Capítulo 27
¡Estúpido! ¡Estúpido! ¡Estúpido!
Lancé mi camisa a la cama, mientras me sentía desesperado. No había querido enfrentar ese momento, sabía que no me perdonaría, pero dentro de mí albergaba la esperanza de que pudiera corresponder mis sentimientos. Koushirou tuvo razón y jugué demasiado cerca del fuego.
Me había acostumbrado tanto a su compañía que si se marchaba quedaría un gran hueco en mi vida. Teníamos ya más de un año juntos fingiendo ser pareja.
La palabra "fingir" me cayó como un balde de agua fría sobre la cabeza. Sólo era eso, fingir, nada más, no había sentimientos de por medio, no había nada entre nosotros, nada que nos uniera, nada que nos instara a estar juntos. Nada.
Traté de calmarme, buscando una solución al problema, pero el corazón no me dejaba concentrarme.
¿Qué podía hacer? ¿Decirle que estaba bromeando y que no era verdad? ¿Dónde había quedado toda mi valentía, todo mi coraje? ¿De verdad soportaría vivir sin él?
Me dejé caer bocarriba en la cama de mi habitación, mirando el techo. Mis ojos se llenaron de lágrimas, las cuales resbalaron por mi rostro, hasta mojar mis orejas y las patillas de mi cabello.
No había nada más qué hacer, tan sólo debía soltar su mano. Bueno, si había podido en el pasado, ¿por qué no ahora? ¿Por qué no comenzar de cero?
Era más fácil pensarlo que hacerlo. Lo amaba demasiado, tanto como para dejarlo ir, esperando a que fuera feliz.
Cerré los ojos, escuchando mis propios sollozos.
Aún cuando no estuviera conmigo.
Alguien tocó a mi puerta al medio día. Parpadeé, pensando que quizá sería alguien de la limpieza, pero después de escuchar la insistencia con la que llamaban, a regañadientes tuve que abrir, encontrándome a Yamato.
Creí que sería el comienzo de una pesadilla, pero todo parecía ser muy real.
-¿Estabas durmiendo? –no me miró a los ojos al preguntar aquello.
-Lo estaba, ¿se te ofrece algo? –me recargué en el marco de la puerta, cruzándome de brazos.
Él pareció dudar lo que iba a decir, así que sonrió débilmente.
-Voy a irme a Estados Unidos, Taichi.
Esperaba escuchar cualquier cosa, excepto eso.
-No está bien que continúe aquí. No quiero darte falsas esperanzas. No puedo corresponder a tus sentimientos.
No tenía nada, realmente sabía que él tenía que irse, porque no éramos más que amigos, o a lo mejor ni siquiera habíamos sido eso.
-Gracias por todo. Si no fuera por ti, nunca hubiera superado mi divorcio. Tú siempre vas a salvarme, pero es momento de que deje de hacerte daño.
Cerré los ojos para evitar que las lágrimas escaparan de estos. Él no elevó el rostro en ningún momento.
-Cuando me establezca en mi trabajo te mandaré el dinero que sea suficiente para pagarte por el tiempo en que mi hija y yo estuvimos viviendo contigo.
Él me estrechó en un fuerte abrazo. Quería pedirle que no se fuera, que no me arrebatara el corazón y lo tirara en la basura, pero él ya lo había dicho, no podía corresponder mis sentimientos.
Fui estúpido al creer que podría amarme.
-Haré lo posible de que Natsu se vaya conmigo.
Me susurró en el oído, soltándome después, para marcharse por el pasillo, con rumbo al elevador.
Tomé su mano, para que detuviera sus pasos, pero no volteó a verme, siguió dándome la espalda.
-No te vayas.
Mis palabras resonaron por el pasillo, sorprendiéndome a mí mismo al darme cuenta de lo que estaba haciendo.
-No me dejes, Yamato –lo solté-. ¿Por qué me haces esto? Te dije… -no pude contener las lágrimas, era muy doloroso para mí-… que no quería que tú fueras una razón para que yo viviera si te ibas a ir de mi lado. ¿Por qué te empeñas en hacerme infeliz? ¿Por qué simplemente no te diste la vuelta y fuiste con tu hermano en vez de buscarme a mí? Perdóname… -me arrodillé, algo que lo sorprendió, así que giró su cuerpo hacia el mío-… perdóname si por mi culpa te violaron, por favor perdóname ya y deja de hacerme infeliz. Perdóname por enamorarme de ti antes y por enamorarme de ti ahora. Por favor ya perdóname, perdóname y déjame libre. Por favor…
Él se arrodilló frente a mí y después me abrazó.
-No te odio por eso, te lo juro. Nunca te odié por lo que pasó. No llores, Tai, perdóname por lastimarte.
Suspiré profundamente, aferrándome a su cuerpo, me sentía muy triste, muy desesperado. Deseaba tanto a esa persona, siempre la había querido en mi vida, pero él se negaba a aceptarlo, él quería algo de mí que yo no podía darle: mi amistad.
-No quiero corresponderte –de pronto soltó Yamato, sorprendiéndome-, me niego a hacerlo. No puedo hacer nada, pienso que lastimaría mi orgullo como hombre al aceptar a otro hombre en mi vida. Después de lo que pasó aquella vez, pienso que… -cerró los ojos, tragando saliva audiblemente-… no quiero desconfiar de ti, pero pienso que me harías daño y…
-Tienes miedo de mí –dije y él, al darse cuenta bajó el rostro, cerrando con más fuerza sus ojos.
-No propiamente de ti.
Lo miré detenidamente y le sonreí con suavidad, tomando su rostro entre mis manos, algo que lo sorprendió.
-Entonces no escuches a tu razón, escucha a tu corazón.
Él se sonrojó levemente, mirándome con detenimiento.
-No… no puedo.
Lo besé con suavidad y, aunque él intentó alejarse, se lo impedí, adentrándome en esa cavidad para enredar mi lengua con la suya. Él correspondió casi inmediatamente, succionando con hambre, con deseo. Me separé de él, pero no abrió los ojos, se mantuvo en su lugar, inmóvil, impasible.
Me incorporé del piso y le sonreí con suavidad cuando abrió los ojos y me miró.
-Tai…
-Si vas a irte –le dije, levantándome del piso, para quedar frente a él- no me pidas ser tu amigo, Yamato.
Sus ojos temblaron y después los cerró, mientras bajaba el rostro.
-No puedo fingir que me da gusto que continúes tu camino y que te vayas, sabes que me duele, por eso desde un principio no quería que estuvieras a mi lado, porque me acostumbraría a tu presencia. Perdóname por haberme enamorado de ti, fue algo que no pude evitar, ni cuando era un niño, ni ahora. Quiero que seas feliz, pero no quiero sufrir al verte feliz al lado de otra persona.
Él apretó los puños e hizo un mohín.
-No… no quiero enamorarme de ti, Taichi –dijo con dolor-. Me dije una y otra vez que no quería enamorarme de ti.
Le miré con comprensión y dejé escapar un suspiro.
-Luché contra todo –sus palabras me sorprendieron-, mis principios lucharon contra todo, pero no lo logré. Pensé que si me iba dejaría de sentir…
Abrí los ojos como platos, ¿acaso eso era lo que estaba pensando que había escuchado? Fue entonces que se levantó del suelo, mirándome con dolor y después se dio la media vuelta, pero se quedó ahí, estático, sin mover un solo músculo, sin hacer el atisbo de querer marcharse.
-Perdóname…
Sus palabras se atascaron en su garganta.
-Yo te…
Apretó los puños y yo dejé escapar un suspiro.
-No las digas, esas palabras pueden dañar mucho si no las sientes de verdad.
Él soltó una risita sarcástica, pero no dijo nada más, tan sólo caminó al final del pasillo y dobló, para bajar por las escaleras.
No sabía cómo le iba a explicar a mi hijo que Yamato y yo nos íbamos a separar. Él lo amaba profundamente y seguramente nuestra "ruptura" lo lastimaría muchísimo.
Había ido a la universidad para hablar con él, algo que lo sorprendió, pero me miró con una gran sonrisa que me hizo sentir el peor padre del mundo. ¿Cómo le diría que a quien él consideraba como su "madre" se iría y nos dejaría solos? ¿Cómo iba a poder sobrevivir a aquello? ¿Cómo iba a…?
Él apretó los puños y me miró con dolor.
-¿Peleaste con mamá?
Me quedé en silencio. ¿Era tan obvio que estábamos en malos términos?
-Yamato y yo vamos a terminar –mis palabras causaron el dolor que sabía que causarían-. Nosotros al parecer no tenemos un futuro, por lo que él se irá.
Sus ojos se cristalizaron, estaba conteniendo el llanto. Apretó su mochila y después se alejó.
No me dijo nada más, tan sólo se marchó, seguramente para hablar con Yama. Algo dentro de mí se revolvió, porque no había querido lastimar de esa manera a mi hijo. ¿Pero qué ganaba yo al estar con alguien que nunca me iba a amar?
Había sido tan estúpido, ya que yo había sido quien se había puesto la soga al cuello y Yamato había pateado el banquito que me sostenía.
Había sido demasiado ingenuo al pensar que él me correspondería.
