Capítulo 26
Después de la charla con mi hijo deseaba hablar con Taichi, por lo que le llamé y quedamos de vernos en el bar del hotel en el cual se estaba hospedando; no obstante, cuando llegué y le tomé de la mano él me soltó, casi como un resorte, dejándome estupefacto.
Él siempre era el que deseaba tocarme, pero cuando vi a sus compañeros comprendí el porqué de su reacción.
Él debía ser un ejemplo de moral, según las costumbres de nuestro país. Al ser magistrado de un tribunal superior, su moral debía ser impecable; por lo que nuestra relación estaba mal vista a los ojos de los demás.
Sin embargo, cuando aquel sujeto se me acercó y me susurró en el oído que nos había visto tomados de la mano y que eso podía acarrearle problemas a Taichi, pensé que lo mejor era que fuera con ellos y se acostara con las mujeres que él quisiera.
O eso había pensado, aunque no podía dejar de pensar en mil y una cosas; después de todo Taichi era heterosexual, aunque hubiera tenido un desliz en la adolescencia y hubiera creído que yo era la persona con la que quería estar.
Y no quería aceptarlo, pero ese sólo pensamiento me estaba rondando la cabeza, carcomiéndome de… celos.
¡Celos! Otra vez ese maldito sentimiento. ¿Por qué tenía celos de él? ¿Por…?
Un automóvil se detuvo a mi lado, sorprendiéndome, ya que la calle estaba casi vacía.
-Superior Ishida, que milagro.
La voz de Koushirou Izumi me sorprendió muchísimo, así que volteé a verlo y él me sonrió.
-Izumi…
Él negó con la cabeza y me abrió la puerta del copiloto.
-Estoy casado con Joe, soy Kido ahora.
Entrecerré los ojos, él tenía razón.
-Ese apellido… -hice un mohín-… como que ese apellido y yo tenemos un conflicto y no podemos llevarnos bien –me senté en el asiento del copiloto y él rio un poco.
-Koushirou está mejor entonces, superior Ishida.
Reí un poco, sintiéndome más relajado.
-¿No estás un poco lejos de Hiroshima? ¿Qué haces aquí?
Su pregunta me descolocó y sólo sonreí con condescendencia.
-Sora vino a visitar a Natsu por las vacaciones de verano, aunque los chicos no tienen verdaderas vacaciones, ya sabes. Y Tai tuvo una reunión de magistrados, así que…
-Ya veo –él se quedó pensativo-. ¿Y por qué te ves tan desvalido? ¿Se pelearon por algo?
Me quedé callado por unos instantes.
-Sé que ya no es tan mal visto una relación entre personas del mismo sexo, pero… -dudé en preguntar-… ¿no le trajo problemas al superior Joe al estar contigo, Kou?
-Bueno, al principio tuvo algunos problemas con sus colegas –aquel pelirrojo dejó escapar un suspiro-, pero al final lo aceptaron. Sabes que nuestra sociedad es más cerrada respecto a esto, aunque aquí en Tokio se acepten las relaciones homosexuales, en las prefecturas no; además estamos juntos desde hace varios años y los matrimonios entre personas del mismo sexo apenas el año antepasado se aceptaron.
Eso era lo que me temía escuchar.
-¿Tienes miedo del qué dirán?
-No, tengo miedo de que le pueda traer problemas a Tai el estar conmigo. Él ha sido tan bueno y lo único que hago es acarrearle males –hice un mohín.
-Bueno, Tai es lo suficientemente fuerte como para afrontarlo, ya verás –me sonrió-. Te ama demasiado, como para dejar que algo así los separe.
Me sonrojé sobremanera al escuchar aquellas palabras. Que Taichi me amara me causaba un poco de gracia, ya que sólo estábamos fingiendo nuestra relación.
-Gracias, Koushirou, me has hecho sentir menos culpable.
-Para eso estamos los amigos –me sonrió-. ¿Adónde vas? ¿Te llevo? Mi trabajo está ahí –me señaló un edificio-, pero tienes suerte de que saliera más tarde que de costumbre, así nuestros caminos se cruzaron y nos encontramos.
Reí un poco, asintiendo. Él encendió su automóvil y ambos nos dirigimos al hotel en el que nos estábamos hospedando Sora, Mimi, nuestros hijos y yo.
La verdad no pude pegar el ojo en toda la noche y me quedé esperando al día siguiente a que Taichi llegara, ya que después de la reunión de magistrados comenzarían sus vacaciones; sin embargo, cuando llegó, cerca del anochecer, estaba muy distante conmigo.
Estábamos cenando únicamente él y yo, cuando de pronto la duda me asaltó. Quizá lo había metido en un gran problema al tomar su mano.
-¿Te pasa algo? –pregunté y él dio un salto en su asiento.
-N…no… -parecía nervioso.
Me sentí de pronto culpable.
-Perdona si te metí en problemas –me mordí los labios-. ¿Te van a destituir?
Él se quedó en silencio, su cuerpo temblaba. No me estaba mirando a los ojos, así que no comprendía qué tan grave era el problema.
-Yo… -dejó de lado su plato y sacó su cartera, dejando dinero sobre la mesa-… no tengo apetito, disculpa, voy a alquilar una habitación.
-Puedes dormir con…
Él no me dejó terminar, ya que se había alejado y había salido de ahí. Miré su espalda alejarse, hasta perderse por el pasillo que conducía a la recepción.
Eran las cuatro de la mañana y yo no podía pegar ni un ojo. Me sentía demasiado inquieto, demasiado nervioso, como nunca antes.
Había tenido pesadillas, como hacía antaño no tenía, y en todas ellas alargaba mi mano y él se marchaba, me dejaba en ese cuarto oscuro…
Miré la pantalla de mi celular y marqué su número, esperando a que me respondiera, pero no lo hizo. Apreté el celular sobre mi frente, hasta que la luz se apagó.
Cerré los ojos; sin embargo, contrario a lo que pensaba que pasaría, mi celular vibró, Taichi me estaba devolviendo la llamada.
-Yama, tenemos que hablar –fue lo único que me dijo-, ahora, de preferencia.
-¿Vas a mi habitación o voy yo a la tuya? –pregunté, sintiéndome inquieto por su reacción.
-Yo iré a la tuya, dime el número.
Cuando Taichi llegó a mi habitación, se veía algo preocupado, por lo que pensé que de verdad estaba en aprietos. Él suspiró profundamente y me miró directamente a los ojos, aunque podía ver el dolor reflejado en su rostro.
–Nos vieron tomados de la mano, por lo que te pudiste dar cuenta.
Sentí remordimiento; entonces sí le había traído problemas por mi estúpido comportamiento.
-Pude haberlo negado, pero uno de mis colegas se dio cuenta de la relación que tenemos. Me amenazó con decirlo, sino me acostaba con él.
Abrí los ojos como platos.
-¿Qué tú, qué? –elevé mi voz, de verdad que estaba sorprendido.
Se quedó en silencio. Me mordí los labios, presagiando el peor de los escenarios.
-Tai… -mi cuerpo tembló-… perdóname -susurré con suavidad.
-Soy una basura de persona –él apretó los puños y los ojos, como si se estuviera tragando el llanto que quería escapar de sus ojos-. No debí decírtelo, eso denota mi debilidad.
Cerré los ojos.
-Fue por mi descuido –mi cuerpo tembló y él me miró con dolor.
-No confiaba en él, así que antes de acompañarle le hablé a Shino y sus hermanos fueron al hotel para amenazarle, antes de que algo sucediera entre nosotros.
Me sentí aliviado, aunque no podía comprender la razón de mi tranquilidad.
-¿Entonces estás entero y salvo? –reí nerviosamente.
-Algo así –sus ojos temblaron, haciéndome parpadear. No comprendía su actitud, su nerviosismo-. ¿Estabas preocupado? ¿Has dormido bien? –acarició mi rostro, haciéndome enrojecer.
-¿Por qué te preocupas por mí?
Se quedó de pronto en silencio, pero después rio con un poco de amargura.
-Eres mi amigo, ¿no es verdad?
Aquellas palabras, me hicieron sonreír. Yo era su amigo, de verdad él me había vuelto a considerar su amigo.
-Eso es lo que quieres escuchar, ¿cierto?
Apretó los puños, sorprendiéndome cuando me atrajo hacia su cuerpo y me besó en los labios. Opuse resistencia y cuando me soltó, tomé el aire que no había podido llevar a mis pulmones.
-¿Qué te pasa? –estaba ofendido por su comportamiento.
-Ya no pudo soportarlo más, Yamato –cubrió su rostro con sus manos-. Soy un estúpido, pero lo voy a decir una vez más –cerró los ojos y apretó los labios, después me miró a la cara, apretando mis hombros con sus manos-. Me gustas, no, te amo.
Me quedé pasmado.
-¿Por… por qué te empeñas en hacer parecer algo que no somos? –pregunté, intentando desviar el tema, pero él me lo impidió.
-Yo quiero que tengamos algo.
Tajantes, directas, dolorosas. Aquellas palabras que me había negado a escuchar rebotaron en mi mente, como punzantes dagas que traspasaron mi corazón.
-No niego que me gusta estar contigo, pero no quiero una relación con un hombre. Sabes que no puedo… -me zafé de su agarre, alejándome de él, para sentarme en la cama, cubriendo mi rostro con mis manos-… no puedo amarte, Taichi, no puedo amarte como tú lo haces conmigo.
No quería que él albergara sentimientos por mí. Ambos nos quedamos en silencio, quizá comprendiendo que aquella vida ficticia que habíamos creado, se había terminado.
Taichi se marchó sin mirar atrás, sin decir una sola palabra de despedida. Había sido muy claro con mis palabras. Miré mi celular y le mandé un mensaje a mi jefa.
No era que estuviera huyendo de sus sentimientos, sólo ya no quería, no…
Sentí mis ojos acuosos, pero tragué con dificultad el llanto que quería salir por mis ojos.
Era momento de dejar mi árbol frondoso e irme, alejarme de aquella zona de confort.
Koushirou había abierto los labios y soltado su cigarro cuando me vio llegar a su trabajo. Creo que de verdad no se esperaba mi visita, pero necesitaba hablar de aquello con alguien que no me fuera a tachar de loco o me fuera a amonestar, como alguien de mi familia.
Él se levantó de su asiento, quitando el cigarrillo de su pantalón y mirando la marca de quemadura que se había hecho en ellos.
-Buenas, Ishida, ¿a qué debo el honor de tu visita?
Yo me sonrojé sin poder evitarlo, después volteé a otro lugar.
-Perdona que te interrumpa en tu trabajo.
-No te preocupes –él se quitó los gafas que traía puestas-, ¿ha sucedido algo?
Ambos nos quedamos callados.
-Es hora del almuerzo, pediré permiso para ausentarme un poco, espérame.
Asentí.
Llegamos a un lugar tranquilo, a unos tres edificios de su trabajo.
-¿Pasó algo para que vinieras a buscarme, superior Ishida?
Me sonrojé al escuchar la pregunta. Todavía me encontraba sorprendido por no pensar detenidamente las cosas.
-¿Debo suponer que es algún problema con Tai? –preguntó, mientras miraba la carta de aquel pequeño restaurante.
No sabía cómo empezar, ¿había ido con la persona correcta? Él pareció entender mi incomodidad y después dejó escapar un suspiro.
-Ya me imagino –hizo un mohín y me volteó a ver con seriedad-. Ordena algo, yo invito, creo que va a ser una larga charla.
Yo jugueteaba un poco con la comida, porque la verdad no tenía mucho apetito. Koujirou comía muy tranquilamente, mientras me sonreía.
-¿Y bien? ¿Qué pasó entre Tai y tú? –soltó de lleno, por lo que me sonrojé.
Él me miró con comprensión y sacó un cigarrillo.
-¿Puedo fumar? –me preguntó, aunque desde un principio me había llevado al área de fumadores, que se encontraba cerca de los ventanales y de un ducto de ventilación del establecimiento.
-Adelante –respondí a su pregunta.
-¿Y bien? ¿Por qué estás aquí, superior Ishida? ¿Acaso el superior Yagami te hizo algo? No, déjame adivinar –me sonrió, aunque parecía molesto-, ya te dijo que está enamorado de ti, ¿verdad?
Koushirou sonrió con algo de sarcasmo y después encendió un cigarrillo, dándole una calada y soltando el humo.
-No están juntos, ¿verdad?
Aquella pregunta me hizo tragar en seco.
-Pero Taichi se está enamorando de ti. Si no vas o no piensas corresponderle, es mejor que te marches ya, superior Ishida. El superior Yagami siempre ha sido una persona fuerte, por eso se convirtió en nuestro líder cuando fuimos al Digimundo. Su coraje, su valentía, fueron los que nos regresaron a nuestro mundo; sin embargo, en lo que respecta a los sentimientos, es la persona más aprehensiva que he conocido.
Él volvió a dar otra calada a su cigarrillo y soltó el humo.
-Es un buen sujeto, incluso aunque me quisiera matar con la mirada cuando se enteró que Joe y yo éramos una pareja. Es un buen amigo mío, por lo que te pido que si no vas a amarlo, te marches de su lado. Si no vas a corresponderle, mejor…
-¡Pero somos amigos, los dos concertamos ese acuerdo! –yo me levanté de mi asiento, sumamente ofendido- ¡No sentimos nada el uno por el otro!
Koushirou apagó su cigarrillo en el cenicero y pidió la cuenta.
-Quizá tú no sientes nada por él –aquel pelirrojo se levantó de su asiento cuando le dejaron la cuenta y pagó-. Pero él sí siente algo por ti. Nana lo supo todo el tiempo, que Tai todavía te quería, a pesar de los esfuerzos de ella porque cambiara su sentimiento por ti y lo enfocara sólo en ella. Por eso te pido, si no vas a amarlo, vete, no hagas que se ilusione con una fantasía que está creando de ti.
Apreté los puños, molesto por su comentario.
-Te lo pido por favor –me dijo él-. A pesar de los celos que me tuvo y del claro amor que le tenía a Joe, es un amigo al que estimo profundamente. Mis hijos lo adoran y yo le tengo un gran aprecio, por lo que no me gustaría verlo triste. Si no vas a amarlo y a corresponder sus sentimientos, vete. No le des explicaciones, vete, le harás menor daño ahora, porque si te quedas, él terminará enamorándose perdidamente de ti.
Bajé el rostro y apreté los puños.
-No puedes, ¿verdad? –él entrecerró los ojos, tomando sus cosas, para salir del establecimiento- ¿Es agradecimiento, superior Ishida? –dejó escapar una risita de sarcasmo- ¿O de verdad lo amas?
-No lo amo –respondí automáticamente, siguiendo a Koushirou, para salir de ahí.
-¿Y piensas corresponder en algún momento sus sentimientos?
Me mordí los labios y él dejó escapar un suspiro, mientras se quedaba en la salida del establecimiento.
-Piensa en el daño que les estás causando a ambos. Estás muy a gusto con él, pero eso sólo hará que te enamores, pero no querrás aceptarlo ni corresponderle.
-¿Por qué habría de enamorarme de un hombre?
Koushirou sonrió, de verdad estaba molesto.
-Superior Ishida; tú siempre has sido muy cerrado aquí –colocó su mano derecha sobre mi pecho, en donde estaba el corazón-, por eso tratas de huir cuando no tienes el control. Eres una persona muy bondadosa, pero no confías en los demás. Pensé que habías cambiado.
Mis ojos temblaron.
-Por favor no le hagas daño a Tai. Tú eres su mundo, tú eres su todo, no se lo quites. Si no vas a amarlo, por favor, tenle misericordia –cerró los ojos y se alejó de mí-. Si no vas a amarle, déjalo.
Koushirou se marchó, con rumbo a su trabajo.
Miré mis manos, imaginando la oscuridad en la había caído cuando estuve en el Digimundo; en la oscuridad que afronté en el cuarto de aseo del gimnasio; en la oscuridad que yo mismo me había impuesto.
Miré hacia el cielo, cuando de pronto una gota de lluvia cayó sobre mi rostro, después de esa le sobrevinieron más.
Sonreí con tristeza, pensando que el cielo se sentía igual que yo.
