Capítulo 28

Sabía que algo pasaba, me di cuenta inmediatamente que su mirada había cambiado hacia mí, sus caricias se habían vuelto tiernas, su trato hacia mí era incluso preferencial. Pero al escuchar su declaración, algo dentro de mí se había roto.

No quería aceptar que mis sentimientos también habían cambiado. Me había acostumbrado a su presencia, a sus juegos, a sus caricias, me había acostumbrado tanto a Taichi, que me daba miedo.

Una parte de mí quería escapar, pero la otra quería quedarme, quería dejarme amar, quería aceptar esos sentimientos como una tabla salvavidas, pero no quería hacerle daño a Taichi, porque yo realmente no entendía mis propios sentimientos.

Fue entonces que Taichi (hijo) llegó al hotel, mientras yo hacía mi maleta. No lo esperaba, así que me recargué en el marco de la puerta de mi habitación.

Respiraba con dificultad, al parecer había corrido bastante, ya que el sudor escurría por su rostro.

-¿Es cierto que vas a terminar con papá?

La forma con la que me habló hizo que se me oprimiera el corazón. Aunque él era el novio de mi preciosa hija y al principio le tuviera ciertos celos, ya lo veía como uno más de mi familia; era casi mi hijo y a veces hacía alusión a mi persona como "su madre".

-Me están ofreciendo una intervención en un proyecto muy importante dentro de la NASA –mentí un poco, aunque era cierto que Rebeca me había suplicado para que me fuera desde hacía unos meses atrás.

-¿Pero volverás cuando termine?

Cerré los ojos, sin saber cómo contestar sin herir.

-Taichi…

-Mi papá me dijo que romperían, ¿es eso verdad?

-El amor de lejos no es bueno, lo comprendí con Sora.

Taichi suspiró.

-Perdóname por ser tan egoísta.

Yo parpadeé, confundido por su comentario, pero comprendí a lo que se refería. Él no quería que me fuera, quizá estaba demasiado acostumbrado a mí que no quería soltar mi mano.

-Todos somos así –me dirigí al interior de la habitación para continuar arreglando mi maleta y él me siguió, cerrando la puerta detrás de sí-, yo también me sentí igual cuando mis padres se separaron. Mi hermano era muy pequeño y se lo llevó mi mamá, yo tuve que irme con mi padre. Nos repartieron como si fuéramos ganado y mucho tiempo les guardé rencor a ambos, pero tu padre me enseñó que podía volver a confiar en alguien, que podía tener a alguien con quién apoyarme. Sé que también fue doloroso para mis hijos, así que pensé que quizá ellos querrían quedarse con Sora, pero Natsu decidió irse conmigo y Hiro se quedó con su madre. Al final quizá hicimos lo mismo que hicieron mis padres, pero Natsu se ve feliz, por eso no me preocupo tanto. Sé que tú la cuidarás apropiadamente en mi lugar.

-¿Natsu sabe que te irás?

Miré con desconcierto a Taichi. No le había dicho nada a Natsu, era obvio que en ésta ocasión no me seguiría, ella tenía a alguien más importante que su madre y que yo mismo, aquí en Japón.

-No, no se lo he dicho –sonreí con amargura-, pero desearía que ella se fuera conmigo.

Él sólo negó con la cabeza y caminó hacia la puerta, pero se quedó frente a ella, dándome la espalda.

-Te amo mucho, mamá. Por eso deseo que seas feliz, aunque no sea a nuestro lado. Gracias por darnos tu tiempo y por estar con nosotros.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y éstas resbalaron por mis mejillas. Mis labios temblaron, pero no pude articular una sola palabra. Quería decirle que yo también lo amaba como a un hijo, pero él se fue antes de que pudiera decirle lo especial que era para mí.

Miré al vacío, sintiéndome nervioso. ¿Por qué demonios le había suplicado a Hikari que me diera la dirección de Taichi después de que me pelee con Sora? ¿Por qué había decidido ir con Taichi?

Esperaba que el domicilio estuviera equivocado, que nadie abriera la puerta; quería engañarme y decirme que había hecho hasta lo imposible para contactarlo, cuando en todos esos años lo había olvidado. Quería que él me echara, yo… quería tener un pretexto para sentirme más miserable; pero él me tendió la mano y me sonrió, me dio una nueva razón para vivir. Me había amado… otra vez.

¿Y qué fue lo que hice yo? Sólo le produje dolor y me pidió perdón, como si al que hubieran hecho daño era a mí.

Taichi era tan fuerte, tan valiente. Había enfrentado solo la vida, sin sus padres, sin un apoyo económico. Y a pesar del sufrimiento que yo le pude haber causado, él…

Caminé hacia la puerta, recargando mi frente sobre ella. Quería salir corriendo, desesperado por encontrar la verdad, por entender lo que estaba sucediendo en mi vida, pero tenía miedo de caer inmerso en la telaraña.

Sí, tenía miedo de Taichi y de estos sentimientos que me estaban lastimando.


Así como nuestra historia juntos comenzó, nuestro "amor" llegó a su fin.

Sin embargo, cuando estaba a punto de marcar el número de Natsu, para pedirle que habláramos, alguien tocó insistentemente a la puerta de mi habitación. A regañadientes abrí, encontrándola justo ahí.

-Seguramente tú le hiciste algo a mi papá Taichi –Natsu me miró con recelo después-. ¡Mi mamá se separó de ti también por tu culpa!

-Natsu… -Taichi intentó detener a su novia, pero ella continuaba molesta conmigo.

-¡Pensé que querías a mi papá Taichi! ¡Y no me voy a ir contigo! ¡No quiero irme a Estados Unidos! ¡Lo más importante está aquí! Sabes que te quiero, papá, pero ésta vez no te voy a seguir, porque no eres más importante que ellos dos.

Aquellas palabras causaron dolor en mí.

-No debiste de decirle eso a tu padre –dijo Taichi-. Quizá no estés de acuerdo con sus decisiones, pero lo lastimaste profundamente al decirle eso. Deberías disculparte.

-¡No! –ella se defendió- Decidí ir con él cuando se separó de mamá porque estaba preocupada por él, pero no estoy dispuesta a irme con él porque sé que él tiene la culpa de que se vayan a separar –las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y se lanzó a los brazos de su novio, el cual parecía estar sufriendo más que ella-. He sido muy feliz con ustedes, ni siquiera con mi madre he sido tan feliz de lo que soy contigo y con papá Taichi, por eso no quiero perderlos a los dos por un capricho de mi papá.

Me sorprendí sobremanera cuando Taichi (padre) se colocó a un lado de nuestros hijos. Él acarició el cabello de mi hija y ella se soltó de su novio, para abrazarse a él con fuerza, como si tuviera mucho miedo.

Se me hizo un nudo en la garganta. ¿Cómo era posible que mi hija, sangre de mi sangre, quisiera más a Taichi que a mí?

-Tu padre y yo nunca hemos sido más que amigos, Natsu –ella se separó de él, seriamente confundida-. Dijimos que teníamos una relación para que el problema con nuestras familias no se hiciera mayor de lo que ya era. Discúlpanos por ser tan egoístas y dejarte vivir en una fantasía. Tu padre se irá porque es momento de que se vaya, porque, como te dije, no tenemos nada. Discutimos por algo trivial, pero eso no tiene que ver con su viaje. Te quiero como a una hija, aún si no fueras la novia de mi hijo. Eres bienvenida de volver a la casa cuando quieras.

Ella lo miró, completamente incrédula, soltándose lentamente y dándose la vuelta para protegerse en los brazos de su novio, llorando con mayor dolor que antes, algo que hizo que me sintiera más culpable.

Taichi (hijo) parecía igual de sorprendido que su novia al escuchar aquello. Él miró con enfado a su padre, negando con la cabeza. Era más que obvio que estaba molesto por sus palabras, pero no dijo nada, tan sólo comenzó a consolar a mi hija.

-Mi hija te quiere más a ti que a mí –solté de pronto, cuando nuestros hijos se alejaron por el pasillo, con rumbo al elevador, dejándonos solos.

-Mi hijo no me dijo nada, pero seguramente mañana me reñirá –Tai sonrió con molestia-. Ojalá pudiera regresar en el tiempo y haberte cerrado la puerta en la cara la noche que llegaste a mi casa. Y no, no me quiere más que a ti, quiere estar con mi hijo.

Él cerró los ojos con dolor y yo le miré con enfado.

-¿Qué haces aquí? –dije y él me miró detenidamente.

-Natsu me llamó y me pidió una explicación, así que se la vine a dar. Eres libre, Yamato, vete.

Le miré, directamente a los ojos, pero él huyó a mi mirada. Se veía triste, algo que me hizo sentir culpable.

-Entonces me iré –dije yo, encaminándome a la cama para terminar de cerrar mi maleta y arrastrarla hasta la salida.

-Adiós, Yamato.

Apreté los puños cuando lo escuché. A Taichi no le gustaba despedirse con un "adiós", ya que decía que sonaba a una despedida para siempre, y me decía "hasta luego" o "hasta pronto" o a veces me decía "nos vemos". Esa simple palabra sólo estaba poniendo fin a todo lo que vivimos, incluso a nuestra relación de amistad.

No pude contestarle, ya que no quería decirle adiós, aunque era lo mejor para nosotros. Me alejé entonces, cerrando ese capítulo en mi vida.


Me encontraba en la sala de espera del aeropuerto, así que bostecé mientras abría la caja de comida que me había comprado. De pronto, me sentí solo y aquello me hizo sentir inseguro. Yo era fuerte, pero Taichi tenía razón, me acogí demasiado a su sombra, esperando el consuelo en sus brazos. Pero él había tergiversado mis sentimientos y yo…

Cubrí mi rostro con mis manos, no quería aceptar aquel sentimiento, no quería aceptar que yo…

Sentía que perdía una parte de mi alma. Sentía que dejaba atrás algo muy importante.

Recordé los momentos en los que mis hijos jugaban en mi regazo, buscando protección entre mis brazos. Suspiré profundamente. Sabía que ese momento llegaría, sabía que en algún momento ellos soltarían mi mano y elegirían por sí mismos irse de largo, dejarme atrás, dejarme solo. Porque estaba solo.

Dejé escapar un suspiro, sintiendo a mi corazón desbocarse. Algo dentro de mí me impedía caminar, continuar.

"Siempre iré a salvarte, Yamato."

Aquellas palabras dichas por Taichi removieron mi corazón. Cerré los ojos, sintiendo un fuerte dolor en mi pecho, un dolor que se externó cuando sentí mis ojos acuosos.

Volteé a ver los horarios de los vuelos, como si dudara de mi decisión. Sabía que si volvía ya no habría vuelta atrás, tendría que aceptar los sentimientos de Tai y también los míos.

Me molesté conmigo mismo, pensando en por qué siempre tenía que ser el que me encontraba abajo, en esa posición de sumisión. ¡Todo era su culpa! Taichi siempre venía a poner mi mundo de cabeza.

"Me gustas."

Esas palabras volvieron a resonar en mi cabeza. Me molesté, pero no supe la razón. No tenía miedo de los sentimientos de Taichi, pero…

Las lágrimas fluyeron como cascadas. Diablos, no estaba bien lo que hacía. Estaba perdiendo mi felicidad por mi inmadurez, pero mi orgullo me impedía correr a los brazos de aquella única persona que me amó, sin importarle el tiempo, ni la distancia.

Pero era ese simple pensamiento el que me impedía regresar, porque no quería causarle daño. ¿Acaso no estaría yo tergiversando mis sentimientos por mi dependencia a él? ¿Y si era eso y lo lastimaba profundamente al darme la vuelta y buscar el amor en brazos de otra persona?

Sequé mis lágrimas con el dorso de mi chaqueta, comiendo un poco de arroz.

Miré entonces la pantalla de mi celular, dándome cuenta en ese instante que tenía dos mensajes sin contestar uno era de Natsu y el otro de Taichi. Temblando, sin saber qué esperar, con un sentimiento de miedo y de frustración, abrí el primer mensaje.

"Papi. Perdóname por decirte esas cosas. Lo que pasó entre tú y mi mamá no es de mi incumbencia. Le pregunté a mi papá –refiriéndose a Taichi- si te podía ir yo a visitar y me dijo que te preguntara. Ojalá te establezcas pronto allá y seas muy feliz. Mis mejores deseos. Te quiero papi. Hasta pronto."

Tomé con fuerza mi celular. Sentí que el alma me había sido devuelta al cuerpo. Por lo menos mi hija no me odiaba. Fue entonces que la duda me asaltó y vi el segundo mensaje. Mi corazón golpeó con muchísima fuerza dentro de mi pecho; sentí de pronto mis manos sudorosas, mi pulso aumentado; de pronto, mi boca se encontraba reseca.

"Natsu me preguntó si ella podía ir a verte. Taichi quiso hacer un comentario sobre ello, pero no le di falsas esperanzas. Hemos regresado a Hiroshima. Seguramente tú estás en camino a América, y no sé si te llegue éste mensaje, pero quiero decirte que dejaste tu ropa interior en mi armario y todas tus cosas personales por la casa, así que las guardaré en una caja y te las mandaré por paquetería con Takeru y que él te la haga llegar a donde sea que vayas. Sé que, mientras Natsu esté con nosotros sabré de ti, así que te pido de favor que no vuelvas nunca más. Ya no eres bienvenido en mi hogar, aunque bueno, desde un principio no lo fuiste. Sin embargo, pese a todas las circunstancias, te agradezco por todo. Dejaste muchas cosas por nosotros y quizá eso fue lo que me hizo malinterpretar tus intenciones. Fui muy tonto, lo sé. Deseo que la vida te dé siempre lo suficiente para que seas feliz. Gracias por todo. Cuídate."

-Gracias por todo…

Pronuncié aquello, pero no supe qué contestar. El mensaje parecía no requerir una respuesta, era obvio que él ya no me quería en su vida.

Apreté con fuerza el celular, mis codos quedaron sobre mis piernas y mi frente tocó el delgado artefacto. Mis lágrimas fluyeron nuevamente, sin que pudiera evitarlo, y sorprendentemente, sin que yo deseara detenerlas.

Algo me desgarraba el pecho y no entendía qué. Por Sora sentí… no, ni siquiera por ella sentí aquello.

"… no vuelvas nunca más. Ya no eres bienvenido en mi hogar…"

Esas palabras detuvieron mi impulso de tomar un avión para irme a Hiroshima en vez de irme a otro país. Apreté los ojos y los puños. No, debía mantenerme firme en mi decisión, así como me mantuve impasible cuando fui a buscarlo para pedirle perdón.

"Puedes quedarte el tiempo que quieras, pero no está bien que te cobijes tanto debajo de mi sombra, Yama, en algún momento tienes que retomar tu camino. Todos deseamos continuar caminando hacia adelante."

Hacia adelante.

"¿Hasta cuándo piensas jugar al ama de casa, Yamato?"

Las palabras de mi hermano retumbaron en mi mente.

"Pensé que sólo era una fachada de ustedes dos, pero me da gusto que estés luchando tan fervientemente por tu vida…"

Quizá no estaba pensando, porque en seguida marqué su número, sin saber si entraría la llamada.

-¿Qué sucede?

Escuché la voz molesta de Yagami. Él ya no quería saber nada de mí, y yo debería estar en las mismas condiciones, pero…

Un fuerte sollozo escapó de mi garganta, sin que pudiera evitarlo y él suavizó su voz.

-Perdóname… -le dije, seguramente sorprendiéndolo-… siempre huyo cuando siento que no soy el dueño de la situación –un nuevo sollozo escapó-. No quiero que me odies.

Él pareció meditar un poco qué contestaría.

-Te amo…

Me sorprendí mucho por mis propias palabras. Abrí los ojos como platos, incrédulo por lo que había escapado de mis labios. Taichi se quedó en silencio, y yo me sentí demasiado desesperado.

-Lo siento, no quería hacerte daño. Gra…

Mis palabras fueron cortadas por una risita, algo que no supe identificar.

-Sabes que si vuelves a mí voy querer hacerte muchas cosas, Yamato.

Aquellas palabras hicieron que me sonrojara por completo.

-¡Sólo piensas en eso, imbécil! –iba a colgar, pero él soltó una risotada, haciéndome enfurecer aún más.

-No te enojes, es la verdad. Pero lo más importante es que, si vuelves, seremos una pareja de verdad. ¿Estás de acuerdo con ello? Si me dices que quieres seguir siendo mi amigo voy a colgar y a hacer como que no me llamaste.

Maldita sea, la realidad me volvía a caer como un balde de agua fría sobre la cabeza.

-¿Serás gentil conmigo? ¿No me obligarás a nada que no quiera? –susurré- ¿Me tendrás paciencia?

Él rio con algo de frialdad.

-He esperado éste momento desde antes de declararme en el instituto, un poco de más tiempo no va a matarme. Deja de poner pretextos, Ishida. ¿Dónde estás?

-En Narita. Ha habido tormentas eléctricas, por lo que se han pospuesto los vuelos.

-Iré por ti.

-¿Vendrás por mí? ¿No es mejor que yo me vaya en avión cuando se reestablezca…? –cortó de pronto mis palabras.

-Tenía la esperanza… -dijo con un tono sufrido tan falso que me hizo entrecerrar los ojos-… de que me dijeras que querías ir a un hotel conmigo.

Abrí los labios, tartamudeando un poco y sonrojándome a tal extremo que sentí que mi corazón iba a salirse de mi pecho.

-E…está… está bien –lo último lo dije con mucha rapidez.

-No te lo tomes tan…

-Que está bien –entrecerré los ojos-. Pero no harás nada más de lo que yo te permita.

Él soltó una risotada y después resopló.

-Tardaré un buen rato en llegar en el shinkansen. ¿No vas a huir?

Mi corazón latía muy fuerte dentro de mi pecho, tanto que sentía que me iba a estallar.

-No… ¿pero no crees que es mejor que yo me regrese en el Shinkansen?

Taichi suspiró y después rio un poco, molestándome.

-Súbete entonces en el shinkansen y espérame en Osaka.

Él colgó, sin que yo pudiera argumentar nada más. Me hundí en mi asiento, sintiéndome nervioso, preguntándome si había hecho lo correcto cuando acepté formalmente establecer una relación amorosa con Taichi.