Capítulo 45

Después de la pelea que había tenido con Iori, Sasaki había dictado la excusa, señalando todo lo que había ocurrido en la sala de espera del Tribunal, ordenando a un Actuario que de inmediato la llevara ante la Corte Suprema de Justicia, debido al interés público que tenía ese asunto tan delicado.

A las tres de la tarde había recibido una llamada de Shino y una respuesta en fax, en la cual se me inhabilitaba de mi puesto por ese día y el siguiente, para revisar la excusa señalada por mi Secretario de Acuerdos y se me ordenó abandonar el recinto.

Yo me sentía… me sentía tan impotente y tan molesto a la vez. Sentía un gran hueco en el estómago, sentía que no tenía fuerzas. Me preguntaba una y otra vez por qué había sido tan cobarde y no le había golpeado yo primero. Iori tenía razón, era un imbécil, un estúpido… yo…

Cuando por fin logré dejar de lado todos esos sentimientos que se arremolinaban en mi pecho, tomé mi celular para marcar un número. Me contestaron casi enseguida, pero las palabras no salieron de mis labios cuando escuché la voz de Takeru al otro lado de la línea.

-¿Qué sucede, cuñadito? ¿A qué se debe tu llamada? –él preguntó en tono de broma- No me digas que por fin vas a dejar que hable de ti abiertamente en público.

-Yo… -hipeé y su tono de voz cambió.

-¿Sucede algo, Taichi? ¿Estás bien? ¿Mi hermano está bien?

Al escuchar la palabra "hermano" provenir de sus labios, un fuerte nudo en la garganta se formó.

-¿Tai…?

-Takeru… ¿podrías venir por mí al Tribunal? ¿Podemos hablar?

Él dejó escapar un suspiro.

-Mañana tengo que entregar el nuevo capítulo del drama (telenovela) en el cual estoy trabajando, pero haré un paréntesis para verte. Llego por ti como en una hora, porque por tu petición, supongo que quieres que vaya en mi automóvil.

-Por favor… no sé si pueda caminar mucho en el estado en el que me encuentro.

-Me estás asustando, Yagami –dijo con sorpresa.

-Mi estado anímico me lo impide –aclaré.

-Ya veo, entonces espérame –rio un poco-. Sólo no te vayas a lanzar por la ventana, ¿quieres?

Reí levemente por su comentario y él colgó.

-Le traeré un té de hierbas, para que se calme –dijo Kitasawa, quien se encontraba a mi lado, ya que se iba a llevar unas sentencias que acababa de firmar.

-No, no es necesario.

Ella me miró fijamente y después comenzó a llorar, algo que me hizo sonreír con condescendencia.

-¡Maldito desgraciado! ¡Cómo se atrevió a decir esas cosas del señor Ishida! ¡Cómo se atrevió a hacerle esas cosas al señor Ishida! Deberían de iniciar una investigación…

-No… -dije sin dudarlo y ella me miró con sorpresa-… Yama no podrá soportarlo, aunque no los viera, el recordar esos días lo altera bastante.

Ella hipeó y le pasé unos pañuelos desechables para que secara sus lágrimas, después se sonó la nariz y suspiró profundamente, para intentar calmarse.

-¿Cómo puede haber gente tan mala en el mundo?

No pude responder a su pregunta, así que me quedé en silencio, mientras esperaba la llamada de Takeru, informándome que había llegado por mí.


Cuando salí del Tribunal, Takeru se encontraba apoyado en su automóvil con gafas oscuras, haciéndolo parecer un modelo. Varias mujeres casi chocan contra otras personas, por estarle observando mientras iban caminando, al igual que uno que otro chico. Llamaba bastante la atención, igual que Yamato, aunque la verdad Yama era más guapo para mi gusto.

Él se incorporó de inmediato al verme y después se quitó las gafas, para constatarse de las marcas en mi rostro.

-¿Pero quién te hizo eso? –dijo con enfado.

Apreté los labios y las lágrimas se agolparon de pronto en mis ojos.

-Fue Iori…

Takeru me miró con detenimiento.

-¿Iori Hida? ¿Nuestro amigo? –preguntó, sin creer a mis palabras.

-Pero me lo merecía, aunque el de la mejilla derecha fue sin querer.

-Pues, ¿qué pasó, Tai?

Las lágrimas fluyeron entonces y me abracé a él, colocando mi frente en su hombro.

-Tranquilízate –correspondió a mi abrazo, aunque su voz denotaba que se encontraba incómodo-. Vamos a hablar a otro lugar, ¿sí?

Asentí y me sequé las lágrimas, pero mi llanto continuaba, no podía detenerlo. Él me miró con preocupación y después revolvió mi cabello.

-¿Quieres que te invite a comer?

-Desearía mejor ir a mi casa, pero gracias.

Me separé de él y abrí la puerta del copiloto de su automóvil para subirme. Él dejó escapar un suspiro y después rodeó su auto, para subir y llevarme al edificio donde vivía.


No hablamos en todo el camino, ni siquiera cuando bajamos de su vehículo, mucho menos cuando íbamos en el elevador. Sin embargo, después de entrar a la casa y habernos cambiado el calzado, lo volteé a ver a los ojos y dije las palabras que seguramente él no deseaba escuchar en toda su vida.

-Me encontré con uno de los violadores de Yamato, en el Tribunal. Él me reconoció de inmediato por mi nombre y trató de alterarme, Iori lo golpeó y me golpeó a mí; cuando intenté detenerle de darle otro golpe se dio media vuelta y me dio un puñetazo y me dijo… -las lágrimas fluyeron, sin que pudiera detenerlas-… me dijo que era un imbécil, que si iba a dejar las cosas así como estaban. Pensó que yo era un cobarde.

Él me miró con enojo y después apretó los puños.

-¿Y qué quieres que te diga? No te voy a dar la razón, Iori estaba en lo correcto.

Me llevé ambas manos al rostro y después caí de rodillas frente a él.

-Lo sé… él tenía razón, yo debí…

-Eres un estúpido, Yagami, pero es tu naturaleza. Sé que no estabas asustado y que quizá si no moliste a golpes al otro idiota que se encontraron en América, es porque fue tu superior en el instituto y lo respetabas. Entiendo también que no golpeaste al desgraciado que te encontraste hoy porque estabas en tu trabajo, pero… ¿por qué no defendiste a mi hermano?

Las lágrimas se agolparon en su rostro y después se deslizaron en sus mejillas, mientras él apretaba los labios, quizá debido a la rabia que sentía en ese instante.

-Si yo lo tuviera enfrente, ese maldito desgraciado no se escaparía de mis golpes. ¿Por qué hicieron eso a mi hermano? ¿Cómo se atrevieron a romperlo de esa manera? ¿Qué les hizo mi hermano para merecer ese castigo tan cruel?

Abrí los labios y tragué en seco.

-No dices nada y por tu expresión, ¿fue tu culpa? –preguntó y me levantó por el cuello de la camisa, ocasionando que cayera al suelo cuando el cuello se desgarró y se rompió- Contéstame, ¡sé honesto conmigo! ¿Fue tu culpa? ¿Tuviste qué ver…?

-¡No! ¡Entiende que yo nunca le haría daño a Yamato! –grité y apreté los puños sobre el piso, mientras mi llanto caía a los pies de Takeru- ¡Lo amaba en ese entonces y aún ahora lo amo! ¡Cómo podría hacerle daño a la persona más importante para mí! Siempre pensé que si me los encontraba lo mínimo que haría sería golpearles, pero no pude hacerlo. Los odio, porque dañaron a Yamato, porque aún lo hacen llorar por las noches, porque no puede cerrar los ojos sin recordarlos. El superior Yagushi me dijo que yo le gustaba, por eso en los días que…

-Espera… -detuvo mis palabras-… ¿días? –cerró los ojos y se llevó la mano derecha para cubrir su rostro- ¿Dijiste días?

Él se sentó a mi lado, dándome la espalda.

-¿Mi padre lo sabe?

-No… -pronuncié quedamente y su cuerpo tembló.

-Por favor no se lo vayas a decir, él siempre se ha culpado por lo que pasó, al igual que tú. Sé que amas a mi hermano y que no eres una mala persona. Ya no eres un niño, has madurado, porque ya no te descontrolas como antes, ahora piensas detenidamente las cosas, antes de dar el primer golpe. Sé que no eres cobarde, no sólo porque tenías el emblema del valor, sino porque das todo para proteger a tus seres queridos. Siempre fuiste como un ejemplo de hermano para mí, no le vayas a decir a mi hermano, pero siempre desee que él fuera como tú, quizá fue por esa razón que en el libro hablo tanto de ti y todos te miran como un héroe –soltó una risita-. Sabes que amo a mi hermano, pero tenía tanta envidia cuando veía todo lo que hacías por Hikari que siempre desee que Yamato fuera así conmigo, a pesar de que estuviésemos separados.

Se apoyó en sus manos, colocándolas a su espalda y después volteó hacia mí.

-Él era muy maduro para su edad y eso abrió una gran brecha entre nosotros. Sé que nunca me lo dirá, pero seguramente tenía celos de que mi mamá no hubiese peleado por su custodia y de que hubiese preferido llevarme únicamente con ella, por ser el más pequeño y el que más necesitaba de sus cuidados –dejó escapar un suspiro-, pero es mentira, ambos necesitábamos de mi mamá, sin importar la edad. A pesar de que él era dos años mayor actuaba como todo un adulto, como para hacerle ver a mi mamá que no la necesitaba, que él podía cuidarse sin el apoyo de nadie. Siempre estuvo solo, y a ninguno de nuestros padres les importó –su cuerpo se convulsionó, estaba llorando-. Recuerdo que mi mamá se derrumbó en la sala al contestar la llamada de la policía y después, mientras lloraba, comenzó a suplicarle a mi padre que se diera prisa y fuera con mi hermano. Mi padre… -Takeru apretó los puños-… mi padre le dijo que no tenía tiempo, que mi hermano sólo estaba exagerando las cosas, hasta que mi mamá discutió fuertemente con él y le dijo que le había llamado la policía. Cuando llegamos al hospital, el rostro de mi hermano tenía marcas de golpes y mi padre lloraba como un niño en su regazo, pidiéndole disculpas. Mis padres se abrazaron, porque ambos habían descuidado a mi hermano, ambos dieron por hecho que él podría arreglárselas solo, desde que yo nací, como si él no necesitara su amor y sus cuidados.

Takeru suspiró profundamente y miró el techo, mientras las lágrimas continuaban resbalando por sus mejillas.

-Cuando dieron de alta a mi hermano estaba tan asustado que era imposible para él dormir con las luces apagadas y no podía estar solo, porque caía en una paranoia terrible, así que mis padres decidieron que debíamos vivir juntos, para que Yama no se quedara solo en ningún momento. Él lloraba todas las noches, no soportaba la oscuridad, siempre rogaba por ayuda, y eso me hizo odiarte como no tienes una idea. Yo pensaba que mi hermano era tu mejor amigo, por lo que cuando ocurrió aquello se destruyó la imagen de hermano perfecto que yo había creado de ti.

Hizo una pausa y después rio un poco, aunque parecía que estaba molesto.

-Te seré franco, la historia de Digimon la había escrito desde hacía varios años, pero me molestaba tanto conmigo mismo al hablar tan bien de ti que la guardé en el baúl de los recuerdos. No quería que nadie en el mundo se diera cuenta que, a pesar de saber que eras un maldito violador hijo de puta, te apreciaba. Pero fue imposible a la larga evitar contar con tanto entusiasmo nuestras aventuras a mis hijos y ellos comenzaron a crear la misma imagen que yo tenía de ti cuando éramos niños. Kira y Haru querían escuchar la historia una y otra vez y preguntaban si un día podrían conocerte, si podrían conocer a Agumon. Para ellos eras un héroe y para mí… -apretó los puños-… para mí también lo fuiste, por eso no podía entender por qué hiciste eso a mi hermano.

Suspiró profundamente y giró un poco su cuerpo, para recargar su espalda en la pared del recibidor y mirarme.

-Fue por ello que después de que Yama me contara que tú habías sido su salvador y no el que le causó tanto daño, al ver el amor que profesabas por mi hermano, me decidí por publicar la historia. Seguías siendo un héroe, siempre lo fuiste.

Aquellas palabras me hicieron sonrojar, él hablaba en serio, él sentía eso por mí.

-Entonces te convertiste en un héroe para todos, en un ejemplo de fuerza, de valentía, en un ejemplo de hermano, en un ejemplo de amigo y compañero. Y cuando publiqué el segundo libro, Daisuke te admiraba tanto como yo, algo que nunca dije, pero que siempre me molestó, porque tú habías sido mi héroe primero, yo te quería más que él.

Reí un poco, al igual que Takeru.

-Era como si me quisieran quitar a mi hermano mayor y él era sólo mío. Y al haber publicado el tercer libro me di cuenta que habías madurado y que de pronto te dio miedo de perder lo que más apreciabas. Al final lo perdiste todo cuando sucedió lo de mi hermano; a ti también te arrebataron la vida que vivías. Sé que quizá ya es muy tarde para decirte esto, Tai, pero te quiero, te aprecio bastante y me duele verte así. Mi hermano es feliz contigo, por lo que ya no me preocupa, pero tú… tú aún sigues cargando en tu espalda con lo que ocurrió cuando violaron a Yama.

Me jaló de la corbata y me abrazó con fuerza.

-Ya suéltalo, no fue tu culpa.

-Pero el superior Yagushi dijo que él estaba enamorado de mí y que por eso…

-Pero no fue tu culpa, grábatelo en la cabeza. Ni mis padres, ni tú, ni yo, ni mi hermano, somos culpables de lo que pasó. Yama se encontraba en el momento equivocado, con las personas equivocadas.

Cerré los ojos y apreté los labios. Sabía que Takeru tenía algo de razón, pero…

-No te culpes por algo que ya pasó y que no puedes reparar. Te hace falta respirar un poco de aire fresco –me soltó y se incorporó, ofreciéndome su mano, yo la acepté y él me ayudó a levantar del piso-. Ve al balcón, yo te llevaré una bolsa con hielos o una compresa, para que la pongas en tu rostro, mi hermano se va a preocupar mucho si te ve así.

Yo asentí y me encaminé al balcón. Miré entonces hacia el cielo y pensé si las nubes, las cuales comenzaban a cubrir el cielo, se sentían igual de tristes que yo.


Después de que Yama llegara, Takeru salió corriendo de la casa para terminar el capítulo del drama en el cual estaba trabajando, aunque a mi parecer lo único que hizo fue huir de su hermano, para no cometer la imprudencia de decirle lo que sentía hacia los malditos que le habían hecho daño.

No obstante, yo me sentía igual, no quería ver a Yamato, no me sentía con el derecho de mirarle a los ojos siquiera. Hui como un vil cobarde, e incluso me hice el dormido cuando llegó a la habitación.

Cuando amaneció lo escuché levantarse, pero no hice el menor atisbo de hacer lo mismo. Miré el techo de la habitación y me llevé la mano izquierda hacia el pecho, mientras las lágrimas resbalaban por mis sienes, hasta perderse en mi cabello.

Me levanté entonces, escuchando ruido en la cocina, por lo que decidí darme una ducha, esperando a que se fueran todos de la casa, porque no tenía deseos de ver a nadie.


Llegué a la Corte a las ocho cuarenta y tres de la mañana. La audiencia sería a las nueve de la mañana, por lo que debía estar ahí quince minutos antes; Iori y Sasaki llegaron algunos minutos después.

-Buenos días, Magistrado Yagami –Sasaki saludó.

-Buenos días, Sasaki –respondí a su saludo y Iori volteó a otro lugar.

Sudé una gotita, él todavía estaba molesto conmigo.

Miré el reloj que se encontraba sobre la puerta de la sala, faltaban cinco minutos para que empezara la audiencia.

-Takeru ya me riñó por pelearme contigo –soltó Iori de pronto, sorprendiéndome-. No pierdo los estribos tan fácilmente, pero al escuchar la forma en cómo habló ese sujeto del superior Ishida no pude contenerme. Yo había escuchado que se había peleado en preparatoria contigo, pero… pero al escuchar a ese sujeto burlarse de él de esa manera y al ver que tú no hiciste nada para callarlo, no me pude contener. Olvidé de pronto el lugar en que nos encontrábamos y las circunstancias. Lo siento, Taichi.

-No te preocupes, Iori… -sonreí con tristeza-… yo también deseaba golpearle y quitar la sonrisa de su rostro mientras decía aquellas cosas de Yamato, pero no pude hacerlo. Recordé de pronto el lugar en el que estaba, las circunstancias en las que me encontraba. Pero quería… -no pude contener mi llanto y cerré los ojos con fuerza, mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas-… quería callarlo, que probara un poco de lo que le hicieron.

Los pasos de alguien acercándose me hicieron secarme las lágrimas en automático y me sorprendí, al elevar la mirada, que era el superior Kudo quien se plantó frente a la puerta de la sala, siendo acompañado por un joven de cabellos rubios y ojos negros.

-Buenos días, soy el único asociado disponible en estos momentos para desahogar la excusa planteada por el Secretario de Acuerdos del Tribunal Superior de Tokio, a favor del Magistrado de dicho órgano jurisdiccional. Son las nueve en punto, así que entremos a la sala.

Los tres nos levantamos de nuestro asiento y nos dirigimos al interior de la sala.

Mi superior se sentó en el atrio, mientras el joven que le acompañaba se acercó a un escritorio, en el cual se encontraba una computadora.

-El asociado Tatsuya Kudo presidirá la presente diligencia –dijo el chico-, consistente en la exposición de la excusa realizada por el secretario de acuerdos del Tribunal Superior de Tokio Yuuichi Sasaki, a favor del Magistrado Taichi Yagami… -el joven hizo silencio por unos instantes-… ¿ese Taichi Yagami?

-¿A qué te refieres, Ikemoto? –preguntó el superior Kudo.

-Bue…bueno… -el chico se sonrojó sobremanera-… es que existe un libro llamado Digimon, escrito por T.K. Takaishi.

Rodé los ojos, sin poder evitarlo, y éste Iori soltó una risita.

-Sí, es ese Taichi Yagami –Iori le dijo al muchacho, el cual se sonrojó aún más.

-Pe..perdón… -el joven se irguió de pronto con mucho respeto, algo que causó la gracia del superior Kudo-… en contra del ciudadano Tsukasa Hashimoto. ¿Al final de la audiencia yo podría saludar de mano al Magistrado Yagami? –preguntó el chico, mientras parecía una olla a punto de ebullición.

Dejé escapar un suspiro.

-Sí, claro, no veo razón para negarme –dije y él sonrió con felicidad, yéndose a sentar a su lugar.

El superior Kudo volteó a verme, con una sonrisa divertida en el rostro.

-Eres toda una celebridad, Yagami. Pero bueno, independientemente de eso… –el superior borró su sonrisa y nos miró seriamente-… fiscal Hida, lo que usted hizo en contra de una autoridad, como lo es el magistrado aquí presente, es una falta muy grave. Antes de comenzar, quiero informarles que ésta sala se encuentra monitoreada y la presente diligencia está siendo grabada, para constancia –los tres entregamos copia certificada de nuestra cédula al joven que acompañaba al superior Kudo, para identificarnos-. Hago constar a su vez que los presentes no comparecen asistidos por un profesionista del derecho, por lo que procedo a interrogarles si requieren de la asistencia de un defensor, en virtud de que cuentan con la licenciatura en derecho.

-No es necesario –contestamos Iori, Sasaki y yo al unísono.

-En ese caso, por ser el momento oportuno, pregunto al Magistrado Yagami, ¿ratifica la interposición de la excusa realizada por su secretario de acuerdos?

Justo cuando iba a contestar, la puerta de la sala se abrió y entró Hashimoto, junto con un hombre de cabellos negros, ojos marrón y con gafas.

-Discúlpenos por llegar tarde –habló el sujeto que acompañaba a Hashimoto.

-Está bien, llegaron dentro de los quince minutos de tolerancia. Tomen asiento. Hago constar que siendo las nueve horas con siete minutos, entran a la tercera sala de la Corte Suprema de Justicia el ciudadano Tsukasa Hashimoto, acompañado por...

-Masami Kimura –aquel hombre entregó la identificación de Hashimoto y copia certificada de su cédula profesional al asistente de mi superior-. Solicito el uso de la voz, a efecto de manifestar que el señor Tsukasa Hashimoto me nombra en éste momento como su defensor.

-Es de acordarse de conformidad su petición –afirmó con la cabeza mi superior-. Procedo en éste momento a interrogar al Magistrado Yagami, a efecto de que manifieste si ratificará la interposición de la excusa.

-Sí, la ratifico en todas y cada una de sus partes –contesté.

-Ahora bien, procederemos a escuchar a las partes, a efecto de que éste superior jerárquico esté en condiciones de resolver. Secretario Sasaki, por favor informe a ésta Corte los acontecimientos que guiaron la conducta impropia del fiscal Hida.

Iori se hundió en su asiento al escuchar aquello.

-Bueno, el día próximo pasado, tendríamos una diligencia dentro del sumario 296/2030, relativo a la vinculación a proceso de la empresa H&HPC, S.A. de C.V., por los delitos de lavado de dinero, trata de personas, corrupción, entre otros; sin embargo, al momento en que el Magistrado, aquí presente, llegó a la sala, el director de la empresa imputada le faltó al respeto, al hablar mal de su pareja –Sasaki se removió inquieto en su lugar-. Al conceder el paso a los contendientes, Tsukasa Hashimoto, también aquí presente, le susurró al Magistrado Yagami que había dos palabras que su pareja, el señor Ishida, no tolera y le preguntó que si seguía llorando por las noches.

Iori y yo apretamos puños al escuchar eso.

-Fue entonces que el Magistrado Yagami levantó el puño para golpearlo, pero el fiscal Hida, también aquí presente, fue quien golpeó al director de la empresa imputada, ocasionando con ello una lesión superficial en su labio inferior, en el lado izquierdo de su rostro. Yo me moví con rapidez e intenté detener al fiscal Hida de que le diera otro golpe –Sasaki hizo un mohín-. Tsukasa Hashimoto le preguntó que si era amigo del señor Ishida, la pareja del Magistrado Yagami, y después preguntó que si se lo turnaban, esto con una gran connotación sexual. El fiscal Hida forcejeó conmigo al escuchar esas palabras. Fue entonces que el actual presidente de la multicitada empresa se dirigió a Tsukasa Hashimoto y le pidió que se comportara, pero lejos de ello, comenzó a amedrentar al Magistrado Yagami, volviendo a insultar al señor Ishida, toda vez que manifestó que sólo hablaban y cito, "sobre la misma puta con la que Yagami y yo nos revolcamos", causando mayor enfado en el fiscal Hida, el cual se zafó de mi agarre y tomó del cuello de la camisa a aquel sujeto…

Sasaki hizo una pausa y tragó en seco.

-Entonces el fiscal Hida le gritó a Hashimoto que no tenía derecho a hablar así de la pareja del Magistrado Yagami, cuando lo violó junto con sus amigos. El director de la empresa imputada exclamó que no contaba como violación cuando lo disfrutó… -la voz de Sasaki se cortó-… lo siento… insultó muy cruelmente al señor Ishida diciendo que al principio… -su cuerpo tembló-… que al principio gritó, pero después gemía como perra en celo. El Magistrado Yagami al escuchar esas palabras no se pudo controlar y lo detuve de golpear al señor Hashimoto. El prenombrado se burló otra vez y dijo que sería divertido volver a ver al señor Ishida si iniciaban un proceso en su contra por la violación. El fiscal Hida se molestó por ello, pero el Magistrado Yagami me arrastró con él y lo detuvo de golpear a Hashimoto, pero por ello el fiscal Hida le dio un codazo en rostro por accidente; fue entonces que el magistrado le pidió que se calmara, pero el fiscal Hida se dio la media vuelta, le dio un puñetazo en el rostro al magistrado y le dijo que era un imbécil, después de preguntarle que si iba a dejar todo así como así. Yo le pedí que respetara la investidura del Magistrado y entramos a la sala para dictar la excusa que se ventila el día de hoy.

Nos quedamos todos en silencio y el superior Kudo me miró fijamente.

-Magistrado Yagami, ¿son ciertas las aseveraciones vertidas por el Secretario Sasaki?

-Así es, asociado Kudo –contesté de inmediato.

-¿Presentará cargos contra el fiscal Hida por lesiones, por faltar al respeto a su investidura y por desacato a una orden realizada por su persona?

-No, asociado –contesté y Iori me miró con algo de agradecimiento.

-Ahora me dirijo al señor Tsukasa Hashimoto –giró un poco su cuerpo, para ver a ese desgraciado-, ¿son ciertas las aseveraciones vertidas por el secretario Sasaki?

-Mi representado manifiesta que exactamente así ocurrieron los hechos motivo de la presente excusa –contestó el defensor que iba acompañando a Hashimoto.

-Señor Hashimoto, agradezco su sinceridad. Pregunto entonces a los asistentes si alguno de ellos desea realizar alguna manifestación.

-Yo deseo hacer uso de la voz –dijo Iori.

-Ésta Corte hace constar que el fiscal Hida solicita el uso de la voz –mi superior asintió-, mismo que se le concede y manifiesta.

-Se lo agradezco –Iori volteó a verme-. Magistrado Yagami, me disculpo por mi falta de sentido común el día próximo pasado, perdí los estribos cuando el señor Hashimoto dijo esas cosas de mi superior y amigo. Quiero agregar que usted es una persona admirable, por no haber caído en sus provocaciones. También me retracto de mis palabras hacia su persona, toda vez que fue muy valiente al no haberlo enfrentado y tomar las cosas más fríamente, por ser usted la autoridad en el Tribunal Superior de éste Distrito. Es todo lo que ésta parte desea manifestar.

Bajé la mirada, quería agradecer sus palabras, pero sabía que Iori había tenido razón al decirme que era un cobarde, que no había tenido el valor para enfrentar a ese desgraciado.

-Ésta parte acepta las disculpas realizadas por el fiscal Hida –contesté y Sasaki me sonrió-, siendo todo lo que deseo manifestar.

-Ésta parte se reserva su derecho a realizar manifestaciones –dijo el defensor de Hashimoto.

-En esa virtud, con el carácter de asociado de la Corte Suprema de Justicia, procedo a resolver la presente excusa –mi superior se aclaró la garganta-. La presente excusa es procedente, en términos de lo establecido en la fracción XVII del artículo 39 del Código de Procedimientos Penales*, por lo que el Magistrado Taichi Yagami no podrá conocer del presente asunto, en esa virtud se establecerá un nuevo distrito en el cuál se desahoguen las diligencias del expediente 296/2030, lo que se hará del conocimiento de las partes en sus domicilios procesales. Por otra parte, se restituye al Magistrado Yagami en su cargo, debiendo comparecer a realizar sus actividades laborales como lo venía desempeñando a partir del día de mañana, en el entendido de que su secretario de acuerdos estará habilitado por una semana para desahogar las audiencias, junto a un secretario de estudio y cuenta, en virtud de las lesiones del magistrado en cuestión. No habiendo otra cosa que hacer constar, se cierra la presente diligencia.

El superior Kudo cerró el delgado expediente que se había hecho a raíz de la excusa y se levantó de su asiento, esperando a que Hashimoto saliera de la sala, acompañado por su defensor.

-No haré preguntas indiscretas, porque en primer lugar no conozco bien a tu pareja, Yagami –mi superior habló, acercándose a mí-, pero, ¿no iniciarán un proceso judicial en su contra? Digo, si él se declaró culpable…

-¿No escuchó bien, asociado Kudo? –Iori entrecerró los ojos- Ese sujeto le preguntó al superior Yagami si el superior Ishida seguía llorando por las noches. El superior Takeru, hermano del superior Ishida, me dijo que lo lastimaron mucho cuando eso sucedió y por eso tiene prescrita medicación psiquiátrica por el resto de su vida, la cual varía respecto a su estado emocional.

-Mantuvieron cautivo a Yamato por tres días –cerré los ojos cuando hablé-, lo torturaron, lo humillaron, le fracturaron una rodilla… -me llevé ambas manos al rostro-… Se acaba de encontrar con uno de ellos en América y tuvo serias consecuencias en él. ¿Cree que podrá soportar un proceso en contra de ellos?

-Y todavía se atrevió a decir esas cosas del superior Ishida –Iori rechinó los dientes-, debí haberle tirado unos dientes, para que se le quitara esa sonrisa del rostro.

-En vez de golpear al Magistrado Yagami debió de haberle dado el puñetazo a ese sujeto –Sasaki apretó los puños.

-Sasaki, no provoques a la violencia –negué con la cabeza y me crucé de brazos.

-Bueno, sólo me queda decirte que te cuides, Yagami –volteé a ver a mi superior-, me alegro que te hayas desvinculado de éste asunto, pero es muy delicado, así que ten cuidado.

-¡Pero si yo no fui quien tuvo la culpa, fue ese sujeto! Si él no se hubiese burlado no hubiera sabido que él fue el uno de los que le hizo daño a Yama.

-No me refiero a eso… -el superior Kudo hizo un mohín-… éste asunto es bastante delicado, incluso amenazaron a la esposa del detective que estuvo a cargo del caso.

-Sí, es nuestra amiga y el detective también –dijo Iori, algo que sorprendió a mi superior.

-Pues eso no suena muy bien, están demasiado relacionados con éste caso tan complicado, por eso cuídense. Cualquier cosa que suceda hagan favor de avisarlo a las autoridades, aunque sea un hecho aislado o algo que parezca sin importancia –el superior Kudo dijo tan serio que por un momento nos preocupamos.

-Sí… -parpadeé, seriamente confundido.

Iori cerró los ojos y después dejó escapar un suspiro.

-De verdad debí de haberle roto los dientes, para que valiera la pena si algo me pasa.

-No digas esas cosas, Iori –me preocupé de pronto-, no va suceder nada.

Sin embargo, continuaba teniendo un gran vacío en el estómago, como si continuara presagiando algo malo.

-Bueno, tengo otros asuntos que atender –mi superior se levantó de su asiento y después me revolvió el cabello, como si fuera un chiquillo, algo que me hizo sentir abochornado-. Cuídate, Yagami. Cualquier cosa estaré al pendiente.

-Sí, gracias… -volteé a otro lugar, mientras Iori entrecerraba los ojos.

-¿Pue…puedo tomar su mano? –escuché de pronto la voz del secretario que iba con el superior Kudo, por lo que volteé a verlo.

-Oh, cierto, no sé por qué tanto escándalo con esa historia, pero bueno… -me acomodé el cabello y después levanté de mi asiento para despedirme con un apretón de manos del chico, el cual estaba demasiado contento para mi gusto.

-Es que usted es tan genial. Me encantaron los tres libros –dijo después de soltar mi mano.

-¿Tres? –parpadeé- ¿Cuándo se hicieron tres libros de eso?

-El tercer libro salió hace poco y déjeme decirle que se nota que el escritor le tiene mucha estima, digo, parece como si usted fuera su hermano.

-Agh… no me digas esas cosas, ese idiota es un celoso de primera –hice un mohín de disgusto.

-Si Takeru te quiere un montón, Tai –escuché a Iori y volteé a verlo con el mismo gesto de disgusto.

-Takeru y "querer" en la misma oración suena tan improbable, Iori –rodé los ojos-. Como sea, no creas todo lo que dice ese libro, sino pregúntale a Iori –señalé a mi amigo, el cual sonrió.

-Yo no estuve en todas esas aventuras, pero puedo decirte que el superior Yagami es una persona leal, protectora, buena, amable, valiente y un gran ser humano. Ama incondicionalmente al superior Ishida desde que son niños.

-Oye, ya te estás pasando –entrecerré los ojos.

-Es una lástima que Yamato y Sora no se hayan quedado juntos –exclamó con pesar el secretario del superior Kudo.

Quizá sintió mi aura asesina, por lo que sudó una gotita de pronto.

-Lo… lo siento, a mí me gustaba esa pareja…

Iori soltó de pronto una risotada, algo que me hizo enfurecer aún más.

-Pero me da gusto que usted haya cumplido su amor de la infancia, eso quiere decir que algunos de nosotros podríamos tener una oportunidad. Y… hablando de oportunidad –él dijo con mucha emoción-… ¿se tomaría una fotografía conmigo?

Sonreí con condescendencia.

-Perdona, pero no soy fotogénico y aparte de eso no quiero tener nada que ver con esos libros, por lo que no quiero que nadie sepa quién soy.

Él se mostró desilusionado de inmediato.

-Comprendo… -dejó escapar un suspiro-… muchas gracias por dejarme tomar su mano. Le presumiré a mi hermanito hoy que llegue a la casa, él es un súper admirador de usted. Hasta pronto, Magistrado Yagami.

El chico se despidió con un ademán y después se fue con el superior Kudo.

-Tendré que leer esos libros, para saber la razón de por qué los niños lo admiran tanto –Sasaki rio un poco.

-No empieces tú también, Sasaki –negué con la cabeza.

-Pues es que cuando se supo lo del señor Ishida y lo de usted, mucha gente se unió para que no le hicieran nada; de hecho, aunque usted haya persuadido de esa manera tan directa a los asociados de la Corte, fue también la presión de la gente la que los hizo perdonarle y aceptar su relación. Y la mayoría eran niños que les pidieron a sus padres para que le ayudaran –él rio un poco-, por eso tengo que saber lo que hizo para que ellos lo admiren tanto.

-No hice nada, ese libro exagera las cosas –rodé los ojos-. En fin, iré a desayunar, me muero de hambre.

-Regresaré al tribunal entonces –Sasaki volvió a reír-. Nos vemos mañana, trate de descansar mientras tanto.

Nos despedimos con un ademán y él salió de la sala. Tomé mi maletín y me crucé la correa, algo que hizo reír a Iori.

-Tan formal que te ves y te cruzas la correa de tu maletín.

Volteé a verlo con enfado, mientras salíamos de la sala.

-Es más cómodo, además no importa, de todos modos no voy al tribunal a trabajar.

-Quizá me excedí un poco al golpearte, lo siento, pero es que… -apretó los puños-… me desesperó que no hicieras nada para callar sus burlas. No sabía lo que le habían hecho al superior Ishida, pero al escucharle hablar de esa forma tan cruel, cuando se burló del superior Ishida, yo no pude contenerme. Nosotros sólo sabíamos que lo habían golpeado en una riña y que por eso había perdido un año escolar, pero no sabíamos todo el martirio por el que lo habían hecho pasar.

Volteé para otro lugar y después dejé escapar un suspiro.

-Lo siento, yo quería romperle los dientes también, pero él lo que estaba haciendo era intentarme provocar, por lo que me controlé para no caer en su juego.

Iori se encogió de hombros al escuchar aquello.

-Y yo sí caí… -se mordió los labios-… es la primera vez que me sucede, pero es que estaba hablando de esa forma de un amigo y no me pude controlar.

-Sí, te comprendo –me crucé de brazos.

-Bueno, ya te dejo, que tengo que ir a atender algunos asuntos y tengo una audiencia en el Juzgado de Distrito. Por cierto, el Juez Wada te mandó muchos saludos –entonces me codeó, mirándome de forma juguetona-, eh, pillín, tienes mucho pegue.

-Cállate, odio a ese sujeto –entrecerré los ojos, ocasionando que Iori se carcajeara.

-Le voy a decir al superior Yamato que te cuide, o te robará el Juez Wada.

-Ya, para tus burlas, Iori, que no me parece gracioso.

Después de reírse por unos segundos más, Iori se compuso y me miró, despidiéndose con un ademán de la mano.

-Nos vemos luego, Magistrado Yagami.

-Hasta luego, fiscal Hida.

Él se alejó, riendo todavía, algo que me molestó sobremanera. Ese Wada me había marcado como suyo, como si yo deseara salir con una víbora sarnosa como él.

Me encaminé entonces a la salida, hasta que alguien se plantó enfrente de mí, mientras me retaba con la mirada.

-¿Pero qué te pasa? ¿Por qué no has ido a visitarme? Kudo me dijo que habías venido.

Dejé escapar un suspiro cuando vi a Shino, ella vestía con una falda beige y una blusa negra, además, traía el cabello recogido en un moño alto.

-Lo siento, pero no vine precisamente de vacaciones.

Ella me miró el rostro y después se mostró acongojada.

-¿Quién se atrevió a golpear tu bello rostro? –se arremangó la blusa de su conjunto y volteó a todos lados.

-Es una larga historia, me lo merecía –contesté como si nada.

-¿Por eso viniste a la Corte? ¿Golpeaste a alguien?

-No, pero se merecía que lo empalara como mínimo –hice un mohín-. Uno de los que violó a Yamato tuvo una audiencia y se burló de él.

-No me digas que era Tsukasa Hashimoto –ella chistó y se veía bastante molesta.

-¿Cómo sabes que fue él? –después me quedé en silencio, realmente sorprendido- ¿Conoces a ese bastardo?

Ella dejó escapar un suspiro.

-Es mi tío… es primo de mi madre –ella rio un poco-. Me da un poco de risa decirle tío, puesto que es un año mayor que yo, pero es mi tío al fin y al cabo. Es demasiado inexpresivo y el maldito es más bonito que yo –ella apretó los puños-. Odiaba verlo, bueno, con excepción de su mejor amigo que está más bueno que el pan. Yo habría matado por salir con él, es súper guapo y tiene un cuerpo que ah… -¿era mi imaginación o había comenzado a babear?-… y también es muy inteligente. Es tan perfecto que hasta da miedo.

-Yuuma Nagano –escupí aquel nombre y ella me volteó a ver.

-¿Lo conoces? –me miró con sorpresa.

-Por desgracia, y también Yamato.

Ella cerró los ojos y después hizo un mohín.

-Nagano sólo puede parecer humano cerca de mi tío Tsukasa, así que ya me imagino por qué los conocen. Hubo un tiempo en el que ellos dos, junto con sus amigos, se metieron en muchos problemas, pero no pensé que Yamato estuviera involucrado con ellos. Sus padres pagaron y amenazaron para cubrir sus estupideces, hasta que dejaron de meterse en líos de pronto. Los conozco muy bien a ambos, así que me hace sentir mucha lástima por Yamato. Esos dos están especializados en la tortura –se mordió el pulgar de la mano derecha-. He escuchado que ellos dos pueden hacer hablar a cualquier persona.

Tragué saliva audiblemente.

-La familia Nagano está íntimamente ligada con la primera rama de nuestra familia; ellos tienen un hospital de especialidades y son los que se encargan de atender a los altos mandos del gobierno, además de los más altos de los yakuza. Trata de no involucrarte mucho con ellos, por favor, porque no podría ayudarte, mi tío Tsukasa está en la rama principal de la familia, así que no tengo poder contra él –Shino hizo un mohín-. ¿Sabes?, los padres de mi tío Tsukasa fallecieron en un accidente muy extraño, por lo que escuché, hay rumores de que el hermano menor de mi tío Ryota fue quien los mandó asesinar, para quedarse con el poder de la rama principal. Mi tío Tsukasa nunca me ha agradado, pero recuerdo que cuando éramos niños él se llevaba bien con nosotros y a raíz de la muerte de sus padres cambió drásticamente. Yo pienso… -lo último lo dijo en un susurro, como para que nadie más escuchara, como si fuera un secreto-… que mi tío Atsushi lo maltrataba, pero a nadie parecía importarle, porque él era su tutor y por ende controlaba a toda la familia, hasta que falleció en otro "extraño accidente". Ahora es mi tío Masashi quien se encarga de la rama principal de la familia, aunque debería de ser mi tío Tsukasa quien lo hiciera.

Iba a decir algo respecto a eso, pero mi estómago gruñó, algo que me hizo sonrojar en seguida.

-Pobrecito, no has desayunado –ella rio un poco-. Me encantaría acompañarte a desayunar, pero tengo que arreglar algunos asuntos, porque voy a realizar una visita de inspección al Tribunal Superior de Fukuoka.

-No te preocupes, gracias.

Sonreí, pero ella me miró con disgusto.

-Ven un momento a mi oficina, te pondré maquillaje para que no se te noten los golpes.

-Me voy a ver como payaso –reí un poco-, tú tienes la piel clara.

-Tontín, también tengo correctores, te arreglaré… es más te verás más guapo.

-No necesito maquillaje, eres tan pesada que me da miedo lo que puedas hacer.

Ella me sonrió como el gato de Cheshire y después soltó una risotada.

-Te prometo solemnemente que sólo te quitaré los moretones.

La miré sin creerle, pero opté por seguirla, ya que si no lo hacía, tardaría más en ir a desayunar.


Shino había cumplido su promesa y únicamente retocó los moretones, para que no se notaran tanto. Después de salir de la Corte, encontré un lugar para desayunar, por lo que cuando estaba esperando mi orden y mientras le daba un sorbo a mi café, una palmada en mi espalda me sorprendió.

-Tai, pero qué gusto verte.

Volteé a ver a quien me saludó, encontrándome a Joe. Me levanté inmediatamente, correspondiendo a su saludo con un caluroso abrazo.

-Lo mismo digo, Joe, ¿qué haces aquí?

-Buscaba un lugar dónde desayunar, porque salí hace rato del hospital. Tuve que atender una cirugía de emergencia durante la madrugada, por lo que estoy hecho polvo.

-Me imagino que no has dormido nada.

-Dormí un poco, hasta que sonó mi teléfono a la media noche. Hubo un accidente de tráfico; un camión que transportaba arena y grava se volcó y enseguida un camión de carga pasó cerca de ahí, por lo que con una de las piedras golpeó en la cabeza a una conductora que iba en un automóvil detrás del camión. La piedra entró en su cráneo y se instaló en el lóbulo frontal y tuvimos qué extirparlo.

-Pensé que no se podía sobrevivir sin cerebro –sudé una gotita.

-No fue todo el cerebro, sólo el lóbulo frontal. Éste lóbulo controla el dominio sobre la lingüística del ser humano, por lo que tendrá problemas para hablar, pero todas las demás funciones del cerebro y del cuerpo no tendrán afectaciones.

La señorita mesera que me había estado atendiendo le entregó la carta a Joe y colocó un plato y una taza, preguntándole si deseaba tomar un poco de café, a lo que Joe contestó que sí. Ella tomó la orden de Joe y ambos nos quedamos en silencio.

-Cada vez que tienes que atender un accidente de tráfico te ves igual –solté de pronto y él me miró, casi con lágrimas en los ojos-. ¿Te acuerdas de Shizune? –pregunté y él por fin soltó el llanto.

-Si no hubiera estado peleando con ella me habría dado cuenta del auto que se acercaba a nosotros en el mismo carril y podría haberlo sorteado.

-No fue tu culpa que el conductor de ese vehículo haya tenido un infarto y haya perdido el control del auto –dije con congoja y él me miró con mayor dolor.

-Quería hacerle ver a Shizune que estaba trabajando tan arduamente por nosotros, por nuestro hijo. No quería descuidarlos, pero el trabajo en el hospital era muy pesado, al igual que la especialidad que estaba estudiando. Ella murió instantáneamente por el impacto y yo sólo tuve heridas menores. Ella había movido el volante para otro lado del camino, tratando de evitar el impacto, por lo que sólo le dio de lleno a ella.

Él apretó los puños y yo tomé su mano izquierda, mientras que con la derecha se secaba las lágrimas y se sonaba la nariz.

-No fue tu culpa, Shizune te amaba. Sé que ella quiso salvarte, por lo que movió el volante, tratando de evitar el golpe del otro vehículo. Afortunadamente acogiste a Koushirou en tu casa unas semanas después del accidente, por lo que ambos se volvieron un sustento para el otro. Estoy celoso porque él pudo tener tu corazón y yo no, pero me da gusto que ahora seas feliz con él.

Él sonrió débilmente y después le puso crema y azúcar a su café.

-Sí, bueno, quizá no empezamos de la mejor manera, pero seguimos juntos.

Cerré los ojos y le di un sorbo a mi café.

-Sé que me quieres, pero no me gusta ser la segunda opción –al escuchar sus palabras me atraganté con el café, por lo que comencé a toser-. Sólo era agradecimiento lo que sentías por mí. Te aseguro que cuando nos besamos pensaste en Ishida.

Sudé una gotita.

-No menciones que nos besamos, Koushirou se molestará si lo sabe.

Una tos fingida sonó, por lo que volteamos hacia arriba y ambos sudamos una gotita cuando nos dimos cuenta que era justo él quien trataba de llamar nuestra atención.

-Ya sabía que se habían besuqueado, pero como fue antes de que Joe y yo tuviéramos una relación lo dejé pasar –él se sentó a un lado de Joe y me miró con enfado-. Igual mantén tus sucias garras lejos de mi marido, o le diré al superior Ishida.

Sonreí con condescendencia.

-¿Qué haces aquí, Izzy? –preguntó el superior Joe.

-Te vi, por lo que decidí venir a buscarte, para desayunar juntos –ambos sonrieron y yo me sentí de pronto como el "mal tercio".

Nuestra orden llegó y la señorita que nos estaba atendiendo le tendió la carta a Koushirou, quien le indicó lo que quería y ella se marchó enseguida.

-¿Está bien que te escapes del trabajo? –preguntó Joe y Koushirou sudó una gotita.

-No me necesitan, estamos trabajando en un programa de base de datos para el poder judicial –después volteó a verme-, es para un nuevo libro de gobierno, según escuché. Además ya terminé de programar lo que me tocaba –cruzó sus brazos detrás de su cabeza-. Dejé de encargado a Kaede, porque él tiene más paciencia para explicar las cosas cuando el cliente no entiende tecnicismos. La otra vez estuve a punto de lanzar la computadora por la ventana porque no entendían a qué me refería con el lenguaje en el que querían que se desarrollara la aplicación. Pero no tengo deseos de explicarles a ustedes, así que no me pregunten.

Joe y yo nos volteamos a ver y después sonreímos con condescendencia.

-Por cierto, Taichi, ¿cuándo es la boda? Tai me dijo que ya le pediste matrimonio al superior Yamato.

-¿Es eso cierto? –Joe sonrió con picardía- Qué escondidito te lo tenías.

-¿Qué acaso no nos querías invitar a la celebración? –Kou entrecerró los ojos.

-No es eso… -sonreí con condescendencia-… lo que pasa es que no hemos puesto fecha todavía.

-Espero tu invitación, porque nosotros sí te invitamos –habló Koushirou-, aunque no fuiste porque tenías celos de nosotros y porque invitamos a nuestros amigos y le huías a Ishida.

-Corrección –rodé los ojos-, a él no, a su padre y a Takeru sí. Si cuando nos encontramos a Takeru me golpeó sin consideración, ¿te imaginas qué iba a pasar si el señor Ishida hubiera sabido que fui a su boda?

-Igual Yamato no fue, estaba en Estados Unidos –Joe sonrió con condescendencia.

-Pero Takeru mínimo me iba a dar una golpiza –entrecerré los ojos.

-Bueno, pero lo importante ahora es que ya no hay problemas con ellos, por lo que debes invitarnos a la boda –Koushirou me amenazó con la mirada.

-Está bien, está bien, pero aún no hay fecha, de verdad…

Ellos me voltearon a ver y después rieron.

-Pensé que no ibas a ser correspondido –Koushirou sonrió con algo de burla-, no después de que regañara al superior Yamato por jugar con tus sentimientos y ser egoísta, pero mírate, tienes cara de estúpido sólo por pensar en él.

-Izzy, no molestes a Tai, por favor –Joe dejó escapar un suspiro-, ¿no puedes ser un poco menos directo con las palabras?

-No te preocupes, Joe, Yamato es igual, aunque él piensa un poco más las cosas antes de decirlas.

-Oye, ¿y ya lo hicieron? -Koushirou preguntó tan calmado que me sentí abochornado- ¿Quién está arriba? ¿Lo empujaste o tuviste que ceder?

Joe negó con la cabeza y se sonrojó también.

-Izzy, ¿por qué no te controlas? ¿Qué te importa lo que ellos hagan?

-Sí, ya lo hicimos –hice un mohín-. Y de lo otro no te importa.

Koushirou rio un poco y le dio un sorbo a su café.

-No es que me importe mucho, sólo me dio curiosidad –Kou cerró los ojos y colocó su espalda en el respaldo de su asiento-; después de todo, Yamato parece tener miedo de ser tocado por otro hombre. Además, cuando hablé con él, parecía tan reacio a aceptar sus sentimientos por Tai, pero en el fondo parecía que sólo eran por sus prejuicios y sus miedos.

-Tan analítico como siempre –rodé los ojos y Kou volvió a reír.

-Era muy obvio, yo me di cuenta enseguida que ustedes no tenían realmente una relación amorosa, pero tú parecías tan feliz que se me oprimió el corazón verte vivir en ese mundo de ilusión –Kou volvió a darle otro sorbo a su café-. Te tengo un gran aprecio, Tai, por eso no quería verte sumido en la depresión cuando él decidiera marcharse.

Tragué saliva audiblemente al recordar esos días en los que me había vuelto a declarar a Yamato y él huyó de mí. No lo culpaba, esos monstruos lo habían lastimado muchísimo, por lo que le era difícil confiar en alguien.

-Gracias, Kou, quizá tú fuiste quien le ayudó a romper sus barreras y aceptar mis sentimientos. He sido un cobarde todo éste tiempo, guardé mis sentimientos por él durante muchos años, negándome a aceptar la realidad. Y cuando por fin me armé de valor para confesarme, él me mandó a freír espárragos y me dijo que no me iba a corresponder; luego pasó todo aquello, y cuando nos volvimos a encontrar no pude evitar volverme a enamorar de él.

-Es que no escarmentaste con todo lo que pasó –aquel pelirrojo rodó los ojos-, no aprendiste que Ishida no era para ti, pero te perdono por ser un idiota.

-Gracias, amigo –dije con sarcasmo-. ¿Cómo lo soportas? –volteé a ver a Joe, mientras le preguntaba aquello y él sudó una gotita.

-Es que es mi esposo, ¿qué más puedo hacer?

Los tres reímos y seguimos platicando de banalidades, hasta que terminamos de desayunar y nos despedimos. Después me puse a dar vueltas por la ciudad, hasta que pensé en ir por Yamato a la Universidad de Tokio.


Aclaraciones finales: El artículo que se invoca me lo saqué de la manga, o sea que no tengo ni %$&# idea de cuál sea en realidad XD