-Escuché que Nicole casi noquea a Kurt- Neill dio un sorbo a su café.
-No es novedad- Respondió su compañero mientrás conducía.
-Pelearon por la misión que nos asignaron.
La atmosfera cambió, se sentía la pesadez en el aire.
-Así que será uno de esos casos- Sus manos apretaron el volante con más fuerza.
Cada miembro del departamento de policía cumplía con la misma función, velar por la seguridad de la ciudadanía y el mantenimiento del orden público, o al menos eso pretendían. El cuerpo policial gozaba de variedad, oficiales de todas formas y tamaños, había distintos temperamentos y personalidades.
Kurt y Nicole eran los más competitivos, si bien compartían un carácter fuerte, Kurt se desarrollaba mejor en equipo, sabía liderar a sus grupos y repartía tareas especificas a cada integrante para cumplirlas con eficiencia; a diferencia de Nicole, que prefería trabajar sola, se esforzaba por resaltar para no tener que cargar con acompañantes. Cuando era arrastrada a unirse a un equipo, solían asociarla con Kurt, aunque sus temperamentos chocaban al punto de los puños (Kurt no discriminaba si se trataba de Nicole), siempre pondrían el bien de la misión sobre sus egos, logrando colaboraciones exitosas. Por eso solían asignárseles las misiones más peligrosas.
Jasper y sus compañeros generalmente eran asignados a misiones aleatorias, nunca podían estar seguros de la gravedad del asunto que enfrentarían, en ocasiones les tocaba ser participes de misiones que Kurt y Nicole guardaban celosamente, esta era una de esas.
Se trataba de un caso muy singular de violencia familiar, había más de un supuesto agresor, el padre y otros cuatro sujetos voluminosos que además se encontraban armados, tenían apresados en la sala de estar a la madre y a sus dos hijos menores. Según los vecinos, la mujer del agresor tenía planeado desde hacía meses abandonar el domicilio junto con los niños, lamentablemente su marido ya sospechaba de estas intenciones.
Ahora Neill intentaba negociar con ellos en lo que llegaban sus refuerzos, mientras que Jasper buscaba alguna vía para acceder al domicilio sin ser captado por los agresores. La puerta trasera.
-¡Policía! ¡Baje el arma!
Ariana despedía a los últimos clientes que le tocaba atender, a veces le tocaba servir de mesera, esa tarde no le fue bien con las propinas, hubiera preferido salir a realizar entregas, los repartidores solían recibir mejores remuneraciones.
Salió del local y caminó a su complejo con lentitud, todo el día guardó esperanza de encontrarse con su amigo, miraba disimuladamente por la acera sin saber que esperaba ver. La decepción la cubrió al encontrarse ya frente al edificio, suspiró resignada sin antes echar una ultima mirada a los alrededores. Nada.
Tres días pasaron sin tener pista de Jasper, las palabras de Amanda resonaban cada vez más fuerte, Si es que lo vuelves a ver. No se atrevió a comentarle nada, sabía que le llovería un sermón, temía que su amiga llegara a sacar el tema, pensar en la posibilidad de no volverse a cruzar con el la entristecía y le hacía recriminarse por su cobardía.
El campus universitario contaba con una amplia biblioteca, algunas secciones se subdividían en tópicos más específicos, los altos estantes de libros formaban filas diagonales que acaparaban más de la mitad del área, al adentrarse en los estrechos pasillos el fuerte aroma de libro viejo y las prolongadas pilas de libros llegaban a intimidar a más de uno. Ariana conocía bien el lugar, pero cargaba con el pequeño temor de llegar a perderse entre aquellas repisas.
Buscó por un largo rato el volumen que necesitaba, no pidió ayuda, sabía que depender tanto de otros le hacía mal. Finalmente lo encontró, quedaba decidir en donde lo leería, podía ser en las mesas de lectura de la biblioteca, pero nunca lograba concentrarse allí, la inmensidad del complejo le distraía, sus ojos se pegaban a los pilares de piedra bellamente adornados, o descansaban en el tragaluz del techo, a veces también miraba con envidia a los demás estudiantes, absortos de todo, bien agarrados de sus lecturas. ¿Cómo lo hacen? Lo leería en su departamento.
Descansaba la cabeza sobre su mano y daba golpecitos con el lápiz contra el escritorio, tenía la mirada fija sobre la lectura, llevaba quince minutos repasando el mismo párrafo y no podía encontrarle sentido. Se empujó contra el respaldo de la silla y sobándose las sienes susurró:
-Si puedo.
Luchó por media hora para pasar de las primeras dos páginas sin perder la concentración, habiendo domado el deseo de procrastinar, pudo seguir la lectura sin interrupciones. Completada la mitad del trabajo quiso despejarse, se asomó por la ventana esperando encontrar algo que valiera la pena, personas pasaban una tras otra, los autos igual, su mente jugó con ella e imaginó una patrulla frenando, del carro bajaba Jasper y caminaba hasta quedar frente a su ventana, tenía los ojos puestos en ella, se inclinó la gorra y le sonreía deseándole un buen día como siempre que se despedían. Cuando el encanto se rompió se descubrió sonriendo a la calle vacía, desganada regresó a su tarea.
