Capítulo 6

Observé mi rostro a través del vidrio del tren. Taichi dormía apaciblemente en el sillón a mi lado, quejándose un poco cuando cambiaba de posición, quizá algo entumecido por estar sentado.

Mi corazón palpitó con rapidez al recordar la razón por la que nos encontrábamos viajando; sin embargo, al ver cómo mi hermosa hija recargaba su cabeza en el hombro del hijo de mi amigo mientras éste dormía, entrecerré los ojos. Aquel muchacho dormía en forma idéntica a su padre. Al verlos no pude evitar recordar el pasado, cuando Taichi y yo éramos amigos.

Dejé escapar un suspiro, sintiéndome más nervioso. Me sobresalté enseguida, cuando Taichi tomó mi mano, bostezando en el proceso.

-No es tan malo como parece –él me sonrió-, sé fuerte, en algún momento tenemos que madurar y enfrentar nuestros temores.

Traté de sonreír, pero fue imposible.

-Por cierto –él sonrió con enfado-, ¿por qué tu hija está tan melosa con mi hijo?

La realidad comenzaba a golpearnos con una terrible fuerza.

-He estado pensando… -Taichi volvió a cerrar los ojos, cruzándose de brazos-… ¿qué tiene la sangre Ishida que atrae a nuestra sangre?

Yo parpadeé, sin comprender un ápice de lo que mascullaba entre dientes.

-Primero yo, después mi hermana y ahora… esto –señaló con la mano a nuestros hijos, sorprendiéndome, pero logrando que entendiera lo que trataba de decir.

-Quizá es momentáneo, como lo que sentiste por mí –ahora fui yo quien se cruzó de brazos y él abrió los ojos, sorprendido por mi comentario.

No dijo nada, tan sólo volvió a acomodarse en su asiento para tratar de conciliar el sueño.


Cuando llegamos a Tokio comencé a sentir más pesado el ambiente, mi respiración se volvió dificultosa y podía sentir cómo sudaban mis manos. Quería correr, escapar, irme…

-No pienses en huir –Tai me sonrió-, un poco de realidad no va a matarte.

Yo volteé a verlo. Cierto, la realidad no me iba a matar, tan sólo iba a lanzar mi corazón a la basura mientras le prendía fuego. Entrecerré los ojos, molesto al darme cuenta de que, si bien no iba a causarme un daño físico, sí me iba a causar un daño emocional.

Natsu me miró, algo preocupada.

-Estás asustando a tu hija –Taichi buscó entre sus ropas hasta encontrar una cajetilla de cigarros.

-Pensé que no fumabas –elevé mi ceja derecha.

-Estás pegándome tus nervios, estúpido –él dudó si sacaría un cigarrillo y lo fumaría.

-No me gusta el olor del cigarro –le arrebaté la caja y la guardé en mi chaqueta, causando su enfado.

-¿Y a dónde vamos a ir a llevar a tu hija? –entrecerró los ojos, mirándome con recelo por haber robado sus cigarros.

Al escuchar aquella pregunta abrí los labios, sin saber cómo explicar que…

-¿Qué hace éste estúpido aquí?

La voz de mi hermano menor se escuchó cerca de mi hija, mientras Taichi daba un paso hacia atrás, temiendo una agresión de su parte.

-Vino a acompañarme.

Dije, mientras me colocaba entre mi hermano y mi… ¿amigo?

-¿Por qué lo has dejado acompañarte?

Tragué saliva, nunca había visto tan molesto a mi hermano.

-Hola…

Una suave voz nos sorprendió a todos, mientras Hikari saludaba al hijo de Tai.

-Ah… hola… -respondió aquel chico, sintiéndose incómodo, al parecer.

-Te llamas igual que mi hermano, ¿verdad? –ella sonrió.

-S...sí, mi nombre es Taichi Yagami –dijo el muchacho con algo de nerviosismo.

-Mamá me pidió que si te volvíamos a ver te invitáramos a la casa –ella tomó del brazo a su esposo, mientras Takeru entrecerraba los ojos-, ya nos vamos, Natsu debe estar cansada, al igual que mi sobrino.

El chico volteó a ver a su padre, mientras éste entrecerraba los ojos.

-Me niego a que vayas con ellos –aquel moreno se cruzó de brazos-, pero es tu decisión, Taichi.

Aquel chico se sintió como entre la espada y la pared; se notaba que deseaba ir con ellos, pero a la vez deseaba estar con su padre.

-Gracias por la invitación –el muchacho se dirigió a Hikari-, pero debo declinarla, lo siento.

-Oh, está bien –ella pareció algo dolida por su respuesta-, avísame cuando quieras ir a la casa.

Natsu se despidió de nosotros, mientras se tomaba del brazo de mi hermano. Los tres comenzaron a caminar por la estación, alejándose.

-Por un momento pensé que tu hermano me lanzaría a las vías del tren –Taichi se cruzó de brazos-, pudiste haberme dicho que Takeru y Hikari iban a venir, para lanzarme yo mismo.

-Un poco de realidad no va a matarte –lo dije con sarcasmo y él pareció refulgir en llamas al escucharme.

-La realidad no va a matarme, pero sí tu hermano –él metió la mano a mi saco para quitarme sus cigarrillos y prender uno-. Dios, no debí venir, sabía que era mala idea. Estoy maldito en Tokio.

Volteé a mirar a su hijo, mientras éste me devolvía una sonrisa.

-De verdad mi padre odia Tokio. ¿Pero por qué su hermano odia tanto a mi padre?

-Por un problema del pasado, Taichi –dejé escapar un suspiro-, por mi culpa, de hecho.

-¿Fue tan grave como para que todos odien a papá?

Yo volteé a verlo con sorpresa, sintiéndome terrible al escuchar aquella pregunta.

-Todo depende del cristal con que se mire.

Él asintió, mirando a su padre, el cual iba ya muy alejado de nosotros.

-Oye, ¿irás con nosotros o te quedarás en otro lugar? –le pregunté y él me sonrió con mucha felicidad.

-Me quedaré con mi tío Joe y mi tío Koushirou.

En ésta ocasión fui yo quien sentí un enorme vacío en el estómago al escuchar aquello.


Habíamos llegado a un lujoso complejo departamental. Taichi ya iba por su tercer cigarro, así que le arrebaté la cajetilla y la lancé por la ventana de la camioneta con cinco puertas que había rentado. Él se quedó estupefacto al ver aquello, pero lo único que atinó fue a maldecirme frente a su hijo, el cual nunca lo había escuchado decir una sola mala palabra.

-A veces sacas lo más malo en mí –su hijo sonrió con condescendencia al escuchar aquellas palabras provenir de su padre hacia mi persona, mientras nos dirigíamos a la recepción.

-Odio el olor a cigarro y además pensé que no fumabas –me crucé de brazos.

-Fumo cuando la ocasión lo amerita –él me miró con mayor enfado.

-Pensé que el nervioso era yo –rodé los ojos y él sólo atinó a dejar escapar un suspiro.

-¿De verdad que estarán bien? –Taichi (hijo) nos repasó de arriba abajo- ¿No se matarán o algo por el estilo? Se la han vivido peleando el día de hoy y temo por la vida del señor Ishida, mi padre suele ser muy tranquilo, pero cuando se enoja…

-Lo sé, no te preocupes, pequeño –sonreí, revolviendo sus cabellos castaños-, sé que es un dolor en el trasero cuando se enoja.

El hijo de Taichi soltó una carcajada, mientras su padre tocaba un timbre y el intercomunicador, que tenía la leyenda "KIDO", mostraba la imagen de una linda chica de quince años asomándose por una pantalla.

-Tío Tai –dijo ella con emoción-, ¡llegó el tío Tai!

-Oh… -Koushirou Izumi, quien tenía sus cabellos pulcramente peinados se asomó también-… ¿qué hay, Tai?

-Hola, Kou, ¿puedes cuidar por un rato a mi hijo? Necesito atender unas cosas y me estorba.

-Ah, gracias –dijo el aludido con falso desaire-, lánzame a la calle como un perro.

-Ja, ja, ja… claro –Koushirou sonrió-, Joe estará encantado, aunque está a punto de salir como alma que lleva el diablo porque se le hace tarde para una conferencia que dará un tal doctor Miura…

-¿Miura-sensei? –la mirada del hijo de mi… amigo… refulgió con ilusión- Oh… oh… dile que me lleve, que me pegaré a él como sanguijuela si no me lleva.

-Claro –Koushirou sonrió-, Joe quisiera que Seto estuviera igual de emocionado que tú, pero él se interesó por la arquitectura, en vez de la medicina.

La voz profunda de un muchacho se escuchó en la lejanía.

-Me desmayo si veo sangre, mamá.

Me sentí un tanto incómodo al escuchar esa palabra dirigida a Koushirou.

-Que nena eres, Seto –Izumi sonrió un poco, mientras su hija reía-. En fin, pasen, antes de que todo el edificio escuche nuestra banal conversación.

Taichi rodó los ojos, dirigiéndose al elevador. Su hijo y yo lo seguimos, mientras aquel muchacho refulgía en felicidad.

-Conocer al doctor Miura en persona es como mi sueño hecho realidad. ¿Sabías que está buscando la forma de regenerar el tejido humano? Sus investigaciones son asombrosas.

-Sí, ya me habías dicho antes –Taichi rió un poco-, y después comenzaste a contarme cosas de las cuales tuve que escucharte con un diccionario de medicina en las manos, porque no te entendía nada.

-Yo tampoco te entiendo cuando me hablas de lo jurídico –el muchacho se cruzó de brazos.

Las puertas del elevador se abrieron y minutos después nos dirigimos al departamento de los "Kido".

Al llegar un agradable ambiente familiar nos recibió. Joe Kido hablaba por teléfono mientras comía rápidamente un pedazo de pan tostado y café. Un joven idéntico a él estaba trabajando en la maqueta de un edificio, mientras una chica de cabellos pelirrojos comía junto con Joe, el cual colgó por fin y continuó desayunando.

-¿Vas a volver muy tarde, papá? –dijo la chica- Dijiste que nos llevarías al cine.

-Cierto, no llego muy tarde, la conferencia se terminará más o menos a las cuatro y podemos ir a ver la película que quieren a las seis.

-¡Yay! –exclamó la chica con emoción- ¿Si Seto lleva a su novia, puedo llevar a Ryusuke?

Joe sonrió con condescendencia, mientras Seto soltaba una risita.

-Miku y Ryusuke, sentados en un árbol… -el "hermano" mayor de la chica comenzó a carcajearse, mientras ésta le lanzaba un pan tostado a la cara.

-Cállate, gusano.

-Ya, compórtense, recuerden que hay visitas.

Joe elevó el rostro, sonriendo con gran alegría al ver a su mejor amigo junto a su hijo.

-Tai, Taichi, no sabía que estaban aquí –Joe rió un poco cuando Koushirou rodó los ojos-, bueno, no escuché que estaban aquí.

-Tío Joe, antes que nada –el hijo de Taichi dijo con gran anhelo-, llévame contigo a la conferencia, por favor.

-Claro, pequeño, eres el único de mis hijos al que le gusta mi profesión.

Me quedé estupefacto, el superior Joe llamaba "hijo" a Taichi.

-Hay algo que tengo que… -Taichi se interpuso entre nosotros, como protegiéndome.

La expresión que surcó el rostro del superior Joe me hizo saber que yo no era para nada bienvenido en su casa. Koushirou se sorprendió también de verme, pero su reacción fue distinta a la de su pareja, puesto que le abrazó por la espalda, intentando detenerlo de amenazarme o quizá de matarme ahí mismo.

-¿Qué está haciendo Yamato aquí? –el peliazul se miraba, agitado- ¡No, ¿qué estás haciendo tú con Ishida, Tai?!

-Es una larga historia, no te enojes, Joe, luego te cuento, pero por el momento necesito que cuides de mi hijo, en la noche vendré por él.

El superior me miró con los ojos entrecerrados, desconfiando de mi presencia, pero con reticencia afirmó con la cabeza.

-Regresamos a las cuatro –Kido tomó el saco de su traje y le señaló al hijo de Taichi que podía salir primero-. Y por favor, Yamato, que lo que sea que estés haciendo en ésta ocasión sea lo correcto.

El fuerte portazo que el jefe de la casa dio sorprendió a todos, excepto a Koushirou, quien sólo sonrió con condescendencia.

-¿Les ofrezco una taza de té, algún bocadillo?

-Ahora no, Kou, tenemos una cita pendiente, regresamos más tarde y gracias por todo.

-No importa –él sonrió, mirando a Taichi detenidamente-. Que les vaya bien y recuerda Tai, que si juegas muy cerca del sol puedes quemarte.

El aludido no dijo nada, tan sólo se despidió con un ademán de la cabeza.

Cuando hubiésemos salido él se giró hacia mí.

-Pensé que Joe iba a matarte, pero él es menos temperamental que tu hermano –se sobó la mandíbula, recordando el fuerte puñetazo que mi hermano le había propinado-. Menos mal ya pasamos todo esto.

Sí, fácil decirlo, pero yo tenía qué enfrentarme a algo más malo, a mi ex esposa y al dolor.

-No te pongas así –él me abrazó, como en un gesto de camaradería-, todo tiene solución en ésta vida, menos la muerte. Si llegaste a mi casa y no te asesiné, no va a pasar algo peor con Sora.

Dejé escapar un suspiro, reprimiendo las ganas de decirle que no me habría importado mucho, porque él no era alguien importante en mi vida, pero ahora las cosas habían cambiado y no quería perder el atisbo de amistad entre nosotros.

-Sí, claro, si me quedo llorando…

-Yo te consolaré, imbécil, después de todo, somos amigos, y los amigos se apoyan.

Al escuchar aquellas palabras sentí cómo me infundía de valor. Y pensar que hacía años yo perdí todo por estúpido y por no saber cómo tomar sus sentimientos.

Él comenzó a caminar, dejándome atrás. Mientras miraba su espalda algo dentro de mi corazón se removió; comencé a caminar detrás de él, pensando que parecía tan lejano su cuerpo, y volví a tener miedo, enamorarme me había llevado a ese camino, no quería volver a pasar algo así.

Al darme cuenta de mis pensamientos me sorprendí. ¿Enamorarme… de un hombre?

"Bueno, Sora se enamoró de una mujer también, ¿no es así?"

Aquella vocecita en mi cabeza me hizo apretar los puños. ¡Maldición, no podía dejar que eso sucediera, no quería perderlo todo otra vez! Pero no había podido reprimir mis sentimientos cuando lo besé, e incluso lo disfruté. ¿Qué pasaba conmigo?