Capítulo 42
Cuando salimos del hospital le pedí a Taichi que no esperáramos más, que buscáramos si había salidas a Japón pronto; sin embargo, él dijo que deseaba descansar un poco, antes de volver a viajar, así que primero nos dirigimos a mi departamento para recoger mis artículos personales.
-Tengo hambre… -Tai había pronunciado al entrar al departamento, llamando mi atención.
-¿No fuiste al comedor? –pregunté y él abrió los ojos con sorpresa, evitando mi mirada.
-Cuando llegué ahí ya no tenía apetito, soy tan tonto… -rio débilmente y después me miró a los ojos-… me perdí en el trayecto, así que sólo te llevé un flan que un niño me obsequió.
-Eres muy malo mintiendo –reí, gesto que fue correspondido de igual manera por él.
-Lo soy, no puedo mentirte a ti –cerró los ojos-. Pero no es mentira que cuando llegué al comedor ya no tenía apetito. De pronto me sentí culpable, porque por pedir que pronto estuvieras conmigo yo…
Apreté su mano derecha, sorprendiéndolo.
-No fue tu culpa, nada de esto ha sido tu culpa –sentí los ojos acuosos-. Ni lo que ellos me hicieron, ni lo que pasó después. Yo sí fui el culpable porque te echaran de tu casa al no hablar, al no decir la verdad.
Él me abrazó. Su corazón latía con fuerza, parecía que se le iba a salir del pecho.
-Si nunca me hubiera declarado, si me hubiese guardado lo que yo sentía… -sollozó, era muy obvio que estaba llorando. Había colocado su frente en mi hombro izquierdo, se aferraba a mí-… si hubiese callado mis sentimientos no te habría sucedido aquello.
-Pero tú no tuviste…
-El superior Yagushi… -al escuchar ese nombre, mi cuerpo tembló-… él me dijo que yo le gustaba, que por eso se ensañó contigo.
Sentí que el aire me faltaba al escuchar aquello. Miré a mi alrededor, recordando el momento en que esa bestia arremetía en mi interior con crueldad, causándome un dolor inmenso que parecía quebrar mi cuerpo.
-Pero hubiera preferido que me hiciera eso a mí que a ti… -Tai me soltó y después se dejó caer en un sillón, parecía que sus piernas no podrían continuar sosteniéndolo.
Me abrazó entonces de la cintura, colocando su frente en mi abdomen. Temblaba y lloraba como un chiquillo, parecía que le estaba dando hipo.
-… fue por mi culpa, por mí… Si yo no era de él, no sería de nadie –aquellas palabras las dijo con rabia-. Pero, ¿por qué? ¿Por qué tú? ¿Por qué te hicieron eso a ti?
Él me soltó y me senté a su lado, mirándolo, sin saber cómo reaccionar a ello. Tenía tiempo de no ver llorar así a Tai, bueno, exceptuando la vez que lo hice llorar cuando le dije que no podía corresponder sus sentimientos.
Acaricié su cabello y le sonreí, algo que lo hizo abrir los ojos.
-Yo… les tengo miedo, no sabes el miedo que me da la oscuridad, o la tristeza y depresión que causan en mí el frío y el hambre. Mi cuerpo recuerda lo que mi mente quiere olvidar, pero ya los perdoné.
Él abrió los ojos y más lágrimas escaparon de sus ojos.
-A veces, cuando por algo los recordaba, deseaba que nadie más pasara por ese horrible calvario, y no desearía que hubieras sido el que estuviera en mi lugar. Siempre fuiste la fuerza de todos, incluso cuando no estabas a mi lado eras lo que me impulsaba a continuar. Quería ser una mejor persona para poder estar a tu altura y disculparme por dejar que te culparan, por no tener el valor para decir que no fuiste tú quien dejó todas esas cicatrices en mi alma.
Tomé su mano derecha y le di un suave beso.
-El pensar en ti me da tranquilidad, me hace sentir protegido. Yo sé que darías incluso tu vida para poder protegerme, y sé que no me harías nunca daño, porque los momentos íntimos que hemos tenido me has acariciado como si fuera una pieza única de porcelana.
Él había dejado de llorar y después se secó las lágrimas, sonriendo débilmente, casi a la fuerza.
-Es que soy genial… -lo dijo, sin ningún sentimiento de por medio, como si quisiera cambiar de tema.
Yo reí un poco, abrazándolo.
-Lo eres…
No quería parecer fuerte, porque no lo era, pero entendía sus sentimientos, porque por muchos años había guardado en mi corazón todo lo que me hacía daño.
Tai se había quedado dormido en un sillón, al igual que mi padre, quien había llegado con Daniels y Rebeca veinte minutos después de nosotros. Sora y Mimi habían llegado al departamento una hora después, llevando comida para todos.
-Te ves mejor –Mimi había pronunciado-, intuyo que fue la medicina Taichi Yagami la que te ha curado.
Me sonrojé sobremanera al escuchar aquello.
-Parece que sí es mágica esa medicina –James se acercó a nosotros-. Es demasiado protector contigo –se sobó el cuello-; me amenazó en el hospital de no decirte que nos encontramos a Yagushi. No necesito que me digas nada, es muy obvio por las reacciones de los tres que algo malo pasó entre ustedes. Taichi lo golpeó y discutieron fuertemente, aunque no les entendí nada, porque no hablo japonés.
-¿Ese estúpido se atrevió a ir al hospital? –Sora apretó los puños- Mira que tiene valor. Si lo hubiera tenido enfrente yo lo hubiera molido golpes, ¿por qué no lo hizo Tai?
-Sus razones tendrá –dijo Mimi-, Tai también lo habría matado si hubiese podido, pero algo han de haber discutido para que le perdonara la vida.
-Quizá no quiso convertirse en lo mismo que él –la voz de mi padre nos trajo a todos a la realidad, se había acercado mientras bostezaba profundamente y se tallaba los ojos-. Yo no lo habría perdonado si lo hubiese tenido enfrente, pero Taichi es una persona muy bondadosa.
Miré a mi papá y después me sonrió.
-Te ama demasiado, siempre lo ha hecho –mi padre revolvió mi cabello cariñosamente-. Cruzaría todos los círculos del infierno por tal de ir contigo.
Reí un poco por el comentario, era muy obvio lo mucho que él me quería.
-Por favor no vayan a tratarlo mal –me dirigí a Rebeca y a James, sorprendiendo a todos por mis palabras-, lo que pasó, él parece arrepentido.
Mi padre iba a decir algo, pero lo impedí.
-Taichi y yo ya los perdonamos, no tienen por qué cargar con nuestro sufrimiento.
Justo al decir eso, Tai roncó un poco y se volvió a acomodar en el sillón, algo que nos hizo reír.
-No compren guerras ajenas –me volví a dirigir a mis colegas-, hubo malos entendidos entre nosotros.
James apretó los puños y los dientes y Rebeca me miró con dolor, pero ella asintió.
-Si así lo deseas, te lo prometo –ella tomó mis manos y me sonrió-. Todo por nuestro mejor amigo, ¿verdad, James?
Daniels masculló algo, pero asintió de mala gana.
-Igual le daré una patada en el trasero al hijo de puta.
-¡James! –Rebeca le dio un manotazo en el estómago, sofocándolo.
-¡Está bien! –dijo él- Pero no evitará mis miradas asesinas.
Rebeca se llevó la mano izquierda a la cabeza y negó, parecía que James no había entendido mi petición.
-No los culpes –me dijo Mimi-, aún cuando hayamos tenido problemas porque te quité a Sora, te considero mi amigo.
-¿No debería de ser yo quien dijera esas palabras? "¿Sabes qué, Mimi? A pesar de todo lo que ha pasado y de que te hayas llevado a Sora de mi lado, te considero mi amiga". No sé, algo por el estilo –le dije a Mimi con algo de sarcasmo; su forma de ser a veces era un poco extraña.
-Cierto, pero igual eres mi amigo y los entiendo –ella sonrió débilmente-. Sé que nunca les agradé porque era una niñita llorona y estaba acostumbrada a hacer lo que me diera en gana, pero siempre los consideré parte de mi familia, como los hermanos que nunca tuve. También entiendo la sobreprotección del señor Daniels y de la señorita Hamilton, puesto que somos amigos y los amigos se protegen. No les pidas que no hagan suyos tus problemas, va a ser imposible. Ellos saben que él te hizo daño y eso no va a cambiar.
Volteé a ver a Mimi y me pregunté cuándo había cambiado tanto. Siempre había pensado que era una mujer tonta y superficial, pero era todo lo contrario, incluso su trato era tan cálido como el de una madre.
-No te preocupes –Rebeca me sonrió-, él sólo venía a revisar una de las computadoras, así que después de encontrar la falla y arreglarla, se fue. De vez en cuando volverá, pero me encargaré de que Daniels no se quede a solas con él.
-Gracias –reí un poco.
-Iremos a visitarte todas las festividades de navidad, espéranos.
-Claro –dije yo, recibiendo un caluroso abrazo de mis amigos.
Miré mis recetas médicas, mientras Taichi jugaba un videojuego en su celular. Parecía ensimismado en el rompecabezas que trataba de resolver, por lo que reí un poco. Sora y Mimi se habían despedido de nosotros hacía una media hora, puesto que debían abordar su avión. Mi padre platicaba con James y Rebeca en los asientos de la sala de espera del aeropuerto.
-¿Te arrepientes de irte? –Taichi preguntó y yo negué con la cabeza.
-No, después de todo él volverá y no sé si vaya a soportar volver a verlo.
-¿Pero no te arrepientes de irte?
-No –cerré los ojos-. Me esforcé mucho por llegar aquí, pero no me arrepiento. Adopté la doble ciudadanía para convertirme en piloto aviador y así cumplir mi sueño de subirme a una nave espacial y ser uno de los seleccionados para volver a ir a la luna. No quería sólo ser uno de los ingenieros o astrofísicos que se quedan en la tierra para monitorear todo lo que pasa en la nave, quería vivirlo en carne propia. Mi vida ahora ya no se encuentra aquí, mis hijos me esperan, mi novio igual.
Él rio un poco.
-Escuchar la palabra "mi novio" proviniendo de tus labios es un poco irrisorio. Quizá si dijeras mi esposo sería más creíble.
Reí un poco y él se sonrojó, sacando una caja alargada de su abrigo y me la dio.
Yo la abrí, incrédulo al ver su interior.
-Un Rolex de platino –me maravillé al ver aquella pieza, puesto que era joyería muy cara-, se te verá muy bien…
Él soltó una risita, mostrándome el reloj Rolex de oro que llevaba en su muñeca.
-Recuerda que yo ya tengo uno.
Me sonrojé sobremanera, él… ¿él me estaba pidiendo…?
-¿Te casarías conmigo?
-¿No fue suficiente el escarmiento que te dieron en la Corte Suprema de Justicia? –dije, aunque realmente estaba conmovido por sus palabras.
-No seas estúpido, Yamato, digo, tengo siguiéndote los pasos desde que nos conocimos, ya dime que sí, carajo.
Cubrí mi rostro, me sentía sumamente abochornado.
-No vayas a decirme que lo hago sólo porque me siento culpable por no haberle roto la cara al superior Yagushi. Te amo desde hace mucho y perdoné muchas cosas de ti, así que ya no te hagas del rogar, yo sé que también me amas. ¿Quieres que me arrodille y te lo pida? –sonrió con malicia, lo iba a hacer si no lo detenía.
-¡No! –grité, llamando la atención de mi padre, de Rebeca y James- Deja de avergonzarme.
-¿Entonces te casas conmigo sí o sí?
Reí por la pregunta, ¿sí o sí?
-Ya déjame en paz, Yagami –reí un poco más, pero las lágrimas se habían agolpado en mis ojos. No podría describir la felicidad que me embargaba, nunca había sentido algo así en mi vida.
-Ya, ¿sí o sí? –él rio al hacer la pregunta nuevamente.
-Ya… -lo alejé de mí.
-¿Sí o sí, Yama? Ya deja de hacerte del rogar, yo sé que quieres.
-No es cierto.
-Lo sé, lo ansías, lo estabas esperando.
-No es verdad.
-Que sí.
-Ya…
-¿Sí o sí?
-Ya… sí, ¿contento?
-No, dime bien, "sí me caso contigo, Tai, porque te amo, porque eres genial, porque eres muy guapo y te quiero mucho… me haces feliz y eres muy bueno en la…"
Le di un manotazo en el estómago para callarlo. En ese momento me sentía una olla a punto de ebullición, sobre todo porque escuchaba las risas de mi padre y de mis amigos a nuestro lado.
-¿Ya ves lo que estás provocando? –dije, golpeando a Tai con la caja del Rolex.
-Es tan romántico –dijo Rebeca suspirando-, invítennos a la boda.
-¡Oye, no les traduzcas todo lo que decimos! –reñí a mi padre por ello, pero él sólo atinó a carcajearse.
-No es justo, yo quiero que Tai sea mi novio –James hizo un puchero.
Rodé los ojos.
-Ya supéralo, James, Taichi es mío.
-Que grosero y petulante eres –mi compañero hizo un mohín-. Y encima te pide matrimonio con un Rolex.
-Y es de platino –dije altaneramente y mi amigo entrecerró los ojos.
-La envidia me corroe por dentro –contestó él, cruzándose de brazos.
De pronto se escuchó nuestra salida por el altavoz.
-No olviden nuestra invitación a la boda, removeremos cielo, mar y tierra para estar ahí –dijo Rebeca.
-Lo haremos, gracias por todo, señorita Hamilton –Taichi se despidió de mi colega y ella le dio un abrazo y un beso en la mejilla.
-Cuídalo mucho, Taichi, es nuestro muy querido amigo.
-Lo haré –Tai sonrió al separarse de ella.
-Nos vemos, Taichi –James hizo un puchero, mientras se despedía de Tai con un apretón de mano y un suave abrazo.
-Hasta pronto, señor Ishida –Rebeca se despidió de mi padre.
-Hasta pronto, señorita Hamilton.
-Nos vemos en la boda, señor Ishida –James se despidió de mi padre con un apretón de manos-. Quedamos pendientes de que me enseñe a jugar shogi (ajedrez japonés).
-Claro.
Nos alejamos de ellos para tomar el andén de abordaje, me coloqué mi reloj en la muñeca y sonreí.
-¿No crees que me veo más guapo con éste Rolex? –pregunté, mientras adoptaba una forma pensativa, llevándome la mano izquierda hacia la barbilla, dejando entrever el reloj.
-Te verías más guapo sólo con el Rolex.
Parpadeé, sin comprender su comentario. ¿Sólo con el Rolex?
-Olvídalo, Yamato –él rodó los ojos-, cuando lleguemos a casa te lo explico.
Entrecerré los ojos, algo sonaba sospechoso en sus palabras.
Después sonreí, volvería a casa, con mi familia. Tomé del guante a Tai y él me miró, sorprendido por el gesto.
-Te amo.
Él sonrió y colocó su mano izquierda sobre mis manos.
-Yo también te amo, rubio idiota.
Solté una risita, nunca dejaría de ser un rubio idiota para Tai, pero estaba bien, podría cargar con ese adjetivo calificativo hacia mi persona toda la vida.
-¿Aún después de la muerte? –pregunté y él me miró, mientras sus ojos se volvían acuosos.
-Aún después de la muerte, Yamato.
Sellamos aquella promesa con una sonrisa y una mirada cargada de emociones, mientras mi padre disimuladamente fingía que no nos estaba escuchando.
Nota de la autora: Awwww… ¡es tan hermoso! XD No sé, todos esperamos que así de emotivo sea cuando nos pidan matrimonio y creo que yo a René lo lancé al otro lado del Estado por ello mientras me sentía una olla a punto de ebullición, pero en fin, así son las cosas.
¿Ya mero se termina ésta historia? Respuesta: Bueno, lo de si ya mero se termina la historia, no lo sé, aún hay cosas que he estado hilando en estos capítulos y que me gustaría concluir.
Eres la bruja del drama. Respuesta: Es cierto, sin drama no puedo vivir X3
¿Por qué subes todo de golpe? Respuesta: Porque seguramente me matarían si leyeran uno sólo de estos capítulos, así que mantengo mi vida a salvo. XD Es broma. Es porque no tengo tiempo de revisar los capítulos que escribo (que edito como veinte veces antes de subir, por cierto); además de que he tenido mucho trabajo últimamente y odio a todos en el tribunal (excepto a mi mamá, porque ella es la onda XD); y estoy en mi curso de titulación, porque me dio flojera hacer mi tesis sola (y de penal fiscal no sé nada :v); y tengo muchos proyectos en mi vida, pero no se preocupen, uno de ellos es terminar con mis historias… algún día.
Estoy divagando :v Gracias por su lectura n.n Nos vemos luego owo
