Capítulo 20

Nuestros hijos volvieron una semana después de haberse marchado.

-Ya llegué –la voz de Tai me trajo a la realidad, miré mi reloj y era "relativamente temprano".

-¿Qué tal el trabajo? –pregunté yo, mientras Natsu se levantaba eufórica de su asiento.

-¡Papá Taichi, mira, mira, papá Taichi!

Tai tomó el papel que Natsu le mostraba y leyó por unos segundos, hasta que sonrió ampliamente.

-No puede ser, ¿de verdad estudiarás leyes, Natsu?

Aquello me tomó por sorpresa. Ella asintió y se colgó en sus brazos, gesto que fue rápidamente correspondido por Tai.

-Me siento honrado.

-¿Me ayudarás, papá Taichi?

-Claro, en todo lo que necesites, pequeña.

Tanto Tai (hijo), como yo, nos miramos, ambos estábamos igual de sorprendidos por aquella revelación.

-Al principio no estaba segura de lo que quería estudiar –dijo ella-, pero tú eres genial, así que pensé que me gustaría ser igual de genial que tú, papá.

No quise mostrarme celoso, pero no pude evitarlo. ¿Qué de genial tenía Taichi? Comparado conmigo… Me mordí los labios al recordar que cuando fuimos llamados al Digimundo, me sentí también celoso de pensar que Taichi era mejor hermano que yo.

-Te quiero, papá Taichi.

Ella sonrió y Tai le revolvió el largo cabello, mientras dejaba su portafolio en el piso, cercano a la puerta, para desperezarse.

-¿Y cómo te fue a ti, Taichi? –el padre se dirigió a su hijo.

-Obviamente pasé –él sonrió-. Con calificación perfecta.

Taichi se quedó sorprendido.

-¿Pasaste el examen de ingreso a la Universidad de Tokio con calificación perfecta?

-Pues sí –dijo aquel chico como si no fuera importante.

-¿Qué pasa contigo, pequeño gusano? –dijo Taichi, mientras tomaba con su brazo izquierdo la cabeza de su hijo y le revolvía los cabellos con orgullo- Eso tengo que presumírselo a Joe.

Taichi hijo comenzó a reír, mientras negaba con la cabeza.

-Ya vas a empezar, también Seto pasó el examen con calificación perfecta.

-No presumamos, yo también lo hice –dije yo, con cierta diversión, llamando la atención de los dos.

-Ash, estoy rodeado de presumidos –Taichi nos mostró la lengua, algo que me hizo reír bastante, ya que era extraño que él tuviera un gesto tan infantil como ese.

-Bueno, yo también… -dijo Natsu y Taichi entrecerró los ojos, poniéndose después en cuclillas y haciendo circulitos en el piso.

-Ya me voy a llorar a mi habitación, porque no encajo en éste círculo de cerebritos.

Taichi se levantó, bostezando, para dirigirse a su pieza, cuando sonó su celular. Aquel tono, al parecer, había sido asignado a una persona en particular, pero él parecía rejego en contestar.

-¿Qué pasa, Kitasawa?

Todos nos quedamos en silencio.

-Acabo de llegar –Taichi hizo un puchero-; no me digas, ya voy para allá.

Colgó y después hizo un mohín.

-¿Qué sucedió? –pregunté yo.

-Cuando era joven llevé un caso especial y la persona a la que defendí me está buscando.

Yo parpadeé, sin comprender.

-Nunca pensé que le volvería a ver –él sonrió con algo de alegría-. Iré al juzgado, quizá regrese un poco tarde, pero mañana es domingo, así que no hay problema. Cenaré con él.

Yo asentí y él se despidió de nosotros, saliendo por la puerta que conducía al garaje.

-Mi padre siempre está lleno de sorpresas.

Taichi hijo rio un poco.

-Papá Taichi es genial –dijo Natsu-. De hecho él me contó de ese caso y al escucharle, sentí que quería ser igual que él –después, Natsu me volteó a ver con una sonrisa de burla, algo que me descolocó por completo-. Por cierto, papi, ¿estás de acuerdo en que mi papá vaya a encontrarse con una persona tan hermosa?

-¿Por qué lo preguntas? –yo la miré, sin comprender un ápice de lo que trataba de decir.

-Olvídalo –ella elevó las manos hacia arriba, como si no importara el asunto-. Iré a hablar con mis amigas.

Taichi sudó una gotita, mientras yo me quedaba perplejo.

-¿De qué está hablando?

Taichi me miró y después sonrió con condescendencia.

-Según tengo entendido, esa persona es un chico que deseaba ser una mujer; sin embargo, su novio le dijo que nunca sería una mujer completa, por lo que se comprometió con una chica; como el chico que defendió mi papá, se negó a romper la relación, el otro lo intentó matar, pero entre el forcejeo quien terminó muerto fue él. El chico al que defendió mi papá dijo que había sido algo así como en defensa propia, pero nadie le creyó, y mi papá logró probar que así había sido y lo dejaron libre después de tres años.

-¿Y… esa persona…? –quise preguntar, aunque sonara extrañamente ansioso.

-No la conozco, Kitasawa fue quien me contó eso.

El hijo de Tai bostezó y se alejó con rumbo a las habitaciones.

-Pero no te preocupes –él se detuvo, antes de subir las escaleras-, para mí tú sigues siendo la persona más hermosa del mundo entero.

Su comentario me hizo sonrojar por completo.

Me quedé mirando hacia la dirección donde había desaparecido aquel chico, pero con un nudo en la garganta. De pronto me molesté conmigo; ni que me interesara lo que hiciera ese idiota, no era de mi incumbencia, por mí se podía ir a revolcar con quien quisiera, ni que estuviéramos casados.

Me quité el delantal que traía, lanzándolo al suelo. Cielos, tenía mucho tiempo sin sentirme tan molesto conmigo mismo.

Ya más calmado, levanté el delantal y me lo volví a poner. Quizá él no cenaría con nosotros, pero todavía nos encontrábamos tres personas en la casa con hambre.


Taichi llegó cerca del amanecer. Tenía un ligero olor a alcohol sobre él, al igual que un perfume de mujer que no reconocía. Se acostó en la cama, como tratando de no hacer ruido, pero yo le miré detenidamente y quizá se dio cuenta que no estaba dormido.

-Ho… hola… -dijo bajito-… pensé que estarías dormido.

-Lo estaba, hasta que te escuché –dije, con un tono de reproche que hasta a mí me sorprendió.

-Lo siento por despertarte, vuelve a dormir –dijo, y yo me di la media vuelta, dándole la espalda.

-¿Con quién saliste? –pregunté.

-Con un amigo –dijo él y después murmuró-… o amiga.

Apreté los dientes. De todos modos, si él no me lo quería decir, entonces no había nada que hacer. Él no era ni mi pareja, ni mi novio, ni mi amante, sólo mi amigo.

Sí, amigo, sólo mi amigo. Aquello en vez de tranquilizarme, me puso los nervios de punta. ¿Y si de pronto comenzaba a salir con alguien y me decía que ya no me quería en su casa?

Yo mismo le había dicho que no me importaba que consiguiera una novia, pero ahora que veía esa posibilidad tan próxima, me comencé a sentir desesperado.

Había buscado en Internet ese asunto del que me hablaron mis hijos (sí, consideraba a Taichi como mi hijo); y me encontré con una persona sumamente hermosa. Era un hombre, aunque la verdad tuve que tallarme los ojos muchas veces para corroborar que no era una mujer la que se encontraba en las fotografías, junto a un Taichi más joven. Aquella persona tenía un cabello rubio cenizo muy largo, pestañas frondosas y largas, cara pequeña y ojos grandes color verde, además de que tenía un cuerpo delgado pero muy apetecible a la vista, además de su piel tan blanca y tersa.

El caso "Mori", que era el apellido de aquella hermosa persona, fue conocido a nivel nacional y eso le dio la fama a Taichi para ir ascendiendo.

Miles de pensamientos turbios pasaron por mi cabeza, hasta que abrí los ojos y me percaté de que era más de medio día. Me incorporé de inmediato, yendo al baño para lavar mi rostro.

-Te ves fatal, te moviste todo el rato, me quitaste las sábanas, ¿algo te preocupa?

La voz de Taichi casi ocasiona que mi corazón se saliera de mi pecho.

-¿Quién es esa persona con la que saliste? –pregunté y él parpadeó, sin comprender mi actitud- ¿Es tu novia? ¿O tu novio? Porque Taichi me dijo que era un hombre.

-Estás malinterpretando las cosas –Tai sudó una gotita-. No te niego que siempre me pareció una mujer atractiva, pero no pienso en ella de otra manera, sólo es mi amiga… -sudó una gotita-… bueno, de hecho es muy hermosa.

Volteó a mirar a otro lugar y yo lo observé con ojos acusadores. Sin embargo, no pude decir nada, yo estaba en la misma posición que aquel individuo.

-Perdón por despertarme tan tarde –dije.

-Está bien que descanses, tu pie se ha curado, pero aún te sigue molestando, ¿verdad?

Voltee a ver mi pie.

-No importa –traté de sonreír.

-Además te he visto sobándote la rodilla, es la que te fracturaron, ¿verdad?

Me quedé atónito, pensé que no se había dado cuenta.

-Estaré bien, sólo es un poco de molestia.

-Yamato, tontito –Taichi se acercó y me acarició el cabello, sorprendiéndome-, descansa un poco más, no quiero que recaigas, ¿está bien?

Asentí, sintiéndome azorado. Ese gesto tan imperceptible me había recordado a mi madre.

Abrí los ojos como platos cuando escuché mi celular, era un mal presagio.

-¿Qué pasa, no piensas contestar? –preguntó Taichi, mientras se separaba de mí- ¿Acaso es tu exesposa?

-No, es alguien peor –yo reí con condescendencia, mientras alcanzaba el pequeño aparato y contestaba la llamada.

-¡Yamato! –la molesta voz de mi madre sonó del otro lado del auricular- ¡Explícame cómo es que estás con ese bastardo infeliz!

Taichi comprendió de inmediato, mientras entrecerraba los ojos y me miraba con recelo.

-¿No te lo dijo Take…? –no pude terminar de preguntar, puesto que ella me interrumpió.

-Me lo dijo, pero no lo creo. ¿Por qué lo sobreproteges tanto? ¿Te está amenazando? Tu padre está eufórico, lo desollará vivo y lo sabes.

-Mamá –entrecerré los ojos-, Taichi no me está amenazando. No sabes lo feliz que vivo aquí.

-No está bien, Yamato. De entre todos los millones de personas en el mundo, ¿por qué tenías que ir a buscar a ese bastardo?

-Ma…

-¡Tuviste tanto miedo cuando él te violó!

-¡Taichi no me violó mamá, ya se lo dije a todos, también a Takeru! ¡Él ya lo aceptó!

-¡Pero…! ¡Entonces si de verdad están juntos tráelo y preséntalo como tu pareja ante tu padre!

-¡Quieres que lo mate! –dije, horrorizado.

-Entonces es mentira –ella dijo con reproche.

-Pero… -en ésta ocasión volteé a ver a Tai, quien estaba más pálido que una hoja-… pero Tai trabaja, no puede faltar.

-Entonces iremos nosotros, ahora mismo. Le pediré la dirección a Takeru. Hasta pronto, cielo, cuídate y come bien.

Antes de que pudiera quejarme por su decisión, me colgó. Volví a ver a Tai, pero éste ya parecía hecho de piedra.

-Lo siento.

-¿Lo sientes? –dijo él, con una expresión de pánico- Tu padre va a matarme. Una de las cosas por las que también tuve que huir de Tokio fue tu padre –él comenzó a dar vueltas por toda la habitación-. Me amenazó, me dijo que si me acercaba a más de un kilómetro de ti, me desollaría vivo, me mataría y me daría de comer a los tiburones. Ay no, me va a dar algo –él se tomó del pecho-. Creo que me subió la presión –después se recostó en la cama-. Yama, mátame ahora, no quiero sufrir una dolorosa muerte.

-Ya, no seas exagerado –sudé una gotita-, mi padre no va a matarte.

-No, me desollará vivo –dijo-, o me ahorcará, o me freirá. Tantos años he evitado ir a Tokio, por el temor a encontrarme a tu padre.

-Exageras, Tokio es tan grande –rodé los ojos.

-Pero tengo tan mala suerte que me pude haber topado con él –se llevó ambas manos al rostro, para cubrirlo-. ¿Qué voy a hacer? Me va a matar.

Apreté los puños, no sabía qué hacer para que no se sintiera tan desesperado, aunque la verdad yo me encontraba en las mismas condiciones.


Taichi no había probado bocado, algo que sorprendió a nuestros hijos. Yo también estaba nervioso, no sabía cómo tomar aquella "declaración de guerra" hecha por mis padres.

Sin embargo, cuando el timbre sonó, Taichi detuvo mi andar, mirándome seriamente.

-Yamato, cuida bien de mi hijo cuando ya no esté, por favor.

-No seas exagerado –intenté abrir la puerta, pero él me detuvo-. Tai…

-No logré ser asociado de la Corte Suprema de Justicia –dijo con dolor-, ya, abre, deja que me maten ahora.

Rodé los ojos y abrí la puerta, encontrándome con la expresión seria de mis padres.

-¡Abuelito Hiro!

Una larga cabellera rubia se abalanzó a sus brazos, mientras mi papá cambiaba su endurecido gesto por uno de ternura.

-Mi pequeña Natsu, nadie me dijo que estabas aquí.

-Sí, vivo con mi papá Taichi y mi papi. Déjame presentarte a mi novio, Taichi Yagami.

Mi padre volteó a ver con más odio del que jamás pensé, a Taichi.

-Señor Ishida, ¿cómo…?

Tai cerró los ojos cuando mi padre lo tomó del cuello de la camisa, sorprendiendo también a Natsu y al hijo de Taichi.

-¡Cabrón! ¡No te bastó con violar a mi hijo hace años, sino que ahora lo tienes amenazado!

-¡Papá! –intenté alejar a mi padre de Tai- ¡No es así! ¡Mamá! –volteé a ver a mi madre, pero ella miraba con el mismo odio a Taichi- ¡Por favor, suéltalo, papá! ¡Ya, papá, por favor!

Como pude, logré alejar a mi padre de Tai y me interpuse entre ellos.

-Por favor tranquilízate, papá –dije-, Taichi no lo hizo.

-Lo dices para que acepte ésta relación –dijo mi padre, con los ojos entrecerrados.

-Es verdad, Taichi no lo hizo, él fue quien me salvó –no pude evitar que las lágrimas escaparan de mis ojos-. Fui muy cobarde en esa ocasión, tenía miedo de aquellos sujetos…

Mi padre me abrazó entonces, acurrucándome entre sus brazos.

-Es que no puedo creerlo, Yamato, tantos años y esperaste hasta éste momento para decirlo.

-Lo siento.

Mi madre dejó escapar un suspiro y después se dirigió a Taichi, colocando su mano derecha sobre su hombro izquierdo, aunque Tai no había podido evitar crisparse de los nervios por el ligero toque de mi mamá.

-Yamato ya no es un niño, pero más te vale que lo trates bien, o sino dejaré que Hiroaki te desolle vivo.

Tai sonrió con condescendencia; sin embargo, Natsu parecía muy preocupada.

Mi padre me soltó y después miró a Taichi.

-Bonita casa, Yagami, la has sabido hacer, no como éste idiota hijo mío.

Yo sudé una gotita, ahora escucharía los reclamos de mi padre hacia mi persona.

-¿Qué es de tu vida, a qué te dedicas? –le preguntó.

-So…soy… Ju… juez de… Dis…trito.

-¿Y te casaste? ¿De dónde salió tu hijo? ¿O siempre has sido marica?

-¡Papá! –dije, sumamente indignado.

-Me casé hace años, pero mi esposa falleció –Tai hablaba muy rápido, estaba nervioso.

-Ese chico, el novio de Natsu es tu hijo, ¿verdad? –mi padre se cruzó de brazos- Así que ellos también se enamoraron. ¿Qué le pasó a ésta generación de los Ishida? ¿Acaso se sienten atraídos a los Yagami? En fin, ¿no vas a invitar a pasar a tu suegro, Yagami?

Tai tembló al escuchar su nombre en los labios de mi padre, así que con condescendencia, le indicó la sala de estar.

-Tu padre me da miedo –dijo Taichi, cuando mis padres fueron a sentarse a la sala.

-Es un buen sujeto después de que lo conoces –dije yo, aunque ya no estaba tan seguro de mis palabras.

-Ya lo conozco, sé que es una buena persona, excepto conmigo.

Yo sonreí con condescendencia, hasta que mi hija nos miró, con una gran interrogante en su rostro.

-Papá… -ella bajó el rostro-… ¿por qué dijo eso mi abuelito Hiro? Que mi papá Taichi te…

Ambos nos miramos, sin saber cómo explicar aquello.

-Es una larga historia, Natsu, no le prestes atención a mi padre, siempre exagera las cosas.

Ella me miró, sin creerse lo que dije, pero quizá no quiso escarbar en el fondo de nuestros corazones, por lo que fue a sentarse a la sala, junto a mis padres.

-Hay cosas que es mejor dejarlas en el olvido –le dije a Tai y después cerré los ojos.

-Pero a veces es muy difícil hacerlo, ¿no crees?

Yo lo miré, con cierto dolor, pero él sólo me sonrió, acariciando suavemente mi mano, haciéndome sentir culpable. Mi corazón latió con un compás extraño, lastimándome. No me había dado cuenta nunca de lo atractivo que era… y esa revelación lo único que ocasionó fue que me diera miedo.