Capítulo 18

Después de haber regresado de Tokio, nada nuevo pasó en nuestras vidas. Taichi continuó llegando temprano cuando podía, nuestros hijos estaban enfocados en el examen de admisión a la universidad y dormían hasta tarde, ahogados en un mar de libros.

Yo sabía que el examen de admisión era un infierno, sobre todo para aplicar a la Universidad de Tokio. Pocos eran los afortunados que lograban entrar, por lo que debían tener dos o tres universidades como propuesta, en caso de que no pudieran entrar a alguna de las otras.

Noches de desvelos, con el lema de: si duermes cuatro horas aprobarás y si duermes más de seis reprobarás. De verdad era un infierno.

Taichi llegó a la casa en la noche, por lo que le ayudé a quitarse el abrigo.

-No me digas, están estudiando –me dijo y yo asentí-. Ésta sociedad es muy competitiva. Sobre todo si aplicas para la Universidad de Tokio.

-¿No es tan difícil aquí en Hiroshima? –pregunté y él asintió.

-Sí, pero no es el infierno, como la Universidad de Tokio. De hecho el curso para el ingreso a la universidad no te hace tantas pruebas ni exámenes, siquiera tienes tiempo de rascarte la cabeza por unos instantes.

Asentí y comencé a servir la comida.

-¿No van a cenar con nosotros? –preguntó Tai y yo negué.

-Mañana tienen otro examen y están estudiando, sólo les hice un bocadillo. Yo creo que a media noche les haré otro.

-Eres como una madre devota –aunque no lo dijo con sarcasmo, me molestó su comentario.

-Nos vamos a sentir solos sin ellos –dije, llamando su atención.

-Sí, demasiado. Quizá deberías de conseguirte un empleo.

Hice un poco de silencio y después sonreí.

-Sí, ya lo hice. De vez en cuando tendré que salir del país, pero no serán muchos días los que tendré que ausentarme.

Él me miró con sorpresa.

-¿Y de qué se trata? –me preguntó; sin embargo, el tono que empleó me hizo sentir confundido, ya que se escuchaba un poco decepcionado o ansioso.

-Es un proyecto para la constitución de un invernadero en Marte. Quieren crear un clima artificial en la base marciana y me pidieron que participara. No te había dicho, porque el proyecto no requiere que esté completamente de lleno en él, pero tomé la decisión porque nuestros hijos ya no van a estar mucho aquí.

Él sonrió suavemente y continuó cenando.


Había recibido mi primer pago y me sentía soñado. Justo a tiempo, pues era cinco de febrero.

Había llegado al Juzgado, un poco antes de que todos salieran, por lo que, al ver a Kitasawa, ella se acercó a mí, con los ojos llorosos.

-¿Por qué, por qué, señor Ishida? ¿Por qué? –parpadeé, un poco confundido- ¿Por qué?

-¿Por qué, qué? –pregunté, algo confundido.

-¿Por qué dos hombres tan guapos se desperdician? ¿Por qué está saliendo con el Juez Yagami y no conmigo?

Sonreí con condescendencia, ya Tai me había contado que ella se dio cuenta de "nuestra relación".

La puerta del despacho de Taichi se abrió entonces, mientras él salía de su despacho con un expediente en mano.

-Kitasawa, quiero… -se quedó callado al verme-… oh, Yama, estás aquí.

-Hola, te invito a comer.

Él parpadeó, quizá no sabía la fecha que era.

-¿Por qué? –con su pregunta respondió mis dudas.

-¿Qué día es hoy, tarado? –pregunté y él miró el calendario.

-Cinco de febrero… -después parpadeó y sonrió con condescendencia-… no recordaba la fecha. Pero tengo que declinar tu propuesta, el lunes tenemos una ejecución de sentencia de un asunto muy delicado y necesito un acuerdo de inmediato. ¿Dónde está el licenciado Himura? –se dirigió a Kitasawa.

-En su despacho, no ha salido, está dando respuesta al oficio girado por el Tribunal Superior de Hiroshima.

Tai se masajeó las sienes.

-No me digas que no ha dado respuesta al informe justificado, si llegó hace dos días. ¿Dónde está Terada?

-Según me dijo Imai, está haciendo el proyecto de convenio para el lunes.

Parecía que a Tai le iba a saltar una sien del coraje que estaba haciendo.

-¿Por qué todos están haciéndome esto en el último momento? ¿Quieren quedarse en el juzgado junto conmigo?

Kitasawa sonrió con condescendencia al escuchar la pregunta.

-Kitasawa, por favor manda traer algo para comer para mí, para Himura, para Terada y para Minase –sacó su cartera y se la tendió en las manos-. No, mejor para todos en el juzgado.

Se iba a ir a su despacho, pero se dio media vuelta.

-Lo siento, sé que querías festejarlo, pero de verdad no puedo. No me esperes para dormir.

Sudé una gotita y Kitasawa se dirigió a su lugar, para hacer una llamada. Después de colgar, ella me miró.

-¿Quería festejar su cumpleaños? –yo asentí- Él siempre es así, pero es la maldición, año con año, en ésta fecha, algo malo pasa y no puede salir temprano del juzgado, o tiene que venir, aunque sea domingo. Todos los jueces que han estado en éste Juzgado, han cargado con la misma maldición.

Sonreí con condescendencia.

-¿No exageras, Kitasawa? –ella negó.

-No, de verdad siempre pasa lo mismo. Como el año pasado, que hubo visita de inspección sorpresa. Esos jueces de la Corte Suprema de Justicia de Japón se pasan.

-Cierto, cuando yo llegué a su casa, hace un año, ya era de madrugada y él acababa de regresar del trabajo –me quedé pasmado al darme cuenta de que quizá la "maldición" era cierta.

Dejé escapar un suspiro. Había estado tan ansioso en recibir mi primer pago, que me olvidé de preguntarle a él si podríamos festejar su cumpleaños.


Había dejado el Juzgado y me había ido caminando a casa. De verdad me sentía decepcionado, había estado esperando ese momento, para invitarle a comer, como agradecimiento por cuidar de mi hija y de mí.

Pasé por una pastelería y le compré un pastel, también le compré una corbata y unos guantes en una tienda, a modo de regalo.

Pero al llegar a casa pasaron las horas y las horas…

Taichi (hijo) había bajado a comer algo, así que me miró y después sonrió con condescendencia.

-La maldición del Juez de Distrito de Hiroshima –había pronunciado y yo le miré, incrédulo-. Todos los años que ha sido Juez de Distrito, en ésta fecha le preguntaba a mi papá si iba a llegar temprano y no podía prometerlo. Bueno, tú fuiste testigo, mamá, justo cuando ustedes llegaron, él acababa de entrar a la casa.

Reí un poco, era cierto.

-Hace un año llegaron ustedes aquí y desde entonces nuestros días se han llenado de luz –dijo aquel muchacho-. Estoy muy agradecido de haberlos conocido.

Cerré los ojos, ese muchacho era igual de emotivo que su padre.

-Hay que partir el pastel, papá no se molestará –me guiñó un ojo y yo sonreí con condescendencia.


Cuando abrí los ojos ya era de día y escuché cómo lentamente la puerta de la habitación se abría. Taichi entró, arrastrando los pies; se veía muy desaliñado; en extremo cansado.

-¿Acabas de llegar? –pregunté y él asintió.

-Tuve un problema con la unidad de jurídico, resulta que habían promovido un amparo contra una sentencia y se les traspapeló el oficio girado por el Tribunal Superior de Hiroshima y en vez de decir algo para que mandáramos los autos, la maldita parte demandada continuó promoviendo dentro del mismo, sabiendo que el expediente debía mandarse al Superior y nunca nos lo dijeron –tembló, mientras se quitaba con violencia el saco de su traje-. Himura puede perder su empleo y su cédula sólo por eso y yo… -se desabrochó las mancuernillas y después la camisa-… puedo ser destituido de mi cargo.

-¿Es tan grave? –me sorprendí por ello.

-Es gravísimo; sin embargo, debido a que no es un asunto de gran trascendencia, el Tribunal Superior de Hiroshima nos pidió los autos para examinar si son procedentes las prestaciones que reclama en el juicio de amparo. Y aparte de eso tenemos una ejecución de sentencia que… -se llevó las manos al rostro-… los abogados son unos monstruos.

Acaricié su espalda y él se dejó hacer.

-No todos tenemos escrúpulos –le dije y él asintió, aunque estaba llorando, era muy obvio.

-Van a sacar de un asilo a unas personas, porque éste se construyó en una propiedad privada y no era del gobierno. No pueden llegar a un acuerdo, el propietario original lo había cedido, pero sólo fue de palabra. El fiscal se vendió –apretó los puños y se levantó de la cama, desabrochando su pantalón con rabia-. ¿Por qué hizo eso?

-Bueno, todos tenemos un precio –le dije yo.

-¿Cuánto dinero crees…?

-No –interrumpí sus palabras-, no siempre es dinero.

Él volteó a verme con sorpresa y después se lanzó a la cama, abrazándome.

-Tienes razón, no había pensado en eso, y pensar que Shimada, el fiscal, es mi amigo.

Sonreí con condescendencia al ver a Taichi con los pantalones desabrochados, sobre mi cuerpo. Traté de pensar en otra cosa, intentando que la sangre no se me subiera a la cabeza y me sonrojara.

-Deberías de ponerte la pijama –le acaricié los cabellos.

-No, deja voy a bañarme. De hecho sólo vine porque tenía que ducharme, pero en un rato me voy al Juzgado.

-Pero… -él se incorporó y se fue a duchar.

Dejé escapar un suspiro, levantándome para recoger la ropa que había desperdigado por el lugar y dejarla en el cesto de la ropa sucia.


Cuando Taichi bajó, Natsu, Tai y yo, estábamos desayunando. Natsu se levantó de su asiento inmediatamente y lo abrazó con fuerza.

-Papá Taichi, feliz cumpleaños –ella sacó una cajita de la bolsa del saco que llevaba puesto y se la tendió.

-Gracias, Natsu –él sonrió, acariciando los cabellos de mi hija.

-Ábrelo –ella sonreía, aunque era claro que se lo estaba "sugiriendo".

Tai abrió la cajita y le sonrió.

-Mancuernillas, que linda, Natsu.

Mi hija sonrió y después volvió a darle un abrazo a Tai.

-Toma –su hijo se levantó de su asiento también, dándole un abrazo-, feliz cumpleaños, señor Juez de Distrito.

Tai sonrió con condescendencia por el sarcasmo impregnado en sus palabras.

-Gracias, mocoso –Tai recibió una caja, la cual abrió de inmediato, encontrándose con varias camisas de algodón-. ¿Cómo supiste, pequeño monstruo? –Tai tomó a su hijo con el brazo, por el cuello, mientras le despeinaba.

Ambos rieron.

-Te dejamos una rebanada de pastel –dijo Taichi (hijo).

-Que considerados –soltó a su hijo, yéndose a sentar.

Yo le tendí el pastel que compré, al cual le faltaban tres rebanadas, a lo cual él rio un poco, divertido por ello.

-¿Puedo comer pastel? –Taichi sonrió.

-Sólo porque ayer fue tu cumpleaños –le dije y él asintió, esperando a que le sirviera una rebanada, lo que hice inmediatamente.

-Gracias –comenzó a comer su pastel, realmente parecía feliz.

-Ah, por cierto –le tendí una bolsa de regalo, ocasionando que parpadeara-, toma, feliz cumpleaños.

Él me miró, algo desconcertado, así que abrió la bolsa, mirando su contenido.

-Gracias, Yama, esos guantes se ven bastante calentitos, aunque puedes tomarme de la mano, para que me calientes tú.

Le miré con cara de pocos amigos y él comenzó a reír con fuerza.

-Por cierto –dijo Taichi, cuando se compuso de su ataque de risa-, el superior Kudo supo que te irías a Tokio –Taichi se dirigió a su hijo-, por lo que…

-¿Te volvió a ofrecer un puesto en la Corte Suprema de Justicia? –preguntó el chico, con emoción.

-Sí, pero…

Se hizo un silencio, yo no entendía qué estaba sucediendo.

-¿Por qué no aceptas? –preguntó Taichi a su padre.

-Tengo mis razones, tú sabes que no me gusta Tokio, el superior Kudo sabe que no me gusta Tokio.

El muchacho dejó escapar un suspiro.

-Cómo te gusta hacerte del rogar –el chico se cruzó de brazos.

Natsu sonrió con condescendencia.

-¿Cómo les fue en el último examen del Curso de Estudio Preliminar para el Ingreso a la Universidad? –preguntó Tai.

Nuestros hijos sonrieron con felicidad.

-Excelente –dijeron al unísono, ganándose una risita de nuestra parte.

-No se confíen, todavía falta la prueba final –dijo Taichi, a lo cual ambos chicos sudaron una gotita.

-Lo sabemos –dijeron nuevamente al unísono.

Tai se terminó de comer su pastel, incorporándose de su asiento, para encaminarse a la puerta.

-Lo siento, tengo que irme, mañana tenemos un asunto que atender.

Los tres lo vimos partir y desaparecer por la puerta que conducía al garaje, sonriendo con condescendencia.