Capítulo 14

Taichi estaba más serio de lo normal cuando nos fuimos a acostar. Todos estaban cansados por lo ajetreado que había sido el día. Pensé que se debía a que él también se encontraba fastidiado, además que se había esforzado mucho por seguirnos el paso, cuando se encontraba aún débil.

Él se hallaba con los ojos cerrados, descansando de aquel día agotador. Creo que lo miré por muchos minutos, porque después lo escuché decirme claramente que si necesitaba algo. Me sonrojé sin poder evitarlo y le di la espalda mientras negaba con la cabeza, apagando la luz de la lámpara inmediatamente.

Cerré los ojos, escuchando los sonidos de la noche. El barrio era tranquilo, muy apacible. Taichi, su hijo, me había dicho que cuando su padre mandó construir esa casa, era de campo, pero la alcanzó la urbanización y, aún así, conservaba la misma tranquilidad que ambos habían deseado.

-Como una madre…

Había pensado en voz alta. Aquella revelación me había hecho tener sentimientos encontrados. Aquel muchacho debía estar desesperado por tener una madre que me había confundido con una. Mi hijo me había dicho que era un mal padre, que no me consideraba su progenitor y, aquel chiquillo me había dicho que me consideraba como su madre. Al escuchar aquello no pude evitar llorar, ¿quién era yo para merecer aquel título cuando no merecía que mi hijo, mi propia sangre, me llamara padre?

Las lágrimas volvieron a salir de mis ojos sin que pudiera evitarlo. Mis sollozos se convirtieron en llanto pronto.

-¿Tienes una pesadilla?

Me preguntó Taichi. Me asusté un poco al escuchar su voz, yo pensaba que dormía.

-No, perdón…

Sequé mis lágrimas, aunque los sollozos continuaban.

-¿Te sientes mal? Has estado más serio de lo normal desde el desayuno.

-No me siento mal, sólo me quedé pensando cómo es que tu hijo me denomina como su madre cuando mi propio hijo me dijo que no quería estar conmigo, que no me quiere.

-Oye, los hijos no somos quiénes para juzgar a nuestros padres –él se acercó a mí y me abrazó por la espalda-, déjalo, hasta que sea padre comprenderá que todo lo que hiciste por él fue para darle algo mejor de lo que tú tuviste.

Al escuchar sus palabras sentí un nudo en la garganta, aunque me lo dijera de esa forma, eso no quitaba que yo me sintiera mal padre.

-Pero no merezco…

Él me calló cuando me volteó hacia él y me volvió a abrazar. Yo cerré los ojos, sintiendo una fuerte e imperiosa necesidad de desahogar aquello que se me arremolinaba en la garganta y en el pecho, aquel sentimiento que me había hundido cuando Sora y yo nos separamos.

-… no merezco que tu hijo me llame así si mi propio hijo no me quiere.

Me meció en sus brazos, acariciando mi cabello. Hacía mucho que no me sentía tan protegido, la última vez que me sentí así fue cuando mi madre me acunó en sus brazos después de que aquellos monstruos me violaron.

-No te desmerezcas, si él así te considera, no eres quien para negárselo.

Me afiancé a él, como si fuera una tabla salvavidas. Fue entonces cuando me pregunté, si aquellos tipos no hubieran hecho eso, ¿qué clase de vidas tendríamos los dos? Obviamente desde el momento en que Taichi se me declaró, decidí alejarme, mis prejuicios me impidieron continuar a su lado; quizá él estaría felizmente casado con alguien más, quizá continuaría en Tokio, siendo algún ministro o juez, quizá magistrado del máximo Órgano de Justicia. ¿Yo me hubiera enfrascado tanto en mis estudios y habría logrado entrar a la NASA con tanta facilidad, o bien, sería cualquier asalariado?

Bien, el pasado atrás se queda, ya no se puede cambiar y, aunque a veces deseara advertirme de lo que pasaría si Taichi se me declaraba o, también alejarme de aquel salón, mi vida ya no era tan mala, alguien que no tenía la obligación de quererme, me consideraba parte de su familia.

Me quedé dormido en algún momento, porque cuando desperté, Taichi me estaba abrazando por la espalda. Me acerqué un poco más a él, tenía frío porque ese demente ponía el aire acondicionado muy alto; sin embargo, al juntar mi cuerpo con el de él, pude sentir la media erección que tenía. No pude evitar sonrojarme y sentirme excitado con ello. Intenté hacerme creer que era porque tenía tiempo sin hacerlo, porque no me había masturbado lo suficiente, porque algún planeta ejercía fuerza sobre la tierra y me estaba… ¡maldición! ¡Me estaba excitando con el toque de otro hombre!

Hice un mohín y me alejé de él, levantándome para apagar el maldito aire acondicionado, pero cuando fui a apagarlo y me volví a acostar en la cama, lo desperté.

-¿Qué pasa? –dijo soñoliento.

-Fui a apagar el aire acondicionado, tú me vas a matar de pulmonía.

-Puedes abrazarme –él extendió sus brazos, pero yo le di la espalda, molesto-. Si no quieres abrazarme pues, te abrazaré yo.

Al decir eso, volvió a colocarse como antes detrás de mí; ya no tenía la media erección, pero aun así me sentía nervioso al encontrarme en esa posición.

-Ya déjalo, apagué el aire acondicionado.

Protesté, puesto que comenzaba a reaccionar mi cuerpo.

-No te tienes qué poner así, es para mantenerte calentito, no es que te esté gustando que te toque.

Él rio y yo intenté alejarlo, pero Taichi, jugando, tocó mi sexo, sorprendiéndose cuando sintió mi erección. Yo me sonrojé y lo alejé, levantándome de la cama.

-Es una reacción natural del cuerpo tener una erección en la noche –traté de defenderme-, soy un hombre sano.

Él pareció comprender mi nerviosismo y sólo se rio, molestándome sobremanera.

-Ok, sí eres sano. Ja, ja, ja… un hombre sano… ja, ja, ja.

Aquel comentario me hizo sonrojar por el enfado.

-Cállate, bastardo, no te sientas importante sólo porque tuve una erección cuando me to…

Me quedé callado al haberme expuesto yo mismo, ganándome una risotada de su parte. Me hizo enojar aún más y le lancé la almohada a la cara, haciéndolo atragantarse, pero continuó riendo por espacio de un minuto.

-Vas directo al matadero, a ver, ¿qué más vas a aclarar?

Tomé mi almohada y me acosté, dándole la espalda, sintiendo arder mi rostro por el bochorno y el coraje.

-Por todos los… -él continuó riendo-… eres un idiota.

Apreté los labios y los puños, enfurecido por su comentario. A veces odiaba su forma de ser, era muy burlesco cuando se lo proponía.

Estuvo riéndose por espacio de unos minutos más, pero me quedé dormido, así que cuando escuché a alguien tocar a la puerta mascullé, pero me negué a levantarme, aunque pronto me di cuenta que me encontraba abrazado a Taichi, quien se encontraba boca arriba. Volví a cerrar los ojos, aunque ese idiota ya comenzaba a quejarse por el calor.

-Papá, ¿están despiertos? Son las once de la mañana.

Abrí los ojos con sorpresa, pero me quejé al mirar el resplandor de la luz del sol entrando por la ventana.

-No, Taichi, ve y llévalos tú, Yamato y yo estuvimos muy ocupados anoche, estamos cansados.

Me levanté con rapidez, molesto por su comentario y fui a abrir la puerta en seguida, encontrándome el sonrojado rostro de su hijo.

-No le hagas caso al idiota de tu padre –entrecerré los ojos-. Nos quedamos dormidos, pero ya vamos. ¿Han desayunado?

-Natsu dijo que iba a hacer de desayunar, por eso vine a ver si ya estaban despiertos.

-Dile que ya voy yo a cocinar.

Sonreí con enfado y él sonrió con condescendencia, asintiendo.

-Bueno, con su permiso.

Cerré la puerta, volteando hacia atrás, pero cuando busqué con la mirada a Taichi, éste ya no se encontraba en la habitación. Dejé escapar un suspiro, pensando que se había ido huyendo al baño. Abrí la puerta, sentándome sobre la tapa del retrete, él se estaba bañando en el cuarto de baño. Volví a hacer una mueca de disgusto, ese idiota se estaba pasando con eso de "ser amantes".

Me dirigí entonces al lavabo para cepillar mis dientes y lavar mi rostro; sin embargo, cuando terminé de lavar mis dientes, al elevar mi rostro, me sorprendí de ver a Taichi detrás de mí.

-¿Pretendes matarme de un susto? –dije con enfado, pero él no dijo nada, tan sólo sonrió, volteando mi cuerpo hacia él y arrastrándome a la regadera. Intenté forcejear, pero él era muy fuerte, así que el agua caliente comenzó a empapar mi ropa y pantuflas. Volteé a verlo para reclamarle su extraña conducta, pero él me besó, con mucha intensidad, como si estuviera hambriento. Cuando nos separamos no pude evitar quejarme por ello, su lengua era ávida, caliente, agradable.

Mandé al carajo mis prejuicios y comencé a desnudarme, sintiéndome desesperado por más contacto, como si algo invisible me instara a hacerlo. Cuando mi última prenda cayó empapada al suelo, me abalancé a él, besándolo con suma ansiedad, con un hambre que no había sentido nunca.

Entonces él dio media vuelta a mi cuerpo, empujando mi rostro contra el muro. Sentí pues el frío recorrer mi espalda cuando vi que todo cambiaba y me encontraba en el cuarto de limpieza del gimnasio del instituto. Mi cuerpo comenzó a temblar cuando sentí la primer embestida en mi cuerpo, me había partido en dos.

-No… ¡no!

No era Taichi quien me mantenía en aquella posición, era aquel sujeto junto a sus amigos, podía escuchar sus voces, sus risas. Deseaba que se detuvieran, pero no lo hacían.

-¡No! Por favor no…

-¡Yamato!

Escuché en la lejanía, era la voz de Tai.

-Yama… tranquilo…

Abrí pues los ojos, viéndome en la habitación de Taichi mientras me aferraba a su cuerpo. Estaba sudando en frío y él me miraba con preocupación.

Entonces, la puerta del cuarto se abrió con estrépito mientras mi hermano me arrebataba de los brazos de Tai, pensando que a lo mejor él intentó hacerme algo.

-¿Qué sucede? –preguntó Takeru.

-Tenía una pesadilla –dijo Taichi, quizá molesto por la actitud de mi hermano.

-¿Es verdad eso, Yama? –preguntó con un suave tono mi hermano.

Asentí y mi hermano, abrazándome con fuerza, sacó a Taichi del lugar, mandándolo a dormir con su hermana.

-Ya, está bien, yo estoy aquí, nadie te hará daño –mi pequeño hermano comenzó a mecerme-, ni siquiera Yagami.

Mis ojos se cerraron automáticamente cuando Takeru colocó una parte de mi cuerpo sobre el suyo y pasó su mano derecha debajo de mí para que pudiera abrazarlo. Mi respiración se volvió acompasada, mientras escuchaba el tictac del reloj.

-¿Por qué has decidido estar con Yagami cuando no soportas el toque de otro hombre?

Preguntó molesto mi hermano.

-¿Te estaba obligando a algo?

-No… -respondí, mi voz tembló-… sólo tuve una pesadilla, no puedo tomar mis medicamentos cuando tengo alguna herida, me podrían subir la presión y me causan mayores daños que las pesadillas.

-¿Entonces… cuando Sora y tú pelearon y ella te hirió, qué hiciste?

Yo reí un poco, sintiendo las lágrimas resbalar por mis mejillas sin que pudiera evitar su flujo.

-Taichi las despejó.

-¿Entonces por qué ahorita tuviste una pesadilla?

-No es algo que pueda evitar –dije-. Al cerrar los ojos automáticamente siento que me encuentro en ese lugar, no es algo que haga voluntariamente.

Mi hermano no pareció convencido, pero después besó con suavidad mi frente.

-Mis sospechas me hacen creer que será infructuoso que estés con Taichi, ¿no crees que él se cansará en algún momento de no poder tocarte?

Me molesté con su comentario, pero no dije nada, él tenía razón. Mi corazón se oprimió al pensar qué haría si él decidiera tener una pareja de verdad y me dejara tirado como un juguete viejo y usado.

-Él no es así –contesté, pero se notaba la duda en cada letra-, si se consiguiera a alguien…

-No me refiero a que se consiga a otra persona –Takeru me abrazó con más fuerza-, ¿qué pasaría si él te obligara?

Comencé a temblar, pero después, apretando los puños, le contesté a mi hermano:

-Eso nunca pasará.

-Le tienes demasiada fe –dijo mi hermano-, pero yo mismo me encargaré de hacerle saber las consecuencias de lastimarte.

Reí un poco, pero algo dentro de mí sabía que las bromas que a veces me jugaba Taichi podrían conducirnos a algo más que las caricias, quizá los besos y, si eso llegase a suceder, ¿sería capaz de corresponderle?