Capítulo 38

Bostecé profundamente mientras esperábamos el recalentado de la cena de navidad. Mis padres habían llegado unos minutos antes, saludando tan cordialmente a Taichi que me hizo sentir celoso. Los padres de Tai llegaron una media hora después, llevando los obsequios de navidad respectivos para todos sus nietos.

-Taichi es un buen hijo –dijo mi padre hacia el padre de Yagami-, ya les presumí a todos en la televisora.

Carraspeé, llamando su atención. Yo también era buen hijo, incluso formaba parte de los ingenieros de la NASA. Él pareció ver mi enfado, pero lo ignoró olímpicamente.

-Pero intuyo que más que nada lo quieren conocer porque es uno de los héroes del Digimundo.

Al escuchar aquello, Tai volteó a ver a mi hermano, como si lo quisiera matar.

-¡Takeru Takaishi! –gritó Tai, acercándose peligrosamente a Take- ¡Por tu culpa tuve todos esos problemas en el trabajo!

-Tranquilo, cuñadito, ya todos lo aceptaron –Takeru trató de justificarse, pero no fue suficiente para Tai.

-Nada de "ya lo aceptaron", debo favores por tu bocota.

-No te enojes, hermano –Hikari intentó detener a Tai de que moliera a golpes a Takeru-, gracias a eso ya no tienes que esconder tu relación con Yamato.

Tai no se veía muy convencido, pero se cruzó de brazos e hizo un puchero.

-Además yo no fui quien soltó la sopa de que andabas con mi hermano –dijo Takeru, ocasionando que Taichi le lanzara un onigiri a su hijo, el cual le cayó justo en la frente.

Yo reí, no pude evitarlo, contagiando a los demás con mi risa.

-Hablando de favores… -Tai entrecerró los ojos-… una amiga mía, quien me salvó de todo el embrollo, me ordenó que la invitara.

Era Shino de quien hablaba, seguramente.

-Ya no ha de tardar en llegar –Tai bufó por lo bajo, estaba molesto.

-¿Una amiga? –preguntó Hikari.

Justo en ese instante el timbre sonó y Tai fue a abrir la puerta, mientras arrastraba los pies.

-¿Una amiga? –mi hermano sonrió con sorna, ya conocía ese gesto, se iba a burlar de mí.

No dije nada, para que no tuviera armas para molestarme, hasta que Shino apareció junto con Tai.

Esa mujer siempre era extravagante, no en cuanto a su vestimenta, sino respecto a su personalidad. Se veía muy jovial y sofisticada a la vez. No quería admitirlo, pero estaba celoso de ella.

-Ahhh... –Shino corrió adonde estaba mi hermano y sacó de una bolsa de tela dos libros-… por favor autografíe mis libros, soy su admiradora.

Takeru sonrió con condescendencia, mientras permitía que ella le sacara una foto con ella.

-Es usted muy guapo –dijo ella con estrellas en los ojos-. Mi nombre es Shino Amakuza.

Takeru firmó sus libros y puso la dedicatoria, mientras ella daba vueltas por todas partes con sus libros de tan contenta que estaba.

-Compórtese, asociada de la Corte Suprema de Justicia –dijo Tai, llamando la atención de aquella mujer, mientras ella le volteaba a ver con enfado.

-Así agradeces que te haya salvado el trasero, Yagami –ella volteó a verlo con enfado.

Ambos rieron, mientras Tai (hijo) salía del salón para saludarla.

-Tía Shino.

Los ojos de Shino se volvieron corazones y abrazó a aquel muchacho con mucha fuerza.

-Mi pequeño bebé, ¿cómo has estado?

Sudé una gotita al escucharle hablar así.

-Muy bien, tía, ¿y cómo están todos en la familia? –él sonrió.

-Bien… por cierto, mi tía Su y mi tío Ryuu me dijeron que te invitaron a pasar las festividades en Hong Kong, pero que te negaste porque iba a venir tu… ¿mamá?

Abrí los ojos con sorpresa, sonrojándome al extremo al escucharle decir eso.

-Y luego se quejaron de que le dijeras mamá a la pareja de tu padre, cuando es un hombre.

-Es que no había visto a mi mamá después de que se peleara con mi papá y tenía muchos deseos de verlo –aquel muchacho se disculpó-. Ya había hablado de lo mismo con mis abuelitos de todos modos.

Después, aquella mujer me volteó a ver con una sonrisa de burla.

-Que madre tan devota eres, Yamato.

Me escondí detrás de Tai, sentía que tenía muy caliente la cara de la vergüenza.

-Bueno, te dejo de molestar si me presentas a todos y si se dejan sacar una foto para presumirles a todos que los conozco –ella sonrió como una niña pequeña a la que le han prometido un juguete.

Dejé escapar un suspiro, eso era mejor a que estuviera burlándose por mi estatus de "madre".

-Bueno, a mi hermano Takeru Takaishi ya lo conoces –señalé a mi hermano y ella asintió-. Hikari Takaishi es hermana de Tai y esposa de mi hermano –señalé a mi cuñada y ella saludó con un ademán de la mano.

-Hola, mucho gusto –Hikari sonrió amablemente a aquella ruidosa mujer-, gracias por cuidar a mi hermano.

-Fue un placer –dijo Shino.

-Soy Sora Takenouchi, mucho gusto.

Mi ex esposa se había puesto de pie para saludar, mientras Mimi hacía lo mismo.

-Hola, yo soy Mimi Tachikawa, mucho gusto.

-Me llamo Koushirou Kido –aquel pelirrojo estrechó amablemente la mano de Shino, aunque una extraña sonrisa surcaba su rostro.

-No te hagas, Kou, que ya te conozco –Shino rio un poco, dándole un fuerte abrazo.

-Hola Shino, ¿cómo has estado? –el superior Joe saludó de lejos, hasta que ella corrió a sus brazos.

-Joe, ¿cómo has estado? Tengo mucho sin verte.

-He estado bien, ¿y tú? –él sonrió con amabilidad- Aparte de lo hermosa que siempre has sido y que los años no pasan sobre ti.

-¿Qué te tomas? –ella le dio un leve golpe en el hombro derecho, sonrojándose sobremanera.

-Si ya está anciana… -dijo Tai, ganándose una mirada de enfado de ella.

-¿Qué dices, Yagami? –parecía que le salía fuego por los ojos- ¿Recuerdas quién salvó tu trasero?

-¿Ves? –Tai se dirigió entonces a mi hermano- ¿Ves lo que tengo que soportar por tu estúpida bocota?

-Hey, yo no solté la sopa de que te andabas acostando con mi hermano… -después una mirada sombría apareció en el rostro de Takeru-… bueno, que son pareja.

Tai sudó una gotita.

-N…no… sí… digo… -Tai comenzó a sudar en frío-… sí somos pareja.

Takeru seguía viendo a Taichi como si lo fuera a asesinar.

-Ya, tranquilízate, Takeru –Koushirou sonrió con sorna-, si se acuestan qué importa. Seguro que ya lo hicieron, ¿cuántos años tienen juntos?

Mi hermano volteó a verme, asustándome.

-Pero estaban fingiendo.

-Bueno, ¿pero eso qué? ¿No conoces el dicho de "amigos con derecho" a roce?

-Kou… -Joe tomó una manta y enredó a su esposo, cargándolo como un rollito de sushi en el hombro-… ya cierra la boca. A veces me pregunto dónde quedó aquel chico tranquilo de antaño.

-Si Koushirou siempre ha sido un hablador –dijo Mimi, cruzándose de brazos-, recuerda la vez en que me gritó que era una egoísta malcriada, aunque tenía un poco de razón.

Yo reí un poco.

-Sí, me acuerdo que en esa ocasión estabas molesto conmigo –me dirigí a mi novio y él volteó a verme.

-No molesto –él hizo un mohín.

-Sólo estaba huyendo de la realidad –dijo Joe.

-No de la realidad –habló Mimi-, conociendo a Tai tenía miedo.

Shino estaba comiendo del recalentado, mirándonos muy entretenida.

-Miedo… -había pronunciado Tai-… miedo de no poder proteger, miedo de no poder hacer.

Sora revolvió el cabello de Tai y después le sonrió.

-Hey, ¿por qué esa cara de angustia? Todos sabemos que eres humano y que todos tenemos miedo en alguna ocasión. Todos lloramos, aunque sea a escondidas de los demás, para esconder nuestros sentimientos. Todos nos tragamos en algún momento el llanto. No todo en la vida son victorias, ni porque te hayan dado el emblema del valor significa que no debas tener miedo.

-Yo pienso que nos dieron ese emblema no porque en nuestros corazones fuésemos lo que representaban, sino porque no lo éramos –la voz del superior Joe sonó apagada-. Bueno, Mimi siempre se pasó de inocente y a veces no pensaba mucho en cómo afectaban sus acciones a los demás.

Mimi se sonrojó sobremanera y se fue a "llorar" a los brazos de Sora, enterrándose en su pecho.

-Que malos son –ella nos mostró la lengua.

-Pero ya, dejando de lado eso –Joe continuó-, creo que la sinceridad siempre ha sido algo que no he poseído. He dudado mucho de decir las palabras que estoy sintiendo, incluso para mí mismo.

-Quizá también he dudado –dijo Takeru, llamando nuestra atención-, pero la esperanza es lo último que muere. Además yo pienso que nos lo dieron porque sí tenemos lo que representan los emblemas.

-Nuestros compañeros Digimon sólo podían evolucionar si su corazón y el nuestro estaban latiendo al unísono –dijo Koushirou, quien continuaba envuelto como rollito en el hombro del superior Joe.

-En nuestra fortaleza se encuentra nuestra debilidad –dije, sorprendiéndolos a todos, incluido a Taichi, quien me miró con interés, ya que esa era una de sus frases favoritas-; el miedo de perder a nuestros seres queridos nos obligó a sacar fuerzas, por eso reaccionaron nuestros emblemas. Con Tai el valor para afrontar su miedo, conmigo para aceptar que ya no estaba solo y que podía confiar en mis amigos.

-A aceptar que podía cumplir mis promesas –dijo el superior Joe.

-A aceptar que sin importar lo difícil de la situación siempre hay luz dentro de la oscuridad –dijo Hikari.

-Y también esperanza –dijo Takeru.

-Y amor –dijo después Sora-, para dar por montones y aceptar el amor de los demás. Tenerse amor a uno mismo.

-Y a aceptar que no lo sabes todo –ahora fue turno de Koushirou-, pero que por tus amigos, por tus seres queridos, eres capaz de descifrar cualquier enigma.

Todos reímos cuando el superior Joe desenredó a Koushirou y éste bailó como un trompo por varios segundos, cayendo después mareado en sus brazos.

-Se quieren mucho, ¿verdad? –preguntó Shino, comiendo aún.

-Sí, somos una gran familia –dijo Mimi, abrazando a Joe y a Sora.

-Una enorme familia –Koushirou sonrió, aunque todavía parecía estar mareado.

-Aún cuando hayan existido rivalidades –dije yo, abrazando a Tai, ocasionando que se sonrojara levemente-, o cuando nuestras relaciones sentimentales no hayan funcionado.

-El ir al Digimundo nos unió –Sora sonrió con algo de tristeza- y, a pesar de nuestras diferencias, siempre guardaremos en nuestros corazones nuestras vivencias, junto a nuestros compañeros Digimons y a nuestros amigos.

-No importa lo difícil que parezca –Mimi nos guiñó el ojo derecho-, ni lo pesado del ambiente, siempre sabremos afrontar la vida, más si estamos juntos.

-Somos una gran familia –habló Ken mientras abrazaba a Miyako y se acercaba a nosotros-, aunque no hayamos compartido esas aventuras con ustedes.

-Nunca dejaremos de ser amigos –habló Daisuke, abrazando a Takeru por la cintura-, ya lo hemos comprobado. El superior Ishida y la superior Takenouchi se toleran, a pesar de haberse divorciado. Yo tolero a éste idiota, a pesar de que se haya quedado con mi bella Hikari.

Iori sólo soltó una risita al escucharle decir eso, contagiándonos a todos.

-Nuestra amistad siempre ha sido más fuerte que cualquier cosa –Mimi rio un poco-, aún más fuerte que la distancia.

Shino nos sonrió con dulzura, parecía muy conmovida con nuestras palabras.

-Que lindos, esos sí que son buenos amigos.

Volvimos a reír al escuchar esas palabras.


Hice un mohín mientras esperábamos la salida del avión. No quería aceptarlo, pero me estaba costando mucho soltar la mano de Taichi y volver a mi monótona vida en la oficina.

-Debí de haber aceptado un trabajo aquí –Rebeca sonrió con condescendencia al escucharme.

-Seguro que sí –ella rio un poco-. Ustedes son unos grandes amigos, tanto que me han sorprendido. La fotografía que tienen cuando eran niños, junto a sus amigos Digimons me ha conmovido sobremanera. Que amistad tan bella.

-Tai se veía tan… -la mirada lujuriosa de James me hizo entrecerrar los ojos-… tan lindo, tan tierno, tan…

-Oye –le di un golpe en la pantorrilla-, que estás hablando de mi novio. Cielos, por eso no quería que lo conocieran.

-Pero teníamos que conocerlo –dijo Rebeca-; no sabíamos a quién le confiábamos a nuestro muy querido amigo.

Reí un poco al escuchar aquellas palabras de Rebeca.

-Cierto –dijo James, mientras se sobaba la pantorrilla y tenía lágrimas en los ojos-, no sabíamos si él te trataría bien. Recuerdo la última vez que hablaste por teléfono con Sora; te veías tranquilo, pero la verdad estabas sufriendo. Fue difícil dejarte marchar cuando mencionaste que ibas a intentar arreglar tu matrimonio.

-O cuando dijiste que no ibas a volver, que no te importaba cómo hubiera quedado el proyecto en el que trabajábamos. El que tú dejaras algo inconcluso era impensable –Rebeca dejó escapar un suspiro-. Yo entiendo que por nuestros trabajos es muy difícil socializar. Rick se cansó de mi entrega al trabajo.

-No, Rebeca, él te dejó porque era un estúpido –dijo James, molesto-, sólo porque no puedes tener hijos.

Suspiré profundamente, aquel tema era muy delicado para nosotros.

-Pero eso no te hace menos mujer, como te dijo ese idiota –dije yo, abrazando a mi compañera-. Eres una mujer hermosa, tanto por dentro como por fuera –sonreí y ella secó sus lágrimas.

-Cuando terminemos éste proyecto regresa con Tai y no te pelees con él –Rebeca limpió sus lágrimas-. Se ve que tiene su carácter, pero también se nota que te ama muchísimo.

Me sonrojé sobremanera al escuchar esas palabras. Para mí era muy obvio el amor que él me tenía.

De pronto se escuchó la salida de nuestro vuelo, así que me levanté, de mi asiento; sin embargo, de pronto volteé a mi derecha, encontrándome a Tai, a Natsu y a Taichi.

-Mamá, te voy a extrañar mucho –mi hijo se aferró a mí, como si fuera un chiquillo, algo que me hizo reír un poco-. Promete que volverás pronto.

-Lo prometo, pequeño –revolví un poco su cabello y él me sonrió.

-Cuídate, papi, perdón por llegar hasta ahorita, pero le suplicamos a mi papá que nos trajera para despedirnos –ella me dio un ligero beso en la mejilla derecha y me abrazó con fuerza.

De pronto, Tai y yo nos quedamos viendo, hasta que sus ojos se volvieron acuosos y se refugió en los brazos de su hijo.

-No quiero que te vayas.

Yo reí un poco por su actitud infantil, hasta que me acerqué a él y soltó lentamente a Taichi, para mirarme.

-Ya casi estoy de vuelta –sonreí, limpiando las lágrimas de sus ojos con mis pulgares-, no me extrañes.

-Eso es imposible –me dio un fuerte abrazo-, cada latido, cada respiración que doy, me recuerdan que estoy vivo y que te extraño.

¿Por qué demonios era tan emotivo? De pronto sentí mis ojos acuosos, yo no quería irme, pero volvería pronto.

-Cuídate, no me vayas a engañar mientras regreso.

Me despedí de él con un ademán de la mano y él rio un poco.

-Ni que fuera tú, Ishida.

Rebeca y Daniels también se despidieron de ellos, amenazando con volver para otras festividades.

Sonreí, mirando hacia atrás. Mi familia me esperaba y eso me daba más ánimos para esforzarme y terminar rápido el proyecto en el que trabajaba. Los extrañaría muchísimo, pero no podía faltar al trabajo.

"Te amo" Taichi me había dicho en un susurro, esperando que leyera sus labios, así que reí un poco, contestando con un: "Yo también te amo".

El mundo seguía girando, y todas las personas pasaban a nuestro alrededor; sin embargo, sentíamos como si sólo nosotros estuviésemos ahí. Fue por eso que solté mi maleta y corrí a sus brazos, asustando a varios transeúntes. No le pude dar un beso, pero en nuestro abrazo sentíamos como si dejáramos un pedazo de nuestra alma en el otro.

-Hasta pronto –dije yo, soltándolo y corriendo adonde estaba mi maleta, para salir huyendo de ahí, para no arrepentirme.

Ya no volteé atrás, era momento de seguir. Sabía que me estarían esperando y eso me hacía muy feliz.