La Rosa y el Fuego
Parte II: Ritos, Recuerdos y Tentaciones
Desde su lugar podía mirar el hermoso cielo que se vislumbraba en los altos ventanales, sentir la brisa estival que entraba y hacía bambolear las finas cortinas, escuchar el sonido de los pájaros cantar alrededor del jardín, y apreciar esa paz indemne que siempre se mantenía en el palacio. Pero en esos momentos lo que menos sentía el dios del amor era paz.
Se encontraba aún recostado sobre los finos mantos de su lecho. Sus ojos de esmeralda estaban bañados por oscuras ojeras, su cabello verdoso había palidecido como las hojas en otoño y su tez cada vez más estaba lívida. Izuku parecía la viva imagen del desastre. Aún no se quitaba de encima aquel dolor y aquella tristeza tan calcinadora que lo llevaba acompañando durante el último ciclo lunar.
Sabía que había tomado una decisión. Sabía las consecuencias que iba a traer. Sabía que cualquier decisión que tomará iba a traer el dolor de alguien ¿Pero por qué le dolía tanto? ¿Por qué le hacía sentir tan miserable? ¿Por qué no podía dejar de soñar con ojos escarlata y con cabellos cenizos? ¿Por qué era tan difícil olvidar a Katsuki?
Desde aquella noche en la que aceptó la propuesta nupcial de Todoroki, All Might y Midnight, en caridad de dioses reyes y tutores divinos de Izuku, decidieron seguir las tradiciones del matrimonio que se habían concebido desde tiempo inmemorial. Todoroki debía ir a su hogar y festejar con sus allegados la despedida de su soltería; mientras que Izuku, en caridad de novio, debía residir en el palacio de All Might y Midnight hasta la celebración del gamo en primavera.
Nemuri se había puesto tan contenta y radiante con respecto a la boda que se celebraría que casi suplicó a Izuku de que le dejará organizar su boda. A lo cual Izuku accedió, pues no estaba seguro de cómo organizar una boda, ni mucho menos tenía ánimos de enfrentar aquella situación. Gracias a esto, el dios del amor se la pasaba casi todo el día encerrado en la habitación que su padre le había acomodado en el palacio, apenas saliendo para comer y para dar alguno que otro paseo por el jardín para tratar de despejar su concurrida mente.
Izuku aún estaba conmocionado por todo lo que ocurría a su alrededor. La alegría de las odas, de Nemuri, de su padre y la alegría de los inmortales por su boda era casi tan inusual como perturbadora para él. El simple hecho de que las odas no dejaran que sus gracias le acompañaran en su proceso nupcial lo tenía incómodo, además de que tenía el leve presentimiento de que era observado constantemente por esa misma servidumbre, gracias a eso no hablaba casi mucho con la servidumbre de ahí.
Pero lo que más le aquejaba era ese sentimiento de culpa inamovible que siempre se mantenía en su corazón. Se sentía como un duro palpitar que le corroía por cada músculo de su cuerpo y que lo abrumaba de un intrínseco dolor al cual no podía acceder ni confrontar. Era como un oscuro ser que vivía en su interior, al cual no podía golpear ni empequeñecer.
Se levantó de la cama sin muchas fuerzas y se restregó ambas manos por el rostro. Deseaba darse un baño caliente para poder disipar aquel sentimiento que lo carcomía.
El dios del amor trataba de no pensar ni preguntar cosas con respecto a Katsuki. Había escuchado atentamente los rumores de lo que había ocurrido la noche en que acepto la propuesta de Shoto, el caos que reinó en el palacio del dios y de cómo este había desaparecido sin dejar ningún rastro.
De lo poco que pudo oír de esos rumores que las Odas les encantaba cuchichear en los pasillos, era que nadie sabía el paradero del dios y que aquel arranque de ira tan inusitado era debido a cuestiones de amor que nadie entendía. Y eso solo había hecho que Izuku se sintiera aún más culpable de sus acciones.
— Oda.
La Oda apareció rápidamente, inclinándose brevemente ante el dios.
— ¿Puede llenar mi terma de agua caliente, por favor?
— Con gusto mi señor — respondió la Oda antes de desaparecer por la puerta.
Izuku, por su parte, se levantó de la cama y se acercó a la pequeña terraza privada que tenía y pudo observar la vista que daba al jardín trasero del palacio, en donde se paseaban libremente hermosos pavos reales silvestres y albinos, picoteando y graznando junto a los grandes rosales, álamos y olivos que bordeaban los senderos de piedra. Lo hubiera considerado hermoso, de no ser por todos los pensamientos que le aquejaban en esos instantes.
"debes aprender a aceptar las decisiones Izuku, sabías las consecuencias que ibas a traer fuera el camino que escogieras" se reprendía internamente el de ojos esmeraldas, sintiendo como la brisa estival llena el viento de los perfumes silvestres del jardín y sintiendo repentinamente asco por el dulzón olor de las rosas. Entró precipitadamente al cuarto nuevamente y se recostó en su lecho junto a las pieles de jabalí.
— ¿Dónde estará ahora, Katsuki? — susurró en el aire.
Entonces recordó el olor picante que esfumaba, la fuerza y la hosquedad de sus manos que le recorrían con tanta delicadeza, su voz profunda como una campana en los sueños, los ojos de esmeralda que brillaban. Y antes de que pudiera seguir enumerando todo aquello de Katsuki, sus ojos se cerraron y dejó que la oscuridad de sus sueños se llenase de dulces te amos y de ojos brillantes de carmesí.
Todoroki se sentía eufórico y al mismo tiempo alegre por todo lo bueno que le estaba sucediendo. No solo se casaría, lo cual ya parecía un sueño totalmente imposible, sino que se casaría con una de las criaturas más hermosas que en todo el Olimpo haya existido. Y decir que estaba feliz era un simple eufemismo para la gran explosión y emoción que sentía por dentro.
Como parte de las festividades antes de las nupcias, el futuro marido para dejar atrás su soltería ofrecía una fiesta que duraba tres o cuatro días, en donde se bebía, se comía y se festejaba con gran júbilo el próximo matrimonio.
Shoto había recibido muchas felicitaciones de parte de muchos inmortales, así como de algunos dioses que le desearon lo mejor por su matrimonio y muchos besos de la guarnición que Aoyama había llevado en la fiesta, siendo bien atendido por jóvenes de hermosas testas y deliriosos movimientos que seguían llenándole la copa de vino y coqueteando con cinismo sus más oscuras pasiones.
Shoto, a pesar de sentirse bien por aquellas atenciones, se cohibía porque no tenía ni idea de cómo dejarse llevar por tantos toqueteos y tantas palabras llenas de deseos oscuros. Su rostro se ruborizaba y soltaba una risa nerviosa mientras bebía.
— No seas tan tímido, Todoroki — respondió con socarronería Aoyama — lo que menos hacen mis jóvenes es morder, a menos de que tú se lo pidas.
— Sí, hombre, déjate llevar — le inquirió Shinsou mientras un joven de piel de alabastro dejaba un camino de besos desde el cuello hasta la clavícula.
— Joder, chicos, no quiero eso — respondió el joven deteniendo a una joven que trató de tocarle — estoy soltero aún, pero no quiero irrespetar a Izuku.
— ¡Oh, por favor Todoroki! — exclamó Aoyama — estas en tu fiesta de fin de soltería, deberías beber, comer y follar como si nunca lo fueras a hacer otra vez en tu vida.
— No digas nunca, Aoyama — se apresuró Shinsou — tendrá a alguien calentando su cama y esperando por él todas las noches bajo las sábanas para que pueda gritar su nombre.
— Eso es cierto.
— Demonios muchachos, cállense la puta boca, están hablando de mi futuro esposo.
— Pero si es la verdad, Todoroki, vas a tenerlo todo para ti y lo vas a follar como el semental que eres — atinó Aoyama con un brillo malévolo en sus ojos.
Shoto se ruborizó y bebió un poco de vino, tratando de disimular el bochorno que sentía por no tener nada de experiencia en lo que los placeres de la carne se referían. Aoyama sonrió brevemente.
— O ¿No has tenido esas experiencias?
Todoroki escupió el vino antes de que pudiera detenerse. Aoyama sonreía de manera gatuna, mientras que Shinsou veía displicente al dios del vino y los placeres. Todoroki se limpió la boca y miró con ojos cautelosos al dios rubio.
— ¿A que vienen ese tipo de preguntas?
— No lo sé, casi siempre que hablamos de estos temas con los demás siempre hay una historia — respondió Aoyama con inocencia — pero, hasta donde yo recuerdo, nunca te he escuchado contar una historia de esas.
Todoroki miró fulminantemente a Aoyama y este solo bebió un sorbo de su vino. Sintió el peso de aquellas miradas que estaban a su alrededor y no pudo más que sentirse avergonzado. Se mantuvo en silencio.
— ¿Entonces tengo razón? — siguió interrogando Aoyama.
— Aoyama, basta — le advirtió Shinsou
— ¿Qué? Es solo una simple pregunta.
Shinsou le lanzó una mirada de advertencia y Aoyama solo se hizo el desentendido. Una tensión fría empezaba a crecer entre los dioses presentes, que hasta los acompañantes empezaron a sentirse incomodos. Todoroki veía fijamente Aoyama, mientras este acariciaba con premura los muslos de una joven y besaba en los labios a un joven. Shinsou, a pesar de no meterse nunca en esas situaciones sintió la necesidad de hablar.
— No creas que yo soy un experto — le dijo a Todoroki y los ojos bicolores se centraron en él — tengo mis experiencias, pero eso no quiere decir que no fui un ingenuo idiota que creía que los bebes venían de los árboles.
Shinsou se echó a reír y Todoroki le presto aún más atención.
— Cuando tuve mi primera vez fue horrible, bastante incómodo la verdad — empezó a relatar Shinsou con tranquilidad — fue hace unos cuantos milenios y apenas había empezado a bajar al mundo mortal. Viajaba por uno de esos bosques densos en donde se esconden las ninfas y en un arroyo lo vi, un joven precioso. Estaba bañándose en las aguas de un claro y tenía una perfecta armonía de su cuerpo, tenía unos ojazos y un rostro que me hicieron caer por él de inmediato.
Shinsou rio y Todoroki sonrió por sentir esa misma sensación que describía el dios con Izuku.
— Lo aceche por unos cuantos días, en el mismo claro y con una buena mano amiga — bromeo inescrupulosamente y todos se rieron — Hasta que él descubrió que lo acechaba. Sin embargo, no me rechazo y no pude resistirme a querer follarlo. Era una delicia, pero mi inexperiencia y mis impulsos solo hicieron que no lo preparara, a que fuéramos muy rápido y a hacernos daño nosotros dos.
— Nunca me habías contado eso, Shinsou — respondió Aoyama.
— Todos tenemos derechos a guardarnos algunas historias — respondió Todoroki con tranquilidad.
— Es así.
Aoyama no quiso comentar más nada y siguió bebiendo.
— Igual no hay que avergonzarse de no tener experiencia, nadie nace sabiendo todo — respondió Shinsou con tranquilidad.
Todoroki no se sintió juzgado, pero aún sentía que su falta de experiencia le avergonzaba en muchos sentidos.
— ¿Qué creen que…? — quiso preguntar, pero se detuvo.
— ¿Qué cosa, Todoroki?
— No, nada.
— Sí necesitas un consejo — inquirió Shinsou con benevolencia — no tengas miedo en preguntar.
Todoroki asintió.
— Ustedes son aburridos de verdad — se quejó Aoyama.
El dios del vino se levantó y se arregló su corona de pino, para después tomar a sus acompañantes y desaparecer de la vista de los dioses. Todoroki insistió a sus acompañantes que alegraran a su amo con lo mejor que sabían hacer, así que sin ningún miramiento los jóvenes que le atendían fueron detrás de su amo. Solo quedaron Shinsou, el muchacho que le besaba y Todoroki.
— Aoyama a veces es un imbécil, no te preocupes por él — inició Shinsou con tranquilidad — cree que por ser el alma de la fiesta tiene derecho a juzgarte.
— No importa, ya he vivido lo suficiente como para dejar pasar su imprudencia.
— Aunque no sé si puedas contestar a esa pregunta que te hizo, siento curiosidad — dijo Shinsou cauteloso —, pero tienes derecho a no contestarme.
Todoroki se mantuvo en silencio y después bebió de un gran trago su copa. Sus ojos bicolores se fijaron en los violetas del dios de los sueños y confesó:
— No he tenido experiencias de ningún tipo.
Shinsou le miro comprensivo y asintió. Todoroki no sintió que Shinsou lo estuviera juzgando, sino que buscaba ayudarlo. Así que el dios de cabellos violáceos dejó de lado su copa de vino y susurró algunas palabras dulces en el oído del joven. Este joven, de armonioso cuerpo, cabellos castaños y de ojos verdes miro en derredor al dios de ojos bicolores y después a Shinsou. Sonrió juguetonamente y asintió con docilidad.
— Bueno te daré unos consejos prácticos que tal vez puedan ayudarte — respondió el dios con tranquilidad.
Todoroki al principio no había entendido nada. Sin embargo, Shinsou no le dio tiempo para que pudiera decidirse y lo obligó a seguirle de cerca, tomándole del brazo y arrastrándolo mientras el joven de cabellos de roble sonreía de manera cimarrona a ambos dioses. Atravesaron el gran mar de gente que ya empezaba a emborracharse, a los inmortales que perseguían juguetonamente a los acompañantes y a los cantos desafinados para engullirse en el silencio quejumbroso de los pasillos del palacio.
Todoroki sin oponer resistencia y confundido por lo que hacía Shinsou, se dejó guiar hasta su habitación. Un amplio espacio que poseía un aire austero y calmo. Shinsou cerró la puerta con magia para que nadie les pudiera molestar.
— ¿Qué tienes pensado hacer? — le interrogó el de ojos bicolor enarcando una ceja.
— Solo velo como un favor de un hermano a otro — respondió Shinsou con tranquilidad abrazándolo por uno de sus hombros y sentándolo en un asiento cercano a su cama — me lo agradecerás en algún momento.
Todoroki a pesar de sentirse confundido y un poco receloso por lo que el dios iba a hacer, se mantuvo tranquilo en su puesto bajo la atenta mirada violácea de Shinsou. Solo cuando el dios del sueño estuvo seguro que Todoroki no saldría corriendo, se acercó hasta el joven con coquetería.
Todoroki observaba atentamente los movimientos de ambos. Shinsou caminó hasta que el joven de ojos esmeraldas estaba de espaldas a él, observando a Todoroki fijamente, solo para empezar a besar de manera hambrienta y lenta el cuello del joven, haciendo bajar sus manos por la fina tela que apenas cubría la desnudez del joven. Los jadeos del chico no se hicieron esperar, mientras las manos de Shinsou bajaban hasta su miembro, que empezaba despertar por los toques exigentes del dios y por los besos húmedos que este dejaba en su cuello.
Todoroki por un momento abrió los ojos de sorpresa, abochornado y al mismo tiempo escandalizado por lo que estaba presenciando. Pero en el mismo instante en que Shinsou lo miró sin dejar de tocar al joven, supo porque lo había llevado hasta su habitación.
Shinsou deshizo el pequeño nudo que cubría la desnudez del joven y dejó a la vista el cuerpo del joven, su torso esbelto, las piernas torneadas y el miembro semi erecto cubierto por un fino vello castaño. Todoroki no pudo evitar recorrer con su vista el cuerpo esbelto del joven, los cuales brillaban con deseo reprimido y sintió que la excitación le recorría la sangre como una mecha encendida.
Shinsou siguió tocando al joven con pericia, apretando con una de sus manos un pezón rosado y empezando a masturbarle con la otra con una lentitud caótica. El chico de ojos esmeralda se rebullía de placer entre los brazos del dios, mientras sentía las corrientes espesas del placer cegarle los ojos y endureciéndose poco a poco.
La mirada bicolor de Todoroki no podía apartarse de la escena. Aunque por dentro sentía un bochorno estremecedor, su excitación y un deseo mórbido de seguir mirando lo mantenían cautivo de la situación que ocurría frente a sus ojos. Sintió que el cuerpo se le calentaba y el miembro se le endurecía con una rapidez increíble.
Shinsou sonrió gatunamente al ver como Todoroki no quitaba la vista de lo que estaba haciendo. Recorrió con lentitud perniciosa el abdomen fino y el pecho lleno de pecas del joven con su mano, hasta cerrarla en el cuello con una fuerza soportable que hizo gemir deliciosamente al joven.
— ¿Ves cómo tienes que tratar a Izuku, hermano? — susurró con lentitud y pesadez Shinsou — en los puntos más erógenos de su cuerpo, para que así pueda sentirse complacido.
Todoroki no dijo nada. Tragó duramente, sin poder evitar el peso de las miradas que Shinsou y el joven excitado le dedicaban a él.
— Acércate — le ofreció Shinsou a Todoroki.
Shoto sintió los nervios explotarle en el estómago y el rubor subírsele hasta los pómulos. Shinsou rio por la ingenuidad que denotaba la expresión del dios de la forja.
— No tienes que ser tímido con nosotros — expresó socarronamente el dios — acércate.
Inseguro, Todoroki se levantó de su asiento y se acercó de manera lenta hasta los amantes. Shinsou no dejo de masturbar al joven, quien aún se rebullía en los brazos del dios de los sueños. Cuando estuvo cara a cara al joven de ojos esmeraldas vio de cerca su rostro bañado por un leve rubor que lo hacía ver más deseable, a los labios enrojecidos por acallar sus gemidos, al miembro endurecido y con el glande humedecido por la excitación.
— Mi señor, por favor — susurró deseoso al joven al ver de cerca el rostro de Shoto — tóqueme.
El dios de la forja sintió aquella suplica como un dulce prohibido. Su mente divagó por un momento en la sonrisa de Izuku, en su rostro, en sus ojos esmeraldas.
— Por favor — urgió el joven, tocando su rostro con una de sus manos y acercándose para sentir el calor de su aliento.
Todoroki sintió que su miembro palpitaba de deseo y que sus manos le cosquilleaban por el irrefrenable y calcinador morbo de poder tocar el cuerpo del joven. Pero su amor por Izuku lo detenía en esos instantes, ese inocente amor y destellante amor que le convulsionaba el alma.
— Mi señor — jadeó el joven cuando Shinsou recorrió con un dedo travieso la abertura de sus nalgas.
— ¿Dejaras deseando al joven? — interrogó juguetón Shinsou.
Todoroki abrió la boca para tratar de decir algo, pero ningún sonido salió desde su garganta. Sin embargo, emitió un gruñido animal cuando una mano traviesa recorrió toda su dureza y le apretaba con dulce fuerza en su glande. Sintió por un momento que el deseo se le subía hasta la cabeza.
Fue cuando lanzó su hambrienta boca sobre la del joven, engolosinándose del sabor a vino de sus labios y la suavidad de sus finos labios. La mano del joven siguió apretando con dulce placer el miembro de Todoroki y empezó a bombearlo con paciencia y morbo. Shinsou por su parte empezó a dejar besos por la fina espalda del joven hasta arrodillarse frente a las pálidas nalgas del acompañante.
El joven al darse cuenta de las intenciones de Shinsou, se obligó a inclinarse al cuerpo de Todoroki, rompiendo el beso y bajando hasta tener a la vista aquel pedazo de tela levantada por el miembro del dios. Alzó sus ojos un momento y observó el ansía reprimida del dios, lo cual lo hizo sonreír y deshacer el nudo que cubría la desnudez del dios. Sus ojos brillaron al ver aquel macizo pedazo de carne, con un largo camino de venas recorriendo su largo y grueso falo hasta terminar en una cabeza de fresa humedecida.
Aquel joven no pudo sentirse más que deseoso por probar aquel miembro, con los ojos brillando en excitación y la boca haciéndosele agua.
Sintió la lengua del dios de los sueños recorrerle la entrada como un corrientazo que le dio un impulso para engullirse el miembro del dios de la forja. Todoroki no pudo evitar gemir guturalmente al sentir la calidez de la boca recorriéndole el miembro, una electricidad casi abismal le hormigueo el cuerpo y sus impulsos más oscuros salieron a flote.
Shinsou mientras observaba como su hermano le follaba la boca al joven, solo para regocijarse por dentro de que su plan estaba surtiendo efecto en su hermano y que al final de esta sesión tan morbosa, todo su matrimonio estaría en la ruina.
Izuku se levantó de golpe en su lecho, jadeando entre las sábanas y sintiendo como el corazón le martillaba con fuerza en el pecho. Había soñado nuevamente con Katsuki. Pero esta vez era un Katsuki iracundo, un Katsuki cruel, Un Katsuki que lo estaba persiguiendo para asesinarle.
Cuando se había dado cuenta, el atardecer ya estaba iniciando su bajada por el cielo, dejando un baño de naranjas y rosados en los bordes celestes. Había dormido demasiado y ya seguro legaba tarde para la Proaulia que debía hacer antes de su matrimonio.
Con una rapidez ansiosa, el joven dios se levantó de la cama y se acercó a la terma que había mandado a llenar esa misma mañana. Aunque ya el agua estaba casi fría, pudo zambullirse y embeber su piel de los olores del sándalo y la lavanda, mientras buscaba algo con que secarse.
— ¿Por qué tanta prisa? — interrogó una voz.
Izuku se sobresaltó y de inmediato se cubrió con los largos mantos de su lecho, solo para ver los ojos destellantes y el porte agraciado de Nemuri en la puerta, la cual cerro detrás de ella.
— Mi reina — atinó a decir Izuku avergonzado, tratando de cubrirse frente a Nemuri que lo hizo tropezar y caer de bruces.
Nemuri rio breve y sutilmente mientras veía como el joven dios se levantaba de un salto, se ruborizaba y le evitaba la mirada. Se acercó con aire maternal hasta el muchacho y le arregló su cabello salvaje en un gesto de dulzura.
— A estas alturas que tengas vergüenza de tu desnudes es cómo irónico — comentó la reina con aire divertido mientras se sentaba en el lecho —, la primera vez que llegaste aquí estabas en toda tu desnudez y ahora te la cubres con el mayor pudor del mundo.
— Yo… yo no…. Es que… — balbuceaba Izuku sin saber que decir.
Nemuri volvió a reír.
— Tranquilo querido, entiendo muy bien por qué lo haces — respondió ella con empatía — después de todo ya eres un novio que debe esperar el momento adecuado.
Nemuri palpó el lado libre de donde estaba ella, instando a Izuku a acercarse y sentarse. Este lo hizo de manera avergonzada y siguió evitando su mirada. Sin embargo, Nemuri le tomó el rostro con ambas manos e hizo que le mirara fijamente. Ella estaba estudiándolo meticulosamente.
— No has podido dormir últimamente por lo que veo — dijo ella con total maternidad —, esas ojeras destruyen la hermosura de tu rostro y estás más pálido que el pétalo de una peonía, ¿Has comido bien?
Izuku asintió de manera infantil. Nemuri siguió sonriendo de manera maternal.
— Sé que estas nervioso — Nemuri le tomó las manos a Izuku con cariño — y no es para menos…
Izuku no dijo nada y siguió manteniendo el rostro bajo. Pero Nemuri le tomó el mentón con delicadeza y le hizo mirarle fijamente otra vez.
— Entiendo por lo que estas pasando, querido — dijo Nemuri con tranquilidad — al igual que tu yo también estaba nerviosa, pero era porque yo no amaba a Yagi…
Izuku abrió los ojos de sorpresa y sintió que los nervios le escocían el estómago ¿Era posible que Nemuri supiera de su relación con Katsuki? Debía ser una posibilidad, había descubierto el día que había escapado del Olimpo hacia Citera y había callado al cumplir su parte del trato. Cabía la posibilidad de que lo supiera.
— E… ¿En serio? — interrogó el joven.
Nemuri asintió con delicadeza y se levantó hasta el espejo, mirando fijamente su rostro adulto y sus ojos brillantes. Ahogada en los recuerdos de su pasado.
— Eran tiempos distintos y yo resguardaba mucho mi libertad — su mano enfilo las líneas de su rostro con sutileza — pero, Yagi me había hecho prometer casarme con él y yo debía cumplir mi palabra como diosa.
Izuku veía atentamente a la diosa reina de manera insólita e incrédula ¿Ella había sido obligada a casarse con su padre sin sentir amor? ¿Por qué?
— Pero… pudo haberlo rechazado o desaparecer antes de la boda ¿no?
— Sí, realmente sí — respondió la reina — era una posibilidad…
Nemuri dejó de mirarse y le dedicó sus ojos a Izuku.
Pero debía cumplir con mis promesas, querido — suspiró la reina — podría haber escapado o rechazado el enlace entre Yagi y yo, pero ¿valía la pena mi libertad por romperle el corazón al dios reinante? ¿cabía la posibilidad de que pudiera escapar a la culpa de haberle roto el corazón a alguien? ¿Podía yo vivir sin sentir que me había defraudado a mí misma?
Izuku se sintió por un momento identificado. Tenía miedo del enlace con Todoroki, porque, aunque fuera un dios atento, dulce y sincero, había demonios que aún no conocía y tenía miedo de enfrentar. Además del peso intrínseco que llevaba en el pecho por romper el corazón de Katsuki.
— Y después me enamoré… — dijo ella con nostalgia.
Izuku volvió a observar a la reina y sus ojos destellante de color cian brillaron y aquel aire solemne se había convertido en aquella aura de nostalgia que algunos tenían cuando existían buenos recuerdos. Presto más atención que nunca.
— Él… era tan dulce, tan atento y tan… — se detuvo y sonrió genuinamente — era el tipo de hombre que me hacía sentir libre, me hacía sentir especial y me hacía sentir que todo aquello que tenía de malo era también bueno.
Izuku escuchó atentamente a la reina y sintió cierta emoción sobre aquella historia que Nemuri le contaba.
— Él siempre había sido solitario y despreciado por sus hermanos — prosiguió ella —, decían que era malvado, frío, cauteloso y calculador, pero siempre había sido un hombre solitario, con miedo a decir lo que sentía, siempre juzgado…
Era igual a lo que estaba pasando entre él y Katsuki. Tal vez no era alguien que de primeras cuentas era de quien te enamorarías, pero la forma en la que confesó sus sentimientos, la falta de miedo en sus ojos al admitir su amor, la forma en la que lo había besado y tocado. Significaban algo dentro de su ser.
— Lo ame demasiado — comentó Nemuri, esbozando una sonrisa triste —, pero al amarlo demasiado, cause agonía y desgracia en el Olimpo y en el mundo Terrenal…
Nemuri guardo silencio por un momento. Izuku se mantuvo expectante ante lo que mencionará la reina. Aunque la reina negó agitadamente la cabeza y después miró al dios del amor mientras se arreglaba algunos mechones de cabello.
— A lo que quiero llegar es que es normal tener miedo — contestó la reina, acercándose a Izuku y tomándole la mano — sé que sientes que eres un desconocido para Shoto y que no sabes que hacer, pero sí de algo he aprendido del tiempo y de esto que te estoy contando es que en algún momento el miedo se ira y hará paso al amor.
Izuku la miro fijamente, observando como Nemuri le dedicaba una sonrisa sincera. El joven dios asintió y le dedicó una sonrisa genuina.
— Sé que estas enamorado de Katsuki, querido.
Izuku la miró sorprendido, ruborizado y nervioso. Nemuri aún siguió dedicándole su más genuina sonrisa.
— Co… Como…
— Soy la reina y sé muchas cosas del amor, querido — contestó ella con tranquilidad — me costó un poco saberlo, pero al ver que estuviste atento a mi historia, fue lo que me lo confirmó.
Izuku evitó su mirada nuevamente.
— No debes sentirte avergonzado, querido — dijo ella con maternidad — a veces el amor viene en muchas formas, en muchos sentidos y es muy distinto para cada quien, pero también es una fuerza con la que no podemos luchar.
Nemuri vio que Izuku aún no le enfrentaba la mirada.
— Estoy consciente de que tu amor por él no ha desistido — inquirió ella —, pero cuando llegué el equinoccio de primavera te convertirás en amo y guardián del hogar de Shoto, y como esposo debes tener en cuenta tu importante papel en su hogar. Sé que no amaras a Shoto de un día para otro, pero debes tener en cuenta que el amor se construye, con cariño, con comprensión, con confianza, con comunicación…
Izuku escuchó atentamente las palabras de Nemuri, pero siguió sin enfrentar sus ojos de cian.
— Katsuki debe dejarte ir.
Izuku alzó la mirada y el rostro de Nemuri se volvió circunspecto.
— Y tú también deberías dejarlo ir, querido — dijo ella con un tono pesaroso —, es un proceso difícil y sé que significa eso…
Izuku no comentó nada, pero aquellas palabras hicieron que el cuerpo le cosquilleara con un sentimiento pesaroso y que la boca le supiera amarga.
— Pero en unos ciclos serás esposo y, tal vez, puedas tener hijos…
Izuku se sobresaltó y miró horrorizado el rostro de Nemuri quien sonreía.
— ¿Hijos?
— ¡Sí! — exclamó emocionada la reina — sé que los rumores que los humanos dicen son puras especulaciones, pero de sí algo estoy segura es que tú podrías concebir.
Izuku sintió que en el estómago caía un yunque, la garganta se le cerraba y los nervios afloraban en su cuerpo como un hormigueo que le calcinaba.
— ¿Está segura, mi reina? — se apresuró a decir — soy un varón y no creo que en mi naturaleza este el poder de concebir.
— No dudes de eso Izuku — contestó Nemuri con emoción — llámalo intuición femenina, pero estoy segura de que, si se da la oportunidad, me harás el honor de ser abuela.
Nemuri sonrió e Izuku sintió que debía devolverle la sonrisa.
— Ahora, debemos prepararte. La Proaulia tal vez sea un rito corto, pero es el más significativo del matrimonio — dijo Nemuri emocionada, buscando la toga ceremonial.
Sin embargo, Izuku se sintió abrumado por todas aquellas confesiones que en ese momento Nemuri le estaba haciendo. Sabía de su amor con Katsuki, le había aconsejado que lo dejará ir y tenía la leve sospecha de que él podía concebir. Toda aquella información apenas había comenzado asimilarla, pero ¿podría dejar atrás a Katsuki realmente?
Su decisión de casarse con Shoto había sido precipitada, de eso estaba seguro. Pero los constantes sueños, el insomnio, el peso de su pecho y la añoranza de poder sentirlo cerca lo tenían confundido de si realmente su decisión había sido la correcta. Pero ¿Katsuki no había besado esa misma noche a Uraraka? De solo recordarlo, su corazón se achicaba y su sangre se encendía.
Negó con la cabeza levemente y en esos instantes Nemuri le estaba terminando de arreglar su cabello en una tiara natural de margaritas blancas, con ramos de olivos, eucaliptos y ramas de pino, junto a una hermosa toga vaporosa blanca que cubría la mayor parte de su cuerpo. Nemuri lo miro con ojos brillantes y una sonrisa orgullosa.
— ¿Vamos? — interrogó la reina con mesura y maternidad.
Izuku asintió con la cabeza, aunque muy adentro de él se estuviera enzarzando una batalla encarnecida entre la razón que exigía dejar atrás a Katsuki y el corazón que le exigía regresar a los brazos de Katsuki y confesar todo el amor que en su pecho residía.
No obstante, su mente no estuvo segura de nada, hasta que estuvo en frente de un gran claro, un claro de oscuras aguas que en esos momentos parecía el espejo más grande que había visto, pues proyectaba las luces platinadas de la luna al igual que su imponente imagen. Todas las diosas féminas, incluyendo las inmortales se encontraban allí.
Ahora era el momento en donde empezaba la Proaulia. Nemuri inicio a cantar con una voz solemne un estribillo, que después fue seguido por el coro unísono de las inmortales y las diosas presentes. Izuku respiró profundamente. Una brisa estival alzó su vaporosa toga y el reflejo de su imagen bañado por la luna parecía irreal.
Las diosas e inmortales siguieron cantando el estribillo con tanta solemnidad que el dios del amor se sintió calmado por unos instantes, recordando su antigua tierra. Cerro los ojos y dejo que aquel canto lo embebiera. Lo hiciera recordar. Lo hiciera sentir feliz.
Tanto fue el alivió que sintió que cuando Nemuri volvió a cantar en solitario, Izuku le siguió. Fue un momento en donde ambas voces convergían de manera tan grandilocuente, que muchas de las presentes sintieron que el alma se les llenaba de regocijo.
Uraraka se sintió abrumada por el canto sincrónico y hermoso que Izuku borboteaba de su boca. Y sintió que la lengua furiosa y calcinante de la envidia le carcomía las entrañas. Pues sospechaba que él era aquel obstáculo que le impedía llegar al corazón de Katsuki. Mientras que Momo, permanecía silenciosa, deseo con todas sus fuerzas que Izuku hiciera feliz a Shoto. Y finalmente Mina observó emocionada lo hermoso que se veía Izuku.
Solo cuando Nemuri e Izuku se detuvieron, la diosa reina se acercó al joven y miró a las tres diosas que bendecirían las aguas del claro.
— Pasen adelante, diosas y bendigan estas aguas intachables desde tiempo inmemorial — exclamó Nemuri en el silencio de la noche.
Uraraka, Momo y Mina dieron un paso adelante. Mina fue la primera en acercarse hasta Izuku. Tomo entre sus manos un cuenco lleno de sangre de ciervo y marco con aquel vital líquido los brazos desnudos y los hombros del dios del amor.
— Te marco hoy con la bendición de la fuerza y la evolución, para que en tu futuro hogar resida el control, el orden y la empatía — dijo Mina con solemnidad y después dio un paso atrás.
Izuku inclinó la cabeza en agradecimiento y Mina le dedicó una sonrisa.
Momo fue la siguiente en acercarse con un cuenco llenó de un líquido oscuro y un olor avinagrado, era tinta. Y con ella marco en una larga y gruesa línea la blanca frente de Izuku. Ambos se miraron fijamente e Izuku pudo observar la tristeza en el rostro de Momo.
— Te marcó hoy con la bendición de la sabiduría y la paciencia, para que… — Momo se detuvo un momento y trago duro — para que en tu futuro hogar exista el saber constante y la evolución intelectual, en ti y en tu descendencia.
Izuku se inclinó nuevamente y dejó que Momo se retirara. Entonces supo en esos instantes a quien pertenecía su corazón. Quiso acercarse, pero Nemuri lo detuvo sutilmente. Lo miro y le negó levemente con la cabeza.
Entonces vino el turno de última diosa, la recién impuesta diosa del hogar y las hogueras. Uraraka se acercó a él con una aire displicente y egocéntrico, teniendo la cabeza en alto. Izuku sintió una corriente de furia en esos instantes y su rostro siempre expresivo, denotó la seriedad que le dedicaba a la diosa.
Uraraka a pesar de sentir una intensa repulsión por Izuku, acercó sus dedos hacía el cuenco que llevaba entre sus manos con cenizas de la hoguera eterna, una gran llama que desde inicios de los tiempos jamás se había apagado, y marcó las clavículas expuestas del dios y parte de su pecho.
— Te marcó hoy con la bendición del fuego, el calor y la energía de la llama eterna, para que en tu hogar nunca falte el calor de la familia, el fuego al amor y la energía a tu futuro hogar — contestó fríamente la diosa.
Izuku por su parte sintió un asco indómito cuando los dedos de la diosa tocaron levemente su cuerpo. No obstante, siguió como había estado junto a las anteriores diosas, se inclinó levemente y observó como Uraraka se retiraba a su lugar junto a las otras dos diosas.
Entonces Nemuri se acerco a él y lo llevó a las orillas del claro. Se deshizo de los nudos que mantenían fija la toga de Izuku y dejó a la vista el cuerpo desnudo del joven dios. Algunas inmortales soltaron sobresaltos de escándalo, otras dieron suspiros indecorosos y algunas se mantuvieron en silencio, como las gracias que observaban desde el jolgorio a su señor.
— Y como última bendición, yo, reina madre de los dioses y diosa del matrimonio, Nemuri Kayama, te doy la bendición de la honra y de la fidelidad — su diestra se llenó de una luz violácea que emergió de sus dedos, la cual llevó hasta el claro y dejo que se consumiera en el agua — para que en tu futuro enlace exista la confianza, la sinceridad y la fertilidad para engrandecer a tu hogar.
Entonces Nemuri tomó de los hombros a Izuku y los instó a meterse en el claro. Izuku metió los pies y sintió el frío del agua en los tobillos como punzantes agujas.
— Para terminar el rito debes meter todo tu cuerpo en el agua y así recibir la bendición, no como un niño, sino como un futuro consorte — le susurró Nemuri.
Izuku por su parte quiso detenerse y salir despavorido del rito. Muy dentro de él la confusión de seguir o no seguir con el matrimonio lo carcomían fieramente. Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse de su decisión. Así que tomó la decisión de cerrar los ojos y respirar profundamente, antes de meterse completamente al fondo del claro y dejarse engullir por el frio de las aguas.
Nemuri y todas las diosas e inmortales presentes veían sorprendidas al dios, pues la Proaulia siempre duraba más en esa parte, pues las aguas estaban tan heladas que ni siquiera las diosas podían siquiera zambullirse completamente en el rito y podían durar horas en completarlo.
Izuku llegó hasta lo más hondo del claro. Sintiendo el frio del agua carcomerle la piel. Pero no desistió en el rito y se zambulló en las frías. Solo cuando estuvo consciente, sintió que la energía del agua le llenaba de un calor reconfortante y amoroso. El dios de ojos esmeraldas se dejo engullir por aquel calor inesperado y conocido, casi como si aquel que deseaba en esos instantes le estuviera abrazando.
Sintió sus brazos hoscos recorrerle la cintura, el calor de su cuerpo y el brillo de sus ojos. Sin saber realmente que sus pensamientos llevarían a que su destino estaría marcado por la desgracia.
NOTA:
¡Hola, Hola! Aquí el desquiciado autor reviviendo de entre los muertos con un nuevo capítulo de DD.
Sé que he estado perdido y desaparecido, pero como ustedes sabrán de notas anteriores he estado ocupado con mis prácticas profesionales, servicio comunitario, clases, vida adulta y todo un montón de cosas personales. Pero lo importante es que he venido con un nuevo capítulo.
De ante mano, los ritos que se irán expresando a lo largo del especial como La Proaulia y el Gamo estarán modificados, ya que quería agregarle elementos místicos para que el rito no pareciera solo una bendición de aguas y ya. Y como sé que muchos de los que me escriben investigan y saben de la cultura griega, esperaba poder darle mi toque personal.
Gracias por seguir apoyando esta obra, sus comentarios me llenan de vida para seguir escribiendo.
Estaré al pendiente de ustedes, pero seguiré en mis cosas así que les aviso que estaré publicando los capítulos esporádicamente. Sean pacientes.
Les mando abrazos psicológicos y fuerza.
MARK, fuera.
