Capítulo 43
Bostecé, mientras mi secretario de acuerdos me comentaba un asunto muy especial que había llegado al Tribunal. Debido a las nuevas modalidades, si un juicio era de orden internacional, los Juzgados del Fuero Común no podían conocer del asunto y quien sería la autoridad competente serían los Tribunales Superiores.
Yo hice una mueca y él sonrió con condescendencia.
-Creo que la carpeta de investigación está bien integrada, además las pruebas son suficientes para iniciar el procedimiento, por eso señalé la audiencia para mañana –Sasaki me dio el expediente y yo lo tomé, para revisarlo.
-Corrupción, lavado de dinero, trata de personas, narcotráfico y daños a la salud, entre otros –dije como si nada y él entrecerró los ojos.
-¿No cree que parece que esto es el pan de cada día en éste Tribunal? ¿Podría fingir un poco de sorpresa?
-No te molestes, pero no gano nada con hacer mío el asunto, sólo debo verlo como un trámite –bostecé nuevamente mientras abría el expediente para hojearlo-. Además estoy cansado, es tarde y no he comido, ese cumplimiento nos dejó exhaustos a jurídico, estudio y cuenta y a mí.
Yuuichi Sasaki, mi secretario de acuerdos, un hombre diez años mayor que yo, de mirada ambarina, cabello castaño claro y piel blanca, me miró desde el otro lado de mi escritorio, como si no creyera en lo que acababa de escuchar.
-Es muy difícil de sorprender, Magistrado –me dijo con enfado y yo sonreí con condescendencia.
-Claro que no –negué con la cabeza, mientras sorbía un poco de té de la humeante taza que Kitasawa había dejado en mi escritorio minutos antes-, pero la verdad el sólo pensar a lo que nos vamos a enfrentar hace que me duela la cabeza. Estamos hablando de un corporativo del gobierno, una persona moral de renombre en el país.
Sasaki asintió, mirándome con un atisbo de sonrisa.
-Qué triste que nosotros, los seres humanos, seamos criaturas capaces de hacernos tanto daño los unos a los otros –él dijo y yo asentí.
-Nos aprovechamos del sufrimiento ajeno, del trabajo de otros, de los esfuerzos de nuestro prójimo.
Cerré el expediente y terminé la taza de té, mientras Sasaki se levantaba de su lugar, despidiéndose de mí.
-Las dos primeras audiencias son de trámite, así que no se preocupe por ir a la sala; le avisaré si alguno de los fiscales quiere ponerse altanero, pero lo dudo.
-Gracias –asentí y él se retiró.
Troné mi cuello, tenía mucho estrés sobre mí. Tomé entonces mi maletín y mi caja de comida, mientras abría la puerta de mi despacho. Me despedí de todos los que estaban saliendo, incluidos Sasaki y Kitasawa.
-Gracias por todo su esfuerzo –agradecí el día de trabajo de mis colaboradores y después caminé a las escaleras para bajar, dado que no cabríamos todos en el elevador y el caminar era algo bueno para mi corazón.
Bajé entonces las escaleras, mientras pensaba lo cansado que me sentía. Después de haber regresado de Estados Unidos no podía evitar sentirme como una basura y eso comenzaba a mermar mis fuerzas. El encuentro con Yagushi había abierto en Yamato las heridas que con el tiempo habían sanado, y yo no había sido capaz de molerlo a golpes, no había podido encararlo y hacerle pagar por lo que había hecho.
Afortunadamente, Yamato se había restablecido al volver, pero a veces en las noches tenía pesadillas. Aún así, algo que lo salvó de la depresión fue que a los días de haber regresado de América, uno de sus profesores de la universidad le preguntó si quería impartir clases de matemáticas en la facultad de Ingeniería de la Universidad de Tokio y él respondió que sí. Aquello había servido para que se mantuviera ocupado y no pensara demasiado en lo que había sucedido aquella noche cuando se encontró nuevamente con el superior Yagushi.
Llegué a la casa cerca de las once de la noche y lo primero que me recibió fue un agradable aroma a comida. Me acerqué a la cocina y encontré un plato con comida, por lo que lo calenté en el microondas y me dispuse a comer, hasta que escuché los suaves pasos de alguien bajar las escaleras.
Una cabellera rubia se asomó y después el rostro de Yamato me miró fijamente.
-Tai, ya llegaste.
Su voz sonó en un tono bajo, como si estuviera susurrando aquello.
-Sí, buenas noches, Yama, ¿dónde están los chicos?
-Taichi dijo que iba a llegar más tarde, porque está en la morgue en una clase y Natsu dijo que iba a quedarse en la casa de una amiga para terminar una tesina.
Sonreí y él me abrazó por la espalda, haciéndome sonreír con suavidad, después acaricié sus brazos, para hacerle saber que todo estaba bien.
-¿Ya te diste un baño? –pregunté y él negó con la cabeza.
-Puse la bañera, Kitasawa me dijo que venías en camino.
-Oh, llamaste al Tribunal –sonreí y él asintió, besando mi nuca y después lamiéndola.
Mi cuerpo tembló, ¿qué le pasaba? Iba a continuar con mis alimentos, pero cuando succionó el lado derecho de mi cuello, justo debajo de mi oreja, mi sexo despertó inmediatamente.
-No he comido en todo el…
Yamato me impidió seguir protestando, porque me besó con brusquedad en los labios, enredando con desesperación su lengua con la mía. Pero mi sorpresa no terminó ahí, él desabotonó mi saco y después mi camisa, junto con el cinturón de mi pantalón, para poder jalarla hacia arriba y acariciar mi abdomen y mis tetillas. Cuando vi sus intenciones de desabotonar mi pantalón y abrir la bragueta, me incorporé inmediatamente, quedando frente a frente.
-¿Qué te pasa? El que los chicos no estén aquí no significa que no puedan llegar en cualquier momento.
Él hizo un mohín.
-Lo siento, San Taichi –la sonrisa de burla que utilizó me hizo enfadar, aunque la verdad me estaba divirtiendo su actitud.
-¿Cómo que San Taichi? –me crucé de brazos y Yamato se sentó a mi lado en la barra de la cocina, para robarme un poco de comida.
-Sí, te escuchas como un santurrón.
Negué con la cabeza, continuando con mis alimentos, e ignorando sus palabras.
-¿Cómo te fue en el trabajo? –me preguntó y yo voltee a verlo.
-Pues… bien, supongo.
Quizá mis palabras sonaron extrañas, por lo que él volteó a verme, como si estuviera preocupado.
-¿Sucedió algo? –parpadeó.
-No, sólo un asunto delicado que llegó, pero es todo –traté de sonreír, aunque me fue imposible. Yama me miró aún más preocupado.
-¿De verdad estás bien?
Dejé escapar un suspiro. En el trabajo debía mantenerme con la cabeza fría, pero al salir no había podido dejar de pensar en todo lo que abarcaba ese asunto. Me dolía un poco el estómago, como si presagiara algo muy malo.
-No lo sabré hasta mañana –acaricié el cabello de Yama-. Ya que no están nuestros hijos, ¿qué te parece si lo hacemos?
Él se sonrojó levemente y después rio.
-¿Surtieron por fin efectos mis provocaciones? –después rio un poco- Ya decía yo que era imposible que no quisieras hacerlo con alguien tan sexy como yo.
Solté una carcajada sin poder evitarlo, estar con él me hacía muy feliz.
-Te amo –acaricié su mejilla izquierda y después lo atraje hacia mí para besarle con pasión.
Nuestras lenguas se enredaron con desesperación, mientras yo apresaba el cuerpo de Yamato más cerca del mío. Cuando nos separamos me di cuenta de la erección que se encontraba debajo del pantalón del pijama de Yama, sabía que últimamente mis besos le excitaban sobremanera.
-¿Un beso y ya estás así? –sonreí, mientras acariciaba su erección por encima de la ropa.
Él no dijo nada, tan sólo se levantó de la silla en la que se encontraba y me jaló hacia el cuarto de baño.
Cuando entramos cerró la puerta con estrépito y me acorraló contra ella, besándome con pasión, con hambre, con mucho deseo. Peleó por unos instantes con las mancuernillas de mi camisa, hasta que logró quitarlas de en medio y lanzó hacia algún lugar aquella prenda, acariciando después mi abdomen y mis tetillas. Después me miró a los ojos, se sentía avergonzado por su comportamiento y el estado de excitación en el que se encontraba su cuerpo.
-¿Qué sucede? –pregunté y él volteó a otro lado con las mejillas completamente rojas.
-Tu ropa es muy difícil de quitar.
Me esperaba cualquier cosa, menos una observación de ese tipo, así que no pude evitar reír.
-Sólo me queda el pantalón –reí y tú estás todo vestido aún.
-Sí, pero yo uso una pijama nada más, no montones de ropa como tú.
-Bien, entonces tú te desnudas y yo me desnudo también.
Él asintió a regañadientes, alejándose de mí para quitarse la ropa. Yo le miré con una sonrisa, pensando en lo afortunado que era al tener a esa persona tan amada a mi lado. Desde pequeños habíamos pasado por momentos difíciles juntos, habíamos peleado hasta el punto de odiarnos, aunque siempre había querido a Yamato, por su actitud arrogante, por la frialdad que parecía tener, pero siempre preocupado por los demás. Él era mi fuerza, él era mi todo.
-Me voy a volver viejo si sigo esperándote.
La voz de Yama me trajo de vuelta a la realidad, por lo que sonreí con condescendencia, continuando con mi labor de desnudarme.
Ambos habíamos tomado una ducha rápida y después nos metimos a la tina, por supuesto que yo con el ventajoso de Yama encima, ya que se había colocado de espaldas a mí y se apoyaba sobre mi pecho.
-¿Por qué decidiste estudiar derecho, Tai? –preguntó de pronto Yamato, sorprendiéndome por la interrogante.
-Pues porque pensaba que así podía proteger a los demás –sonreí, acariciando y besando su hombro izquierdo.
-Siempre te preocupas por los demás, hasta el grado que te olvidas de ti.
-No me olvido de mí –sonreí por su comentario-, verás, si las personas que amo y aprecio están bien, yo me siento bien. Quizá es un poco egoísta mi forma de pensar.
Yama se recargó completamente en mí.
-¿Y tú por qué decidiste estudiar ingeniería?
-Porque es más fácil lidiar con máquinas que con humanos –su respuesta fue tan franca que me hizo reír-. No es que me sea difícil relacionarme, ya no.
-Lo sé, cambiaste mucho después de que fuimos al Digimundo.
-Y de todos modos no entiendo tu carrera, porque dependiendo del criterio de cada juzgador, es como se aplica la ley; en cambio, la ingeniería está más basada en las ciencias exactas.
-Ay, sí, mi carrera se basa en ciencias exactas y la tuya en ciencias del hombre que son inexactas… bla, bla, bla… -dije en son de burla, molestando a Yama.
-Que grosero eres, Yagami –él negó con la cabeza.
Reí un poco, acariciando la erección que él tenía. Arqueó su espalda y gimió suavemente, relamiéndose los labios.
-Cuando te lo propones eres muy sensual –susurré en su oreja derecha, haciéndolo sonrojar sobremanera.
-Cállate, bastardo –masculló molesto, algo que me hizo reír un poco; sin embargo, movía sus caderas contra mi propia erección, como para tratar de incitarme.
-Piensas que no puedo hacerte nada, ¿verdad, Ishida? –sonreí y metí mis dedos en la hendidura de sus nalgas, sorprendiéndole, pero realmente se encontraba bastante excitado, sobre todo cuando acaricié aquel punto por el cual quería entrar a su cuerpo.
-Tai…
-¿Mmm…? –pregunté, aunque era obvio que quería que nos fuéramos directo a la habitación.
-No seas así conmigo…
Sonreí y lo ayudé a levantarse, después me senté en una orilla de la tina y abrí el desagüe.
-Me adelantaré.
Dijo él, saliendo de la tina y después tomó su ropa, para marcharse. Me pregunté entonces, mientras él se marchaba, si el haberse agachado para recoger la ropa justo frente a mí lo había hecho apropósito para provocarme.
Cuando llegué a la habitación, él estaba acostado boca abajo en la cama, mientras miraba su celular. Fue por ello que aproveché para acercarme a él, abrir sus nalgas y lamer aquel punto por el que me quería unir a su cuerpo.
Él soltó un gemido, yo sabía lo mucho que lo excitaba el que hiciera aquello.
-N…no, ¿qué haces? –protestó, pero no hizo el menor atisbo de querer detenerme.
-Nada, continúa con lo que estabas haciendo –dije aún en aquel punto, por lo que las vibraciones de mi voz ocasionaron que sus piernas temblaran.
Podía escuchar sus gemidos en la habitación, mientras mi lengua se adentraba en aquel pasaje caliente. Abrí el tubo de lubricante que traía en la mano izquierda, y vertí un poco de aquel líquido viscoso en su esfínter, para poder meter mi dedo medio de la mano derecha. Él dio un respingo, pero no fue de dolor.
-¿Te duele? –lo pregunté sólo para molestarlo, porque sabía que eso lo avergonzaba.
Él no respondió, pero sus orejas se veían rojas.
Cuando se acostumbró metí otro de mis dedos con cuidado, y él levantó el trasero para mover sus caderas y así poder sentir más profundos mis dedos; fue por eso que aproveché para meter un tercer dedo y él dio otro respingo de molestia, pero no de dolor.
-Tai… -ese tono de voz tan delicioso sólo podía indicar una cosa, me quería dentro, así que sonreí victorioso.
-¿Si? –pregunté, aún cuando fuera muy obvio para mí lo que Yamato sentía.
Se sonrojó aún más, si se podía, pero no dijo nada, así que saqué mis dedos de su interior y eché lubricante sobre mi sexo, acariciando mi extensión para acercarla a él y pasearla alrededor de su trasero.
-¿Lo quieres? Es que no quiero lastimarte, quiero estar seguro de que tú…
-¡Maldita sea, Yagami! –Yamato se dio medio vuelta y me lanzó a la cama, sentándose a horcajadas sobre mí y deteniendo mis manos de acariciarle- ¡Te encanta molestarme!
Fingí sorpresa, pero no podía mentirle.
-No sabía que te gustaba el sexo rudo, ¿qué harás mañana? ¿Amordazarme? ¿Pegarme porque he sido un niño malo? Si usas vestimenta de dominatrix quizá deje que me pegues.
Yamato no pudo evitar soltar una carcajada al escuchar mis palabras.
-Al héroe del Digimundo le gusta que le pegue una dominatrix.
-No, yo dije que si eras tú me dejaba pegar si estabas vestido de dominatrix.
Yamato volvió a carcajearse y me miró, besando después mi frente.
-Eres un maldito enfermo, Tai.
Seguía riendo, así que acaricié su rostro y le miré. Era la persona más maravillosa sobre la tierra, la persona más hermosa, mi persona amada.
-Te amo, rubio idiota. ¿Qué puedo hacer conmigo? ¿Por qué estoy tan enamorado de ti? Si me sacaran el corazón, aún así te seguiría amando.
-Estúpido –Yama rio un poco, acariciando mis tetillas.
-¿Me amas?
-Si no te amara no permitiría que me tocaras de ésta manera.
Sonreí, acariciando su trasero y haciéndolo enrojecer. Moví mi mano derecha para abrir el cajón de mi buró, pero al meter la mano en ése no encontré lo que estaba buscando.
-¿Qué hiciste con mis condones? –dije con una sonrisa de molestia-. Los condones no se dan en los árboles, ¿sabes?
-Los doné.
-¿Es en serio? –entrecerré los ojos- A veces eres demasiado caprichoso.
-Pero así me quieres –sonrió triunfante y yo sólo pude dejar escapar un suspiro.
-¿Por qué querré casarme con un gatito tan malcriado? –acaricié su brazo izquierdo.
-Porque éste gatito te hace feliz –lamió mi nariz y yo reí un poco.
-Me haría más feliz si no sólo lamiera mi nariz.
Él se sonrojó y cuando intentó hacerse hacia atrás, mi sexo topó contra su trasero.
-Estás muy duro –dijo, acariciando mi longitud.
-Claro, una persona sumamente sexy está desnuda sobre mi abdomen, cualquiera estaría duro.
Invertí los papeles cuando di vuelta a nuestros cuerpos y quedé sobre él. Se tensó de inmediato y comenzó a temblar. Cerró sus ojos con fuerza y yo le acaricié, instándolo a mirarme a los ojos.
-Soy yo, no debes de temer.
Él abrió los ojos y me miró, asintiendo inmediatamente después.
-Sólo voy a meterlo y después damos otra vuelta por la cama, ¿te parece?
Él volvió a asentir, enterrando su cabeza en mi hombro y abrazándome con fuerza.
Acerqué mi sexo a su trasero, pero no dejaba de temblar, así que volví a dar vuelta a nuestros cuerpos y él quedó sobre mí nuevamente.
-¿Te ayudo a meterlo? –pregunté y él se sonrojó sobremanera.
-Yo puedo… -dejó escapar un suspiro y acercó mi sexo a su entrada, mientras éste resbalaba y él se frustraba.
Acaricié sus brazos y le sonreí con comprensión.
-Esto es más difícil de lo que parece en el porno.
Solté una carcajada al escucharle decir aquello. Él también rio, quizá como un acto reflejo, debido a que se encontraba muy nervioso.
-Odio esto de mí… -dijo con frustración-… ¿por qué no puedo controlar mis movimientos, por qué no…?
Me molesté por sus palabras; aclaro que no con él, sino con esos malnacidos que lo habían hecho sufrir. Quería alejarlos de sus pensamientos, quería que los olvidara y pudiera avanzar sin cargar con todo ese dolor.
-Discúlpame…
Sus palabras sonaron como en un susurro, pero alcancé a escucharlo.
-Si me dieran un yen por cada vez que me pides disculpas en momentos así… -me quedé pensando-… tendría muy poco, ¿qué te está pasando, Yamato? Deberíamos de hacerlo diario.
Él rio por el comentario, relajándose por fin.
-Por si no lo recuerdas, nuestros hijos viven con nosotros.
Asentí y acaricié su rostro.
-Soy muy afortunado, el escucharte decir que nuestros hijos viven con nosotros, y el que tú estés aquí conmigo. A veces me pregunto si estaré soñando, si cuando despierte me daré cuenta de que te fuiste, o de que nunca volviste a mi vida.
-¿Por qué demonios siempre tienes que ser tan emotivo?
-Porque te amo, Yamato tontito, grábatelo en la cabeza.
Él dejó escapar un suspiro y después se recostó sobre mi pecho.
-También te amo…
Lo abracé con fuerza, besando sus cabellos; después levantó su rostro y me dio un apasionado beso en los labios que lo hizo excitarse sobre manera.
-Te vuelves muy sensible cuando te beso –acaricié sus labios y él cerró los ojos-. ¿Te gusta tanto?
Él no respondió, sólo llevó mi miembro a su entrada, ejerciendo presión, hasta que sentí cómo había logrado entrar en aquel pasaje tibio. Su cuerpo tembló y pude sentir las contracciones y el calor de su interior, mientras derramaba su semen sobre mi abdomen.
-Lo… lo siento… -dijo, totalmente abochornado-… yo… -dio un respingo cuando toda mi longitud se encontró dentro de su interior-… No quería terminar tan rápido…
Acaricié su rostro y él me huyó la mirada.
-¿Ya te está dando sueño? ¿Tan pronto? –pregunté para molestarle y él me dio un golpe en el hombro, sonrojándose por completo.
-¡No tengo sueño, idiota!
-Yo quería pasarme toda la noche… -hice un puchero, pero él no me dejó terminar de decir aquello.
-Que no se puede, que Taichi llegará en cualquier momento.
-Hieres mis bonitos sentimientos –hice otro puchero.
-Y tú eres un pervertido de primera.
Hizo el atisbo de querer cruzarse de brazos, pero yo empujé mi miembro dentro de su cuerpo, obligándolo a gemir y a sostenerse sobre mí.
-Tai… -gruñó, molesto por el movimiento.
-¿Te duele? –se sonrojó aún más, si se podía, cuando yo pregunté aquello- Todavía estás un poco erecto.
Lo empujé y giré nuestros cuerpos, para situarme sobre él. Yamato se tensó de inmediato, algo que pude sentir cuando su interior se contrajo, presionándome con fuerza. Acaricié su rostro, esperando que con ello se relajara lo suficiente para que pudiera moverme.
Tenía los ojos fuertemente cerrados, e intentaba alejarme de él inconscientemente. Acaricié su cabello y le di un suave beso en la frente, ocasionando que abriera lentamente los ojos.
-Mírame… -le dije, pero no hizo caso a mis palabras -… soy yo, Yamato.
Acaricié entonces su sexo y él gimió, pero continuaba intentando alejarme de su cuerpo.
-¿Te duele? –pregunté y él negó con la cabeza- ¿Quieres que continúe?
Él dudó un poco, pero asintió después.
Seguí acariciándole, hasta que sentí que se relajaba por completo y comencé a moverme en su interior.
-Tai… -gimió, ocasionando que mi sexo palpitara por la excitación que yo también sentía-… ¡Oye, no te muevas así!
-Es porque eres muy sexy.
Él me empujó, pero no fue para alejarme, sino porque se molestó al sentirse tan expuesto frente a mí. Sonreí con malicia y besé sus labios, gesto que fue rápidamente correspondido.
Yamato se había relajado por completo, por lo que era más fácil para mí moverme en su interior. Quizá fue por estar tan sumergido en el placer que ambos sentíamos, en los besos y las caricias, en su aliento, en su tibio interior, en su suave piel, que cuando alcanzó nuevamente el orgasmo, terminé en su interior al sentir la presión y los espasmos que rodearon mi miembro.
-Lo siento, no quería… -dije, saliendo con cuidado de su cuerpo.
Él se movió inquieto y después tomó un poco de su propio semen, el cual había manchado su abdomen y me llenó el cabello con él.
-Ahora vas a tener qué acompañarme a bañar.
Sonrió y se levantó con algo de rapidez, abriendo la puerta de la habitación, para correr al cuarto de baño.
Rodé los ojos y después tomé ropa limpia, para vestirnos justo al salir del baño, ya que no sabía a qué hora llegaría Taichi.
Bostecé con fuerza mientras tostaba pan para comer con un poco de mantequilla de maní y mermelada de fresa. Taichi bostezó al igual que yo, mientras bajaba con pesar las escaleras.
-Dormí dos horas, ¿crees que desaparezca en algún momento?
Reí un poco por sus palabras.
-No seas exagerado.
Quizá me quedé demasiado callado, por lo que, cuando sonó la tetera, ambos dimos un pequeño salto y sonreímos con condescendencia.
-¿Sucede algo? –preguntó él y yo me quedé pensativo- ¿Papá?
-No, no sucede nada, sólo tengo un poco de sueño –se escucharon los pesados pasos de Yama, quien tenía un terrible rostro.
-¿Muchos exámenes por calificar? –preguntó mi hijo, sorprendiendo a Yamato, quien negó con la cabeza en seguida.
-Bue…buenos días… -se estiró y después se talló los ojos-… estoy muy cansado.
Había susurrado aquello, haciéndome sonrojar levemente, gesto que no pasó desapercibido por mi hijo, quien volteó a otro lugar, como si estuviera intuyendo lo que había sucedido mientras no estuvo en la casa.
-Mamá… -Taichi carraspeó un poco, como para evadir la atmósfera entre nosotros-… mis amigos están enamorados de ti y de tu comida, así que me preguntaba si podía invitarlos a comer uno de estos días.
Yama hizo un poco de silencio y después dio un profundo bostezo.
-Si a tu padre no le molesta.
-No importa, de todos modos no he podido llegar a comer, sólo a cenar –sonreí con condescendencia.
-Qué lástima, mis compañeros matarían por conocerte –me dijo Taichi, mientras sonreía con condescendencia-, aunque mis compañeras suspiran por mi mamá cada vez que lo ven.
-Es que soy muy guapo –dijo Yama, haciendo sonreír a mi hijo.
-De hecho escuché que eres uno de los maestros más guapos de todos los campus de la Universidad de Tokio –aquello lo dijo con ganas de sacarme celos, era muy obvio-. Dicen que hasta las maestras suspiran por ti, sobre todo porque saben que eres soltero.
Parecerá irrisorio, pero la palabra "soltero" la escuché en cámara lenta.
-Estoy comprometido con tu padre –Yama le mostró el reloj que llevaba en la mano izquierda y mi hijo sonrió de oreja a oreja.
-¿Comprometido? ¿Por qué no me lo habían dicho? No puede ser… ¡Mi mamá va a ser parte de nuestra familia! ¡Por fin voy a poder mirar feo a todos los que se acercan a ti para flirtear, diciéndoles que eres mi mamá!
Mi hijo abrazó a Yamato y de pronto pude distinguir que Taichi era ligeramente más alto que aquel rubio idiota al que abrazaba. El tiempo había pasado muy rápido sin que me diera cuenta.
-De hecho ya lo haces, pequeño Taichi –Yama sonrió, algo divertido con las palabras de mi hijo.
-Pero ahora será oficial.
-Sólo no me digas mamá, ¿quieres? Ya suficiente tengo con el acoso que sufro después de haber dicho que estoy comprometido con tu padre.
Di un mordisco a mi pan y le di un sorbo a mi licuado de avena, mientras escuchaba atentamente la plática que sostenían esos dos.
-Lo lamento, trataré de contenerme. No lo hago apropósito.
-Por cierto, si puedes evitar irme a ver. Te agradezco que me hayas llevado mi caja de almuerzo, pero mis alumnas no paraban de preguntarme quién eras. Si saben que eres el hijo de Taichi se pondrán como locas. El hecho de que tu padre –la última palabra la dijo con molestia, para que le prestara atención- haya mantenido tan en secreto su identidad, hace que todos quieran saber cómo es.
Volví a darle un mordisco a mi pan y después volví a tomar de mi avena, ignorando olímpicamente la mirada de Yamato clavada a uno de mis costados.
-Ya sé… por eso digo que mis compañeros matarían por saber cómo es. Ya les dije que yo me parezco a él, excepto por el color de mis ojos, que es igual al de mi mamá Nana –señaló sus ojos-, pero no ha sido suficiente, mis compañeras dicen que quieren verlo, sobre todo porque a raíz del problema que hubo con mi papá cuando se supo la relación que tiene contigo, borraron su fotografía del portal de información del poder judicial. Aunque supe que un chico de América dijo que tenía una fotografía autografiada digitalmente por mi papá.
-Sí la tiene –los interrumpí-, se la obsequié al psiquiatra de Yamato cuando fui por él.
Ambos abrieron los labios.
-Pues de todos modos el niño no quiere mostrar la fotografía, porque dice que es un tesoro para él –mi hijo rio un poco.
-Si supieran que roncas por las noches no te alabarían tanto –Yama rio al decir aquello-; o que comes bastante y que reniegas por el calor.
-Nadie dijo que fuera perfecto –entrecerré los ojos-, además Agumon es igual a mí.
-¿Crees que Agumon y yo podamos ser amigos? –preguntó mi hijo y yo sonreí, revolviendo su cabello.
-Claro que sí, te querrá bastante, igual que yo.
Miré mi reloj y después me levanté de mi asiento, para ir a lavar mis trastes, y así tener tiempo de salir junto con ellos a tomar el tren.
Eran las doce del día y sentía que de un momento a otro caería dormido sobre el expediente que estaba tratando de estudiar. No entendía las prestaciones que reclamaba la parte actora y ni qué decir de las excepciones que opuso la parte contraria.
Tan "concentrado" estaba en no caer dormido, que cuando Kitasawa puso más expedientes sobre mi escritorio, se asusté sobremanera.
-¿No durmió bien, Magistrado?
La volteé a ver y después bostecé.
-Dame un café.
Ella entrecerró los ojos y después negó con la cabeza. En seguida abrió las cortinas de mi oficina y después la ventana.
-Si respira aire fresco estará despierto para la audiencia de la una.
Dejé escapar un suspiro, no deseaba ir a esa audiencia, era demasiado complicada y yo tenía tanto sueño. Al parecer, Kitasawa se dio cuenta de mis pensamientos, por lo que entrecerró los ojos y me levantó de mi asiento.
-Vaya a dar una vuelta. Si quiere salga a hacerse usted su café, para que se despeje, porque si se queda encerrado en la oficina terminará dormido sobre un expediente.
Comencé a caminar a regañadientes y salí de mi oficina, dirigiéndome a la zona de descanso, para hacerme un café. Sin embargo, mientras luchaba contra todas mis fuerzas por no dormirme, una voz que me resultó muy familiar atrajo mi atención.
-Si así de guapos fueran todos los abogados, me vuelvo fiscal.
Volteé a mi derecha, encontrándome con un hombre sumamente apuesto, de piel clara, de ojos verdes y cabellos castaños. Tuve qué parpadear varias veces, porque de verdad era muy guapo.
-¿No me reconoces, superior Yagami? –dijo él, sonriéndome.
-Iori, lo siento, estoy un poco dormido.
-Ja, ja, ja, ja, ja… -él rio un poco y peinó un poco su cabello-… sí, ya me di cuenta. Le voy a decir al superior Ishida que aceptas los flirteos de cualquier hombre.
Reí un poco por la "amenaza". En ese instante me sentí un poco más relajado.
-¿Gusta un café, fiscal Hida? –dije con mucha formalidad.
-Se lo agradezco, Magistrado Yagami.
Él tomó enseguida un vaso y comenzó a prepararse un café, mientras miraba su reloj.
-Ken hizo un gran trabajo al descubrir aquella red de trata de personas y corrupción, sobre todo porque algunos de nuestros políticos estaban inmiscuidos, aunque eso seguramente le traerá problemas. Escuché que lo amenazaron de muerte, pero al final sacó todo eso a la luz; no obstante, su investigación se vio interrumpida abruptamente cuando amenazaron a Miyako.
Elevé el rostro, no sabía aquello.
-¿Miyako está bien? ¿Y los hijos de Ken? –parpadeé y él asintió.
-Bueno, escuché que ellos están bien, pero en estos momentos están siendo custodiados por la policía, el asunto se volvió muy delicado respecto a su seguridad. Miyako fue interceptada en un supermercado y amenazada; la dejaron mal herida en uno de los costados de la bahía.
-¿Qué? –apreté los puños de inmediato.
-Creo que si no tenemos cuidado seremos los próximos en su ataque. Miyako está asustada y no quiere salir de su casa, al parecer no fue sólo una advertencia la que recibió. De todos modos sólo la golpearon un poco para hacerle ver a Ken que no era broma. El asunto es muy grave, ni tú ni yo estamos exentos de cualquier represalia. Es un asunto sumamente delicado. La verdad tengo un poco de miedo, no me gustaría que le pasara nada a mi esposa ni a mi hija.
Mi corazón se contrajo. Seguramente por eso tenía aquel mal presentimiento desde el día anterior. Si algo así le pasara a Yamato no estaba seguro si se sobrepondría tan fácilmente como había hecho. ¿Y si al final terminaban lastimándolo de la misma manera?
Abrí los labios, pero cuando iba a decir algo, Kitasawa llegó a interrumpirnos, asustándome por segunda vez en el día.
-Magistrado, Aino me acaba de informar que el amparo directo del expediente 856/2029 fue negado; sin embargo, por el tipo de asunto, acaban de presentar la demanda ante la Corte Suprema. No se dan por vencidos, y eso que la sentencia está muy bien fundada y motivad… -se quedó con la palabra en la boca al ver a Iori, algo que me hizo rodar los ojos-… Buenas tardes… -dijo ella con una sonrisa coqueta.
-Buenas tardes, señorita –Iori saludó con amabilidad.
-Está casado y tiene una hija –aquello lo dirigí hacia Kitasawa, haciendo sonreír con condescendencia a Iori.
-Estaba siendo amable –dijo ella, mientras se podía distinguir que estaba haciendo un puchero.
-Sí, bueno… -negué con la cabeza y después me despedí de Iori-. Hasta luego, fiscal Hida.
-Hasta luego, Magistrado.
Le di un sorbo a mi café y Kitasawa me pasó mi libreta de apuntes de los expedientes pendientes de resolución, en donde se encontraba la información que necesitaba para la audiencia que estaba próxima a empezar.
-Ya casi es hora, vaya adelantándose. Mientras tanto revisaré las sentencias de trámite y en su caso les devolveré las correcciones a los secretarios de estudio y cuenta, si encuentro algo extraño se lo haré saber.
-Eres un amor, Kitasawa –hice el atisbo de querer besarla y ella rio un poco, alejándome.
-Lo sé, compórtese.
En ese momento Sasaki, mi secretario de acuerdos, salió de su despacho, por lo que nos tiró a locos.
-Esa es la razón por la que en todos los juzgados y tribunales piensan que el Magistrado Yagami sale con la señorita Kitasawa.
-Sólo somos buenos amigos –dije, siendo secundado por ella.
Él negó con la cabeza y comenzó a caminar; Kitasawa se dirigió a su lugar y yo abrí mi libreta de apuntes, mientras iba detrás de Sasaki.
-Olvidé mi código de procedimientos y la ley de amparo, ahora regreso.
Él se dio media vuelta de pronto y yo continúe mi camino. Llegué a la sala de audiencias; no obstante, no pude evitar mirar a una persona que se encontraba sentada en las sillas de espera. Era un sujeto muy, demasiado atractivo, como para pasarlo desapercibido. Su cabello era rubio cenizo y sus ojos eran dorados, muy parecidos a los de mi hijo; su piel era blanca y tenía mucha personalidad, mucha clase. Llegué a pensar que era un fiscal, aunque el costoso traje que vestía me hacía dudar de aquello. Iori era muy guapo, pero aquel sujeto por mucho le dejaba atrás, debido a la hermosura de sus fracciones.
Quizá observé demasiado a que aquel chico, por lo que fijó su mirada en mí, ocasionando que me pusiera un tanto nervioso, debido a la frialdad reflejada en sus pupilas.
-Magistrado Yagami, faltan cinco minutos para que empiece –Sasaki me alcanzó de pronto, sobresaltándome y haciéndome voltear un momento hacia él-, ¿nos esperamos a la hora o mientras tanto reviso si ya llegaron las partes?
-¿Yagami? –preguntó aquel hermoso sujeto, sonriendo, pero de una manera tan extraña que me ocasionó un vacío en el estómago tremendo- ¿Así que usted es el Magistrado Taichi Yagami?
Dirigí nuevamente mi atención hacia ese sujeto, mientras mi corazón latía rápidamente dentro de mi pecho.
-Una persona tan recta e incorruptible como usted es perfecto para éste caso, o eso fue lo que escuché.
-Tsukasa… -una voz aún más fría que la de aquel sujeto sonó al final del pasillo, mientras un hombre sumamente atractivo, mayor que nosotros, de cabellos albinos y ojos dorados, ataviado en un traje igual de costoso que el que vestía aquel hombre rubio, y con un bastón en mano, se dirigía hacia la estancia en la cual nos encontrábamos-… ahórrate las palabras.
Pensé por unos momentos que podría ser su padre, debido a que se parecían bastante.
-Lo lamento, disculpe por favor la falta de modales de mi sobrino, Magistrado Yagami –aquel hombre me tendió la mano y tuve que saludarle, para no cometer una descortesía-, Masashi Hashimoto, mucho gusto.
Al escuchar el apellido Hashimoto causó que me diera un vuelco el corazón.
-Taichi Yagami –saludé a regañadientes.
Cuando solté la mano de aquel hombre, miré el reloj que se encontraba sobre el marco de la puerta que conducía a la sala de audiencias y después abrí la puerta de la sala.
-¿Se encuentra bien, Magistrado? –Sasaki sonó a mi lado y volteé a verle.
-Sí… -contesté su pregunta, aunque ya comenzaba a punzarme el cuello y las sienes.
-¿Se tomó su medicamento?
-Sí.
-¿Así que escuchar mi apellido le pone tan mal? –preguntó cerca de mí aquel sujeto rubio y yo volteé a verlo.
Recordé entonces las palabras del superior Yagushi, haciéndome sentir como si un rayo hubiese atravesado mi cuerpo de pronto.
"Nagano es malo por naturaleza, él disfruta haciendo daño, pero a Hashimoto lo hicieron así. Aunque Nagano se entretiene más jugando con la mente de las personas, Hashimoto disfruta más torturándolos físicamente. Realmente nunca entendí cuál de los dos controlaba al otro, porque Nagano felizmente hacía lo que Hashimoto le pedía, pero sólo cuando a él le convenía."
-Hay dos palabras que Ishida no tolera, que no puede escuchar, que lo vuelven un ser indefenso, ¿las quieres escuchar, Yagami?
Apreté los puños y frené mis intenciones de golpearle.
-¿Sigue llorando por las noches?
Por Dios que iba a golpearlo, sin embargo, me quedé con el puño levantado, puesto que alguien más lo golpeó y aquel sujeto cayó de sentón al suelo, mientras sangre corría por la comisura de sus labios.
-¡Cállate, maldito desgraciado!
Iori había sido quien había golpeado a Hashimoto. Sasaki en seguida lo detuvo de asestarle un nuevo golpe, mientras yo intentaba reponerme de la impresión.
-¿Eres amigo de Ishida? –Hashimoto preguntó, mientras se levantaba y sacudía su ropa- ¿O acaso se lo turnan?
-¡Suélteme, secretario Sasaki! –Iori estaba luchando contra mi secretario de acuerdos- ¡Voy a matar a éste desgraciado!
-Tsukasa, compórtate –Masashi Hashimoto, el tío de ese maldito desgraciado, negó con la cabeza.
-¿Por qué? –preguntó aquel sujeto, mientras sonreía con diversión- No estoy haciendo nada malo, sólo conversamos sobre la misma puta con la que Yagami y yo nos revolcamos.
Quería golpearlo, quería insultarlo, pero mi posición me detenía de hacerlo, y él lo sabía.
-¿O no, Yagami? –sonrió aún más cuando me miró a los ojos.
-¡Cállate, desgraciado! –Iori gritó cuando por fin se pudo zafar del agarre de Sasaki y agarró del cuello de la camisa a Hashimoto- ¡No tienes derecho de hablar así del superior Ishida cuando lo violaste! ¡Tú y tus malditos amigos!
Sasaki se detuvo, al parecer iba a detener a Iori, pero después volteó a verme con sorpresa al haber escuchado aquellas palabras.
-Me duelen tus palabras, fiscal Hida –Hashimoto dijo con falso dolor-, no cuenta como violación cuando lo disfrutó. Quizá si gritó al principio, pero al final gemía como una perra en celo.
En ésta ocasión fue Sasaki quien me detuvo a mí. Iori ya se había controlado un poco, aunque aún seguía arrugando el cuello de la camisa de ese sujeto.
-¿Y qué vas a hacer, Yagami? Con las reformas pueden hacer algo en mi contra, pero, dudo mucho que Ishida pueda siquiera pensar en enfrentarnos. Aunque será divertido, ¿por qué no lo intentan? Me gustaría volver a verle.
Iori quiso asestarle un nuevo golpe, pero lo detuve, aunque me fue difícil moverme, al tener que arrastrar conmigo a Sasaki; sin embargo, al intentar soltarse de mi agarre me dio un fuerte codazo en el rostro, ocasionando que se me reventara el labio y un fuerte dolor recorriera mi mejilla derecha.
-Déjalo, Iori, no vale la pena y lo sabes –hablé con algo de dificultad.
Iori lo soltó y después se dio la media vuelta, dándome en esa ocasión un puñetazo en el rostro, ésta vez en el lado derecho.
-¿Acaso vas a dejar todo de esa manera? –Iori rechinó los dientes-. ¡Eres un imbécil, Taichi!
Apreté los puños y miré con sorpresa a mi amigo. Realmente me sentía impotente, porque quería explicarle a Iori que al ser la autoridad en ese lugar, debía mantenerme templado, pero por dentro quería agarrar a golpes a ese tipo.
-Fiscal Hida, por favor respete el recinto y la investidura del Magistrado –Sasaki entrecerró los ojos y me soltó-. Debido a las circunstancias, resulta imposible abrir la audiencia –entonces me miró a los ojos mientras pronunciaba aquellas palabras-. Entremos a la sala, voy a dictar la excusa para el Magistrado Yagami y el Fiscal Hida.
Todos entramos a regañadientes a la sala, mientras Iori y yo le mandábamos miradas de odio a Hashimoto.
Nota de la autora: Muchas gracias a todos los que se han tomado el tiempo para dejarme un mensaje, de verdad lo valoro. Tardé un poco en actualizar porque después de mi titulación tuve mucho trabajo (les presumo que tuve mención honorífica en la presentación de mi trabajo de investigación y en mi examen profesional XD), pero ahora me han cambiado de área y no tengo tanta presión como antes, por lo que procuraré actualizar lo más pronto posible, además de que los siguientes dos capítulos ya están bastante avanzados.
En estos días me estaba preguntando por qué siempre tengo que hacer las historias tan largas y tan enredadas, pero supongo que no se puede evitar. Gracias por su lectura. Nos estamos leyendo nwn
