La Rosa y el fuego:
Parte I: El acervo anuncio
Hubo un momento de revuelo. Pues de manera inesperada los dioses del Panteón habían sido invitados al palacio del dios All Might para celebrar un delicioso banquete con mucha música, bebida y con un intrigante anuncio que auspiciaba alegría para todos los moradores del Olimpo.
La penumbra se alzaba sobre las cúpulas iridiscentes de los palacios mientras la luz fantasmal de la luna bañaba las callejuelas adoquinadas y las verjas de hierro que protegían los palacios. Pero lo que más inquietaba aquella vigilia era el anuncio tan monosílabo y taimado que rezaba en la invitación. Ni siquiera Denki, quien era mensajero de todos los dioses sabía cuál era aquel anuncio que All Might y Midnight querían dar esa noche.
Pero, si de algo era sabido, era que los dioses jamás se quedaban con la curiosidad. Y esa noche no iba a ser la excepción, aunque a muchos les parecía algo inquietante y su intuición les activaba todas las alertas.
Katsuki por una extraña razón se sentía inesperadamente inquieto aquella noche. Sentado en su trono y en su desértico salón, pensaba realmente si debía ir o no a aquel banquete que el idiota con complejos de correcaminos le había avisado en aquel instante. Porque, aunque jamás podía negar una invitación, algo dentro de él punzaba como un silencioso aviso.
Sin embargo, de solo pensar nuevamente en aquel niñato de ojos brillosos y sonrisa cándida que había estado junto a él en su lugar secreto, solo le hacía saltar el pecho en un sórdido palpitar que le reconfortaba. Tuvo que cubrirse la mitad de su rostro para no dejar salir aquella sonrisa encantadora que pocas veces el dios de la guerra vislumbraba cuando estaba feliz o complacido.
Era de esos pocos momentos en donde realmente se sentía en paz, donde realmente sentía que podía sonreír, donde realmente sentía que estaba haciendo algo bien. Y todo era gracias a ese dios de hermosos ojos que le había confesado de la manera más abrupta y veraz todo ese panal de sentimientos que él e Izuku sentían.
Jamás se había sentido tan ilusionado o tan feliz de que verdaderamente alguien le dijera esas palabras.
«Te amo»
De solo recordarlo sentía que su piel se enchinaba y que la sonrisa se le desbordaba por los pómulos. Era una sensación tan abismal, tan buena y tan reconfortante, que pensó que jamás se cansaría de ella.
Por alguna extraña razón esa reconfortante aura que había traído Katsuki aquella tarde había hecho cambiar la pesada y silente aura que se añejaba en las paredes del palacio. La tranquilidad se respiraba con mucha soltura, los pájaros habían cantado con extraño jubilo, Katsuki no había hecho ordenes de manera abrupta o impaciente como siempre se habían hecho desde que su palacio se había construido.
Alectrión estaba inconmensurablemente extrañado ante la falta de apatía y de amenazas de su maestro en sus órdenes. Pero lo que más le anonadaba era la silueta de la sonrisa que el dios de la guerra trataba de esconder bajo su diestra. El joven escudero jamás había visto a su amo tan sonriente y tan pletórico de alegría.
Era extraño, era nuevo, era simplemente impensable. Sin embargo, el joven escudero se tomó un momento para apreciar la postura, la tranquilidad y la simpatía que aquel dios esfumaba en su aura y pensar por un instante que su amo, después de tantos eones, era feliz. Sonrió levemente.
— Alectrión — llamó el dios de la guerra.
El joven escudero se sobresalto y tan rápido como pudo se acercó al entarimado donde se encontraba sentado su maestro.
— ¿Necesita algo mi señor?
— Sí
El dios se levantó de su trono y se acercó lentamente hacia su protegido, con la misma mirada feroz y circunspecta que se le conocía.
Por simple reflejo, Alectrión se había puesto nervioso y sentía como empezaba a sudar frío ante la seriedad e imponencia que su señor aún mantenía a pesar de estar con él casi todo el tiempo durante al menos unos cuantos milenios. Katsuki seguía manteniendo esa aura intimidante, imponente y sombría alrededor de él.
Katsuki llegó al final del entarimado y observó de cerca como su protegido evitaba la mirada y temblaba levemente. Sonrió de medio lado, aunque casi siempre le molestaba que su protegido fura tan gallina y mamón. Acercó su rostro hasta dar de cerca con la del joven. Alectrión sintió que se le iba la respiración del pánico cuando vio los ojos escarlatas refulgir y las piernas le flaquearon levemente, trago duro.
— Necesito que me ayudes a escoger un traje de gala para esta noche — respondió finalmente el dios.
Alectrión tuvo que procesar por unos instantes la petición y después miro fijamente a su señor con una expresión confundida y casi sorprendida. Su maestro jamás pedía ayuda a la hora de vestirse, ni siquiera pedía ayuda para nada. Simplemente era una petición descabellada y más si le pedía ayuda a él, a su protegido y sirviente.
— ¿A que debo tal honor? Mi señor — preguntó todavía extrañado.
— Hoy… es una noche particularmente especial — le restó importancia —, mi padre realmente me pide cosas inauditas, pero hoy realmente se ha pasado y quiero estar presentable para la cena…
— ¿Una cena en el palacio de All Might? — Alectrión todavía se mantenía extrañado por la actitud del dios — ¿Por qué no lleva su armadura de siempre, mi señor? Siempre le ha sentado bien en galas como esas.
— Como te repito, hoy es una noche muy especial y… — Katsuki pensó en lo que diría antes de seguir — hoy quiero complacer a mi padre, así que ven y ayúdame a escoger que me pondré, ojos de borrego.
Katsuki le dio la espalda y empezó a caminar hacia sus aposentos. Alectrión, aún extrañado por la actitud de su maestro, le siguió de cerca. El joven escudero y protegido se sentía patidifuso ante el cambio de actitudes del dios. Su maestro jamás había sido obediente a los pedidos de All Might, mucho menos vestía correctamente y esa noche parecía como si todo hubiera cambiado.
Y más allá de ello, había pasado por alto que su señor le había llamado por su nombre al momento de llamarlo, sin embargo, lo ignoró al tratar de ayudar a su señor a escoger el traje de esa extraña noche.
Kendo al igual que sus hermanas se sentían melancólicas, decaídas, casi marchitas. El aura del palacio de mármol y nacarados ya no rebosaba de la lozanía o la alegría que en esa mañana se había despertado, ahora estaba colmado por un pesado aire lleno de tristeza y desazón que carcomía las ahora oscuras paredes.
El perfume de los jardines se había disipado como un vaho displicente y el silencio de la noche parecía un pesado velo que se cernía sobre el palacio. Kendo se sentía desfallecer y sus hermanas se apoyaban en ella, consolándose mutuamente ante aquella penetrante sensación de tristeza.
— ¿Cómo estará? — se preguntó Carites preocupada.
— De la misma forma en la que lo encontramos esta tarde.
— No seas odiosa, Aglaye — le reprendió Kendo suavemente — todas estamos preocupadas por Izuku.
— ¿Qué habrá pasado? Es decir… nunca ha estado tan melancólico o… — Carites se detuvo — Solo espero que podamos consolarlo.
— Es algo que cuando sea el momento, nos lo contará — contestó Kendo mientras le dedicaba una mirada comprensiva a su hermana — no podemos presionarle a que nos cuente lo que ocurre, solo seamos pacientes y dejemos que Izuku cuente lo que siente…
— Pero ¿Sí no lo hace? — interrogó Aglaye.
— Hay que respetar su decisión, Izuku confía en nosotras, pero hasta los dioses tienen derecho a guardarse sus secretos — le respondió Kendo.
Aglaye asintió y por dentro imploró a que su joven maestro y entrañable amigo se sintiera mejor de aquello que le aquejara.
Sin embargo, eso distaba de toda la realidad. Pues Izuku se encontraba a solas en aquella gigantesca tina, bañado con el agua más reconfortante y los olores de la valeriana y lavanda para calmar aquella punzante sensación que en su pecho residía. Sus lágrimas aún corrían por sus mejillas, pero se escondían detrás del agua que escurría de su rostro.
Se sentía acabado, rendido. Sus ojos de esmeraldas estaban inyectados en sangre de tanto llorar, su cuerpo se sentía pesado, su corazón martilleaba como un punzón dentro de su pecho dañando todo a su paso y su sonrisa ahora se había convertido en un rictus desconsolador.
Izuku se sentía fatal, descompensado y casi inerte en aquel enorme baño que lo hacía sentir tan pequeño y tan frágil. Su mente rememoraba con demasiada viveza aquellas palabras de Todoroki le había confesado esa misma tarde en su palacio, al igual que aquel beso tan dulce, tan apasionante y tan marcado que había dejado Katsuki justamente ese día.
Su pecho saltó de dolor mientras sentía que no podía decidir ante esos acontecimientos. Era simplemente injusto.
"Pero la vida nunca ha sido justa, ni para los humanos, ni para los dioses" se trató de consolar el dios de cabellos verdosos. Volvió a lavarse el rostro con el agua para que las lágrimas de su rostro desaparecieran bajo aquel mar perfumado y sintió un escalofrío amargo trastabillarle los nervios.
Todavía sentía que no podía decidir su destino bajo aquel yugo de casualidades inusitadas. No deseaba dejar atrás a Katsuki, pues nunca había sentido tanta fascinación y adoración por ese sentimiento tan apremiante que le estaba carcomiendo el corazón cada vez que el dios de le guerra mirarse con sus ojos de escarlata. Pero estaba la latente presencia de las palabras de Todoroki y de Nemuri como una ola sobre un promontorio, golpeándole con pánico y miedo ante las consecuencias que tendría si no cumplía el trato inesperado que había hecho con la diosa, si no aceptaba los sentimientos y las nupcias con aquel dios.
Izuku se volvió a encoger en su cuerpo y sintió que no podía decidir esa noche cuál era su destino. Tenía miedo de que su castigo cayera no solo en él, sino en su isla y en aquellos que había dejado atrás y que quería con mucha fuerza; pero también estaba ese pletórico sentimiento que lo inundaba de algo desconocido, de algo que se sentía bien, que era correcto, que era tan especial que no podía dejar de lado a Katsuki.
No supo cuanto tiempo pasó en la tina, pero cuando deseo salir de ella, sus gracias le esperaban en su habitación con sus ropajes y un poco de vino, sonriendo forzadamente para esconder la preocupación que ellas sentían por el dios.
— No se preocupen por mi — comentó el dios tratando de sonar firme — estaré bien.
Ninguna de las gracias dio una respuesta.
— Déjenme a solas, por favor, mis queridas gracias — ordenó amablemente el dios.
Las chicas asintieron con deferencia y desaparecieron por la gran puerta de los aposentos del dios. Viéndose solo nuevamente, Izuku se acercó a sus ropajes con cierto recelo.
Una hermosa toga de tela casi traslucida tan blanca y brillosa como las estrellas estaba sobre su cama. Era precioso, impoluto y casi quimérico verlo. Su tela era suave y al mismo tiempo brillaba como una noche estrellada. El de ojos esmeraldas sintió que aquella hermosa toga estaba siendo desperdiciada en esos instantes y sintió las ganas de volver a llorar subírsele hasta los ojos.
Debía tomar una decisión. No deseaba hacerle daño a nadie, pero cualquiera que fuera su respuesta, le obligaría a hacerle daño a alguien.
El palacio de All Might volvía a estar lleno de alegría y de diversión en aquellas paredes altas del salón del trono, pues el banquete tan inesperado que su mujer había organizado esa noche estaba alucinante y tan lleno de vida que All Might sintió que estaba en otro lugar que no fuera su palacio.
Las columnas, las vigas de yeso y algunos dinteles estaban bañados de hermosas enredaderas verdosas acompañadas por hermosas azucenas, lirios y madreselva que esfumaban un perfume virginal y embriagador alrededor de la gigantesca habitación; los largos mesones estaban cubiertos por vinos frutales y dulces junto a copiosos platos de carne de venado, ternera y ganso, además de bandejas llenos de higos, melocotones y uvas para la ocasión; las Musas interpretaban hermosos cantos y obras de las tragedias más dolorosas ocurridas en Grecia como Edipo Rey, Medea, las historia de Píramo y Tisbe, entre otros.
Yagi se sintió meramente sorprendido y a la misma vez contrariado por lo suntuoso y pomposo que se veía el palacio solo para ser una cena tan apurada. No sabía cuales eran las intenciones o mucho menos aquel intrigante anuncio que Nemuri llevaba murmurando y refunfuñando durante todo el día, pero si de algo estaba seguro es que apremiaba buenas noticias, pues la diosa reina vestía una hermosa toga de seda purpura con hermosos acabados en oro, su diadema de oro y plumas de pavo real, y llevaba una sonrisa de oreja a oreja.
"Al menos estoy tranquilo de que nada se va a salir de control esta noche" cavilaba el dios rey mientras observaba lo bien que se la pasaban sus hijos.
Mientras tanto, al otro lado del salón un grupo de dioses estaba debatiéndose y apostando cuales serían aquella noticia misteriosa que tanto recelo y premura causaban en la reina madre.
— Alguna debe estar embarazada — refunfuñó Mineta — estoy al cien por ciento seguro.
— No seas idiota, Mineta — le recriminó Kaminari — de ser eso ya nos habríamos enterado y hasta ahora ninguna tiene el vientre abultado.
— Sí Mineta es idiota, tu le sigues el camino por imbécil — le respondió Jirou mientras bebía un poco de vino — no necesariamente hay que tener el vientre abultado para concebir ¿O se olvidan de cómo nació Momo?
Kaminari bufó fastidiado y calló ante las palabras de Jirou, que no guardaban verdad.
— Solo hay dos opciones — meditó la joven de cabellos de ébano, meneando su copa.
Mineta y Kaminari mantuvieron su atención en la ex diosa, la cual bebió un largo trago de su copa y soltó un jadeo de alivio por el dulce sabor del vino.
— ¿Y cuál es?
Jirou les dedicó una mirada dubitativa y después su ceño se frunció.
— ¿Están jodiendo? Tantos años metidos en el Panteón y ni siquiera saben como se pone la diosa madre con cada noticia.
— Joder, no somos mujeres para andar pendiente de cosas sin importancia — respondió sin reparo el rubio de mechón oscuro.
Jirou le propinó un coscorrón y lo apretó en una llave para mantenerlo a raya. Ambos se mantuvieron en un tira y afloja en donde el dios mensajero no podía escapar ante la sobrehumana fuerza de la dama de compañía, dejando que su cabeza recibiera la mejor parte mientras que la ex diosa de cabellos oscuros soltaba humo por los oídos.
— ¡Ya, Jirou! Detente, por favor — le suplicó el dios sin poder zafarse del agarre de la joven.
— Arrepiéntete de lo que dijiste piernas de pájaro — regurgito Jirou colérica sin vacilar en su agarré.
Ambos dioses se mantuvieron peleando y discutiendo infantilmente hasta que el firme agarré de Hitoshi alejó a una fúrica Jirou de un lloroso Kaminari, quien se escondió detrás de Mineta para salvaguardarse de la furia de la dama.
— No deberías comportarte como una furcia, Jirou — comentó Hitoshi mientras la joven se zafaba de su agarre — eres una dama y debes comportarte como tal.
— En verdad, no me importan tus opiniones, Señor causo sueños húmedos para que me amen — contestó venenosa la joven, mientras se arreglaba un poco.
— Uhg, eso me dolió — susurró Mineta a Kaminari.
— Bueno, al menos deberías darle una explicación a tu señora.
— Yo no le debo explicaciones a…
— Jirou.
Jirou volteo a mirar con fastidio a su señora. Uraraka estaba vestida espléndidamente con una toga de seda y bordados en rosado pastel, junto a una diadema revestida en plata y en cuarzos, enfatizando más su cabellera y sus ojos pardos, que en esos momentos brillaban de molestia.
— ¿Qué? ¿Ahora no puedo estar a solas?
— No es propio de la dama de compañía irse a donde le plazca en actos oficiales — le respondió severa y sutil Ochako — tampoco que ande golpeando a sus compañeros.
Jirou volteó los ojos.
— Tampoco hacer ese tipo de expresiones — le acusó mientras la obligaba a unirse junto a Nejire — deberías comportarte y no avergonzarme esta noche.
De este modo, Uraraka se llevó a Jirou que volteo un solo momento para hacerle ver a Kaminari un puño golpeando su otra mano y luego señalándolo a él.
— Encantadora — respondió sarcástico Hitoshi.
— Ay, ni que lo digas — respondió en un suspiro casi risueño Kaminari.
— Ya veo que te gusta que te golpeen, hermano — comentó socarrón Mineta —, ya vemos a quien le encanta "recibir órdenes".
Mineta río ante su comentario, solo para recibir un golpe en la cabeza con una copa de oro y luego caer desmayado encima de los almohadones que estaban dispuestos para él. Hitoshi miró a Kaminari quien tenía entre sus manos su copa abollada.
— Agradezco que lo callaras — comentó Hitoshi sentándose en la mesa — con eso pudo haber molestado toda la velada.
Kaminari asintió con empatía y después pidió que le sirvieran nuevamente vino en su copa abollada. Ambos dioses empezaron a conversar y se mantuvieron amenos durante toda la velada.
Por otro lado, Uraraka se reunió junto a Mina y a Momo que tenían una mesa apartada de todo el vocerío y el escándalo de aquella reunión tan inesperada, y, al igual que todos los dioses e inmortales presentes, estaban conversando de cuál sería esa noticia tan misteriosa que Nemuri aguardaba con tanto recelo.
— Sospecho dos opciones: algún inmortal de los que ella resguarda se va a casar o va a presumir de un nuevo regalo que padre le ha hecho — comentó Momo.
— Pero hasta donde yo sé, padre siempre regala cuando esta arrepentido o cuando está muy feliz — comentó Mina — y por lo que pude aseverar con algunas amas del palacio, no han discutido, pero tampoco están de rosas.
— Lo más seguro es que sea una boda — respondió segura Uraraka mientras bebía someramente de su copa — a Nemuri-san le gusta mucho regodearse de su tarea como diosa del matrimonio.
— Eso es cierto.
Momo bebió un sorbo de vino y viró la mirada por un momento a la entrada del palacio, solo para sentirse extasiada y sorprendida con la nueva aparición del palacio. Pues Todoroki había entrado como una apoteósica imagen, vestido con ropajes formales azul rey que acentuaban su cabello y sus ojos bicolores, pero nada la preparó para aquella deslumbrante sonrisa que enmarcaba su rostro.
— Vaya que Todoroki esta muy guapo y sonriente hoy — comentó Mina.
— Aunque es muy extraño en él — prosiguió Uraraka — casi nunca se viste tan formal.
— Sí, es cierto ¿Tu qué opinas Momo? — le interrogó Mina.
La pregunta hizo que Momo se diera cuenta de que estaba mirando embelesada al dios.
— Lo lamento Mina, ¿puedes repetir la pregunta?
— ¿Cuándo le dirás a Todoroki que babeas por él? — le interrogó socarrona la diosa de cabellos rosados.
— ¡Mina! — le recriminó Uraraka mientras Momo se ponía roja por la vergüenza.
— ¡Ay, por favor! No me vengan con mangoneos — refunfuñó la diosa de la caza — lleva casi un milenio enamorada de él y ¿no piensa decirle lo que siente?
— No está en nuestra jurisdicción, se supone que ellos son los que deben dar pie a eso — contestó Uraraka mirando con ojos recriminatorios a Mina — nosotras solo debemos esperar a que…
— Uraraka, eres un poco anticuada ¿De verdad piensas que Todoroki tendrá la cabeza suficiente para darse cuenta de que Momo muere por él? — interrogó y prosiguió antes de que Uraraka pudiera contestar — llevan al menos ocho centurias sin saberlo, es tiempo ya de que Momo enfrente sus sentimientos y los presente ante Todoroki.
— No hablen de mis sentimientos como si no estuviera — recriminó la diosa de la inteligencia — estoy justo a su lado.
— Bien, entonces que nos escuchas, ten valor — le instó Mina.
Mina empujó a Momo, tratando de animarla a que se confesará al distante dios y que por fin pudiera tener esa oportunidad que tanto ansiaba. Sin embargo, Momo se sentía petrificada.
— ¿Cómo crees que haré eso? — le recriminó Momo a Mina mientras se detenía.
— No lo sé, eres la diosa de la sabiduría, sabrás ingeniártelas.
Uraraka miraba atentamente y aguantaba la risa ante lo infantil de la situación en la que se habían envuelto Mina y Momo. La de cabellos rosados empujaba a la peli negra mientras ella la detenía con su fuerza guerrera para no ir a donde se encontraba el dios de la forja.
Pero cuando se detuvo de reír, pudo ver que otra silueta se asomaba en la entrada del palacio. Imponente, arrollador, intimidante. Aunque Uraraka sintió que el pecho se le escocía y sus piernas vacilaban ante aquella vista.
Katsuki había traspasado el gran umbral del palacio, vestido con una toga que le llegaba por encima de las rodillas y una larga capa de color sangre que acentuaba la piel trigueña del dios de la guerra, dejando a la vista toda aquella musculatura guerrera de la cual era dotado y de un brillo inexplicable en los ojos que lo hacía ver pícaro y seductor.
Algunas acompañantes miraban de reojo y con buen deseo al recién llegado dios, quien emuló una sonrisa seductora y confiada mientras se acercaba a la mesa principal a rendir pleitesía a los reyes.
Uraraka se sintió desfallecer, su pecho se sentía ahogado, sus piernas temblaban, una deliciosa corriente eléctrica le atravesó el cuerpo y sintió que el rostro se le sonrojaba de deseo. Katsuki se veía tan distinto, seductor, viril y tan imponente que sintió deseos de llevárselo y yacer con él en el lecho más cercano.
— ¿Ese es Bakugou?
— Sí — susurró quedamente Uraraka.
— Nunca le había visto esa capa — comentó Momo observando atentamente a su hermano y rival.
— A el no le gusta usar otra cosa que esa armadura abollada y negra — repuso Mina — aunque la capa no le queda mal.
— Sí, mira los efectos que causa — señaló con la cabeza Momo a Uraraka.
Mina observó como la joven castaña estaba hipnotizada y sonrojada por la presencia del dios de la guerra. Y aunque de cierto modo sintió pena porque aún Ochako no superaba a Katsuki, dejó pasar la situación.
— ¡Vaya, pero que cambios hijo mío! — exclamó Yagi, bajando y abrazando a su muchacho.
Katsuki inesperadamente se sintió incomodo al principio, pero después tomó valor y le devolvió el abrazo a su padre. Yagi por un momento se sorprendió ante lo bien que era recibido su cariño, pero le resto importancia y apretó con más fuerza a su hijo. Se separaron un poco y los ojos azules de Yagi miraron a los ojos escarlatas de Katsuki. El dios rey se pudo dar cuenta de aquel brilló tan distinto y tan vivaz que llevaba su hijo. Un brillo que él conocía a la perfección.
Yagi palmeó con camaradería a su hijo y le hizo traerle una copa de vino. No quería inmiscuirse en la vida de Katsuki, pero estaba contento de que por fin pudiera ver ese velo tan desconocido en su hijo y se sintió feliz.
Todoroki veía con prudencia desde su puesto, pues su madre había sido incisiva en que él debía mantenerse a la diestra de su padre mientras esperaba a la presencia de Izuku. Estaba impaciente. Deseaba verlo. Pero debía ser paciente, pues aquella decisión jamás había sido fácil para nadie.
— Deja de moverte — le recriminó su madre sutilmente mientras se disponía a comer de un natilla — pareces una liebre en celo.
— Estoy nervioso, no me culpe por no saber que va a ocurrir — le respondió el de ojos bicolores.
— Puras patrañas — respondió la reina — come algo, a ver si se te quita ese mangoneo que tienes.
— No deseo comer nada, gracias.
A Nemuri jamás le había gustado esa forma de hablar ruda y poco agraciada. Estuvo a punto de reclamarle a su hijo, hasta que este hizo un gesto de sorpresa que la hizo voltearse también.
Allí, en el umbral del palacio, se encontraba Izuku, vestido con aquella toga que brillaba cada vez que el fulgor de las antorchas le tocaba, como un velo opaco que cubría su desnudez con estrellas, junto a una corona de rosas color coral que resaltaban sus ojos de esmeralda y su cabello verdoso. Parecía una presencia casi titánica y salida de su propio mundo.
Todos estaban estupefactos ante la cadencia, la sensualidad, la serenidad y el delicioso perfume que esfumaba Izuku en aquel lento y sinuoso caminar. Algunos empezaron a cotillear y otros desearon acompañar al joven dios. Sin embargo, una guarnición de dioses se acercaba para tratar de pedir su mano.
— Izuku, buena noche — se dignó Hitoshi — espero pueda acompañarme en mi mesa esta velada, le podre contar de los últimos sueños que he hecho.
Gracias, Hitoshi, pero yo…
— Oh claro, sus sueños son aburridos, Izuku — comentó de cerca Kaminari — es mejor que me acompañe a mí, así le hablare de algunos lugares que podríamos conocer.
— Aunque con una compañía decadente — comentó punzón Hitoshi.
— Sí, muchas gracias, pero yo no…
— Oh, Izuku, que precioso se ve esta noche — se acercó con galantería Aoyama, tomando su mano y besándola con ternura — parece como el hermoso río Aliakmon, bañado por las estrellas y dotado de larga belleza.
Izuku, avergonzado, miro hacia otro lado y se sonrojó. Katsuki y Todoroki sintieron desde sus estómagos como el dragón de los celos se despertaba de su efímero letargo.
— Quítatele de encima, depredador de ninfas — le recriminó Kaminari.
— Oh, no vengas tú, pies de pollo — le increpó el rubio — sabes que no tienes una oportunidad con lo bobalicón que eres.
— ¿Y quién lo dictamina? ¿Tú? ¿un dios que persigue a las ninfas solo para meterte entre sus piernas? — le recriminó con veneno Denki.
— No me tientes a golpearte.
— Vamos a ver quien gana en esta pelea de idiotas — siguió Shinsou.
— ¿Te quieres unir a la pelea? — interrogó amenazante Aoyama.
Izuku se vio en medio de una situación bastante comprometida, no sabía que hacer. Quería huir del palacio, pero si lo hacía se condenaría a Nemuri y perdería su título de dios y su castigo podría afectar a toda su isla, y eso no lo deseaba. Cada vez más los dioses se acercaban y el se encontraba en el medio de la posible pelea.
Katsuki y Todoroki se alarmaron. Ambos dieron un atisbo de moverse rápidamente para salvar a Izuku cuando vieron los puños de los dioses alzándose y a Izuku hincarse en el piso cubriendo su cabeza.
— ¡Basta ya! — gritó una voz colérica e imponente.
Como si fuera detenida por una fuerza desconocida, los tres puños de los dioses se detuvieron en el aire, mientras en el medio de todo se encontraba un tembloroso Izuku. Nemuri miró desde su puesto toda aquella ridiculez que estaban auspiciando esos dioses, su diestra hacia brillar la yema de sus dedos con una energía cerúlea y sus ojos brillaban de ira.
Ni Katsuki ni Todoroki se movieron y miraron a su madre mientras ella se acercaba al meollo del asunto. El silencio era sibilante y Kaminari deseaba que se lo tragará la tierra ante los pasos que daba la reina hacia el lugar.
Cuando Nemuri se encontró junto a Izuku, ésta dio un brusco ademan que libero los puños de los dioses y los echo de un empujón para atrás.
— ¿Qué pretendían ustedes haciendo semejante estupidez? — interrogó con severidad la diosa mientras tomaba de los hombros y acariciaba con premura las hebras verdosas de Izuku.
— Mi reina… — trató de hablar Kaminari.
— Cállate o te embrujo la lengua.
Kaminari se pudo lívido y se mantuvo en silencio. Hitoshi y Aoyama se mantuvieron a raya mientras evitaban mirar los ojos llenos de fuego de Nemuri.
— ¿Creen que es divertido resolver sus discusiones aquí? ¿En una velada en vez de un maldito campo de batalla? — recriminó con ponzoña — No tienen honor, no tienen respeto por el palacio de su padre, no tienen respeto por el hogar que le hemos dado, no tienen respeto ni siquiera por Izuku que se vio en el medio de todo esto.
— Mi señora… — trató de hablar Shinsou.
— Cállate.
Nemuri estaba que echaba chispas del enojo mientras levantaba a Izuku y lo examinaba de cerca.
— ¿Estas bien, Izuku?
— Sí, su majestad, gracias.
— Por favor, te pido que no me mientas — le dijo con una voz maternal.
— No lo hago, su majestad.
Nemuri hizo que Izuku la mirara a sus ojos oscuros y deseo por un momento que ese niñato de ojos esmeralda se hubiera ahogado en el mar del que había nacido.
— Esta bien, pero te quedaras a mi lado toda la noche — dictaminó.
Izuku acepto sin ningún problema, asintiendo levemente.
— Ustedes por otro lado, merecen un castigo — miro con fiereza los tres dioses implicados.
— Pero mi reina… — habló Aoyama.
Con un ademán la reina llenó de energía sus dedos y embrujo la lengua de Aoyama pegándola a su paladar. Este balbuceaba sin poder detenerse, así que se calló mientras sus cómplices trataban de no desternillarse de risa.
— Y lo mismo les pasará a ustedes dos si no se van ya a su mesa — dictaminó la reina mientras escoltaba a Izuku a la mesa.
De este modo los dioses se retiraron sin decir nada más y, con una mirada funesta de la diosa, las musas volvieron a llenar de música y teatro a los invitados al igual que la servidumbre servía más comida y vino.
Katsuki, angustiado, se acercó con paso parsimonioso hasta Izuku sin darse cuenta de la recelosa mirada bicolor que le dedicaba Todoroki desde su lugar.
— ¿Estas bien? Izuku — le interrogó preocupado Katsuki.
Izuku asintió con la cabeza baja, no deseaba mirar a Katsuki a los ojos en esos instantes sin sentir que lo estaba traicionando. Su corazón pesaba y su estomago estaba revuelto.
— Izuku, por favor — urgió el dios con sutileza.
— Izuku ya te dio una respuesta, querido — le cortó Nemuri.
— Pero yo necesito escucharle — aseveró el dios de la guerra sin ganas de querer discutir con su madre.
Sin embargo, ambos se miraron fijamente, Katsuki sin deseos de echarse para atrás y Nemuri sintiendo que su hijo se estaba inmiscuyendo demasiado en sus cosas.
— Estoy bien, Katsuki — respondió tenuemente Izuku sin mirarle — no te tienes que preocupar.
Incrédulo, Katsuki trató de hablar nuevamente, pero su madre se adelantó y llevo a Izuku lejos de él. Trató de seguirle. No obstante, le detuvo su padre.
— ¿Qué haces viejo?
— No puedo dejarte ir a la mesa, Katsuki — contestó Yagi con pesar.
— ¿Por qué no?
— Nemuri está sulfurada y seguro debe estar cabreada en estos instantes, aunque no se le note — respondió el dios rey mirando fijamente a los ojos de su hijo — sé que estas preocupado, lo estoy viendo, pero lo que menos quiero ahorita es que la noche se agüe para todos por un capricho de Nemuri.
Katsuki no dijo nada, miró por encima de los hombros de su padre y observó como Todoroki se le acercaba a Izuku, tocándole los hombros descubiertos y mirándole fijamente a sus ojos de esmeralda. Sintió que la sangre le ardía de tan solo ver como aquel jodido mitad-mitad tocaba a Izuku, sus puños se tensaron y soltó un gruñido gutural inconscientemente.
Yagi vio como los ojos de Katsuki brillaban en ira, pero antes de que pudiera preguntarle este se alejó de él hasta perderse entre las mesas de los invitados.
Izuku por su parte observó como Katsuki se alejaba y sintió un pesar gigantesco en su corazón con cada paso que daba el dios de la guerra. Sin olvidar que también sentía que no podía alejarse de él.
Toda la velada Izuku estuvo bien atendido por la servidumbre de Midnight, así como por las atenciones de Todoroki quien no dejaba de contarle historias, preguntarle por ciertas cosas y sacando ciertos chistes a relucir que hacían olvidar por un momento el gran pesar que Izuku llevaba muy adentro de él. Siendo observados a lo lejos por la atenta y celosa mirada del dios de la guerra que estaba cada vez más irascible y taciturno que de costumbre.
¿Por qué dejaba que el maldito mitad-mitad estuviera a su lado? ¿Por qué dejaba que le rozara su mano? ¿Por qué reía ante sus chistes? ¿Acaso no había significado nada todo lo que ambos sintieron en el embalse? ¿Acaso todo fue una cruel mentira? Se preguntaba férreamente el dios de la guerra mientras sentía que el fuego de la ira lo consumía, pero iba a cumplir su tácita palabra de no molestarle la noche a su padre.
Sintió que a su lado se hundía los almohadones y estuvo a punto de gritar a quien se atrevió a molestarlo. Pero los ojos pardos de Uraraka lo miraban suplicantes, sin darle tiempo a replicar.
— Katsuki — saludó Ochako.
— O-Ochako — tartamudeó el dios de la guerra incómodo.
— ¿Algo en particular para vestir la capa? — interrogó la castaña como si fuera cualquier cosa.
— Sí, una situación particular… — respondió Katsuki bebiendo un poco de vino y observando como Todoroki se acercaba más a Izuku — una que no debería importarte.
— Bueno debería, porque, que yo recuerde, yo fui la que te regale esa hermosa capa que llevas puesta — dijo Uraraka mirando el perfil cincelado de Katsuki — y por lo que se puede apreciar, no me equivoque al pensar que te quedaría como anillo al dedo.
— ¿Qué quieres Ochako? — preguntó sin vacilación Katsuki.
— ¿Querer yo algo? En verdad me ofendes Katsuki — dijo divertida mientras se acercaba sutilmente al dios de la guerra — tantos años de compañía y, sin embargo, desconoces muchas cosas de mí.
— Sabes de lo que estoy hablando, Ochako — contestó menos huraño, mirando directamente a los ojos pardos de su amiga — te he dado una respuesta y en verdad no deseo hacerte más daño del que sé te estoy haciendo.
Ochako se vio envuelta por aquellos ojos de escarlata y sintió que el estómago se le encogía. Sabía que no podía enamorar al dios de la guerra, a pesar de estar consciente de su cadencia y hermosura divina. Abrió la boca tratando de decir algo, pero se detuvo y luego la cerró.
— Katsuki… — susurró suplicante.
— Ochako, yo… yo no quisiera…
— Mírame, Katsuki — dijo tomando entre sus delicadas manos el rostro cincelado de Katsuki y obligándole a mirarla — sé que no soy lo que esperabas, sé que no soy lo que esperas, que tus ojos me miran con otras luces…
— Ochako… — trató de interrumpir con pesadumbre el dios de la guerra.
— Tal vez, no soy lo que esperas, pero mírame a los ojos — prosiguió obligando a Katsuki a fijar sus ojos de escarlata en ella y acercándose, sintiendo la cálida respiración del dios — sé quien eres, sé quien deseas ser, sé de tus esfuerzos, sé de tus penurias, sé de tus dolores intangibles. Y aquí, en este preciso momento, prometo, sí me tomas, calentare tu lecho para que no lo encuentres frío, llenaré de calor tu palacio para que no lo encuentres solo y frío, aclimataré tus angustias con mi comprensión y mi cariño.
Ambos se quedaron en silencio, Katsuki evitando la mirada parda de Ochako y Ochako sintiendo el corazón golpeando incesablemente su pecho.
— Solo deseo esa oportunidad, Katsuki — Ochako acarició sus mejillas con cadencia y amor — tal vez no me ames, ni me quieras, pero deseo complacerte en todo aquello que sé que añoras.
Katsuki sintió que el pecho le dolía y el estómago se le achicaba en el abdomen. No podía con ello. No quería llevar a cuestas el dolor que le iba causar a su amiga, no quería desilusionar aquel amor tan entregado y tan cadente. No obstante, su corazón le pedía con tanta fuerza que dijera la verdad, de que su corazón ya estaba tomado.
— Ochako, por favor, no… — volvió a tratar de decir.
Sin embargo, Uraraka no pensaba recibir una negativa como respuesta. Así que hizo algo que jamás pensó que haría. Un impulso tan desesperado como apasionado. Lanzó su rostro hacia el de Katsuki, uniendo sus labios en un beso casto, sintiendo que los pies le cosquilleaban y la boca le sabía a gloria.
Por otro lado, Katsuki se sorprendió y abrió los ojos como platos ante el inesperado beso. Con cierta brusquedad rompió aquel contacto y observó el rostro sonrojado de Ochako. Sin embargo, su rostro viró hacia un solo lugar. Y ahí estaban.
Caídos y sin brillo, los ojos de Izuku miraban directamente, desconsolados y apesadumbrados, toda la situación en la que Katsuki se había envuelto. Había visto todo, las caricias llenas de cadencia, la devoción de la diosa del hogar en sus ojos, el desespero de su deseo al besarlo. Todo aquello que le cayó encima como un balde agua helada.
El corazón le golpeaba el pecho con tanta fuerza y dureza que dolía, sintió un temblor recorrerle hasta los pies y agradecía por estar sentado, la garganta le estaba asfixiando y sintió que las lágrimas podrían salir en cualquier momento.
"¿Cómo he podido caer tan bajo?" sé culpaba el dios "¿Cómo pude confiar en su palabra? ¿Confiar en que realmente me amaría? ¿Realmente le creí todo?".
Volvió su mirada a Todoroki, quien comía un pedazo de carne de res y cambio su semblante al ver los ojos brillosos en lágrimas del dios del amor.
— Izuku, ¿Qué ocurre? — preguntó preocupado.
— No es nada, de lo cual no me alegre — contestó el dios con una sonrisa forzada.
Todoroki iba a objetar por su comportamiento. Aunque se detuvo cuando sintió la esbelta, fina y suave mano de Izuku tomar la suya, áspera y llena de cicatrices.
— Shoto — Izuku se acercó y miro a los ojos bicolores del dios — tengo una respuesta para tu propuesta.
Todoroki sintió que el alma se le caía a los pies y que la saliva se le espesaba entre los labios. No podía dejar de presentir que algo malo iba a suceder, una negativa, un menosprecio. Aunque debía estar acostumbrado, no deseaba que Izuku le rechazará.
— Sé totalmente sincero con…
— Sí.
Todoroki por un momento miró a los ojos de esmeralda y en ellos vio una decisión tan arrolladora y tan recalcitrante, que tan solo escuchar la respuesta le hizo tener un cosquilleo eléctrico que lo hizo sonreír.
— Me estas diciendo que… — trató de decir el dios, con la emoción bulléndole desde el estómago.
— Sí, Shoto. Acepto casarme contigo.
Todoroki no cabía de la emoción y sintió que el estómago se le encogía. Dio un salto y después un grito de alegría que hizo que todos se detuvieran y le miraran. Justo en el momento en que Nemuri miraba a su ama de llaves y ésta empezó a dar ordenes de rellenar las copas de todos los dioses y alzar la suya.
Nemuri había escuchado todo y su intuición de bruja le había premeditado la respuesta de Izuku. Sabía que el niñato le tendría más miedo al castigo, que perder aquel sórdido amor que sentía por su hijo.
La diosa observó de reojo como Katsuki se acercaba a su mesa, decidido y con los ojos llenos de arrepentimiento.
"Oh no, no me vas a estropear mi plan"
Nemuri se levantó de su silla y carraspeó un poco para que todos los invitados le miraran, deteniendo así a Katsuki ante la inesperada oleada de invitados.
— Queridos hijos e inmortales, musas y todos los que moran en el Panteón — inicio Midnight con una sonrisa alegre — gracias a todos por venir ante esta inesperada velada, que en verdad fue organizada en último momento. Pero no podía caber de alegría ante la noticia que me fue notificada hace muy poco y de la cual tuve que hacer esta velada.
De reojo Nemuri observó que Katsuki no se detenía y que con más rapidez se acercaba a su mesa.
— No quepo de felicidad ante la noticia y, aunque es muy reciente, es una de las pocas que me causa mucha alegría— prosiguió la reina — y que es de mi gran honor anunciarles que estaré preparando una boda.
Yagi miraba atentamente a su mujer mientras una mueca de confusión le impregnaba el rostro.
— La boda entre mi hijo Shoto e Izuku — dijo finalmente y observó como muchos dioses se quedaban sin habla.
Katsuki se detuvo en seco, escuchando aquel anuncio ¿Izuku se iba a casar? ¿El dios que el amaba y por el cuál sentía devoción iba a contraer nupcias? ¿Con el maldito mitad-mitad? Su pecho sintió caerse hasta sus pies y la boca se le seco de inmediato, observando la hermosa y armónica silueta de Izuku al lado de Todoroki.
"Por favor, que sea mentira" suplicaba en sus adentros, sintiendo un peso de plomo caerle y que su pecho le dolía como los mil demonios "Por Zeus glorioso, que sea una vil broma de mi madre".
— Recientemente, Izuku acepto su propuesta — prosiguió Nemuri — y en verdad no podía caber de la felicidad, y por ello hoy anuncio su compromiso para que al igual que yo, todos gocemos de la felicidad de los futuros esposo.
La reina alzó su copa y los presentes, incrédulos, alzaban sus copas de igual manera.
— Por Shoto e Izuku — brindo la reina.
Los dioses contestaron en coro y bebieron.
Katsuki sentía que todo era una mentira, pues Izuku no estaba radiante de felicidad, estaba forzando una sonrisa y sus ojos de esmeralda no tenían ese brillo hermoso que solo él tenía cuando estaba feliz. Esa mirada brillosa de felicidad que la tuvo cuando lo miro a los ojos y le dijo todo lo que residía en su pecho.
— Mírame — susurró al aire el dios de la guerra — por favor, mírame y sabre que no es cierto.
Y aunque Izuku escuchó aquel llamado suplicante y desolado, no viro sus ojos hacia aquella pesada y penetrante mirada escarlata. Su corazón aún dolía, sus ojos aún vislumbraban sus ganas de llorar muy sutilmente, su pecho aún martillaba de pesadumbre. Jamás pensó que aquello, tan hermoso, tan verdadero y tan vivificante le hiciera doler tanto su cuerpo y su alma.
— ¿Algo que decir, querido Izuku? — interrogó la reina madre.
Izuku se despabiló y sintió la presión de todas las miradas del palacio. Sin embargo, sonrió tan radiante que el atisbo tan sutil del dolor era solo visto por aquellos que le conocían realmente, como Yagi y Katsuki.
Estoy… — se detuvo sin saber que decir — no sabría decirles a todos todo este torrente de sentimientos que tengo, pero, si de algo estoy seguro, es que Shoto, bueno, Todoroki me quiere hacer feliz.
Sus ojos esmeraldas brillaron y miro fijamente a un emocionado, ansioso y feliz Shoto, que no cabía de la felicidad.
— Y espero yo poder también hacerlo feliz.
Katsuki sintió como si le ensartaran una daga en la espalda, que la bilis se le subía por la garganta y que su cuerpo pesaba una tonelada. Su pecho le martilleaba como un martillo al rojo vivo y sintió que el alma se la caía a los pies. Izuku se iba a casar con el mitad-mitad.
Sintió unas terribles ganas de gritar al cielo, apretó sus puños y sintió que un sentimiento, denso y arrollador, le pasaba encima como una roca. Sintió los ojos escocerle y el aire hacerse más pesado, casi obligando a jadearlo.
No podía. No podía mirar aquello.
Su cuerpo por inercia lo obligo a irse de allí, a paso rápido. Empujando a aquellos que estuvieran en su camino. Hasta que llegó a los confines del jardín del gran palacio, sintiendo la brisa fría de la noche y observando la luna brillante por encima del manto penumbroso.
Sintió que no podía respirar, que el corazón se le achicaba, que las ganas de gritar se acrecentaban. Ese era el dolor más mortífero que jamás había sentido. Ni siquiera las cicatrices ni las heridas de guerra se comparaban con ese dolor, recalcitrante, latente y vivo dentro de él.
Cerró los ojos y tragó duro, dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas y dejaran al aire toda la tristeza y la traición que los estaba carcomiendo. Hasta que escuchó mucho más allá un llanto lastimero y desconsolado.
Sus ojos de escarlata se abrieron y miraron a lo lejos como Momo, berreando e hipando, se ahogaba en un mar de lágrimas y sollozos que se detuvieron cuando sus oscuros ojos lo miraron a él.
En silencio los hermanos rivales se miraron, unidos por el desconsuelo del amor y la tristeza de aquella guerra que perdieron. Katsuki mirando el rostro fino de Momo bañado en lágrimas y Momo viendo el visceral desconsuelo de su hermano.
— Lo lamento, Momo — dijo él antes de volver su curso para salir del panteón.
Momo se sorprendió ante las sinceras palabras de su hermano y antes de que pudiera irse, ella le siguió de cerca y lo hizo detenerse.
— Y yo… — inició sin estar segura que decir, viendo la amplia espalda de su hermano — lamento lo de Izuku.
Katsuki sonrió sin ganas, agradeciendo que ella no pudiera ver las lágrimas que caían por su rostro.
— Estaba condenado a ser imposible — comentó el dios, logrando que su voz no se quebrara — yo soy un dios que crea caos, tristeza y desconsuelo, y él buscaba la felicidad. Eso es algo que yo no le puedo dar y sé que el maldito del mitad-mitad lo hará.
Un silencio les rodeo a ambos, antes de que Katsuki prosiguiera:
— Solo deseo que él pueda ser feliz.
Y con eso último, Katsuki se fue del palacio. Dejando atrás a su hermana y dejando una huella de dolor con cada paso que daba.
Aquella noche, mientras en el palacio la gente agradecía, vitoreaba y se divertía por el compromiso entre el dios de la forja y el dios del amor, nadie escuchó los sollozos lastimeros, los gritos de furia y el caos que reinó en el palacio del dios de la guerra que casi destruyo todos sus terrenos.
NOTAS:
¡Holas muchach s! Aquí su desquiciado autor con un nuevo capítulo de DD.
Ayer se me pasó mucho publicar el capítulo por andar viendo una serie que me recomendaron (un momento libre de la semana antes de caer nuevamente en todo lo malo de la Uni :,C), por lo cual pido perdón. Estaré publicando un adelanto de los capítulos en una nueva cuenta de Instagram que hice para ustedes markwriter2021, al igual que haré encuestas, recomendaciones de DJ's, Manwhas, Mangas, Anime, Películas, al igual que los próximos proyectos en que estaré trabajando.
Cree la cuenta con la intención de tener un espacio en donde todos los que quieran pueden conversar conmigo y hablar de cualquier cosa, al igual que compartir mi trabajo y compartir las cosas que me gustan. Están cordialmente invitados a seguirme.
Ahora... ¿Que creen que pasará entre la relación de nuestro querido Kaachan con Izuku? ¿Katsuki podrá perdonar esa mentira? ¿Izuku se dará cuenta de que su decisión fue una malinterpretación? ¿Cuándo será la boda? y sobre todo ¿Katsuki e Izuku se reencontraran?
Lo sabremos más adelante.
Como siempre les mando un abrazo psicológico, mandándoles mucha fuerza y amor, y nos vemos en otro capítulo.
MARK fuera.
