La luz que entraba por su ventana lo despertó, más no quiso abrir los parpados todavía, los rayos del sol que descansaban sobre su mejilla le producían una sensación agradable, también sabía que su alarma no tardaría en sonar, y estaba en lo cierto, apenas se escucharon los primeros sonidos repetitivos de la canción la apagó velozmente. Inhaló fuerte y se levantó, hizo algunos estiramientos y se fue a dar una ducha fría, para el era una manera eficiente de sacudirse el sueño.

Comió un desayuno rico en carbohidratos y salió con su termo de café en mano, la jefatura estaba a pocas cuadras de su complejo departamental, iba a pie, lo tomaba como un pequeño placer, disfrutaba contemplar el vecindario en la mañana, todo era más tranquilo.

En un punto del trayecto se encontró con la pizzería por la que siempre pasaba, estaba cerrada pues aún era temprano, recordó que era el lugar de trabajo de la joven que había salvado hacía unos días. No la había visto desde entonces, también pensó en la manera tan peculiar en que se despidieron, después de que ella se marchara tuvo dificultades para volver a concentrarse. Se dio cuenta de que aún observaba el local, y se animó a seguir caminando.

Fue una mañana movida: una persecución, dos intentos de asalto y una revisión que terminó en falsa alarma. Pasaba el medio día y se encontraba en su cubículo llenando reportes, cuando uno de sus compañeros llamó todos los presentes, estaba sugiriendo que ordenaran algo para comer en la oficina, estuvieron de acuerdo, el problema surgió al momento de decidir qué almorzarían. Ninguna de las ideas lograba conformar a la mayoría, había opiniones variadas, e incluso estuvo a punto de comenzar una disputa entre dos oficiales.

- ¿Qué tal pizza?

El bullicio se detuvo, incluyendo a los de la riña, todas las miradas se fijaron en él, su actitud estoica rara vez lo metía en conversaciones grupales. Sintió la necesidad de seguir hablando.

-Bueno, hay un local cerca de aquí y tenía antojo desde la mañana, pero si no están de acuerdo-…-

-Pizza suena bien- El novato Williams, al que a duras penas habían dejado opinar, aprovechó para que lo escucharan.

-Si su excelencia- señaló un oficial a la compañera con la que reñía -está de acuerdo, una pizza no me vendría mal- En cuanto terminó la frase, esta le metió un codazo dejándolo sin aire.

-Ya nos estamos entendiendo, tarado- dijo satisfecha.

El resto de la comisaría parecía estar de acuerdo, se realizó el pedido y solo era cuestión de esperar, era una orden bastante pesada y nadie quería recibirla, pero antes de que pudieran mandar a Williams, el oficial White se ofreció a esperar las pizzas, aunque fuera extraño, mientrás alguien más las recibiera no habría oposiciones, los únicos que se encontraban curiosos fueron sus compañeros más cercanos, más no le hicieron preguntas.

Mientras esperaba en la recepción su mente divagó, tenía los brazos cruzados, calculó que en base a la distancia de la pizzería y la comisaria, el o la repartidora se desplazaba a pie, puesto que si se transportaran en vehículo habrían llegado hacía tiempo. También consideró que con la carga de varias pizzas y refrescos el recorrido sería más tardado, además, siendo una hora tan activa tendrían otras entregas y pedidos antes que el suyo. Habiendo tantos factores era deducible que la comida podría tardarse hasta media hora, solo habían pasado diez minutos. No supo cuando fue que empezó a caminar de un lado a otro, se detuvo, y volvió a plantarse frente a la puerta, sin darse cuenta, su pie daba golpecitos contra el suelo.

Una de las puertas de la recepción se abría lentamente, centró su atención a ese punto y pudo ver a una chica sosteniendo dos bolsas gigantes de plástico con ambas manos, y con la espalda intentaba mover la puerta. Estaba haciendo una mueca por el esfuerzo y tenía los cachetes rojos, combinando con su cabello y chaqueta.

-Permítame- se dirigió velozmente a abrirle el resto de la puerta, cuando la repartidora pudo entrar completamente soltó un suspiro de alivio.

-Muchas gracias, buen día, aquí está su pedido, gracias por comprar en-…- su viaje fue tan ajetreado que no había notado quien la estaba recibiendo -¡Oficial!- Sabía que verlo era una posibilidad pero no pensó que fuera tan alta, era de las pocas veces en que agradecía haberse equivocado.

-Gracias, debió ser difícil traer toda está comida hasta aquí- La miraba con gusto, su ansiedad ya no estaba, le alegraba poder interactuar con ella, aunque fuera por unos minutos.

-No tanto- mintió -Gajes del oficio, espero que disfruten su comida- Quería seguir hablando, pero su mente estaba en blanco, consideró que ya le había robado demasiado tiempo y que debía despedirse, pero el oficial se le adelanto.

- ¿No olvidas algo? - La observaba pacientemente.

- ¿Lo hago? ¡Oh, si! La cuenta, espere un momento la tengo anotada por aquí…- Mientras se hurgaba los bolsillos, no se daba cuenta de que era examinada por el uniformado, aprendió algunas cosas sobre ella: la primera, era olvidadiza; la segunda, el rojo le quedaba muy bien; y la tercera, verla le producía cambios bruscos de humor. Sin notarlo, le sonreía a la distraída muchacha. Después de recibir el pago se despidieron.

-Hasta pronto oficial White.

-Fue bueno verla señorita.

-Soy Ariana, puede llamarme por mi nombre, s-si quiere- Volvió a sonrojarse.

-Adiós, Ariana- La sonrisa seguía pegada en su cara.

Regresó a las oficinas con las dos bolsas de comida, eran pesadas, sintió un poco de remordimiento, le causó dificultades a la repartidora. Ariana. Era un lindo nombre, combinaba con ella: peculiar y bonito. Le gustaría pronunciarlo seguido. Apenas se dejó ver con las ordenes sus compañeros se lanzaron como lobos salvajes: "¿Y la de piña?; La mía no debe tener aceitunas; Ewww…¿Quién ordenó con cebolla?"


Su turno estaba por finalizar, terminó de llenar el último reporte del día, aún faltaban veinte minutos. La mitad de los oficiales se encontraban en labor, la otra continuaba llenando formas, quiso ir por un café. Lo bebió tranquilamente, en la sala de descanso encontró un poco de paz, pero no le duró mucho, poco después entraron el novato Williams y el oficial Neill, ambos amigos suyos. Los saludo haciendo un gesto con la cabeza y siguió bebiendo su café, no tenía deseos de conversar, parecía que lo entendían, pues solo hablaban entre ellos.

-Te decía Williams, la pizza estuvo deliciosa.

-Tú lo has dicho, ¿Qué tal si mañana pedimos otra?

A este punto ya tenían su atención.

-Oye Neill, ¿Crees que, si pedimos que la entregue la linda pelirroja, Jasper volverá a ofrecerse para recibirla? – Escucharon perfectamente como Jasper se atragantaba con el café.