Los personajes de saint seiya no me pertenecen, son de Masami Kurumada.
Estoy sopesando la idea de dejar esta historia inconclusa, lo lamento por quienes siguen fielmente la historia y se toman la molestia de comentar los capítulos.
Lobunaluna.
La realidad de las guerras.
-Diosa Enio…-Tomás y Demian aterrizaron ante la deidad, que se hallaba escoltada por los otros cuatro devastadores.
-¿Donde esta Mateo?-pregunto la diosa mientras observaba fijamente a los guerreros- Lo dejaron solo-les gruño, para luego dedicarles una mirada furibunda.- ustedes dos vienen conmigo… el resto se queda.-los otros cuatro asintieron.
-Él nos ordenó no ayudarle…-informo Tomás, mientras veía como la armadura rojo sangre cubría el cuerpo de la deidad.-vinimos a buscarle, porque sabíamos que no nos escucharía…
Campos de entrenamiento.
Mateo se levantó, la sangre inundaba sus papilas gustativas con su metálico sabor. Le dedico una mirada seria al dios del Olimpo. Este le miraba indiferente, aunque por dentro, tenía otra batalla. Solteiros, peleaba fervientemente para retomar el control de su cuerpo. Observo atentamente al devastador, la armadura cobriza había sufrido varias fracturas. Una de las hombreas había desaparecido, los guanteletes parecían completamente quebrados, así también el peto y el casco hacía tiempo que se había convertido en partículas.
-¿Por qué sigues enfrentándome?
-Porque quiero-recibió la prepotente respuesta- porque sé que viniste aquí, con el fin de arrebatarle las vidas a las personas que habitan este santuario…-un hilo de sangre abandono sus labios, ese hilillo de sangre se unía a los otros tantos que recorrían el cuerpo del devastador.- Si algo me ha enseñado la vida, es que muchas personas… Siempre toman decisiones egoístas y las que tomas decisiones de índole contraria, son las que terminan muertas…
-¿Acaso te quieres hacer el mártir?-pregunto la deidad burlona. Ninguno de los dos había notado al par de peli azules, que se escondían tras unas rocas. Adelphos y Diadelfos, los aprendices de Géminis, habían salido a entrenar y no habían encontrado momento para salir de ese lugar de combates. Cierto tranquilamente podrían haber usado la otra dimensión, pero algo les impedía irse de ese lugar… ¿Seria por qué era el primer combate, real, que veían? ¿Era el hecho de saber que ese joven había preferido exponer su vida, para salvar la de su hermano y la del resto del santuario? ¿Era el hecho, que su maestra, había hecho algo similar?
-¿Matir?-Mateo de Manticora dejo libre una risa.- Yo no me quiero hacer el mártir, después de la vida de mierda que lleve por años… Lo que menos quiero, es hacer el mártir…-lágrimas de rabia cayeron por sus ojos- Eres una basura Zeus, ni tu ni ningún dios… Es capaz de entender lo que significa la vida… -el joven elevo su cosmos- ustedes no deben de preocuparse por nada, total, reencarnan cuando quieren… Hacen lo que quieren, no les preocupa nada que no sean ustedes mismo… Solo saben destruir por egoísmo y seguir sus caprichos
-Lo dices tú…-el dios le miro burlón.- que sirves a la única diosa de la destrucción… Eso es paradójico… O no lo es Devastador.
-Enio… se volvió destrucción, porque ustedes la arrastraron a ello…-el joven le miro molesto- Athena se volvió protectora de la tierra, porque se vio como sus caprichos destruían todo…-El joven le miró fijamente.- Ellas, solo son lo que ustedes le convirtieron. Athena no debería de reencarnar si ustedes, los dioses, dejaran de jugar a los amos del universo… Mi señora, no debería de sentir culpas, si ustedes no la hubieran convertido en lo que es…-el cosmos comenzó a intensificarse- Te dejaste cegar por tu propio ego… Eso es la muerte y la caída de muchos…
-¿Estás diciendo tu epitafio?
-No, te estoy diciendo lo que pienso.-El joven llevo sus manos hacia adelante- les estoy dando tiempo a los guerreros de Athena para alistarse…-sonrió con burla- sé que voy a morir, pero saber que otros tendrán oportunidad de vivir, oportunidad de alcanzar sus sueños… Eso alivia mi conciencia…
-Para ser un drogadicto, eres una persona muy pensante…
-Destruí mi vida, pero me recupere cuando vi que tenía que criar a un niño de un año…-informo el chico mientras llevaba su cosmos al máximo- menosprecie los esfuerzos de mi madre, pero la llore cuando la perdí… Me arrepentí de no haberla valorado cuando la tenía, ahora valoro todo lo que tengo… Valoro a las personas que me rodean y las que no, también. Cada vida humana es única e irrepetible…
-Veamos, hasta dónde eres capaz de llegar-informo el dios, mientras en sus manos se formaba un rayo y en la otra sujetaba el extraño tridente.- Porque veo, que solo estas menospreciando tu vida… Te eh dado oportunidades de escapar, pero no las has aceptado-el dios le dedico una mirada helada.-dices apreciar la vida, pero estas exponiendo inútilmente la tuya…
-La vida de los otros-informo el joven- aun no eh aprendido a valorar la mía…-comento con burla- y si la debo de sacrificar… pues ADELANTE… PUAS ARDIENTES DE LA MANTICORA.-El chico ejecuto su máxima técnica, que lanzo contra el dios. Este elevo su cosmos y lanzo su rayo. Sintió como algunas de las púas si llegaban a él. Eran dolores efímeros, pero estaban ahí. Escucho una queja, cuando el lugar quedo limpio del polvillo. Diviso al devastador de Manticora, ponerse de pie, a pesar de tener una sangrante herida a la altura del corazón.
-¿Que te hace ponerte de pie?-pregunto el dios, mientras comenzaba a caminar hacia el chico.- porque sigues negándote a morir…
-Porque a diferencia tuya.-el chico escupió un poco de sangre- tengo algo real que proteger…-la sangre abandono sus labios- tengo algo real que amar, no como tú que solo amas una ilusión… Algo que ya no existe o que tal vez jamás existió.-El chico comenzó a elevar una vez más su cosmos.- Por más milenios que vivas, jamás apreciaras lo que es tener la sensación cálida que da el amor… Lo hermoso que es sentirlo, darlo y recibirlo…-lagrimas cayeron de sus ojos- me das mucha pena Zeus, me das tanta pena… Coma la que sentí hacia mí mismo… Cuando me di cuenta que desperdiciaba mi vida y no encontraba la fuerza para arreglar todo lo que había hecho…
-¿Pena? Un manojo de huesos rotos bañado en sangre, me dice que siente pena por mí-el dios le miro indiferente- Los humanos, dan pena… Yo no planeo destruirles, pero realmente, dan mucha lastimas sus vidas… Seré piadoso contigo, acabare con la miseria de tu existencia.
-Mi existencia, será miserable…-el chico le miró fijamente, mientras un rio de sangre nublaba la visión de su ojo derecho- pero tengo la posibilidad de mejorarla en otra vida… ya que dudo que pueda mejorarla en esta.-Elevo un poco más su cosmos, para seguir en pie.- Pero tu tendrás una existencia miserable, por toda la eternidad… Eres un dios patético, Zeus… Un dios que no sabe, lo que es tener pantalones-una descarga eléctrica atravesó su cuerpo y le hizo caer de rodillas.
-¿Por qué no te mueres?-El dios quedo solo a unos pasos del joven, este levanto la mirada y se la sostuvo descaradamente.- Recibiste ataques directos, tus huesos han de ser solo polvo… Mi rayo impacto sobre tu corazón, entiendo que tal vez no con toda la fuerza de mi cosmos… Pero aun, sigues aquí diciendo idioteces…
-Sera ¿Por qué todavía, no me llega la hora?-pregunto burlón, mientras trataba de ponerse en pie, cosa que le parecía imposible a su cuerpo- o ¿porque todavía tengo cosas que decir?-Zeus levanto su tridente, dispuesto a dejarlo caer sobre el joven.
-Pues tu hora la dictamino yo, y es ahora…
Cámara del tesoro, Santuario de Hera.
-Lo que planeas. Es muy arriesgado.-comento Aquiles de Perseo- puedes morir.
-¿No dijiste que los planes descabellados, que siempre funcionan, son mi especialidad?-el joven peli azul de ojos celestes se arrepintió de sus anteriores palabras.
-Estás hablando de suicidio…
-Sí, sale mal-informo el de ojos granada- no te preocupes, hemos hecho peores locuras con Lucían y hemos salido bien parados.
-No quiero saber que son esas locuras-informo el de ojos celestes, mientras ponía su escudo en su brazo- ¿Listo?
-Si.-los jóvenes comenzaron a acercarse a las temibles Harpías. Una de estas, levanto su bello rostro, del montón de huesos que roía, y comenzó a olisquear el aire. Los jóvenes se quedaron quietos, pero no dejaron de observar la urna de marfil. Esta era una pequeña cajita, que no media más de veinte centímetros de largo por cinco de ancho. La Harpía dejo libre un grito y puso en alerta a las otras dos.
-Ve por la urna, yo me encargo…
-No pienso dejarte solo en esto… Te pueden arrancar el alma…
-No importa, de todas formas, sé que me iré al infierno.-Marcos salió de su escondite y apropósito piso un hueso, para llamarle la atención a los malévolos seres.-Me parece que tienen hambre señoritas, aquí tiene un fuerte joven de 19 años-dijo con una ligera burla. Los seres se lanzaron contra él, mientras Aquiles comenzaba a correr hacia la urna y saltaba dispuesto a toma tomarla. Le tomo, pero una de las harpías se lanzó contra él y le estrello contra el suelo.
Una cadena terminada en una bola de pinches se enredó en el cuello de la harpía y le hizo soltar al chico. Aquiles pudo divisar a su amigo, que con su otra cadena, mantenía a raya a los malévolos seres.
-¡Marcos! CIERRA LOS OJOS.-El chico elevo su escudo, con el rostro de la Gorgona y la harpía que era sujetaba con la cadena y las otras dos quedaron transformadas en piedra- ningún ser vivo, sobrevive a la mirada de la Gorgona Medusa. Sobrevive si ve la Gorgona a los ojos. Vio que su amigo caía de rodillas.- ¡MARCOS!-Cuando llego hasta él, sujetando la caja de marfil en una mano, noto la herida en uno de los costados desprotegidos de su amigo.
-Pareciera que tuvieran bisturís y no garras.-informo el chico, mientras su amigo le tomaba en brazos- lo siento baje la guardia, cuando te ayude, y me hirió…-Aquiles miraba aterrado la profunda herida, pareciera que esa parte, solo se sujetara por pequeñas partes al cuerpo de su amigo. La sangre no tardaba en abandonar el cuerpo del joven- Cambia esa cara, a fin de cuentas, me sentiré como en casa…-sonrió con burla. Mientras que los ojos de Aquiles se llenaban de lágrimas.
-Perdona, no debí bajar la guardia… Es todo culpa mía, no preste atención a las harpías y solo me fije en la urna…-Marcos aferro la mano de Aquiles- puedes sobrevivir, se fuerte, te llevare al santuario.-Su amigo le dedico una burlesca sonrisa, su boca estaba llena de sangre.-Eres mi mejor amigo, por favor… Marcos… resiste.
-Sabes que no saldré vivo, no importa que se haga solo unos nervios evitan que pierda esa parte-recargo su cabeza en el pecho del otro- solo guarda silencio y aguanta las lágrimas… No quiero que mi último recuerdo, seas tú llorando.-Informo con una burlesca sonrisa y una seria mirada en sus ojos granada.-tenemos la urna, tienes que llevarla al santuario.-informo en un tono serio, pero sin borrar la burlesca sonrisa.
-Marcos, resiste… se fuerte-trato de hacer parar a su amigo.-llegaremos al santuario…-dijo mientras comenzaban a caminar.- llegaremos y te sanaran…
-Va a ser como cuando vamos a los bares-dijo este algo burlón- tú vuelves cargándome… -soltó una risa, Aquiles soltó una risa nerviosa- deja que me divierta y ríe también, quiero llevarme el recuerdo de las risas de… mi mejor amigo.-soltó por lo bajo, nunca había reconocido eso. Era muy hosco para reconocer algo que viniera de sus sentimientos- quiero recordar durante mi viaje al infierno, que mis últimos momentos de vida, los pase riendo con mi mejor amigo…
-Nunca cambiaras-dijo el peli azul, mientras una amarga sonrisa se formaba y salían de la inmensa habitación. Mientras dolorosas lágrimas abandonaban sus ojos, Marcos le dedico una sonrisa a su amigo.
-Esa es la idea, moriré siendo yo-comento burlón- hazme un favor, cuando la guerra acabe, ve y dile a esa linda amazona de Casiopea, lo que sientes… o te aseguro que vuelvo solo para llevarte a rastras y no me voy hasta que se lo digas...-soltó divertido, mientras la sangre caía de sus labios. Sabía que moriría, ninguno de los dos tenía cosmos sanador… Nada podría evitar lo inevitable.
-Marcos… Entonces, no le diré nada, si eso hace que te quedes en el mundo de los vivos.
-No seas cursi…-informo el joven- es metafórico, aunque con mi carácter de seguro me rajan de una patada del infierno.-el joven soltó una risa, mientras proseguían con la marcha y se tomaba del costado herido.
-Marcos…-Aquiles apretó los dientes- ¿Cómo puedes ser tan sínico?
-Si no soy sínico, me moriré siendo un infeliz… -comento el chico- Tu siempre tuviste a tus padres, yo solo podía contar con mi mamá y Lucían, luego que mi padre desapareciera… Vi a mi hermano mayor, madurar antes de tiempo… Dejar todo sus sueños, para encargarse de mí y de Andrea… -algunas lágrimas cayeron de sus ojos- prefiero morir, riendo y en compañía de un amigo… Que morir solo… y lleno de penas.
-Sabias, que estaba esta posibilidad…-comento Aquiles, mientras buscaba los ojos granada- me lo dijiste desde un principio…
-Lo sé-El otro sonrío- no te desanimes, cuando lleguemos al santuario, tendremos para a Hera por donde más le duelo… y eso es en su orgullo.-Aquiles embozo una lastimera sonrisa- Sonríe, la muerte solo es el comienzo de un camino… Camino difícil, que siempre, termina en vida…
Casa de Capricornio.
Benjamín salió al corredor, por más que lo intentara su cosmos no parecía querer despertar.
-¿Qué haces levantado?-Se dio vuelta y se hayo con su padre, este le dedico una mirada helada. Le llamo la atención que vistiera ropa de entrenamiento.- Vigilare Capricornio por ti…
-Ya estoy mejor, recibí una ayuda inesperada… Solo que mi cosmos…-bajo la mirada. En eso noto que su padre no estaba solo- ¿Cómo estas Agustín?-pregunto amablemente en Español.
-Bien…-informo la criatura, sin despegarse de la pierna de Shura.
-¿Quiénes pelean?-le pregunto a su padre en Griego.
-Un devastador y Zeus.-El rostro de Benjamín se ensombreció- la orden es aguardar en las doce Casas… Ellos tienen las reglas de uno contra uno…
-Entendido…-el chico apretó los dientes- espero poder sentir mi cosmos pronto.-Murmuro, cuando su padre se alejó con el niño. Se preguntó si él, alguna vez, se aferró a la pierna de su padre.
Campos de entrenamiento.
Mateo tenía los ojos abiertos y contemplaba la espada, plateada, que detenía el avance del tridente. No muy lejos de ahí, Tomás ponía un pie en tierra. Demian apareció justo detrás de los gemelos. Estos se pusieron en guardia, pero al ver al chico. Solo se dignaron a seguirle y salir del escondrijo.
-No te lo permitiré Zeus…-La diosa hizo un movimiento con su espada, obligando al dios Olímpico retroceder- ni tú, ni nadie… Decide cuando se acaba una vida…
-Está más muerto que vivo.-Sentencio el dios.- Y tú no eres nadie, para hablarme con tanta familiaridad… Mantén el respeto a tus superiores…
-¿Superiores?-La joven dejo que él sol, arrebatara un brillo plata de su sable.- Dime donde esta Athena, dado que es a la única a la que considero digna de su lugar en el Olimpo.-Los gemelos se colocaron detrás de los devastadores.
-Calla…
-Zeus, pagaras caro el daño que estas causando.-La diosa fue recubierta con su cosmos color rojo sangre. Un cosmos azul eléctrico cubrió el cuerpo de Zeus, al mismo tiempo que la Thundecloth le protegía.
-Los humanos no lo valen…
-Él si lo vale…-La diosa se lanzó contra el señor de Olimpo, el choque de las armas sagradas no se hicieron esperar. Tomás ayudo a pararse a su superior, el cuerpo de este estaba frio. No le quedaría mucho tiempo en el mundo de los vivos.
-¿Cómo es posible que aun vivas?
-Porque soy, una persona de fuertes convicciones.-informo el joven.- no debieron venir…
-Enio… TÚ eres la diosa de la destrucción-gruño Zeus- ¿porque peleas del lado de los mortales…?
-Por qué fue, el que tu heriste, el que me demostró que no solo hay destrucción en este mundo.-la diosa rompió el balance. Para luego realizar un veloz movimiento y hacerle una cortada en la mejilla al dios- en medio de un barrio humilde, en medio de la miseria humana… Un chico de 17 años, se preocupaba más por la vida de su hermano pequeño que por la suya propia… Un chico que había sido un adicto y hacia un esfuerzo en solitario para dejar de serlo… -El dios se acarició la cortada y miro molesto a la deidad de la guerra y la destrucción.- En medio de destrucción y miseria, hay luz y hay personas que quieren mejorar… Por esas personas, es que peleo… DEL LADO DE ATHENA-La diosa hizo un rápido movimiento y obligo al dios a retroceder.
-Idiota…-gruño el dios, pero eso no evito que la diosa preolímpica le desarmara- ¿Que planeas Enio? ¿Matarme…? Es de esperarse, eres tú la que causa el derramamiento de sangre…
-Y eres tú, el que no sabe ver cuando le ponen una trampa delante…-La diosa tomo la empuñadura de la espalda con ambas manos.- eres un ser patético, Zeus, no sabes lo que pasa frente a tus ojos… Y te dices llamar el Omnipresente… No ves nada, realmente.-el dios hizo aparecer un rayo en su mano- un dios, que no es nacido para la guerra contra la guerra personificada… Esto será interesante…-Enio miro de reojo a Mateo de Manticora, ya había comenzado a asumir, lo que sería el destino del devastador… Destino que comenzaba hacer acto de presencia, al intentar hacerle cerrar los ojos. Un destello negro rojizo se hizo presente entre las deidades.
-Retírese, dios Zeus, yo me encargo de esta traidora…-informo la joven apareciera, para luego mirar con burla a la otra deidad- Enio… tiempo sin verte…
-Bia.-la diosa hizo un rápido movimiento y desenvaino una segunda espada. La joven traía una masa, que sin duda, no era un buen presagio.- tiempo sin ver a la hipocresía personificada…-Zeus desapareció, su presencia ya no era necesaria.
-Te acuerdas, cuando las dos éramos vistas como hermanas… -la diosa sonrió con malicia- Somos las dos caras de la violencia…
-Bia, siempre fuiste una deidad patética-comento la joven, lo que provoco la ira de la otra. Quien imprudentemente se lanzó contra la deidad de la guerra. Los devastadores y los dos aprendices, solo vieron un destello rojo sangre. Bia, estaba parada a varios pasos atrás de Enio. Mirando hacia los guerreros. La armadura y la masa se fragmentaron en un montón de partes. La reencarnación de Bia, diosa de la violencia, cayó al suelo haciendo muestra de varias cortadas en todo su cuerpo. Enio envaino sus dos espadas, para luego caminar hacia los guerreros.
-Diosa Enio…-Tomás cerro los ojos, no sabía cómo empezar. Era la primera vez que veía a su diosa emplear sus armas.
-Mateo…-la deidad ignoro al otro joven y miro al líder de sus tropas.
-Así que yo fui la razón, para que cambiaras-el chico le miro, sus ojos castaños se toparon con los ojos rojos de la diosa.- no sé si sentirme ridículo, porque me vigilaras, o alagado de saber que fui algo importante en tu vida…-informo embozando una pequeña sonrisa.
-Todos, son importantes-la diosa tomo con cuidado el mentón del joven- pero tú lo fuiste mucho más… Por qué me mostraste luz, en medio de la oscuridad…-La joven rodeo con sus brazos al joven moribundo, sentía los huesos rotos de este. –Tú eras mi luz, la razón de cambiar… Tú me mostraste que era posible cambiar la vida propia y ajena… Dar una mejor vida a las personas, que había esperanza para todos- Cerró los ojos, sintió como el joven emitía un último suspiro y decía sus últimas palabras.
-Yo siempre estaré a su lado… Aunque no pueda verme, yo soy su leal guerrero.-susurro- a pesar que ya no estaré a su lado físicamente, lo estaré en espíritu…-La diosa dejo libre un par de lágrimas, antes de tomar en brazos el cuerpo de su primer devastador. El cuerpo del humano, que le había demostrado que había luz en la oscuridad.
-Lleven a los aprendices a las doce casas-ordeno la diosa fríamente.-Luego, regresen al refugio…-la diosa se dio vuelta y desapareció en una brisa de viento. Los dos aprendices, no dijeron nada y se dejaron escoltar por los dos devastadores.
-Primero mi hermana, ahora mi mejor amigo…-Tomás sentía la sangre hervirle.- esto no se quedara así…-murmuro por lo bajo, mientras cerraba los puños.
Casa de Cáncer, al anochecer.
Ángelo esperaba con un rictus serio, en la entrada de Cáncer. Desde que lo había sentido, que no se había movido de ese lugar. Aquiles apareció trayendo, un su espalda, el cuerpo del caballero de Cerbero. Ángelo se sorprendió, que en el rostro de su segundo hijo. Estuviera presente una sonrisa.
-Murió riendo…-informo Aquiles, con lágrimas en los ojos- siempre fiel a su estilo… no pude hacer nada, no tengo poderes curativos… no tenía nada que sirviera para cerrar la herida…-Ángelo le hizo un gesto, para que guardara silencio.
-Él ya se había despedido de nosotros por cosmos-informo el caballero. Escucho, hacia unas horas, a su hijo hablarle por cosmos. Explicando lo que había pasado y pidiendo que fuera fuerte por Andrea… Ese niño le necesitaba, tenía que cumplir la última voluntad de su hijo. –No te culpo, por lo que ha pasado. No soy un cobarde, que achaca sus problemas en otras personas…
-Él siempre dijo: los débiles mueren llorando, los valientes en silencio y los locos riendo…-embozo una triste sonrisa, para luego largarse a llorar.-fue toda mi culpa, baje la guardia y me concentre solamente en la urna de Hera.
-No llores Aquiles-Ángelo le miró fijamente, aunque el también deseara llorar- solo insultas a Marcos. El no querría que lloraras, si lo conociste bien. Deberías de saber, cuál es su deseo.-El chico deposito el cuerpo de su mejor amigo en el suelo. Miro la urna de marfil que tenía en su mano.
-Él, desearía que terminara la misión…-susurro.
-Vete de una vez, muchas personas podrán salvarse una vez sellen a Hera.-informo Ángelo, mientras cargaba el cuerpo de Marcos- Pero solo podrá sellarse, si le das esa cosa a Athena…-el caballero asintió en silencio y se retiró.-Marcos…-las lágrimas tuvieron paso libre por los ojos del ex caballero.
Límites del santuario de Athena.
-Aquí estamos-informo Selena de Ciervo.- ahora, tenemos que ir ante Athena.-Magnus de Orión asintió y se dispuso a seguir a su par.
Casa de Acuario.
Jean de Canario, atravesaba la silenciosa casa. Al parecer, no había ningún morador disponible. Sabía que el caballero, reposaba de heridas casi fatales. Que la madre de este se hallaba en Asgard, que el padre estaba en la casa patriarcal, que seguramente el hermano dormía. Solo faltaba alguien, una sola persona. Ignoraba donde estaba esa persona.
-Jean.-El chico se detuvo, ahí estaba esa persona- tenemos que hablar, te guste, quieras o no.
Continuara.
Nota:
Bia.
En la mitología griega Bía (en griego Βία) era la personificación femenina de la fuerza y la violencia. Era hija del titán Palas y de Estigia, y formaba parte del séquito de Zeus junto a sus hermanos Zelo y Cratos y su hermana Niké.
Participó en la lucha de los dioses contra los gigantes, y fue la encargada, junto con Cratos y Hefesto, de encadenar y cegar a Prometeo cuando éste fue sorprendido robando el fuego de los dioses para darlo a los hombres.
Junto a Némesis (la venganza) era adorada especialmente en la ciudad de Corinto, en cuya acrópolis (la Acrocorinto) había un templo dedicado a ella y a Ananké, al que sin embargo no había costumbre de entrar.
Se la representaba como una mujer armada con una coraza, y, en la mano, una maza con la que mata a un niño.
