Capítulo 34
Bien, definitivamente no era la persona más honesta y tenía poco tacto para decir las cosas, según Taichi; sin embargo, desde un principio me había negado a ser acompañado por Daniels y Rebeca en mi viaje a Japón. O eso pensaba, hasta que me di cuenta que estaba sentado entre ellos, dentro del avión.
Conté hasta un millón, pero ni eso había menguado mi enojo. Ellos eran mi segunda familia, sólo que la verdad quería descansar también de ellos cuando planeé mis vacaciones. Y, ¿por qué no ser honesto conmigo mismo por primera vez en la vida? No quería que conocieran a Taichi, él era el tipo de hombre que les gustaba a ambos y no quería sentir celos al verlos revoloteando a su alrededor.
Pero, ¡oh, cruel destino! Taichi se dio cuenta de mi hora de llegada al aeropuerto, gracias al boquifloja de mi hermano, así que no tuve más remedio que presentarlos y sucedió lo inevitable, se "enamoraron a primera vista" de Taichi.
Cuando llegamos al hotel donde Rebeca y Daniels se iban a hospedar, Taichi se desapareció por unos instantes, hasta que me di cuenta de su presencia nuevamente.
-¿Dónde estabas? –pregunté y él me sonrió, aunque la verdad, se veía demasiado feliz.
-Arreglando unos asuntos, ¿y ya se instalaron tus amigos?
-Sí, Rebeca quiere dormir un rato y Daniels igual, están cansados. Yo… -Tai no me dejó continuar, ya que interrumpió mis palabras.
-Vamos a comer, yo invito.
Aquello sonó más como a orden que a propuesta, así que tuve que aceptar, aunque me daba mala espina.
Me sentía un poco incómodo, al parecer llamábamos mucho la atención. Taichi vestía informalmente, al igual que yo, pero la verdad su estatura, su cuerpo, su personalidad, sus ojos, su sonrisa, todo su ser, llamaban demasiado la atención de las personas. Me quedé pasmado al darme cuenta de mis pensamientos.
-¿Sucede algo? –me preguntó él, después de terminar de masticar un pedazo de carne de su platillo.
-Ah, no, nada –yo bajé el rostro, sintiéndome inquieto.
-Me da gusto que estés aquí –me dijo, sonriendo ampliamente-. Te extrañé demasiado estos meses que no estuviste aquí.
Me sonrojé por sus palabras; a veces era demasiado emotivo y ocasionaba que me dieran vergüenza sus gestos y acciones hacia mi persona.
-¿No tuviste el suficiente trabajo? –pregunté, ganándome una risita de su parte.
-Mi vida no gira alrededor de mi trabajo, yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar.
Parpadeé, no había pensado en aquello.
-Me gusta trabajar, pero también me doy el tiempo para recordar a mi amado novio.
Le di un leve golpe en la espinilla de su pie derecho, sintiéndome una olla de presión a punto de estallar.
-Auch… -una mueca de dolor surcaba su rostro-... ¿Todavía te asusta expresar tus sentimientos? -su pregunta me hizo elevar el rostro- ¿Todavía tienes miedo de que yo pueda jugar contigo?
-No es eso… -apreté los puños-… es que me avergüenza escucharte decir eso, es todo.
-¿Es porque soy un hombre?
-Es porque eres tú –jugueteé un poco con la comida, revolviendo el puré de papa con las verduras que adornaban mi plato-. Es porque eres tú que me siento así.
Él me sonrió de una extraña manera, sus ojos reflejaban el amor que tenía por mí, haciéndome enrojecer.
-¿Es porque también me amas?
Me quedé con la palabra en la boca; él no esperó mi respuesta y continuó engullendo sus alimentos. Fue por esto que mil imágenes de cosas pervertidas comenzaron a llenar mi cabeza.
-¿Yamato?
Me sobresalté al escucharle, él me miró con preocupación entonces.
-¿Te sientes bien? ¿Estás muy cansado?
Sonreí y después negué con la cabeza, continuando con mis alimentos.
-No, pero… -dije bajito, para que nadie más, aparte de él, escuchara-… estaba pensando en cosas pervertidas entre tú y yo.
Él estuvo a punto de escupir el vino blanco que acompañaba con su cena, pero lo tragó y después comenzó a toser.
-Haces a propósito eso, siempre me dices ese tipo de cosas cuando estoy comiendo o bebiendo algo –me dijo con reproche, a lo cual sonreí.
-Me gusta tener el control de la situación.
Taichi rio un poco cuando se estabilizó y después, con su pie, rozó suavemente mi pierna izquierda, haciéndome sonrojar.
-En vez de que lo imagines, ¿por qué mejor no lo volvemos realidad? Ésta vez quiero llegar al final; reservé una habitación esperando éste momento.
-¿Y qué va a pasar con nuestros hijos? –dije con horror, aunque para ser sincero no era porque estuviera preocupado por ellos.
-Yamato, es temprano, no pienso retenerte aquí hasta las altas horas de la noche –rodó los ojos.
Tragué en seco. Una parte de mí quería y la otra deseaba salir huyendo. Mi cuerpo tembló, pero decidí que ya era hora de que dejara de esconderme; después de todo éramos una pareja oficial.
-Pero no harás nada que no te permita.
Taichi rio un poco, asintiendo y dejando de acariciarme con su pie.
Mi cuerpo topó contra la puerta cuando entramos en la habitación. Taichi me besó después apasionadamente, dejándome sin aliento y ocasionando que mi sexo terminara de despertar.
De hecho, mientras íbamos en el ascensor, ambos íbamos luchando contra la urgente necesidad de tocarnos; sin embargo, debido a las cámaras de seguridad, no quisimos dar un espectáculo. No obstante, cuando estuvimos dentro de la habitación, Taichi no había podido controlarse y, contrario a la vez anterior, me estaba tratando con un poco más de rudeza, pero eso lejos de asustarme, me había excitado.
-Aunque digas que no te gusta perder el control de la situación… -habló con voz trémula, cargada de deseo-… te encanta que te arranque la ropa, ¿verdad?
Su comentario me hizo sonrojar, pero sonreí con un gesto travieso.
-Y luego dices que yo soy el pervertido.
Él dejó escapar una risita y desabrochó mi cinturón.
-A veces, cuando pienso en nuestra relación actual, me pregunto si estaré soñando –me dijo al oído, sorprendiéndome por su comentario-. Y cuando cierro los ojos tengo miedo de abrirlos y enfrentarme a una vida sin ti.
Sus palabras me hicieron sentir culpable, pero él besó mi frente, haciéndome enrojecer por aquel gesto tan cariñoso.
-Te amo demasiado, Yamato –me abrazó con fuerza-; nunca me vayas a abandonar, no otra vez. Preferiría morir, antes de vivir una vida sin ti.
Correspondí a su abrazo, sintiendo una gran fuerza revolverse en mi interior. Jamás pensé sentir tanto amor de una persona que no fueran mis padres ni mi hermano.
Pero no pude responder, tan sólo sentí las lágrimas brotando, llevándose aquellos sentimientos oscuros y llenos de tristeza. Taichi se había llevado la llave de mi corazón y lo había abierto, para dejar que todas las cosas malas que guardaba en mi interior se marcharan, llenándolo por completo con su amor, inundándome con un fuerte calor.
-No pensé que fueras tan egoísta –él me miró con sorpresa al escucharme decir eso-. Quizá me faltó eso para ir a perseguir a Sora cuando debía. O quizá… -cerré los ojos y sonreí con dolor-… o quizá no la amé lo suficiente como para dejarlo todo por ella. Siempre actúo impulsivamente y es por ello que estamos separados.
-¿Impulsivamente? –él soltó una risita- Impulsivo soy yo, ya sabes que no planeo mucho antes de actuar. Creo que mi ímpetu nos metió en varios problemas cuando fuimos al Digimundo.
-Pero volvimos gracias a ti, tú siempre nos infundiste valor –acaricié su rostro, besándolo con pasión-. Por eso te otorgaron ese emblema.
-Quizá fue doloroso en ocasiones, pero no cambiaría por nada haber ido al Digimundo con todos ustedes –susurró en mi oído-, sobre todo a ti. Al principio no nos llevábamos bien, pero logramos ser amigos, aunque te hayas llevado a Sora, pero te perdono porque desde un principio estuve enamorado de ti y no lo sabía.
Me enterré entonces en su abrazo, colocando mi cabeza en uno de sus hombros.
-Siempre te he tenido envidia, Taichi –dije, expresando mis sentimientos, ya que estábamos en confidencias-. Mis hijos escuchaban tan maravillados las historias de Sora y siempre querían ser como tú, eras su héroe. Eres tan dedicado a lo que haces, pero hasta te tomas el tiempo para mandarme un mensaje, contestar mis llamadas, cuando yo ni siquiera me he dado el tiempo para venir a verte, para contestarte todos los mensajes. No merezco a alguien que me quiera de esa forma cuando yo…
-El que alguien no te quiera como tú le quieres, no significa que no te ame con todo su corazón –se separó de mí y se fue a sentar a la cama de la suite que rentó-. Ciertamente siempre hay alguien que pierde más en una relación, porque ama más; pero el que no apuesta, no gana. ¿Tienes miedo de perder la apuesta?
-No quiero hacerte daño a ti también.
-Por todos los… no, Yamato, no puedes hacerme daño, a menos que yo lo permita. Si bien es cierto, en estos días no encuentro mi lugar, me siento solo y miro a las estrellas, pensando si estarás viendo el mismo cielo que yo, también lo es que yo mismo me doy fuerzas para soportar la soledad y la distancia entre nosotros.
-Idiota –sus palabras encogieron mi corazón.
-Quisiera que estuvieras otra vez con nosotros, y verte envejecer a mi lado, peleándonos por estupideces, compartiendo buenos momentos, los dos juntos.
-¿Alguna vez pensaste que estaríamos platicando de algo así? –pregunté, llamando su atención, mientras me recostaba en la cama, mirando el techo.
-La verdad no –contestó con franqueza, aunque él ya me había dicho que no esperaba volverme a ver-. Te guardé mucho rencor, por muchos años. Siempre pensé que si pudiera detenerme de ir en aquella ocasión adonde estabas tú, lo haría, pero luego me daba remordimiento, porque habías sido mi amigo. Luego me daba coraje con esos tipos por haberte hecho eso y se me pasaba el coraje contigo y después pensaba que si hubiera podido protegerte… -suspiró profundamente-… supongo que es el sentimiento que Takeru, tu padre y yo guardamos.
-Sí, a veces me sobreprotegen –negué con la cabeza-, sobre todo Takeru, cuando es mi hermanito y yo soy quien debería protegerlo.
-Semejante animalote y dices que es tu hermanito –ambos soltamos una carcajada-. Y pega bastante fuerte para ser un hermanito –rodó los ojos.
Rodé mi cuerpo, hasta sentarme en su regazo y él me miró, sonriendo.
-Pero ha valido la pena cada lágrima, Yamato, porque te tengo conmigo y eso es lo que importa.
Me incliné, para besarle, sintiendo mis labios arder. Él acarició mi trasero, tensándome inmediatamente, por lo que me separé.
-Espera, no me he duchado, vengo sudado del viaje y…
Él detuvo sus caricias y me sonrió.
-Vamos a ducharnos entonces.
Yo lo miré, expectante, hasta que me separó de su cuerpo y comenzó a desnudarse frente a mí, hasta dejar su erección frente a mí.
-¿Por qué estás así? –pregunté, dándole un leve golpecito en el miembro, ocasionando que riera.
-Me excita estar contigo.
-Pero que pervertido eres –reí, negando con la cabeza, mientras me dirigía a la ducha de la habitación, sin quitarme la ropa.
Miré a mi alrededor; aunque la habitación era bastante lujosa, no tenía jacuzzi.
-Ésta vez no hay jacuzzi –hice un puchero.
-Igual te quedas dormido muy fácilmente cuando estás conmigo –él rodó los ojos.
Yo lo miré con enfado y él sudó una gotita.
-No es que sea malo –se escudó-, de hecho significa que te sientes cómodo con mi presencia y eso es bueno.
Comencé a desnudarme para meterme en la regadera, hasta que él rio un poco.
-¿Qué te parece si vamos a un onsen (hotel con aguas termales) cuando regreses? Tú y yo solos... –se acercó a mí, abrazándome por la espalda-... sin molestias, sin compañía. Mientras lo hacemos todo el día, todos los días que estemos allá.
-¿Y... nuestros hijos? –cerré los ojos cuando él movió su mano derecha, para acariciar aquella extensión de mi cuerpo que se encontraba totalmente despierta.
-Nuestros padres pueden cuidarlos.
-¿Y tu trabajo? –él mordió suavemente mi cuello, haciéndome gemir.
-Que aguafiestas eres, Yamato –aunque lo dijo con enfado, rio suavemente.
Acarició con su mano izquierda una de mis tetillas, haciéndome gemir. Me pregunté entonces desde cuándo me volví tan lascivo. Él volteó mi cuerpo hacia el suyo, mientras nos besábamos con pasión, con lujuria, con deseo.
Me separé de él, completamente abochornado.
-Hay que ducharnos –le sugerí, porque no quería que se diera cuenta que sólo con aquel beso habría sido capaz de llevarme al orgasmo.
-Estás muy impaciente –él rio y yo lo golpeé en el estómago con el puño cerrado, por lo que se quejó, mientras seguía riendo-. Tranquilo, Yama, a veces eres un animal.
Yo negué con la cabeza mientras limpiaba mi cabello con champú, cosa que hizo Tai también; sin embargo, cuando comencé a limpiar mi cuerpo, me di cuenta que Tai ya había terminado de limpiarse y me miraba con una enorme sonrisa en sus labios.
-¿Qué? –pregunté y él continuó sonriendo.
-Nada, sólo quiero ayudarte.
Se lanzó sobre mi cuerpo, enjabonándome y haciéndome reír.
-No, espera, me haces... cosquillas...
No podía detener las risas, hasta que metió sus manos en la hendidura de mis nalgas, tensándose por unos momentos.
-También hay que lavar aquí bien –su voz estaba ronca mientras hacía movimientos circulares en ese punto y me hacía gemir.
Me aferré a su cuerpo porque sabía que me cansaría si continuaba con las piernas abiertas. Entonces metió un dedo a mi cuerpo, haciéndome soltar un gritito de placer que me sorprendió muchísimo.
-N…no… ah… Tai…
Mojé mis labios con mi lengua, mientras me aferraba a su cuerpo. Él sacó su dedo de mi interior y se cercioró de limpiarme bien, antes de cerrar las llaves de la regadera y arrastrarme a la habitación, lanzándome a la cama.
-Te deseo ahora…
Dijo, mirándome con tanta lujuria que me hizo estremecer. Alzó pues mis piernas por mis muslos, abriendo mis nalgas, para soplar sobre aquel punto que quería profanar.
-¿Qué haces, idiota? –sentía mi rostro arder.
Sin embargo, gemí profundamente cuando sentí su lengua recorrer el interior de mis nalgas, para intentar adentrarse en aquel pasaje. Sentí como si un rayo hubiese pasado por todo mi cuerpo, inundándome con un fuerte placer que me hizo volver a gemir, sin que pudiera controlar las acciones de mi cuerpo.
-Espera… ¿qué… qué haces?
Mi voz temblaba, no quería que se diera cuenta del terrible placer que me producía sentir esa extensión de su cuerpo adentrándose en mí.
Él alejó un poco su rostro de mí, para mojar el dedo índice de su mano derecha con su saliva y poder meterlo en mi cuerpo.
-Ah… Tai…
Las lágrimas comenzaron a agolparse en mis ojos, pero no era porque tuviera miedo, ni porque me doliera, sino porque aquel placer no me permitía pensar con claridad, tener control sobre mis acciones; era tan poderoso que sentía que me iba a derretir completamente.
Pronto, el dedo índice de su mano izquierda se encontraba en mi interior y estiraba mi esfínter, mientras su lengua se movía aún en mi interior.
-No… espera…
Me quejé cuando metió el dedo medio de su mano derecha, pero creo que fue un gemido, más que un quejido.
-Voy a…
Mi cuerpo temblaba, mi respiración estaba entrecortada, mi corazón latía tan fuerte que sentía que iba a escapar de mi pecho.
-Voy a terminar….
Al decir eso un terrible y delicioso orgasmo ocasionó que mi semen ensuciara mi abdomen y su cabello.
-Idiota… te dije…
Él alejó su rostro de mí, pero sus dedos aún continuaban ahí.
-¿Puedo entrar?
Aquella pregunta me hizo voltear a otro lado, sintiéndome completamente abochornado.
-No preguntes…
-Quiero saber si estás conforme con ello –me dijo Tai-. Por eso te pregunto si me dejarás entrar en tu cuerpo.
Cubrí mi rostro con mis brazos.
-Hazlo, antes de que me arrepienta.
Él sonrió, sacando sus dedos. Tuve que alejar mis brazos, para cerciorarme de que era Tai quien estaba frente a mí, que era él quien me tocaba y no era otra pesadilla.
Él volvió a meter sus dedos, pero estaban algo fríos. Voltee a verlo y tenía un tubo de lubricante en su mano izquierda, el cual estaba vertiendo sobre su mano derecha.
-¿De dónde sacaste eso? –pregunté y él sonrió.
-Te dije que estuve preparándome para éste momento desde que supe que vendrías. Tuve que masturbarme todos los días, para no terminar al sentir tu estreches abrazarme completamente.
Me sonrojé por su comentario.
-Eso hablaría muy mal de ti –dije, sonriendo por el comentario.
-O quizá diría que ya no te encargas de complacerme y estoy tan lleno que con una sola embestida en tu cuerpo termino.
Reí un poco, aunque me sentía incómodo.
-Nuestras charlas de almohada son muy extrañas –reí un poco, contagiando a Tai.
-Es mejor que en las películas porno, en donde llegan y a veces ni se dicen hola, sólo van a lo que van.
Él se puso un condón y después adentró en mi cuerpo con algo de dificultad y, aunque no dolió, sentía como si me estuviera estirando por dentro.
-¿Es mi imaginación o te sientes más grande? –dije con horror.
-Es un honor que digas eso –él rio un poco-, pero lo que pasa aquí es que no estás acostumbrado a mí, por lo que sientes que estoy más grande.
-Si de por sí… -gemí un poco cuando él metió hasta la mitad de su sexo en mi cuerpo.
Tai me besó en los labios, adentrándose en aquella cavidad tanto como podía. Sentía que me quería comer entero, se sentía desesperado.
-Te amo, Yamato –él me sonrió, besándome después con mucha dulzura-; te amo tanto que sin ti no podría vivir. Eres una parte importante de mi vida, de mi alma, de mi corazón. Sin ti no podría respirar. Te amo tanto que sin ti no soy nadie.
Sus palabras calaron en lo más profundo de mi alma. Entonces recordé a aquel muchacho nervioso, mientras el viento mecía su cabello y me declaraba sus sentimientos.
"Me gustas".
Recordé aquellas palabras, como si hubieran sido pronunciadas segundos antes.
-Eres muy especial para mí –mis ojos se inundaron en lágrimas-, y ahora pienso que eres la persona más maravillosa que existe en el mundo, porque tú me sacaste de la oscuridad, Taichi, con tu sonrisa, con tu mano fuerte sosteniendo la mía.
Nunca podría describir la sonrisa que me regaló en ese instante, porque no hay palabras para ello; pero lo que sí puedo decir es que brillaba con la incandescencia del quásar del centro de la galaxia, mientras devoraba a una estrella. Era tan hermosa, como mirar el amanecer, así de hermosa. No había duda, él me amaba y yo también a él.
Él se enterró en mi cuello, mientras sollozaba. Me sorprendí por su reacción, pero no me dejó siquiera acariciar su cabello, porque terminó de entrar en mí.
-Idiota… -negó con la cabeza, separándose de mí, para sostener su cuerpo con sus brazos, pero sin mirarme.
Tomé su rostro con mis manos, besándole con suavidad en los labios. Él continuó sin abrir los ojos, aunque sus largas pestañas estaban húmedas, seguramente por el llanto que había tratado de pasar desapercibido.
-Eres demasiado emotivo –reí un poco, limpiando las lágrimas de sus ojos con mis pulgares.
-Y tú eres demasiado serio.
Entonces los dos reímos con fuerza y él comenzó a moverse en mi interior, causándome un poco de molestia.
-Ouch… -me quejé un poco-… no me gusta con condón.
Él se quedó inmóvil por unos instantes y después entrecerró los ojos.
-Será más difícil limpiarte, sopórtalo, sólo te molesta un poco por la fricción.
Salió de mi interior y puso más lubricante sobre éste, mientras yo tragaba saliva audiblemente.
-Espera… no volverás a meter esa cosa en mí –dije con horror.
-¿Por qué? –hizo un puchero- Ya estaba adentro.
-Me vas a lastimar –me hice para atrás en la cama, sentándome en la cabecera de la cama y Taichi dejó escapar un suspiro.
-No te voy a lastimar, si eso quisiera, ya lo hubiera hecho.
Mi cuerpo tembló involuntariamente.
-Olvídalos, ellos no están aquí.
Sus palabras lejos de causarme tranquilidad, me hicieron sentir más temor.
-De lo que sea que tengas miedo voy a protegerte.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, mientras abrazaba mis piernas. No me entendía, primero me sentía excitado y al momento de ver aquella parte de su cuerpo sentí horror. ¿Por qué no podía controlar mis acciones? ¿Por qué no podía olvidar aquello?
-Átame –le dije y él me miró como si tuviera diez cabezas.
-¿Qué estás diciendo? –se levantó de la cama- ¿Te volviste loco? Atado te va a dar más…
-¡No importa! –volví a temblar- ¡Si no lo haces no dejaré que me toques!
Él me miró, se veía realmente molesto.
-Ellos te ataron.
Sus palabras resonaron en mi mente, recordándome aquel momento.
-Yamato, no te sobre esfuerces –Taichi resopló-, dejémoslo así.
-Por favor… -oculté mi rostro para que no viera mis lágrimas.
-No lo voy a hacer –elevó su voz-. No me pidas eso. Tú piensas que para mí es importante el sexo, pero no, yo te amo; preferiría darme un tiro a hacerte daño.
-Me odio por esto…
Tai se acercó a mí, tensándome por unos instantes, pero luego elevó mi rostro y me dio un beso en la frente.
-No te odies, no odies a la persona que amo tan profundamente.
Sonreí, aunque las lágrimas escapaban de mis ojos. Abracé a Tai y él cayó sobre mí; su peso me quitó el aliento, aunque no era porque no pudiera sostenerlo, sino porque algo en mi mente me paralizaba.
Fue por eso que lo empujé y lo dejé bocarriba. Me senté a horcajadas en su vientre, acariciando sus tetillas, haciéndole suspirar. Su miembro topó con mi espalda, sorprendiéndome un poco, pero haciéndome reír, debido al movimiento que tenía.
-Deja de moverte así –le dije, haciéndolo sonreír.
-Está feliz de verte.
Reí un poco, sintiendo el miedo disiparse.
-No toleras tenerme sobre ti –él me sonrió, acariciando mi brazo izquierdo.
Negué con la cabeza y él se quitó el condón, mientras me apartaba un poco de él para levantarse de la cama e irlo a tirar al sanitario. Escuché el agua correr por unos instantes y después regresó.
Hay algo que quiero intentar.
La sonrisa que surcó su rostro por un momento me hizo desconfiar de él, debido a que siempre sonreía así cuando tenía un macabro plan.
Él se recostó en la cama y volteó mi cuerpo para levantar mi trasero sobre su pecho, haciéndome enrojecer.
-¿Por qué no intentas hacer que termine? –Tai me "sugirió".
Su sexo erecto topó con mi mejilla derecha y yo reí un poco, pero lo llevé a mi boca, pues él lo había lavado para ello. Lamí la punta del glande, metiendo un poco mi lengua en el orificio de su pene, haciéndolo quejarse un poco.
-No lo trates así –Tai se quejó por mi falta de cuidado y yo sonreí con condescendencia.
-Lo siento, no quería hacerte da…
Gemí involuntariamente, él estaba lamiendo aquel punto otra vez, haciendo temblar a mi corazón. Cuando acordé había metido un dedo en mi esfínter y lamía el rededor para poder meter otro, el cual entró casi sin problemas. Aunque intentaba concentrarme en el trabajo oral que él me había encargado no podía; su lengua me hacía desfallecer y los tres dedos que se movían en mi interior no me dejaban pensar.
Metió entonces cuatro dedos ocasionando que mi cuerpo se moviera al compás de sus embestidas. Tenía los ojos cerrados y se habían apagado mis autodefensas, por lo que él me recostó bocabajo en la cama y levantó mi trasero para embestirme.
Toda su extensión me hizo gritar, aunque no fue por dolor, sino por el placer que estaba sintiendo. Podía verlos a ellos, pero también sentía a Tai moverse en mi interior; sin embargo, aquello lejos de calmarme comenzó a crisparme los nervios.
-No… Tai… -me mordí la lengua, por lo que el sabor metálico de la sangre inundó mis sentidos-… estoy mezclando… tú y ellos…
-Ellos no te hicieron disfrutar, pero yo sí.
Abrí los ojos, mirando a mi alrededor y sintiendo el vaivén en mi interior. La habitación era distinta y la mullida cama, junto a la lámpara que emitía un suave brillo a nuestro alrededor, alejaban un poco el escenario frío y tétrico que había acompañado siempre al placer. Cerré los ojos, olvidándome por un instante de ellos y comencé a masturbarme, sintiéndome desesperado por mayor contacto cuando sentí el orgasmo cercano. Quería terminar junto a él, pero quizá sería difícil, puesto que una corriente eléctrica me comenzó a invadir. Él se dio cuenta, por lo que salió justo en el momento en que mi esfínter lo aprisionaba, haciéndome gritar de placer. Sentí de pronto mojada mi nalga izquierda, él había terminado casi enseguida.
Se dejó caer a mi lado, estaba sudoroso y con la respiración agitada.
-Casi termino dentro –rio un poco.
Él se levantó y limpió nuestros fluidos corporales.
-Quiero quedarme aquí contigo –dije, al momento en que él se recostaba a mi lado.
-Que consentido eres –me abrazó, dejándome acomodar mi cabeza en su hombro derecho.
Él me dio un beso en la frente, mientras tomaba su celular para hacer una llamada, aunque ya no supe más de mí después de eso.
Notas de la autora: Ustedes no están para saberlo, ni yo para contarlo, pero me la aplicaron éste año y me dejaron en la oficina porque no salgo fuera del estado en estos dos días antes de salir. ToT Así que me rebelé y dije que no iba a hacer nada (XD mentira, porque sí hice acuerdos) y me puse a escribir owo Según yo quedó bien el capítulo, pero perdónenme si algo está incongruente... Ya quiero salir de vacaciones y mi cerebro no trabaja igual ToT XD
