Capítulo 12

Estaba preparando las cajas de bento de los chicos cuando Taichi apareció en la cocina, sentándose en la barra del desayuno. Se veía desaliñado, distinto a como acostumbraba; su semblante mostraba su cansancio, la pequeña barba que cubría parte de su rostro lo hacía ver mayor.

El día anterior lo habían dado de alta después de una estancia de un mes dentro del hospital después de una operación a corazón abierto que le realizaron, posterior al infarto que le había atacado.

Él me miró con detenimiento, dejando escapar un suspiro.

-Había pensado en… -tomó un respiro y me señaló su taza.

-Nada de café –coloqué ambas manos en la cintura-, te subirá la presión.

-Pero… -se recostó en la barra, jugando unos instantes con la taza.

-Mejor toma avena –llené su taza con avena y él me miró con recelo-. ¿Y qué decías?

-No me gusta la avena, menos si la hiciste con leche de soya.

-No puedes tomar leche, tiene mucha grasa.

-¿Y leche semidescremada?

-Entonces te preparo otra cosa.

-No puedo comer casi nada –hizo un puchero.

-Cómete la avena, de todo lo malo es lo mejor.

A regañadientes tomó la taza y una cuchara y comenzó a comer.

-Estaba pensando que sería bueno tomarme un descanso del trabajo, pero me gusta mucho.

Yo sonreí, acariciando su cabello y él se dejó hacer.

-Así pasa, es difícil dejar algo que te gusta tanto.

En esos instantes llegó Taichi, bostezando con fuerza. Se veía más desaliñado que de costumbre.

-¿Examen? –preguntamos su padre y yo al unísono.

El chico afirmó con la cabeza y después volvió a bostezar, dejándose caer sobre la barra.

-¿Quién fue tan cruel como para organizar la despedida del club hoy, cuando tengo el examen de trigonometría mañana? ¡Son integrales, por Dios!

Taichi sudó una gotita y yo sonreí.

-¿Tienes problemas con las integrales? ¿Quieres que te ayude?

-¿De verdad? –lo dijo con los ojos llorosos- Gracias, señor Ishida, usted será mi salvación.

Yo reí un poco, ofreciéndole una taza de avena.

-Intenta llegar temprano hoy, para que estudiemos.

-¡Yey! –dijo con gran alegría- Es que el profesor Kurata es… -buscó las palabras exactas para decirlas-… es un imbécil que no sabe cómo explicar. No niego que ha ganado muchos premios por sus conocimientos, pero como docente deja mucho que desear.

-El que siempre ha sido muy bueno para explicar las cosas de matemáticas es tu padre, ¿por qué no le pediste ayuda?

Taichi, demasiado incrédulo, volteó a ver a su padre.

-¿Tú eres bueno para matemáticas? ¿Por qué no me habías dicho?

-La verdad ya se me olvidó todo, Yama se acuerda más porque él ha seguido utilizando esos conocimientos y yo… pues no los uso tanto.

-Ah… por favor, papá, es la única materia que me falta para pasar antes de ir a hacer el examen a la Universidad de Tokio y a la de Osaka.

-Pero Yama sabe más.

-Pero tú eres mejor explicando –sonreí y él me miró con enfado.

-¿Por qué yo no tengo ese talento tuyo que tenías tan escondido, papá? –Taichi se cruzó de brazos.

-Porque Nana era malísima para las matemáticas, siempre me pregunté cómo llegó a la facultad de medicina si era hasta mala para sumar y restar.

-Mi mamá debió de haberme dejado otras cosas en los genes, pero no eso. Bueno, señor Ishida, ya que mi padre es un mal padre y no me quiere ayudar, cuento con sus conocimientos para poder aprobar mi materia.

-Claro, pequeño –sonreí con suavidad-, pero primero desayuna. Los llevaré en un rato.

Aquel muchacho comenzó a devorar la avena mientras yo terminaba de preparar el desayuno. Natsu llegó unos minutos después mientras se subía las calcetas del uniforme y recogía su cabello en una coleta.

Minutos después, los cuatro estábamos desayunando, aunque Taichi hacía un puchero tras otro cuando veía a nuestros hijos desayunar una suculenta comida y él no podía comer casi nada.

-La avena es buena para el corazón –Taichi hijo sonrió hacia su padre-, te hará sentir mejor, limpiará tus arterias. Y ya deja el café, te sube la presión.

El moreno volteó a verlo con enfado, pero no pudo reñirle por ello.

-Voy a dejar a los chicos, ¿estarás bien? –le pregunté y él asintió con la cabeza- Bueno, ya regreso.

Nuestros hijos tomaron sus cosas y se arroparon. Apenas era otoño y hacía mucho frío. Yo tomé las llaves de la camioneta y abrí la puerta que conducía al garaje, nuestros hijos bajaron las escaleras y yo volteé hacia atrás despidiéndome con un ademán, el cual fue correspondido.


Cuando regresé, Taichi se encontraba dormido en uno de los sillones de la sala. Aunque no hacía mucho frío dentro, por la calefacción, sus manos se encontraban frías. Me dirigí a su habitación y le coloqué una manta encima. Él ni siquiera se inmutó, tan sólo suspiró profundamente y continuó durmiendo.

Yo me dirigí a la cocina para comenzar a preparar la comida. Los chicos se encontraban en finales del curso, así que únicamente iban a pasar el rato, puesto que estaban en exámenes finales. Varios de los compañeros de Taichi estaban pasando malos ratos, puesto que aún debían materias, pero aquel pequeño era muy inteligente y había exentado todas sus materias, bueno, casi todas, le faltaba matemáticas. Natsu era… ¿cómo decirlo? Era igual que yo hasta en los estudios; era pulcra, pero un desastre, siempre había recibido quejas y más quejas de su madre por su comportamiento; sin embargo, en estos momentos, aunque le faltaban la mayoría de los exámenes, parecía esforzarse sobremanera por alcanzar a Taichi, incluso hacían sesiones de estudio.

Al principio no había querido aceptarlo, pero ese chico era un buen partido, como lo había sido su padre en el pasado.

Me distraje por unos instantes, por lo que solté un plato de cristal que estaba secando y al querer tomarlo en el aire causé un gran revuelo en la cocina. Fragmentos de cristal se esparcieron en el suelo y varias ollas y sartenes cayeron con estrépito sobre mis pies, causándome dolor. El sonido alertó a Taichi, el cual se incorporó con rapidez del sillón, pero se volvió a recostar al sentir opresión en su pecho.

-Lo siento –sonreí con condescendencia-, lo recogeré yo…

Justo al decir eso me di cuenta que el dolor que había sentido, era, aparte de los golpes, porque un cuchillo se me había clavado en el pie derecho, traspasando mis pantuflas, hasta enterrarse en el piso de madera de la cocina.

-Taichi… se me enterró un cuchillo en el pie –dije, al intentar zafar mi pie del piso.

-Es broma, ¿verdad?

Yo negué y él se levantó con la mayor rapidez con la que pudo. Se asomó por la barra de la cocina y tragó saliva, después me miró a mí y dejó escapar un suspiro.

-Ese cuchillo es largo, ¿está enterrado en el piso?

Yo asentí y él dejó escapar un suspiro.

-Voy a llamar una ambulancia, no tengo ni la fuerza ni las agallas para ayudarte.

Se dirigió pues al teléfono, marcando a emergencias. Unos diez minutos después llegaron los paramédicos, quienes me ayudaron, pero debido al lugar en donde cayó el cuchillo, me llevaron al hospital para observar si tenía alguna fractura.

Taichi no se subió con nosotros a la ambulancia, él se fue en su camioneta, por lo que, cuando llegó al hospital, yo ya me encontraba en la sala de espera, con la receta médica en las manos y con una venda y férula sobre mi pie.

-¿Te fracturaste? –parpadeó, justo al entrar al edificio.

-Sí, ese cuchillo cayó con fuerza sobre mi piel, pero se enterró cuando todas las ollas cayeron sobre él.

No podía saber quién estaba peor, si él o yo cuando comenzamos a caminar fuera del hospital. Él suspiró profundamente cuando dimos varios pasos; yo lo miré con preocupación, sintiéndome algo apenado por el sobresfuerzo que lo estaba obligando a hacer.

Sin embargo, justo cuando alcanzamos la salida, mi celular sonó. Con sorpresa, al escuchar el tono, contesté, sabiendo que me llamaba mi hermano.

-Hola, Yama –antes de que saludara, él habló-, estamos aquí, en Hiroshima; Kari está de vacaciones y pensé que podíamos vernos, ¿dónde estás?

-En el hospital –contesté.

-¿Le pasó algo al bastardo de Yagami?

Al escuchar aquello sonreí con condescendencia. Si bien, las cosas se habían aclarado, a mi hermano no le agradaba para nada la idea de que yo estuviese "saliendo" con Tai, de hecho, en más de una ocasión, mientras estuvo en el hospital, le dijo, entre broma y entre amenazas, que si me obligaba a hacer algo que yo no quisiera, lo desmembraría sin compasión alguna.

Otra cosa eran Hikari y sus padres, puesto que al final terminaron aceptando que Taichi me había perdonado que yo "era su pareja", así que comenzaron a tratarme mejor, aunque Kari también me amenazó con cortarme la hombría si hacía llorar a su hermano.

-No, me cayó un cuchillo en el pie.

Se escuchó que el automóvil dio un gran frenón y Hikari se quejó por ello.

-¿Estás bien? ¿En cuál hospital? ¿Paso por ti?

-Estoy en el hospital General, Taichi me trajo, pero estaría bien que vinieras, creo que no podrá conducir de regreso a casa.

-Ok, en unos minutos nos vemos allá, espérennos.

Taichi masculló algo, pero se sentó en una banca de espera que se encontraba casi a la salida, sintiéndose cansado. Yo le miré con preocupación y él sólo me sonrió.

-No moriré, no te emociones.

Entonces entrecerré los ojos, enfadado por su comentario.


Quince minutos después, mi hermano entró por la puerta principal del hospital, buscándome con desesperación. Al constatar que me encontraba entero y con un vendaje en mi pie derecho y con una férula, volteó a ver entonces a Taichi, sorprendiéndose por su palidez.

-Me preocupa más tu novio que tú, hermano.

Yo sonreí con condescendencia, mientras nos ayudaba a ambos a levantarnos.

Takeru había crecido mucho después de los diecisiete años. Su estatura nos había sobrepasado a todos, bueno, a todos, a excepción de Ken, Joe y Taichi, a quienes les ganaba sólo por unos centímetros.

-Estoy bien –Taichi masculló-, no me voy a morir pronto, no tienes tanta suerte.

-Yo que ya estaba preparando mi discurso hipócrita y sentimental para decir en tu funeral.

-Sí, claro –Taichi entrecerró los ojos-, esto me recuerda a cuando nos encontramos en el parque de diversiones, siempre me pregunté qué hacían ahí, tan lejos de Tokio.

-Fue un pretexto para venir a Hiroshima y buscar tu casa para cerciorarme que Yama estuviera bien –Takeru hizo un mohín- y percatarme de que no estuvieras acosándolo, como la sabandija que eres; pero nunca pensé que los encontraría en Shirahama.

Chispas comenzaron a salir de los ojos de ambos, así que tuve que separarlos "sutilmente".

-¿Y Kari? Venías con ella, ¿verdad?

Mi hermano menor parpadeó, sorprendido por la pregunta.

-Cierto, ella se llevará la camioneta de nosotros y yo te ayudaré a conducir, Taichi.

-¿Estás seguro? –se dirigió hacia mí- Yo creo que planea matarme en un accidente automovilístico, haciéndolo pasar como un accidente catastrófico.

Yo me enfadé, molesto con los dos por su actitud.

-Ya dejen de estarse molestando, por favor, me irrita su infantilismo.

Ambos se cruzaron de brazos, molestos, pero después se dieron la mano.

-Sin resentimientos –dijeron al unísono.

Yo suspiré, tranquilo, aunque por dentro sabía que su "tregua" no dudaría mucho.


Cuando llegamos a la casa, Taichi se bajó con pesadez de la camioneta. Takeru miraba con sorpresa esa casa, dado que era espaciosa y sus acabados la hacían ver como una especie de vivienda antigua, con tintes modernos.

-Qué bonita está tu casa, Yagami.

A Taichi poco le importó aquel comentario, por lo que, después de subir las escaleras y llegar a la cocina, me miró y suplicante dijo: -Me voy a dormir. Asentí, ocasionando que sonriera con debilidad.

Mi hermano y yo lo vimos desaparecer por las escaleras que subían al segundo piso, por lo que Takeru volteó a mirarme con severidad.

-¿Hasta cuándo piensas jugar al ama de casa, Yamato? Eres un genio, trabajabas en la NASA. Si realmente él es tu pareja, entenderá…

-¿Quieres que lo pierda todo otra vez por el trabajo? Me enfadé con su comentario- Dejé a Sora y a mis hijos solos por tanto tiempo; Hiro prefiere estar con la pareja de Sora que conmigo y eso me ha dolido en lo profundo del alma. No quiero perder a Natsu y tampoco la vida que tengo, la vida que he vuelto a construir.

Mi hermano dejó escapar un suspiro y después sonrió con suavidad.

-Pensé que sólo era una fachada de ustedes dos, pero me da gusto que estés luchando tan fervientemente por tu vida –dejó escapar un suspiro-. Pensé que después de separarte de Sora te ibas a hundir; te veías tan desvalido y no sabía cómo ayudarte. Pensé que estabas loco cuando le rogaste a mi esposa que te diera la dirección de su hermano. No pensé que tú y él de verdad pudieran estar juntos. No niego que aún estoy renuente a su relación y no puedo evitar desconfiar de él, porque yo te vi sufrir después de aquello, te vi llorar por las noches, te vi temerle a la oscuridad; y aunque sé que Tai no es malo, temo que él te pueda dañar.

-Él es muy gentil –sonreí con suavidad-, aunque es muy maldoso y travieso.

-Si así lo deseas, entonces no hay más que hacer, tienes todo mi apoyo.

Takeru me abrazó con gran fuerza, infundiéndome su cariño. Fue entonces que la puerta principal se abrió y Taichi –hijo-, se detuvo en el marco, sonriendo después con suavidad, antes de dejar pasar a mi hija.

-Ya vine –la voz de mi hija sonó con efusividad.

-Ya llegué.

El hijo de Taichi, quien cargaba ambas mochilas, entró después de Natsu, dejando las mochilas en el clóset que se encontraba a un lado de la puerta.

-Logré llegar temprano, la fiesta del club se pospuso para mañana.

Entonces, Taichi se detuvo abruptamente, saludando formalmente a Takeru.

-Buenas tardes, tío Takeru.

Mi hermano sonrió con condescendencia.

-Hola, Taichi.

Natsu se lanzó a los brazos de su tío cuando lo vio, sonriendo con felicidad.

-No sabía que ibas a venir, tío Take, ¿ya comiste? ¿Quieres que prepare algo?

-Estoy bien, pequeña, gracias.

El hijo de Taichi caminó hacia mí, sorprendiéndose cuando vio mi pie.

-¿Qué le pasó?

-Se me enterró un cuchillo.

Él siguió mirándome, afligido.

-¿Y mi papá?

-Está dormido arriba. ¿Quieres que te ayude a estudiar?

Él asintió. Natsu se arremangó el suéter que traía y me sonrió.

-Yo haré la comida, tú descansa.

Tuve qué acceder a regañadientes, sobre todo cuando minutos después llegaron Hikari, mis sobrinos y los padres de Taichi. Me sentía completamente inútil, aunque el estar ayudando a Taichi a estudiar me hizo sentir más tranquilo.

-Kari también es muy buena en matemáticas –Takeru se sentó a nuestro lado-, al igual que Tai, ¿por qué tú no?

Aquella pregunta le cayó al hijo de Taichi, como un balde de agua helada sobre la cabeza, así que le dijo que su padre le había comentado que era por causa de su madre.

-Bueno, no todo se puede en la vida, no te sientas mal. Eres un chico muy inteligente.

-Gracias, tío Takeru.

-¿Sabes, Taichi? –mi hermano rio maléficamente- El verte a ti y a Natsu es como ver a mi hermano y a tu padre cuando eran jóvenes, aunque claro, el ver a Natsu es como ver a Yama con peluca y con falda, ja, ja, ja, ja, ja…

Entrecerré los ojos, molesto por su comentario.

-Hablando de eso tengo una foto –Kari alcanzó su bolsa y sacó un álbum de fotos-. Mira, él es tu padre y el que está a un lado es Yamato cuando tenían quince años.

Me quedé observando esa fotografía, sintiendo nostalgia. Taichi me miró, sorprendido.

-Cierto, es como vernos a Natsu y a mí. Aunque, no te quiero ofender, Natsu, pero creo que el señor Ishida se hubiera visto más bonito con falda y con peluca que tú.

Mi hija entrecerró los ojos, molesta por el comentario.

-Si quieres ve a casarte con él, grosero.

Yo sonreí con condescendencia, al igual que mi hermano. El chico sudó una gotita, yendo a donde estaba mi hija para tratar de arreglar las cosas.

-Pobre Taichi, Natsu tiene tu misma personalidad, hermano –Takeru bufó por lo bajo-. Le hace falta toda la paciencia del mundo a mi sobrino.


Después de comer, subí con Taichi, el cual continuaba durmiendo apaciblemente. Le acaricié la frente para saber su temperatura, despertándolo en el proceso.

-¿Ya se fueron?

-Se van a quedar unos días en la ciudad, tu hermana acaba de salir de vacaciones, al igual que Kira y Haru, pero van a ir a buscar un hotel en el cual quedarse.

El cerró los ojos para volver a dormir, pero después me miró, quizá enfadado.

-¿Por qué van a ir a un hotel? La casa es grande, acomódalos en las habitaciones. Que Kira y Haru se queden con Taichi, que mis padres se queden con Natsu y acomoda en el estudio a Kari y a Takeru.

Yo sonreí con condescendencia.

-¿Y yo? –me señalé a mí mismo.

-¿Te acuerdas de nuestro trato, idiota?

Un leve tic se asomó por mi ojo derecho. El día anterior, cuando llegó, como no había hecho mención de aquello, dormí en la habitación de invitados junto a Natsu, por lo que no pensé que de verdad me fuera a obligar a cumplir con mi parte del trato y me hiciera dormir con él.

-¿No piensas que estás llevando las cosas muy lejos?

-¿No piensas que ya me has jodido mucho la existencia para que ahora te pongas con tus cosas?

Él sólo se acurrucó en la cama, dándome la espalda.

-Ahora déjame dormir, estoy cansado, apenas ayer pude volver a dormir en mi mullida cama. No importa lo lujoso que sea un hospital, una cama de hospital es siempre una cama de hospital.

Dejé escapar un suspiro, dirigiéndome con nuestros familiares para informarles de la decisión del dueño de la casa.


Después de cenar y de arreglar las cosas para que nuestros huéspedes se acomodaran en las respectivas habitaciones, llegué a la habitación que compartiríamos Taichi y yo. Me hice un espacio en la cama, sintiendo un poco de frío por el aire acondicionado. Taichi sólo se giró, despertándose por el movimiento.

-Vas a matarme de pulmonía en pleno verano –dije, ganándome una risita de su parte.

-Ok, ok…

Bajó entonces la intensidad del aire acondicionado casi al mínimo con el control remoto que se encontraba empotrado en su cama.

-No me gusta el calor, me pone de malas –dijo, haciendo a un lado la sábana que lo cubría. ¿Ya acomodaste a todos?

-Sí, me sorprendió que tuvieras tantos futones.

-A veces se quedaban los chicos del club en donde estaba Taichi, así que tengo varios por ello.

-Ah… -cerré los ojos.

-¿Cómo sigues de tu pie?

-Bien, aunque batallo un poco para caminar, necesito algo en qué apoyarme.

-Mañana vamos a conseguirte unas muletas.

-Pero me van a estorbar para hacer quehacer.

-Imbécil, estás herido, conseguiré a alguien que nos ayude, o bien, nosotros mismos podemos hacernos cargo de ello.

Me iba a quejar, pero me abrazó suavemente cuando me cobijé con el delgado edredón que cubría la cama y las sábanas.

-Descansa un poco, no sabes lo hermosa que es la salud, hasta que te enfermas y, no sabes cuán blandita es tu cama, hasta que duermes en un hospital por más de un mes.

Reí al escucharle, pero sabía que sus palabras sólo enunciaban la verdad. Comencé pues a sentir los ojos pesados y me acerqué más a él –puesto que irradiaba calor y yo aún tenía frío-, sintiendo su aliento golpear con suavidad mi mejilla derecha.

Aunque sentía una gran comodidad y protección, me volví a preguntar si hacía lo correcto estando ahí, en sus brazos, en su casa, volviéndome uno más de su familia.

-Te quiero, Tai.

Susurré sin poder evitarlo, sonriendo después al darme cuenta de lo feliz que era en aquel lugar.