Aquí os dejo el siguiente capítulo, siento el retraso pero al haber empezado ya el curso académico estoy hasta arriba de trabajos y exámenes, y los ratos que tengo libres estoy tan cansado del ordenador que no encuentro inspiración para ponerme. Aún así aún queda la suficiente creatividad en mí como para continuar con este fic, que la verdad me alegra mucho que os esté gustando, vuestras reviews tan positivas son la mejor energía para continuarlo. ¡Muchas gracias por leer, y espero que este capítulo también os guste!

-smarty26: ¡Que bien que te haya gustado, la verdad es que intento hacer a los personajes lo más humanos posibles! Se equivocan, pero también tienen ganas de mejorar y no caer en los mismos errores. Espero que como tú bien has dicho, el fanfic siga a la altura. ¡Un abrazo muy fuerte, y nos leemos pronto!

-yadwigaeter: Jjajajaja, XANA siempre se la lía cuando creen que lo tienen controlado. ¡Para eso es una inteligencia virtual! Me alegra un montón que te esté gustando, mil gracias por tus reviews, te envío un abrazo muy fuerte y espero que también este te guste.

Cierto es que he tardado más en subirlo, pero también es verdad que este es más largo que los anteriores, me ha llevado entre hoy y ayer bastante terminarlo, jeje. ¡En fin, a disfrutarlo!


Daniel no se consideraba un tipo celoso. Él era un tipo enrollado, el típico tío al que sus sobrinos se echan a los brazos cuando viene de visita en Navidades y al que los colegas siempre llaman para tomarse unas cervezas y recordar viejos tiempos. Era un hombre inteligente, importante y, por qué no decirlo, atractivo. Al menos él así lo veía. Pero a veces le daba la impresión de que otros no lo veían así. O incluso peor, de que ella no le veía así. Y entonces sí que venían los celos, y eran terribles.

No hay nada peor para un hombre que ser celoso. Te pones en evidencia, y seguramente ella termine por entender que no mereces la pena. Daniel sabía que Yumi era una mujer de 10, una persona única y extraordinaria, demasiado extraordinaria para estar casada con él, que como mucho era un 7. Pero allí estaba, a su lado, y de algún modo el hecho de que fuera su pareja, el hecho de tenerla hacía que de algún modo se elevase su estatus. Un hombre depende más de la mujer que va colgada de su brazo que de todas sus otras pertenencias, pensaba Daniel. Por Yumi había hecho todo lo que había podido, incluso llegar a tener un hijo, cosa que Daniel nunca había deseado. Y allí estaban, como una familia feliz. Al menos normalmente. Había veces, eran pocas pero Daniel no podía dejar de pensar en ellas ni siquiera cuando lo intentaba, en que la sombra de la sospecha se cernía sobre él. Y esa sombra tenía un nombre. Y ese nombre era Ulrich. Daniel veía a aquel capullo alemán reflejado en los ojos de Yumi durante las noches, cuando su esposa decía que no podía dormir, lo veía cuando desayunaban juntos, e incluso habría jurado llegar a ver al fantasma de Ulrich cuando él y Yumi tenían sexo. Si pudiera asesinar a un hombre, uno solo sobre la faz de la Tierra, y que se le aplicasen nulas consecuencias, Daniel tenía muy claro que iría a buscar a Ulrich Stern… y además se encargaría de que sufriese.

Cuando esa mañana Daniel escuchó el nombre de Ulrich de la boca de Yumi, nombre que ella no había pronunciado desde hacía seis años, la taza de café se le cayó de las manos y ahogó un grito mientras el pequeño Hatori le miraba sorprendido. Daniel maldijo por lo bajo mientras recogía el café del suelo y seguía hablando con Yumi por el móvil.

-¿De qué me estás hablando? ¿Cómo que Escocia? ¿Yumi, qué cojones…?

-Papá, no digas palabrotas…-le recordó Hatori, engullendo sus cereales.

-William tiene allí una casa al parecer, y yo…

-¿William? ¿William Dunbar?-Daniel no podía creerse lo que estaba escuchando. Debía de seguir dormido y no se estaba dando cuenta-¡YUMI! ¡Yumi, ¿qué cojones estás diciendo, joder?!

-Papá, no digas palabroootas…-le recordó Hatori con cansancio.

-Daniel, ahora no puedo explicártelo, pero corremos peligro-Yumi estaba claramente armándose de paciencia para explicárselo. ¿Pero qué había que explicar? Se suponía que ese fin de semana se iba a la otra punta de París a ver a sus padres… no a puto Escocia con dos de sus ex novios.

-¿Peligro?-repitió Daniel, a punto de estallar.

-Quiero que cojas a Hatori y os quedéis en casa… yo volveré pronto… pero si no vuelvo…

-¿Si no vuelves, qué? ¿Me quedo yo aquí cuidando del niño hasta que te apetezca? ¿Vas a irte con Ulrich o con William, Yumi? Os lo debéis de estar pasando bien…-siseó Daniel apretando los dientes.

-Daniel, por favor, esto va en serio… corremos peligro pueden… pueden matarme…-dijo Yumi a la desesperada. Siempre era igual cuando tenía un problema: Daniel no quería saber nada, y nunca la creía. Siempre llevaba todos los problemas de su esposa a que eran problemas para él, en lugar de preocuparse por ellos.

-Yumi, ¿dónde estás?... ¿Dónde estás, Yumi? Voy a coger a Hatori y vamos a buscarte… ¿sigues en Kadic? Voy a coger el coche y…

Yumi bufó, desesperada. Aquello era más de lo que se veía capaz de soportar en ese momento.

-Escúchame, capullo, te estoy diciendo que no salgáis de casa ¡JODER!-le gritó, furiosa-¡NO SAQUES A HATORI DE CASA, CUIDA DE ÉL ¿ENTENDIDO?! ¡Cuando vuelva ya me lo llevaré para que no te molestemos más!

-Yumi…-Daniel balbuceó, incoherente ¿cómo se atrevía…? No se solía poner así, al menos que fuera muy importante…-Yumi… ¿dónde estás ahor…?

-¡QUE EL NIÑO NO SALGA! Llamaré luego-dijo Yumi con voz grave y luego colgó el móvil. Lo lanzó sobre la cama y luego, mirándose al espejo, no pudo evitar echarse a llorar. Casi al instante se detuvo ¿pero qué estaba haciendo? Ella no lloraba. No había llorado nunca, ni cuando sus padres se peleaban en casa, iba a llorar ahora. Ja. Hacía falta algo más que un capullo como Daniel para sacarle unas lágrimas. Pero estaba muy preocupada por Hatori.

Cuando salió de la habitación una hora más tarde se encontró con Ulrich, que salía también de la suya. Dormían al lado el uno del otro. Yumi había pensado incluso… pero no. No iba a hacerlo. Eso se había acabado.

Había cosas mucho más importantes en ese momento que su relación con Ulrich.

-¿Estás bien?-le preguntó el chico, señalándola. Ella asintió, seca.

-Sí, claro-dijo con voz ronca-¿por qué?

-No… por nada-Ulrich se encogió de hombros y la siguió por el pasillo hasta las escaleras del motel. A bajo Jeremy, Jim y Sissi ya estarían esperándolos.

-Nos has escuchado…-dijo Yumi, deteniéndose en el rellano-¿no es así?

-No, claro que no… sí…-reconoció Ulrich. La sostuvo la mirada. Yumi se perdió en sus ojos color pardo. Ahora mismo deseaba tanto contarle todo lo que la hacía infeliz. Y Ulrich no deseaba otra cosa que escucharlos todo… solo quería saber qué le pasaba, ayudarla…

Pero como ya hemos dicho, ese no era el momento. Ni ningún otro lo sería.

-No vuelvas a hacerlo, por favor-le dijo Yumi finalmente, y luego bajó de brazos cruzados. Ulrich la siguió sin comentar nada más.

En la cafetería del motel, Jim se zampaba un desayuno de una forma que hubiera hecho sentirse orgulloso a Odd. A su lado Sissi hablaba con Jeremy muy interesada, hasta que vio entrar a Ulrich y sus ojos se iluminaron.

-¡Ulrich! ¡Ven, siéntate aquí! Te he cogido algo de desayunar…-le dijo la chica señalando el asiento de al lado. Ulrich se sentó, obediente, y comió en silencio. Sissi le miraba como si fuese un dios, una obra de arte. "¿Cómo puede alguien ser tan guapo?"-pensaba la chica para sus adentros.

-Hola chicos… ¿habéis dormido bien? Yo no he pegado ojo…-reconoció Jeremy. No tenía buen aspecto: estaba pálido y ojeroso. Ulrich y Yumi le miraron preocupados. Conocían a su amigo lo suficiente para saber que se había pasado la noche pendiente del móvil, asegurándose de que Aelita estaba bien. Ellos tampoco habían podido dormir nada, pensando en cómo les estaría yendo a sus amigos en el mundo de XANA.

-Pues yo sí, así que hoy seguiré conduciendo-dijo Jim, enérgico-¡Vamos, Stern, arriba esos ánimos! ¡Si tenemos que salvar al mundo, no podemos estar como si acabásemos de terminar de ver la película del Titanic!

Las otras mesas le miraron, molestos. ¿Qué gritaba ese pirado de salvar el mundo?

-Belpois me lo ha estado explicando-dijo Jim con satisfacción-tenemos que llegar hasta el aeropuerto, y de ahí a Glasgow. No hay problema, no hay problema. En la guerra piloté aviones, ¿lo sabíais?

-¿Sí? ¿En cuál guerra?-preguntó Ulrich sin poder evitar una sonrisa.

-No entiendo por qué no hemos ido a Orley directamente-dijo Sissi extrañada-salen muchos vuelos, y yo tengo la tarjeta de…

-XANA podría controlar el avión, y hacer que nos estrelláramos-la explicó Jeremy-así es más seguro. Mi avión tiene un sistema de defensa especial contra él. Me ha costado mucho dinero construirlo, pero Patrick me ayudó.

-¿Patrick?-repitió Sissi, extrañada.

-Mi primo, fue a Kadic alguna vez-le explicó Jeremy-es ingeniero aéreo y…

-Oh vaya…-Sissi volvió a concentrarse en Ulrich sin hacer más caso a Jeremy. A ella sinceramente la misión le daba bastante igual. Solo sabía que estaba viviendo un sueño. De nuevo pegada a su brazo… como tantas veces lo había deseado en esos últimos años-Ulrich… ¿por qué nunca me contasteis lo de Loco?

-Lyoko-le corrigió él, taciturno-sí que te lo contamos, pero te chivaste a tu padre y a la policía. Así que decidimos que no eras de fiar.

-¿Qué no era…?-Sissi se separó un poco, como si Ulrich la hubiera apuñalado en el corazón-¿qué no era de fiar? ¡Pero Ulrich!

-Para ser justos nos ayudaste un par de veces-recordó Jeremy-y en la vez de los zombis incluso protegiste a Milly, según me contaron. Así que sí que tuviste una parte importante en nuestras aventuras. También Jim.

-¡Pues claro!-replicó él, escupiendo las tortitas que tenía en la boca.

-¿Milly Solovieff? Me cuesta creerlo-repuso Sissi con asco. Luego siguió mirando a Ulrich, aunque ya no dijo nada porque estaba dolida por sus últimos comentarios.

-No puedo creer que Dunbar también esté en esto…-comentó Jim rematando el desayuno con una lata de soda.

-No… yo tampoco-reconoció Yumi mirando a Jeremy con cierto enfado. No le gustaba que se la ocultasen cosas… y menos aún ese tipo de cosas.

-¿Podré yo ir a Lyoko, Belpois? ¡Sabes que yo estoy preparado para todo! No me da miedo luchar…-dijo Jim apretando sus puños y pegando golpes a un monstruo imaginario.

-No sé, Jim, es que Ulrich y Yumi ya son profesionales… guerreros expertos… esta es una misión delicada-le explicó Jeremy, riendo.

-¡Pero yo también soy un guerrero, Belpois!-insistió Jim, que claramente se moría de ganas de un poco de acción. Pobre… todavía no tenía bien claro a qué clase de amenaza se estaba enfrentando. Si tan solo pudiera recordar a las ratas, las avispas, el osito godzilla, los lobos, los zombis o las excavadoras entre tantas otras perlas que XANA les había mandado en aquellos tres años en Kadic…

-Bueno. Lo mejor será que pague ahora y nos marchemos-Jeremy se levantó, dando por finalizado el desayuno. Los demás le imitaron. Yumi y Ulrich insistieron en pagar su parte, mientras que Jim que no llevaba nada encima tuvo que dejarse invitar, y Sissi "se dejó" también, descaradamente.

-Es hora de irse…-dijo Jeremy. Él y Sissi se subieron enseguida al viejo coche de Jim, mientras que Yumi se montaba en su Mercedes. Lo había cogido antes de dejar Kadic solo para no tener que ir en el mismo coche que Sissi. Para su sorpresa, alguien se sentó de copiloto al lado suyo.

-¿Te importa? No quiero ir con la princesa de los gritos-dijo Ulrich guiñándola un ojo con complicidad. Yumi sintió las ganas de devolverle la sonrisa, pero no lo hizo. Seguía enfadada porque la había escuchado aquella mañana… y además, estar así era la única forma de mantener a raya sus sentimientos.

-Nos vemos en la nave… la reconoceréis porque es azul, y las demás son grises-dijo Jeremy antes de que Jim arrancase su coche. Yumi consultó la ruta en su Mapps. Tenían que buscar una zona de naves industriales ya fuera del área metropolitana de París.

-¿Ulrich? ¡Esperad!-Sissi quería bajarse para ir en el otro coche, pero Jim ya se había metido en la carretera y era tarde. Cruzada de brazos, la joven se encogió en su asiento mientras pensaba enfurruñada en las duras palabras de Ulrich. "No eras de fiar" ¡Claro que lo era! Más… que ahora… Sissi echó la cabeza hacia atrás, dolida. ¿Qué le estaba pasando?

-Necesitamos un poco de música para animar el ambiente…-dijo Jim mirando a Jeremy de soslayo, y distinguiendo su preocupación-voy a ver dónde tengo a Survivor…

En el coche de Yumi sí que se necesitaba música y cuanto antes: reinaba el silencio más violento al que Ulrich se había enfrentado en su vida, y eso que con sus padres había tenido que sufrir unos cuántos. Yumi conducía con el ceño fruncido. Pensaba en Hatori y en que necesitaba verlo cuanto antes. Ojalá terminasen pronto con aquella locura… solo de pensar que hacía solo un día su vida era perfecta…

Bueno… "perfecta"…

Ulrich miró a Yumi de reojo. Luego se cruzó de brazos, y al rato volvió a descruzarse.

-Oye… lo siento…-dijo finalmente. Yumi suspiró. Ya se lo estaba esperando. Ulrich siempre actuaba así, era como el mecanismo de un reloj.

-Olvídalo-le dijo ella, ceñuda. Si la había estado escuchando, ya le daba igual.

-… no debería haberte besado-completó Ulrich. Yumi le miró con sorpresa-no quería ponerte en ese compromiso.

-¿Qué? Nno, a ver… no pasa nada lo… lo entiendo…-estaba balbuceando. Por favor, no podía perder el control de ese modo, tenía que serenarse-mira, Ulrich… creo que los dos nos hemos equivocado y… y yo también lo siento. Perdona si te he dado la impresión de que quería… bueno… ya me entiendes.

Pero Ulrich no la entendía. Arqueó una ceja, mientras la miraba con atención.

-¿La impresión? Tú también me besaste-señaló, picajoso. Yumi asintió mientras su mente trabajaba a toda velocidad para pensar una respuesta.

-Sí, es cierto. Te besé. Llevaba mucho tiempo sin verte y… y me equivoqué. Pero quería hacerlo, tienes razón-reconoció, cortante-al igual que tú me disculpo por ello. No quiero que haya nada malo entre nosotros… solo espero que puedas entenderlo.

Yumi notó que Ulrich seguía mirándola fijamente, y se empezó a poner más nerviosa. Casi se salta un desvío de la carretera principal, así que se forzó a sí misma a centrarse e ignorarlo. Al rato se dio cuenta de que no iba a poder hacerlo. Aquella conversación la estaba molestando profundamente, y no tenía muy claro por qué pero sentía como si Ulrich (y su propio subconsciente) la estuviesen culpando por ello.

-¿Qué pasa?-preguntó Yumi finalmente, mirando a Ulrich con curiosidad. Él se encogió de hombros, con una sonrisa.

-Nada…

-Lo digo en serio.

Ulrich rió levemente.

-Es solo que… estaba pensando… en que nunca había hablado así contigo… es como si no nos conociéramos.

Yumi notó como la sangre le empezaba a hervir. Aquellos días tenía paciencia para pocas tonterías.

-¿De qué estás hablando?-preguntó haciendo un esfuerzo por mantener su autocontrol. Ulrich en cambio no fue capaz de contenerse más.

-Venga ya Yumi, me entiendes de sobra. Me hablas como si nos hubieran presentado en un bautizo, o algo así. ¡Maldita sea, ¿por qué no puedes hablar claro, como antes?!

-Ulrich, ¿qué estás diciendo?-Yumi dio un volantazo para coger el siguiente desvío. Detrás suyo un coche la pitó, pero ella le ignoró totalmente-ya te lo he dicho, no tengo tiempo para esto. Si quieres disculparte, por mí bien, pero de verdad, tenemos que dejarlo estar. Hay cosas más importantes.

-Pues yo creo que no las hay-replicó Ulrich, acalorado-ya te he dicho que sentía haberlo hecho, pero me parece que no estás siendo sincera conmigo, y me parece que deberías serlo. ¿Por qué no me puedes decir… por qué no puedes… mirarme?

-No puedo mirarte porque estoy conduciendo-le replicó Yumi apretando los dientes. Ulrich bufó y entonces ella torció hacia una calle peatonal y paró el coche cerca de un quitamiedos. Luego lo dejó en standby, y miró a Ulrich con fiereza. El tragó saliva. Ya estaba preparado para aquella mirada ardiente de Yumi, pero al recibirla de ese modo tan directo sintió que se derretía.

-Vamos a ver… quieres hablar claro. Vale, bueno, pues hablemos-dijo Yumi mirándole de brazos cruzados-¿qué quieres de mí? ¿qué quieres que te diga? ¿Qué sí quería besarte? De acuerdo, sí, quería y… y lo disfruté. Es cierto… pero tú ya sabías eso. Ahora dime qué… ¿qué quieres ahora…? ¿Qué piensas hacer ahora con esto?

Ulrich la miró fijamente. Yumi parecía capaz de matarlo en ese momento, de furiosa que estaba. No la veía así desde hacía muchos años… de hecho, la última vez que se vieron, también ocurrió de ese modo…

-Porque si hablamos de claridad, Ulrich, eres tú el que nunca ha sido claro-dijo Yumi, dolida. Ese era el principal motivo por el que habían roto hace tanto tiempo-… yo solo quiero que tú me digas…

Ulrich se inclinó hacia su asiento y la besó dulcemente. Yumi se quedó estática unos segundos, indecisa, y finalmente le correspondió. No podían seguir así, tenían que terminar con aquello. Pero si terminaba con aquello, terminaría con Daniel… él no iba a enterarse, claro, pero Yumi sabía que no sería capaz de seguir a su lado después de eso. Eran demasiados sentimientos.

-No puedo hacerlo… no puedo…-susurró. Ulrich la estaba mordiendo en el cuello, totalmente cachondo, pero al oírla decir eso se separó, obediente.

-Vvale, nno pasa nada…-dijo con voz ronca-creo que…

-¡No!-Yumi volvió a besarle con desesperación, y moviéndose un poco pasó de su asiento al del copiloto, sentándose encima de Ulrich. Él jadeó levemente al sentirla presionarle su erección, y luego le metió las manos por debajo del jersey, disfrutando del tacto ya casi olvidado de su suave piel. Oooooh, sí, ahí seguía, tan suave, tan caliente, casi le quemaba las yemas de los dedos.

-Yummi… no creo que me pueda contener…-gruñó Ulrich mientras enterraba la cabeza entre sus pechos.

-No puedo… no podemos…-volvió a decir Yumi, cambiando de idea. Nuevamente Ulrich alejó la cabeza de ella con obediencia, pero entonces Yumi volvió a tirarse encima de él y se besaron. La chica le quitó el abrigó al alemán para poder disfrutar mejor del tacto de su escultural cuerpo. Se estaban moviendo de una forma tan fogosa que el coche vibraba violentamente.

-¿Qué hacen, mamá?-preguntó un niño que pasaba por la calle señalando al interior del coche.

-Qué vergüenza, llamaré a la policía…-respondió ella metiéndole prisa para dejarlos atrás mientras los observaba con reprobación.

-Yumi…-Ulrich se zambulló de nuevo en los labios de la chica, dándole un húmedo beso en el que ambas lenguas se entrelazaron como si se estuviesen dando un abrazo. Sus cuerpos se saludaban como si fuesen dos viejos amigos ¡cuántos años habían pasado, cuántas noches extrañándose el uno al otro, echando de menos sus manos, su sabor, sus vientres, sus piernas…! Todo el cuerpo del uno estaba perdidamente enamorado del otro. Era tan indescriptiblemente gozoso el volver a enrollarse de esa forma como si fuesen dos adolescentes inexpertos de nuevo, que ambos eran incapaces de pensar ni de hablar en ese momento.

Finalmente siguieron besándose en la boca y el cuello mientras se recostaban en los asientos traseros del coche, el uno encima del otro. Ambos querían seguir, llegar hasta el final… pero sabían que ese no era el momento.

-No podemos llegar tarde…-susurró Yumi-Jeremy…

-Lo sé…-Ulrich la acarició el cabello, pensativo-pero quiero hacerlo… antes de que cambies de opinión…

-No lo haré…-rió Yumi. No podía creerse lo que estaba diciendo. Pero era lo más sincero que había salido de su boca en mucho tiempo-te quiero Ulrich… tal vez sea el miedo a morir o que… no lo sé… pero te quiero…

-Yumi…-Ulrich la besó con fuerza y luego la apretó contra su cuerpo-llevo años creyendo que esto no podía pasar… intentando convencerme…

-Yo también-corroboró Yumi asintiendo enérgicamente. Se dio cuenta de que estaba llorando. Enternecido, Ulrich la secó las lágrimas y las bebió de sus mejillas.

-No llores… todo saldrá bien… salvaremos a Odd y Aelita… y mataremos a XANA… después… después veremos…

Era el momento de moverse. Ulrich sabía que ahora no podían demorar su pasión, porque debían estar en el aeródromo de Patrick cuanto antes, por el bien de Jeremy. Sí, estar de nuevo entre los brazos de Yumi era lo que más ansiaba en el mundo… pero tendría que esperar un poco más. El mundo entero corría peligro…

Pero es que el mundo estaba en sus brazos.

-Una última…-Ulrich volvió a darse un largo y movido beso con Yumi, y después se separaron, volviendo a sus asientos. Yumi suspiró mientras trataba de que le bajasen los colores. Ulrich se secó el sudor de la frente, sonriendo con amplitud. Se había arriesgado mucho al besarla… pero su corazonada había sido cierta, ella lo estaba deseando tanto como él. Joder, se sentía tan feliz. ¡Ella lo estaba deseando tanto como él! Sí que le había echado de menos…

-Bueno… me… me alegro de que hayamos hablado claro-dijo Yumi mientras arrancaba y se recolocaba el cabello. Ulrich silbó mientras colocaba las manos tras la cabeza y cruzaba las piernas tratando de bajar su erección.

-Sí… eso está mucho mejor…

El resto del trayecto fueron hablando de trivialidades, como de lo que habían estado haciendo en aquellos últimos seis años, de sus parejas, sus empleos y sus sueños… para Ulrich estar allí hablando con ella de esa forma de nuevo era casi como haber vuelto a ser virtualizado en Lyoko… no era algo de este mundo. Yumi no lo era.

Cuando llegaron al aeropuerto los demás ya les estaban esperando. Jeremy no dijo nada, pero al verlos salir tan callados entendió enseguida lo que debía de haber pasado entre ellos.


Echando un vistazo a su móvil mientras volaban Jeremy volvió a observar el punto de Aelita. Se sentía tan lejos de ella que se mareaba. Llevaban dos años siendo inseparables… él sabía que la había descuidado. De hecho, antes del comienzo del virus su matrimonio hacía aguas, Jeremy lo sabía. Habían sido algunas peleas, luego las muchas horas de trabajo y el cansancio, aquella compañera de trabajo que él había conocido… Pero estaba decidido a arreglarlo. No perdería a Aelita, ni por XANA ni por él mismo. Iba a traerla de vuelta. Y después, oh, vaya… iba a hacerle el amor hasta que los dos terminasen rendidos.

Aelita por su parte también pensaba en Jeremy. Aunque la verdad, tenía mucho menos tiempo para hacerlo: la noche en el sector de lava era mucho más peligrosa que el día, y todos los monstruos virtuales se habían pasado la noche buscándolos. Las tarántulas con sus morros olfateaban el terreno siguiendo su rastro en el mapa de bytes, y los avispones y las rayas sobrevolaban el cielo en busca de cualquier indicio sospechoso.

-Ese es el quinto que pasa ¡no nos van a dejar salir!-Odd observó desde detrás de unas piedras a un enorme cangrejo que pateaba torpemente esquivando las corrientes de lavas mientras seguía buscándolos-y yo sigo en ayunas… joder.

-William dijo que fuésemos al principio del sector… cuanto más cerca estemos de la salida, más pronto podremos alcanzarles cuando vengan-razonó Aelita que elaboraba complicadas estrategias en su cabeza, intentando ver el modo de salir de todo aquel lío. Atrapados en el mundo virtual. Una vieja pesadilla que se hacía realidad.

-Lo de William me tiene rayadísimo-Odd fue a sentarse al lado de Aelita y la miró con atención. Ella trazaba líneas en el suelo, aparentemente inconexas, pero que en realidad tenían todo el sentido-¿Jeremy le avisó desde el principio? ¿Desde cuándo tenéis ese escáner?

-William contactó con Jeremy, no Jeremy con William-clarificó Aelita aún concentrada en los círculos-William pensaba que era XANA, al igual que él. Le conoce mejor que nadie…

-No es para menos… estuvo metido en su culo casi un año-recordó Odd. El William malvado era algo que todavía le perseguía en sus pesadillas (aunque tampoco iba a negar que le ponía un poquito, algo que jamás le hubiera admitido a sus amigos en su época de estudiante en Kadic).

Liberar a William del cautiverio de XANA era uno de los actos de los que más satisfecho se sentía Odd, aunque eso tampoco lo hubiese confesado nunca.

-Jeremy suponía que XANA podría llegar a vulnerar las defensas de la fábrica…-recordó Aelita, sonriendo con amargura. Pues claro que podría llegar a hacerlo-… así que creó un plan B con William, en secreto. Con los planos del escáner construyeron otro secreto en Glasgow, en la vieja casa de los Dunbar, y así contábamos con una salida de emergencia, llegado el caso.

-Como ha pasado-musitó Odd. Se puso de pie y paseó por el círculo de rocas por el que se habían escondido. Su cola giraba a la vez que él. Todavía no se había acostumbrado a volver a tenerla.

Odd miró a Aelita exasperado, y luego estalló sin poder contenerse más.

-¿Y por qué ha sido tan tonto? ¡Si sabía que XANA podía cargarse la fábrica, nunca debimos ir allí desde el principio!-dijo.

Aelita conocía lo suficientemente a Odd como para verlo venir. Pero ahora tampoco tenía paciencia para aquello. De hecho para Odd no había tenido paciencia desde que habían empezado el viaje.

-Teníamos que dejarle creer que él estaba ganando, para que diera un paso en falso, como ya lo ha dado-explicó la pelirrosa con enfado-¿No lo ves, Odd? De momento tú y yo estamos en su sector, y ya sabemos todos los monstruos que nos tiene preparados… ¡podemos llegar hasta su núcleo!

-¡Estamos tan cerca de vencer a sus monstruos como de llegar hasta ese núcleo! ¡A años luz!-saltó Odd ofuscado, dándole una patada a una piedra, furioso. Aelita le miró con profundo desprecio. No podía soportar cuando se comportaba así. Odd tenía ese lado cariñoso, divertido y dulce que todos amaban. Pero también tenía un lado egoísta y cruel que solo mostraba a unos pocos… casi siempre a los que más le querían.

-Ya te lo dije en la Ermita, podías no haber venido-le dijo a Odd apretando los dientes. Él la miró pasmado. ¿Qué estaba diciendo?-en lo que a mí respecta, no tendríamos por qué haberte pedido ningún favor.

-Ojojo… vale, tiempo-dijo Odd poniendo las manos frente a Aelita y riendo burlón. Sabía que eso la ponía de los nervios, y era precisamente lo que quería hacer. Enfadarla-oye, princesa, si es por lo de las navidades, lo siento pero tengo malas noticias: no me importa. Yo hice lo que tenía qué hacer… fuiste tú la que…

-¿De qué estás hablando?-chilló Aelita, rozando el histerismo. Odd sabía que era un poco pronto para sacar el tema de las últimas navidades. Pero era algo que los dos se habían estado callando desde que se habían reencontrado la mañana del día anterior-Odd yo no guardo nada de ese día, nada en absoluto… ¡no me importa! y si me vas a decir que tú no querías lo mismo mejor no digas nada, porque estarás mintiendo.

-¡Ja! Ahora soy yo el que miento…-Odd cogió a Aelita por los hombros y la obligó a mirarle, muy serio. Seguían siendo casi de la altura, pues ninguno de los dos había crecido demasiado desde sus tiempos en Kadic-claro que quería princesa… te habría follado sobre el sofá de tu salón, ahí mismo, sin quitarme la ropa… te hubiese follado tan fuerte que tus gritos habrían hecho subir a todos los vecinos…

-Aaaaaah…-Aelita tembló un poco mientras se encogía, intimidada. Odd hablaba de aquella forma sucia y agresiva que le había escuchado con otras chicas otras veces. Aquella forma de hablar con la que ella había fantaseado en tantísimas ocasiones en el baño…

-¿Crees que no he pensado en hacerlo ahora? Ulrich no es el único que la tiene tiesa con Yumi… apenas he podido mirarte… porque me daba miedo lo que pudieses hacerme hacer.

-Yo no… yo no he hecho nad…-dijo Aelita, pero Odd la tapó la boca con fuerza. Ella le miró, asustada. ¿Qué iba a hacerle él? ¿Llegarían hasta el final esta vez…?

Durante las pasadas navidades Odd había hablado con Aelita por teléfono, y le había dicho que se pasaría por su ciudad a visitarlos. Aelita le dijo que se lo comunicaría a Jeremy para quedar con él, pero eso había sido mentira: después de colgar, Aelita no le había dicho nada a su marido. Una idea había empezado a surgir en su mente… una ávida idea.

-¡Hola Aelita!

-¡Odd, ¿qué tal estás?!

Se habían abrazado y luego el chico había pasado al interior de la casa. El chico la notaba un poco extraña: el abrazo había sido demasiado largo. Era una impresión leve, ligera, pero el abrazo había sido demasiado incluso para dos viejos amigos. Ahí Odd había comenzado a sospechar.

-Ey… ¿dónde anda Jeremy?-preguntó al entrar en el salón, dejando su abrigo sobre un pequeño perchero. Jeremy era muy desordenado en la casa, pero Aelita había dado a su modesto pisito un aspecto elegante y bonito, muy cuidado. Era como entrar en la casa de un hada, con todos los muebles florales y las paredes pintadas de verdes y rosas.

-Jeremy no está… tiene trabajo…-Aelita se mordió el labio mirando a Odd que miraba la casa con curiosidad. ¿Qué iba a hacer? ¿Se lanzaba o no se lanzaba? Era demasiado peligroso… no sabía si se iba a atrever…

-Habérmelo dicho… bueno, mejor, ¡más comida para nosotros!-se carcajeó Odd. Luego reparó en la expresión de Aelita. Vaya… era muy distinta a la habitual. Odd reprimió un escalofrío. Sus muchas aventuras entre las sábanas de las mujeres desde los quince años le hacían tener un basto conocimiento sobre sus expresiones, conocimiento con el que ni siquiera Ulrich podía competir. Odd sabía ver el deseo a más de un kilómetro. Y el rostro de Aelita… era puro deseo.

-Si… más para nosotros…-susurró Aelita con voz aguda. Odd asintió y se fue acercando lentamente a ella. Aelita le miró, estaba sonrojada, pero dispuesta a seguir adelante. Odd había sido su mayor crush en la juventud. Siempre había estado enamorada de Jeremy, pero Odd… Odd siempre había sido su preferido. Se entendía con él, eran tan parecidos… al mirarlo a los ojos se preguntó… ¿cómo podía haberse casado con Jeremy?

-Aelita…-Odd le puso una mano en la barbilla acercándola hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros. La otra mano del chico se posó en el vientre de Aelita y fue bajando hasta pararse en la falda de la joven-… mi princesa…

Entonces los labios de ambos se juntaron. No tuvieron tiempo de pensarlo, porque enseguida estaban abrazándose con ferviente ardor mientras sus lenguas se enredaban y sus bocas se comían. Odd deslizó su mano al interior de la falda de Aelita y la acarició en su intimidad llegando cada vez más profundo, mientras ella prorrumpía un grave gemido y le clavaba las uñas en la cabeza.

-Joder… joder, Aelita…-Odd se quedó a cuadros cuando ella se abrió el escote desvelando sus pechos. Blancos, redondos… no eran muy grandes, pero tampoco eran pequeños. Odd se relamió como un gato al contemplarlos. Vaya par de premios.

-Llevo queriendo hacerlo… desde Kadic-suspiró Aelita mientras se recostaba en el sofá, mirándole. ¿Qué esperaba él para hacer el siguiente movimiento? Quería que la besara, que la hiciese daño… quería que le demostrase lo que era el sexo de la marca Odd, del que tantas chicas siempre hablaban.

Pero Odd se había quedado quieto, callado. La última frase de ella le había hecho pensar. ¿Por qué nunca se había llegado a declararle a Aelita en Kadic? Desde luego le gustaba, le gustaba desde que la había visto por primera vez en su primer viaje a Lyoko, y le gustaba mucho. El estudiante Odd se moría por el cuerpo de Aelita, por su risa musical y sus comentarios agudos. Estaba perdidamente enamorado de ella.

-No-dijo Odd, apretando los puños. Aelita le miró con sorpresa.

-¿Qué?-preguntó la chica, con voz ahogada.

Era Jeremy. Odd nunca se había declarado a Aelita por él. Junto a Ulrich Odd era su mejor amigo, de hecho era más, era un hermano. Odd se sentía tan unido a Jeremy como a Ulrich, y era por ello que ni Aelita ni Yumi estaban en su lista, por mucho que le dolieran las dos.

Odd sabía que Jeremy estaba también enamorado de Aelita, su amigo se lo había confesado una noche, y que la quería más que a su vida. Y todos daban por sentado que ellos eran la pareja ideal. Odd en cambio era famoso por no tomarse nunca las cosas en serio. Así que estaba claro… en Kadic él le había dejado la vía libre a Jeremy.

Y eso no iba a cambiar ahora.

-Lo siento princesa, no puedo. Quiero a Jeremy. No puedo hacer esto-dijo Odd mientras se reajustaba la ropa e iba a por su abrigo.

-¡Para!-le pidió Aelita, asustada de verlo en disposición de marcharse-¡Yo también quiero a Jeremy, pero…!

Odd se volvió y la miró con enfado.

-¿Pero qué?-preguntó Aelita vaciló. Él sabía perfectamente lo que ella estaba pensando. "Pero a ti te quiero más".

-Odd… no te vayas…-le dijo Aelita, negando con la cabeza desesperada. Luego se llevó las manos a los cabellos, tirándose de ellos sin poder soportarlo más-¡No te vayas por favor Odd, NO PUEDO SEGUIR CON ESTO SOLA!

Le dio una patada a la mesa y un jarrón se cayó, rompiéndose en el suelo. Odd tragó saliva, mientras los ojos, enrojecidos, amenazaban con empezar a llorar.

-No estás sola Aelita. Jeremy está contigo-dijo muy serio, y luego salió de allí. Aelita no podía creerse que le hubiera cerrado la puerta en las narices. Respirando entrecortadamente se dejó caer en el suelo al lado del jarrón roto, y sin poder contenerse rompió a llorar. Jeremy no estaba, Jeremy no estaba nunca, y ella no podía soportar más aquel encierro.

Ella estaba enamorada de Odd, siempre lo había estado en Kadic, en aquellos años estaban más unidos de lo que ella lo había estado con ninguna otra persona hasta el momento. Nunca debió haber elegido a Jeremy. Se había equivocado. Pero en la vida no hay segundas oportunidades, el tiempo no las permite.


-Si me hubiera quedado contigo en la casa… te juro Aelita que lo hubiera hecho. Hubiera hecho de todo-garantizó Odd mientras la soltaba la boca. Aelita le fulminó con la mirada cargada de odio, mientras se alejaba de él.

-No te importó una mierda, ni te importa ahora-siseó, amenazante-vete de una vez, Odd… no quiero interponerme en tu vida nunca más.

-Tú no te interpones…

-Pues tú sí. No sabes cuantas veces pensaba en ti en Kadic… no sabes cuantas veces esperé que me besaras cuando íbamos solos por el bosque a la fábrica…-susurró Aelita, que sí estaba llorando-me rompiste el corazón hace años, y me lo has vuelto a romper ahora… pero tú estarás acostumbrado, ¿nno es así, Odd? Porque a ti… en el fondo… ¿qué es lo que te importa?

Odd tragó saliva, negando lentamente. Las palabras le traspasaban el corazón, porque era precisamente lo mismo que el sentía. Para él, ignorar a Aelita todo ese tiempo también había sido una pesadilla.

-No te importa nada…-terminó Aelita. Odd arrugó el rostro mientras agachaba la cabeza, dolido y furioso. Apenas era capaz de pensar palabras.

Aelita se secó las lágrimas mientras le contemplaba furiosa, y entonces él levantó la cabeza y dando un salto se alejó de ella.

-Tienes razón-dijo sin mirarla. Luego dando otro salto desapareció entre las rocas volcánicas.

-No…-Aelita le vio alejarse, y escalando por las rocas lo avistó saltando a lo lejos. No podía llamarle… no podía hacerlo… ¡pero corría peligro!-¡ODD!

¿Qué había hecho? Era exactamente lo que Jeremy la había avisado: "deja a un lado todo lo que sientas, lo único importante es desactivar a XANA, después habrá tiempo para lo demás… para todo lo demás". Jeremy debía ya sospechar lo que ocurría entre ambos. Él siempre lo sabía todo. Maldita sea, debería haberle hecho caso.

-¡ODD, VUELVE!-gritó Aelita preocupada. De repente un agudo chillido la sorprendió: a lo lejos en el cielo volaba uno de los nuevos dragones de XANA… y la había visto.

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-Arf… arf…-Odd correteaba por la encrespada superficie rocosa esquivando los ríos de lava, mientras intentaba tranquilizarse. ¿Cómo podía haberle dicho eso? ¿Cómo podía ser ella así? No había sido capaz de aguantar más a su lado. Aelita era demasiado importante… cada vez que hacía el amor a una mujer, o a un hombre… cada vez que probaba el sabor de unos labios… siempre estaba el recuerdo de ella, el vacío en el interior de una mujer que jamás llegaría a poder quererle, y a la que sin lugar a dudas más quería. Era algo tan amargo que lo emponzoñaba todo, estropeaba y oscurecía todas las demás alegrías en su vida: su éxito en el arte y la música, sus amistades, sus romances…

-¡MIERDA!-Odd disparó una flecha láser al cielo, con rabia. ¿Pero qué estaba haciendo? Aquella situación no podía seguir así, había llegado a un punto de inflexión. Hablaría con Jeremy y… y le pondría las cosas claras. Él le odiaría, seguramente. Y quizás incluso llegaría a pegarle. Pero Odd no podía contener en su interior por más tiempo todo aquel mar de sentimientos. Le estaban matando.

Aunque primero, claro, tendría que hablar con ella. Y ella debía de estar sola… la había dejado desprotegida…

-Tío… ¿pero en qué estabas pensando?-se reprendió a sí mismo. ¡Tenía que volver ahora mismo!

-¡AAAAAAAAAAAAH!-el grito de Aelita le confirmó sus peores temores: ella se retorcía desesperada en las fauces del dragón, que batiendo sus inmensas alas la llevaba volando por el rojo cielo del Sector Lava.

-¡FLECHA LÁSER!-gritó Odd tratando de acertarle, sin éxito-¡FLECHA LÁSER! ¡FLECHA…!

Pero corría el peligro de darle a Aelita, y Jeremy ya se lo había avisado: si les desvirtualizaban allí, sería game over. No podría recuperarlos. Pasarían a ser de XANA… para siempre.

-¡AELITA! ¡AGUANTA, AGUANTA POR FAVOR!-gritó Odd corriendo tras el dragón, pero este enseguida le dejó atrás. Resollando, al límite del esfuerzo, Odd se detuvo y maldijo para sí. La había perdido. Joder, todo era culpa suya. Nunca debería haberse marchado, si tan solo hubiera tenido el valor de hablarlo con ella…

Se dejó caer en la rocosa superficie, recuperando la respiración. Mierda… estaba muerta… mierda…

Pero no lo estaba… el dragón no la había disparado.

"XANA… la quieres a ella…-Odd se levantó lentamente, mientras se le abrían los ojos por fin al plan de su diestro adversario-es eso lo que estabas buscando… no es venganza… es… es a Aelita…".

La necesitaba para algo. Y conociendo a nuestro amigo virtual, para algo horrible. Odd sintió un escalofrío solo de imaginarse que maldades tendría preparadas XANA para hacerle a su chica.

"Van a llevarla ante él…-pensó, angustiado. Entonces una nueva oleada de coraje lo invadió, y fue como si lo imbuyese con fuerzas renovadas-que cabrón… antes tendrá que matarme".

Y diciendo esto se alzó de nuevo, y echó a correr a cuatro patas, rezando para que Aelita pudiese resistir lo suficiente para que él llegase a tiempo.


El viaje hasta Glasgow duró unas dos horas. Yumi lo pasó mirando por la ventana mientras pensaba en su hijo. Sentado a su lado estaba Jeremy que escuchaba el concierto para piano número 21 de Mozart, y en la fila de atrás Ulrich apretado entre Sissi y Jim. El profesor de deportes había conseguido una baraja y jugaba con Ulrich, mientras Sissi miraba su móvil e intentaba sacar algún tema de conversación con el chico. Ulrich la daba largas.

-¡Vamos Stern, arriésgate o paga! ¡Aunque sea el fin del mundo, voy a poder dar buena cuenta de toda la pasta que te estoy sacando!-se jactó Jim cuando volvió a ganarle a Ulrich a las cartas. Él sonrió, vencido. La verdad es que no quería reconocerlo, pero ahora que volvía a estar con Jim sentía que lo había echado muchísimo de menos. ¡No lo veía desde que habían quedado con él hacía ocho años para tomar algo juntos y recordar los viejos tiempos académicos!

No era un sentimiento que esperaba tener respecto a un profesor. Mientras Jim barajaba las cartas y charloteaba sin parar Ulrich se le quedó observándole fijamente. De niño siempre le había admirado, aunque no lo dijera. No es que quisiera ser como él, ni se tragase todas sus fantasmadas… pero Ulrich sabía que Jim era una buena persona. Y eso era lo que más admiraba de él.

-Vaya mierrrda de vuelo, a ver si por lo menos aterriza en condiciones…-Sissi se quitó sus cascos con los que había estado escuchando a Lady Gaga y miró por la ventanilla-¿esto es Escocia? Por Dios que… que mojado.

-Aquí llueve mucho, es lógico, son tierras verdes-comentó Jim.

-Odio a los ingleses-gruñó Sissi de mal humor mientras se hundía en su asiento.

-Que los escoceses no te oigan decirles "ingleses"… hay un debate con todo eso-le avisó Jim-regla número uno del viajero, conocer las neuras de los habitantes del lugar.

-En eso tienes razón, Morales-rió Ulrich mientras le guardaba las cartas y se disponía a bajar.

-Oye, en eso y en todo Stern. Serás muy adulto, pero el profe aquí sigo siendo yo-respondió Jim, siguiéndole la broma.

-Ay Jim…-Sissi puso los ojos en blanco mientras miraba su móvil. No tenía mensajes ni siquiera de su padre. Se temía que ya hubiese sido contagiado por ese tal XANA…

Bajaron del avión y Jeremy se despidió de los pilotos que había contratado para aquella ocasión especial.

-Mil gracias Andreas, a la vuelta lo celebraremos con Patrick-dijo el chico mientras le hacía una educada inclinación de cabeza, en lugar del apretón de manos.

-Cuídate, Belpois…

-Bueno-Jeremy se volvió a Yumi, Sissi y Ulrich y les sonrió mientras les señalaba la salida del pequeño aeropuerto-ahora es cuestión de encontrar la casa de William.

-Genial…-Ulrich inclinó la cabeza con sarcasmo. La idea de volver a ver a William no le atraía demasiado… sobre todo por Yumi… ya estaban camino de arreglar las cosas, y le preocupaba lo que ese reencuentro pudiese significar.

-Vale… voy a pedir un uber, porque paso de que me llueva-dijo Sissi contemplando las nubes mientras encendía la aplicación en su móvil.

-Iremos andando-se apresuró a decir Jeremy obligándola a bajar el móvil-ya os lo he dicho, los vehículos no son seguros. Pero tranquila, la casa de William no está muy lejos…

-Yo no lo veo tan claro-replicó Sissi groseramente.

-Pues es lo que hay-cortó Ulrich-¿para qué has venido?

Cortada por el ataque del chico Sissi se abrazó a sí misma y desistió de hablar. Yumi se odió a sí misma por sentir lástima de ella, pero entendía que se sintiese mal por el trato de Ulrich. Ella también lo había experimentado.

-Muy bien Belpois, muy bien-Jim siguió a Jeremy a paso ligero al exterior del aeropuerto (donde tuvieron que firmarles sus visados) y después por las calles de la ciudad-¿y si XANA envía a sus monstruos aquí? ¿Podría yo luchar contra ellos entonces, no? ¿Podría…?

-En ese caso sí, claro, de hecho ya lo hiciste en su momento-recordó Jeremy mientras recorría las calles con paso seguro. Había visitado ya dos veces la ciudad desde el inicio de la pandemia, para asegurar la construcción del escáner-pero no cuentes con ello… creo que está vez XANA tiene otros planes en mente…

-Pero ya lo vencisteis, ¿no? Tú mismo lo has dicho Jeremy-recordó Jim con una sonrisa satisfactoria-le habéis hecho morder el polvo muchas veces…

-Sí, lo sé, pero siempre existe la excepción que confirma la regla… no me gustaría que fuese esta, la verdad.

Jeremy había estirado un poco eso de que "William vivía cerca". Tuvieron que recorrer casi toda la ciudad hasta llegar a un tranquilo barrio pegado al bosque, donde en uno de los chalets, viejo y desgastado, había un número 6 y un "Dunbar" en la placa. Jeremy asintió y luego tocó el telefonillo en espera de respuesta. No respondieron.

-Genial….-volvió a decir Ulrich sonriendo bajo la mascarilla. Yumi le dio un codazo, y él la tomó de la mano, cariñoso. Se moría de ganas de volver a estar con ella… otra vez a solas.

Sissi no pasó por alto aquello. Se quedó mirando a la pareja con los ojos muy abiertos. "Era obvio que iba a pasar, pero no significa nada, todavía puedes recuperarlo… tranquila… tranquila….".

Pero ya le dolía otra vez.

Jeremy volvió a llamar nuevamente al telefonillo, esta vez más preocupado. Cada pequeño desvío del plan le ponía en estado cardiaco, aunque lo disimulase a la perfección con la sangre fría y calma que le había caracterizado desde niño. ¿Y si XANA había atacado a William? ¿Y si se había adelantado a su plan?

Pero se equivocaba: unos minutos más tarde les abrió una mujer. Era de la edad de ellos, alta, rubia y esbelta. Muy hermosa. Ulrich, Jeremy y Jim abrieron mucho los ojos, a cuadros, mientras Sissi y Yumi alzaban la cejas, escépticas.

-Vaya William… sí que has cambiado-comentó Ulrich, al más puro estilo del humor de Odd.

-Tú debes de ser Ulrich-dijo la chica con una gran sonrisa-pasad, os estábamos esperando. Jeremy…

-Hola, Lara-Jeremy volvió a hacer su inclinación de cabeza y luego entró en el jardín detrás de la chica. Detrás les siguieron el resto. Con su instinto de cazador de siempre, Ulrich echó un vistazo reconociendo todo lo que allí había: un viejo cortacésped, una tumbona y una mesa, y más alejado un Ford negro. Ulrich arqueó una ceja, curioso. Era un buen coche. A William no parecía irle mal.

-¡Jeremy…! ¡Yumi!-William bajó las escaleras de la casa, con una camiseta negra típica en él y unos vaqueros rasgados. No había cambiado mucho desde la última vez que se habían visto, allá en torno al 2013: bastante alto (metro 87), de pelo largo y negro y piel pálida. Estaba sin embargo más delgado que en sus tiempos de adolescente, y se le veía algo descuidado: tenía ojeras y sombra de barba, lo que sin embargo por otra parte reforzaba su aspecto atractivo y misterioso. Seguía siendo ese chico deseable e intrépido que había impactado a todo Kadic con su llegada años atrás.

Yumi también llevaba menos años sin verle, pero el impacto fue igual de fuerte. Casi se había olvidado de lo guapo que era… y de lo mucho que se parecía a Hatori.

-Joder… me alegro mucho de veros-dijo William mientras se echaba hacia atrás la espesa cabellera negra (Ulrich tuvo que reconocer que el pelo lo había conservado muy bien, no había diferencia entre él ahora y a los quince años)-Ulrich… hola tío…

-Hola William…-respondió él secamente. Se alegró por una vez de que existiera el virus para no tener que darle la mano.

-Y habéis traído a Sisser y al viejo Jim, ¡jajajajaja!-William les saludó también a ellos con una seca cabezada-¡ahora sí que es un reencuentro!

-Es Sissi-le recordó ella, fulminándole con la mirada. William y ella se habían enrollado en el último curso de él, pero William no debía de acordarse, porque estaba bastante borracho. No debía o no quería, claro.

-¿A quién llamas viejo, Dunbar?-tronó Jim, indignado-¡tú sí que estás fatal! ¡Has perdido mucho tono muscular, y me parece que no me has hecho caso y sigues bebiendo! ¿Es que esta linda señorita no cuida de ti?

-Oh, Jim…-rió Lara, sonrosada ante los palabras aduladoras del profesor. Ulrich se acordó de cuando le tiraba de los tejos a Yolanda.

-Está señorita es mi vida, y cuida de mí perfectamente-dijo William besándole la mano a Lara cariñoso. Ella le lanzó una apasionada mirada. Estaban realmente muy enamorados-no te preocupes por eso Jim… hacemos mucho… ejercicio…

-Mmmmn, ya-el profesor suspiró mientras se quitaba la mascarilla con calma-bueno Dunbar… ¿y a qué te dedicas ahora? Lo último que supe de ti fue que dejaste la carrera de ingeniería…

-Joder Jim, pues sí que te quedaste atrás-respondió él con una jovial sonrisa-a mí padre casi le da un ataque al enterarse… ahora trabajo como profesor. Enseño francés ¿sabes? En el instituto Wallace es donde conocí a Lara…

-¿Eres profesor, en serio? ¡Caray, un colega de la profesión!-dijo Jim sin poder ocultar su emoción-¡Ven aquí muchacho, venga! Estoy orgulloso de ti…

-Ja… he pensado mucho en ti Jim, si te soy sincero. Ahora veo las cosas desde tu perspectiva… no sé cómo nunca me diste una buena hostia-bromeó William mientras le daba unas palmaditas en la espalda.

-Bueno, bueno, ganas no me faltaron, no te voy a mentir-confesó Jim sonriendo-pero… ¡bueno! Me has dejado impresionado… ¿y tú, Lara, qué asignatura impartes?

-Matemáticas y tecnología…

-Ella es quién me ha ayudado junto a Aelita-explicó Jeremy considerando que ya eran suficientes presentaciones. Debían apresurarse para actuar-el escáner está en el subsuelo de la casa.

-Es una habitación secreta. La construyeron durante la Segunda Guerra Mundial como almacén de armas… ahora almacena algo más peligroso...-explicó él, y sus ojos se cruzaron con los de Ulrich, mirándole fijamente por un momento. Él reprimió un escalofrío. Seguía sin estar seguro de qué sentía frente a su reencuentro con William: durante los últimos años en Kadic y en la universidad habían llegado a ser buenos amigos, pero siempre había existido esa rivalidad, esa tensión entre ellos. Y Ulrich jamás había podido olvidar su enemistad en Lyoko. Aún podía ver a William con su enorme y afilada espada y su siniestra ropa negra. Aún podía oír esa voz, la voz de XANA, hablando a través de su garganta.

-Localizamos a Aelita y a Odd ayer por la noche-explicó Lara echándose a un lado su larga melena rubia. Sissi la miró poco impresionada-de momento están bien aunque…

-Están bien, están bien-se apresuró a decir William, cortando a su novia con una sonrisa nerviosa-es verdad que a veces perdemos la conexión, pero al rato volvemos a contactar. Odd está tan gracioso como siempre…

-Mmmmmn… ¿Y hace cuánto que habéis vuelto a contactar?-preguntó Jeremy frunciendo el ceño. William y Lara se miraron, preocupados, antes de volver a hablar.

-Tres horas…-confesó él, dejando ver por fin su preocupación-es el intervalo más largo desde la primera conexión. Esperábamos que tú…

-Vamos a bajo.


Jeremy solo necesitó un minuto para instalarse en la computadora del sótano de William, encendiendo el holomapa de Lyoko y el escáner. Apoyados en una pared Ulrich, Lara y Yumi le observaron hacerlo, mientras William y Jim preparaban unos aperitivos en la cocina y luego bajaban con ellos. Sissi por su parte permaneció sentada a un lado, mirando de vez en cuando de reojo a Ulrich y Yumi, que se daban la mano. Estaban concentrados en Jeremy así que no hacían nada, aunque en un momento él acercó sus labios al cuello de ella y depositó un suave riego de besos en él, haciéndola suspirar. Yumi le apartó enseguida, recordándole que estaban acompañados, pero Sissi ya lo había visto todo.

-"Hijo de puta…-pensó ella, tratando de contener el llanto-¿por qué siempre Yumi? ¿Por qué siempre… otra?". Desde que se había dejado de hablar con Ulrich Sissi había tenido varios novios. El último de ellos, Nathan, había estado cerca de casarse con ella… hasta que la había dejado por otra. Sissi había llorado, había sentido… no era capaz de entender porque todo el mundo podía vivir su final feliz con la persona de sus sueños… ¡pero si hasta Herb se había casado!

-¿Vino, Sissi? Te veo pálida-dijo William acercándole la bebida galantemente.

-Gra…gracias-farfulló ella mientras cogía el vaso y le daba un buen trago. No tardó en volver a repetir.

Toda aquella situación era surrealista a ojos de Sissi: todos compañeros de tantos años en Kadic, incluido Jim, pendientes de lo que el nerd de Jeremy tecleaba en el ordenador como si fuese lo más importante del mundo. Maldita sea, odiaba Lyoko. Odiaba Lyoko, a XANA y todas esas estupideces. Y resulta, encima, que no se acordaba de ninguna de esas aventuras que había vivido con ellos. Sissi se preguntaba si algo de todo aquello era cierto o una locura… estaba dispuesta a ignorarlo, mientras pudiese acercarse a Ulrich… pero no podía.

-Tengo a Odd, pero no a Aelita-dijo Jeremy rascándose la cabeza-¿cómo?

-¿Jeremy? Eeee ¿eres tú?-la voz de Odd resonó en el monitor, jadeante-¿ERES TÚ, JEREMY?

-Eeeeeeh sí, Odd soy yo-dijo Jeremy ajustándose las gafas mientras tecleaba frenéticamente-¿dónde está Aelita?

-Sí, eh… se la han llevado… un dragón… estoy yendo a por ella ahora mismo tío.

-¿QUÉ?-saltó Jeremy, furioso. Odd ya se lo estaba esperando-¿ODD, QUÉ HA PASADO?

-Joder… no deberían haberse quedado juntos-susurró Ulrich a Yumi, y William y Sissi también lo escucharon.

-Oye, yo estoy bien, eh, gracias… y nos podrías haber comentado que William también estaba metido en…

-Odd, dónde está mi mujer-dijo Jeremy apretando los puños-¡Teníais que permanecer juntos!

-¡Para empezar todo esto fue idea tuya, no tendríamos que habernos separado ninguno si hubiera salido bien!-la voz de Odd sonó muy enfadada desde los altavoces. Jeremy iba a replicarle algo muy fuerte, cuando decidió suspirar hondo y serenarse. De nada serviría discutir con Odd ahora. Lo fundamental era recuperar a Aelita.

-Vale, Odd, bueno. Ya estoy en la casa de William, con él, con Ulrich y Yumi.

-¿Puedes mandarlos?-preguntó Odd que seguía corriendo a saltos por el sector lava siguiendo en la lejanía al dragón que llevaba a Aelita.

-No, todavía no. Ellos vinieron en el Skidbladnir… lo que significa que tengo que cargarlo de nuevo si quiero…

-Vale, vale, a mí no me lo cuentes-le cortó Odd concentrado en lo suyo.

-Estás solo Odd… pero llegaremos enseguida-intervino Ulrich tomando el auricular y hablando con su amigo. La voz de Ulrich le dio a Odd ánimos renovados. Así que estaba bien…-Odd, ¿puedes rescatar a Aelita tú solo?

-¿Estás de broma, no? ¡Pues claro que puedo!-replicó Odd, orgulloso-¡pero de todas formas, a ver si venís de una puñetera vez, porque aunque está claro que soy el mejor guerrero de Lyoko yo solo no puedo cargarme a todos los bichos nazis estos! ¿Vale?

-El mejor guerrero de Lyoko-repitió Ulrich burlón mientras le devolvía el micro a Jeremy-¿cuánto tardarás en cargar el Skid?

-Unas horas, tiene que resetearse entero…

-¡¿Qué?! ¡Será broma!-exclamó Ulrich indignado.

-Einstein, joder-protestó Odd desde el micro.

-Tiene que cargarse todo el vehículo-explicó Jeremy con infinitésima paciencia-la última vez tardé meses en montarlo, entended que tenemos suerte.

-Yo no lo llamaría así-replicó Ulrich.

-Bueno, así tendremos tiempo de prepararnos-dijo Yumi tomándole de la mano para tranquilizarle-¿podemos subir arriba? No nos necesitas, ¿no Jeremy?

-No, la verdad es que no-respondió él mirando a Yumi con locuacidad. Su amiga había entendido que ahora necesitaba concentración, y como siempre le había ayudado enseguida.

-Pues vamos-dijo Yumi tirando de Ulrich, y los dos subieron las escaleras.

-Odd, ¿sigues ahí?-dijo Jim cogiendo el micro y mirando por la pantalla del ordenador-¿está ahí dentro metido?

-Más o menos-respondió Lara, riendo.

-¿Jimbo? ¡JAJAJAJAJAJA, ¿en serio?! ¡TÍO, ¿QUÉ TAL TE VA?!-rió Odd con ganas.

-Ya me podrías haber dicho antes que luchabais en Lyoko… te habrías ahorrado un par de castigos-dijo Jim con voz benévola.

-Ja, ya…-Odd se rascó la cabeza, pensativo-¿oye, al final me hiciste caso? ¿Habrá "Paco el rey de la disco 2"?

-No me lo puedo creer…-gruñó Jim con una disimulada sonrisa.

-Si no te importa concentrarte Odd, me gustaría que recuperases a mí esposa-dijo Jeremy con voz fría.

-"¿Tú esposa la que ya te ha intentado poner los tochos dos veces?"-pensó Odd para sí, pero prefirió callarse el comentario. Ya habría tiempo de hablar las cosas, si es que vivían para contarlo.

La prioridad ahora era Aelita.


Lentamente, había recobrado el sentido. Cuando vio a varios metros más abajo la lava y escuchó el batir de las alas del dragón, entendió dónde se encontraba. ¡El dragón, era cierto! ¡Maldita sea, habían vuelto a cogerla! No es que fuese su culpa, había sido Odd quién… Odd… oh Dios, ojalá estuviese bien.

-Suélta…me…-chilló Aelita forcejeando contra las fauces del dragón, pero este no las aflojó ni un poquito. Pensó entonces en utilizar una bola de energía, pero era demasiado arriesgado: la caída la mataría seguro, y entonces no podrían desvirtualizarla. Estaba en un callejón sin salida, y XANA sabía esto.

-William… ¡William!-Aelita trató de llamar al chico, pero sin éxito. No debía de tener conexión con ella. "Oh Odd por favor… ven a salvarme… ven pronto". Pero no vio al alocado rubio de pelo de pincho por ninguna parte. Estaba sola, de nuevo sola en el mundo virtual, como al principio. Sola con XANA.

Y allí estaba XANA.

Aelita abrió mucho sus verdes ojos al ver el inmenso halo de luz roja que brillaba. Era una especie de columna de energía roja, que brillaba en medio de aquel oscuro paisaje infernal. La luz venía de la energía de XANA. Y la luz era XANA, por quién todo había sido hecho. Aelita cerró los ojos cuando el dragón se internó en el vórtice, y sintió como la luz la abrasaba la piel al tragársela. Luego solo hubo oscuridad.

Y luego… ella.


-¡Yia! ¡KYA!-Yumi le propinó una fuerte patada a Ulrich, pero él la detuvo con la mano. Luego otra patada, que el muchacho detuvo también utilizando los antebrazos.

-Sigues en forma-dijo el chico mientras seguían moviéndose en círculos. El jardín de William era lo suficientemente ancho como para que los dos pudiesen moverse con comodidad. Un buen entrenamiento, como los que solían hacer durante su tiempo como pareja.

-No es cierto-lo desmintió Yumi, enfadada consigo misma-he perdido mucho fondo… hace años te habría hecho morder el suelo.

-¡Ja! Eso lo dices porque vas perdiendo-la picó Ulrich, y Yumi contraatacó dando una voltereta en el aire y luego sacudiéndole un fuerte puñetazo. Ulrich retrocedió, dolorido, pero luego realizó un contraataque en tres movimientos cortos con los que consiguió inmovilizarla, y de una patada en el suelo raso, tirarla al suelo. Luego se sentó encima de ella, mirándola con aquellos hipnóticos ojos de color castaño mientras esbozaba una tierna sonrisa. Yumi notó como todo el cuerpo le temblaba al verle sonreír de esa forma. Ulrich era irresistible cuando el deseo se apoderaba de él.

-Suéltame…-pidió Yumi forcejeando, y Ulrich, acercando sus labios a los de ella, la besó. Fue un beso cortó, que enseguida hizo que todo el cuerpo de Yumi aullase con ganas de más.

-No creo que lo haga-dijo Ulrich, y la besó otra vez, y otra, y otra más.

-Sigue…-pidió Yumi, y sujetándole las mejillas con las manos lo besó con mayor intensidad. Ulrich llevó sus manos descaradamente a los pechos de la chica y los apretó con lujuria. Al sentirlo Yumi ahogó un gemido, y él disfrutó mordiéndola en el cuello como ya había intentado hacer antes.

-No voy a volver a soltarte… nunca…-susurró Ulrich con voz gutural. Yumi sonrió, abriendo mucho los ojos, pero luego un pensamiento cruzó su mente, y entonces dejó de hacerlo. No podía seguir… Ulrich… había algo que debían hablar…

-Ulrich… escucha, quiero…-farfulló Yumi con voz ahogada.

-Sí, yo también…-él la siguió besando y luego la levantó con delicadeza señalando el garaje donde estaba el Ford de William-ahí podemos…

-No, escucha. Quisiera hablarte-dijo Yumi. Ulrich se detuvo y lentamente pareció volver a la realidad. ¿Hablarle de qué?

-Ulriiiich-Sissi bajó al jardín, interrumpiéndolos. Ambos la miraron sin molestarse en ocultar su enfado.

-¿Qué pasa?-preguntó Ulrich cruzándose de brazos y lanzándola una mirada de desdén. ¿Podía parar Sissi de molestar algún día? No parecía posible.

-Jeremy quiere hablarte, dentro…-dijo la chica tras vacilar un momento, algo cortada-es sobre el Skypie ese…

-Skidbladnir-la corrigió Ulrich-vale, vamos…

-Ha dicho que solo tú… Yumi debe ir luego…-dijo Sissi atropelladamente-por unos códigos o algo así…

Ulrich y Yumi se miraron, extrañados, pero finalmente Yumi asintió, y Ulrich obedeció siguiendo a Sissi al interior de la casa. En el fondo, la japonesa agradecía la interrupción.

-"¿Cómo se lo digo… cómo lo hablamos…?"-Yumi daba vueltas por el jardín mientras intentaba permanecer serena. Maldita sea, tenía que hacerlo, aquello no podía seguir de esa manera… pero tenía miedo. Miedo de perderle otra vez… no estaba segura de poder abrir su corazón lo suficiente para ello.

-¿Ulrich? ¡Oh!-Yumi dio un respingo al comprobar que el que venía no era el alemán, si no William, que la sonrió con calma.

-Así que… ¿volvéis a estar juntos?-dijo, rodeándola sin poder evitar su curiosidad.

-No… bueno, no lo sé-dijo Yumi cruzándose de brazos. William la sonreía ahora pícaramente, y a ella no le gustaba eso nada de nada.

-Ha sido la emoción del reencuentro. Lo entiendo, yo también la… la siento. Sigo sintiendo cosas por ti-dijo tomándola del cabello y oliéndolo como si aspirase un caro aroma de perfume.

-William, para. Lara…

-Ella y yo tenemos una relación totalmente sincera-dijo él y a Yumi le pareció que estaba siendo honesto en eso-yo nunca le he ocultado que sigo teniendo sentimientos por ti. Pero estoy enamorado de ella. La quiero más que a mi vida.

-Vaya, eso es muy… bonito.

-¿Ulrich no te da poesía?-preguntó William mientras bebía directamente de la botella de vino-o solo te da… de otras cosas…

-Veo que no has cambiado nada-dijo Yumi cruzándose de brazos-¿cómo debo sentirme ante eso?

-Tú has cambiado mucho, en cambio, y eso sí que lo siento-dijo William con su irresistible voz ronca. Yumi no pudo contener un escalofrío. La verdad es que reencontrarse con William y Ulrich en casi el mismo día era más de lo que su feminidad podía soportar. Sus dos amores de juventud, tan atractivos como siempre y ambos rugiendo desesperados por ella, aunque pretendiesen ocultarlo.

-No quiero sexo, Yumi-dijo William adivinando sus pensamientos. Ella se sonrojó, confirmando lo que él decía-me gustaría, pero no puedo hacerlo… ya no puedo.

-Ya, ni yo tampoco-Yumi asintió mientras se recolocaba el cabello y tragaba saliva-¿pero entonces, William…? ¿Entonces qué quieres… ahora?

La sonrisa de William se fue borrando rápidamente, mientras él miraba a los lados confirmando que nadie los estuviese escuchando. Luego se acercó a ella, y habló en un tono más bajo.

-Quiero que hablemos… de nuestro hijo.


-Jeremy no quiere verme ¿verdad?-preguntó Ulrich con voz seca cuando Sissi lo metió en una pequeña habitación donde estaba la lavadora y la plancha. Ella se volvió y le miró sonriendo pícaramente. Tenía las mejillas rojas. Ulrich no tardó en deducir que había abusado de la bebida que William les había ofrecido hacía rato.

-¿Te apetece un cigarrillo?-le ofreció Sissi, riendo tontamente mientras sacaba una cajetilla del bolso.

-Mira, se está haciendo de noche, y no tengo tiempo para esto-dijo Ulrich intentando contener su enfado mientras lo apartaba de ella-¿Por qué no te vas a un hotel y luego…?

Pero Sissi no le dio más tiempo: saltó sobre él y enredando sus piernas en su torso comenzó a besarle apasionadamente.

-¡Mmmmmmn!-protestó Ulrich intentando quitársela de encima, pero ella era insistente. Sabía muy bien, eso era cierto. Sissi siempre le había aprecio a Ulrich lo suficientemente atractiva como para follársela mil veces. De hecho, desde que se conocían de niños él había fantaseado muchas veces en secreto con ellos teniendo sexo. Fantasías turbulentas y eróticas que le habían dado muy buenos ratos en la cama o en el baño. Solo había un pequeñito detalle que hacía imposible que algo así ocurriera: la personalidad de ella. Ulrich era totalmente incapaz de besar o de sentirse atraído por alguien tan egoísta, cruel y estúpida como lo era Sissi.

Así que una vez más, actuó como actuaba siempre.

-¡Sissi!-Ulrich la separó de su cuerpo y la sentó en la lavadora, mirándola con enfado. Ella le había alborotado el cabello y le había dejado el cuello lleno de marcas de carmín. Ulrich se las limpió a regañedientes mientras ella abría sus piernas y le mostraba sin ninguna vergüenza que ya no llevaba bragas.

-Vamos Ulrich… puedo darte lo que quieras… créeme, soy muy buena… mejor de lo que pueda llegarlo a ser ninguna otra…

-Ya te he dicho que no, joder. Sissi, no me interesas, lo siento-dijo Ulrich, cortante.

-¡Ulrich!-Sissi le agarró el brazo, zarandeándole. Él la miró con sorpresa-pero tú…¿no lo entiendes? Te quiero… te quiero muchísimo… te he echado muchísimo de menos…

-Pues yo no, ¿vale?-Ulrich sabía que estaba siendo cruel, pero estaba muy enfadado. Ya estaba suficientemente tenso con todo lo que estaba ocurriendo y con el miedo a volver a perder a Yumi como para que encima Sissi andara metiéndose en medio. Era lo que le faltaba.

-Ul… Ulrich…-Sissi se quedó helada al oírle hablarla de esa forma, y le miró con los ojos vidriosos por las lágrimas.

-No vuelvas a meterte entre Yumi y yo-dijo Ulrich, y se marchó sin decir nada más. Sissi notó como la lavadora temblaba bajo sus piernas, y entonces sin poder contenerse rompió a llorar desconsolada. La había roto el corazón… de nuevo.


-¿Por qué nos estás ayudando?-le preguntó Yumi a William. Él estaba de pie detrás de ella, en la parte trasera de la casa. Desde allí se veía la puesta de sol en el bosque. La verdad es que era bonito. Pero por algún motivo ese bosque le recordaba al de Kadic, y le hacía echarlo muchísimo de menos.

-Es lo menos que puedo hacer-dijo William con seriedad-yo sabía que XANA estaba detrás de esto. Por eso contacté con Jeremy le ofrecí mi ayuda y la de Lara…

-¿Lo sabías?-Yumi le miró con incredulidad.

-Te lo digo en serio, Yumi-respondió él alzando las manos-yo la… la conozco mejor que nadie, ¿recuerdas? Sé cómo se comporta… en cuanto escuché la noticia supe que había vuelto a actuar.

-¿"La"?-repitió Yumi con sorpresa.

-Y además, tengo una responsabilidad, ¿no?-dijo él bajando un poco le tono-¿cómo está Hatori?

Yumi suspiró mientras lo pensaba. Su hijo crecía sano y feliz, aunque es cierto que le daba tantos problemas que era como si fuesen cinco.

-Está bien. Se parece un poco a Hiroki, en personalidad. Aunque también tiene cosas tuyas… es romántico.

-Ja… eso es ciertamente mío-reconoció William sonriendo melancólico-¿y tú… tú eres feliz?

Ella le miró extrañada. "Pues claro que sí"-iba a decir. Pero no fue capaz de hacerlo, no supo por qué.

-¿Vas a dejar a Daniel?-preguntó William nuevamente adivinando lo que la rondaba la cabeza ahora. Yumi palideció. No estaba preparada para enfrentar eso con otra persona. Pero bueno… hubo un tiempo en el que confiaba en William… tal vez podía volver a hacerlo, después de tantos años.

-No lo sé-dijo finalmente-Hatori necesita un padre…

-Pero tú quieres a Ulrich.

-Pero es muy repentino. Tú lo has dicho, la emoción del reencuentro-dijo Yumi. William rió y le pasó la ya casi vacía botella de vino. Yumi la aceptó sin reparos.

-Sabes que eso no es cierto…-dijo William mientras la observaba beber y le limpiaba una gota que corría por su barbilla. Joder, sí. Estaba muy tentado-… sabes que no lo es.

Yumi se terminó la botella y luego la dejó a un lado. La luz violeta le daba un aspecto místico, parecía una de esas princesas japonesas escapada de una preciosa leyenda.

-No, no lo es, es cierto. Le quiero. Pero tengo un hijo, William… y ya tiene un padre.

-En realidad tiene dos-la corrigió el, bromeando-por uno más no va a pasar nada.

-No, tiene uno-le cortó Yumi, y esta vez William se dio cuenta de que se había pasado. No era un tema agradable de tratar, por supuesto-cuando te pedí responsabilidades, no quisiste aceptarlas. Daniel sí lo hizo. Él cree que el hijo es suyo… y así seguirá siendo.

-Ya… claro…-susurró William afectado-no me entiendas mal, yo no quiero interponerme. Sé que no soy quién para hacerlo…

-Es por Hatori. Por Hatori me casé con Daniel, y por él ya soy una mujer de cuarenta cuando ni siquiera tengo treinta años-dijo Yumi con voz ronca-pero se lo debo. Es mi hijo. Y haría lo que fuera por él.

-Incluso matarías…-susurró William pegándose a su oreja. Yumi cogió las tijeras de podar que estaban cerca y se las colocó en el cuello, haciéndole reprimir un escalofrío por el gélido acero.

-Incluso.

Hubo un breve silencio. Ambos observaron la luna en cuarto menguante que se asomaba en el cielo, Yumi sumida en una tempestad de pensamientos mientras William buscaba las palabras con las que abordar la situación. Era demasiado complicado para los dos.

Finalmente sin embargo fue Yumi la que rompió el silencio, cosa que William agradeció enormemente.

-No sé qué haré, pero de momento debemos destruir a XANA. Después de eso reconsideraré mi vida, y… y espero que esta vez me salga mejor.

-Yo estaré, sí me necesitas-dijo William tomándola de las manos. Yumi negó lentamente, con una amarga sonrisa.

-Te necesité una vez, y no estuviste.

-Y no pasa un día en que no me arrepienta de ello-William agachó los ojos con enorme tristeza, y ella vio que era sincero. Vaya… nunca pensó que vería a William de ese modo. Conmovido, derrotado-… Yumi, si se pudiese volver al pasado…

-Pero no podemos. Por eso es mejor que aprovechemos el día. Y quizás, que hablemos como lo hacen los amigos…

-Eso me gusta-dijo William reconociendo. Luego algo pareció abordar su mente-pero Ulrich… ¿lo sabe…?

Yumi despegó los labios para responder, cuando la voz del propio Ulrich los sorprendió.

-Sí, sí que lo sé-dijo, muy serio. Yumi y William se volvieron, mirándole atónitos-ahora lo sé.

Los había escuchado al volver, al menos la última parte de la conversación. William miró hacia otro lado, cortado, mientras Yumi le miraba con tristeza. Ulrich también estaba destrozado. Aquello cambiaba mucho las cosas. Ya no estaba tan seguro de sentir lo que sentía antes… con tanto dolor, era difícil de descifrar cualquier otro sentimiento…

-Ulrich, yo… nunca fui capaz de decírtelo…-Yumi avanzó hacia él extendiendo los brazos, pero Ulrich no se los cogió.

-¿Cuándo fue…?-preguntó con voz ronca-¿antes o después de que nos viésemos aquella vez… cuándo tú ya habías decidido irte con Daniel?

-Fue… fue después…-susurró Yumi desconsolada-tú te fuiste cuando te dije que me quedaría con Daniel y… yo estaba fatal… fui a casa de William y…

-Surgió sin más-explicó él mirando a Ulrich con atención-no hubo más veces… una fue suficiente.

-Ya-Ulrich fulminó con la mirada a William, pero él no se achantó ni un poquito-podrías habérmelo… contado.

-Iba a hacerlo Ulrich… créeme… quería decírtelo…-dijo Yumi poniéndole las manos en los hombros y mirándole desconsolada. Pero Ulrich la desvió la mirada.

-Yo siempre creí…-Ulrich hablaba con voz lejana, como si estuviese a cientos de kilómetros de allí, en medio de un mar de amargura-que después de que nos acostásemos… siempre pensé que Hatori…

Entonces el desconsolado rostro de Yumi cambió. Poco a poco la rabia se apoderó de ella mientras se apartaba de Ulrich.

-Tú creías que Hatori era hijo tuyo…-susurró, dolida. Ulrich tragó saliva, dándose cuenta de que había metido la pata. Detrás de él William le miró con cara de "te acabas de suicidar".

-No, no creía… solo sospeché…

-Sí, ¡lo creías!-Yumi se apartó de él, dolida y furiosa. Ahora veía las cosas mucho más claras-¿por eso nunca volviste a llamar? ¿por eso te fuiste de París?

-¡Claro que no! ¡Joder, Yumi!-Ulrich se defendió intensamente-¡Yumi, yo nunca te habría dejado si hubiese estado…! Pensaba que tú no querías que yo lo supiese… pensaba que… que preferías llevar esa vida con Daniel…

-Pensabas que acabaría volviendo a ti…-dijo Yumi hundiendo los hombros. Sentía una enorme tristeza.

-Al principio sí… pero el tiempo pasa tan rápido… han sido seis años…-Ulrich no supo seguir. Ya no hacía falta decir nada más, porque ahora estaba todo claro.

Ulrich miró a William que le devolvió la mirada y luego ambos volvieron a mirar a Yumi. Ellos tres, como había sido desde el principio. Yumi debía admitirlo, Daniel nunca había podido ocupar su lugar, ni siquiera había existido realmente. Solo eran Ulrich y William… y ahora ninguno, porque los dos la habían roto el corazón.

-Nada de esto importa chicos…-dijo William, intentando solucionar las cosas-tú misma lo has dicho, Yumi… lo que importa es lo que decidáis ahora.

Ulrich la miró, expectante. Él quería seguir a su lado… pero ella…

-Tienes razón… nada de esto importa-dijo Yumi, y dándole la espalda a los dos volvió a la casa. La escucharon cerrarse en el baño, aunque no pudieron oírla llorar, porque lo hizo en susurros. Ya se había acostumbrado a hacerlo.

Ulrich y William se quedaron en silencio, mientras el manto de la noche los cubría.

-Oye… lo siento…-dijo William apenado-debería habértelo dicho entonces…

-Ella no hubiera querido…-dijo Ulrich, quitándole importancia. Luego le miró fijamente-¿tienes que estar siempre en medio, eh?

-Hago lo que puedo, Stern-dijo William sonriendo con malicia. Ulrich asintió y luego se cruzó de brazos.

-¿Y tú… qué piensas hacer con Hatori?-preguntó inclinando ligeramente su cabeza.

-Nada. Perdí mi oportunidad. Le he enviado dinero a Yumi a veces, pero siempre me lo ha devuelto… y no creo que él me conozca, al menos de momento-dijo William con pesadumbre. Ulrich le escuchó, absorto. Quizás William tenía razón… quizás era mejor así.

Iba a irse, cuando William le cogió del brazo y le miró muy serio. Ulrich le miró expectante.

-Pero créeme… tú serías un mejor padre para él de lo que yo nunca sería. O de lo que es Daniel.

-Ya, eso seguro-dijo Ulrich sonriendo con tristeza, y luego se dirigió hacia la casa. Se detuvo en el umbral antes de entrar-me va a costar que quiera hablar conmigo ahora.

-La has reconquistado después de seis años, ¿no?-comentó William con sarcasmo-ánimo, que no será tan difícil.

-Eres un capullo-dijo Ulrich sin poder contener la risa.

-Sí, pero admite que algo me has echado de menos-le provocó William guiñándole un ojo.

Ulrich jamás, jamás, JAMÁS lo habría admitido. Vamos, antes habría preferido volver con Sissi al cuarto de la lavadora que pasar por aquello.

Y hablando de Sissi.


-Lo siento Sissi, pero es imposible. XANA te vincula con nosotros por algún motivo, así que tienes que quedarte aquí. Es por tu propia seguridad-dijo Jeremy sin apartar los ojos de la pantalla del ordenador. Odd se estaba acercando al objetivo.

"Por algún motivo… serás hijo de puta"-Sissi fulminó con la mirada a Jeremy y luego a Jim, que estaba sentado a su lado comiendo ganchitos mientras ojeaba le ordenador y hacía preguntas todo el rato.

-¿En algunas de esas versiones alternativas antes de que volviéramos al pasado, Yolanda y yo… bueno, ya sabes… teníamos algo?-preguntó el profesor malfingiendo su interés.

-No que yo recuerde-respondió Jeremy con voz de autómata mientras seguía tecleando. El Skidbladnir estaba casi al punto.

-No quiero quedarme aquí-insistió Sissi, ceñuda-he consultado el horario de vuelos y… y puedo irme en el de última hora…

-Dudo mucho que te dejen… vamos Sissi-Jeremy hizo una pausa un momento para girarse y confrontarla finalmente-¿no lo entiendes? Estamos en peligro. Una noche aquí, es todo lo que te pido, nada más.

Sissi negó lentamente, mientras Jeremy suspiraba y volvía a centrarse en el teclado.

-Venga Sissi, todo saldrá bien, no te preocupes-la tranquilizó Jim mientras se terminaba el cuenco de ganchitos-En cuanto hagan la vuelta al pasado tú y yo volveremos a Kadic… y no nos acordaremos de nada, ¿verdad?

"De nada… bueno… entonces seguiré enamorada de Ulrich… pensando en él todos los días aunque él… me odie"-una lágrima surcó nuevamente los ojos de Sissi, corriéndole su rímel. ¿Por qué parece que nunca podemos estar con las personas que más amamos? ¿O es que son las que más queremos precisamente porque no podemos estar con ellas?

-Jeremy, te traigo los datos que me pediste ¿quieres que te traiga algo de cena? –Lara le pasó un pen drive a Jeremy mientras bajaba las escaleras del búnker y recogía las sobras que había dejado Jim.

-¡Tranquila cariño, yo te ayudo con eso!-dijo el profesor apresurándose a limpiar las migas que había dejado por el suelo.

-Cena no quiero, pero más agua me vendría bien, por favor-dijo Jeremy tecleando rápidamente-y avisa a Ulrich y Yumi… el Skid está casi listo.

-Muy bien-Lara subió nuevamente las escaleras seguida de Jim. Sissi se quedó observándolos subir. En unos momentos el sótanos estaría nuevamente lleno con todos. Y entonces vería si era cierto eso de la teletrasportación a un mundo virtual, que seguía sin creer demasiado. Por Ulrich. Solo había hecho todo aquello por él. Y ahora ya no importaba.

Una imagen asomó a la cabeza de Sissi: el Ford negro aparcado en el garaje del chalet de William. Si nadie quería llevarla al aeropuerto… tal vez podía ir ella misma por su cuenta y riesgo…


-Por favor…

-No

-Venga, solo un momento.

-No es el momento, Ulrich-Yumi le dio la espalda mientras bajaba las escaleras del baño hacia el sótano de William. Él la siguió, nervioso. Igual que aquella mañana en el motel. No sabía cómo llegar hasta ella. Solo sabía que necesitaba llegar como fuera.

-Por favor, Yumi…-Ulrich se la adelantó en las escaleras y poniéndose delante de ella la detuvo-¡Yumi!-ella le miró con enfado.

-No quiero hablar de esto ahora. Cuando acabemos…

-Pues yo sí quiero hablar, Yumi-Ulrich caviló un segundo, buscando las palabras. Con ella siempre le faltaban, pero no sería así esta vez-Yumi… te prometo que yo nunca más… nunca te volveré a hacer llorar.

El enfado de Yumi desapareció fugazmente, siendo sustituido por una emotiva sorpresa, pero enseguida volvió a ponerse seria. Esta vez sin embargo no apartó a Ulrich de enfrente suyo.

-Jeremy nos espera… ya habrá tiempo para esto más tarde.

Ulrich no estaba de acuerdo, pero terminó por ceder. Al menos ahora no estaba tan furiosa. Él sospechaba que en el fondo deseaba arreglar las cosas tanto como él. Sus labios seguían hambrientos el uno del otro.

-¿Sissi está con vosotros?-preguntó Jeremy cuando bajaron al sótano. Ulrich vio en la pantalla que el Skidbladnir ya estaba cargado. Podían volver a Lyoko.

-No, no está-respondió acercándose a la pantalla-andará por ahí maquillándose…

-Es que parecía enfadada… me da miedo que…

-¿Podemos volver ya a Lyoko?-le preguntó Ulrich a su amigo, con un deje de impaciencia. Jeremy negó con la cabeza.

-¿Has discutido con ella, Ulrich?-preguntó mirándole fijamente. Yumi también miró a Ulrich con sorpresa. El chico se limitó a mover la cabeza, molesto por sus miradas.

-Supongo que sí… ¿pero qué pasa?

-Ulrich, ¿no lo entiendes? ¡Tenemos que permanecer juntos!-saltó Jeremy, sin poder contener más su exasperación.

-¡Tú también habrías hecho lo mismo si ella te hubiera…!

-¡Ha cogido el coche!-Lara bajó las escaleras y miró a los chicos con nerviosismo.

-¿El coch…?

-¡Nuestro coche! ¡Se lo ha llevado!-exclamó la joven, señalando al exterior. Ulrich y Yumi miraron a Jeremy, preocupados.

-Oh no…-dijo el rubio, asustado. Ella había cometido un grave error.


-"… a continuación en Kiss UK una canción que te hará recordar a ese amor de instituto que seguro que tuviste… When I Was Your Man, Bruno Mars… ¡disfrutadla!"

-¡Joder!-Sissi cambió el dial, malhumorada. Solo le faltaba eso. Miró entre los discos que tenía William en el coche, pero todos eran de grupos de rap y rock de principios de los 2000, no le interesaban.

Mirando en el maps de su móvil vio que no quedaba ya mucho para el aeropuerto. Acababa de reservar uno de esos billetes de pasaje baratos de última hora. Con suerte a las doce estaría en Orley, y de ahí podría volver a Kadic, o a su piso, o a dónde fuera. Le daba igual. Solo quería alejarse de allí lo máximo posible.

-Te… te odio…-se susurró, mirando una foto de Ulrich que guardaba entre los archivos ocultos de su móvil. Pero no se creía sus propias palabras. No le odiaba. Nunca sería capaz de odiarlo.

Sissi torció distraída en una calle peatonal y casi atropella a una vieja escocesa que empezó a insultarla en el dialecto local. Luego se metió en la avenida principal, donde había algo de atasco. Nerviosa, empezó a pitar para meter prisa.

-¿A qué esperan? ¡Vamos!-gritó, dándole con ganas al claxon.

De repente, la pantalla del coche se puso negra. E instantes después un símbolo rojo, brillante y sangrante, apareció en el centro. "¿Será la gasolina?"-pensó Sissi. Pero luego se quedó paralizada. Qué tontería, no era la gasolina. Era XANA. El mismo símbolo que había visto brillar en los ojos de Jim el día anterior en el bosque. Pero eso significaba…

-Mierda…-Sissi torció en contradirección, ganándose una buena pitada de los otros coches, para luego aparcar en una calle lateral. Se bajaría del coche y seguiría a pie. No iba a arriesgarse.

Pero cuando iba a abrir la puerta el pestillo se bajó. Y el coche volvió a arrancar.

-¿Qué? ¡NO!-Sissi forcejeó con la puerta mientras el Ford volvía a coger velocidad y se metía en la calle principal-¡NO, JODER! ¡PARA!

Sissi agarró el volante y lo giró, pero el coche ya no la respondía. Tampoco sirvió de nada tirar de los frenos, ni siquiera tratar de abrocharse porque el cinturón no encajaba. Sissi miró horrorizada al símbolo de XANA, y entonces comenzó a forcejear con la pantalla.

-¡NO LO HAGAS! ¡NO ME HAGAS ESTO, POR FAVOR! ¡YO NO TE HE HECHO ANDA, NO HE HECHO NADA! ¡POR FAVORRRRR, NO ME HAGAS ESTOOOO!-lloró descontrolada. Entonces la radio se encendió y comenzó a cambiar de dial todo el rato. El ruido era insoportable. Sissi chilló aún más fuerte que el sonido de la radio, y XANA subió el volumen a tope. La chica se tapó los oídos, incapaz de soportar el sonido, mientras el coche subía hasta 700 km/h. Sissi veía el exterior como manchas borrosas, pero pudo distinguir perfectamente que habían salido a la autopista nacional, donde el coche podía acelerar aún más y más, sin que ningún obstáculo la detuviera. ¿Pero qué hacía, la llevaba a alguna parte? ¿O solo quería… chocarla?

-¡Por favor, PARA! ¡HARÉ LO QUE QUIERAS, POR FAVOR! ¡POR FAVOR!-gritó Sissi desesperada. Le empezó a dar fuertes patadas a la puerta, pero esta no abría. De todas formas ya no serviría de nada. A la velocidad que iba si se tiraba del coche se mataba seguro.

-¡ZZZZZZOOOOOOOMMMMM, SSSSSHYYYYYYYYYY!-el insoportable ruido de la radio la estaba destrozando los tímpanos. Sissi encendió su móvil para pedir ayuda, pero la pantalla estaba bloqueada, con el mismo símbolo que el coche. El ojo de XANA. Dios, como lo odiaba.

Notó como el corazón le latía en el pecho descontrolado, casi se le salía por la boca.

El coche se metió por una parte de la autopista en obras. El gran final estaba cerca.

-¡NOOOOOOOOOOO!-gritó Sissi, desesperada. Pero nadie iba a ayudarla.

O eso creía ella.

-¡SISSIIIII!-Ulrich cabalgó en la moto de William mientras se acercaba al Ford, como un jinete de las gestas medievales. Sissi pudo escuchar su grito desgarrador por encima del insoportable ruido de la radio, y mirando por la ventanilla trasera distinguió perfectamente a su amado acelerando hacia ella.

-¡ULRICH!-gritó Sissi con incredulidad. Su corazón en ese momento se detuvo. Había venido a por ella.

Pero enseguida volvió a latir… no podría salvarla… ¿cómo podía sacarla del coche, si estaba totalmente bloqueado?

Ulrich tenía la solución, de hecho: sacando su larga katana y hundiéndola en la ventanilla del piloto rompió el cristal dejando que el aire entrase en el coche de una bocada. Iba ya casi a 900 km/h. El viento cortaba el rostro de los dos muchachos, mientras el Ford aceleraba. Ulrich acercó la moto a la ventanilla y estiró su mano.

-¡SISSI, AGÁRRATE! ¡TIENES QUE SALTAR!-ordenó, nervioso.

-¿QUÉ?-chilló ella ¿Saltar? Se caería.

-¡SALTA SISSI, ES LA ÚNICA MANERA!-insistió Ulrich guardándose la espada en el abrigo y pegando aún más la moto-¡VAMOS, CONFÍA EN MÍ!

Sissi vaciló. Si no lo conseguía, se abriría la cabeza y quedaría hecha mermelada en la carretera. Pero confiaba en él. Siempre.

-Va…vale…-Sissi estiró una mano para salir por la ventanilla, cuando el coche se movió y golpeó la moto de Ulrich. El chico perdió el equilibrio y patinó por la autopista, a punto de salirse de ella, pero echándose a la derecha para equilibrar el peso consiguió no derrapar y volver a su persecución contra el coche. XANA estaba plantándole batalla. No dejaría que salvase a Sissi con tanta facilidad.

-¡SISSI!-volvió a gritar Ulrich, acercándose de nuevo. El coche se movió haciendo eses y obligándole a apartarse. Ulrich maldijo la mala leche de XANA mientras intentaba pensar otro modo. Sissi chillaba, desesperada. Entonces, frente a ella, vio el final: la carretera en obras terminaba; después, solo había un enorme socavón, un abismo aún sin construir, de varios metros de caída, y a esa velocidad la muerte segura. Sissi chilló descontrolada al verla, y en el traqueteo del coche se golpeó con el volante, haciéndose una herida sangrante en la cabeza.

-¡ULRICH, POR FAVOR!-gritó Sissi desolada. Ulrich apretó la mandíbula, teniendo por fin una idea . "¿Quieres jugar, XANA…? De acuerdo, juguemos"

-¡YIIIIAAAAA!-Ulrich se colocó con la moto en la parte trasera del coche, y Sissi fue hacia allí suponiendo que trataría de rescatarla por la ventana de atrás. Pero el plan de Ulrich era otro. XANA puede controlar las máquinas, eso es cierto. Pero todas tienen sus limitaciones…

¡RAS! Con un golpe seco Ulrich rompió el tanque de gasolina de la parte inferior del coche, y este empezó a perderla rápidamente, dejando un rastro de baba negra como lo hacen los caracoles. Ulrich esquivó la pegajosa gasolina y luego poniéndose de nuevo al lado de la ventanilla del piloto probó a acercarse de nuevo. El coche ahora se tambaleaba como un animal herido, mientras XANA luchaba por mantener la velocidad.

-¡SALTA SISSI, SALTA AHORA!-gritó Ulrich estirando sus brazos. Ella los tomó y haciendo un esfuerzo saltó por la ventanilla. El coche perdía velocidad cada vez más, pero ya solo quedaban unos metros para el socavón.

-¡ULRICH!-Sissi se abrazó a él apostada en la parte trasera de la moto mientras el Ford frenaba segundos antes de caer al socavón, quedándose parado justo antes de la caída-oooooh…-susurró Sissi, aliviada-ni siquiera me hubiera podido matar…

-No cantes victoria…-la avisó él. No se fiaba un pelo.

Efectivamente, el coche se giró lentamente y encendiendo las luces se dirigió hacia ellos. Aún sin gasoil XANA luchaba por controlarlo. Utilizaba toda su energía negativa para moverlo. Lo chocaría contra ellos, los mataría. En aquella raquítica moto no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir.

-Ulrich…-susurró Sissi nerviosa. Él miró al coche con los ojos oscurecidos. Sissi conocía bien esa mirada.

-Te acepto ese cigarrillo-dijo Ulrich con una sádica sonrisa en el rostro. Sissi comprendió al instante: sacando el mechero de su bolso se lo pasó, y Ulrich encendiéndolo lo lanzó hacia el rastro de gasolina que el Ford había dejado. La gasolina se prendió al instante y el rastro que llevaba hasta el coche hizo que las llamas lo alcanzasen y en un segundo saltó por los aires deshaciéndose en pedazos. Ulrich cubrió a Sissi con su abrigo para que no resultase herida, y luego, rodeados de las llamas, se alejaron rápidamente de allí.

-Ulrich… Ulrich…-Sissi permaneció agarrada al pecho del chico, incapaz de decir otra cosa. Estaba conmocionada.

-Hemos estado más cerca de morir que esto, créeme-dijo él, quitándole importancia-me acuerdo una vez en el ascensor de la fábrica…

-La moto…-Sissi señaló al aparato, preocupada.

-Es segura, Jeremy la ha protegido-dijo Ulrich tranquilizándola. Cuando se hubieron alejado lo suficiente del siniestro, detuvo la moto y la miró con seriedad-pero Sissi… no deberías haberte marchado. Todos corremos peligro…

-Lo… lo siento… fui… fui una tonta…-susurró Sissi, agachando la cabeza con vergüenza. Ulrich asintió lentamente, mirándola con atención. La verdad es que había tenido mucho miedo por ella. Menos mal que Jeremy la había localizado enseguida, gracias al rastreo de su teléfono.

-Fue… ¿por mí?-preguntó Ulrich, viendo que ella agachaba la cabeza avergonzada. Finalmente asintió, confirmándoselo-Sissi, lo… lo siento… no debería haberte tratado así…

-No, tienes razón-susurró ella, hipando. El efecto del alcohol aún era fuerte en ella-yo siempre te he metido en problemas y soy… y soy horrible… por eso no me querías en vuestro grupo aunque yo siempre… yo… lo único que quería es que vosotros…

Ulrich la miró con sorpresa. Eso no lo sabía. Él siempre había creído que Sissi odiaba a sus amigos. Nunca había pensado que tal vez lo que ella quería realmente era… formar también parte.

-Olvídalo Ulrich… nunca debería haberme metido en esto, es culpa…

Pero Ulrich no la dejó acabar. Acercándose a ella la dio un fuerte abrazo, y luego la besó con fuerza. Sissi cerró los ojos, disfrutando de aquel beso, pues sabía que aquella era una ocasión única de disfrutarlo.

-Me alegro de que sigas viva… Sissi yo… te quiero… siempre te he querido…

Sissi sonrió al escucharlo, mientras permanecía con la cabeza apoyada en su pecho, disfrutando de su abrazo. Dios mío, era maravilloso.

-…pero estoy enamorado de Yumi… -completó Ulrich-y no quiero que eso sea un problema…

Sissi ya se esperaba algo así. Lentamente asintió mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, y Ulrich se las secaba con los pulgares. Finalmente se volvió a incorporar y le miró, tratando de mostrarse serena aunque le era imposible.

-Vale… yo… lo entiendo-dijo la chica finalmente-pero me alegra que al menos…

-A mí también-dijo Ulrich, abrazándola-te he echado de menos, Sissi-confesó. Y era cierto. A la Sissi de la que una vez fue amigo, sí la había extrañado.

Ulrich fue hacia la moto y la colocó para que saliesen otra vez, de vuelta a la casa de William. Sissi le siguió, abrazada a sí misma, en silencio. Y luego se subió detrás de él, lista para partir.

-Ulrich…-susurró, antes de que él arrancase.

-Dime.

-¿Sería posible otro… antes de volver?

Ulrich se volvió y la sonrió. Bueno… después de todo acababa de salvarla la vida. En aquella situación un beso era algo comprensible.


-El acceso a Lyoko está listo para que vayáis-le dijo Jeremy a William, cruzado de brazos-¿pero estás seguro de que tú…?

-Jeremy, ya lo hemos hablado, creo que me merezco otra oportunidad en Lyoko-dijo William con semblante serio-tengo una cuenta pendiente con XANA. Y quiero cobrarla, con intereses.

-Eh, ¿puedo ir yo? ¡Yo también quiero cargarme a alguno de esos bichos!-insistió Jim que llevaba toda la tarde dándole el rollo a Jeremy con ese tema.

-Lo siento Jim pero ya te lo he dicho. Es mejor que vayan solo los guerreros Lyoko… los que ya saben cómo funciona…

-¡Oooooh, Belpois!

-¿Quieres más, Sissi?-Lara le ofrecía una infusión a la chica, que envuelta en una manta y con una enorme tirita en la cabeza descansaba sentada en el sofá del sótano, al lado de Jim.

-Gra…gracias-dijo ella bebiendo lentamente.

-Pues si ya está todo listo, hagamos una prueba con el escáner y luego os envío directamente a Lyoko-dijo Jeremy tecleando en el monitor-¿te parece si la hago contigo, William? Porque Ulrich y Yumi…

-Sí, claro-dijo William con una sonrisa mientras entraba en el escáner. Era más nuevo que los de la fábrica, pero también menos fiable, porque habían tenido mucho menos tiempo para construirlo que el que había tenido Franz Hopper (Waldo Schaeffer).

-¿Y dónde están ellos dos?-preguntó Jim sin pensarlo. Ante la mirada de todos, lo entendió enseguida. Vale, mejor no decir nada más. Ya eran mayorcitos después de todo.

En la habitación de invitados de la casa, Ulrich tomó de las manos a Yumi y acercándose la besó con fuerza.

-Creo que has hecho las paces con Sissi-dijo la japonesa en un susurro, sonriéndole. Ulrich asintió.

-Creo que a partir de ahora, las cosas van a ir a mejor-dijo.

-Creía que eras un realista, no un optimista…-le dijo Yumi, recordándole una conversación que habían tenido en una cita hacía años. Parecía tanto tiempo, y a la vez tan pocos.

-Soy un pesimista-la corrigió Ulrich abrazándola-soy un pesimista sin redención. Pero cuando estoy contigo… me pones difícil serlo…

Los labios de Ulrich y Yumi volvieron a juntarse en un beso, y entonces él la tumbó sobre la cama y entre besos la quitó su jersey negro. Yumi rió y le quitó también a él su abrigo y la camisa, dejándole solo con su camiseta interior blanca, parecida a las que solía llevar en Kadic. Yumi acarició los pectorales de Ulrich a través de la ropa mientras él depositaba besos en su barbilla.

-Jeremy no va a darnos… más de unos minutos…-susurró ella con voz ahogada. Ulrich asintió.

-Yo quiero intentarlo…-susurró. "Puede que sea nuestra última posibilidad de hacerlo…". Eso no lo dijo en voz alta, aunque los dos lo pensaban realmente-te quiero Yumi… quiero estar… el resto de mi vida contigo…

Yumi le acarició el rostro, emocionada por sus palabras, y volviendo a besarse dejó que él la tocara, filtrando sus manos por debajo de sus bragas, travieso, mientras ella le alborotaba el castaño cabello y disfrutaba del jugo de sus labios.

-Pues así más que a Lyoko los puedes mandar a los Sims…-dijo Jim en el sótano, cruzándose de brazos mientras seguía pensando en sus dos alumnos. En realidad él siempre los había visto juntos, desde la primera vez que les dio clase en Kadic, cuando se conocieron en la extraescolar de pencak silat. Se alegraba por ellos.

Y así Yumi y Ulrich volvieron a enlazarse en la pasión, una pasión que llevaba seis años esperando su reencuentro, dormida en sus corazones, pero nunca, jamás, marchándose de ellos y permitiendo que se pudieran olvidar.


XANA también había esperado demasiado tiempo. Demasiado tiempo encerrada en Lyoko, desterrada, malherida… lejos de Aelita. Pero allí estaba ella de nuevo… envuelta en su manto, en su abrazo virtual. Volvía a ser suya…

-Ostras…-Odd observó el enorme halo de luz roja que brillaba en el centro del sector lava. Rodeado por dragones y mantas el halo iba generando cangrejos y tarántulas como si fuesen hijos. Allí dentro estaba Aelita… y XANA. Hipnotizado por el brillo de la luz, Odd supo que si se metía allí dentro, sus probabilidades de terminar muerto aumentarían en un cien por ciento, como diría Jeremy.

Pero Aelita estaba dentro. Y él daría su vida por ella. Nunca se rendiría, mientras supiese que su princesa estaba en peligro. Nunca.

Así que armándose de valor Odd cogió aire y corrió hacia la luz dirigiéndole un último pensamiento a Ulrich, Yumi y Jeremy, sus mejores amigos, a los que quizás ya nunca volvería a ver.

-¡Lyoooooko!-gritó Odd antes de meterse dentro de la luz y ser tragado por ella. Se preguntó qué es lo que encontraría allí…


Aelita estaba tumbada sobre una superficie blanca. Era lisa, dura, pero a la vez inconsistente. Estaba allí y no estaba. Como el propio mundo virtual. Como todo.

-Ummmmm… ¿dónde estoy?-susurró la chica de pelo rosa rascándose la cabeza, dolorida. La teletrasportación la había dejado aturdida. Entonces reparó en algo más: el suelo tenía el símbolo de XANA. ¡Claro! Ya sabía dónde estaba… estaba con él, estaba… en su vientre.

-¡Oh, no! ¡ODD! ¡JEREMY!-gritó Aelita desesperada. Pero no hubo respuesta. Al menos no de ellos.

-Aelita-dijo una voz. Aelita palideció. Frente a ella había alguien. Era una persona. Al menos parecía una persona.

No era muy alta, pero sí delgada. No tenía pelo, ni tampoco ropa, y sus pequeños pechos turgentes colgaban de su busto mientras sus ojos verdes y brillantes la observaban atentamente. Donde debería encontrarse su vulva, sin embargo, había un símbolo: dos círculos concéntricos y unas líneas, como una diana. El ojo de XANA.

La criatura, brillante y hermosa, tendió una mano hacia Aelita, y la acarició el rostro. Ella se dejó acariciar, petrificada. No podía ser… aquella cara… cambiaba sin el cabello, pero la reconocía perfectamente… era…

-Aelita… por fin vuelves a estar conmigo-dijo XANA con una voz grave y retumbante, que sin embargo se suavizaba por la enorme ternura con la que lo decía. Aelita negó, totalmente atónita. No podía moverse, ni siquiera pensar, solo podía seguir mirándola, incapaz de mover sus ojos a ninguna otra cosa que no fuese ella.

-Ma… mamá…-susurró Aelita, y aunque no podía llorar en Lyoko, pudo sentir las lágrimas recorrer sus virtuales mejillas.

XANA.


¡Chán chán! Nunca XANA había tenido una forma corpórea en Lyoko... ¡y menos la de la madre de Aelita! En fin, ya veremos que pasa con eso.

Ha sido un capítulo muy intenso, sobre todo por las relaciones sentimentales entre los personajes (Aelita/Odd, Ulrich/Sissi/Yumi) y también el reencuentro con William, que es de mis personajes favoritos de la serie. Algunos como ya señalé antes no se han comportado de una forma muy ética (como Aelita queriendo engañar a su marido, o William rechazando sus responsabilidades como padre), pero son humanos, y todos cometemos errores. ¿Quién os ha gustado más? ¿Y cuál ha sido vuestra parte favorita? (la mía el rescate de Sissi).

En fin, espero que os haya hecho pasar un buen rato, os envío un abrazo muy fuerte y toda mi energía positiva para seguir adelante con confinamiento ¡y nos leemos muy pronto!