Su motoneta paseaba lentamente por la acera, la conductora leía con detenimiento el nombre de las avenidas, ninguna coincidía con la dirección del pedido, de vez en cuando revisaba su celular, hacía quince minutos que buscaba la calle, la aplicación del teléfono indicaba que estaban cerca, pero la desesperación le ganaba, había dejado de entender aquellas instrucciones y comenzaba a preocuparse. Podía contemplar su futuro: su jefe la regañaba, y la pérdida se reduciría de su sueldo.

Se detuvo unos instantes para tratar de calmarse, cerró los ojos y contó hasta diez, miró su pantalla nuevamente, no se dejaría vencer por un mapa. Terminaría su entrega a como diera lugar: En diez metros verá una intersección. Así lo hizo y comenzó a tranquilizarse, mientras obedeciera las indicaciones del mapa todo resultaría bien.

Hubo un silencio que se duraba más y más, la prolongada calma consiguió que comenzara a tambalearse, nuevamente cogió el teléfono y sus sospechas resultaron ciertas, la batería se agotó. No quiso entrar en pánico tan rápido, sabía que estaba cerca de su destino, solo era cuestión de encontrar la calle.

El tiempo seguía corriendo y nada le parecía familiar, preguntó a algunas personas, pero poco o nada le sirvieron sus indicaciones. Las nubes comenzaron a aglomerarse, y la llovizna caía, el pedido se estropearía, sintió una presión bajando por sus ojos, quería llorar, el estrés estaba ganando. Aparcó la motoneta en un lugar relativamente seguro, tomó la pizza y se refugió en las afueras de un local, miraba por los alrededores ya desesperada, pero todo le era extraño. Estaba perdida.

-Ariana- ¿Un ángel acaso?

El rostro de su nuevo amigo le brindó esperanza, quiso correr hacia el, pero la detuvo haciéndole una seña. En un instante ya estaba con ella.

-Oficial, me alegra verlo.

-¿Una entrega?- dijo señalando al pedido.

-Ah, si… de hecho, no se como pedirle esto, pe-pero, verá… estoy atrasada y comenzó a llover-…-

-¿Necesitas que te lleve?- Más que una pregunta era un ofrecimiento, las rodillas de la pelirroja comenzaron a temblar y en su cabeza solo se escuchaba estática.

Ante la falta de respuesta Jasper se avergonzó, eran casi extraños, ese tipo de ofrecimiento podía malversarse.

-Discúlpame, no quería incomodarte, si deseas que me retire-…-

-¡No! Quiero decir, no me incomodé, es solo, solo quería preguntarle por una dirección.

-Oh, seguro.

La tensión no se desvanecía, pero tampoco era desagradable, ninguno de los dos podía evitar sonreír. Gracias a las indicaciones de Jasper, Ariana se dio cuenta de que se había desviado algunas calles, pero no solo eso, también iba en dirección contraria. En el poco tiempo que mantuvieron su charla, la lluvia golpeaba más fuerte, Jasper se ofreció a llevarla hasta el lugar, Ariana quiso negarse por cortesía, pero dada la situación climática, y que tenía el tiempo medido accedió. Además, podría alargar la platica con el oficial.

-Gracias nuevamente- No se atrevía a mirar al conductor.

-Trata de memorizar este camino- El tampoco le dirigía la vista, debía mantener los ojos en el resbaloso camino.

-¡Si!- Ella hizo lo mismo, fijándose en puntos de referencia.

La entrega se concluyó con éxito, fue un poco tardía, pero el cliente culpó al mal clima. De regreso en la patrulla su conversación fue más animada, Ariana juntó el valor para contarle del encuentro que tuvo con sus compañeros oficiales, Jasper congeló la sonrisa y se prometió hablar con ellos después.

-Son agradables.

-Lo son, aunque pueden ser algo bruscos, perdón por eso.

-Para nada, fueron amables- apretó los labios y continuó.- Como usted.

Su ritmo cardiaco incrementó, las palpitaciones le golpeaban el pecho tan fuerte que temía abrir la boca, sin duda su corazón querría escapar. Jasper intentó pensar en una respuesta, cual fuera.

-Es parte del trabajo.

Ella soltó una risita. -Oficial, acepte un cumplido de vez en cuando.

Se sintió desvanecer, la media sonrisa apareció y finalmente dirigió sus pupilas hacia ella.

-Gracias.


Había charcos por todas partes, el suelo estaba lodoso, los peatones procuraban ir con cuidado, los conductores reducían la velocidad por temor a derrapar. Jasper corría a gran velocidad, haciéndose paso entre las personas y ganando insultos en el camino.

-¡Paré! ¡Es una orden!- Pero el carterista no se detuvo.

-¡Si se resiste tendré que hacer uso de la fuerza!- Ahora el sospechoso corría mas a prisa, Jasper resopló girando los ojos. ¿Para que me molesto? Aumentó la velocidad en sus trotes y en poco tiempo se encontraba a unos pasos de su objetivo, el pobre chico no tuvo siquiera oportunidad de voltear cuando fue inmovilizado.

Esposó y metió al presunto ladrón en la parte trasera de la patrulla, al momento de cerrarle la puerta un trailer invadió la angosta calle dejándolo empapado de pies a cabeza, podía escuchar las carcajadas del arrestado.

Respiró hondo esforzándose por disimular su enfado, se quitó el sombrero y lo exprimió lo mejor que pudo, después lo sacudió. Abrió la puerta delantera, disponiéndose a entrar.

-¡Oficial White!- La cerró bruscamente.

-¿Ariana? Nos topamos seguido. Fascinante combinación, ser humillado ante un delincuente, y también frente a su reciente flechazo.

-Así parece- Jasper emitía un fuerte hedor, pero ella no lo notaba, o no le importaba. -Esta ocupado, solo lo distraeré un momento- Sacó algo del pequeño bolso y luego le estiró la mano.

-¿Quiere toallitas húmedas? Son pocas, pero suficientes para limpiarse las manos y la cara.

-Ah, si.