Capítulo 30

Me quedé dormido en algún momento del trayecto, así que cuando abrí los ojos y bostecé, estábamos en un estacionamiento subterráneo. Subíamos por un elevador hidráulico y se podían ver pasillos de concreto en cada piso que pasábamos.

Me estiré en mi asiento, pero no dijimos nada durante el trayecto, ni siquiera cuando estacionó la camioneta, ni cuando entramos a la habitación, que era sumamente lujosa.

Pero no se necesitaron palabras cuando me atrajo hacia sí, besándome con lujuria, con desesperación. Me separé de pronto, molesto con su actitud y, con los ojos cerrados, mordí su labio superior, bajando hacia su cuello. Se quejó un poco cuando succioné con fuerza, pero me dejó hacer.

Fui desabrochando su camisa, quitándole la chaqueta que traía, lanzándola hacia algún lugar de la habitación. Él rio, divertido con la escena.

Lamí sus pezones, succionando y mordiendo; sin embargo, él me separó con algo de rudeza, pero eso, lejos de asustarme, me excitó más.

-Eres un enfermo, Yamato. Ve a ducharte.

Me ordenó y le miré, sin comprender su actitud.

-Ya te alcanzo.

Asentí, mirándole con algo de desconfianza, pero me dirigí a la ducha para abrir los grifos de la regadera.

La habitación era lujosa, pero hasta ese momento me daba cuenta de su estructura. Al entrar, a la izquierda se encontraban unos sillones de cuero negro, junto con una mesita de centro. Al fondo, de ese mismo lado, se podía apreciar un jacuzzi. A la derecha, se encontraba una cama con sábanas blancas y frente a ésta, había una ducha con canceles de cristal. Al fondo había una pequeña puerta y un lavabo, seguramente ahí se encontraba el retrete.

Taichi parecía teclear algo en una pantalla que se encontraba cercana a la cama, pero no le presté mucha atención, menos cuando abrí los grifos del agua y me quedé bajo la ducha.

Minutos después lo vi, estaba desvistiéndose. Apreté los labios. Diablos, estaba asustado, algo en mí quería que se acercara y otra parte de mí quería salir huyendo.

Abrió entonces las puertas de cristal y yo me di la vuelta, sonrojándome al darme cuenta de estado de excitación en el que se encontraba.

-¿Quieres hacerlo en el baño? –preguntó y yo cerré los ojos, sonrojándome.

Como no negué, ni tampoco afirmé, él decidió tomar cartas en el asunto, acorralándome contra la pared. Me quejé al sentir los mosaicos fríos en mi espalda y Tai quedó justo debajo del chorro de agua caliente.

Tragué en seco. Aunque sabía que era Tai quien se encontraba conmigo ahí, podía ver las siluetas de esos tipos alrededor, como si de un espejismo se tratase.

Me sobresalté cuando él abrió un poco mis piernas, colocando su pene entre ellas.

Realmente no supe cuándo fue que comencé a gemir, ni cuándo empecé a besarle, demandando más de aquel vaivén delicioso que me hacía perderme en el placer.

Aprisioné su sexo con mis piernas, sintiendo a su vez toda su extensión frotarse con mis testículos y mi pene en su abdomen.

-¿Te asusta?

Aquella pregunta me sorprendió, pero negué con la cabeza. Él sonrió y me besó con suavidad, envolviéndome en un abrazo cariñoso. Sin embargo, cuando acarició mi trasero, me tensé inmediatamente, por lo que intenté separarme de él.

-Espe…espera –dije, mirando a otro lado.

Él me soltó, quizá entendió que iba un poco más rápido de lo que yo quería. Si bien, no era mi primera vez con un hombre, no sabía qué esperar de Tai. Él había dicho que no me haría daño y le creía, o bien, lo intentaba, pero parte de mí tenía miedo de revivir aquello que trataba tan desesperadamente de olvidar.

Él pareció comprender, así que cerró la llave del grifo y después me tomó de la mano, obligándole a seguirle. Me sonrojé, él no iba a quitar el dedo del renglón.

Cuando estuvimos frente a la cama, me sentó en ella y se arrodilló frente a mí. Supuse inmediatamente lo que quería hacer cuando se acercó a mi entrepierna, pero no le detuve, quizá ese tipo de caricia haría que me relajara un poco, así que tan sólo tomé sus cabellos, para hacerle saber que estaba dispuesto a que me acariciara. Taichi sopló sobre mi sexo y di un pequeño saltito junto con un gemido de placer que me hizo sonrojar. Ahí estábamos, él y yo, solos, con el agua recorriendo aún nuestros cuerpos, compartiendo ese momento íntimo.

Lamió entonces la punta de mi pene, saboreándolo. Cerré los ojos y recargué mi cuerpo sobre mi mano izquierda, mientras que con la otra acariciaba su cabello.

Metió entonces toda mi extensión en su garganta, algo que me tomó por sorpresa.

-N…no…

Gemí, aunque no quería que se detuviera. Él pareció entenderlo, así que sus movimientos se volvieron más rápidos y, sin contar con ello, terminé dentro de su boca sin poderle avisar antes. Sin embargo, él no tragó mi semen, sino que dejó que éste resbalara por mi sexo.

Me sorprendí por ello, pero él me sonrió, acariciando mi miembro con aquel líquido viscoso, hasta repartirlo por mis testículos. Inmediatamente supuse cuáles eran sus intenciones.

-Espera… -intenté apartarle, pero no me dejó, por lo que metió en la hendidura de mis nalgas el dedo medio de su mano derecha, masajeando y humedeciendo la entrada de aquel pasaje.

Mi cuerpo tembló, no lo pude evitar. Me recostó en la cama con un gesto cariñoso y se inclinó sobre mí para besarme, elevando mi pierna izquierda para acariciar bien ese punto. Mi respiración se entrecortó, cada vez que cerraba los ojos podía ver y escuchar a esos sujetos burlándose de mí, produciéndome dolor.

-No… Tai…

Él se separó un poco de mí, tan sólo para tomar un envase en forma tubular y verter parte de su contenido en sus dedos. Me quejé un poco cuando volvió a acariciar aquella parte de mi cuerpo, el gel estaba frío.

-No vas a lastimarme, ¿verdad?

Él detuvo por unos instantes sus movimientos circulares y después me sonrió.

-No.

-¿Me va a doler?

Él me miró, como sintiéndose culpable.

-Procuraré que no –contestó.

Yo dejé escapar un suspiro, tratando de tranquilizarme. Aquella persona me acariciaba con gentileza, parecía amarme, no me haría daño.

-¿Lo has hecho antes con un hombre?

Solté de lleno y él me miró detenidamente.

-¿No crees que no es un buen momento para preguntas de ese tipo?

Aquello me intrigó, así que sudó una gotita.

-Pero sé cómo dar placer en ésta zona.

Yo entrecerré los ojos, incrédulo.

-Confía en mí, Yamato.

Metió entonces su dedo, causándome un poco de malestar, aunque no hubo dolor. Él comenzó a morder mi cuello, causándome una leve risita, bajando a donde se encontraban mis pezones. Se apoderó del derecho con su boca, humedeciéndolo, dándole pequeños mordiscos. El movimiento que hacía en mi interior era circular, pero pronto comenzó a meter y sacar su dedo, haciéndome gemir.

Intenté cubrir mis labios, pero él me detuvo.

-Déjame escucharte, quiero que me digas si algo te gusta, te disgusta, te asusta, te vuelve loco.

Aquel comentario hizo que me sonrojara.

-No, yo no quiero…

Gemí nuevamente cuando él suavizó mi entrada para meter otro de sus dedos. Aquello, lejos de disgustarme, me estaba causando mucho placer.

-Se… se siente extraño… -cubrí mis ojos.

-¿Te desagrada? –preguntó.

-No, pero se siente extraño.

Él soltó una risita, así que bajó aún más su rostro, para despertar mi sexo, el cual aún no se recuperaba del anterior orgasmo.

-Tai…

Mi voz sonó profunda, cargada de lujuria y deseo, algo que me hizo sentir desesperado.

Abrió como tijeras sus dedos dentro de mi cuerpo, preparándome para el tercer intruso, el cual recibí sin el menor dolor ni la más mínima resistencia.

Pero de pronto se separó de mí cuando la vibración de su celular nos trajo de vuelta a la tierra.

-Lo siento, tengo que contestar, es Kitasawa y está un poco insistente.

No supe si agradecerle a ella por llamar, o si enfadarme por interrumpirnos.

-Señor Juez –dijo ella con agitación-, me acaba de informar Kaede que la visita de inspección se ha reprogramado y vendrán mañana.

Tai cerró los ojos y suspiró profundamente.

-Ok, estaré allá mañana, gracias, Kitasawa.

-Oh, y su hijo pensaba que ya estaba pendiendo de un acantilado, o completamente borracho en algún bar. ¿Se encuentra bien?

-Sí, lo estoy –dijo y ella suspiró con alivio.

-Bueno, ya lo dejo, descanse. Procure no llegar en estado inconveniente. Hasta mañana.

Ella colgó y Tai parecía muy enojado.

-Lo siento, Yama, mañana tengo visita de inspección y no puedo faltar –sonreí con condescendencia al escucharle.

-Está bien, trabajo es trabajo –contesté.

-¿Puedo continuar?

Yo entrecerré los ojos.

-Pero mañana tienes visita de inspección.

-¿Y qué? –dijo como si nada- No lo haremos tan salvajemente como para que ni yo me pueda levantar mañana.

Aquel comentario me hizo sonrojar.

-¿Por qué siempre tengo que ser sometido por ti? ¿Por qué demonios me tengo que imaginar yo mismo en éstas situaciones? Eso me molesta y es tu culpa. Si no te hubieras declarado en ese entonces ni esos idiotas me hubiesen violado y no tuviera estos sentimientos. Todo mundo parece aceptar nuestra relación porque me tienen lástima. ¿Me tienes lástima tú también?

Mi voz se quebró. No quería que me viera en ese estado tan lamentable, pero no había podido evitarlo.

-Debería de preguntar lo mismo –él se sentó en la cama, dándome la espalda-. Pero no entenderías cómo me siento, Yamato, no me amas lo suficiente como para entenderlo.

Su comentario me sorprendió sobremanera.

-Cuando supe lo tuyo y lo de Sora, recuerdo que Agumon me dijo que era muy maduro, pero realmente estaba sufriendo mucho por su pérdida, pero si tú podías hacerla feliz, lo aceptaba, después de todo deseaba su felicidad. Pero algo se removió dentro de mí cuando me dijo algo que nunca me había detenido a pensar… -hizo una pausa-… me dijo que ojalá pudiera encontrar a una nueva persona a quien amar, quizá a mi segunda persona favorita y después rio un poco. Me dijo entonces que quizá habría un problema, porque esa persona eras tú.

Parpadeé. Aquella confesión lo que causó fue que me sintiera como una basura ante Tai.

-Pero hay un problema aún mayor, me dijo Agumon. Yo lo miré, sin comprender. "Es porque tu persona favorita no es la número uno, sino la número dos. Es obvio que quieres más a Yamato que a Sora, pero pensemos entonces que Yamato es la segunda persona más importante, para que no sientas más dolor".

Me mordí los labios.

-Agumon lo sabía, pero yo había luchado tanto con mis prejuicios, había luchado tanto con aquello. Quise odiarte, por quitarme la única esperanza que tenía de alejar aquellos pensamientos sobre ti, aquellos sentimientos que eran inapropiados. Por eso acepté que tú estuvieras con ella, porque quizá así podría olvidarme de ti, porque ella te haría más feliz, todos estarían de acuerdo.

Apreté los puños.

-Pero en el instituto ya no pude ocultármelo a mí mismo. Me había engañado por tanto tiempo a mí mismo, tratando de convencerme que lo que tenía era resentimiento porque me habías quitado a Sora. Tuve que decirlo, tuve que decirte que te amaba. Me había armado de valor, diciéndome que si me rechazabas, entonces cambiarían mis sentimientos, pero cuando lo hiciste, me derrumbé completamente.

-¡Estás mintiendo! –me levanté de la cama, encarándolo- ¡Siempre estuviste enamorado de Sora! Todavía te gusta, ¿verdad?

-No seas idiota, Yamato –él se sonrojó-, te estoy confesando algo que arrastré por tantos años. Por eso me molesta que pienses que es por lástima que estoy contigo. Te lo he dicho, te lo he demostrado, que estoy enamorado de ti, que te amo, que estoy loco por ti, que no quiero perderte, que sin ti mi vida no tiene sentido. Pero tú piensas que lo estoy inventando, que pretendo engañarte, que te tengo lástima. Piensas que me siento responsable porque te violaron, aunque no tengo la culpa, yo no los puse en tu camino y lo sabes.

Apreté los puños y después le di la espalda.

-Quisiera aceptarlo, que te amo, que no me harás daño, pero no puedo.

-Sólo no pienses demasiado, Yamato, ya no tienes más qué perder –aquello me hizo parpadear.

Dejé escapar un suspiro y quedé bocarriba en la cama, cerrando los ojos.

-Hazlo, antes de que me arrepienta.

Él rio un poco pero se acercó a mí para besarme con mucha pasión. Después se separó de mí, para volver a meter sus dedos dentro.

-Eres muy sensitivo, ¿alguna vez te masturbaste acariciando éste lugar?

Me sonrojé.

-No.

-Ya, estamos en confidencias, dime la verdad –dio leves mordiscos a mis pezones, haciéndome gemir.

-Es en serio.

Cuando el tercer dedo por fin pudo entrar, ya tenía los ojos cerrados y gemía, moviendo las caderas para sentir más profundas las embestidas de sus dedos. Era un movimiento involuntario, o eso quería hacerme pensar a mí mismo, para no aceptar que en verdad me estaba gustando.

Sin embargo, cuando Taichi sacó sus dedos de mi interior y empujó dentro hasta la mitad de su sexo, abrí los ojos abruptamente, oponiendo resistencia, por lo que me lastimó y me dolió.

-Me… me… due…

-Tranquilízate –Tai se quejó un poco-, déjame sacarlo, me estás apretando mucho.

-¡No! -grité, mientras cubría mi rostro con los brazos, como tratando de protegerme de algo, de alguien, de esos infelices-… ¡Por favor no! ¡Me duele! ¡Me duele! ¡Tai…!

-Ya, ya, soy yo, Yamato, no te voy a hacer daño –separó con suavidad mis brazos y me dio un suave beso en los labios.

Fue la primera vez que abrí los ojos y lo vi ante mí. El miedo se disipó un poco y pude vislumbrar entre aquellos fantasmas el rostro de Tai, mirándome con preocupación.

Me abracé a él, tenía que convencerme de que era él quien estaba frente a mí.

-Eres tú, Tai, eres tú, ¿verdad?

Él me sonrió y me besó con suavidad en la frente.

-Lo sacaré –dijo él.

-No… ya está adentro, sólo deja que me relaje –me sonrojé en extremo al decir aquello.

Él dejó escapar un suspiro y se irguió un poco, para subir mis caderas y tomar mi miembro en sus manos. Gemí profundamente y cubrí mi rostro por la vergüenza; ¿desde cuándo me había vuelto tan lascivo?

Él entró completamente y gemí al sentir toda su extensión dentro de mi cuerpo. Dolía un poco y me sentía un tanto incómodo, pero mis pesadillas se habían disipado; así que jalé su rostro hacia mí para darnos un profundo beso, tan lleno de deseo, que cuando nos separamos él me miró con mucha lujuria.

-Harás que termine sólo con besarme –me dijo con una voz profunda.

-Eso hablará mal de ti –dije, riéndome un poco.

-No sabes cuánto tiempo me imaginé éste momento. Quiero disfrutarlo hasta que en serio ya no pueda más.

-No pensé que fuera tan placentero –suspiré y volteé a otro lugar, al sentirme tan expuesto.

-¿Te duele? –preguntó.

-Un poco –dije-, pero… -me sonrojé un poco más, porque sentía mis mejillas arder.

Pellizcó mis pezones sin previo aviso, consiguiendo que mis músculos se contrajeran y terminara derramándome sobre mi abdomen y parte del suyo, e incluso un poco de mi semen cayó en su cara.

-Lo, lo siento –dije, tratando de limpiar su rostro.

Él sonrió, esperando a que me relajara, para salir de ahí. Lo miré con sorpresa, puesto que aún no terminaba.

-¿Estás enojado porque terminé antes? –susurré aquello, pero él me escuchó.

-No, es que estarás sensible y no quiero lastimarte. Es distinto a que entre, a que me mueva en tu interior. Debes estar acostumbrado a eso para que sientas placer junto conmigo. No quiero lastimarte y que te dé miedo después.

-Pero no has…

-No te preocupes –Tai sonrió, incorporándose-, tomaré una ducha.

-Yo también iré –él me miró con comprensión.

Nos encaminamos a la regadera con cancelería de cristal, aunque mis piernas se sentían de gelatina. No dolía, pero me sentía muy cansado. Me introduje primero, para regular la temperatura, mientras Tai bostezaba. Segundos después me alcanzó, abrazándome por la espalda, algo que me sorprendió un poco.

-¿Qué sucede? –pregunté y él volteó mi cuerpo, para quedar frente a frente.

-Te amo, Yama, mucho.

Correspondí a su abrazo, besando su clavícula, después besé sus labios, para volver a bajar por su cuello, hasta morder levemente uno de sus pezones. Su erección topó con mi vientre y yo me froté con su cuerpo, algo que le hizo reír y excitarse.

-Eres un pervertido –dijo, mientras yo acariciaba su extensión.

Se dio cuenta que mi miembro estaba un poco erecto aún, así que él también me acarició.

-No me había fijado, ¿estás circuncidado?

Aquella pregunta me tomó por sorpresa y me produjo dolor, por lo que bajé el rostro.

-Ellos lo hicieron.

-¿Ellos, quiénes? –parpadeó, confundido ante mi silencio- Ah, esos bastardos –dijo, al darse cuenta-.

-Pero es un poco ventajoso –dije, mientras me arrodillaba, para limpiar su pene con el agua que caía-. Es más fácil limpiarlo.

Al ver mis intenciones, detuvo mi cabeza.

-Está sucio –dijo.

-Lo limpiaré –tomé un poco de jabón y comencé a repasarlo por todo su sexo.

Me incorporé y comencé a besarlo, sabía que eso me daba cierta ventaja sobre él, ya que parecía gustarle mucho; él me tomó por el cabello, jalándome un poco, para introducirse con voracidad dentro de mi boca. Nuestras lenguas se removían, como en una danza, hasta que me acorraló contra la pared en donde estaba la regadera, levantándome por el trasero, para sentarme sobre su miembro y arremeter entre mis nalgas, pero sin llegar a penetrarme.

Mordió mis pezones, pero lo alejé y mordí su cuello. Succioné con fuerza, lastimándole un poco.

-Espera, Yamato –intentó alejarme, así que solté su piel y le miré, con mucho deseo.

-Tai, quiero hacerlo, ahora.

Creo que mis palabras encendieron algún botón de excitación en él, porque bajó mis piernas de sus caderas y cerró el grifo de la regadera, arrastrándome hasta la cama, en donde me lanzó; sin embargo, rodé, hasta colocarme sobre él.

-No soportas que esté sobre ti, ¿verdad? –dijo Tai, mirándome con comprensión.

Él acarició mi cabello y yo me recosté sobre su pecho.

-Siento que me falta el aire, no sé por qué –contesté yo-. Es algo que mi cuerpo hace involuntariamente, no lo puedo evitar.

Él rio un poco, acariciando mi espalda.

-No has terminado todavía –le dije y él rio un poco.

-No importa.

-Vas a dormirme si sigues acariciándome. ¿Estoy pesado? –bostecé al decir aquello.

-No.

Fue su única respuesta. Cerré los ojos, por lo que cuando los abrí, me di cuenta que me había quedado dormido otra vez y pasaban de las diez de la noche.

-Tengo que irme –dijo él, al mirar el reloj.

-Lo siento, me volví a quedar dormido –dije, mientras giraba sobre mi cuerpo, hasta quedar boca arriba-. ¿No te… lastimé por quedarme dormido sobre ti?

Taichi rio.

-Se me entumeció el brazo derecho, pero está bien. Es la última vez en un año que te veré durmiendo. Y es la primera vez que dormimos de esa manera.

Sentí mis mejillas arder por su comentario.

-Nunca pensé que las despedidas fueran tan dolorosas.

Dije y él me miró con dolor.

-No es una despedida –me contestó mientras me abrazaba-, no te vas a ir para siempre, ¿o sí?

Negué y le abracé con más fuerza.

-No, volveré. ¿Me esperarás? –pregunté.

-Hasta el último de mis alientos.

-Eres un imbécil, Taichi –me sonrojé con fuerza por sus palabras.

Él rio por el comentario, besando mis cabellos. Yo no quería aceptarlo, pero aquellas simples palabras me habían hecho muy feliz.

-Sólo no vayas a encontrar a otra persona cuando no estés conmigo, por favor –besó mi mano derecha. Te amo –me dijo, mirándome a los ojos-, con toda la pasión, con todo mi corazón.

-Yo también… te amo.

Él me dio un beso en la frente y después me dio otro en los labios.

Deseaba en ese momento poder resarcir el daño que me causaba a mí mismo, pero debía aprender a continuar sin desear cambiar el pasado, después de todo, las cosas suceden siempre por una razón y quería pensar que sería para bien. Sí, deseaba que así fuera.


Mientras salíamos del hotel, caía en la cuenta de lo que había hecho con Tai. No era que no me hubiese gustado; a pesar de haber creído que sería un poco más rudo conmigo.

Me sonrojé completamente, hundiéndome en mi asiento.

-¿Te sientes bien?

Aquella pregunta me descolocó por completo. Miré a otro lado, sintiéndome ansioso.

-Sí –contesté.

-¿Seguro que quieres irte?

-No, pero ya te dije que si no lo hago, mi jefa será capaz de venir a caparme inmediatamente –hice un mohín.

Él sonrió débilmente mientras conducía.

Nos quedamos de pronto en silencio, y cuando acordé, estábamos en la estación del Shinkansen.

-No quiero irme –dije, mientras me cruzaba de brazos-, pero ya le dije a Rebeca que iría y es capaz de mandar a matarme si no lo hago.

-Está bien –dijo Tai-, no me gusta que te quedes estancado aquí.

-Pero yo soy… -apreté los puños-… era muy feliz con ustedes –cubrí mi rostro con mis manos-. ¿Por qué soy tan estúpido?

Taichi soltó una risita, mientras salíamos de la camioneta para bajar mi equipaje.

-Es una de las partes que más me gustan de ti.

Le miré con enfado, pero después prorrumpimos en carcajadas.

-Hasta pronto –dije yo.

-Nos vemos –él me respondió.

Comencé a caminar hacia el interior de la estación. Sin embargo, al voltear y verle despedirse, causó gran dolor en mí.

Recordé entonces la ocasión en la que se me declaró, sus movimientos nerviosos y su suave voz.

Solté mi maleta y, dado que había muy pocos transeúntes, lo abracé y le besé en los labios.

-¿Así que yo siempre fui tu persona favorita?

-Lo sigues y lo seguirás siendo –acarició mi rostro y me dio un suave beso en los labios, a modo de despedida-. Ya vete, sino no te dejaré marchar.

Me alejé y alcancé mi maleta. Reí cuando me despedí con un ademán de la mano y continué mi camino, aunque no pude evitar que las lágrimas escaparan de mis ojos.

-No merezco que me ames tanto, cuando yo he sido quien más daño te ha hecho.

Suspiré profundamente, quizá si me mantenía ocupado, el año pasaría más rápido.


Notas de la autora:

Hola, gracias a todos por leer. Debido a problemas de salud y a problemas laborales (me cambiaron de área en mi trabajo, por lo que ya no puedo escribir con tanta regularidad TwT), no había podido actualizar, además de que se me olvidaba subir los nuevos capítulos que había escrito. No soy la persona más constante para actualizar, los que me conozcan lo saben y los que no, seguro que ya se están enterando. Tengo otros capítulos escritos, pero no sé cuándo vaya a poder subirlos, he tenido montañas de expedientes en mi lugar los últimos días, como para que se me caigan encima y me entierren y jamás me encuentren u.u. En fin, les reitero mi gratitud por seguir ésta historia; nos estaremos leyendo, espero que pronto. Nos vemos y que el dios del yaoi les acompañe nwn