El sol estaba en su máximo punto, el calor golpeaba sobre el campus, estudiantes entraban y salían, dos chicas caminaban en las afueras del recinto, conversaban animadamente. Comían paletas congeladas y paseaban debajo de los arboles, queriendo encontrar alivio en la sombra.
-¿Siempre esta así en estas fechas?
-No realmente, pero no ha llovido mucho este año.
-¡Pero si llovió el lunes!
-Con una vez no basta niña- Apretó la mejilla de su amiga.
La pelirroja bufó y mordió su helado, este se derretía en su mano.
-¡Ew! ¡Ew! - Hacía un bailecito saltando de un lado a otro, sacudiendo su mano pegajosa, con la otra sujetaba en la punta de los dedos el palito de madera que tenía el helado restante. Amanda la observaba divertida.
-Eres un circo andante.
-Ya pásame una servilleta.
Se aproximaban al punto del camino en que ambas se dirían adiós, se detuvieron un rato para charlar un poco más, pero la conversación fue silenciada por Ariana.
-¿Es el?- dijo en voz baja.
-¿Quién?- Amanda buscó lo que fuera que estuviera viendo su amiga.
De pronto la mirada de Ariana de iluminó, puso una sonrisa de oreja a oreja y sacudiendo el brazo de un lado a otro, gritó.
-¡Oficial White!
La silueta lejana de un hombre se hacía más visible: no sería mayor que ellas; era muy alto; palidísimo, dándole un toque fantasmal; ojos negros casi sin brillo; de expresión nula. Mientrás se les acercaba más, Amanda se esforzaba por no hacer obvio su nerviosismo, al contrario de Ariana, quien lo esperaba con evidentes ansias.
-Hola señoritas- Las saludó educadamente, Amanda solamente asintió.
-¿Qué hace tan cerca de la universidad?
-Estoy patrullando, ha habido robos en la zona.
-¿De verdad? Tendré cuidado.
-Eso espero, por cierto, ¿vienes del campus?
Solo hablaban entre ellos, la presencia de Amanda era segundo plano, más no tenía ganas incluirse a la conversación. Con que estos son tus gustos. Los analizaba de pies a cabeza, el contraste era notable, pero se desenvolvían con tal naturaleza que era gracioso. Intimidante, pero no está mal.
Cuando el patrullero se retiró, Amanda decidió averiguar con sutileza que tipo de relación guardaba con su amiga. Optó por guardar silencio un rato para no despertarle sospechas.
-¿Qué había dicho tu amigo de unos robos?
- Que estaba patrullando porque hubo robos por aquí- Le respondió como si fuera lo más obvio del mundo, sin darse cuenta de que había hecho a un lado a su amiga durante toda la conversación.
-Cierto… ¿Y de dónde dices que lo conoces?
-El oficial White fue quien salvó mi vida aquella noche- Lo decía con entusiasmo casi infantil.
-Así que el fue… - Ladeó la cabeza mirando al cielo.
-¿Qué?
-Es curioso- Contestó fingiendo desinterés.
-¿Qué cosa?
-¿Cómo es que siguen en contacto?
Ariana meditó un momento -La verdad no lo se- Decidió contarle todos los encuentros que tuvo con el oficial, desde que la detuvo en un semáforo hasta cuando lo encontró bañado en agua sucia, en este último relato Amanda soltó una risotada.
-No te burles.
La castaña se llevó la mano a la boca y se aclaró la garganta -Entonces, ¿siempre es casualidad?- Ariana asintió.
-¿No te gustaría que sus encuentros fueran planeados?
-Bueno, si… es muy agradable.
-¿Lo es? Entonces, ¿Por qué no intercambian números?
-¡¿Qué?! ¡¿Cómo sugieres eso?!- Logró dejar a su compañera roja como un tomate.
-Porque te gusta.
Cerró la puerta tras de si, caminó directamente a su habitación y se echo en la cama, no emitía sonido alguno, se quedo así durante un rato, a falta de oxigeno se giró para quedar boca arriba, su techo parecía más interesante de lo normal, seguía teniendo las mismas grietas y manchas de humedad. Se preguntó cuantas posibilidades habría de que le cayera encima, su imaginación se encargó de recrear la escena: primero las grietas se extenderían trazando caminos al azar por la superficie; luego pedacitos de pintura seca y cemento le caerían encima, cada vez más a prisa; finalmente y antes de siquiera permitirle mover un musculo, la estructura colapsaría sobre ella. Un escalofrío la sacudió de sus cavilaciones, sería mejor comenzar a cambiarse.
Movió cojines y sabanas, buscó debajo de los muebles, vació su bolso dejando caer libros y útiles escolares en el proceso, pero las llaves no aparecían. En medio del caos le vino la revelación, corrió a su cuarto y levantó los pantalones que había dejado en el suelo, revisó sus bolcillos y pudo sentirlas. Salvada.
Antes de salir se miró a espejo, se acomodó algunos mechones salidos, dio media vuelta y al no encontrar nada fuera de lugar salió del apartamento. Hacía varios días que seguía esa pequeña rutina vanidosa, tiempo que coincidía con el tiempo que llevaba de conocer a Jasper.
El capricho de encontrarse con el la invadió, tenía contados sus fugaces encuentros y deseaba que se repitieran con más frecuencia, trataba justificarse apelando al trato cordial del oficial, pero las reacciones que le provocaban sus pequeñas interacciones la delataban, no era simpatía, gustaba de el y mucho. Irradiaba calidez, desprendía gentileza y lo encontraba atractivo, su apariencia resaltaba en multitudes y eso le gustaba. Meditó las ultimas palabras que cruzó con Amanda antes de separarse.
-Supongamos que soy valiente y le digo que intercambiemos números, ¿Qué hago si se niega? ¡¿Qué cara le pondría la próxima vez que nos veamos?!-Si es que lo vuelves a ver.
Su capricho de volverlo a ver aumentó y la persiguió el resto del día.
