Capítulo 44

Estaba almorzando en mi cubículo, cuando tocaron a la puerta. A regañadientes di el paso, por lo que segundos después abrieron la puerta. Natsu se asomó, mientras iba acompañada de Taichi.

-Hola, papi.

-Hola, ma… -Taichi se detuvo y después sudó una gotita-… digo, pa…pa… ¿Señor Ishida? –preguntó, dudoso y después con ojos llorosos se abrazó a mí, algo que me hizo sonreír con condescendencia- No puedo, mamá…

-No te sobre esfuerces –sudé una gotita-. ¿Qué se les ofrece?

-Quería pedirte un súper favor –me dijo Natsu de pronto, juntando sus manos frente a su rostro, como para implorar algo-. Verás… estamos viendo los juicios orales en la vía civil y solté la sopa de que mi papá es Magistrado y mi profesor me pidió que lo invitara a que diera una conferencia. Le dije que iba a ser difícil, porque siempre está ocupado, pero me pidió, casi me imploró, que lo invitara. Mi profesor se va a infartar si le digo que no le pedí a mi papá Taichi que fuera a la facultad. Así que me pregunto si pudieras…

Entrecerré los ojos.

-Pídeselo tú –di una mordida a mi último onigiri (bollito de arroz) y le ofrecí a Taichi, el cual aún continuaba pegado de mí y ella se molestó.

-O sea, no te estoy pidiendo que tú se lo pidas por mí, sino que por favor me ayudes. Yo le diré, pero necesito que por favor lo hagas recapacitar para que acepte. Yo sé que si se enteran de su nombre, todos querrán asistir, pero va a ser un evento sólo para la facultad de Derecho, así que por favor, papi…

Dejé escapar un suspiro. Taichi se tomaba muy en serio el mantener alejada su vida privada de los medios, ya que mi hermano lo había hecho "famoso" y él odiaba tener toda esa atención sobre él.

-Voy a ver qué puedo hacer por ti –rodé los ojos.

-Gracias, papi –ella me sonrió y yo dejé escapar un suspiro.

-Pero no te aseguro nada.

-Sí, ya sé cómo se pone mi papá Taichi con eso, pero no tiene nada de malo que la gente lo admire, porque es tan genial –dijo con estrellas en los ojos.

Me molesté al escucharle decir eso, incluso Hiro pensaba que Taichi era genial y a mí no…

-Yo pienso que mamá es más genial –Tai sonrió, gesto que me contagió.

-Eso lo dices porque tienes completo de Edipo, o algo semejante –Natsu entrecerró los ojos.

-Y tú tienes un grave complejo de Elektra con mi papá –él se incorporó y después se cruzó de brazos.

Reí sin poder evitarlo, pero después me incorporé de mi lugar, ya casi era hora de regresar a mis clases.

-Te acompañamos a tu próxima clase –dijo Natsu-, tengo la siguiente hora libre porque fui la única que entregó completa la demanda que pidió el profesor Nomura.

-Yo tengo prácticas dentro de dos horas –Taichi dijo y yo sudé una gotita.

-No es necesario, puedo llegar solo –traté de sonreír, pero no quería que mis alumnos hicieran preguntas indiscretas cuando me vieran llegar con ellos dos.

-Sólo te vamos a llevar al aula, no nos quedaremos –Natsu se cruzó de brazos-. Ya di que te avergonzamos.

-No me avergüenzan –entrecerré los ojos, guardando mis cosas en el maletín que cargaba siempre y después me encaminé a la puerta-. Vengan pues, pero por favor, Taichi, no me digas "mamá".

-Sí, lo intentaré –aquel chico me sonrió.

Dejé escapar un suspiro y los tres nos dirigimos al aula donde tendría la siguiente clase.


Teníamos varios minutos en el aula cuando comenzaron a llegar mis alumnos. Las chicas no dudaron ni un segundo en coquetearle a Taichi, mientras Natsu las fulminaba con la mirada.

-Buenas tardes, profesor Ishida –dijeron varias de mis alumnas-, buenas tardes –sonrieron hacia Taichi, pero cuando éste iba a contestar, Natsu lo tomó del guante.

-Buenas tardes –Natsu contestó de mala gana-. Papi… -se dirigió hacia mí-… ya nos vamos. En la noche le preguntaré a mi papá si dará la conferencia. Ah, por cierto… -dijo ella-… Mimi me preguntó si las van a invitar a la boda.

Seguramente me pinté de mil colores al escuchar aquello, pero por el revoltijo que sentí en el estómago al escuchar aquello.

-¿Ya le preguntaste a Taichi?

Todos mis alumnos pusieron la vista sobre nosotros cuando pronuncié aquel nombre.

-No, ayer no llegué a casa por la tesina en la que trabajamos Aya y yo, así que ya no lo vi para preguntarle. Le dije a Mimi que yo no la quería ver, pero me pidió que les preguntara a ustedes.

Entrecerré los ojos, seguramente el idiota de Taichi querría invitarlas, pero se me hacía algo de mal gusto, porque Sora y yo…

-¿Y Sora qué te dijo? –rechiné los dientes al preguntarlo, así que Natsu sonrió con condescendencia.

-Pues dijo que estaría encantadísima de vernos, pero que era decisión de ustedes el invitarlas. Hiro dijo que él vendrá, esté invitado o no, pero sólo es porque quiere quitarme a mi papá.

Taichi rodó los ojos y después comenzó a moverse hacia la puerta, mientras Natsu lo seguía a regañadientes e iba despotricando contra su hermano.

-Nos vemos en la cena –se despidió Tai y yo asentí, mientras Natsu seguía quejándose de Hiro.

Cuando cerraron la puerta volteé hacia atrás y mis alumnos fijaron su mirada hacia otro lugar, disimulando que no se habían quedado escuchando nuestra conversación.

-¿Entonces sí es cierto que está comprometido con Taichi Yagami? –preguntó de pronto una de las siete alumnas que conformaban ese grupo, en el cual la mayoría eran chicos, y las demás soltaron un grito de felicidad.

-Profesor Ishida, ¿nos va a invitar a su boda? –preguntó uno de mis alumnos.

-¿Van a ir todos los niños elegidos? –preguntó otro.

-Yo quiero conocer a Koushirou Izumi –dijo otro allá, en el fondo del salón.

-¡Yo también! –gritó otro de mis alumnos, mientras levantaba una de sus manos- ¡Es un genio en programación!

Rodé los ojos.

-No puedo invitarlos a mi boda, pero si quieren le digo a Koushirou que si viene un día de estos.

Esos dos ovacionaron y los demás entrecerraron los ojos.

-¿Por qué no invita a su novio? –preguntó uno de mis alumnos y yo sudé una gotita.

-Porque es abogado, él no les podría enseñar nada de ingeniería y Koushirou sí.

-Es que no es justo –dijo otra de mis alumnas-, de todos ustedes hay fotografías en las redes y de él no hay nada. Yo quiero saber si es guapo.

Tamborilee molesto en mi escritorio y ella sonrió con condescendencia.

-Vas a poner celoso al profesor Ishida –la chica a su lado le dio un golpe en la cabeza.

Dejé escapar un suspiro y después reí un poco.

-Bueno, Taichi es igual a su padre, sólo que el color de sus ojos difiere.

Ella me miró con una gran interrogante pintada en su rostro.

-El chico que venía con mi hija, él es hijo de Taichi.

Aquella revelación causó un gran revuelo en el salón, algo que me sorprendió, ya que no pensé que llegaría a tal magnitud su asombro.

-¿Entonces así de lindo es él? –preguntaron todas al unísono.

La palabra "lindo" me hizo reír por dentro.

-Sí es atractivo –solté de pronto-, casi siempre viste de traje y usa lociones caras. Es muy ordenado, aunque cuando éramos niños era un desastre. Siempre está ocupado y llega tarde, porque es un obsesivo con el trabajo, pero procura tener tiempo para charlar con nosotros, aunque se esté quedando dormido en la mesa del comedor mientras lo hace.

Ellas suspiraron.

-Está muy enamorado de él, por eso no quiere que nadie lo conozca –dijo otra de mis alumnas.

-A mí no me importa que la gente sepa quién es –dije-, pero él se toma sus reservas al respecto. Le molesta la atención sobre su persona.

-Supongo que ha de ser incómodo que todos te miren o te detengan en la calle para pedirte un autógrafo o tomarse una fotografía.

Rodé los ojos.

-Lo más seguro es que los niños lo detendrían para ello –dejé escapar una risita.

-También hay muchos jóvenes a los que les gusta la historia de Digimon –mi alumna se cruzó de brazos-. Si usted lo trajera, seguramente todas las facultades se abarrotarían aquí.

Solté una risita de burla, pero después me aclaré la garganta.

-Bueno, ya fue suficiente con el cotilleo, hay que empezar con la clase.

Varios comenzaron a quejarse.

-Invítenos a su boda.

-Que no…

Gruñí, mientras me levantaba de mi asiento para continuar con la lección de ese día.


Eran las siete de la noche cuando llegué al departamento, así que me sorprendió encontrar unos zapatos de hombre en la entrada, junto a los de Taichi. Me quité el calzado y me dirigí al interior.

Caminé por unos segundos, hasta encontrar la puerta del balcón abierta y sorprendentemente el que acompañaba a Taichi era mi hermano.

-Takeru… -pronuncié su nombre con sorpresa, llamando su atención.

-Yama… -él trató de sonreír al verme, pero le fue imposible.

Nos quedamos en silencio, Taichi estaba mirando al horizonte y mantenía una bolsa de hielos sobre su mejilla izquierda; ni siquiera volteó a verme, como si no se hubiese dado cuenta de que yo me encontraba ahí, o como si intentara ignorar mi presencia.

-Voy a preparar la cena, ¿te quedas? –pregunté y mi hermano negó con la cabeza.

-Me encantaría probar tu deliciosa comida, pero no le he avisado a Hikari que estoy aquí y se preocupará… -se dirigió entonces a mi novio y él volteó a verle-… Taichi, no le des más vueltas al asunto, fue lo mejor. Ya no pienses en eso, ¿sí? Te hará daño. Cuídate, mi hermano se entristecerá si recaes.

Takeru volteó entonces hacia mí y me revolvió el cabello, aunque la sonrisa que adornaba sus labios se veía completamente fingida, después me dio un fuerte abrazo de pronto, sorprendiéndome sobremanera por aquel gesto.

-Te quiero, hermano –besó la coronilla de mi cabeza y se mantuvo así por varios segundos-. No lo olvides nunca, por favor. Recuerda que tú eres muy importante para mí –me soltó y entonces juntó su frente con la mía, pero mantenía los ojos cerrados-. Me tengo que ir. Hasta pronto.

Se alejó y no volteó a verme al despedirse, aunque me pareció ver una lágrima recorrer su mejilla.

-¿Pasó algo? –pregunté por fin cuando escuché que mi hermano cerró la puerta principal.

-Tuve un problema en el Tribunal, nada importante.

-¿Y por eso llamaste a mi hermano?

Me acerqué a él y moví bruscamente su rostro, tenía la mejilla derecha hinchada y su labio inferior estaba roto, quité después la bolsa de hielos, encontrándome que su mejilla derecha tenía el rastro de un fuerte golpe recibido.

-¿Qué te…? ¿Mi hermano te golpeó? –apreté los puños y cuando iba a dar media vuelta para ir tras él, Taichi me detuvo.

-No fue él… -trató de sonreír, pero no pudo; no supe si era por el dolor o por algo que le estaba molestando y de lo cual no quería charlar conmigo-… Hubo un problema en el Tribunal con un asunto, se difirió la audiencia y Iori me golpeó.

-¡Qué! –grité y después le miré con preocupación, su ropa se veía desarreglada y su camisa tenía el cuello desgarrado- ¿Iori Hida? ¿Hablas de él?

Él asintió y yo me senté a su lado, en la silla en la que había estado anteriormente sentado mi hermano. Taichi volteó hacia otro lugar, no quería verme a los ojos, era muy obvio.

-¿Pues qué pasó para que pelearan de ese modo? –apreté los puños, sintiéndome molesto con Iori por golpear a Tai.

-Diferimos en un criterio, por eso mañana tenemos una audiencia incidental ante la Corte Suprema, pero no te preocupes, sólo nos dieron una advertencia, por si resultaba improcedente la excusa dictada por Sasaki.

-¿Excusa? –parpadeé, realmente confundido.

-Se dicta cuando no puedes conocer del asunto por cosas personales. Pero no quiero hablar de eso. Mañana estoy inhabilitado, así que me iré más tarde.

-¿Pero todo el problema es por el diferente criterio que tuvieron?

Sus ojos temblaron y desvió la mirada.

-Tai, ¿sucedió algo más? ¿Te van a despedir o algo así?

-No, no te preocupes por eso –trató de sonreír, pero hizo una mueca de dolor, debido a la herida de su labio.

Me quedé mirándolo, esperando a que me dijera la verdad, porque parecía que algo me estaba ocultando.

-No vas a decirme nada más, ¿verdad?

Dejé escapar un suspiro y me di media vuelta; sin embargo, cuando le di la espalda, él aprovechó para levantarse y caminar rápidamente al interior del departamento.

-No voy a cenar, no tengo apetito –dijo Taichi, mientras intentaba subir las escaleras, pero lo detuve, agarrándolo por su saco.

-Taichi, dime la verdad, ¿qué sucedió? ¿Te vas a quedar sin empleo o ya lo perdiste?

-No…

-Mírame a los ojos y dímelo.

Él se quedó en su lugar, no quería mirarme, por lo que pensé que aquello era más grave de lo que había pensado.

-¿Te van a revocar la licencia?

-No, Yamato, ya te dije que mi empleo no peligra, sólo tuve un problema en el Tribunal, no me quedaré sin trabajo.

-¿Entonces por qué no quieres verme a los ojos? ¿Por qué llamaste a mi hermano? ¿Por qué…?

Él golpeó la pared, asustándome.

-Porque soy una basura de persona, una cucaracha, alguien que no merece estar contigo. ¿Algo más que quieras saber?

Lo solté y me di la media vuelta. No quería hacerlo enojar, pero pensé que si había hablado con mi hermano, entonces podría confiar en mí.

-Pensé que éramos una pareja, pero no confías en mí.

Escuché entonces un sollozo, así que volteé hacia donde estaba él; aún seguía dándome la espalda.

-Por favor no me tortures, Yamato, no quiero hablar de ello.

-Pero con mi hermano…

Dejé escapar un suspiro, él no iba a hablar conmigo; me dirigí pues a la cocina, si él no quería hablar de ello, entonces tendría sus razones.

-Si te quedas sin empleo nos iremos a Estados Unidos, ¿está bien?

Él soltó una risita y después se dio la media vuelta, alcanzándome para abrazarme por la espalda.

-No me quedaré sin empleo, ¿entiendes? Iori me golpeó una vez porque intenté detenerle de golpear a otra persona y después me dio otro golpe porque estaba molesto. Me siento culpable porque yo debí ser quien golpeara a ese sujeto en primer lugar, así que siento que soy un cobarde por no haberlo hecho. Agumon se sentiría tan decepcionado de mí…

-Pero eres el Magistrado, no puedes golpear a la gente que va al Tribunal.

Él me soltó y yo me di la media vuelta para quedar frente a él, pero volvió a huir de mi mirada.

-¿Por qué querías golpear a ese sujeto?

Taichi se quedó en silencio, pero cuando parecía que iba a contarme lo que sucedió, el teléfono de la casa sonó. Él elevó el rostro y se encaminó a aquel aparato al ver a la persona que le llamaba.

-¿Qué sucede, superior Kudo? –preguntó Taichi al atender la llamada, el rostro atractivo de un hombre de cabello negro, que me recordó bastante al hijo de Kitasawa, se mostró.

-¿Ya te notificaron la hora de la audiencia incidental? –preguntó y Tai asintió.

Ambos se quedaron en silencio.

-¿Estás solo? –soltó de pronto aquel hombre.

-No, mi pareja está aquí.

Volvieron a quedarse en silencio por unos segundos, hasta que aquel sujeto hizo un mohín.

-Llamé al Tribunal para hablar contigo, pero Akane me dijo que ya te habías marchado.

-¿Habló con ella? –Tai se sorprendió- Pensé que le tenía miedo.

-Hey –aquel hombre se ofendió-, no le tengo miedo a Akane, ¿si?

-¿Y para qué me buscaba?

Aquel hombre carraspeó por unos instantes y después volteó a otro lugar.

-¿O sólo lo usó como un pretexto para hablar con Kitasawa? –preguntó Tai, con una media sonrisa.

-Que no quería hablar con Akane, quería saber qué había sucedido para que te suspendieran. ¿Es cierto que el fiscal Hida te golpeó? ¿Conocías a ese sujeto? Sasaki no me quiso contar.

Tai se puso blanco como una hoja y después volteó a verme.

-¿Puedo tomar ésta llamada en privado?

Yo me crucé de brazos.

-¿Y la cena? –pregunté y él buscó su billetera, para tenderla en mis manos.

-¿Puedes ir a buscar algo de cenar, por favor?

Dejé escapar un suspiro y tomé las llaves, me puse los zapatos en el recibidor del departamento y después salí.


Llegué a la casa después de una hora, Taichi seguía al teléfono, algo que me hizo sonreír con condescendencia, debido a que me había tardado a propósito para darle el tiempo necesario.

-…y entonces Shino me dijo que Tetsuhiro es igual a mí.

-Pues lo es… -Tai dejó escapar un suspiro.

-Y por su culpa mi padre quiere conocerlo y no deja de tacharme de irresponsable.

-Y no se equivoca –entrecerró los ojos.

-Pero ya le dije a mi padre que ha pasado tanto tiempo…

-Kitasawa no le ha dicho nada malo a Tetsu de usted, aunque quizá debería, así que tiene una oportunidad, superior. Yo sí le he dicho que no sea mujeriego, igual que usted.

-Gracias, Yagami –aquel hombre entrecerró los ojos.

-Tan guapa que es Kitasawa y usted con sus cosas –Tai rodó los ojos.

-Nana también era muy guapa y tú con tus cosas.

-Pero las circunstancias fueron otras, Yamato llegó a mi vida antes que ella –Tai rodó los ojos-. Además ya le dije que no me gusta que se tome tantas libertades con mi esposa.

-Yo no me tomo libertades con Nana, ella no tenía ojos para nadie más que para ti. La verdad fuiste la envidia de toda la facultad cuando se supo que ella era tu novia; ella era tan bonita, tan sofisticada, tan inteligente, aunque era demasiado despistada. Nunca se acordaba de los números de los artículos –Tai y aquel sujeto comenzaron a reír.

-Recuerdo que una vez el profesor de Derecho internacional privado se molestó mucho con ella cuando cambió los números de los artículos en su exposición.

-En fin, cambiando de tema… -ese hombre de cabello negro hizo una mueca-… aproveché para hablar con Akane respecto a Tetsuhiro y ella me dijo que podía conocerlo.

-Hoy van a llover cerdos, superior –Taichi rio un poco.

-¿Qué crees que debería llevarle? Tú lo conoces, ¿verdad? Me gustaría que me acompañaras, pero sé que te negarás y te harás el mártir.

Tai se molestó de inmediato al escuchar aquello y el superior Kudo, aquel hombre de cabello negro, sudó una gotita al ver su reacción.

-Está viendo cómo son las circunstancias en las que…

-Entiendo tu reacción –hizo un mohín-, pero no podías hacer nada. La verdad admiro mucho tu coraje y determinación al no haberle roto los dientes a ese estúpido. Pero lo pasado, pasado.

-¿Cómo quiere que me olvide de lo que me dijo? –Tai apretó los puños y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Sería imposible para cualquiera olvidar sus palabras, pero agradece que por ello estarás desvinculado de ese asunto. Nadie quiere conocerlo, es algo muy delicado. Están inmiscuidas varias personalidades en él y la verdad si continuabas con ello podía ser peor, así que cuando lo veas agradécele el haberse burlado de ti.

Me pareció que Tai iba a colgarle, por lo que me acerqué a él y le detuve justo a tiempo, mientras intentaba tranquilizarlo.

-Oye, sí es cierto que eres muy guapo –parpadeé al escuchar aquello.

-¿Quién, yo? –me señalé a mí mismo.

-Tú hija es muy guapa, pero estoy seguro que si fueras una mujer, serías mucho más guapa. ¿Y cómo es tu mamá? ¿Te pareces a ella?

Sudé una gotita al escuchar aquella pregunta.

-No deberías contestar, acosará a tu madre –Tai rodó los ojos.

Reí un poco al escuchar aquello.

-¿Entonces te pareces a ella? –el superior de Taichi sonrió- Debe ser una mujer muy bella. ¿Tienes hermanas?

-No, sólo tengo un hermano menor –sonreí con condescendencia.

-¿Y es igual de guapo que tú?

-Ya deje de hostigar a la gente –Tai entrecerró los ojos-. Por eso ninguna mujer le toma en serio, superior. Kitasawa es igual, pero ella lo dice en broma. Afortunadamente Tetsu respeta a las mujeres, no como usted.

Así que ese sujeto de verdad era el padre de Tetsuhiro, el hijo de Kitasawa.

-Uy, perdón, señor Magistrado de conducta intachable –aquel sujeto dijo esas palabras con sarcasmo-. Y eso que te acosan mujeres tan bellas como Shino y personas bonitas de sexo dudoso, como Wada.

Tai hizo un mohín al escuchar aquel apellido.

-Parece que invoqué al demonio –el superior de Taichi rio con algo de incomodidad.

-Casi… cada vez que me ve me hace propuestas indecorosas.

-Uy, y que lo digas, ya marcó territorio, igual que Shino. Desde que se supo que eras gay y que te gustaba que te dieran… –al escuchar aquello solté una carcajada, ocasionando que Taichi me mirara con enfado.

-No es gracioso, Yamato.

Yo continuaba riendo por aquel comentario.

-… Wada prácticamente dijo que serías suyo.

Ya que me compuse un poco y que pude dejar de reírme, abracé a Tai frente a la cámara.

-Lo siento, cuando vea al Juez Wada dígale que Tai sólo puede ser mío y que sólo yo puedo darle.

-Ya, idiota –Taichi rio al decir eso.

-Ja, ja, ja, ja, ja… Bueno, ya los dejo en paz; sé que vas a estar ocupado, Yagami, pero mañana que nos veamos dame algunos consejos. De todos modos estaré al pendiente en la Corte, por si necesitas algo. Cuídate y que descanses. Un gusto conocerle… esto… ¿cuál es su nombre?

Sonreí con condescendencia al escuchar esa pregunta. ¿Acaso Taichi no hablaba de mí con sus amigos? ¿Se sentiría avergonzado de mí?

-Yamato Ishida, mucho gusto –sonreí ante la pantalla.

-Tatsuya Kudo, fui superior de Yagami en la Universidad. Ha sido un enorme gusto conocerlo, Taichi nunca quiere hablar de usted, debido a las circunstancias, además de que es sumamente guapo y todas las chicas querrían quitárselo. Que pasen una bonita noche.

La comunicación se cortó y yo volteé muy sonriente hacia Tai.

-Te pasas, Yamato, no sabes lo pesado que puede ser el superior Kudo.

-Sí, la verdad con la forma como se dirige hacia ti, es muy obvio que te tiene muchísima confianza –continuaba sonriendo, algo que pareció molestar a Tai-. ¿Así que el Juez Wada continúa hostigándote?

-Cada vez que puede –rodó los ojos y pareció relajarse.

-Es porque eres muy guapo –le di un suave beso en la mejilla y él sonrió con tristeza.

-Me ves con ojos de amor.

-Y de deseo… -le hice un guiño y él no pudo evitarlo, rio, pero con dolor.

Le di un beso en la frente y él cerró los ojos, aferrándose a mí. Las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos y le abracé. No entendía qué sucedía, porque no me contaba nada, pero sentía un arrebato incontrolable por protegerlo de lo que le estuviera haciendo daño.

-Perdóname… –había dicho en tono bajo y apagado, debido a que su rostro estaba contra mi pecho.

-¿Mmm…? –pregunté, sin entender a quién le estaba pidiendo disculpas.

-No pude protegerte, Yamato, no pude hacer nada por protegerte. Llegué tarde a salvarte, me tuve que ir, huyendo de tus padres y de los míos, así que no pude darte mi mano cuando recordabas a esos bastardos infelices que te hicieron daño… y hoy… hoy no pude…

No entendía de qué me hablaba, pero parecía tan triste que el dolor con el que decía aquellas palabras estaba taladrando mi corazón.

-Pero me dijiste que siempre irías a salvarme, así que estoy seguro de que lo harás –le sonreí y él me miró con dolor, como si lo que le dije le hubiera desgarrado el alma.

-Me tienes demasiada fe.

Yo sonreí y le revolví el cabello.

-Porque eres mi héroe, y el de Hiro, y el de Natsu, y el de millones de niños y jóvenes en todo el mundo.

Él negó con la cabeza inmediatamente, pero sonrió débilmente.

-Tu hermano tiene la culpa de eso.

Le miré, pensando que era la persona más maravillosa que existía en el mundo. Era guapo, era amable, era tan bueno conmigo; y el mirarlo en ese estado me partía el corazón.

-Te amo… -besé su frente y las lágrimas volvieron a recorrer sus mejillas, mientras se aferraba a mí con fuerza, como si yo fuera una tabla salvavidas.

-Yo también te amo… te amo mucho. Mi vida sin ti no tendría sentido, eres mi todo, eres como el aire que respiro, Yamato. Perdóname, perdóname, perdóname… perdóname, por favor perdóname…

Él siguió repitiendo "perdóname" una y otra vez, sin decirme qué era lo que le estaba causando ese estado de tristeza tan severo. Después subió las escaleras sin cenar, dejándome con un gran desasosiego al no saber qué era lo que estaba pasando.


Estaba preparando el desayuno y acomodando las cajas de los almuerzos cuando Taichi (hijo) bajó por las escaleras. Bostezó profundamente y después de él le siguió Natsu, haciéndome sonreír con condescendencia.

-¿Exámenes? –pregunté y ellos asintieron automáticamente.

-Trabajos de investigación también –dijo Natsu, acomodándose su largo cabello en una coleta.

-Y prácticas…

Dejé escapar un suspiro y les serví su desayuno; sin embargo, era muy notorio que algo faltaba en esa escena familiar.

-¿Y mi papá? –preguntaron Natsu y Taichi al unísono, haciéndome sudar una gotita.

-Hoy no va a trabajar, tiene que atender un asunto en la Corte Suprema –traté de sonreír, pero la verdad estaba nervioso con todo eso.

-¿Por eso no cenó con nosotros ayer? –preguntó Natsu y yo asentí, aunque la verdad sabía que el estado anímico de Tai no era muy bueno.

Pasos se escucharon en el segundo piso y después Taichi entró al baño.

-¿Así cómo podré decirle a mi papá lo que mi profesor mi pidió? –lloriqueó Natsu y yo dejé escapar un suspiro.

-Dile que no pudiste verlo ayer, él entenderá.

Ella hizo un mohín, pero tuvo que aceptar a regañadientes.

-Será extraño salir sin mi papá ésta mañana –dijo Tai y yo volví a suspirar.

Terminé de arreglar los almuerzos y dejé un plato servido para Taichi, esperando que desayunara algo antes de irse, después salimos todos de la casa, mientras yo sentía un gran desasosiego.


No está de más decir que en todo ese día no pude concentrarme apropiadamente. No entendía qué sucedía con Taichi, él no quería contarme nada y eso me había hecho sentir muy nervioso toda la mañana.

Sin embargo, diez minutos después de empezar mi última clase, alguien tocó a la puerta del aula, por lo que parpadeé, ya que todos mis alumnos sabían que podían entrar libremente al salón.

-Adelante.

Dije, pero cuando abrieron la puerta, me sorprendí sobremanera al ver a Tai. Parecía más tranquilo, por lo que suspiré con alivio.

-Lo lamento, perdón por interrumpir, profesor Ishida –lo último lo dijo con sarcasmo, algo que me hizo reír levemente.

-Está bien –me levanté de mi asiento, dirigiéndome a la puerta para hablar con él-. ¿No te despidieron?

-Te dije que no me iban a despedir –él desvió la mirada-. ¿Te interrumpo?

-No… hoy hice examen sorpresa.

Él fijó su mirada en el interior del salón de clase y sudó una gotita.

-Pobrecitos, que malo eres.

-Sólo estoy viendo si prestaron atención en mi clase.

Él se quedó en silencio por unos segundos y por fin me miró a los ojos.

-Quería hablar contigo. Mientras tanto iré a buscar a Taichi, a ver si no está ocupado.

Sonreí con condescendencia, abriendo por completo la puerta del salón para que entrara.

-Puedes esperar aquí, sólo toma asiento en uno de los pupitres.

Él sudó una gotita, pero antes de sentarse se detuvo al lado de uno de mis alumnos y le señaló con la mano algo en su examen.

-Estás aplicando la fórmula incorrecta, de hecho la invertiste en estos dos problemas… Y en ésta… -tomó el lápiz del chico y escribió en su examen-… así es la fórmula, la escribiste mal.

-Gra…gracias –mi alumno sonrió hacia Tai.

Fue por ello que caminé adonde estaban ellos dos, mirando con enfado a Taichi y después lo arrastré, para que se sentara en mi escritorio.

-No le ayudes, incluso le arreglaste la fórmula.

-Deje que se siente aquí conmigo –dijo otro de mis alumnos.

-No… -mascullé por lo bajo.

-No seas tan tirano, Yamato, te escuchas como uno de mis profesores de la facultad, quería que te supieras los artículos con punto y coma, como si cuando fueras a litigar no pudieras consultar las leyes o códigos.

Entrecerré los ojos cuando mis alumnos asintieron a sus palabras.

-Serías un pésimo profesor –hice un mohín.

-Quizá… por eso no soy profesor.

Él colocó su mentón sobre la palma de su mano derecha, mientras mantenía el codo sobre el escritorio y después sonrió hacia mis alumnos.

-Pero sería su profesor favorito, ¿verdad?

Mis alumnos sonrieron hacia él y yo entrecerré los ojos, pero después reí un poco.

-Presumido.

Solté de pronto y él me sonrió, algo que hizo latir mi corazón, ya que parecía que volvía el antiguo Taichi, y eso me hizo sentir más tranquilo.

-¿Te fue bien en la Corte Suprema? –pregunté y él me volteó a ver, aunque pude darme cuenta de aquella sombra de dolor que se encontraba en sus ojos.

-Sí, bastante bien. Fue procedente la excusa, por lo que ya no podré conocer del asunto. Pienso que quizá mi superior sí tuvo razón y fue como una bendición.

-¿Entonces no vas a perder tu empleo? –solté una risita y él entrecerró los ojos.

-Yamato tontito, grábatelo en la cabeza, no perderé mi empleo.

Justo al decir eso me revolvió el cabello como si fuera un chiquillo, gesto que me hizo sonrojar sobremanera, algo que no pasó desapercibido por mis alumnos, quienes voltearon a ver con enfado a Taichi.

-Ya terminé mi examen –escuché la voz de uno de mis alumnos, por lo que volteé a verlo, sorprendiéndome al darme cuenta que era el chico al que había ayudado Tai.

-No se vale, te ayudaron, así que chiste, te pondré otros tres ejercicios.

Todos habían quitado su vista del examen y miraron a Watanabe –el chico al que había ayudado Taichi- con una expresión de pena.

-Pobrecito, ya califica su examen, él no tiene la culpa de que seas un tirano –Taichi resopló al decir eso.

-Son mis alumnos, no tuyos –entrecerré los ojos.

-Pero van a decir que te trato mal y por eso vienes de malas –él rio y yo no pude evitar patearlo.

-Te pasas, ya lárgate de aquí –señalé la puerta, pero él sólo volvió a reír.

-Mejor termina éste calvario y déjalos salir temprano para que estudien y mañana les haces un examen.

Dejé escapar un suspiro y después vi que faltaba media hora para la salida.

-Bueno, mañana les haré un examen, así que estudien.

Mis alumnos se levantaron pronto de sus asientos y salieron antes de que me arrepintiera, incluyendo el chico al que había ayudado Taichi.

Al quedarnos solos volteé hacia él, mientras sonreía suavemente.

-Me da gusto ver que estás bien, Yamato –sus palabras llamaron mi atención-. Sonríes todos los días, duermes como una roca, comes bien.

-Eso es porque soy feliz –sonreí y le revolví en cabello, así que me abrazó por la cintura.

-¿Eres feliz conmigo?

Correspondí a su abrazo y sonreí.

-Lo soy…

Él me abrazó con más fuerza, enterrando su rostro en mi abdomen. Nos quedamos callados por unos segundos, hasta que el celular de Taichi comenzó a sonar. Se separó de mí y miró en la pantalla quién le llamaba. La fotografía de mi hermano apareció y él se le quedó mirando, como si dudara en contestar.

Cerré los ojos y me alejé con rumbo a la puerta del salón.

-Te espero en la puerta de salida de la universidad.

No esperé a que me contestara, tan sólo salí de ahí. Dejé escapar un suspiro cuando fui a mi cubículo por varios documentos que debía revisar y después comencé a caminar con rumbo a la salida, preguntándome si yo era el culpable de que Tai estuviera tan triste, pero no recordaba haber hecho algo que lo hiciera sentir mal, bueno, quitando todo lo que tuvo que sufrir por mi culpa durante muchos años.

Me detuve en seco y voltee hacia atrás, sintiendo gran desasosiego; si no quería decirme lo que estaba sucediendo quizá algo había ocurrido con uno de esos…

Me sentí mareado de pronto y me sostuve en una pared de los pasillos, hasta que alguien me sostuvo y me miró con preocupación.

-¿Te sientes bien, Yama? –la voz de Taichi sonó a mi lado, pero no quise mirarlo.

-¿Es por mi culpa? –pregunté y él parpadeó sin comprender el motivo de mi actitud- ¿Es por mi culpa que te sientes así? ¿Pasó algo en el tribunal? ¿Te encontraste con alguno de ellos?

Él se sorprendió e inmediatamente desvió su mirada.

-Éste no es el lugar para charlar de eso, Takeru viene por nosotros, vámonos, ¿sí?

Lo abracé con fuerza y él dudó en corresponderme.

-No fue tu culpa… -susurré en su oído y pude sentir cómo su cuerpo temblaba.

Me abrazó entonces con fuerza y después se separó.

-Taichi, gracias por todo… -apretó los puños al escucharme-… gracias por todo lo que haces por mí y todo lo que has hecho. No te culpes por algo que ya no puedes cambiar.

-Pero te hicieron daño –las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas-. Te hicieron tanto daño. Y a pesar de todo no fui capaz de hacerles pagar todo lo que te hicieron. Aún tienes miedo, tiemblas cuando te abrazo de pronto, y si cierras los ojos cuando estamos haciéndolo, intentas apartarme.

-Lo siento, es algo que me es difícil controlar, pero no te culpes por eso, no fue tu culpa. No puedes regresar en el tiempo y evitarlo y tampoco puedes ocupar mi lugar. No te sientas mal por algo así, yo entiendo que ese sujeto era tu superior y tú le apreciabas y en ésta ocasión estabas en el Tribunal, así que no podías hacer nada contra el otro imbécil que te encontraste.

-Pero dijo tantas cosas… -él continuó llorando y acaricié su cabello.

-No le prestes atención, no te dejes provocar –sonreí de pronto-. ¿Sabes? Cuando vimos por última vez a Gabu y a los otros me molesté tanto con ésta actitud tuya; siempre habías sido impetuoso y no te detenías a pensar las cosas, sólo actuabas, pero cuando ocurrieron esos fallos en el Digimundo te mostraste temeroso y eso me decepcionó y desesperó de ti. ¿Dónde había quedado el niño que tenía el emblema del valor? Pero tu actitud fue porque maduraste sin que me diera cuenta y tuviste miedo de perder a las personas que de verdad te importaban. Agumon estaría orgulloso de ti, a pesar de que estés aquí frente a mí, llorando como un bebé.

-Cállate, idiota… -masculló, pero debajo de todas esas lágrimas, pude darme cuenta de la sonrisa que adornó sus labios.


Taichi fue a lavar su rostro y después nos encaminamos a la puerta; sin embargo, al acercarnos a la salida nos encontramos con una gran muchedumbre, la cual se encontraba alrededor de alguien.

-¿Me puede dar su autógrafo? –escuchamos.

Tai y yo nos miramos.

-¿Crees que haya venido alguna celebridad?

Justo al escuchar esa pregunta de Taichi, la voz de mi hermano sonó en medio de todos esos muchachos.

-Hermano, ayúdame por favor.

Ambos sudamos una gotita.

-Ah… ¿es Yamato Ishida?

Un montón de chicas se aglomeraron a nuestro alrededor.

-Perfecto… -Tai entrecerró los ojos.

-¡Es tan guapo! –varias chicas dijeron y yo sonreí con condescendencia, mientras Tai las pulverizaba con la mirada.

-Takeru, ¿no podías haber llamado menos la atención? –miré con enfado a mi hermano.

-Lo siento, lo intenté… pero es que soy tan guapo que no lo pude evitar –Tai soltó una risita al escucharle-… además como estoy trabajando en un drama muy popular, todos me idolatran, ¿sabes?

-Perdón, señor popular –Taichi sonrió de lado.

-Cállate, o les digo a todos…

Taichi entrecerró los ojos al escuchar aquello.

-No te atrevas… -señaló a mi hermano mientras lo amenazaba con la mirada.

-No me tientes –mi hermano entrecerró los ojos.

Sentí de pronto jaqueca. Esos dos siempre se peleaban cuando se veían, por lo que me pregunté lo que estaban haciendo cuando llegué al departamento el día anterior.

-No estabas intentando seducir a Taichi ayer, ¿verdad? –entrecerré los ojos y señalé a mi hermano.

-¿Qué? –Takeru hizo un mohín, como si fuera a vomitar- Pero qué asco, no… es guapo, pero no es mi tipo.

-¿Estás diciendo que Taichi es guapo, delante de mí? –jalé a mi hermano y con un poco de esfuerzo coloqué su cabeza entre mis brazos, para sofocarle.

-No… no… está horrible, suéltame, hermano.

-Ya suéltalo, Yama… -Tai intentó ayudarle, por lo que solté a Takeru, cruzándome de brazos después.

-Ay, sí, ahora lo estás ayudando.

No quería molestarme, pero Taichi había confiado más en Takeru que en mí y eso me estaba haciendo sentir celoso.

-No te enojes… ayer quería hablar con Taichi sobre una propuesta que me llegó. Quieren hacer una serie de Digimon y me suplicaron que les pidiera a ustedes que salieran en apariciones especiales como nuestros padres.

Tai rodó los ojos al escuchar eso y yo sonreí con condescendencia.

-Pero en mi vida he actuado, me pondré nervioso –dije con un tic nervioso en el rostro.

-Bueno, pero como yo me parezco más a papá y tú a mamá puedes hacer de ella.

Pateé a Takeru al escucharle decir eso, mientras Taichi se carcajeaba por el comentario y quizá también por el dolor por el que pasaba mi hermano, por lo que también lo patee en una pantorrilla.

-Auch, ¿por qué me pegas? –se quejó.

-Porque te estás burlando de mí, junto con Takeru –me indigné.

-Lo siento, es que me pareció gracioso. No te enojes, Yama. De todos modos si yo me pareciera tanto a mi mamá como Hikari, podríamos turnarnos el papel –luego se puso a reír, contagiando a Takeru.

Negué con la cabeza, mirándolos como si estuvieran locos.

-Ay, por Dios, por eso se llevan bien, porque son unos idiotas –volví a negar con la cabeza.

Ellos rieron un poco más al escuchar mi comentario, reponiéndose un poco del golpe y de la risa.

-Bueno, dejando de lado todo éste momento familiar –dijo Takeru con sarcasmo-, los invito a cenar al restaurante de Daisuke.

No me agradó para nada la idea, por lo que mi hermano sudó una gotita.

-Te prometo que evitaré que hostigue a Tai.

No creí para nada sus palabras, por lo que volteé a ver a mi novio, el cual se puso nervioso al sentir mi aura maligna.

-Ni se te ocurra seguirle el juego a Daisuke. Nada de que te vas a casar con él, porque te lo cortó, ¿me entendiste?

-Pero si yo no dije nada; no tengo la culpa de que me admire, porque soy genial.

-Y muy modesto –mi hermano rodó los ojos.

-Mira quién lo dice, el que se siente actor de dramas por estar rodeado por una muchedumbre de en una universidad.

Los ojos de ambos comenzaron a sacar chispas y tuve que separarlos.

-¿Por qué siempre que se ven terminan peleando?

-Porque es tu novio y por eso lo odio –dijo Takeru.

-Porque es el esposo de mi hermana y por eso lo odio. Si hubiera estado en esa boda la habría impedido –Tai rechinó los dientes.

-Pero no estuviste, Taichi. Además no te hubiéramos invitado –mi hermano le mostró la lengua a Tai después de decir eso.

-Hubiera ido, aunque fuera lo último que hiciera.

Volvieron a sacar chispas por la mirada.

-Ya vámonos, estamos llamando mucho la atención –sudé una gotita cuando todos los chicos que se habían reunido alrededor de Takeru nos miraban con algo de diversión.

-Todo es tu culpa, idiota –Taichi pateó en el trasero a mi hermano y mi hermano lo volteó a ver con enfado, mientras yo lo detenía de matarlo.

-¡Te voy a matar, Yagami!

Tai se siguió burlando de mi hermano, mientras se alejaba de ahí, con rumbo a la salida.

-¿Por qué no puedes llevarte bien con Tai, Take? –entrecerré los ojos.

-Es como una aversión que tenemos el uno por el otro, pero no es nada grave, no te preocupes –él sonrió y yo dejé escapar un suspiro, mientras íbamos caminando para alcanzar a mi novio.

-Él te agrada, ¿verdad?

Al escuchar mis palabras, mi hermano se sonrojó levemente.

-Bueno… realmente le tengo aprecio. Es una persona confiable, dedicada, amable. Creo que es alguien en quien puedes confiar en cualquier momento, aunque su corazón parezca tan frágil.

-Ya decía yo que hablabas demasiado bien de él en tu libro –hice un mohín- Crees que es mejor hermano que yo –encaré a Takeru y él desvió la mirada.

-Tú eres muy bueno conmigo, hermano… pero cuando fuimos al Digimundo nosotros habíamos sido separados y sentía que estabas molesto conmigo porque mi mamá decidió quedarse conmigo y no contigo.

Le sonreí, aunque no quise que viera el dolor que aquellos recuerdos me provocaban.

-Lo entiendo, no te preocupes. Sí te tenía celos, pero recuerda que yo siempre te protegí –golpee suavemente con el puño cerrado su brazo derecho y él rio poco-. No te lo voy a negar, cuando veía a Taichi no podía entenderlo, pero siempre me sentí inferior a él en lo que correspondía a su amor incondicional por su hermana, después de todo su mundo giraba alrededor de Hikari. Te aseguro que si hubiera estado en su boda él se habría opuesto.

-Ja, ja, ja, ja, sí… -mi hermano rio un poco y después volteó a mirar a Tai, quien ya se encontraba recargado en el automóvil de mi hermano-… que lástima que nos perdimos esos momentos con él, pero no te preocupes, yo me opondré en la boda de ustedes, para no perder la tradición.

Takeru me abrazó y me hizo reír un poco. Después nos dimos prisa para llegar a comer al restaurante de Daisuke.