, hasta que su expresión se volvió seria y asintió.

—Lo prometo, Nea.

Pareciendo haber esperado esas palabras con anhelo, la fuerza en su cuerpo que luchó en reunir se desvaneció rápidamente.

Su visión se oscurecía y lentamente sus sentidos empezaban a fallarle.

Allen sabía lo que sucedía perfectamente.

Nea moriría pronto. Y Allen experimentaba lo que estaba sintiendo en ese momento.

Sentía el miedo inundarle y el profundo terror que se gestaba en su pecho al no saber lo que se encontraría después. Allen comprendía esa sensación, había experimentado lo mismo cuando casi fue asesinado por Tyki.

Con la poca fuerza que le quedaba miró a Mana y le dedicó una pequeña sonrisa, la cual tenía la intención de consolarlo.

—Mana... —la sonrisa de Nea no desapareció de su rostro, a pesar de estar en el umbral de la muerte — No quiero que te derrumbes por mi culpa.

La expresión de Mana desapareció de su vista, no podía verla, pero sabía que estaba llorando.

—Debes seguir...Vivir por mí y disfrutar de la vida que alguna vez nosotros añoramos.

Todo a su alrededor empezó a desmoronarse y su conciencia estaba desapareciendo.

—Aunque yo ya no esté en este mundo, nunca dejes que esto te detenga. Y sigue caminando...en busca de la felicidad que se nos fue arrebatada en el momento que nos vimos envueltos en esta guerra sin sentido — después de esas palabras, él ya no pudo escuchar nada. Se sumió en un silencio profundo y aterrador, que rápidamente le engullía.

Y pronto, dejó de sentir a Mana, que nuevamente le rodeó en un abrazo desesperado.

Con sus últimas fuerzas Nea sonrió, y dijo lo que sabía que serían sus últimas palabras.

—Te quiero...hermano.

Con esas últimas palabras Nea sucumbió.

Y todo frente a él desapareció.