Capítulo 16
Tenía un fuerte remolino de sentimientos y sensaciones cuando me alejé de Taichi, después de que me hiciera…
Lancé mi ropa al suelo, molesto por su actitud. ¿Qué demonios le pasaba para actuar de esa manera y meter su mano dentro de mi ropa?
Me senté en el retrete, pero aún me mantenía excitado. ¿Cómo demonios iba a dormir con él después de aquello? ¿Cómo iba a poder conciliar el sueño si iba a estar pensando en esos momentos en que lo besé con tanta desesperación?
¡Había besado a un hombre! ¡Y me había gustado! Bueno, ya lo había besado antes, pero en ésta ocasión fue realmente diferente.
Me llevé ambas manos al rostro, sintiéndome decepcionado de mí mismo. ¿Desde cuándo el pensamiento de ser besado y acariciado por un hombre me había excitado? Sonreí con tristeza al darme cuenta que el sólo pensamiento me causaba náuseas, pero al ser Taichi no sentía tal cosa.
-¡Maldito infeliz! –grité, sintiéndome frustrado- ¡Ya verás cuando estemos solos, te voy a hacer la vida imposible!
Aunque grité, sabía que me encontraba solo, porque Taichi había salido ya de la habitación.
¿Por qué me sucedía eso a mí? Odiaba cualquier contacto con personas de mi mismo sexo y más de una vez, a uno de mis colegas, lo había pateado en sus partes por intentar sobrepasarse conmigo.
-Pero es Taichi…
Me dije a mí mismo. Apreté los puños. Sólo por ser Taichi se lo permitía.
¿Sólo por ser Taichi? ¿Qué de especial tenía él para permitirle algo así? Me crucé de brazos, pero después desistí. Mientras no intentara nuevamente sobrepasarse estaba bien. Me limpié, le di una pequeña enjuagada a mi ropa, para que no se le quedara permanentemente la mancha y después la lancé al cesto de ropa sucia; por último me coloqué mi pijama de franela.
Cuando llegué a la planta baja, nuestros hijos, al igual que Tai, cenaban tranquilamente en la mesita de la sala que tenía calefacción integrada. De verdad estaba haciendo mucho frío, e incluso las ventanas tronaban por el viento.
-Tengo mucho frío –Taichi se abrazó a sí mismo y después estornudó-. Muero.
Yo sudé una gotita, porque por lo general yo era el friolento ahí.
-¿No te irás enfermar? –pregunté, y Taichi me miró con horror.
-No… -dijo, con falso dramatismo-… odio la gripe… achú…
Natsu y Tai sonrieron con condescendencia.
-¿Y qué levas a pedir a Santa Claus? –me preguntó Natsu.
-Yo no creo en esas cosas –rodeé los ojos.
-Pues yo quiero un suéter, y un abrigo, y unos zapatos para la nieve, y unas botas a prueba de agua, pero que sean de diseñador, y un bolso para la escuela nuevo, y maquillaje, y…
-¿Y… no quieres que te traiga la luna y las estrellas? –entrecerré los ojos y ella me miró con enfado.
-Papi Taichi, ¿me lo vas a regalar?
-Claro, pequeña –Tai sonrió y yo le miré con enfado.
-La estás consintiendo demasiado –me crucé de brazos.
-Pero va bien en la escuela –me respondió Tai-, además, aunque parece mucho, no es tanto.
-¿Y tú, Tai, qué vas a pedir? –le preguntó mi hija al hijo de mi "novio"- ¿Ya sabes?
-Sólo quiero una tableta nueva –él sudó una gotita-, un celular nuevo y una tarjeta de prepago para el Shinkansen y otra para el metro de Tokio.
-Ah, es cierto –dijo Tai-, tú también necesitas eso, ¿verdad, Natsu?
-Oh, ¿me lo vas a comprar también, papi Taichi? –ella dijo con estrellas en los ojos- Eres el más genial papá.
Yo hice una mueca de enfado, y carraspeé, para llamar su atención y hacerle saber que me había molestado su comentario.
-Tú pareces mi mamá, papi –Natsu me dijo, con los ojos entrecerrados-. Nada más me estás regañando –dijo, con falso dramatismo, haciendo que su novio sudara una gotita.
-¿Cómo que tu madre? –me ofendí.
-Además, tú eres el uke, ¿verdad?
Taichi se atragantó con una takoyaki (bolita de pulpo), hasta que tomó agua y después comenzó a carcajearse.
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja…
-¿Cómo que el uke? -apreté los puños y me sonrojé- Por cierto, ¿qué es eso?
Todos sudaron una gotita cuando pregunté.
-Bueno… -mi hija se aclaró la garganta y Taichi (hijo) le dijo con la cabeza que no lo dijera-… es el que toma el rol de la mujer en la relación homosexual entre dos hombres, o bueno, el que recibe, el pasivo…
Abrí los ojos como platos, sonrojándome en extremo, mientras Taichi se revolcaba en el piso por la risa.
-¿Po… po… por…por qué… por qué piensas eso? –dije a la defensiva.
-No… no me digas que me equivoqué –dijo ella con horror.
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja… -Taichi no podía dejar de reírse-… vas a matarme, Natsu, ja, ja, ja, ja…
Mi hija sudó una gotita.
-¿Entonces sí eres el uke? –dejó escapar un suspiro de alivio.
-¿Por qué suenas tan aliviada? –dije, mientras me ponía de pie por la ofensa.
-Bueno, sólo lo pensé y ya. Tai te dice que eres su madre, así que no pude evitarlo.
Taichi continuaba carcajeándose en el piso, su hijo estaba sonrojado, al igual que yo, mientras continuaba comiendo, y mi hija me estaba sonriendo con mucha felicidad.
-¿No te molesta que tu padre salga con otro hombre? –dije, a la defensiva.
-Nop –ella respondió-, mi mamá sale con otra mujer.
Desde un principio eso también estaba mal. Le di una patada a Taichi, quien continuaba riéndose en el piso.
-Ouch, ya, no te enojes, pero es que no pude evitarlo –Taichi continuó carcajeándose en el piso.
-No puede ser esto –me senté en la mesa, sumamente ofendido.
Continuamos comiendo, mientras Taichi no paraba de reír, hasta después de media hora que ya no pudo más.
A la hora de dormir, me sentía nervioso. Taichi había subido primero, ya que su hijo había decidido ayudarme a limpiar, así que cuando llegué a la habitación que teníamos qué compartir, él estaba dormido.
Me senté sobre la cama, pero lo único que conseguí fue que murmurara algo inteligible y rodara sobre su cuerpo, ocupando mi lugar en la cama. Yo entrecerré los ojos, molesto, así que giré sobre su cuerpo, pero quedé sobre su pecho.
Extrañamente me sentí muy cómodo, por lo que cerré los ojos, hasta que sentí el movimiento de Taichi sobre mis hombros.
-Yama, tengo que levantarme para bañarme e irme al trabajo.
Me incorporé inmediatamente, sonrojándome al darme cuenta que me había quedado dormido abrazado a él.
-Lo… lo siento…
Él se levantó y después volteó a verme, sin comprender porque razón me encontraba sonrojado.
-Voy a bañarme… -tomó su ropa y se marchó al cuarto de baño.
Me incorporé inmediatamente, sintiendo un poco de dolor en mi pie, debido al frío. El médico me había dicho que las heridas siempre sanan por fuera, pero por dentro se tardan de seis meses a un año en sanar, por lo que aún me causaba molestias.
Me senté en la cama, sintiéndome ajeno a aquel lugar.
Era la primera vez que dormía por tanto tiempo con una persona y aquello me desagradaba, o algo así.
-Estás cobijándote demasiado en su sombra.
Me dije a mí mismo. Y era verdad. Me sentía como si me encontrara en un agradable día de verano, debajo de un frondoso y fresco árbol.
Me volví a levantar, ésta vez con cuidado; tendí la cama y me retiré a la cocina, para preparar el almuerzo de todos.
A los veinte minutos llegó Natsu, bostezando, mientras se agarraba el largo cabello en una coleta.
-¿No has pensado en cortarte un poco el cabello, o degrafilarlo? –le pregunté a mi hija, llamando su atención.
-No, ¿por qué? –dijo a la defensiva.
-Bueno, el cabello largo es bonito, pero… ¿tan largo?
-Quiero que me llegue debajo de las rodillas –dijo ella con convicción-. El cabello largo siempre me ha parecido muy femenino.
-Y lo es –llegó Taichi hijo, mientras dejaba sus útiles en una silla del comedor y se sentaba-, pero deberías degrafilarlo un poco, para que no te pese.
-Es una excelente idea –ella sonrió.
-¿Por qué a él le das la razón y a mí me mandaste al carajo? –entrecerré los ojos, molesto por ello.
-No lo dijiste como Tai –ella puntualizó y yo hice un mohín.
Justo cuando iba a decirle algo más a mi hija, llegó Taichi, bostezando.
-¿Ya listos? –él se sentó en la mesa del comedor y me miró detenidamente- ¿Han pensado en lo que haremos para navidad?
Natsu no dejó que nadie más contestara, pues con mucha emoción dijo:
-¿Ir a Tokio a pasarlo con mis abuelitos?
Aquella pregunta hizo que Taichi y yo tragáramos en seco.
-No creo que eso se pueda –Tai se levantó de su asiento, mirando el reloj de pulsera de su mano izquierda-. Miren que tarde es, ya alístense para irnos.
Taichi fue a tomar un vaso con agua.
-¿No crees que deberías contarle a mi abuelito Hiro y a mi abuelita Natsu que estás saliendo con mi papá Taichi? –ella se dirigió a mí, pero Taichi alcanzó a escuchar, por lo que escupió el agua que bebía.
-No, es mejor que no lo sepa –ya me imaginaba a mi padre matándonos tanto a Taichi como a mí.
-¿Pero por qué?
-Porque no y ya. Alístense, váyanse ya.
Natsu me miró por espacio de unos segundos, pero después desistió.
-Voy por mis útiles –dijo ella, alejándose a las habitaciones.
-No recordaba a tus padres –Taichi se aflojó la corbata-. Tu padre me va a matar, me va a desollar vivo, va a romperme uno por uno los huesos del cuerpo, me quemará vivo y después echará mis restos en alguna alcantarilla.
El hijo de Tai sonrió con condescendencia.
-¿Tanto así? ¿Es por lo que pasó con el señor Ishida antes y por lo que te acusaron? –su hijo nos preguntó y yo bajé el rostro, me sentía apenado.
-Si un día viene tu padre, mátame, sufriré menos que en sus manos.
-No seas exagerado –le dije a Tai.
Natsu llegó y nos sonrió, ya que no comprendía la desesperación de Tai.
-Vámonos –dijo él-, por cierto, ¿puedes llevar uno de mis abrigos a la tintorería? Kitasawa soltó la jarra de té sobre mí ayer.
Yo asentí.
-Es el que está guardado en una bolsa para viaje. Gracias.
Todos salieron y yo sonreí con condescendencia.
¿Qué pasaría cuando mis padres se enteraran?
Estaba haciendo de comer cuando sonó el teléfono de la casa. El número correspondía a mi hermano, así que contesté, encontrándome su rostro en la pantalla del aparato.
-Hola, Yama –él me sonrió-, ¿dónde pasarán la navidad?
-Aquí –respondí automáticamente.
-Éste año mis papás no estarán, tomarán un crucero y se irán a dar la vuelta por Europa, así que nos preguntábamos si quieren cenar con nosotros. Nuestra casa es lo suficientemente amplia para que ustedes y los papás de Kari y Tai se queden.
Yo sonreí con condescendencia.
-No le has dicho nada a mis papás, ¿verdad?
-¿Sobre que estás saliendo con Yagami? –Takeru sonrió- ¿Crees que Tai seguiría vivo después es eso? Sabes que mi padre no tendría miramiento alguno en ir a desollarlo, hervirlo vivo, o quizá romperle uno por uno los huesos del cuerpo.
Yo sudé una gotita, casi sonaba igual que las palabras que había dicho Tai.
-No le he dicho, Taichi no me cae tan mal, siempre ha sido una persona sumamente confiable y le respeto y le admiro –sudó una gotita-; bueno, después de lo que sucedió no, pero él siempre ha sido genial.
Entrecerré los ojos, incluso Natsu decía que Taichi era genial.
-Le diré a Tai, pero tú sabes que odia ir a Tokio.
-Seguramente por mi papá. Estoy convencido de que le fue a amenazar de muerte, por eso se fue también.
Aquellas palaras hicieron mella en mí, algo que percibió de inmediato mi hermano menor.
-Oye, no te pongas así, seguro Taichi comprende porque razón te quedaste callado, sobre todo cuando tienes pesadillas. Y pues, dile lo de la cena de noche buena, ¿ok?
-Sí, está bien –sonreí débilmente.
-Salúdame a mi cuñado.
Yo rodeé los ojos y después me colgó. Hice un mohín, ¿cómo le iba a decir aquello a Taichi?
La puerta de entrada de la casa se abrió, mientras Taichi y Natsu llegaban.
-Ya llegué –dijo Taichi, ayudando a mi hija a entrar.
-Papi, tengo hambre.
Yo sudé una gotita, sobre todo cuando el estómago de Taichi rugió, haciéndolo enrojecer.
-También Tai –Natsu le sonrió.
Negué con la cabeza y ambos dejaron sus zapatos en el armario de la entrada, al igual que sus útiles.
-Takeru me dijo que si pasábamos la noche buena en su casa, junto a tus abuelos, Taichi –me dirigí al chico.
-Eso sería genial –dijo el muchacho, con mucho entusiasmo.
-Sólo que falta la decisión de tu padre –sonreí con condescendencia.
La sonrisa del chico se borró en seguida.
-Seguramente dirá que no, ya sabe cómo es. Todavía no se lleva bien con mis abuelos.
-Oye –parpadeé-, ¿no pasas las festividades con tus abuelos maternos?
-Ellos viven en Hong Kong. Mi abuelito Ryuu y mi abuelita Su sólo me llaman para esos días, pero casi no los veo. Al parecer, la muerte de mi mamá les afectó mucho y ya no vienen mucho a Japón. Pero de vez en cuando voy a visitarlos. No tengo de todos modos, mucho contacto con la familia de ellos.
-Entonces te has criado solo con tu padre.
-Sí –él sonrió-, aunque es un asco cocinando, pero no le diga, lastimaría sus sentimientos.
Yo sudé una gotita.
-Al principio se le pasaba la sal a la comida, por lo que optó por comprar la comida ya preparada. Yo cocino desde los diez años, pero no soy tan bueno como tú, mamá… -se sonrojó mucho al darse cuenta de sus palabras, haciéndome sonrojar a mí también-… perdón, como usted, señor Ishida.
Carraspeé un poco, sintiéndome algo azorado. ¿Qué de bueno tenía yo para que alguien ajeno a mi familia me considerara como… su madre?
De pronto, me sentí sofocado, ¿no era igual a la relación que tenía el hijo de Joe con Koushirou Izumi? Mamá, un honorífico de esa magnitud causaba que me sintiera culpable.
-Bueno, vamos a comer, antes de que mi hijo se desmaye.
Lo dije para causar incomodidad en el chico, el cual me sonrió, completamente sonrojado.
-A ver si le dices así a Tai cuando nos casemos –me dijo Natsu.
-¡Natsu! –entrecerré los ojos.
Ella me mostró la lengua y subió las escalera, riendo.
-Mamá, ¿cómo son tus papás?
¿Seguía diciéndome así? ¿Quería molestarme o algo por el estilo?
-Pues mi papá es un buen hombre, aunque muy gruñón.
-¿Y cómo es en su físico?
-Pues tiene los ojos marón y el cabello castaño –sonreí con condescendencia.
-¿Y tu mamá?
-Pues es más gruñona que mi papá, pero un poco más paciente –antes de que me preguntara sobre su físico, dije lo que seguramente quería escuchar-; además es rubia, de ojos azules –sudé una gotita.
-Ah, ya veo.
-¿Por qué me preguntas?
-Pues en la escuela nos estaban preguntando por nuestros abuelos y yo les dije que tenía tres pares de abuelitos.
Estaba llevando demasiado lejos ésta broma, para ser broma. De pronto me molesté, al recordar "la broma" que me había jugado Taichi la otra vez en la que… -quizá me sonrojé, por lo que el hijo de ese bastardo, me miró con preocupación.
-Lo siento, ¿te he molestado?
-No propiamente –mentí, dándole la espalda, para tomar algunos platos y ponerlos en la mesa.
-Quizá estoy siendo muy molesto, ¿verdad?
¿Era mi imaginación o se veía como un cachorrito desvalido? Tenía los mismos gestos que su padre, algo que me hizo reír. Le revolví su ya de por sí desordenado cabello, sonriéndole.
-No estoy acostumbrado a ese trato. Siempre he estado lejos de mis hijos, por lo que me siento un tanto sofocado con las atenciones, lo siento.
Él me sonrió.
-¿Entonces tengo cierto privilegio?
Sudé una gotita.
-Supongo.
Aquel muchacho me sonrió con mucha felicidad.
-Déjame ayudarte a poner la mesa, mamá.
Sonreí con condescendencia, seguramente ya no dejaría de referirse a mi persona de esa manera.
La puerta del garaje se abrió, revelando de pronto a Taichi (padre), quien bostezó.
-Maldita sea, que audiencia tan larga.
Dejé los platos en la mesa y fui a ayudarle a quitarse el abrigo, para que no manchara con nieve el piso de madera de la casa.
-Me muero de hambre, pensé que no se iba a terminar nunca.
Sonreí levemente, pero me molesté con él cuando nos miramos a los ojos. Él se dio cuenta de mi reacción, por lo que sudó una gotita y se fue a sentar a la mesa.
Comencé a servir la comida y nos sentamos todos, agradeciendo por los alimentos.
-Por cierto, Takeru me dijo que quería que fuéramos a celebrar la navidad con ellos.
Taichi se atragantó con la bebida, algo que no había previsto, por lo que comenzó a toser.
-¡Qué! –apenas se repuso, Taichi me miró incriminatoriamente- ¡Y seguro tú fuiste el de la idea! –volvió a toser involuntariamente.
-¡Yo! –entrecerré los ojos, golpeando la mesa, algo que sorprendió a nuestros hijos- ¡Ni siquiera lo había pensado, Yagami!
Él volteó a otro lugar, molesto.
-¿Y qué le dijiste?
-Que lo iba a hablar contigo –rodeé los ojos-. Si le tienes tanto miedo a mis padres, ellos no van a estar en Tokio, van a estar fuera, en Europa, creo.
Aquella información suavizó un poco el duro gesto que surcaba por el rostro de Tai.
-Y déjame adivinar, Susumo y Yuuko van a estar ahí.
-Sé más respetuoso, son tus padres –dije con algo de sorpresa.
-Ellos me echaron de su casa, no se merecen mi respeto –se cruzó de brazos-. Déjame pensarlo, ahorita estoy cansado y hubiera deseado una cena apacible, no una lluvia de peticiones irracionales.
-Sólo te lo comenté, no te dije que fuéramos –entrecerré los ojos-. Madura, ya pasó…
Él se levantó de su asiento, demasiado molesto.
-¿Ya pasó mucho tiempo?
Él se dio media vuelta, subiendo las escaleras.
-Perdí el apetito, me voy a duchar y a dormir.
Dejé escapar un suspiro. No quería que nuestros hijos estuvieran presentes en esa discusión.
Natsu me miró detenidamente.
-¿Mi papá Taichi no se lleva bien con mis abuelitos, papi?
Yo sonreí con condescendencia al escuchar aquello.
-No –respondí secamente.
El hijo de Taichi estaba enterado de ello, pero mi hija no, así que él sólo continuó comiendo.
-Pienso que mi abuelito Hiro se sentiría muy feliz con tener un yerno tan amable.
Entrecerré los ojos.
-Lo haces ver muy fácil, Natsu. Tú sabes que todavía no se aceptan tan fácilmente las relaciones del mismo sexo en nuestra sociedad.
-Pero en Tokio sí, y hasta se pueden casar.
Yo sudé una gotita, no pensaba llevar tan lejos la mentira con Tai.
-Pero mis padres crecieron en otros tiempos, e incluso yo también crecí en otros tiempos.
Ella hizo un puchero.
-Pero no está bien que no se los presentes. ¿O es que acaso estás jugando con los sentimientos de mi papá Taichi?
Rodé los ojos. Ella se estaba tomando demasiado en serio la relación que Taichi y yo estábamos fingiendo.
-Taichi y yo tuvimos un problema hace tiempo y mi padre no lo puede ver, si llego y se lo presento como mi "novio" –hice énfasis con las manos-, lo desollará vivo.
-¿Pe… pero por qué? –ella se levantó de su asiento y golpeó la mesa con las palmas de sus manos- ¿Qué fue lo que pasó?
Abrí los labios, pero no quise ahondar en el tema. Aquellos recuerdos me producían dolor y temor, no quería que ella se enterara, hubiera preferido que nadie se enterara.
-Déjalo, Natsu –le dijo Taichi, por lo que ella se sentó en la mesa-, no te incumbe la vida de ambos. Si tus abuelos no quieren a mi papá, sus razones tendrán. Ellos tuvieron una juventud difícil, no presiones a mamá, él no quiere hablar.
-Lo defiendes demasiado –ella se cruzó de brazos y volteó a otro lugar.
-Y tú defiendes demasiado a mi papá.
Ambos se miraron, Natsu con resentimiento, Taichi con algo de neutralidad.
-No se peleen por nuestra culpa –yo dejé escapar un suspiro-. Ya arreglaré las cosas con Tai, sólo necesito que se calme. Después de que se bañe lo chantajearé con comida.
Ambos chicos sonrieron con condescendencia.
-¿Entonces iremos a Tokio? –dijo Natsu con emoción.
-Pues a ver qué pasa.
Continuamos comiendo, aunque yo también había perdido el apetito por la discusión con Taichi. No había querido decirle las cosas tan fríamente.
