La habitación estaba en un completo silencio.

Lo que Alexander había anticipado que sucedería tras sus palabras no sucedió. Esperaba que Allen reaccionara negativamente y arremetiera física o verbalmente en su contra. Era lo más lógico, y algo que sabía que merecía. Más sin embargo eso no sucedió, Allen estaba quieto en su lugar, sin emitir sonido alguno.

Su expresión era indescifrable. No había enojo, furia, tristeza...no había nada. Estaba ahí, con una mirada vacía y fuera de sí.

― ¡Allen! ― Tras un largo tiempo en silencio, Nea habló.

En ese momento las emociones de Allen eran abrumadoras. Ira...felicidad...confusión, aquellas emociones emergían vertiginosamente, mezclándose y volviendo los pensamientos de Allen un completo caos.

Al compartir de cierta manera el mismo cuerpo, Nea podía percibir fácilmente los pensamientos y emociones que Allen experimentaba.

Y precisamente por esa razón debía calmarlo de alguna manera.

Aquello era peligroso.

El balance que se había mantenido entre la conciencia de Allen y la suya estaba rompiéndose. Desde un principio sabía que eso podría suceder. Si no hacía nada, la consciencia de Allen sería engullida y reemplazada por las memorias Noé.

Y Allen dejaría de existir.

―Lo lamento― Sin decir nada más, Nea actuó.

La temperatura alrededor de Allen comenzó a descender abruptamente, envolviendo rápidamente aquella pequeña habitación. Alexander amplió los ojos mientras observaba lo que sucedía, siendo rápidamente abrumado por la tensión que de la nada invadía ese lugar.

Inconscientemente sus piernas se movieron solas, dando pasos vacilantes hacia atrás, retrocediendo. La presión que velozmente oprimía su pecho lentamente empezó a paralizarlo. Aquella terrible sensación crecía, tornándose aterradora.

Un sudor frío descendió de la frente de Alexander, quien no parecía controlar sus acciones en esos momentos.

Nunca había experimentado algo de aquella magnitud.

Cada vez que Nea adoptaba la forma Noé aquello sucedía, el aire a su alrededor se enrarecía y lo que le rodeaba parecía distorsionarse velozmente a su alrededor.

Pero aquello era distinto.

Lo que sentía en ese instante era mucho más fuerte.

Lo que se encontraba cerca de Allen comenzó a distorsionarse, mientras una fina capa oscura emergía de su cuerpo, rodeándolo. Aquella sombra se movió sin dificultad, alejándose de Allen y concentrándose a su lado, tomando la forma de una pequeña esfera.

Ésta creció, cambiando de forma y volviéndose aún más sólida.

La forma amorfa que mantuvo durante breves segundos fue reemplazada por una silueta humana, que poco a poco adquirió facciones y se volvió tangible.

Nea lo había hecho. Había vuelto a crear un cuerpo temporal.

Aunque sabía que no debía tomar esa forma fuera del Arca no le importó. En ese momento ese peligro no le era relevante. Con su cuerpo ya completado Nea se acercó a Allen, apartando a su vez con la mano a Alexander, quién no dijo ni hizo nada para evitarlo.

Sin mediar palabra Nea se paró frente a Allen, y tomó su rostro entre sus manos. Los ojos de Allen parecían estar viéndolo, pero sabía que no era así, su cuerpo estaba ahí, pero su consciencia no.

― ¡Allen! ― el llamado de Nea no pareció tener algún efecto en él. No lo estaba escuchando.

Tras unos momentos de esa forma, Nea lo acercó a él y lo abrazó.

Ante ese contacto el cuerpo de Allen se estremeció, durante un par de minutos no pareció haber cambio alguno. Pero, lentamente Allen pareció ser consciente de lo que le rodeaba.

Ambos permanecieron de esa manera durante más tiempo, hasta que Allen deshizo aquel abrazo. Con lentitud levantó sus brazos y extendió sus manos hacia Nea, enterrando finalmente sus dedos en su abrigo.

Dudoso, cerró en puño sus temblorosas manos, mientras recargaba su cabeza sobre el pecho del contrario.

―Yo... ― la voz de Allen era temblorosa, dudando, y aún sin asimilar por completo lo dicho por Alexander -Todo este tiempo...

Nea posó su mano sobre la cabeza de Allen y despeinó su cabello.

― Sé que debes estar confundido. Así cómo tú fuiste capaz de ver mis recuerdos yo puedo ver con claridad los tuyos, sé cómo te sentiste de pequeño ante la soledad y todo lo que tuviste que pasar para llegar hasta aquí por ti mismo.

Con una cálida sonrisa Nea alejó su mano de Allen, y se posicionó a su lado.

En cuanto su mirada se encontró la de Alexander su expresión se endureció.

―Alexander―sin apartarse de Allen, Nea miró a Alexander. Su mirada era intimidante, y aquel brillo peligroso en sus ojos le transmitía un mensaje claro:

" ¡Habla, ahora!"

Alexander agachó la cabeza y desvío la mirada. Jamás espero recibir tal hostilidad por parte de Nea.

Conocía esa expresión y aquella mirada. Eran las mismas que había mantenido en su rostro cuando protegía a Mana. Cuando luchó contra los Noes de ese entonces...mientras los asesinaba.

―Hace 16 años, mi inocencia me reveló varios hechos venideros. Un futuro totalmente caótico, lleno de muerte y desesperanza. Un futuro posible en el que la familia Noé fue el bando vencedor, y en el que la inocencia fue completamente destruida.

— En aquel momento no sabía qué hacer, era el único que conocía el posible desenlace de esta guerra y de la humanidad. No había nadie a quien pudiese confiar esa información.

―Intenté muchas veces encontrar una forma de impedir que ese futuro llegará a cumplirse. Pero no encontré ninguna hasta hace dieciséis años.

Alexander fijó su mirada en Nea.

―Mi inocencia me mostró otro futuro. Una nueva opción que podría cambiar el rumbo de esta guerra y la victoria de los exorcistas por sobre el Conde.

Con pasos lentos, Alexander caminó hacia Allen y Nea. El Noé no despegó su mirada de él mientras avanzaba. Aun cuando su cuerpo dolía a cada movimiento que hacía, Alexander se acercó con dificultad, extendiendo su mano y tocando el hombro de Allen.

Confundido Allen se alejó un poco de Nea y viró hacia Alexander.

Formando una sonrisa melancólica, Alexander extendió sus brazos hacia el rostro de Allen y con suavidad posó sus manos sobre él.

― Lo que me mostró el espejo en ese momento, fuiste tú Allen― Las miradas de ambos se cruzaron, y la expresión de Allen cambió.

De forma lenta, Allen agarró la muñeca de Alexander y alejó su mano de su rostro.

― ¿Fuiste tú? ―la voz de Allen temblaba― ¿La razón por la que estuve sólo cuando era pequeño... fuiste tú?

Alexander desvío la mirada.

― Si―sin mirar a Allen se dirigió lentamente a la ventana, posando sus dedos en ella. ― En ese entonces no medí las consecuencias de mis actos, fui una persona egoísta que no pensó en el dolor y sufrimiento que traerían mis decisiones.

Un ligero brillo comenzó a emanar del espejo, iluminando poco a poco la habitación.

Alexander sabía lo que significaba, más sin embargo lo ignoró y prosiguió.

―Durante años viajé de ciudad en ciudad buscándote. Al principio pensé que a quien debía buscar era un joven, cómo me había mostrado el espejo en ese entonces.

Alexander hizo una pausa.

―Jamás esperé que quién estaba buscando sólo fuese un niño pequeño.

Con pasos lentos, Alexander caminó hacia el escritorio y se sentó apoyando su cabeza en el respaldó de su silla. Nea y Allen se miraron entre sí por breves segundo, antes de acercarse lentamente donde Alexander.

―En ese entonces yo me resguardaba en una pequeña ciudad al oeste de Inglaterra. Era una ciudad aislada, con poca población y un escondite perfecto para evitar a los Akuma que me perseguían ― Alexander tomó el espejo entre sus manos. La luz que antes emanaba fue desvaneciéndose poco a poco hasta desaparecer ―Una noche, la calma en ese pequeño lugar fue rota. Un gran incendio surgió en los límites de la ciudad y comenzó a extenderse rápidamente a las edificaciones cercanas, llegando hasta el centro de la ciudad.

―Era un completo caos, las personas corrían desesperadas intentando abandonar la ciudad y salvar su vida. Solo un pequeño grupo de personas se reunieron en la búsqueda de personas que se quedaron atrapadas en sus hogares. Formé parte de ese grupo, y ayudé a los que estaban a mi alcance... ―la expresión de Alexander se ensombreció ― Fue entonces cuando me encontré con tu madre.

Un extraño sentimiento invadió a Allen. Hasta hace unas horas creía que sus padres le habían abandonado...que debido a su inocencia lo habían dejado a su suerte. El saber que eso no había sido así, le era difícil de asimilar.

―Ella corría como podía por las calles, cubriendo su cuerpo con una manta e intentando huir del fuego. ― extendió su mano y tomó una pequeña caja que estaba sobre el escritorio. Con las manos temblorosas abrió la caja y la puso frente a Allen.

Allen observó el contenido de la caja, con clara confusión dibujada en su rostro.

En cuanto vio lo que contenía, amplió los ojos sorprendido.

Sin poder articular palabra, Allen acercó su mano a la caja y tocó lo que contenía con sus dedos.

―Esto es... ―con cuidado Allen sacó lo que estaba en la caja. Eran unos guantes diminutos, parecidos a los guantes que acostumbraba a usar de niño. Apenas su dedo meñique abarcaba el largo de ellos, claramente eran guantes de bebé.

―Esos son los guantes que llevabas en ese momento. ―Alexander observó con atención a Allen, mientras acuñaba esos diminutos guantes entre sus manos ―Lo que tu madre protegía esa noche eras tú. Intentaba protegerte a ti y a otro niño, qué podría ser tu hermano.

―Tu madre, y el grupo que estábamos ayudando abandonamos la ciudad junto con otras personas que habían sido rescatadas. Todos huimos, aquella ciudad había sido arrasada, ya no quedaba más que destrucción y cenizas.

―Los habitantes de lo que había sido esa ciudad se reunieron e intentaron hacer refugios improvisados, en los que pudieran pasar la noche y mantenerse a salvo.

―Mientras dormíamos, mi inocencia comenzó a vibrar, y brillar como hace un momento lo ha hecho ― Con un delicado movimiento, Alexander acarició la superficie del espejo ― Y, como si las inocencias se estuviesen llamando, tanto el espejo y tu brazo izquierdo emanaron una ligera luz. La luz característica de la inocencia.

―Cuando supe que eras quien había estado buscando, no lo pensé. Mientras tu madre estaba dormida, te separé de ella y te cargué en mis brazos. Al hacerlo, el futuro volvió a cambiar, pero, esta vez...

―Este presente es el que fue mostrado. ― Una voz ajena a la de Alexander se escuchó a sus espaldas. Allen viró rápidamente hacia la puerta de la habitación, reconociendo aquella voz.

― ¿Maestro? ―Allen preguntó, sin poder esconder su expresión de sorpresa. No esperaba verlo tan pronto, al menos no fuera del campo de batalla.

―Veo que no has cambiado nada, Cross Marian. Sigues teniendo la mala costumbre de entrar sin permiso y escuchar conversaciones ajenas―A Alexander no pareció sorprenderle la presencia del General en su hogar.

―No soy el tipo de persona que cambia por las opiniones de la gente, ya lo sabes. Me importa poco lo que piensen y pienses de mí. ―Cross respondió sin interés, acercando su cigarrillo a sus labios. Timcanpy, que había desaparecido en cuanto Alexander se presentó ante Neah, entró volando a la habitación pasando de largo al general y dirigiéndose hacia Allen.

Allen guardó los guantes en el abrigo que portaba y extendió sus manos hacía Timcanpy. El Golem no tardó en posarse en sus palmas, dando pequeños saltos.

Nea no dijo nada. Miró a Cross, quien también mantuvo sus ojos fijos en él.

Allen observó confundido a su Maestro. La tensión que había entre él y Nea era palpable. No sabía exactamente cómo fue que se conocieron y la razón por la que el general había sido alguien de confianza para Nea.

Pero la promesa que habían hecho le había dejado en claro que ambos eran bastante cercanos, lo suficiente como para que Nea confiara en él y que Cross mantuviera la promesa que había hecho antes de que muriera.

―Fuiste quien lo sacó de la Orden Oscura ¿No es así? ― Cross Marian cuestionó, quitando su cigarrillo de sus labios. Con pasos seguros, caminó hacia él, manteniendo su completa atención en el Noé.

―No te equivocas, fui yo quien lo sacó de ese lugar ― Nea se acercó a Cross, imitándolo. ― Dudo que estés aquí para capturarlo y llevarlo de vuelta a la Orden. No eres el tipo de persona que sigue órdenes, siempre actúas de manera independiente.

― Aunque mi idiota aprendiz me ha traído muchos problemas estas últimas semanas, no soy tan tonto como para entregarlo a esos vejestorios ― una leve sonrisa por parte de Cross fue visible para todos ― Pero debo admitir que tener a un grupo de CROWS siguiéndome no es tan malo ahora que pude ver esta escena tan inusual.

Cross desvió su mirada a Allen, sin deshacer la sonrisa de su rostro.

― Me sorprende la facilidad con la que aceptaste a Allen y que incluso conviven pacíficamente. Hace unas décadas eras alguien completamente diferente, una persona despiadada y desinteresada en personas ajenas a tus seres queridos. No serías tal amable con cualquiera, ni siquiera con el portador de tus memorias.

Las palabras de Cross tenían un tono burlesco, pero Nea sabía que la implicación tras ellas distaba de ser una burla.

Cuando Mana y él conocieron a Cross, fue difícil adaptarse a la enorme diferencia que había entre ellos. Entablar una amistad con quien debería ser enemigo, no fue tarea fácil por esas mismas diferencias.

Así como los inicios de su amistad con Cross fueron complicados, sus interacciones posteriores con otras personas distaron mucho de ser amables. El conflicto con la familia Noé lo había orillado a no confiar en nadie fácilmente y actuar despiadadamente para sobrevivir.

Si en vez de Allen, fuera alguien más su portador, tal vez sería como Marian describió: Alguien despiadado, que no se tentaría el corazón de tomar el control a la fuerza su portador si este resultaba ser un obstáculo

Aquella resolución sonaba cruel, pero para alguien que no tenía muchas opciones desde el comienzo, era mejor ser visto como una persona vil y sin escrúpulos, que como alguien de corazón débil y fácilmente influenciable por sus emociones.

Ser amable y bondadoso, no garantizaba que las otras personas se tentarían el corazón solo por realizar acciones y palabras nobles. Tampoco que estos se abstendrían de lastimar a sus seres queridos cuando cayera en desgracia.

Ese pensamiento persistió hasta el último momento de su vida. Tras perder a personas importantes para él a causa de su debilidad...

Allen, que había identificado vagamente la burla en las palabras de su maestro, intentó hablar a favor de Nea, pero este se lo impidió.

Confundido ante su acción, Allen le miró en un estado de desconcierto.

― Cross tiene razón ― dijo Nea, fijando su mirada en Allen. La expresión de su rostro era seria, y su tono de voz era firme. Sin atisbo de mentira. ― En el pasado no dude en matar a los integrantes de la familia Noé en un intento de proteger a mi familia. Aun si mis acciones para hacerlo fueron egoístas y crueles, me convencí de que era la única manera en la que podría lograrlo. Que solo así lograría derrotar al Conde.

―Esa idea prevaleció hasta que un tiempo antes de morir me di cuenta de que mi concepción sobre la guerra entre Exorcistas y Noés, al igual que la de todos, fue errónea desde un principio.

Haciendo una pausa, Nea continuo.

― "Ser bueno" y "Ser malo", son solo términos relativos que cada bando delimitó desde su perspectiva. Cada uno creo su propia verdad y se convenció de que eso es lo correcto. Esa misma percepción es lo que impidió que la Orden tuviera avances significativos en la guerra hasta que te uniste a sus filas.

Nea desvió su mirada hacia la inocencia de Allen.

―Cuando la mayoría de las personas eligen entre los caminos de "lo bueno" y "lo malo", fuiste el único que se aventuró a enfrentar de frente los problemas de ambos y recorrer un tercer camino. El camino que tanto tú y yo estamos cruzando.

Las palabras de Nea hicieron que Allen ampliara los ojos sorprendido. Sus últimas palabras se entrelazaron rápidamente con las dichas en su primer encuentro.

Aquellas en las que Nea le advertía del único método que tenían para derrotar al Conde Milenario:

"La única manera en la que podremos obtener ventaja sobre el Conde es poniendo a los demás Noés en su contra. Debemos encontrar una manera de dividirlos. "

Al pensarlo nuevamente ahora, las palabras que antes interpretó como la acción de separar a los miembros de la familia Noé para poder llegar al Conde, cambiaron su significado y tomaron un rumbo diferente.

Nea fue claro en la implicación de esa tercera opción, lo que le hizo que pronto Allen fuera capaz de ver su verdadero objetivo.

―Esperas que los demás Noé se unan a ti ...

Concluyó Allen, comprendiendo por qué Nea desistió en seguir el mismo camino que recorrió en el pasado.

Si luchaba por sí solo, aun si lograban encontrar algunos aliados más, no sería suficiente para derrotar al Conde y existía el riesgo de repetir las tragedias que sucedieron en el pasado.

Pero, si de alguna forma lograban que los demás Noé desertaran y se unieran a él, habría una posibilidad de victoria. Sin los Noé apoyando al Conde, este estaría ante una desventaja sin precedentes.

Si el plan de Nea funcionaba, y lograban que se unieran. El poder de todos sería una combinación devastadora.

Como leyéndole la mente, Alexander respondió afirmativamente a su conclusión.

―En el pasado Nea asesinó a los Noé de ese tiempo para frenar al Conde. Pero esa decisión no fue algo que pudiera cambiar, no tenía otra opción. — Alexander entrelazó sus dedos y se recargó en el escritorio. Acercando sus manos a su rostro y manteniendo una expresión seria. ― En ese momento las condiciones no eran las adecuadas para intentar dividir a la familia Noé y Nea tuvo que recurrir a asesinarlos como una medida desesperada para acabar con esta guerra.

―Solo éramos un grupo de cuatro personas contra ellos. No había una segunda opción, ni escape. Y no había un "destructor del tiempo".

Explicó Alexander, mientras su expresión se transformó en arrepentimiento.

― Si años atrás no hubiera actuado impulsivamente y hubiese buscado otra solución que no fuera separarte de tu familia. Probablemente estarías con ellos ahora y no tendrías que haber pasado por las penurias que sufriste de niño. Pero... de no haberlo hecho, quizá ahora mismo las memorias de Nea seguirían durmiendo y no existiría la oportunidad de acabar finalmente con el Conde. Aunque mis acciones fueron las que llevaron a que las condiciones se cumplieran, no ha habido un solo día en el que no me arrepienta de haberte obligado a sobrellevar este destino.

Allen no pudo evitar mirarlo con cierto rencor.

Lo que había hecho no solo le había afectado a él, sino también a su familia. La familia que en esos momentos podría estar buscándolo, o que lo buscó tras ese incidente sin descanso.

Lo que había hecho jamás podría perdonárselo.

Pero...

Aunque se sentía molesto por las acciones que Alexander había tomado para evitar ese futuro. El resultado de ello no lo odiaba.

Si Alexander no lo hubiera separado de su familia, jamás hubiera conocido a Mana y no se abría unido a la Orden Oscura. Probablemente, viviría en la ignorancia y no conocería la verdadera función de su brazo izquierdo.

Quizá...jamás hubiese sabido sobre la existencia de la inocencia.

El haber conocido a las personas de la Orden, sus amigos y compañeros, no lo consideraba un error. Sin la injerencia de Alexander, no los habría conocido, ni habría compartido momentos felices con cada uno de ellos.

El resultado de aquel día no había sido del todo malo.

Tras unos segundos de silencio, Allen habló.

—Lo que hiciste no puedo perdonártelo, al menos, no ahora —Sin que Alexander lo esperase, Allen le dedicó una sonrisa cálida — Pero, tus acciones me permitieron conocer a personas importantes para mí. A Mana, las personas de la Orden...a Nea e incluso al tramposo y pervertido de mi Maestro.

Ante sus palabras, Cross lo fulminó con la mirada. Pero este lo ignoró.

—No me arrepiento de vivir en este presente— dijo Allen, mientras observaba como los ojos de Alexander brillaban, con un sentimiento de felicidad y esperanza.

El gran peso que tenía sobre sus hombros a causa de esa decisión, finalmente se desvaneció con las palabras del joven.

Agradecido, Alexander sonrió.

—Durante todos estos años he conocido el paradero actual de tu madre. Sabía que en cuanto supieras la verdad tratarías de buscarle, por lo que ahora te ayudaré a llegar ella, a tu verdadera familia — Alexander dirigió su mano a un cajón de su escritorio y de él sacó una pequeña libreta y lo que parecía ser un mapa. — En este mapa está marcada la ciudad en la que actualmente se encuentra. Tendrás que dirigirte allí si deseas encontrarla.

Alexander tomó el espejo y junto con el libro y el mapa, se los extendió a Allen.

—Aún hay mucho que debes saber, más sin embargo no me queda mucho tiempo para decírtelo. — Dando un último vistazo a su inocencia, Alexander se incorporó de su asiento y entornó su mirada en Cross y Nea. — La familia Noé ya sabe que regresaste, y no tardarán en venir aquí en tu búsqueda con la intención de matarte.

La expresión tranquila de Nea se vio remplazada por una temible seriedad.

—La respuesta a tus dudas están escritas en este libro. Tómalo junto con la inocencia y huyan en el Arca, no tienen mucho tiempo —Dudoso Allen tomó entre sus manos lo que Alexander le entregaba.

La sorprendente tranquilidad que demostraba Alexander no pasó desapercibida para Nea.

Aquella tranquilidad y esa sensación de paz...solo podía significar una cosa.

—Estas a punto de morir ¿No es así? —las palabras de Nea salieron de sus labios en un tono bajo, pero lo suficientemente claro como para que Allen lo escuchara.

Sin poder evitarlo un escalofrío recorrió el cuerpo de Allen en cuanto sus palabras llegaron a sus oídos.

Con una extrema calma, Alexander asintió.

—He evitado el castigo de Dios durante mucho tiempo. Traicioné a la inocencia, y de forma cobarde evadí la muerte hasta ahora, poco a poco me convertí en un caído — Allen viró hacía Alexander rápidamente, sin poder articular palabra alguna.

Los recuerdos de la batalla con Suman regresaron velozmente a él, recordándole el terrible final que traía consigo la traición a la inocencia.

—Durante casi diez años le he dado información a la familia Noé sobre el futuro de esta guerra santa. Si no lo hubiese hecho, me habrían asesinado sin dudarlo hace mucho tiempo, pero, no podía permitirme morir hasta que me reencontrara nuevamente con Nea. Conocía perfectamente el desenlace que tendría, pero eso no me importó ni me importa ahora.

—Mi castigo es diferente al que sufrió el exorcista Suman Dark. La inocencia lentamente ha consumido mi vitalidad, y en cualquier momento esta puede tomar lo poco que me queda — Alexander miró hacía Allen —Desapareceré pronto, quizá solo sea cuestión de horas o un par de días, pero para ese entonces deben estar lejos. Fuera de su alcance hasta que cuenten con más aliados.

Nea, que había escuchado atentamente cada palabra de Alexander convocó una puerta del Arca dentro de esa habitación. Cross lo observó, manteniéndose callado.

Detrás de sus palabras y su actitud tan tranquila hacia la muerte, solo podían deducir que esta sucedería muy pronto. De lo contrario, no los instaría a irse tan precipitadamente a menos que él no quisiera que lo vieran partir de ese mundo.

Nea lo sabía.

Sabía que debían salir de allí rápido, aunque eso significara tener que dejar atrás a la persona que alguna vez consideró su padre...

Su final sería el mismo aun si Alexander se iba con ellos. Era algo que Nea no podía cambiar.

Nea cerró los ojos por unos momentos, intentando combatir aquel sentimiento amargo que crecía en su interior.

Por más que le doliera admitirlo, él tenía razón. Si querían tener una oportunidad de vencer al conde, no podían quedarse más tiempo en ese lugar. Debían irse antes de que fuese demasiado tarde.

Cross en un movimiento fugaz tomo el brazo derecho de su aprendiz y le hizo retroceder. Sin entender las acciones de su maestro, Allen intentó preguntar la razón del porque le había alejado de esa manera, pero Nea no le permitió hacerlo.

Tanto Cross y Nea le tomaron de un brazo y le hicieron caminar en dirección de la puerta del Arca. Sin permitirle decir una palabra, ambos le dieron un pequeño empujón, obligándolo a entrar al Arca.

En cuanto Allen desapareció entre la luz blanca de aquella puerta, Nea volteó hacía Alexander, que aún con su cuerpo débil se acercó a ellos. En un profundo silencio, Alexander abrazó a Nea, sabiendo que esa sería la última vez que se verían.

Nea se mantuvo callado, mientras correspondía ese último abrazo.

Desde pequeño, Nea lo consideró una figura paterna. El no poder hacer nada por él le abatía, recordándole una y otra vez que tarde o temprano, las persona que se relacionaban con él terminaban heridas.

Alexander, sabiendo que Nea se estaba culpando por lo que estaba próximo a suceder, lentamente se alejó de Nea, deshaciendo el abrazo.

Con suavidad posó su mano sobre su hombro, y con una sonrisa sincera enmarcada en su rostro, habló.

—Debes ir con él chico, él te necesita. Nadie más puede comprender las dificultades y el dolor que le traerá su destino. Solo tú, quien sabes mejor que nadie lo terrible que esta guerra puede llegar a ser, puedes ayudarle.

Con una simple mirada Alexander le indicó a Cross que se adelantará. Esté manteniendo una expresión seria lo hizo sin protestar, adentrándose en la misma puerta por la que su aprendiz había ingresado anteriormente.

Estando solo Nea y Alexander en esa habitación, el mayor metió su mano en su largo abrigo y sacó un pequeño collar. Que rápidamente Nea reconoció.

—Esto te pertenece — Tras dejar el collar en las manos de Nea, Alexander con las pocas fuerzas que le quedaban empujó a Nea a la puerta del Arca. Sorprendido, Nea intentó evitar atravesar la puerta, sin éxito.

Su cuerpo rápidamente atravesó el acceso al Arca que él mismo había creado.

Lo último que la luz de le permitió ver antes de abandonar aquella habitación fue la expresión tranquila de Alexander.

Y aquella sonrisa que mantenía en su rostro, mientras lentamente su cuerpo comenzaba a desmoronarse...

Y se desvanecía.