Capítulo 46

Me encontraba impartiendo mis clases cuando recibí una llamada del tribunal donde trabajaba Taichi. Hice un mohín, pensando si debía contestar, pero debido a la insistencia con que vibraba mi celular solicité un momento a mis alumnos para atender esa llamada. Salí entonces del aula y en el pasillo, con voz baja, contesté.

-¿Bueno?

Un pequeño silencio se implantó, hasta que la voz de Kitasawa se escuchó del otro lado.

-Señor Ishida, perdón que lo moleste, pero ¿está enfermo el Magistrado?

Parpadeé, algo sorprendido por la pregunta.

-No, yo lo vi bien ésta mañana, ¿pasó algo? ¿Se siente mal?

Ella volvió a quedarse en silencio y su tono pasó a uno más nervioso.

-Es que no ha llegado a trabajar.

Miré mi reloj de pulsera y me di cuenta que eran las dos de la tarde con cuarenta y dos minutos. Parpadeé, porque Taichi había salido junto con nosotros para irse a su trabajo.

-Pero si salió junto con nosotros en la mañana.

-Le avisaré al secretario Sasaki, para que lo haga del conocimiento de la Corte Suprema. Si él se comunica con usted por favor hágamelo saber.

-Sí, Kitasawa y tú haz lo mismo, por favor.

-Sí.

Ella colgó y yo miré mi celular, sintiendo un gran vacío. ¿Le habría pasado algo? Taichi era un trabajólico, así que no entendía por qué no había ido a trabajar.

Marqué su número, pero éste se encontraba fuera de servicio, así que estaba apagado. Apreté los puños y volví a marcar, obteniendo la misma respuesta. Entré al aula y les indiqué a mis alumnos que me tenía que retirar, algo que los sorprendió sobremanera.

Marqué a la casa y nadie respondió al teléfono, así que me apresuré a llegar; sin embargo, cuando abrí la puerta no encontré nada inusual y Taichi no se encontraba tampoco ahí. Marqué entonces a mi hermano para preguntarle por él, pero tampoco me supo dar razón. Comencé a desesperarme, por lo que llamé a la policía y ellos me informaron que llamarían a los hospitales, para investigar si había tenido un accidente.

Me quedé pegado del teléfono, esperando una respuesta pronta. Miré el reloj y los segundos parecían pasar más lentos de lo normal. La puerta del departamento se abrió de pronto y me levanté de mi asiento, pero por ella entraron mis hijos.

-Ya llegamos… -Tai me sonrió, pero parpadeó, quizá al ver mi rostro de desilusión-… ¿pasa algo, mamá?

Mis ojos se anegaron en lágrimas y él me abrazó, mientras Natsu se mostraba igual de sorprendida que Taichi.

-Tai no fue a trabajar y no puedo encontrarlo. Su teléfono está apagado; llamé a la policía y estoy esperando a que me avisen si tuvo algún percance. ¿Y si necesita mi ayuda? ¿Y si…?

Él me sentó en un sillón y me acarició el cabello, mientras intentaba controlar su propia ansiedad.

-Seguro se va a poner en contacto con nosotros, no te preocupes –su voz se quebró-. Las malas noticias llegan pronto.

Justo al decir eso el teléfono de la casa sonó y me levanté como un resorte. La imagen de un policía apareció en la pantalla, por lo que contesté enseguida.

-Buenas tardes –aquel sujeto se aclaró la garganta-; señor Ishida, me temo informarle que no hay ningún registro en algún hospital, ni tampoco en el registro de siniestros ni accidentes del día de hoy. Hasta el momento no hemos encontrado nada. Sin embargo, lamento decirle que hasta el día de mañana puede levantar la denuncia de desaparición. Cualquier informe que tengamos se lo haremos saber.

-Gracias…

Colgué, mientras me sentía desesperado.

-Llamaré a mi tía Shino y a mi tío Joe, por si ellos saben algo –Tai se levantó de su asiento y se puso a caminar por la sala, mientras marcaba un número en su celular.

Me senté a un lado de Natsu y ella tomó mi mano, para darme consuelo.

-Bueno, ¿tía Shino? –Tai apretó con fuerza su celular- Antes que nada, ¿no has visto a…? Sí, mi mamá ya habló. Le dijeron que hasta mañana… -él se quedó en silencio unos segundos y después hizo un mohín-… No, no ha peleado con mamá, pero ya sabes que él no se iría de casa así como así. No, mi mamá no tiene la culpa… -él se mostró enfadado-… no lo digas ni en broma. Está bien, sí, gracias, también te informaremos.

Taichi colgó y dejó escapar un suspiro.

-Dice que ya le habían dicho que mi papá no fue a trabajar, que intentaron hablarte, pero que no respondías, obviamente porque estabas ocupado y pues que esperemos a ver si llega –él negó con la cabeza y después volvió a marcar un número en su celular.

Seguramente le estaba hablando al superior Joe.

-Hola, tío Joe, disculpa que te moleste, pero, ¿no has visto a mi papá? Es que no fue a trabajar –hizo una pausa-. No, no fue a trabajar. Sí, ya sé que es un trabajólico, pero no fue… Mi mamá no sabe nada tampoco y ya le ha intentado hablar a su celular, pero está apagado. Sí, ya lo reportamos, pero no encontraron nada sobre él. Sí, pero tenemos la esperanza de saber algo de él antes de mañana. Sí, gracias, también te informaremos.

Tai dejó escapar un suspiro nuevamente y se sentó frente a Natsu y a mí.

-Que no ha sabido nada de él tampoco.

Cerré los ojos y comencé a sentirme desesperado.

-¿Y si está herido, y si tiene frío y hambre?

Mi cuerpo tembló sin que pudiera evitarlo y Taichi me abrazó, para intentar darme consuelo, aunque se encontraba igual de inquieto que yo.


No pude conciliar el sueño y toda la noche me pasé dando vueltas en la cama mientras me sentía desolado, así que me levanté con pesadumbre al ver que pronto iba a sonar la alarma del despertador y me di una ducha. Después, me senté en la cama cuando terminé de vestirme, mirando a la nada, como si esperara despertar de esa horrible pesadilla en la que Taichi no estaba a mi lado.

Mi teléfono celular sonó de pronto, sobresaltándome, pero contesté al saber que ese era el tono que tenía asignado mi hermano. Su rostro apareció en la pantalla y él me miró con algo de incertidumbre.

-Hermano, ¿ya llegó Tai?

Mis ojos se anegaron en lágrimas y negué con la cabeza.

-No te preocupes, ya regresará… él estará… -la voz de Takeru se cortó y se escuchó un sollozo, pero no fue él quien rompió en llanto, sino Hikari-. Por favor, si sabes algo avísanos.

-Sí…

Takeru colgó y yo me levanté de la cama, preparándome para ir a trabajar, aunque no deseara hacerlo.

Bajé las escaleras, encontrándome a Natsu preparando el desayuno, aunque tenía lágrimas en los ojos; Taichi estaba sentado en una silla, pero no prestaba atención a lo que Natsu le estaba platicando. Ambos se dieron cuenta de mi presencia y se secaron las lágrimas, como si no quisieran que me diera cuenta de que se encontraban igual de inquietos que yo.

-Buenos días, papi… -mi hija trató de sonreír, pero lo único que consiguió fue suspirar profundamente.

-Buenos días… -me senté en la barra de la cocina, a un lado de Taichi. Todos nos quedamos en silencio, hasta que Natsu acomodó el desayuno de todos, incluido el de Tai, a pesar de que no se encontraba ahí. Ella rompió en llanto enseguida y se secó las lágrimas lo más rápido que pudo.

-Es por si regresa, para que tenga algo que comer. Yo…

Me levanté de mi asiento y la abracé, mientras mi cuerpo temblaba y me tragaba las lágrimas.

-Va a regresar, ¿verdad? –ella se sostuvo con fuerza de mí- Él va a regresar, ¿verdad?

Cerré los ojos, sin saber qué contestar. Por lo general, cuando no llegaba a dormir, regresaba en la mañana arrastrando los pies para ducharse, comer algo e irse, pero no había ido a trabajar, a pesar de ser un adicto al trabajo.

Los tres nos quedamos en silencio, porque sabíamos que no podíamos responder a aquella pregunta.


Había dado mis clases, pero sin concentrarme debidamente y cuando salí, fui directo a la casa, encontrando las cosas igual, por lo que me dirigí a las oficinas de la policía para levantar la denuncia de desaparición de persona.

Mientras terminaba de llenar el papeleo, me encontré con Ken, el cual se sorprendió de verme ahí.

-Su…superior Ishida, ¿qué haces aquí?

-Tai no ha regresado a casa y yo… -las lágrimas escaparon de mis ojos y él me abrazó, por lo que me enterré en su abrazo-… no sé dónde está, su teléfono está muerto y no ha ido a trabajar.

-¿Ya levantaste la denuncia por desaparición? –yo asentí y él me abrazó con fuerza- Superior Ishida, sé fuerte, entiendo por lo que estás pasando –se alejó de mí y después se dirigió al policía que me estaba atendiendo-. Yo revisaré el caso, préstame la carpeta de investigación –recibió un fólder con documentos y comenzó a examinarlos-. En cuanto pueda te daré información, así que no te aflijas. Si sabes algo de él no dudes en decirme.

Yo asentí y él me pasó un pañuelo, para que me secara las lágrimas y me sonara la nariz.

-Siempre iba a trabajar, él es muy responsable, no entiendo qué es lo que está pasando.

-No te aflijas, seguramente él está bien.

Él me abrazó nuevamente y me enterré en su pecho, sintiéndome desconsolado y terriblemente solo.


Otro día pasó y no sabíamos nada de él. Trataba de no caer en pánico, pero me era imposible, ya que no sabía en dónde estaba, si tenía hambre, sed, si estaba… vivo. Todas las horas que yo había pasado en ese cuarto de aseo, sintiéndome desesperado, implorando porque alguien se acordara de mi existencia y me salvara de ese infierno, todos esos recuerdos se agolparon en mi mente. ¿Qué pasaría si Taichi estuviera esperando que yo le ayudara? ¿Qué pasaría si él estuviera sufriendo y yo no pudiera ayudarlo? ¿Qué pasaría si él ya no volviera nunca?

Las lágrimas escaparon de mis ojos sin que pudiera evitarlo, así que sentí el abrazo de alguien a mi lado.

-Regresará antes de que nos demos cuenta, mamá –Taichi trató de sonreír al decirme eso, pero las lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos-. Ya verás…

Mi cuerpo tembló y él me abrazó con más fuerza, después nos quedamos en silencio, hasta que el teléfono de la casa nos asustó a ambos. Esperanzado, me levanté rápidamente del sillón y contesté, encontrando un rostro desconocido en la pantalla. Quien llamaba era un hombre de unos sesenta y tantos años, de piel blanca, cabellos rubios y ojos dorados.

-Buenas noches, residencia Yagami –al decir aquello, el hombre que se encontraba en la pantalla me miró detenidamente.

-Buenas noches… -respondió secamente aquel sujeto-… usted debe ser la persona con la que convive Taichi.

Sudé una gotita, aquello parecía un reclamo.

-¿En qué puedo ayudarle? –sonreí amablemente, aunque me sentía incómodo.

-Deseo hablar con mi nieto Taichi.

Yo parpadeé y después sonreí con condescendencia.

-Taichi, te hablan –dejé escapar un suspiro.

-Lo siento, mamá, no reconocí la voz de mi abuelito Ryuu –Taichi se colocó a un lado de mí.

-Espera… -aquel hombre detuvo mis movimientos con su voz-… no nos hemos presentado debidamente, soy Ryuu Amakuza.

-Mucho gusto, me llamo Yamato Ishida.

Él me miró aún más detenidamente.

-Eres muy atractivo… déjame adivinar, eres ese tipo del que Taichi siempre estuvo enamorado.

Me sentí tan abochornado por eso; cuando Taichi volviera ya me escucharía.

-Nana me lo dijo –aquel hombre sonrió de lado, como si me estuviese leyendo la mente-, pero ella estaba tan empeñada en estar con Taichi. No es un mal muchacho, incluso lo estimo y, conociendo a Nanase, ella fue la que prácticamente lo obligó a estar con ella…

-Un momento… -Taichi se acercó a la pantalla-… ¿por qué no me entero de nada, abuelito?

Aquel hombre sudó una gotita y después soltó una carcajada incómoda.

-Olvidé que estabas escuchando. No prestes atención a mis palabras.

Taichi rodó los ojos.

-Por favor no le digas cosas a mi mamá.

Seguramente el que me llamara "mamá" había sido la causa de que el padre de la esposa de Taichi me quisiera fulminar con la mirada, así que desee de pronto que la tierra me tragara.

-¿Por qué le sigues diciendo así? –el señor Amakuza me miró con mayor resentimiento- A claras luces es un hombre.

-Sí, ya sé que mi mamá es un hombre, pero él…

Aquel hombre dejó escapar un suspiro y después hizo un gesto con su mano derecha, para detener las palabras del muchacho.

-Lo siento, es que no me acostumbro; no importa que a quién llames "mamá" sea hombre o mujer, igual sentiría un revoltijo en el estómago. Lo dejaré pasar únicamente porque parece que lo adoras.

Taichi sonrió con alegría, hasta que escuchamos una pregunta que nos hizo regresar con estrépito a la realidad.

-¿Y Taichi, dónde está? Me gustaría saludarlo.

Hubo un grande silencio, hasta que Taichi rompió a llorar como un chiquillo y se refugió en mis brazos, ocasionando que el padre de la esposa de Taichi nos mirara con extrañez.

-Mi… mi papá… -la voz de Taichi se entrecortó, así que lo abracé con más fuerza, intentando no entrar en pánico también.

-Taichi tiene tres días desaparecido –cerré los ojos y sentí cómo las lágrimas resbalaron por mis mejillas al decirle aquello-. Lo siento, yo no… -intenté secarme las lágrimas con la palma de la mano izquierda, pero fue imposible, más lágrimas mojaron mi rostro. El abuelo de Taichi suavizó su mirada.

-Veré si puedo ayudar desde acá –hizo un mohín-; en cuanto sepa algo les avisaré, así que les pido que si ustedes saben algo de él, también me lo informen.

-Sí, gracias.

Él cerró los ojos y después colgó.

-Lo siento, mamá… -Taichi hipeó y yo despeiné un poco su cabello, si a esa maraña de cabellos se le podía despeinar más.

-No te preocupes, todos estamos preocupados, era normal que en algún momento tuvieras que sacar tus sentimientos a flote. Voy a terminar de hacer la cena, mira un poco de televisión mientras tanto.

Él asintió, separándose de mí y se sentó en la sala, repasando los canales, evitando los que hablaran de desaparición de personas y muertes y casos policiacos, hasta que se detuvo en un canal en donde se encontraban entrevistando a Takeru.

-Mi tío Takeru es muy popular –Taichi sonrió débilmente.

Yo asentí, fijando mi mirada en la pantalla.

-Como lo prometimos, tenemos en nuestro estudio al famoso escritor T.K. Takaishi, autor de Digimon, siendo ésta su obra más reconocida a nivel mundial. Actualmente está escribiendo los capítulos de uno de los dramas más populares de los últimos tiempos llamado "Vértigo". Muchos seguidores de éste drama se han preguntado si el personaje principal de su historia fue basado en su hermano, debido a la relación tan estrecha que el protagonista tiene con su hermano menor.

Pude ver cómo los ojos de mi hermano temblaron y abrió los labios, sin decir ni una palabra por algunos segundos.

-No, yo tengo un modelo de hermano muy claro en mi vida y debido a las circunstancias en las que crecimos no ha sido Yamato. Él siempre ha sido muy bueno conmigo, pero el modelo de hermano que yo tengo no es de él.

-Entonces, si no es mucha indiscreción, ¿podría explicar en quién se basó para crear el personaje de Akira, el protagonista de vértigo?

-En… -Takeru sonrió débilmente-… en mi cuñado.

-¿En Taichi Yagami? –preguntó el presentador, algo sorprendido- ¿Basó al protagonista de éste drama en uno de los personajes más emblemáticos de sus libros más vendidos?

-No pude evitarlo, Taichi es un hermano ejemplar. Mi hermano es un buen hermano, pero Taichi es protector, es amable, es tierno, es detallista y siempre está al pendiente de Hikari. Creo que por eso le puse esa personalidad a Akira.

-Es una lástima que la grabación del drama "Vértigo" se haya detenido –el presentador, el cual era un atractivo hombre mayor, de cabello entrecano y negro, de ojos grises y piel blanca, hizo un mohín-, sobre todo porque ha tenido mucha aceptación entre el público y seguramente ahora tendrá mayor audiencia, después de que reveló que el modelo en que basó al protagonista es nada más y nada menos que Taichi Yagami, el héroe de muchos niños y adolescentes en todo el mundo.

-Es que…

El rostro de Takeru se veía cansado.

-…es que hemos tenido problemas familiares… -pude ver en su semblante, cómo se tragaba las lágrimas, ocasionando que mi llanto fluyera-… por eso no he podido concentrarme, estoy preocupado.

-¿Entonces cuándo planea retomar nuevamente su trabajo?

-No lo sé… -las lágrimas por fin escaparon de los ojos de mi hermano-… lo siento, yo… no… -el presentador le pasó una caja de pañuelos desechables-… No sé cuándo vaya a poder volver a concentrarme en mis proyectos.

-Debe ser un problema muy grave, para que usted se haya detenido de escribir.

Takeru se mordió los labios y su llanto se volvió aún más fuerte.

-Mi cuñado… Taichi desapareció… -soltó de pronto, sorprendiendo al presentador-… no sabemos dónde está, desapareció sin dejar rastro. Si… si alguien supiera de él, si alguien pudiera decirnos dónde se encuentra… -él sacó su celular y buscó algo, hasta que mostró una fotografía de Taichi, el cual estaba abrazando a Hikari-. Por favor, si alguien sabe algo de él, comuníquese a la policía, para que ellos puedan encontrarlo.

El presentador se mostró acongojado.

-Si nos presta la fotografía, nosotros podríamos compartirla por muchos medios. Takeru asintió y se secó las lágrimas.

-Gra…gracias…

Taichi y yo nos volteamos a ver y él sonrió.

-Ojalá que con esto sepamos en dónde está.

-Taichi se va a enojar cuando sepa que ya todos saben cómo es… -ambos reímos un poco con mis palabras, intentando apaciguar el dolor que sentíamos.


Me voltee a ver al espejo y me percaté de las ojeras que resaltaban en mi pálido rostro. Miré mi reloj de pulsera y después caí al suelo, intentando detener el llanto que escapaba por mis ojos. Taichi se acercó a mí y me abrazó para infundirme consuelo, un consuelo que no había podido menguar mi dolor.

-Una semana -dije y él comprendió a la perfección mis palabras, pero no dijo nada, tan sólo me mantuvo en sus brazos por un tiempo considerable, hasta que me separé y él me revolvió el cabello en un gesto cariñoso.

-Se te hará tarde para el trabajo, mamá. Sabremos algo de mi papá, no te preocupes.

Asentí y me incorporé, secándome las lágrimas; después caminé directo a la cocina, en donde Natsu, se encontraba esperándonos para desayunar. Justo cuando me senté y tomé mis palillos, el timbre de la casa sonó. Me levanté a abrir la puerta, sorprendiéndome al encontrar a una bella mujer de cabellos negros y largos y bonitos ojos rosados.

-Buenos días, superior Yamato.

Observé detenidamente a esa mujer tan bonita, pero no la reconocía.

-¿Mochizuki? –pregunté y ella me sonrió.

-Pensé que ya no me recordabas, pero ya no soy Mochizuki, ahora soy Kumagai, aunque puedes llamarme Meiko. Te traigo una visita, espero que no te moleste.

Ella se hizo a un lado y Agumon apareció, algo que me sorprendió.

-¿Eres tú, Yamato? Estás tan alto como Taichi.

Mis labios temblaron cuando escuché aquel nombre.

-¿Nos permites pasar, superior? –la voz de Ken se escuchó a un lado de Mochi… de Meiko; sin embargo, sentí que mis piernas de pronto se volvieron de gelatina al ver al sujeto que iba acompañando a Ken.

Era un hombre sumamente atractivo, parecía un modelo de revista, de rostro varonil, de ojos verdes, piel blanca y cabello negro y ondulado. Sentí de pronto que el aire me faltaba.

Di un paso hacia atrás, hasta que topé con alguien.

-¿Qué sucede, mamá? –Taichi habló, pero no pude responderle- Buenos días, señor Ichijouji, por favor pasen.

-¿Tú eres el hijo del superior Taichi? –Meiko se emocionó al ver a aquel muchacho- Eres igualito a él.

-Aquí tienes un pañuelo para que te limpies la baba –aquel sujeto de cabellos negros le tendió un pañuelo blanco y ella se sonrojó.

-No diga esas cosas, director Nagano.

Ellos pasaron al departamento y Taichi les dio a entender que podían sentarse en la sala, mientras él se sentaba a mi lado, como si entendiera que me sentía intranquilo por la presencia de ese hombre.

-Eres igualito a Tai cuando era joven –Agumon se acercó a Taichi y le tendió la mano, para presentarse-, yo me llamo Agumon.

-Mi papá me ha platicado mucho de ti –mi hijo correspondió al saludo de Agumon-. Yo soy Taichi Yagami.

-Te llamas igual que Tai –aquel pequeño dinosaurio anaranjado sonrió con aprecio hacia el muchacho-. Al verte siento como si no hubiera pasado el tiempo.

Ken carraspeó un poco, para que pusiéramos atención a su persona.

-Yamato, quiero que escuches atentamente lo que voy a decirte, porque no es fácil –yo asentí, sintiéndome ansioso-, Taichi fue secuestrado y herido el día que desapareció.

Voltee a ver con odio a Nagano, pero éste ni se inmutó.

-¿Q… qué le hiciste a Taichi, maldito? –le pregunté, aunque tartamudeé al hacerlo.

-Tranquilízate, muñequita… -al escuchar esa voz carente de sentimientos llamarme con ese adjetivo, mi cuerpo tembló sin que pudiera evitarlo-… vine en son de paz. Tu novio me encargó que llevara a su mascota a su casa.

-Que no soy una mascota –Agumon entrecerró los ojos.

El ambiente se puso tenso.

-¿Dónde está? –no pude contener mi llanto, estaba nervioso.

-El director Nagano lo encontró consciente todavía, pero falleció en sus brazos.

Al escuchar las palabras de Ken, sentí como si algo me hubiera golpeado y se hubiese llevado todas mis fuerzas. Me llevé ambas manos al rostro y comencé a llorar.

-La ambulancia tardó en llegar y él ya había perdido mucha sangre –Nagano habló en ésta ocasión-, logramos reanimarlo, pero ha estado en coma todo éste tiempo. Al permanecer tanto tiempo sin signos vitales, no sabemos si despertará del coma, o cuáles serán las consecuencias de haberlo reanimado.

Taichi apretó los puños y se mordió los labios, mientras trataba de contener su llanto.

-¿Por qué él? ¿Quién fue? ¿Por qué hasta ahora? –pregunté.

Ken desvió la mirada y dejó escapar un suspiro.

-El superior Taichi se vio envuelto en un asunto muy delicado –Ken tembló-. Sé que el director Nagano te hizo daño en el pasado –apretó los puños y también sus ojos-, pero él me ha ayudado en éste caso. Taichi sólo se vio envuelto en el fuego cruzado.

-¡Pero por qué hasta ahora! –grité, sintiéndome frustrado.

-El asunto es sumamente delicado –Ken se masajeó las sienes-, así que no puedes ir a verlo, pero Meiko estuvo insistiendo tanto que te dijera…

-¿Entonces… entonces no ibas a decirme nada, Ken? –me levanté de mi asiento y lo levanté de la solapa de su saco.

-Ken se está esforzando mucho en éste caso –Meiko habló, mientras jugaba con Agumon-, además se piensa que Taichi está muerto.

-Si él despertara… -Ken apretó los puños-… si él despertara podría servirnos como un testigo.

Hice un mohín y apreté con más fuerza la camisa de Ken.

-¿Por qué hasta ahora? ¿Y si no despierta? ¿Me ibas a decir algún día? –él me miró, como si no supiera qué contestar a mi pregunta, entonces lo solté y después sentí cómo Taichi me abrazó.

-Tranquilízate, mamá… -aunque intentó reconfortarme, su voz se quebró, se estaba tragando las lágrimas.

-Lo siento, superior Ishida.

-¿Y podré verlo pronto? –me enterré en el cuello de Taichi, mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas- ¿Podré ver a Taichi o sólo me estás torturando?

Ken dejó escapar un suspiro.

-Hablaré con mis superiores, pero sólo dejaré que tú, su hijo y sus padres lo vean, al igual que Hikari. Y por el momento no digas nada, necesitamos que piensen que está muerto.

Asentí, sintiendo cómo Taichi apretaba los puños, realmente estaba preocupado.

-Por cierto, superior Ishida, quiero saber si Agumon se puede quedar aquí contigo, no sabemos cómo es que llegó aquí y no queremos que nadie más se entere –Ken sonrió con condescendencia-. El superior Izu… digo, Kido, podría explicarlo, pero por el momento no debemos hacer público esto.

Volví a asentir y me separé de Taichi para despedirlos, mirando con recelo a Nagano, el cual pareció divertido por mi actitud.

-No te preocupes, superior Yamato, yo cuidaré al superior Taichi –Meiko sonrió.

-Evitaré que lo viole, no te preocupes, Ishida –Nagano dijo con la misma actitud despreocupada de siempre.

-¡Que no le voy a hacer nada! –Meiko se sonrojó al decir aquello.

-Pero si te lo comes con la mirada cada vez que vas a verlo –Nagano sonrió débilmente.

-¡No es cierto, director Nagano!

-Te quedas mirándolo por largos minutos –él rio un poco.

-Es que es muy guapo, no puedo evitarlo –ella lloriqueó-, pero yo no le haría nada, ya estoy casada.

-Le diré a tu esposo.

-¡Que no le quiero hacer nada! –Meiko parecía una olla a punto de ebullición.

Meiko y Nagano salieron del departamento mientras se alejaban por el pasillo, aun discutiendo y Ken se quedó en el marco de la puerta.

-Perdóname, Yamato… -Ken apretó los puños.

-Entiendo que es tu trabajo –puse mi mano derecha sobre su hombro izquierdo, mientras él continuaba dándome la espalda.

-Cuando atacaron a Miyako no pensé que esto se volvería peor. Debí preverlo.

-Ya, no te culpes.

-He sido tan egoísta, pero todos esos niños… todas esas personas… -apretó sus puños-… lo único que quería era ayudarles.

Su cuerpo tembló y yo me mordí los labios.

-Aunque ellos no lo sepan, estás haciendo tu mayor esfuerzo por salvarles.

-Tú lo entiendes, ¿verdad? –continuó dándome la espalda- Lo que es perder la esperanza, lo que es sufrir y que nadie acuda a tu llamado.

Bajé mi mirada, odiaba recordar esos días, odiaba recordar el dolor y la desesperación. Mi cuerpo recordaba algo que mi mente deseaba olvidar.

-Taichi me salvó… -sonreí débilmente-… y tú quieres salvar a toda esa gente.

Él sollozó, pero no volteó a verme.

-Perdóname, yo sabía que estabas sufriendo porque no sabías en dónde se encontraba Taichi, pero debíamos mantenerlo en secreto. Por favor perdóname por ser tan egoísta.

-No te preocupes, lo entiendo. Gracias por decírmelo.

-Agradéceselo a Meiko, ella me persuadió de que lo hiciera, aunque los hijos de Nagano extrañarán mucho a Agumon.

Parpadeé. Nagano e hijos en la misma oración sonaba tan extraño para mí.

-Quizá deberías de hablar algún día con él, no es tan malo, quizá ya no.

-No gracias, el sólo pensarlo… –mis ojos se llenaron de lágrimas y me abracé a mí mismo-, no lo soportaría. No le guardo rencor, pero dejó heridas en mí que nunca he podido sanar.

-Gracias por todo, Yamato, disculpa por no haberte ayudado, aunque supiera que estabas sufriendo por la ausencia de Taichi.

-Bueno, más vale tarde que nunca.

Ken asintió y después salió, cerrando la puerta detrás de sí. Justo cuando cerró la puerta me di la vuelta y comencé a llorar. Ahora que sabía en dónde se encontraba Taichi, tenía la incertidumbre si volvería a despertar.

Escuché unos pasos y después voltee a ver a Agumon, el cual me miró detenidamente.

-¿Ésta es la casa de Tai?

Yo asentí, secándome las lágrimas y él me sonrió.

-¿Vives con él? –su pregunta hizo que me sonrojara por completo- Ya veo, ¿entonces al final si te declaró su amor? –él comprendió mi silencio y después volvió a sonreír- Qué bueno, Gabumon y yo habíamos apostado contra todos a que estarían juntos cuando nos encontráramos.

-¡Que Gabu qué! –de pronto me sentí como una olla a punto de ebullición.

-Bueno, Gabumon me dijo que le gustaría que estuvieran juntos, porque Taichi parecía quererte mucho y por eso te haría feliz.

Quería de darme de golpes en la pared al sentirme tan abochornado.

-Aunque Biyomon se sentirá triste al saber que no te quedaste con Sora.

Yo sudé una gotita.

-De hecho me casé con ella, pero después de dieciocho años de matrimonio nos separamos. Pero no te preocupes por ella, Sora se casó con Mimi.

Agumon parpadeó y después rio un poco.

-Palmon y Biyomon se sentirán muy felices de escuchar eso.

-Ken se casó con Miyako –dije de pronto y Agumon asintió.

-Sí, Ken me contó, además también me contó que Takeru se casó con Hikari. Pobre Daisuke –él sudó una gotita.

-Joe se casó con Koushirou.

-¿De verdad? Me da gusto que se lleven todos tan bien como antes.

Ambos sonreímos, hasta que volteé a ver el reloj; si no salíamos en ese instante se nos haría tarde.

-Tenemos que irnos, ¿estarás bien? –pregunté y Agumon asintió.

-Puedes comer el almuerzo de papá Taichi –Natsu le entregó en sus manos la caja del almuerzo que todos los días le preparaba a Tai.

-Gracias, ¿eres hija de Yamato y Sora?

-Sí, mi nombre es Natsu –ella sonrió.

-Si quieres, también puedes comerte mi desayuno, está en la barra de la cocina –sudé una gotita y Agumon asintió con felicidad.

-Sí, está bien, les ayudaré a lavar los platos –aquel pequeño dinosaurio sonrió.

-Regreso en la tarde para hacer de comer. Nos vemos entonces.

Tomamos nuestras cosas, pero justo cuando íbamos a salir de la casa, Agumon me dijo algo.

-No te preocupes, Taichi despertará. Yuuma dijo que parecía mostrar signos de conciencia de vez en cuando.

Yo asentí.

-Por cierto –dejé escapar un suspiro-, no abras la puerta a nadie, a no ser que sean Ken o Mochi… digo, Meiko.

Cerré la puerta inmediatamente y comencé a caminar a un lado de mis hijos. Nos quedamos todos en silencio, quizá cada quien ensimismado en sus propios pensamientos, hasta que llegamos a la universidad.

-Mamá, por favor no te vayas sin mí a ver a mi papá.

Taichi se alejó, mientras Natsu mostraba una expresión de suma congoja.

-Yo también quiero verlo… -sus ojos se llenaron de lágrimas y yo la abracé.

-Lo sé, te prometo que le pediré a Ken para que te deje verlo.

Ella sollozó, pero asintió. Después se separó de mí y se secó las lágrimas.

-No se vayan a ir sin mí, por favor.

Natsu se alejó y yo dejé escapar un suspiro, después saqué mi celular para informarle a los padres de Taichi lo que había ocurrido.


Notas de la autora: Después de que perdiera más de cinco veces la memoria en que tengo los avances de la historia, decidí publicar estos capítulos, porque no vaya siendo y la pierda de verdad y me dé de topes contra una pared. He tenido mucho trabajo últimamente, así que no sé cuándo me vaya a poner a escribir nuevamente, pero les prometo que en cuanto pueda subiré el próximo capítulo. Gracias a todos los que aún continúan leyendo ésta historia y también agradezco a todos aquellos que se toman un poco de su tiempo para dejarme algún mensaje.