Corrió lo más rápido que sus piernas le dejaban, recorrió cerca de seis cuadras sin parar, hasta que divisó el letrero con letras brillantes "Calvin's", y entró a la cafetería. Era un lugar espacioso, las mesas eran grandes, estaban pegadas a la ventana con asientos rojos a los lados, los ventanales daban vista a las calles y al cielo nocturno, parecía salido de una película vieja. Se dejó caer en un asiento y descansó, solo quedaba esperar.
No tardo mucho para verla cruzar la puerta, traía un vestido rojo, sencillo pero lindo, se había maquillado ligeramente y llevaba un bolso de cuerda larga, se veía hermosa. Temió perder el habla repentinamente.
Ella por su parte, lo buscaba por las mesas, al encontrarlo le sonrió y se fue aproximando.
-Hola, que bueno que pudo… ¿Qué le pasó?- El recuerdo le cayó de golpe: Kurt gritando, la caja de rosquillas, su camisa.
-Ah, ¿esto? Kurt, quiero decir… un accidente- ¿Eso tuvo sentido? Ella sacó algo de su cartera. Sintió la humedad del paño rozándole la camisa.
-Me pasa todo el tiempo, por eso siempre cargo toallitas húmedas- Lo limpiaba con delicadeza, al percatarse de su osadía se retiró de inmediato. -¡Perdóneme! Lo hice sin pensar, no debí, bueno, tome- Le extendió el paquete tímidamente y el tomó dos toallitas. Había tenido un día estresante, pero la dulzura de su compañera lo hizo olvidarse de todo.
-¿Entonces no lleva mucho esperando?
-No, llegué hace poco.
-¿Sabe? Creo que debería llamarlo por su nombre- Miraba el menú, y a veces se atrevía a mirarlo a él.
-Tienes razón- Lo pensó un momento y luego estiró la mano -Soy Jasper.
Ella contemplaba la mano extendida ante ella más ruborizada que antes, después respondió el apretón y, habiendo tomado más confianza, respondió
-Jasper, me gusta tu nombre.
La incomodad se desvanecía conforme avanzaba la plática, les fueron tomadas las ordenes por un agotado mesero que se esforzaba por mostrarse amable, Ariana lo seguía con la mirada mientrás se retiraba.
-Noche dura- Dijo en voz baja.
-¿Qué?
-Es que, se como es tener que mostrarse servicial y contenta aunque sientas que ya no puedas más, no me quejó, pero si lo comprendo- Después intentó desviar el tema, pidiéndole a su cita que le contara alguna hazaña de sus tantas misiones.
-En realidad, creo que ya te he hablado mucho de lo mío, quisiera escucharte a ti, debes tener anécdotas interesantes- Se oía un sincero interés en sus palabras, emocionándola mucho, por lo que obedeció y le contó toda historia que se le venía a la mente, no solamente del trabajo, también de la escuela y de su vida en general. Jasper escuchaba atentamente sin interrumpir, el buen humor de Ariana era contagioso.
-Tienes talento para meterte en problemas.
-Se le dice mala suerte- Ambos rieron.
El mesero llegó con la cuenta, sin notarlo estuvieron hablando por más de dos horas, dejaron el pago junto con una buena propina. Al salir se sintieron dentro de una página en blanco, ninguno quería terminar la cita todavía, desearon tanto hablar sin pelear contra el reloj que hacerlo con toda libertad les causaba cierto frenesí.
Caminaron por inercia sin saber realmente a donde ir, mientrás Jasper pensaba en excusas para no despedirse todavía, Ariana señaló al otro lado de la calle:
-Que lindo sendero- Su dedo apuntaba al parque, lo atravesaba un camino iluminado por hileras de lámparas, realmente no era la gran cosa, pero era la excusa que buscaba.
-¿Quieres ir por ahí?- Ella asintió.
Siguieron conversando mientrás se adentraban al parque, se guardaban una decorosa distancia, el guardaba las manos en los bolsillos y ella se recogía los brazos detrás de su cintura, a veces a hacían contacto visual, pero la mayor parte del rato veían a los alrededores sin prestar verdadera atención al paisaje.
Ariana se encontraba en una lucha interna, temía dejarse llevar y hablar incoherencias, sin embargo también se cuestionaba si valdría la pena contenerse. Dos días atrás se convenció de que no se volverían a ver, pero helo allí, el sujeto en cuestión caminaba y reía a su lado, mismo que aceptó salir con ella, ¿en verdad valdría de algo la discreción?
Finalmente sostuvieron la mirada, Ariana no apartaba los ojos de los suyos, mostraba una sonrisa tranquila y ya no hablaba más.
-Estoy feliz de estar aquí.
Desaceleraron sus pasos hasta detenerse.
-Yo…- Pensamientos iban y venían, perdió la capacidad de traducir sus ideas a palabras, le sudaban las manos y temblaba como un niño. Su ajetreado corazón bombeaba sangre a toda maquina, los latidos retumbaban en sus oídos, llegó a creer que Ariana podía escucharlos.
-Me rindo- Hizo una seña para que lo dejara continuar -Nos conocimos en aquella parada, y luego, por un capricho enfermo del destino, te encontré esa misma noche en circunstancias… nada favorables, no debió pasarte lo que te pasó, desearía con todas mis fuerzas que hubiese sido diferente, pero no fue así. Cuando te fuiste pensé que no sabría más de ti, y que con el pasar de los días te olvidaría, tampoco fue así. Me convencí a mi mismo que ordenaba esa pizza por antojo, pero solo quería verte otra vez- Roncó reprimiendo una risa. -Fui tan obvio que hasta mis amigos se dieron cuenta.
-¿Por eso sabían mi nombre?
-Querían conocerte por su cuenta porque no les quise decir nada más- La vergüenza le ganó y se cubrió el rostro.
Habiéndose calmado prosiguió -Comencé a acostumbrarme, cuando te encontraba en la calle, aunque mi turno no hubiese concluido, sabía que sería buen día. Por eso la semana en que no nos vimos, fue de las más aburridas y tediosas que tuve en mucho tiempo, de verdad necesitaba verte. Hasta fui a Alfredo's, ¡Y odio su platillo del día! ¡Sabe rancio!- Se detuvo recapacitando todo lo que acababa de expresar, el arrepentimiento pintó su pálido rostro de rosado.
-L-lo que, lo que quise decir es que… también estoy feliz de estar aquí.
Eran cerca de las once de la noche, parecía que, además de los arboles y faroles, no hubo más testigos, se podían escuchar los autos a lo lejos y el cantar de los grillos, pero de Ariana no salía sonido alguno. En ningún momento dejo de mirarlo, comenzó a parpadear mientrás que asimilaba lo ocurrido, se aclaró la garganta para hablar, más hubo silencio. En cambio esbozó una sonrisa y, después de dudarlo unos segundos, lo abrazó.
-Me sentí igual- Dando al fin respuesta verbal, escondía temerosamente la cabeza en el pecho de Jasper, sintió como este dejaba salir un suspiro y la rodeaba con sus brazos. Permanecieron quietos en su pequeño espacio de plenitud.
-Tiemblas mucho- Habló Jasper en voz baja.
-Tu corazón se escucha tan acelerado- Le respondió también susurrando.
-Lo sé.
