Momentos de decisiones: Las verdaderas amistades.

Thanatos entro a la habitación con sumo silencio. Frente a él, la silueta durmiente de la persona que había ido a buscar. En una de sus manos apretaba un relicario de plata, no estaba seguro que si lo que hacía era lo correcto. Se sentó con sumo cuidado en la cama no quería despertarla, su semblante era tan pacifico estaba rodeado de una paz absoluta un sueño muy grato sin duda porque estaba sonriendo. Tomo el relicario entre ambas manos y roso con su pulgar la parte grabada. Una corona de laureles, una espada y una balanza se hallaban talladas en el relieve del medallón. Miro a la silueta durmiente, no sabía si lo que iba hacer era lo correcto era una pesada carga sin duda. Una carga que nunca en toda su inmortalidad hubiera querido. Cerro los ojos recordando cómo es que ese medallón llego a sus manos.

Recuerdo.

-Sin duda nadie va a poder hacer nada para que no se valla…-la diosa Perséfone caminaba entre él y Athena, al lado de Athena caminaba Hermes. Habían sido los únicos cuatro que habían estado de acuerdo con la diosa en cuestión. Algunos otros dioses no dijeron nada mientras que otros expresaron todo sus deseos contrarios. Hasta amenazaron con encerrarla si se atrevía abandonar el Olimpo.

-Siempre obtiene lo que quiere… que bueno que no es una diosa caprichosa y es una diosa pensante.-Comento Athena.-No por nada es una diosa de la justicia.

-Zeus firmo su sentencia cuando le dijo que le encerraría si osaba salir del Olimpo….-Él, Thanatos, negó con la cabeza-¿Para qué nos querrá a los cuatro?

-Si lo supiera… me ahorraría el trayecto-comento sonriente Hermes.

-Tú te tomas todo a la broma por lo que veo…-Perséfone le observo mientras arqueaba una ceja.-Por su partida puede haber una guerra entre dioses.

-No pasara nada de eso…-afirmo una calmada voz, ya habían llegado al templo de la diosa, esta les esperaba en la puerta.

-¿Cómo estas tan segura?-Athena le observo.

-Por qué yo sé cómo obtener la victoria en mis actos sin necesidad de ocasionar el caos.-la diosa alada les sonrió.-Entren quiero darles algo antes de irme a la tierra de los mortales.

Ellos entraron siguiendo a la diosa de blancas alas hasta una habitación donde reposaba su armadura sagrada. Se acercó a un sagrario(o altar si así lo prefieren) frente a esta, donde reposaban 4 objetos.

-¿Que son esas cosas?-Curioseo Hermes desde la distancia.

-Mis verdaderos amigos hablarían, mientras que los amigos callarían y los falsos protestarían.-Comento la diosa.-Son mis obsequios de despedida.-La diosa voltio tenía en manos un báculo que terminaba en un círculo donde estaba lo que podría ser considerada su imagen.-Athena adelántate.-La diosa de la sabiduría se adelantó y se arrodillo ante la otra deidad como muestra de respeto.-Por ser la primera en hablar. Te concederé este báculo que yo misma fabrique con la rama de mi árbol sagrado. Este báculo te dará la victoria siempre Athena, dado que yo no estaré a tu lado para otorgártela…-Athena tomo el báculo en sus manos.

-Gracias amiga.-Dijo esta, se reincorporo para volver a su lugar...

-Hermes.-Llamo la diosa. El dios de los atletas y demás se arrodillo como lo había hecho su hermanastra. La diosa alada coloco una corona de laureles sobre el dios.-Mientras lleves esta corono obtendrás la victoria en todo lo que te propongas y serás inmune al ataque de quienes quieran evitar tu victoria. Hermes beso la mano de la diosa y para luego volver a su lugar a la izquierda de Athena.

-No me la quitare no te preocupes…-Hermes sonrió.

-Perséfone.-La diosa se adelantó y se arrodillo también. En sus manos la diosa coloco un broche con forma de flor de laurel.-Mientras lo lleves nadie te podrá someter, podrás ser libre de todos y obtener la victoria en todo lo que quieras.-La diosa tomo el broche y lo coloco sobre su corazón agarrado de su vestido.

-Gracias…-La diosa se levantó y abrazo a su par. Quien le devolvió el abrazo.

-La primavera siempre tiene que obtener la victoria…por qué es el comienzo de todo.-le dijo la otra. Perséfone volvió a su lugar.-Pueden retirarse…-Miro a los otros tres dioses.-Thanatos quiero hablar algo en privado contigo.

Los tres dioses se retiraron dejándolo solo con la diosa de mirada azul y alas blancas.

-¿Para qué les pediste que se retiren?

-Porque tu solo debes saber de la existencia de este objeto…-Tomo su mano y coloco el relicario…-Este es el único objeto donde se puede aprisionar mi alma…-La diosa le sonrió.-Solo en ti tengo completa confianza… La vida ganara batallas…

-…pero es la muerte la que obtiene al fin la victoria.-concluyo él.

-Exacto… dejare que solo tú seas capaz de encontrarme…-La diosa le sonrió.-Los demás solo podrán encontrarme cuando realmente me necesiten…-la diosa comento refiriéndose a los otros tres dioses.

-¿Pero por qué me das esto…?

-Por qué tú eres el único dios en el que tengo…

Fin del recuerdo.

-Plena confianza…-Murmuro la joven dormida a su lado. Vio cómo se movía y le daba la espalda.-No es el momento…-dijo en sueños-aun no.

Thanatos sintió el cosmos dormido de la diosa y sonrió. Ella estaba dormida dentro de ella misma. Solo a ella le pasaba esas cosas de tanto reencarnar como una mortal una y otra vez había quedado, su lado de diosa, confinado al sector inconsciente de su mente. El dios se acercó a ella y solo susurro en su oído tres palabras.

-Yo te cuidare.-Espantando la razón por la que había ido en ese momento, ella tenía razón no era el momento capaz jamás existiría ese momento en que tendría que encerrarla en ese medallón. Beso la frente de la joven dormida y salió de la habitación. Una vez fuera se colgó el medallón al cuello y lo coloco bajo sus ropas para que no sea visible para nadie.

Santuario de Athena.

Dohko vagaba por el santuario, él estaba libre de sus funciones como caballero. La noche era magnifica sumamente estrellada. Había visto a la joven reencarnación de Shion correteando con las reencarnaciones de sus antiguos camaradas. Los hermanitos rubios discípulos de Helena y Héctor eran claramente Sishyphus e Ilias… aunque no había tenido trato con el segundo supo reconocer al pequeño sagitariano. Esa mirada… cerro los ojos todos estaban volviendo y el seguía ahí… ¿Cuantas generaciones más tendría que ver venir y desaparecer? Sabía que esta sería la última generación que vería… y que pronto estaría con sus camaradas. Kardia… perdón Isaac era todo un demonio aunque Miah era una maestra estricta (a pesar de esa actitud jovial y su manía de cometer locuras con el caballero de Cáncer) el muy travieso siempre sabía escaparse del control de su maestra y mandarse algunas travesuras.

Su corazón le estaba mandando señales hace un par de años… si esa era su última noche en la tierra de los vivos… pues las estrellas se habían puesto de acuerdo para brillar con mayor intensidad. No moriría en combate, pero moriría sabiendo que había tenido una vida plena y larga, bien larga.

-Solo espero poder encontrarme con ustedes chicos…-Dijo al fin. Tomo rumbo de nuevo hacia Libra, ese era su único deseo. Volver a estar con sus antiguos camaradas…-Sé que te dejo en buenas manos Athena, confió en estos chicos.

Llego a libra y se sentó en lo que se había convertido a través de los años su sitio favorito. Dentro de la casa de libra había un jardín de estilo oriental. Cerró los ojos, meditaría por última vez bajo ese árbol de cerezos que le había regalado Saori para su jardín. Comenzó a recordar la viejas épocas y una sonrisa se formó en sus labios a medida que sentía como su cuerpo parecía caer dentro de una calma total. Su corazón fue deteniéndose lentamente, sin causarle el más mínimo dolor o sufrimiento. Murió sonriendo recordando las viejas épocas. Deseando volver a encontrarse con sus camaradas.

-Adiós amigos… espero verlos en otras vidas…-exclamo en su último aliento. No paso mucho hasta que los integrantes de la orden dorada que se hallaban en el santuario fueran a Libra.

Cuando entraron a jardín hallaron a Měng shì de rodillas frente a su maestro desplegando una plegaria para que su alma llegara a salvo al reino de los muertos y encontrara la paz en el.

-No llores por él Meng…-le consoló Benjamín mientras colocaba una mano sobre el hombro del niño.

-No lo hago eso sería insultarlo…-Libra se levantó su rostro estaba sombrío.-Maestro le juro que proteger con mi vida lo que usted defendió por tantos años…

Casa de Virgo.

Los aprendices habían quedados todos en Virgo. Daiitoku les vigilaba desde la distancia los pequeños se habían reunido en consejo.

-Ya tendremos un nuevo compañero…-Exclamo sonriente Isaac.

-No es seguro primero tienen que traerlo.-Le recordó Marcus aprendiz de Héctor.

-¿Cuándo creen que llegara?-Pregunto Alejandro su hermano mayor.

-Dentro de un par de años supongo…-exclamo sonriente Andrea.

-Yo ya quiero tener de nuevo a mi amigo…-exclamo Shia. Los niños se acomodaron y se dispusieron a dormir de nuevo.

Continuara.

Fin de la primera etapa. (La historia continua no se preocupen xD)