Capítulo 15
Las sesiones del club de la escuela de Taichi habían cesado. Todos se preparaban para los exámenes de ingreso a la universidad, e intentaban adelantar lo más que se pudiera sus conocimientos, para no deber ninguna materia ni tener problemas cuando se terminara el cuatrimestre que empezaba.
Las vacaciones de verano habían concluido unos días después de que mi hermana y Takeru, junto con mis padres, regresaran a Tokio, y nuestros hijos retomaron su vida estudiantil, comenzando el Curso de Estudio Preliminar para el Ingreso a la Universidad.
Yo regresé al trabajo y me enfrasqué en él, hasta que bajó la carga de trabajo, que había aumentado por mi ausencia.
Y así fueron pasando los meses, hasta que llegó diciembre.
Bostecé, mientras Kitasawa me dejaba un té en la mesa.
-Hace un horrible frío de los mil demonios y usted no prende la calefacción –dijo ella, con enfado.
-Me dará calor si lo hago –entrecerré los ojos, tomando el té que me había ofrecido aquella mujer-. Kitasawa –llamé su atención y ella me miró fijamente-, ¿qué crees que estaría bien que le regalara a Yamato para navidad?
Ella parpadeó y volteó a otro lugar, molesta por la pregunta.
-No puedo creer que dos hombres guapos se desperdicien –ella se mordió los labios-. No tengo nada en contra de las relaciones del mismo sexo, pero no puedo aceptar que ustedes estén saliendo.
Sonreí con condescendencia, ella se había enterado por giros del destino que Yamato y yo estábamos "saliendo".
-Ya, supéralo –rodé los ojos-. ¿Qué crees que le pueda regalar?
Ella hizo un puchero, pero después negó con la cabeza.
-Pues no sé, puede regalarle algo que le guste –se quedó pensando-. Podría ser una loción, un reloj, una camisa; o lo puede invitar a una cena romántica en el hotel que se acaba de abrir, que se encuentra en la parte más alta de un edificio en la bahía de Tokio, en donde se puede ver toda la ciudad. Es muy caro, pero es tan romántico. Y puede ir a recogerlo en limousine, llevarle un enorme ramo de flores rojas y…
-Espera… -la detuve-… estamos hablando de Yamato; de un hombre; no de ti.
Ella entrecerró los ojos y se llevó ambas manos a la cadera.
-Usted preguntó.
-Además me mataría si lo llevo a un hotel –rodé los ojos.
-¿Por qué? –ella se extrañó- Ya tienen varios meses saliendo.
-¿Te acuestas con todos tus novios? –pregunté y ella se sonrojó.
-No, pero ustedes se tienen confianza, se conocen desde el instituto, ¿no?
-Desde la primaria –me sonrojé y volteé a otro lado-, pero eso no quiere decir que nos vayamos a acostar así como si nada.
-¿Pero no duermen juntos? –ella sonrió macabramente- ¿No lo han hecho aún?
Me sonrojé sin poder evitarlo, odiaba lo perspicaz que podía ser esa mujer.
-Ah, bueno… -en ésta ocasión, ella sonrió como el gato de Cheshire-… pues ésta es su oportunidad, Juez.
-¿Oportunidad? –parpadeé.
-Sí, eso es tan romántico, como un manga shoujo o un manga yaoi.
Rodé los ojos.
-Leer tanto manga te está carcomiendo el cerebro –dije entre risas.
-Bueno, entonces no le regale nada –ella salió de la oficina hecha una furia.
Cerré los ojos, dando un sorbo a mi té.
Una cena romántica, en un hotel y nosotros… Me sonrojé cuando había imaginado una escena erótica entre él y yo. ¿Por qué me estaba pasando eso? Demonios, quizá el no compartir algún momento íntimo con una mujer era lo que me estaba afectando.
Cuando llegué a la casa, estaba prendida la calefacción, así que la calidez que me recibió ocasionó que me quitara de inmediato el abrigo. A pesar del clima cálido de Hiroshima, había veces que nevaba en invierno y, por como se veían las cosas, ese invierno caería nieve.
-Ya llegué –dije cuando terminé de guardar mis cosas en el clóset que se encontraba a un lado de la puerta de entrada. Me descalcé y me puse mis pantuflas, caminando al interior de la casa.
Yamato cocinaba mientras platicaba amenamente con mi hijo, hasta que éste me vio y me sonrió, antes de irse a otro lugar.
-Ya llegué –dije, siguiendo el rastro de mi hijo.
-Ah, Tai –aquel rubio estúpido me sonrió-; Taichi me dijo dónde estaba el árbol de navidad, así que lo puse y lo decoramos. ¿Te molesta que no te hayamos invitado?
-No, jamás tengo el tiempo para ponerlo, por lo que quien lo acomoda es Taichi.
Yamato continuó con su labor; sin embargo, no pude evitar mirarle demasiado, por lo que él me volteó a ver, con una expresión de sorpresa.
-¿Se… se te ofrece algo?
Se había sonrojado, quizá se dio cuenta de mis pensamientos, así que volteé a otro lado.
-Te ocupas de nosotros todos los días, por eso quería invitarte… -carraspeé por unos instantes-… a cenar.
Él me miró, como si tuviera diez cabezas.
-No… no es necesario –dijo, con una media sonrisa-… ya es suficiente con que me dejes vivir aquí y pagues los estudios de mi hija.
Nos quedamos en silencio, así que dejé escapar un suspiro.
¿Quién me creía yo para ofrecerle una cena? No éramos nada, aunque aparentáramos lo contrario. Quizá estaba dándole demasiada importancia a nuestra relación ficticia, quizá si lo hacía terminaría enamorándome de él y no quería aquello.
-¿Quieres que prepare algo para la cena de navidad? –preguntó y yo le miré detenidamente.
Sí, era muy guapo, de ojos azules como el cielo, de cabellos rubios como los rayos del sol, de sonrisa blanca como nubes, de piel aterciopelada como un durazno; pero eso no lo hacía deseable para mí. ¿Qué tenía de bueno alguien como él? ¿Qué tenía de bueno alguien que no me quería de verdad?
-¿Ta…Tai? –preguntó, mi mirada le estaba intimidando.
-Yama… -lo acorralé contra el refrigerador y él volvió a parpadear.
-¿Qué te pasa?
-Iremos a cenar, tú y yo solos, a la luz de las velas, en el hotel que se encuentra en la bahía de Tokio, quizá podamos ir a una de las habitaciones y… -me acerqué a su oído, para susurrarle sensualmente-… y hacer el amor, hasta que ya no puedas, hasta que te llene completamente de mí.
Él se sonrojó por completo y me miró con enfado.
-Ya deja de estar haciendo bromas, idiota.
Me apartó, con el rostro completamente sonrojado, y yo me reí, divertido con la escena.
-Era broma, bueno, no lo de que te invito a cenar a ese lugar, aunque si tú quieres, podemos… -volví a acorralarlo y a susurrar en su oído-… podemos ir a dar rienda suelta a…
-¡Yagami, ya!
Me intentó alejar de él; sin embargo, le robé un beso, casi imperceptible; pero cuando nos separemos, unas risitas nos tomaron por sorpresa.
-Ejem, perdón que los interrumpa –dijo Natsu, así que me separé de Yamato, y me di cuenta que otras dos chicas la acompañaban-, pero Mariko y Kyoko ya se van y las acompañaré a sus casas.
-Ah, viven cerca, ¿verdad? –sonreí, haciendo sonrojar a las chicas, algo que me incomodó un poco- Las acompañaré, para que Natsu no se regrese sola.
Natsu sonrió y asintió.
-Ya regreso –le dije a Yamato, mientras tomaba mi abrigo y me asomaba por la ventana-. Mmm… está nevando –dije con preocupación-, es mejor que las lleve en la camioneta.
Las chicas asintieron y abrí la puerta del garaje, para que bajaran conmigo las escaleras.
-Ya regreso, mi amor… -le dije, antes de cerrar la puerta, dejando a un estupefacto y completamente sonrojado Yamato, el cual, antes de cerrar la puerta del garaje, me lanzó una cuchara de plástico que traía en las manos.
Las chicas sonrieron con condescendencia al escuchar el golpe en la puerta después de cerrarla. No pude reprimir una carcajada, me había divertido mucho la escena. Continué riendo, mientras bajaba las escaleras, aunque las miradas de las chicas me continuó incomodando.
-Señor Yagami –dijo Mariko, una chica de cabellos castaños y ondulados, con lentes de fondo de botella-, ¿es cierto que usted y el señor Ishida se conocen desde niños? –dijo ella, con un extraño brillo en sus ojos.
-Mariko –Natsu pareció regañarla, pero ella tenía el mismo brillo.
-Ah, sí… -sonreí con condescendencia, no sabía por qué, pero la plática me estaba dando mala espina.
-¿Y desde cuándo se enamoró de él? –la otra chica, Kyoko, una atractiva joven de cabellos negros y ojos violetas, de piel blanca, me sonrió.
-Ah, bueno… -quizá me sonrojé, por lo que ellas rieron un poco.
Me quedé en silencio, por lo que Natsu sonrió tímidamente.
-Ya dejen a mi papá, yo sé que les gusta el yaoi, pero esa es la historia de él y de mi papi.
Ambas chicas me sonrieron con agrado, mientras abría las portezuelas de la camioneta y esperaba a que subieran, para sentarme yo también. Natsu iba en el asiento del copiloto.
Después de llevar a las chicas y ya de regreso, Natsu me miró y después me sonrió.
-¿Desde siempre, papá Taichi? –aquella pregunta me tomó por sorpresa.
-¿Desde siempre qué, Natsu? –parpadeé, confundido.
-¿Desde siempre has estado enamorado de mi papá?
-Yo estaba enamorado de Sora, Natsu, eso no puede ser –reí un poco-. No sé desde cuándo, nunca me detuve a pensarlo.
-Hubiera sido muy romántico –dijo ella-, que él fuera tu primer amor y se hubiera cumplido.
-Tu padre y yo fuimos muchos años, e incluso ahora, como el agua y el aceite.
-Pero los opuestos se atraen –dijo ella, como tratando de hacerme ver algo.
-Pero nosotros somos demasiado opuestos –reí un poco-. Agumon me dijo… -me quedé callado de pronto, al recordar a mi amigo.
Estacioné la camioneta en el garaje y ambos salimos. Ella subió las escaleras, pero se detuvo antes de abrir la puerta que conducía al interior de la casa.
-¿Qué mi mamá realmente no era tu primera persona favorita?
Aquella pregunta me hizo abrir los ojos como platos.
-Mamá lo escuchó en aquella ocasión –me dijo Natsu-. Ella nos contaba tanto de ti cuando éramos niños, aunque no te conociéramos en persona, sabíamos de tu existencia, aunque al principio no me había dado cuenta de que eras tú. Ella sólo decía: "Tai esto… Tai aquello…", por lo que no te reconocí al principio, papá Taichi. Quizá mi mamá fue tu primer amor, pero cuando ella se fue con mi papá fue porque se dio cuenta que tú no la querías más que a quien pensabas que era tu segunda persona favorita en el mundo. El ser la segunda persona debe ser muy molesto y doloroso.
Apreté los puños al pensar en el sentimiento de Nana al saberlo.
-Pero papá no lo entiende así. Cuando ellos pelearon me asusté mucho cuando mi mamá tomó un cuchillo e hirió a mi papá. También tenía conocimiento de lo de Mimi y mi mamá, pero yo, a diferencia de mi hermano, siempre he querido mucho a mi papi, por lo que no lo culpé por lo que pasó y me preocupé por su bienestar. No voy a justificar a mi papá, pero mi mamá y nosotros debimos irnos con mi papá cuando consiguió un excelente trabajo en la NASA; sin embargo, mi mamá no quiso perder lo que tenía aquí y decidió quedarse, dejar solo a mi padre –ella hizo una pausa y me sonrió con mucha alegría-. Pero ahora papá se ve muy feliz, por lo que me siento más tranquila de irme a Tokio a estudiar, porque sé que tú lo vas a cuidar bien, papá.
Parpadeé. Esa niña era más inteligente y perspicaz de lo que había imaginado.
-Eres muy madura, Natsu –le acaricié los cabellos.
Ella sólo sonrió nuevamente y abrió la puerta.
-Está helando afuera –dijo cuando llegamos y comenzamos a quitarnos las ropas que nos cubrían.
-Me imagino –dijo Yamato, mientras comenzaba a servir la cena-. Es una lástima que Mariko y Kyoko no se quedaran a cenar.
-Dijeron que adoran tu comida, pero mañana tenemos que llegar temprano a adornar el salón para las festividades –Natsu estiró sus brazos un poco y después bostezó.
-¿Les tocó éste año? –preguntó Yamato.
Pero ya no escuché más, ya que subí a mi habitación, para quitarme el traje y cambiarme de ropa.
Me dejé caer en la cama, mirando el techo. Las palabras de Agumon nuevamente sonaron en mi cabeza.
"Ojalá puedas encontrar a una nueva persona a quien amar; quizá a tu segunda persona favorita, pero habría un problema con eso, ¿verdad?" –él sonrió-"Porque esa persona es quien sientes que te está quitando a tu amor".
Apreté los puños, sintiéndome molesto.
"Es porque tu persona favorita no es la número uno, sino la número dos. Es obvio que quieres más a Yamato que a Sora, pero pensemos entonces que Yamato es la segunda persona más importante, para que no sientas más dolor".
Las últimas palabras resonaron en mi mente una y otra vez.
-¿Por qué me tenía qué enamorar de un imbécil como ese? –de pronto me sentí furioso conmigo.
Yamato era la peor persona de la que me podría enamorar. De verdad éramos polos opuestos. Él era más tranquilo que yo, más sofisticado, más atractivo, más misterioso. Su vida era la investigación, mi vida era el trabajo y las leyes. ¿Qué de bueno tenía alguien que era tan serio y aunque parecía maduro, era una persona débil cuando se sentía perdido?
Eso no lo hacía mala persona, pero con ello ocasionaba que sintiera que estaba siendo indiferente conmigo, con todos. Bueno, no indiferente, ¿o sí?
Me llevé ambas manos a la cabeza.
Todavía estaba a tiempo, todavía podía instarle a que se fuera, a que recorriera su camino, antes de enamorarme nuevamente de él.
"Sino es que ya lo estás".
Mi propia mente me respondió y enfurecí. ¿Enamorado de ese imbécil?
-¿No vas a bajar a cenar? –su voz ocasionó que me diera casi un infarto por la impresión. Sentí un leve palpitar que me causó dolor y él se acercó a mí, mirándome con miedo- ¿Estás bien? ¿Te sientes mal?
-No, no, estoy bien –me senté en la cama, tomando mi pecho-. Me asustaste, eso es todo.
-¿Vas a bajar a cenar? –me preguntó y después negué.
-Lo siento, estoy cansado, quiero dormir.
Él me miró con preocupación.
-¿De verdad estás bien? –me dijo, pero negué, ocasionando que se acercara más a mí.
-No, no me siento bien, creo que necesito de tus besos para sentirme mejor.
Aquello lo hizo enrojecer y molestarse, lo que aproveché para jalarlo del brazo y tirarlo sobre la cama. Como estaba aturdido, me senté a horcajadas sobre sus piernas, sonriéndole con maldad.
-Ya… quítate, idiota –dijo, volteando a otro lugar, intentando apartarme.
-¿Estás nervioso? –sonreí y él me miró con horror.
-Ya déjate de juegos, nuestros hijos están esperando por nosotros.
Reí con algo de maldad cuando acaricié sus labios con el dedo pulgar de mi mano derecha. Él huyó de mi mirada; sin embargo, podía percibir su miedo, su cuerpo temblaba.
-Por favor, no… no soporto que alguien esté encima de mí, menos si es un hombre.
Yo dejé escapar un suspiro y me incorporé. Él continuó recostado, aunque pude percibir su excitación, algo que inmediatamente intentó cubrir.
-Yo… yo… -tartamudeó mientras intentaba justificarse-… es natural… no lo he hecho en mucho tiempo… Además es una reacción que… -se mordió la lengua y se quejó.
-Está bien –rodé los ojos-, ¿qué tal si lo continuamos después de cenar? ¿O en ese hotel que te dije?
Él se levantó por completo de mi cama y me dio un leve golpe en el hombro izquierdo con el puño cerrado.
-Ya déjate de bromas, idiota. Sabes que estamos fingiendo esto.
-Lo sé –rodé los ojos-, pero eso no quita que podamos hacerlo.
Él entrecerró los ojos, negando con la cabeza.
-¿Y ahora qué mosca te picó?
Reí un poco, ni siquiera yo lo entendía.
-Si necesitas a alguien, ¿por qué no vas a buscarla en otro lugar? –él se cruzó de brazos.
-Bueno, pero… -le di un leve golpe en la nariz, lo que lo hizo parpadear-… ¿estarás bien cuando tenga una novia y te pida que te vayas de mi casa?
-Eso no importa –me dijo como si nada-, después de todo nací solo y moriré igual. En vez de que flirtees conmigo hazlo con alguien a quien le interese.
-No, pues yo vi que a ésta parte de ti sí le interesó –toqué, por encima de la ropa, su media erección, lo que lo hizo sonrojarse y gemir.
-Tai, ya… -aunque intentó apartarme, se lo impedí, pero por hacer presión en sus muñecas con mi mano izquierda, ambos caímos a la cama, obviamente yo sobre él-… deja…
Sonreí con lascivia, algo que lo hizo enrojecer.
-Tai ya deja de molestarme.
Su rostro palideció cuando escuchó y sintió cómo desabroché su cinturón, al igual que su pantalón, metiendo mi mano derecha dentro de su ropa. Él tembló y cerró los ojos.
-Tai… -dejé de ejercer fuerza sobre sus manos y él intentó apartarme, pero parecía indeciso, al parecer le estaba gustando el movimiento de mi mano sobre su erección-… Ta…i… ya deja…
Dejó escapar un profundo gemido y apretó con fuerza mi ropa.
-No, vas a manchar mi ropa… -tenía los ojos fuertemente apretados-… la cena, nuestros hijos…
Fue por su descuido que aproveché para besarle, lo que lo tomó por sorpresa; sin embargo, correspondió con mucha pasión mi beso, parecía que me quería comer vivo. Segundos después gimió dentro del beso, había terminado y mi mano se sentía pegajosa, al igual que su ropa interior.
Me tuve que separar inmediatamente, estaba a punto de arrancarle la ropa y tomarlo ahí mismo.
-Lo siento, llevé muy lejos la broma.
¡Broma! Hasta yo me molesté por mis palabras. Él ni siquiera me miró, tan sólo me apartó de su camino, buscando ropa en los cajones del clóset, para cambiarse.
-Voy a cambiarme –sus palabras sonaron muy frías-. Me pondré un pijama de franela, diles a nuestros hijos que aproveché para cambiarme, porque tenía frío.
Segundos después se dirigió al baño, dando un fuerte portazo, lo que me hizo sudar una gotita.
Arreglé mi ropa, sintiéndome un poco culpable, así que bajé a cenar, esperando porque no estuviera tan enojado conmigo por mi estupidez.
