Capítulo 23

Me preguntaba qué clase de desventura había causado, para que Dios me castigara de esa manera. Quería que Yamato regresara, de verdad lo extrañaba, pero también estaba el hecho de que llegaría Shino a la ciudad y no quería que se encontraran.

No obstante, a pesar de mis oraciones, ambos se encontraban en la ciudad el mismo maldito día. Y no conforme con lo anterior, ella se empeñó en ir conmigo a mi casa, para quedarse.

Bostecé, al momento en que me sentaba en la barra de la cocina, saboreándome los panecillos calientes que Yamato cocinaba.

-Buenos días –saludó él, aunque se veía molesto-. Sora me acaba de llamar. Que éste año van a venir a Japón para las vacaciones de verano.

Sonreí con condescendencia.

-Está molesta porque Natsu no quiere ir con ella, pero no tengo la culpa.

-Bueno, no –sudé una gotita.

-Y también me dijo que quería verte para pedirte un favor, pero no sé qué quiera. Mira que si le pones una mano encima –me amenazó con la palita de plástico con la que estaba volteando los panecillos.

-No seas tan celoso, además con todo respeto, Mimi está más buena.

Yamato no pudo evitar reírse por unos instantes.

-Ja, ja, ja, ja, sí… -se enjugó una lagrimilla.

Shino se encontraba en el marco de la puerta, por lo que nos sorprendimos ambos al verla. No tenía ni rastro de resaca, así que la observamos por unos instantes.

-Sabes cocinar, Yamato –ella se sentó en la barra-, ya veo porque tienes tan embelesado a Taichi, él es un asco en la cocina.

-Ya no soy tan malo –entrecerré los ojos-, ya aprendí, sólo que no me gusta cocinar.

Ella me miró, completamente incrédula, así que entrecerré los ojos.

-Sólo sé lo básico, por lo menos ya no me muero de hambre.

Shino rio un poco.

-¿Y cómo tomó Tai la relación que tienes con Yamato? –me preguntó, mirándome directamente a los ojos.

-¿Por qué no le preguntas tú misma? –dije, agradeciendo con un gesto la taza de té que Yama me había servido- No importa lo que te diga, no estarás conforme.

-¿Joe ya sabe que estás saliendo con Yamato?

Yama se sorprendió por la pregunta, seguramente no se esperaba que ella lo conociera.

-Si te contara –pasé mi mano derecha por mi rostro, en un gesto cansado-. Yamato llegó en una madrugada a pedirme asilo; quise patearlo, pero traía a su hija, así que lo dejé estar, esperando a que se fuera pronto. Después Taichi me estuvo insistiendo que quería ir a un parque de diversiones y fuimos, pero ahí nos encontramos a mi hermana y al hermano de Yamato y a mi familia –ella se sorprendió mucho por lo que le dije-. Hubo un caos, pero después de eso ambos hablamos y arreglamos los malos entendidos. Pasaron unos meses y justo cuando tuvimos que sacar a la luz nuestra relación, el hermano de éste idiota –señalé a Yamato, el cual se indignó- casi me muele a golpes otra vez y mi hermana estaba indignada. Me dio un infarto por el coraje que sentí, así que tuvieron que internarme.

-¿Así que fue por eso que te ausentaste del trabajo? –Shino negó con la cabeza- el superior Kudo me lo mencionó, pero no me dijo cuánto tiempo, o la razón –tamborileó con enfado sobre la barra de la cocina.

-Y pues en el hospital él contó la verdad y mi padre lo golpeó, mi hermana quiso matarlo…

-Espera, ¿te encontraste con tus padres y tu hermana? –ella abrió los labios, completamente incrédula.

-Y entonces Joe me reclamó por ello y se enojó muchísimo. Tai se molestó un poco, pero estaba más embelesado con la hija de éste imbécil –señalé a Yamato, el cual se volvió a ofender.

-¿Hija? –ella parpadeó, aún más sorprendida.

-Te sonará loco, pero Taichi está saliendo con Natsu, la hija de Yamato.

Ella rio un poco.

-Y mi hermana está casada con el hermano de éste… -iba a decir un adjetivo ofensivo contra Yamato, pero él, me amenazó con la mirada, así que sudé una gotita-… Yama.

-¿Qué? No… -ella comenzó a reír- Tú, enamorado de él, tu hermana enamorada del hermano de Yamato y tu hijo enamorado de la hija de Yamato. ¿Qué toda tu familia se sintió de pronto atraída hacia su familia?

Hice un mohín, todos habían llegado a la misma conclusión.

-Por cierto –partí un panecillo caliente, llevándomelo a la boca-, los padres de Yamato también saben de lo nuestro y, contrario a lo que pensaba, no me mató su padre, aunque estuvo a punto.

-¿O sea que cuentan con la aprobación de todos? –ella rio un poco más.

-Excepto del superior Joe –dijo Yamato.

-Bueno, Joe ama a Taichi, es como su hermanito –Shino negó con la cabeza-. Pues si todos están contentos con esto, no tengo más que desearles la felicidad. Y por cierto, Yamato –ella rio, con el rostro oscurecido-, lastimas a Taichi y te mandaré a poner zapatos de cemento y te lanzaré al mar –después rio, como niña buena-; no estoy bromeando.

Él negó con la cabeza, un poco asustado, ya que le había contado los lazos que ella tenía con los yakuza.

-Bueno, ¿sólo esto vamos a desayunar? –ella nos miró con sorpresa.

-No, sólo es un aperitivo –dije-. Me llevo una caja de almuerzo al trabajo.

-Que consentido estás –ella hizo un mohín-. ¿Y vas a aceptar la propuesta entonces, Tai? –ella me miró directamente a los ojos- Ya no tienes ningún pretexto para quedarte aquí. Tu hijo se encuentra en Tokio, tus padres ya te perdonaron, incluso los padres de Yamato aceptan su relación.

Entrecerré los ojos, molesto por la insistencia.

-Bueno, si no quieres irte, sabes que el Tribunal Superior de Hiroshima se quedó sin Magistrado, ya que éste está a punto de jubilarse.

-Estoy enterado –dije.

-¿Ý qué piensas? No es lejos de aquí, aunque la carga de trabajo es más pesada. Quizá sientes que no tienes la experiencia suficiente para ser un asociado en la Corte Suprema de Justicia, pero tienes la capacidad suficiente como para ser Magistrado Presidente del Tribunal Superior.

Cerré los ojos.

-Yamato no se irá a ningún lugar, ¿o no es por eso que no quieres aceptar?

-Se me hará imposible ver a Yamato en el día. Sabes que con el nuevo sistema me voy a tener que quedar casi a dormir ahí.

-No seas nena, Taichi –ella negó con la cabeza-. Como están empezando las reformas, ¿no es mejor que así vayas adquiriendo práctica?

-Pero yo no soy constitucionalista, Shino, soy civilista y penalista y me defiendo en lo agrario y lo laboral.

-Tómalo como una nueva experiencia –ella negó con la cabeza-. Para tener debemos dejar algo a cambio del mismo valor.

-Pero yo… -ella detuvo mis palabras.

-Yagami, al salir de la carrera fuiste nacionalmente reconocido por el caso Mori. A los tres años de ser fiscal te ofrecieron un puesto en procesos del juzgado, en un año subiste a estudio y cuenta, en dos años eras secretario de acuerdos y cuando acordamos ya eras juez. Yo acabo de ser propuesta como asociada, pero no tengo la experiencia laboral y jurídica que tienes tú. Tu juzgado es el que menos amparos ha tenido concedidos, tu trabajo es impecable. ¿Qué más quieres?

Hice un puchero. De verdad no quería, ya me había acostumbrado a Yamato y el dejarlo tanto tiempo solo me hacía sentir inseguro.

-Deberías aceptar –me dijo Yama-. Cuando te dio el infarto, ¿no te estabas quejando que querías ser asociado en la Corte Suprema de Justicia?

Hice otro puchero, si él entendiera lo que estaba sintiendo.

-Ay Dios, está muy rico el lonche de Taichi –dijo Shino, sonriendo hacia Yamato, mientras engullía un onigiri de mi caja del almuerzo.

-Gracias –contestó él, sonriendo.

-¡Oye! –le arrebaté mi caja de almuerzo- ¿Por qué te comes mi comida?

Shino me mostró la lengua.

-Eres como el sueño de toda mujer –ella se dirigió a Yama-, sabes cocinar, eres inteligente y además eres muy atractivo.

Entrecerré los ojos, mirando con enfado a Shino.

-Con todo respeto –dijo ella, sintiendo mi mirada clavársele como espadas en la espalda-. Podemos ser tres si quieren.

Yamato sonrió, así que antes de que contestara afirmativamente le dije:

-Le dices que sí y les diré lo mismo a Sora y a Mimi –amenacé a Yamato, el cual sudó una gotita después.

-¿Qué Sora no es la chica que Yamato te quitó? –me preguntó Shino.

-Él se casó con ella, pero se separaron –afirmé con la cabeza.

-Pero que historia tan enferma cargan ustedes –ella rio un poco.

Shino se levantó de su asiento y se estiró.

-Hoy me voy a ir, así que pueden continuar con sus vidas. Vine personalmente para avisarte, Taichi, así que te informaré desde éste momento que ya fuiste designado como Magistrado del Tribunal Superior de Hiroshima, así que o aceptas, o renuncias.

Apreté los puños, si Shino lo decía así era una orden directa de la Corte Suprema de Justicia.

-¿Puedo llevarme a mi secretaria? –entrecerré los ojos.

-¿Es tu condición? –ella sonrió- ¿Todavía sigue siendo tan íntima tu relación con Kitasawa? ¿Sabes los rumores que hay de ustedes dos por todos los juzgados del país?

-No me importa –entrecerré los ojos-, ella es mi amiga y es muy competente. Si no fuera así, entonces no la llevaría conmigo.

-Bien, me haré cargo de su cambio –Shino se dio media vuelta, caminando hacia un librero, para mirar un portarretrato doble.

-¿Ella es la hija de Yamato? Es idéntica a él, es muy guapa –Shino nos mostró el portarretrato-. Y mira, Yamato y tú cuando eran unos muchachos, es muy tierna ésta foto –ella sonrió, con algo de tristeza-. ¿Alguna vez pensaron que se iban a volver a reencontrar?

-No –dije yo.

-Sí –dijo Yamato.

Ambos nos miramos, ocasionando que Shino riera.

-Vamos al juzgado, hay que firmar el acta de inspección y a que me lleves a tomar el Shinkansen.

-Vuelvo en la tarde, Yamato – me dirigí a Yamato y le di un suave beso en los labios, ocasionando que se sonrojara.

-Nos vemos, Yamato, un gusto conocerte –ella se despidió con un beso en la mejilla de él-. Cuida bien de Tai y de Taichi.

Él asintió, sonriendo con suavidad.

-Fue un gusto, señorita Amakuza.

-Ja, ja, ja, ja, señorita… -me reí, aunque ella me sofocó al darme un golpe en el estómago con el antebrazo.

-Yama es un caballero, no como tú, grosero –Shino se alejó con rumbo a las habitaciones, seguramente para recoger su maleta, así que la seguí, para ayudarle.


Miraba por la ventana de mi despacho, mientras bebía un té que me había preparado Kitasawa. Me acababa de llegar el nombramiento y no me quedaba de otra que recoger mis cosas, darle las gracias a mis subordinados e irme al Tribunal Superior de Hiroshima.

-Ella no estaba bromeando, ¿verdad? –escuché la voz de Kitasawa, así que volteé a verla y ella me sonrió.

-No, el cambio fue dado por la Corte –giré mi silla y ella se sentó frente a mí.

-¿Está seguro que quiere que vaya con usted? Sabe que hay un montón de historias sobre nosotros, así que no quiero que le creen un problema.

-No me importa, Kitasawa. Quien debió de haberse cuidado de ellas desde un principio fue el superior Kudo, quien es el padre de Tetsu, tu hijo.

Ella negó con la cabeza.

-Perdón por llevarte, sobre todo por la carga de trabajo –ella me sonrió al escuchar mis palabras.

-Está bien, de todos modos mi madre está viviendo con nosotros, así que ella me ayuda a cuidar a Tetsuhiro.

Ambos sonreímos.

-No quería aceptar porque el señor Ishida va a estar solo, ¿verdad? –ella sonrió, como el gato de Cheshire- Quizá alguien se lo lleve de su lado.

-Ya deja de molestarme, ¿quieres? –entrecerré los ojos- Ya sé que es muy atractivo y que si lo descuido se irá, ¿contenta?

Ella se quedó callada por unos instantes.

-¿Quién iba a decir que volvería a enamorarse con tanta pasión?

-Ya cállate –me sonrojé al escuchar sus palabras.

Kitasawa sólo rio y después se levantó de su asiento.

-Mañana tenemos que estar allá. Terminaré de empacar mis cosas, y le ayudaré a usted, después de todo tiene un montón de libros.

Asentí, mirándola salir de ahí. Un cambio tan significativo en mi vida que no quería.

-Quisiera decirte lo especial que has llegado a ser para mí en éste año –hablé en voz alta al verme solo-, pero sé que eso sólo causará que te vayas de mi lado.

Me sentía en esos momentos como cuando guardé mis sentimientos hacia él. ¿Y si le decía que lo quería y me volvía a responder como cuando estábamos en el instituto?

Si quería que siguiéramos siendo amigos sería mi fin.

¡Maldita sea! ¡Estaba perdido! Quizá si me alejaba un poco de él podría borrar estos sentimientos que me causaban tanta inseguridad.

"¿Por qué crees que me gustaría salir con alguien como tú?"

Al volver a evocar esas palabras se sentía igual que como cuando las escuché por primera vez.

-Quiero que tú también me ames.

Dije en voz alta, mirando el techo de mi despacho.

-Quiero que correspondas mis sentimientos.

Era inseguridad lo que sentía. Primero no quería irme a Tokio para no encontrarme con sus padres ni con mi familia, pero ahora tenía miedo de tener una mayor carga de trabajo, porque lo vería menos y no quería perderlo.

Ojalá escuchara primero a la razón que a mi corazón, así no me habría enamorado por segunda vez de él.