Capítulo 24

Estaba más molesto de lo normal mientras esperaba en el aeropuerto internacional de Narita. Debido a las vacaciones de verano mi ex esposa y su amante iban a llegar a Japón para visitar a mi hija, así que yo fui el elegido para ir a recogerlas.

Después de que Taichi fuera cambiado al Tribunal Superior de Hiroshima lo veía muy poco. A veces llegaba y se quedaba dormido con la ropa sobre un sofá, se despertaba, se duchaba y se iba corriendo a trabajar.

-Hola…

Escuché una voz y me giré a la izquierda, encontrándome con mi hijo.

-Hiro, hola… -quise abrazarlo, pero él se alejó de mí, algo que me dolió sobremanera.

-Buenas tardes, señor Ishida –el hijo de Mimi, Michael, el cual era en extremo parecido a ella, se acercó a mí, para saludarme con un apretón de manos-. Gracias por venir a recogernos.

No podía creer lo cordial que él podía ser y lo cruel que podía ser mi hijo.

Fue entonces que me di cuenta que iban dos chicas con ellos, una de cabello rubio platinado, al lado de mi hijo, de ojos verdes y piel blanca, y la otra chica iba al lado de Michael, ella tenía el cabello negro ondulado y los ojos azules, de piel blanca también.

-Ella es Brenda, mi novia –dijo Hiro, sorprendiéndome.

-Ella es Hanna, mi novia –dijo Michael.

-Nice to meet you (Mucho gusto) –dije.

-Sabemos hablar japonés –dijo la novia de mi hijo.

-Por eso nos emocionó venir a conocer Japón –dijo la novia de Michael.

-¿No vino contigo Tai? –la voz de Sora se escuchó a mi espalda, por lo que me giré, negando con la cabeza.

-Tiene mucho trabajo, ahora es Magistrado en el Tribunal Superior de Hiroshima.

Los pasos de los tacones de Natsu se escucharon a mi derecha, mientras ella llevaba comida, ya que no habían desayunado ni ella ni Taichi.

-Hola, mamá –ella se llevó a la boca una hamburguesa, dándole una mordida.

-Hola, Na… -la voz de Sora se apagó, cuando vio al chico que iba acompañando a nuestra hija-… tsu…

-Buenas tardes –saludó un sonrojado chico de cabellos castaños y ojos amielados, casi dorados-, mucho gusto, me llamo Taichi Yagami.

Los ojos de Mimi y Sora se volvieron corazones cuando lo vieron.

-Ah, no puede ser… -Sora abrazó al chico, el cual se sonrojó sobremanera-… es como ver a Tai cuando era un muchacho. No sabía que te parecías tanto a tu padre.

El hijo de Taichi se encontraba sumamente azorado.

-Me llamo Sora, soy la madre de Natsu –ella lo soltó y le ofreció su mano.

-Mucho gusto, señora Takenouchi.

-Yo soy Mimi Tachikawa –ella también le ofreció la mano.

-Mucho gusto, señora Tachikawa.

-Pero no seas tan formal –dijo Sora-. Dime Sora.

-Y a mí Mimi.

Taichi sonrió con condescendencia.

-Hola, mucho gusto, me llamo Michael Brown –el hijo de Mimi sonrió con amabilidad hacia el muchacho, el cual ofreció su mano.

-Taichi Yagami, mucho gusto.

-Yo soy Hiro Takenouchi, mucho gusto –mi hijo saludó demasiado amable a Taichi, ofreciéndole la mano también-. ¿Es cierto que tu papá es uno de los héroes del Digimundo?

-¿Qué es Digimundo? –preguntó Tai y todos lo miraron con sorpresa, incluso las novias de mi hijo y Michael.

-¿Tai nunca te contó del Digimundo? –preguntó Sora.

-Jamás –contestó el chico.

-Bueno, primero tomemos un taxi y vayamos al hotel, para contarte todo lo que ocurrió cuando fuimos –Sora sonrió hacia el chico, el cual asintió.


Taichi estaba sumamente emocionado cuando llegamos al hotel.

-¿Verdad que tu papá es genial? –preguntó Hiro, con estrellas en los ojos, algo que me molestó.

-Pues sí –dijo Tai-. Nunca pensé que mi papá escondiera una historia así.

-Te lo dije –dijo Natsu, ganándose toda la atención de Taichi.

-Sí, no te creía, pensaba que exagerabas.

Sora se acercó a mí con cautela.

-¿Esa es la razón por la que no se quiso ir conmigo Natsu?

-¿Qué crees tú? –rodeé los ojos.

-¿Y por qué no me lo había dicho ella? –se indignó.

-No lo sé –negué con la cabeza.

Sora se acercó a mi hija y después le sonrió, con algo de molestia.

-¿No tienes que presentarme a Taichi de alguna manera? –siseó con peligrosidad.

-Taichi es mi novio –ella sudó una gotita.

-¿No le habías dicho a tu mamá? –preguntó Tai, sorprendido.

-No… -dijo Natsu como si nada-… después de todo no vivimos juntas.

Sora se molestó aún más, así que me acerqué a ellos.

-Natsu, debiste de haberle explicado a Sora que la razón por la que no quisiste irte era porque…

Mi hija se cruzó de brazos y terminó mis palabras.

-Mimi no me agrada.

Todos nos quedamos en silencio y Mimi rio un poco.

-¿Es porque soy la pareja de tu mamá? –preguntó Mimi.

-No lo sé, sólo no me agradas –Natsu volteó a otro lugar, molesta.

Sudé una gotita.

-Además Taichi es el hijo de mi héroe y es tan guapo y tan amable –ella se colgó del brazo de Taichi, el cual se sonrojó y rio con un poco de pena.

-¿Cómo tomó Tai su relación? –Sora me susurró.

-Quería matarme a mí –sudé una gotita.

Sora negó con la cabeza.

-Yo quería ver a Tai. ¿Cuándo descansa?

-Me gustaría saberlo –dejé escapar un suspiro-. Si tiene suerte sale del Tribunal. A veces se queda dormido en un sofá, o tendido en la cama, con todo y traje puesto. Estoy preocupado, porque está bajando de peso –me quedé pensativo-, pero dice que sólo es mientras todos se acostumbran al nuevo sistema. Hace un mes me ausenté una semana, porque Rebeca me pidió ayuda con un problema que tuvieron con el módulo que diseñé y necesitaban mi ayuda, y ni siquiera se dio cuenta de que no estuve en casa.

-¿Ya ves lo que yo sentía? –dijo Sora y yo entrecerré los ojos.

-Pudiste haberte ido conmigo, Sora.

Ambos nos cruzamos de brazos.

-¿Por qué querías que yo me fuera? Yo no podía perder lo que tenía aquí –ella me miró con enfado.

-¡Pero te fuiste con Mimi! –apreté los puños.

Nuestros hijos comenzaron a mirarse los unos a los otros.

-Hiro, ¿te gustan los videojuegos? –Taichi le preguntó a mi hijo, el cual asintió- Por aquí hay un centro de videojuegos, vamos a darnos una vuelta, vamos, tú también, Michael, y si ustedes gustan, señoritas.

El muchacho tomó por la muñeca a mis dos hijos, y Hiro volteó hacia atrás para despedirse silenciosamente de nosotros, al igual que a Michael y las novias de los dos muchachos.

Los seis chicos salieron de ahí.

-Es muy diferente –Sora entrecerró los ojos.

-¿Qué es diferente? ¡Dímelo!

Mimi nos miraba, algo sorprendida por la pelea.

-Porque a ella sí la amo.

No sabría describir lo que sentí en ese momento. Quizá mi corazón me había sido arrancado y tirado a la basura, o mi espíritu había abandonado mi cuerpo. Me sentía como en la cuerda floja, mientras miraba el vacío, sabiendo que me caería, que caería por el precipicio y todo llegaría a su fin.

Mimi se acercó a mí, como tratando de darme consuelo, pero la alejé.

-¿Te hiciste mi novia sólo para darle celos a Taichi? –algo se apoderó de mí, perdí el control de mi cuerpo; jalé entonces su frágil cuerpo por su blusa y sus pies quedaron a escasos centímetros del suelo.

-Yamato, por favor, la vas a lastimar –Mimi intentó detenerme, pero fue en vano.

-¡Eres una…! –levanté mi mano derecha, quería golpearla, pero alguien me detuvo justo a tiempo.

-¿Pero qué haces?

Me quedé paralizado. Taichi me miraba con enfado, mientras aferraba con fuerza la muñeca de mi brazo derecho.

Solté a Sora y me di media vuelta, para abrazarle. Él parpadeó, se encontraba confundido por mi actitud. Mi cuerpo tembló y me enterré en su cuello.

-Pensé que no ibas a venir –Sora se dirigió a Tai.

-Yamato no me escuchó bien, al parecer; le dije que tenía que venir a Tokio en estos días, por lo que nos veríamos en el hotel. Le dije que había reunión de magistrados de los tribunales superiores, por lo que estaría casualmente tres días aquí en Tokio.

Se quedaron callados y Taichi dejó escapar un suspiro.

-Necesitabas algo de mí, ¿verdad? –se dirigió a Sora.

-Quería pedirte un favor, pero es personal.

Taichi volvió a dejar escapar un suspiro.

-Primero tengo que hablar con Yamato, así que disculpa –él se despidió y me arrastró por los pasillos del hotel, mientras sujetaba con algo de fuerza mi muñeca derecha.

Cuando estuvimos lo suficientemente lejos me soltó y me miró, aunque no estaba molesto.

-¿Qué sucedió? Si no llego a tiempo la hubieras golpeado.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y él me miró, sin comprender qué sucedía.

Lo abracé entonces, llorando como un chiquillo. Sentía que había perdido la fuerza, me sentía tan perdido.

-Sora nunca me amó… -me aferré a él, como si mi vida dependiera de ello, como si estuviera a punto de caer a un acantilado-… se hizo mi novia para sacarte celos a ti.

Él se quedó en silencio y acarició mi cabello.

-Si hubiera querido sacarme celos entonces habría sido muy notorio. ¿Qué te dijo para que estés llorando?

-Me dijo… -hipeé-… que no se fue conmigo a Estados Unidos porque a mí no me amaba y sí se fue con Mimi.

Él rio un poco y me abrazó con suavidad.

-A veces nos es difícil abandonar lo que con tanto esfuerzo hemos construido. Quizá le dio miedo el cambio, porque era una ciudad desconocida, otro país.

Sus palabras me hicieron sentir un poco mejor, así que me separé y él me dio un suave beso en los labios, que me hizo sonrojar.

-Te di un besito para que te sintieras mejor.

-¡Tú, bastardo! –sin embargo, me hizo reír- No me habías dicho nada de que estarías aquí.

-Sí, te lo recalqué dos veces, pero estabas en la computadora y quizá no me escuchaste.

Me quedé pensativo, ahora que lo recordaba, sí me dijo algo semejante.

-Lo siento, a veces pierdo la noción del entorno.

Taichi me revolvió el cabello.

-Ni siquiera te diste cuenta que no estuve el mes pasado –me crucé de brazos.

-Ya sé, por eso no quería estar en el Tribunal Superior –hizo un puchero-; la carga de trabajo es excesiva, sobre todo por la implementación del nuevo sistema.

Le sonreí y tomé su mano derecha. Él se sorprendió por el gesto, así que me sonrió, mirándome a los ojos.

-Siempre eres mi pilar. Siempre puedo contar contigo. Gracias, de verdad te lo agradezco. No sé cómo puedo pagarte todo lo que haces por mí.

-Es suficiente con que me cuides –apretó mi mano y me volvió a revolver el cabello-. Tengo hambre, vamos a buscar a Mimi y a Sora.

Al escuchar aquellos nombres entrecerré los ojos.

-Tengo que comer rápido, en una hora tengo que regresar a la Corte Suprema, para el curso que nos están dando a todos los Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito.

Él soltó mi mano y comenzó a caminar. Yo iba detrás de él, mirando su espalda. No me había dado cuenta de la tranquilidad que esa persona me daba, ni siquiera me había percatado del sentimiento de paz que él me producía.

Recordé de pronto a aquel niño valeroso que nos alentó a todos a volver a nuestro mundo, a aquel chico con el que pelee varias veces porque los dos teníamos conceptos contrarios.

-Me haces muy feliz, Tai.

Él detuvo su paso y su cuerpo tembló levemente.

-Te… -se quedó callado por unos intentes-… tengo que comer, Yama, tus palabras me van a matar de un susto algún día.

Él rio, sin girar su cuerpo hacia mí, pero pude ver como sus orejas se ponían rojas, quizá lo que le dije causó que se sintiera apenado.