-Bien, perdimos la clase de las ocho, pero asistimos a las demás-.
-Sigo enojada contigo. ¿Cómo pudiste olvidar que cambiamos de aula? ¡El profesor lo dijo una y otra vez durante toda la semana!-.
Salían de la última clase, solo les quedaba regresar a sus respectivos lugares, en el caso de Ariana, llegaría a su departamento a ponerse la ropa de trabajo, tenía poco como repartidora de medio tiempo en una pizzería de local.
-Enserio lo si-…-
-Pero ya no soportaré otra disculpa más, ¿estás segura de que te las arreglaras sola? No puedo ir a rescatarte cada vez que te pierdas-.
- ¡Claro que sí! Ya comienzo a memorizar las rutas-.
Su amiga soltó un largo suspiro.
-Suponiendo que volvieras a perderte… llámame, tal vez pueda darte una indicación- Los ojos de Ariana brillaron como los de una niña pequeña, pero antes de que pudiera hablar Amanda la detuvo.
- ¡Pero no abuses! Existe google maps-.
- ¡No lo haré! Lo prometo- Con ese diálogo se despidieron y cada una partió a su destino.
Concretó la última entrega del día con orgullo, sería un turno sin contratiempos, como los todos los vehículos del local estaban en uso, y el pedido se dio a pocas calles del local, la mandaron a pie, cosa que no le molestaba, le gustaba caminar. Regresaría directamente a la pizzería para entregar el dinero de la orden, se detuvo unos instantes para ver el nombre de las calles, quería asegurarse de estar siguiendo el camino correcto, lo estaba, podría sellar el día con broche de oro. Pero antes de que pudiera avanzar, sintió un objeto puntiagudo tocándole la espalda.
-Grita y estás muerta- El aliento de su atacante le rozaba la oreja, provocando que sus piernas se volvieran gelatina, se quedó quieta sin saber que hacer.
-Camina como si nada pasara-.
La estaba guiando a una zona poco transitada, el tiempo se congeló, sentía que el cuerpo le pesaba, no sabía a donde se dirigían, pero tenía una idea de lo que pasaría.
Sudaba frío y su pecho parecía explotar, luego de un rato, el extraño volvió a hablar. -El callejón- No había luz mercurial en ese rincón, era el lugar perfecto para cometer cualquier acto repugnante. Algo en ella se activó, aunque obedeciera todas sus órdenes del extraño, no saldría viva de ahí. Se detuvo en seco y sintió al objeto punzante apretándola más.
-Escúchame zorra, vas a entrar allí- Pero Ariana no se movió. El sujeto la tomó fuerte del brazo y la oprimió contra si para susurrarle todo tipo de comentarios repugnantes, ella forcejeo y logró zafarse, corrió y gritó con todas sus fuerzas, pero parecía en vano, el extraño era muy rápido, podía escuchar sus pasos a cada vez más próximos a ella. No, Dios mío, por favor, voy a morir aquí. Dio un último grito sintiéndolo a centímetros de ella.
- ¡Alto! ¡Policía!
- ¡Mierda! - Solo alcanzó a articular esa frase al ser inmovilizado por el oficial, había centrado toda su atención en alcanzar a la chica y no se dio cuenta en que punto fue interceptado por el policía. Ariana corrió unos metros más aun siendo presa del pánico, pronto entendió lo que significaban esas palabras y se atrevió a voltear, ya no la seguían, en cambio pudo observar a un hombre alto y delgado siendo esposado por un patrullero.
-Aquí el oficial White, intercepté presunto agresor en las intercepciones…- Ariana miraba con atención la escena, aún temblaba y sus piernas, exhaustas, fallaron en la conmoción. Calló de rodillas y comenzó a sollozar.
El oficial se apresuró en hacer la detención y se acercó a la joven. Ella seguía en el suelo, lloraba mucho, él se puso en cuclillas y le habló voz baja
-Señorita, ¿puede entenderme? - Los sollozos pararon. Ariana levantó la cabeza y se sobresaltó, él no se apartó y esperó pacientemente su respuesta, ella asintió.
- ¿Cree que pueda ponerse de pie? - Volvió a asentir. -A ver, le ayudo- Extendió sus manos a la muchacha y ella se apoyó en sus antebrazos, y se levantó con dificultad.
-Llamé a otros oficiales, ellos vendrán por su atacante y lo llevaran a la jefatura en otra patrulla, pero me temo que tendrá que acompañarme para realizar la denuncia, ¿Está de acuerdo? - Cerró los ojos, reunió todas las fuerzas que le quedaban, y respondió que sí.
El camino a la comisaria fue silencioso, Ariana miraba por la ventana, incrédula de lo que acababa de pasar, el oficial no hizo ningún esfuerzo por hacerla hablar, optó por solo conducir. Al llegar, la acompaño a las oficinas y le indicaron lo que debía hacer, terminado el proceso Ariana se había calmado, decidió llamar a Amanda para que la acompañara a su casa, sería difícil explicarle lo sucedido, pero necesitaba hablar con alguien conocido, le permitieron esperar dentro de la comisaría.
- ¿Cómo se encuentra? - La pregunta la sacó de sus pensamientos.
-Estoy bien, gracias a usted- Se escuchaba cansada, pero también agradecida, dándole valor a su interlocutor para seguir hablando.
-Se que esto no viene al caso, pero, ¿usted es la chica de la mañana? ¿La del semáforo? – Ariana dejó de parpadear, sus pupilas se dilataron al reconocerlo, finalmente, después de varias horas, volvía a sonreír.
-Es usted.
El le devolvió el gesto y continuó. -Me hubiera gustado volverla a ver en otra situación, espero haberle sido de ayuda.
-Por favor oficial, ¿cómo puede ser tan modesto? Me ha salvado la vida dos veces, y siempre le estaré agradecida, tanto así, que saber que aún me recuerda mejoró mi ánimo inmediatamente.
-Solo estaba haciendo mi trabajo, pero, de nada.
Ninguno siguió hablando, no era necesario, estaban satisfechos con su corta conversación, poco después Amanda llegó, estaba histérica, atropelló a su amiga con un abrazo y la llenó de preguntas referentes a su estado de salud. El oficial White optó por irse en silencio, pero fue pillado por Ariana, quien lo llamó por ultima vez.
- ¡O-oficial! – Se giró hacia ella.
- ¿Cree que… vuelva a cruzarme con usted? – Lo meditó por un momento y respondió.
-No lo sé- La mirada de la chica se apagó, pero el prosiguió -Aunque, si es una posibilidad, trabajamos por la misma zona- Volvió a sonreírle e inclinándose el sombrero, agregó.
-Hasta entonces.
-Hasta entonces- dijo sin ocultar su emoción, salió acompañada de su confundida amiga, dejándolo con una cálida sensación en el pecho.
