Capítulo 11

Cuando desperté me sentía atontado y tenía un tubo en la garganta. Otra vez percibí el sonido de un marcapasos.

-Ya despertó.

La voz de mi hijo sonó lejana, como si hubiese sido dicha desde el otro extremo de una amplia habitación. Sentí entonces algo a mi lado. Una cabellera rubia descansaba cerca de mi regazo.

Moví mi mano, para despertarle, pero pareció como si lo hubiese acariciado. Él despertó rápidamente, quitándose las lagañas que se habían formado en sus ojos.

-Por fin despiertas.

Quise hablar, pero aparte del tubo, sentía que no tenía fuerzas.

-Tuviste un infarto, ha sido mucha la suerte que has tenido al haber sobrevivido.

Un infarto. Volteé a ver a Yamato, intentando achacarle con mi mirada la culpabilidad, pero al ver sus ojos llenos de lágrimas, volteé a otro lado.

-Todos saben lo que pasó.

Parpadeé, sin comprender a qué se refería.

-Perdóname por no haber tenido valor…

La puerta se abrió y alguien salió. Al parecer estábamos solos.

-Ahora a quien odian es a mí –sostuvo mi mano-, pero me lo tenía merecido, ¿verdad?

Tomé su mano, pero aunque intenté apretarla, las fuerzas me abandonaron.

Al verlo ahí, completamente indefenso, me hizo sentir lástima por él. Quizá Yamato había sido cobarde y por ello lo perdí todo, pero después de todo él había sido torturado, él tenía miedo, temblaba como un gatito bajo la lluvia en mis brazos. Supongo que comprendí su dolor, él pagó por adelantado lo que me hizo.

Cerré los ojos, escribiendo en su mano con la yema de mi dedo índice de la mano derecha: Cántame una canción.

Él abrió los ojos, muy sorprendido, pero después sonrió, comenzando a cantar una canción que cantaba con su banda en la secundaria; su voz sonaba como la de un ángel para mí.

Creo que me quedé dormido, porque cuando desperté, él ya no estaba a mi lado. Lo busqué con la mirada, pero no estaba en la habitación, o en la parte que podía ver. El sonido del retrete me alertó, pero contrario a lo que pensaba, quien salió de él fue Joe y no Yamato.

-No tienes por qué verte tan decepcionado de que sea yo quien esté aquí y no Ishida.

Mi mejor amigo se sentó en una silla a mi lado, colocando ambos codos sobre la cama.

-Lo mandé a regañadientes a que se duchara y descansara, ya te quitaron el tubo de respiración y hasta te ves menos demacrado. Estuviste tres días en coma, no nos vuelvas a asustar así.

Yo rodé los ojos, cerrándolos enseguida. Joe tomó mi mano, besándola con suavidad.

-No te vayas a molestar cuando veas a Yamato. Tu padre casi lo muele a golpes.

Intenté incorporarme al escuchar aquello, pero él me detuvo.

-Se lo merecía, ¿no lo crees? Duraste más de una semana sin comer después de aquello. Te sumiste en una profunda depresión de la que sólo Nana fue capaz de sacarte. No sabes la irritación que me dio cuando vi a Yamato en mi casa, contigo. Me preguntaba: ¿Por qué carajos éste imbécil perdonó a ese maldito desgraciado? Estaba molesto contigo por parecer feliz a su lado y cuando escuché que él estaba saliendo contigo… -hizo una pausa, apretando los puños, después comenzó a llorar-… me pregunté cómo fuiste capaz de perdonarlo por dañarte tanto. ¡Yo te supliqué que comieras por una semana entera! ¡Dejó de importarte todo! ¡Perdiste la fe! ¡Ese infeliz vivió su vida como si nada hubiese pasado! ¡Como si no te hubiera destruido la existencia!

Comencé a acariciarle el cabello y él se dejó hacer, sollozando.

-¿Te acuerdas cuando te di la noticia de que me casaría? –él sonrió un poco entre lágrimas, tratando de calmarse- Creo que te enfadaste, pero aunque nos besamos algunas veces, nunca fuimos nada más que amigos. Fui algo duro al no tomar en cuenta tus sentimientos, por eso te pido perdón, Tai, no quería causarte daño.

-No importa ya –mi voz sonó como un susurro-, mi error fue no decírtelo, no aclararte lo que yo sentía.

-Pero siempre pensé que ese amor que me tenías sólo era por agradecimiento, porque yo era el salvavidas al que te aferraste en el momento del naufragio. No quería hacerte daño al darte falsas esperanzas, a mí siempre me gustaron las chicas.

-Lo sé… -dije yo-… aunque al final terminaste enamorándote de otro hombre y no fui yo –hice un puchero y él se carcajeó.

-Sí, ¿quién iba a pensar que terminaría acostándome con Izzy después de que él intentó darme consuelo? –se enjugó las lágrimas y después sonrió suavemente-. ¿Te acuerdas cuando llegaste completamente pálido, como una nube, a decirme que Nana estaba embarazada y que no tenías ni dónde caerte muerto?

Yo sonreí con condescendencia, ni siquiera mi hijo sabía esa historia.

-Sí, Nana era impredecible –le contesté.

-De hecho ella fue la que se te declaró, aunque fue un buen cambio en tu vida. Creo que fue un ángel mandado por Dios.

-Cierto, pero me pudo haber enviado un ángel que no fuera un desastre para la cocina.

-Sí, casi quema el departamento en el que vivías la primera vez que intentó cocinar para ti.

Yo reí un poco, sintiendo las lágrimas resbalar por mis mejillas.

-Creo que Nana se enfadaría si supiera que has vuelto a amar a Yamato.

Aquellas palabras me dolieron en el alma. Aunque en mis sueños ella me hubiese dicho que estaba bien, yo estaba reacio a aceptarlo. Y de todas formas, yo no lo amaba, no quería amarlo otra vez.

Abrí los labios, pero no supe qué decir, yo estaba consciente de ello, no quería permitirme amar a nadie más que a ella. Ella no fue la primera, pero sí sería la última que yo amaría, se lo prometí, no podía romper mi promesa.

-Me molesté mucho al saber que estabas con él por todo el daño que te causó antes y aún y cuando haya dicho la verdad, no justifica su cobardía –Joe apretó los puños al decir aquello-. ¿De verdad estás bien con un hombre como él, Tai? ¿Siquiera podrás tocarlo? ¿Siquiera puedes besarlo? Aunque él haya podido estar con una mujer y procrear con ella, ¿podrá tener relaciones sexuales contigo?

Me sorprendió un poco su pregunta y él dejó escapar un suspiro al ver mi reacción.

-¿Siquiera tolera tu toque?

Cerré los ojos.

-Es cierto que se pone nervioso cada vez que me acerco a él, o que intento besarlo, o le hago alguna travesura, pero no es tan malo como parece. ¿Tú amas a Kou sólo porque te acostaste con él?

Joe sonrió con algo de molestia.

-Estoy en desacuerdo, Tai –él apretó aún más los puños-. Caíste a lo más bajo después de que él no te defendiera cuando se te acusó. Te expulsaron de la preparatoria, te corrieron de tu casa, te dejaron indefenso. ¿Crees que no estoy molesto con que salgas con él cuando destruyó tu vida?

Apreté los ojos, sintiéndome molesto al recordar aquello.

-Lo sé, Joe y te entiendo, pero es mi decisión estar con él. No es tan malo como parece –sonreí con algo de tristeza-, siempre es agradable que alguien te prepare la comida o lave y planche tu ropa, te prepare el baño…

-Consíguete una mucama, una sirvienta, tienes el dinero, aparte de que eres tacaño, cuando eras más joven ganaste asuntos millonarios.

-No quiero una sirvienta, ¿ok?

Joe se levantó, demasiado enfadado para mi gusto.

-¿Estás con él por lástima? –me miró a los ojos, haciéndome parpadear con sorpresa- ¿O por lástima a ti mismo?

-¿Por qué estás tan enojado? –quise cruzarme de brazos, pero el dolor en mi pecho me lo impidió- No estoy con él por lástima, estoy con él porque lo quiero. Al principio estaba enojado, de hecho, cuando llegó a la casa, quise sacarlo a patadas, pero él siempre se mostró arrepentido. Y no es lástima, aunque quienes lo hayan lastimado lo hicieron por mi culpa.

Joe me miró, completamente sorprendido.

-Sí, algo así comentó Takeru –hizo un mohín-. ¿Y por eso te sientes culpable y estás con él?

-No me siento culpable, Joe –comencé a enfadarme-, estoy con él porque lo amo, ¿contento?

-¿Por qué lo amas si él te hizo tanto daño?

Rayos, no iba a poder mantener más tiempo mi mentira si seguía preguntando.

-Siempre pensaba en él y aunque lo odiaba no pude olvidarlo.

-Entonces mis sospechas eran ciertas, tus sentimientos no eran verdaderos hacia mí –él me miró airado, completamente dolido-. Pero lo que es peor, ¿no amaste a Nana?

-Joe… -tomé su mano con suavidad-… yo te amé, mucho, igual que a Nana, pero…

-Pero no pudiste olvidar a Yamato, ¿verdad? –él sonrió con sarcasmo- Cuando te hundiste no estabas enojado por lo que te hizo, ¿verdad, Taichi? –él me tomó con fuerza del cuello "v" de la bata, causándome dolor- ¿Fue porque lo amabas y te dolió tanto su desprecio? ¡Eres un estúpido!

Sentí de pronto cómo Joe era empujado por otra persona. Una cabellera rubia se movió con suavidad, mientras Yamato miraba con enfado a mi mejor amigo.

-Está delicado, ten más cuidado.

Joe lo miró con mucho odio, así que se sacudió la ropa, mirándome después.

-Eres un estúpido, Yagami –se volteó a otro lugar-, ¿cómo puedes amar a una basura de persona como él?

Joe salió de pronto, cerrando la puerta con fuerza.

-Siempre pensé… -Yamato se sonrojó aún más-… que tú y él fueron algo, entonces estaba en lo correcto.

-No te equivoques, él y yo sólo fuimos amigos –dejé escapar un suspiro-; aunque sí nos besamos algunas veces, pero no vayas a decírselo a Koushirou, porque me va a matar –antes de que se riera, con un tono serio le advertí-. Es cierto, no lo hagas.

-Sonaste muy emotivo cuando dijiste que me amabas.

Él rio, yo entrecerré los ojos; sin embargo, al reparar en su persona, no pude evitar afligirme. Se veía más delgado, traía un parche en el ojo izquierdo, una férula en la mano derecha, tenía el labio inferior roto.

-¿Estás bien? –le pregunté y él rio, aunque al parecer le dolieron las costillas.

-Sí, sobreviviré. Creo que sentí todos los golpes que Takeru te dio.

Se sentó a mi lado, recargándose en el respaldo de la silla.

-¿De verdad mi padre te golpeó?

-Sí, lo hizo. Takeru pudo detener a tu hermana, pero tu padre me molió a golpes. De hecho, comprendo su enfado, mi hijo me fue arrebatado, obviamente sé lo que él siente ahora. No me defendí porque realmente me lo merezco, es cierto que yo le quité a su preciado hijo. Pero se calmó un poco cuando Hikari le dijo que tú y yo estábamos saliendo. Aunque me amenazó que si te dañaba iba a ir a matarme, así, claro y llano.

Cerré los ojos porque no pude negar con la cabeza. Mi padre amenazando por eso a Yamato, ¿cuántos años creía él que yo tenía?

-Quizá se detuvo el tiempo para él cuando te sacó de su casa –me contestó Yamato, como si leyera mis pensamientos-. Ahora que despertaste, seguramente querrán hablar contigo. Perdóname, si pudiera cambiar el pasado…

Comenzó a llorar al recargar su rostro sobre la cama, tomando con fuerza de mis sábanas.

-Te juro que si yo pudiera cambiar lo que sucedió a aquellos días tan oscuros.

Acaricié su cabello. Los dos habíamos sido víctimas de esos malditos, ellos nos habían quitado un pedazo del alma. A Yamato le quitaron la libertad, a mí me hicieron fugitivo.

-Tuve un sueño extraño –susurré y él levantó su rostro lloroso-; mi esposa, la soñé. Ella dijo que me perdonaba y que deseaba que continuara mi vida, que podía volver a amarte.

Yamato abrió el ojo que tenía sano con gran sorpresa, pero después se llenó de lágrimas.

-Tonto, no deberías de tomártelo tan en serio.

Fue entonces que la voz de mi hijo nos sorprendió a ambos cuando escuché claramente en el umbral de la puerta:

-¿Por qué tenía qué perdonarte mi mamá?

Volteé a mirarlo, aunque después me arrepentí cuando me dolió el cuello.

-¿Qué haces espiando a los demás? –pregunté con enfado, pero él no se intimidó, por lo que cerró la puerta tras de sí, encarándome.

-Nunca hablas de mi mamá, nunca hablaste de tus padres conmigo. Siempre me evades y me haces sentir mal con tu actitud, si no fuera por mis abuelitos maternos yo no sabría nada de ella.

Volteé a ver a Yamato y él sonrió con tristeza hacia mi hijo.

-Quizá yo tengo toda la culpa, pequeño –Yama dejó escapar un suspiro-. Esto es algo muy vergonzoso de contar, pero creo que tienes derecho a saberlo.

-Yama… -quise detenerlo, pero él sólo apretó con un poco de fuerza mi mano al sentarse en la cama, mientras mi hijo se sentaba en el sillón que se encontraba a un costado de nosotros.

-Cuando tu padre y yo estábamos en el instituto él se me declaró.

Mi hijo se sorprendió, mirando con recelo hacia Yamato.

-¿Ustedes fueron novios?

-No –Yama sonrió-, él y yo dejamos de ser amigos desde ese instante. Mi actitud fue muy infantil, lo admito, pero él siguió siendo muy amable conmigo. Meses después de eso, mientras buscaba un lugar dónde estudiar dentro de la escuela una muchacha fue atacada por unos vándalos y por querer defenderla ellos me… -se sonrojó sobremanera y su voz se quebró, con su actitud Taichi comprendió su dolor y su angustia-… ellos me violaron.

Mi hijo pareció temblar, pero se mantuvo en silencio, mirando a Yamato, escuchándolo con atención.

-Tu padre fue quien me encontró y me llevó al hospital, junto con el superior Joe; sin embargo, aquellos estúpidos que me violaron esparcieron el rumor de que Tai y yo nos peleamos y que él fue quien me dejó en el estado en el que me encontraba, por lo que la policía comenzó a sospechar de él. Unos días después de aquello esos sujetos fueron a amenazarme al hospital para que dijera que había sido Taichi quien me violó. Estaba aterrado, ¿sabes? –Yamato tomó con más fuerza mi mano, estaba llorando- No levanté cargos, a pesar de que me insistió todo el mundo, pero por no decir la verdad a Tai lo expulsaron de la escuela y su familia lo echó de su casa.

Mi hijo pareció comprender por qué mi actitud del principio, cuando quise cerrarle la puerta en la cara aquella noche.

-Perdió todo por mi culpa –Yamato cerró los ojos.

Yo dejé escapar un suspiro, negando con la cabeza.

-Todas las cosas suceden por una razón, supongo que si no hubiera sucedido aquello, mi hijo no estaría aquí.

Taichi se sintió algo incómodo con la situación. Pero después lo volteé a ver con algo de esfuerzo.

-Te contaré cómo es que conocí a tu madre en la facultad –me dirigí a mi único hijo, llamando su atención-. Ella iba un curso debajo de mí. Cuando me fui de Hikarigaoka mis padres lanzaron a mi cara todos mis documentos escolares y con algo de dinero que estuve ahorrando vine a Hiroshima. Terminé la preparatoria y entré a la facultad de Leyes. Siempre mantuve comunicación con Joe, quien fue el único que no me creyó capaz de haberle hecho eso a Yamato. Bueno, el día en que conocí a tu madre ella se me declaró. No niego que la tomé a loca –Taichi sonrió con condescendencia-, de hecho era mucho más extrovertida de lo que fui antes de aquel incidente. La amé mucho y cuando me dijo que estaba embarazada de ti lo dijo con el mismo entusiasmo que cuando se me declaró. Apenas iba a salir de la facultad, no tenía empleo, no tenía nada, pero con esfuerzos sobrehumanos conseguí un apartamento que tu madre por poco incendia cuando intentó cocinar –mi hijo rió un poco, negando con la cabeza-. No sé de dónde obtuviste habilidades culinarias, Taichi. En fin, ella murió al darte a luz. No sabía que estaba enferma, ella nunca me lo dijo, apenas nos habíamos casado al civil y estábamos preparando la boda religiosa cuando ella me dejó.

Me sentí nostálgico de pronto, sintiendo mis ojos acuosos.

-Ella se llevó mi todo y lo único que me quedó fuiste tú. Te amé con la misma fuerza que la amé a ella, le prometí que nunca te iba a dejar si algo le pasaba, que siempre te cuidaría, pero… -volteé a ver a Yamato, haciéndole saber que no era bienvenido en nuestra conversación.

-Bueno, creo que esto ya es una conversación de corazón a corazón –aquel rubio tonto se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta-. Cualquier cosa estaré afuera siendo asesinado por la mirada de Kido.

Al salir él, miré a mi hijo, sintiéndome algo culpable.

-No me gusta hablar de tu madre porque me siento algo culpable, Taichi.

Él dejó escapar un suspiro.

-¿Es porque seguías queriendo al señor Ishida? ¿Te sientes culpable porque te casaste con ella sólo por el compromiso de su embarazo?

Mi hijo me había leído la mente, pero pude ver el dolor en sus ojos al saberlo.

-¿Se lo dijiste? –los ojos de mi hijo se anegaron en lágrimas- ¿Le dijiste a mamá que no la amabas de verdad?

Taichi elevó el tono de voz, se sentía devastado.

-Siento mucho lo que le pasó al señor Ishida –mi hijo apretó los puños-, pero…

-Ella lo sabía, Taichi.

Aquel muchacho se sorprendió con mis palabras. Sí, era sorprendente que ella supiera lo mucho que había amado a Yamato y que aceptara estar conmigo aún sabiendo que continuaba queriéndolo. Me sentía culpable porque a pesar de todos sus esfuerzos porque yo la amara más que a aquel rubio estúpido, no había podido quererla de la misma forma que ella me quería a mí.

-¿Lo quieres más que a mí? –mi hijo preguntó aquello, sorprendiéndome sobremanera.

-Eso pasó hace mucho tiempo, Taichi.

-¡No es verdad! –las lágrimas lo vencieron y él me miró con resentimiento- ¡Lo amas más que a mí, has cambiado mucho desde que él está en la casa!

-¿Pero qué dices…?

-Desde que él está en casa has llegado más temprano y eso nunca lo hiciste por mí. Sonríes más, te ves más feliz. Si yo no estuviera tú serías más feliz.

-¿De qué estás hablando, Taichi? –un fuerte dolor comenzó a recorrer mi pecho y mi brazo izquierdo, un dolor casi tan insoportable como el que me había dado afuera del hotel- Tú eres mi todo…

El sonido del marcapasos sonó con mayor velocidad. Comencé a ver destellos a mi alrededor, me estaba subiendo la presión.

-¿Estás bien? –mi hijo se horrorizó al ver mi estado.

-Por favor… -lo tomé de una de las mangas de su camisa cuando se me acercó-… por favor no vuelvas a decir que no te amo lo suficiente.

Él asintió, mirándome después con desesperación.

-No lo amo más que a ti, tú tienes otro lugar en mi corazón –mi voz comenzó a entrecortarse por el esfuerzo-, lo que hay entre él y yo…

Mi hijo me soltó de su camisa y me recostó, acariciando mi frente.

-Ya entendí, ya entendí –su toque comenzó a calmarme-, perdóname por exaltarme, pero estaba celoso, pero no puedo decir nada en contra del señor Ishida, él me ha cuidado como una madre.

Solté una risita al escuchar aquello.

-Siendo un doctor en ciencias y científico de la NASA, no creo que a Yamato le agrade escuchar que lo has rebajado a ama de casa.

-¿Científico de la NASA? –mi hijo se sorprendió.

-Tú eres lo más valioso que tengo, Taichi, ni el dinero, ni mi trabajo, ni nada, ni nadie –puntualicé-, son más importantes que tú. Discúlpame si te he descuidado, pero creo que consideré más importante darte algo material que darte más de mi tiempo.

-Te amo, papá –él me abrazó con fuerza.

-Yo también te amo, pequeño mocoso.

Pero algo dentro de mí comenzó a doler y no era propiamente algo físico, sino algo espiritual. No quería volver a enamorarme de alguien así, pero si continuaba conviviendo con él entonces yo…