Capítulo 33
Me estiré en mi asiento después de haber firmado la última de las sentencias que tenía apiladas en mi escritorio; las vacaciones estaban a la vuelta de la esquina –si a eso se le podía llamar vacaciones, ya que sería sólo una semana de descanso-, aunque era la primera vez que nos daban tantos días de descanso y la verdad lo agradecía, de alguna forma era una ventaja trabajar para el gobierno.
También estaba el hecho de que hacía unos meses que Kitasawa estaba actuando raro, pero no quería preguntar, casi me daba escalofríos. Sonreía extrañamente cuando me veía y soltaba grititos. Pensé que quería decirme que estaba saliendo con alguien, pero todo apuntaba a que no era eso lo que le estaba dando tanta "euforia" a su vida.
-Magistrado Yagami –su voz casi me dio un infarto.
-Anúnciate antes de entrar, casi me matas de un susto –me levanté de mi asiento como un resorte.
-Lo siento –ella sudó una gotita-, no quería incomodarle. ¿Ya está listo para las vacaciones?
-Sí, ya -¿era mi imaginación o estaba demasiado cerca de mí?
-Yo… quería decirle algo… -sus mejillas sonrojadas, su nerviosismo; su extraño comportamiento me hizo tragar en seco-… bueno, preguntarle y quiero que sea completamente honesto conmigo.
-Lo siento, Kitasawa, sabes que amo a Yama.
Ella soltó una risotada y después me mostró un libro, el cual me dejó estupefacto al ver la portada.
-¿Es usted el protagonista? La descripción encaja con usted, el nombre ni siquiera fue cambiado.
Le di la vuelta a la portada, encontrándome el resumen de la historia.
-¡Esa sabandija! –le di el libro a Kitasawa y marqué un número de inmediato.
Me contestaron después de cinco llamadas perdidas.
-Hola, Yagami –Takeru apareció en la pantalla de mi celular.
-¿Me puedes explicar… -busqué el libro de Kitasawa y después se lo planté enfrente-… esto?
-Oh, es un best seller (mejor vendido), salió hace como seis meses a la venta, ¿no te habías dado cuenta?
-Leo demasiado en mi trabajo, como para tener el tiempo de leer libros… que no tengan que ver con lo jurídico.
-¿Y… el motivo de tu llamada es…? –preguntó, aunque para mí era muy obvio mi enojo.
-¿Por qué demonios no me pediste permiso o por lo menos cambiaste mi nombre?
-Pues si todos saben lo que pasó con el Digimundo.
-Eso es muy diferente –entrecerré los ojos-, nadie sabía nuestro nombre.
-Pues ya está hecho, ¿quieres que queme todos los libros?
-Podrías haberme informado –entrecerré los ojos.
-Nadie más se ha quejado; incluso Sora me llamó junto con Mimi, para felicitarme y hasta el superior Joe me dijo que sintió mucha nostalgia al leerlo.
Rechiné los dientes. ¿Cómo se le había ocurrido publicar nuestro viaje en el Digimundo?
-Takeru Takaishi, voy a pulverizarte –si las miradas mataran, bueno, está de más decir.
-Ya, tranquilízate, cuñadito. No te enojes demasiado, te puede subir la presión y darte un infarto.
-¡Ya quisieras, bastardo!
-De todos, tú eres el único molesto, ya ni mi hermano.
-Es porque es tu hermano –entrecerré los ojos.
-Magistrado, por favor pídale a su cuñado que firme mi libro –me dijo Kitasawa, llamando mi atención.
-Voy a quemar ese libro, Kitasawa –dejé el celular sobre el escritorio e hice el atisbo de querer romperlo, pero obviamente mis fuerzas no eran suficientes.
-Magistrado, suelte mi libro, por favor.
Cuando tomé el celular, Takeru estaba sonriendo con condescendencia.
-¿Estás enojado porque cuando todos se enteren que eres tú ese Taichi Yagami y se sepa de la relación con mi hermano tendrás inconvenientes?
Miré a mi cuñado con enfado; él se había dado cuenta desde un principio de mi problema y no había escatimado en ponerme una soga en el cuello.
-Bueno, de todos modos estaban fingiendo, ¿no? –aquello sonó a reproche- Así que no te preocupes, ya terminaste con mi hermano, si a eso se le puede decir que terminaste.
Eso, lejos de causarme paz, me causó mayor enfado.
-¡Tú y tu hermano váyanse a la porra! –colgué y después miré con enfado a Kitasawa- ¡Llévate ese libro antes de que de verdad lo queme!
Ella hizo un puchero, pero inmediatamente se dio la media vuelta, cargando su libro entre sus brazos, saliendo de la oficina.
Lancé mi celular a la pared, escuchando cómo se quebraba después. ¡Odiaba a Takeru! ¡En ese momento de verdad que lo odiaba!
Llegué a mi casa un poco tarde, encontrándome a Natsu preparando la cena, mientras mi hijo estaba estudiando en la barra de la cocina.
Sí, había dicho que no vivirían conmigo, pero después de un mes de estar en el Tribunal Superior de Tokio, había logrado bajar considerablemente la carga de trabajo, por lo que ya no era imposible para mí llegar a la casa relativamente "temprano", por lo que ellos comenzaron a vivir conmigo.
Mis padres por un momento quisieron negarse, puesto que estaban acostumbrados a la presencia de mi hijo, pero debido a que el departamento que había comprado quedaba mucho más cerca de la universidad, tuvieron que aceptar el cambio.
Taichi había dicho que el edificio era muy ostentoso, pero me pareció bien conseguir un amplio lugar, ya que el departamento tenía dos pisos, con tres habitaciones y dos baños completos.
-Hola, papá –Natsu me sonrió en cuanto se dio cuenta de mi presencia-, ¿por qué has llegado tarde? ¿Tuviste mucho trabajo?
Sudé una gotita, mostrándole una bolsa de compras y ella me miró interrogante.
-¿Qué es eso? –preguntó ella.
-Es un celular –sonreí con condescendencia.
-¿Qué le pasó al tuyo? –preguntó ella, sumamente sorprendida.
-Tuvo un accidente contra una pared, nada importante –sonreí diplomáticamente.
-¿Dónde vamos a pasar noche buena? –preguntó de pronto mi hijo, sorprendiéndome.
-Con tu tío Takeru –dije.
Él no me respondió, como era de esperarse. De pronto, sonó mi celular y contesté ahí, encaminándome a mi habitación.
-No digas que es Kitasawa –me dijo de pronto mi hijo-, ella tiene otro tono.
Me giré, mirando con asombro a mi hijo.
-Acabo de comprar el celular, obviamente éste es otro tono –entrecerré los ojos y después contesté-. ¿Qué sucede? –pregunté, ganándome una mirada de odio de mi hijo.
-Estaba pensando en lo que me dijiste, voy a Japón.
Creo que mi sonrisa fue muy notoria para mis hijos cuando escuché esas palabras.
-¿De verdad vas a venir? Te compraré un obsequio. ¿Ya le avisaste a tu familia?
-No, la verdad no quiero escuchar a mi padre maldiciéndome –Yamato dijo aquello con un poco de enfado-. Ya sabes cómo es, siempre tratándome como un niño inútil.
-Es que lo eres –reí un poco y mi hijo se levantó de su asiento, arrebatándome el celular, algo que nos sorprendió tanto a Natsu como a mí.
Quizá iba a lanzarlo contra la pared, porque se veía furioso, pero detuvo un poco ese impulso al escuchar la voz de Yamato.
-¿Crees que deba llevar algún suvenir de aquí? –preguntó Yama.
-¿Ma…mamá? –preguntó mi hijo cuando tuvo lo suficientemente cerca el auricular.
-Ah, eres tú, Taichi, ¿cómo has estado? –preguntó Yamato.
Mi hijo se quedó callado entonces.
-¿Estás hablando con mamá y no me lo dijiste? Eres un mal padre –mi hijo me miró con ojos acusadores.
Rodé los ojos.
-Mamá, ¿estás bien? ¿Por qué estás hablando con él si ya no…? Pensé que estaban enojados.
-Estoy bien, de hecho antes de irme nos reconciliamos, ¿no te lo dijo tu padre?
-Obviamente no –dijo mi hijo, con tono de reproche-. Tampoco me dijo que ibas a venir. Es un egoísta, yo también quiero verte mamá, te extraño mucho.
-Y yo también a ti, pequeño, ¿cómo te ha ido en la escuela?
-Excelente mamá –después, él sollozó-. Pensé que jamás volvería a escucharte o verte.
Al escuchar eso, Yamato se quedó en silencio.
-¿Por qué no le dijiste? –activé la cámara y por fin pude ver a Yamato, mirándome con enfado.
-Primero les digo que no tenemos una relación y después les digo que ya arreglamos nuestros problemas, ¿cómo crees que lo iban a tomar? –dije entre dientes.
-Aunque papá tiene novia –dijo Taichi-, siempre serás mi mamá.
-¿Novia? –Yamato me volteó a ver, con ojos acusadores.
-Sí, es obvio, de repente sonríe como idiota. Pero no querré a nadie más que a ti, mamá.
-¿Novia? –el rubio parecía querer calcinarme con la mirada.
-Yo sé que ustedes no fueron nada, pero…
-No, Taichi, has malentendido las cosas porque tu padre no te lo ha dicho, pero estamos saliendo; de hecho dejamos nuestra relación ficticia cuando vine a Estados Unidos y comenzamos a salir, bueno –sonrió con condescendencia-, si a esto se le puede decir que estamos saliendo, cuando un océano nos separa.
Me quedé pasmado al escuchar aquello proviniendo de los labios de Yamato. ¿Estaría soñando? Acababa de decir que estábamos en una relación.
-Ah, ¿de verdad? ¿Entonces vas a regresar a casa, mamá?
Yamato dejó escapar una risita.
-Claro, pequeño, cuando termine el proyecto en el que estoy trabajando.
Natsu se acercó y después me abrazó con suavidad.
-¿Así que rompiste el celular porque tuviste una pelea con mi papi, papá? –preguntó ella.
Yamato parpadeó, mirándome con algo de curiosidad.
-¿Celular roto? –preguntó.
-Fue culpa de tu hermano –negué con la cabeza.
-¿Así que ya supiste lo del libro? –me preguntó mi hijo, ganándose mi atención.
-¿Tú ya lo sabías?
Él asintió.
-Takashi, uno de mis compañeros me dijo que yo era Taichi Yagami, el líder del grupo que fue al Digimundo, así que sin querer se me escapó que ese eras tú, así que ahora todos los de la facultad quieren conocerte –mi hijo asintió.
-También los de mi facultad –dijo Natsu.
-¿Has pensado en todos los problemas que…? –Yamato no me dejó continuar.
-¿Dónde quedó tu valor?
-Se quedó en el Digimundo –yo quería hacer una rabieta, era muy notorio.
-Bueno, luego te sigues quejando, ya me tengo que ir al trabajo, o llegaré tarde. Los quiero, cuídense.
La llamada se cortó en seguida y mi hijo me encaró.
-¿Cuándo me ibas a decir que estabas saliendo de verdad con mamá?
-Pensé que no me ibas a creer –rodé los ojos.
Él se quedó en silencio, yo había dado en el blanco.
-Mañana iré a comprarle un obsequio –dijo mi hijo.
-Te acompaño –Natsu le sonrió y a mi parecer, los ojos de mi hijo se volvieron corazones.
-Sí, claro –él sonrió, como nunca antes lo había visto sonreír-. Ya quiero ver a mamá.
Ambos se alejaron a la cocina y yo dejé escapar un suspiro.
Ese día llegaría Yamato, así que me fui al aeropuerto, solo; no quería a nuestros hijos cerca, planeaba escaparme con él y… bueno, está de más decir lo que quería hacer con él.
De pronto, escuché a una mujer hablar en inglés cerca de mí. Ella era alta, a comparación de las mujeres japonesas, de cuerpo esbelto y voluptuoso, de piel blanca, ojos verdes y cabellos rojos como el fuego, así que no pude evitar quedarme viéndola; ella se dio cuenta de inmediato, por lo que me sonrió y se acercó más a mí, hablándome en inglés.
-Buenos días, caballero –aquella mujer sonrió sensualmente y yo sonreí con amabilidad-. ¿Va de viaje?
-Estoy esperando a alguien.
-¿A tu novia, quizá? –aquella pregunta fue formulada en un tono sumamente sugerente.
Pensé en qué responder; propiamente no era una novia, ¿un novio quizá?
-Estoy esperando a un amigo.
Sonreí y después ella soltó una risita.
-¿Entonces hay alguien en tu vida, algo así como una novia, una amante, una esposa?
Yo sonreí con condescendencia.
-¿Taichi?
La voz de Yamato sonó sorprendida a uno de mis costados.
-¿Pero qué haces aquí?
-Vine a recogerte –contesté yo.
-No viene Sora contigo, ¿verdad? –entrecerró los ojos- Después de todo son muy amigos.
-Llegó ayer, pero sólo vinieron Natsu y Taichi para recibirla, yo estuve trabajando.
La hermosa mujer que nos acompañaba, miró con sorpresa a Yamato y después sonrió con algo de maldad.
-¿No nos vas a presentar, Ishida? ¿Puedo suponer que él es tu novio?
¿Novio? ¿Había hablado de mí como un novio? ¿Aquel homofóbico había dicho que yo era su novio?
Yamato se sonrojó hasta las orejas y después, casi tartamudeando, dijo:
-Rebeca, Taichi, Taichi, Rebeca.
-Mucho gusto, Rebeca Hamilton a tus servicios –ella me ofreció la mano y yo la estreché, besándola después con suavidad.
-Mucho gusto, Taichi Yagami.
-No sabía que tenías un novio tan galante que hablara el inglés tan fluido –ella se dirigió después a Yamato-. Y tan guapo –ella se mordió los labios-, justo mi tipo.
-Bueno, ya vete –él la empujó, para que se alejara de mí y ella rodó los ojos.
-No seas tan celoso, no podría robártelo.
-Más te vale –él entrecerró los ojos-, o si no te mato.
Después, Yamato volteó a verme, entrecerrando los ojos.
-¿Por qué no me avisaste que ibas a venir? –después se quedó mirándome detenidamente- ¿Cómo supiste a qué hora llegaba mi vuelo?
-Takeru me lo dijo –yo reí un poco-. Y no te dije que iba a venir porque me lo ibas a impedir, y ahora comprendo por qué. No querías que me diera cuenta de tu compañía –lo dije con reproche.
Él se sonrojó un poco cuando escuchó mis palabras, se encontraba apenado.
-Ellos son como mi familia.
¿Ellos? ¿Había más?
-Hey, Ishida, Rebeca, ¿por qué me dejaron atrás recogiendo las maletas?
Un sujeto de cabello entrecano se acercó a nosotros, aunque no me gustó para nada la mirada que me lanzó.
-¿Quién es tu amigo? –preguntó mientras me miraba, aunque era obvio que la pregunta había sido formulada a Yama.
Por el tono que empleó, me sorprendí, era obvio que me estaba coqueteando, igual que la señorita Hamilton.
-No te importa, Daniels.
Aquel sujeto apartó a Yamato y me ofreció su mano, aunque se acercó demasiado a mí. Si bien, ese sujeto era un poco más alto que Yamato, yo lo sobrepasaba por unos centímetros.
-James Daniels, a tus órdenes.
-Ah, sí, Taichi Yagami, mucho gusto –dije, aunque con un poco de incomodidad.
-¿Y tu nombre tiene algún significado? –él me sonrió- Porque Ishida me dijo que el nombre de Yamato era de un príncipe y le pega, ¿no?
Yo reí un poco, de hecho el nombre de Yamato y Takeru eran el nombre completo de un príncipe, Yamato Takeru.
-Significa el gordo de los ocho dioses –dijo Yamato, antes de que yo pudiera decir algo.
-¿El qué? –aquel sujeto prorrumpió en carcajadas.
-Es un nombre de la suerte –dije yo, claramente ofendido-. En la antigüedad se pensaba que la obesidad era un símbolo de buena fortuna.
-Pues no lo dudo –él se relamió los labios y yo sudé una gotita.
-Ya, Daniels, no puedes ponerle ni un dedo encima.
-No seas así, ¿no te gustan los chicos? –me preguntó y yo no supe qué decir.
-James Daniels… -Yamato lo apartó de mí-… nunca me he metido con tus novios, no te metas con el mío.
-¿Tu… tu…? –él pareció decepcionado- ¿Es tu novio?
Aquel sujeto me miró fijamente.
-¿Por qué tienes un novio así de sexy?
Yo rodeé los ojos.
-Bueno, si un día te cansas de él, llámame –él me ofreció una tarjeta de presentación y yo sonreí con condescendencia al darme cuenta que él esperaba una mía.
-Sí, claro, no creo que necesite asesoría jurídica en Japón, ni tampoco sé si comprenda los caracteres japoneses, pero… -le ofrecí mi tarjeta y él sudó una gotita.
-¿Eres abogado? –me preguntó.
-Sí, doctor en derecho.
-Yo también tengo doctorado en física, tenemos mucho más en común de lo que pensé –después se alejó, antes de que Yama lo calcinara con la mirada-. Puedo estar tanto arriba como abajo, así que no dudes en llamarme cuando termines con Yamato.
Yamato se cruzó de brazos.
-Por eso no quería que vinieras –él negó con la cabeza, hablándome en japonés, para que ellos no nos entendieran-. Iba a despacharlos, después me reuniría contigo y los chicos.
-¿Entonces no importaba lo mucho que te he extrañado todos estos meses? ¿Crees que estaría tranquilo sabiendo que venías y sin ser el primero en verte? Tenía un montón de panoramas en mi cabeza, excepto uno como el de ahora.
Él hizo un mohín.
-Lo siento, debí decírtelo, pero ellos no tienen familia en Estados Unidos y querían conocer Japón. Ellos, aunque no te lo parezca, son como mi otra familia, así que…
Dejé escapar un suspiro.
-Lo comprendo, es como mi relación con Joe y Koushirou.
Al escuchar aquello, Yama puso cara de pocos amigos.
-Ah, sí, tu novio, el superior Joe –hizo un mohín.
-No quiero una pelea infantil aquí –negué con la cabeza, dándome cuenta que la señorita Hamilton y Daniels nos miraban con una gran interrogante en su rostro-. Mejor despacha a tus amigos, porque no voy a desperdiciar el día de hoy.
Aquel rubio me miró, sin comprender mis palabras.
-Quiero hacerlo –le susurré en el oído, ganándome un gran sonrojo de su parte.
-¡Eres un maldito pervertido!
Entonces, Yama se alejó, hecho una furia, mientras yo ayudaba a la señorita Hamilton y a Daniels a llevar las maletas.
