La Caída de un Gamos (Parte II)

Perfumes y pistas

Decir que el Olimpo estaba siendo azotado por una ola de caos y desastre a causa del secuestro del dios del amor, era solo mencionar un eufemismo. Y en esos momentos se podía comprobar.

— ¡Debemos ir ahora!

— ¡Ni hablar! No sabemos aún quién es Tifón — increpó molesta y testaruda Momo — no podemos lanzar a los inmortales sin saber exactamente qué estamos haciendo.

— ¡No me importa lo que les pase a ellos! Quiero a Izuku de vuelta — gritó encolerizado Shoto.

— Por los demonios del Tártaro, Shoto. Así no vamos a solucionar nada, ni podremos salvar a Izuku.

— ¡Te pedí a ti exclusivamente para que me dieras una manera, una maldita alternativa de salvar a Izuku; ya han pasado varios días y cada día que pasa solo significa que…

— ¡Ya sé en qué está en juego Shoto! — gritó ya sin paciencia Momo.

— ¡No, no lo sabes! No sabes lo que está en juego — la cara de Shoto se estaba poniendo roja de la rabia y lanzó un dedo acusador hacia la diosa — ¿Qué pasaría si secuestraran al amor de tu vida? ¿Qué pasaría si no supieras de sí lo están torturando, matando de hambre, violando o qué peores cosas le estarían haciendo? ¿Te quedarías aquí pensando mucho en una estrategia?

Momo se quedó en silencio y vio el dolor reflejado en los ojos bicolores del dios de la forja. Inconscientemente estaba apretando un puño en su diestra. Sin embargo, soltó su mano y suspiró derrotada. Shoto tenía razón y, aunque quería decírselo, no tuvo tiempo para mencionarlo cuando ya el dios de la forja estaba atravesando el portal hacia la salida.

El sentimiento de culpa la embargó y se dispuso a sentarse en su trono para poder pensar claramente y tratar de alejar aquel sentimiento acervo que dejó la discusión con Todoroki.

El secuestro del dios del amor había sido tan caótico que hasta en el mundo mortal ya se hablaba del apocalipsis. Los fieles más acérrimos del dios del amor habían empezado a lanzar oraciones de súplica y de protección a All Might con el fin de que el dios volviera al Olimpo sano y salvo.

No obstante, nadie, excepto Midnight y ella, estaban conscientes de cuán afectado estaba All Might ante el secuestro del dios del amor. El dios rey, estaba completamente preocupado, serio y, en el poco tiempo que había pasado, estaba actuando de manera fría y calculadora. Claramente Momo no lo culpaba. El dios estaba preocupado por el secuestro. Había ocurrido bajo sus propias narices.

Llevaban al menos varios días tratando de recabar información, pistas, pisadas o hasta el más mínimo resquicio del perfume del dios del amor, para poder dar con la guarida en donde lo tenían capturado. Pero no habían tenido suerte y la tensión crecía con cada día que pasaba.

Momo se sentía cansada, agotada y, sobre todo, dolida. Volver a ver nuevamente a Shoto después de su boda, suplicante, desesperado y con lágrimas en los ojos solo había encogido su corazón y rebullido los sentimientos que aún sentía por el dios de ojos bicolores.

A veces la diosa de la sabiduría sentía que no podía con ella misma, con esa ola de tensiones, desesperación, frialdad y tristeza, solo deseaba que todo acabará lo más rápido posible. Sin embargo, dar con el paradero del dios del amor se había convertido en una encrucijada en la que no tenían ni la más mínima pista.

Sin indicios, sin resquicios, sin siquiera una sola respuesta. Parecía casi como si hubieran planeado este secuestro con mucha antelación.

Los pensamientos de la diosa se vieron interrumpidos cuando la puerta se abrió de un portazo y de ella surgió la imagen de Midnight, con el rostro circunspecto, con el porte imponente y con una de sus diestras sujetando el cabello de una ninfa que no dejaba de removerse, jadear de dolor y llorar mientras era arrastrada por el piso.

Midnight no tuvo muchos miramientos en tirarla enfrente de Momo y después afianzar sus pies y manos al piso con un conjuro que sus manos materializaron en energía purpurea. La ninfa no dejaba de hipar desde su posición, mientras susurraba misericordia.

— ¿Qué demonios hace…

Nemuri levantó una mano para que la diosa callara, lo cual ella hizo sin pensárselo mucho.

Nemuri alzó una mano y le propinó una cachetada a la ninfa, la cual jadeo de dolor nuevamente y cayó al piso.

— ¿Dónde demonios está?

— Yo no…

Nemuri volvió a propinarle una cachetada.

— No te he dicho que hablaras, asquerosa ninfa.

La joven ninfa sollozo.

— Te haré la pregunta nuevamente y quiero que me contestes con toda la sinceridad que puedas ¿Dónde demonios tienen al dios del amor?

Momo quien se había mantenido anonadada desde su posición, se interesó por el asunto y miró fijamente como la ninfa temblaba bajo la mirada de la Madre diosa, llena de fuego.

— No lo sé.

— No me mientas, asquerosa criatura.

— ¡Le juro por All Might que no lo…

Nemuri la golpeó con un puño cerrado en el rostro a la ninfa, la cual volvió a caer en el piso, Iracunda, la tomó del cuello y la volvió a alzar, haciendo que mirara sus ojos.

— No te atrevas a jurar en nombre de mi esposo.

— Nemuri…

— Dime dónde lo escondes — le inquirió nuevamente la diosa a la ninfa — y no me mientas, porque he escuchado lo que has hablado con la maldita de Eris…

Los ojos claros de la ninfa se contrajeron en una expresión de puro terror y su temblor fue aumentando. Momo observaba atentamente desde su posición como la mirada brillante en ira seguía fijamente las expresiones de terror de la ninfa que no dejaba de soltar lágrimas a moco suelto.

— Por piedad…

— No pidas misericordia — expresó con suavidad y furia la diosa reina — no cuando estas implicada en el secuestro de un dios, asqueroso animal.

— Ella estaba amenazando a mi familia, no podía hacer nada — explico apresuradamente la ninfa.

Nemuri la volvió a callar con otro golpe. Aquel rostro impoluto, empezó a deformarse gracias a las marcas rojizas que se estaban formando en el rostro.

— Serás maldita — dijo la reina alzando de nuevo la mano.

— Nemuri.

Momo la detuvo. Sabía que no llegaría a ningún lado si seguía golpeando a la única fuente de información que tenía.

— ¿Por qué me detienes? ¿Cómo osas...?

— Sé que estás cansada y angustiada por toda esta situación — respondió Momo, sabiendo que Nemuri estaba con los nervios de punta gracias al secuestro de Izuku — ¿Por qué no mejor descansas y me dejas todo esto a mi?

Momo y Nemuri mantuvieron su mirada por unos segundos, en una tácita pelea que pareció que hubiera durado mucho tiempo. Solo después, Nemuri bajó la mano y suspiró de cansancio, para luego irse en total silencio por los pasillos del palacio y retirarse del lugar.

Momo mantuvo un silencio sepulcral en el lugar, solo hasta que pudo oír el chasquido de la puerta cerrarse sutilmente. Que fue la señal para acercarse a la ninfa y empezar a usar su más infalible plan para sacar información: psicología.


Por otro lado, en un largo mesón de piedra con un amplio mapa cartografiado de las islas pertenecientes a Grecia, All Might estaba completamente iracundo, serio y bastante disperso.

El dios de hebras doradas estaba completamente frustrado y se sentía como un chiste al ver la situación tan peliaguda en la que el Olimpo estaba metido. Habían secuestrado a uno de sus dioses ¡Frente a sus narices!

Estaba afectado más por el orgullo de que sus enemigos lo vieran tan débil y tan frágil ante ese movimiento, que por el propio secuestro de su hijo. Sin embargo, estaba consciente de que no podía culpar a Izuku. Apenas estaba descubriendo su potencial, apenas llevaba unos siglos ahí, estaba aprendiendo.

El dios rey de la frustración golpeó la mesa e hizo que la copa que estaba a su lado se resbalará y dejará todo el vino desperdigado en el piso ¿Cómo demonios era posible que alguien se metiera en el Olimpo y secuestrara a uno de sus hijos? y para peor de males ¿Quién demonios era ese Tifón?

— Padre…

El dios rey volvió la mirada a donde provenía la voz y vio por el rabillo de su ojo a Katsuki. El dios de la guerra estaba demacrado, tenía unas oscuras ojeras y parecía descompensado. La expresión de All Might se alivianó un poco.

— Mi muchacho, ¿Qué haces aquí?

— Padre… vengo a decirte algo con lo que llevo peleando durante mucho tiempo y sé que no es justo para ti que te esconda esto.

All Might abrió los ojos sorprendido. Normalmente Katsuki era distante, a veces cruzaba alguna palabra con él, solo le rendía pleitesía por ser su rey y nunca como su padre.

— ¿Qué ocurre mi muchacho? — interrogó él dios acercándose a su hijo y tomándole de ambos hombros con paternidad — a que debo este honor de que tu llegues y me abras tu corazón.

— Porque sé que serás el único que no me juzgará desde el odio, padre.

All Might sonrió de medio lado y vio en los ojos de rubí la autenticidad con la que Katsuki le decía aquellas palabras.

— ¿Deseas vino para poder relajarte? Tienes un mal semblante, mi muchacho.

— No, padre, gracias.

— Está bien, pero deseo saber que te tiene tan en guerra contigo, mi muchacho.

Katsuki miró fijamente los ojos azules de su padre y vio en ellos la seguridad que necesitaba para admitir todo el pesar que durante los últimos días había sufrido desde el secuestro de Izuku. Aquella mermante frustración, tristeza, ira se acumulaba como un borboteante veneno que no podía detener ni silenciar más.

— Yo… estoy enamorado de alguien padre y…

— Oh mi muchacho, tu sabes que aquí no juzgamos con quien desees estar — admitió el dios rey — peor desdicha es que destruyas un corazón por no luchar por él.

Katsuki tragó duro ante las palabras genuinas de su padre, el brillo de los ojos azules del rey de los dioses le insto a seguir con aquella muestra de vulnerabilidad y sinceridad que su hijo le estaba entregando.

— No sé si estoy haciendo bien y…

— ¿Por qué te aquejas tanto mi muchacho? Eres el dios de la guerra, dios de la belleza viril, ninguna criatura puede resistirse a ti y tú bien lo sabes.

— Se va a casar padre… y será…

— ¿Y crees que eso te debería detener?

Katsuki abrió los ojos de la sorpresa ante la suspicacia de su padre, ¿Le estaba instando a que rompiera el compromiso de Izuku?

— Mi muchacho, no me veas así. Sé que no he sido el mejor padre, ni para ti, ni para muchos de mis hijos; pero sí de algo estoy seguro en lo que puedo compensarte, es estar ahí en los que no he estado.

All Might sonrió y Katsuki sonrió levemente. Por primera vez, después de bastante tiempo, él y su padre tenían un momento de fraternidad y camaradería. Agradeció internamente aquel sentimiento tan agradable que se instalaba en su pecho.

— Por eso te digo, si tanto amas a esa criatura, que no sé si es hombre o mujer o… lo que sea, lucha por él y que ningún matrimonio lo detenga.

— ¿En serio estás diciéndome que rompa el matrimonio? ¿Tú? ¿Rey de los dioses y esposo de la diosa del matrimonio? — interrogó divertido Katsuki.

— ¿Tu crees que sería tan hipócrita para decirte que respetes el matrimonio? — respondió el dios rey genuinamente — o sea mírame, no tengo la moral para decirte "respeta el matrimonio".

Ambos se miraron por unos instantes y después se soltaron a reír genuinamente. Katsuki y All Might sintieron que esa conexión tan genuina que ambos tenían desde hace mucho tiempo se estaba reconstruyendo, y por eso ambos se sentían felices. Sin embargo, Katsuki sabía que no podía mentirle a su padre, no cuando aún estaba latente ese amor prohibido por el dios del amor.

— Padre, yo…

— ¿Qué pasa, mi muchacho?

Katsuki suspiró, discrepando internamente si debía o no contarle que el dios del amor, a quien su padre había emparejado con el maldito mitad-mitad, era quien le robaba el pensamiento, el corazón y el alma. Abrió la boca solo unos instantes, sintiendo que los fonemas que trataban de salir de su boca romperían aquel halo de camaradería entre su padre y él.

Sin embargo, la puerta fue abierta de un portazo y dejó ver a Momo caminando con vertiginosidad y desesperó, con una sonrisa de suficiencia en los labios y con algunos rastros de sangre seca vislumbrando en su diestra. Se sentía eufórica.

— Ya sé donde está.

Katsuki y All Might abrieron los ojos de la pura sorpresa y ambos se acercaron rápidamente hacia la diosa de la sabiduría.

— ¿Cómo lo sabes? — Interrogó el dios rey.

— Nemuri — contestó rápidamente la diosa, abriéndose paso entre los dos dioses y acercándose al mapa — le encanta meterse donde no la llaman.

— ¿Cómo puedes estar segura que…? — trató de preguntar el dios de la guerra.

— Eris fue la que planeó todo esto.

Un silencio sepulcral se instaló en el salón.

— Maldita, mujer — susurró entre dientes el dios rey.

— Por eso sabía cómo adentrarse bajo nuestras narices — respondió iracundo Katsuki.

— Exactamente — respondió Momo, tomando entre sus manos una larga varilla con grafito en la punta — pero Eris tuvo la mala suerte de confiar la información a quien no debía.

— Eso explica la sangre en tu mano, hermana.

— ¿Dónde demonios tienen escondido a Izuku?

Momo asintió a su padre y empezó a formar líneas alrededor de toda Grecia. Ni Katsuki, ni All Might tenían idea de lo que Momo estaba haciendo, pero su concentración y la seriedad de sus expresiones denotaban que sabía lo que estaba haciendo.

— Lo que hemos podido recabar, gracias a los cuervos de Nemuri, era que en casi todos los reinos de Grecia, el perfume de Izuku estaba desperdigado por el aire y por las tierras de los mortales.

— Exacto, pero eso no tiene sentido y ya lo he recalcado…

All Might se quedó en silencio por un momento y Momo miró los ojos de su padre.

— Nos han mirado la cara — susurró circunspecto All Might.

— Izuku nunca ha bajado al mundo mortal — aseveró Katsuki.

— Y ahí es en donde entra nuestra pista — dijo Momo para hacer un gran círculo en el mapa en donde solo había unas pequeñas motas de color — las islas…


Todo estaba completamente oscuro. Solo una nada incólume. Un vacío. Y después un latente dolor. Abrió los ojos y su vista se embadurno de puras motas de luz, borrosas y cegadoras.

Sentía el piso frío, húmedo y suave. El dolor provenía de su cabeza. Gimió al sentir una punzada aún más fuerte de dolor. No sentía ninguna parte de su cuerpo. Como si cada extremidad estuviera dormida.

Sintió miedo. Su respiración empezó a acelerarse y, apenas abrió sus ojos, pudo enfocar una sombra, que con cada parpadeo se hizo cada vez más clara y escalofriante.

— Pero mira, la criatura hermosa ya despertó — dijo aquella voz escalofriante y aniñada.

Su cuerpo, por inercia y miedo, lo hizo levantarse y caer de espaldas al piso. Pero antes de que pudiera levantarse nuevamente, un pesado cuerpo le inmovilizó los brazos y el cuerpo.

Izuku, al verse inmovilizado, empezó a tratar de zafarse de aquel cuerpo. Sin embargo, no pudo mover ni un solo centímetro de aquel ser que lo inmovilizaba. Miró directamente a su captor y observó la perversidad oscura que en sus ojos amarillentos, aquellos labios sonrientes de dientes afilados y aquel cabello rubio cenizo.

— ma ma, no te tienes que asustar criatura hermosa — dijo suavemente la joven — nosotros te cuidaremos muy bien, no tienes por que sentir miedo de nosotros.

Izuku sintió un revoltijo en el estómago, como si tuviera ganas de vomitar. Aquella joven que lo inmovilizaba, le hacía sentir el pánico más latente que jamás había sentido en su vida.

— No tienes que ser tan tímido, criatura hermosa — le dijo ella con coquetería, tomándole del rostro para que mirara directamente a sus ojos amarillos — ninguno de nosotros mordemos, a menos que tu lo desees.

Rio a pulmón suelto. Izuku sintió un desagradable escalofrío al escuchar su risa y trató de removerse nuevamente, esta vez logrando quitarse de encima a la joven y obligando a su cuerpo a tratar de salir corriendo.

Sin embargo, algo lo detuvo y lo hizo caerse de bruces. Su rostro se golpeó con el húmedo suelo. La cabeza le dio vuelta por unos momentos y después, al verse otra vez consciente, miro lo que detenía su escape. Un grillete en su pie derecho, amarrado a una cadena empotrada en la pared de piedra.

Estaba cautivo.

— Ma, tienes coraje, hermosa criatura.

Izuku sintió como algo punzante se acercaba a su garganta y el miedo le paralizó al ver la cercanía del arma. La joven lo hizo levantarse y se quedó paralizado.

—Yo soy...

— ¿Un dios? Lo sabemos — susurró la joven apretando su cuerpo al de Izuku y el arma en la garganta — por eso la daga que tengo es de oricalco.

Izuku sintió un pequeño punzón y un líquido empezó a correr por su garganta. Un escalofrío de miedo subió por todo su cuerpo, sintió que la garganta se le hacía un nudo y sus lagrimales le traicionaron soltando las primeras lágrimas del terror.

— Así como los diamantes pueden ser destruidos por los mismos diamantes, lo que un dios hace, puede matar a un dios.

Izuku soltó un hipido de la desesperación. La fría arma aún estaba en su cuello.

— Oh, te estás divirtiendo sin mi, Toga.

Aquella voz profunda hizo que Izuku abriera los ojos. Un joven, más alto que él, con el cabello largo y grisáceo, la piel clara, apenas cubierto por una fina toga de medio cuerpo, marcas y una sonrisa escalofriante, se acercaba con una sonrisa hasta más arriba de los mofletes.

Izuku sintió que su corazón saldría de su pecho del puro terror, sintió ganas de vomitar y que en cualquier momento sus piernas cederían.

— Ma, ¿vienes a molestar Shigaraki?

— Solo vine a ver cómo tratabas a nuestro invitado.

Izuku volteó la mirada y cerró los ojos para no mirarle. Sin embargo, una mano hosca y callosa le tomó del mentón y le alzó el rostro. Sus ojos, sin poder evitarlo, se abrieron y dejaron ver de cerca aquella oscuridad que vislumbraba en aquellos ojos cimarrones, perversos y malignos. La piel clara estaba demacrada y la sonrisa solo hizo que sus profundos miedos se materializaran.

— ¿Me tienes miedo? — interrogó juguetón Shigaraki.

Izuku no respondió, solo sentía como la punzante arma se acercaba a su cuello bañado por una fina línea de su sangre y el cuerpo de su captora.

— Tus ojos no me mienten — dijo él con perversidad —, es una delicia poder verte vulnerable, dios del amor.

Izuku cerró los ojos del puro terror y sintió como una lengua lamía los rastros de lágrimas. Sabía que era de aquel joven que se hacía llamar Shigaraki. Se sintió asqueroso, con el sabor de la bilis subiendo por la garganta y con las piernas flaqueando.

— Ma, que injusto, yo también quiero disfrutar.

Izuku sintió como una mano se colaba por las finas telas que aún lo cubrían, acariciando la piel de alabastro.

— No — susurró Izuku.

— No seas tímido, criatura hermosa — susurró Shigaraki, acercándose y apretándose a Izuku.

Izuku sintió como la virilidad del joven se apretaba a su pelvis, y sintió que no podía más. Empezó a sollozar de la desesperación. Estaba atrapado y sería el juguete de aquellos perversos mortales.

Izuku sintió los labios ajenos bajar por su piel. Estaban secos, apenas húmedos. Le quemaban, aquellas manos perversas trataron de tocarle, de hacerle suyo, de hacerlo gemir, pero lo único que salía de sus labios eran aquellos incontrolables hipidos y las lágrimas de aceptar que lo violarían en esos instantes.

— Los dos deténganse ahora.

Aquella prominente voz hizo que sus captores se alejaran de él y cayera sobre sus rodillas. Los sollozos no dejaron de salir y las lágrimas apenas le hacían vislumbras a la figura que había soltado aquel mandato.

— Madre…

— No te atrevas a decirme ni una sola palabra, Shigaraki — cortó la voz gruesa de la fémina.

Izuku se enjugó las lágrimas como pudo y pudo observar de mejor manera a la figura que estaba frente a él. Una mujer altísima, con una larga toga ceniza que se perdía en unos dobladillos de humo, como si flotara, un largo cabello que pendía como si el viento le soplara y una piel grisácea como un día nublado, sus ojos sin iris, sus largas manos y aquel rictus circunspecto.

— No saben que daño pudieron haber hecho, niños idiotas.

Aquella mujer rápidamente se acercó y golpeó a los jóvenes en el rostro con aquella esbelta, pero horripilante diestra.

— Si tan solo dejaran de pensar con sus hormonas.

— Pero, madre…

— Cállate — gritó la mujer a la joven — ¿Es que acaso no les dije que no cayeran en la tentación? Confié en ustedes y me decepcionan de esta manera.

— ¡No, madre!

Otro golpe calló a Shigaraki.

— No hablen sin mi maldito permiso — susurró ella, escupiendo cada palabra —, ustedes no son como Dabi o como Hawks. Ustedes son débiles.

Izuku observó por el rabillo del ojo como ambos jóvenes cambiaban sus rostros a la desesperación más pura.

— Y tú — dijo aquella mujer, señalando a Izuku —, pensé que serías más osado o inteligente. Y pensar que All Might te recibió con los brazos abiertos.

Izuku la miró y en esos ojos vio el caos que se creaba bajo su alma.

— Así que… eres Eris — susurró él.

— Vaya, tan tonto no eres entonces como para saber de mi.

— Nemuri me ha contado muchas historias de ti.

— Que bueno que al menos alguien me recuerde, así sea de manera resentida.

— ¿Por qué?

Eris miró directamente a los ojos de esmeralda y sonrió de manera dantesca.

— Digamos que eres… el asunto por resolver que tengo con All Might.

— ¿Tanto estás resentida por que te haya rechazado?

A la diosa del caos se le desfiguró el rostro. Izuku se atrevió a mirar la profundidad de aquellos ojos oscuros y sin iris, para darse cuenta del error que había cometido. Eris rio ante el cambio inédito en la expresión del joven dios.

— Has provocado en mí una ira que no sentía en años, seguro eres especial muchacho — dijo ella acercándose y tomando su rostro con ambas manos —, pero no ensuciaré mis manos contigo.

La diosa del caos dejó el rostro de Izuku. Con un ademán, hizo que Shigaraki y Toga desaparecieran de su vista.

— Dabi — llamó.

De los resquicios de aquel laberinto hecho de piedra, surgió una alta y magra figura. Llevaba algunas partes de su cuerpo quemadas y otras estaban bañadas por una piel de alabastro, su cabello era rojizo y sus ojos eran de hielo.

Izuku sintió miedo al recordarle. Él era quien lo había amordazado, golpeado y secuestrado. Era peor de como apenas había podido rememorar.

— Por favor, cuídale mientras no estoy.

Aquel joven alto asintió y de él surgió una sonrisa pérfida que hizo temblar a Izuku desde su lugar. Se acercaba lentamente.

— oh, Izuku — le dijo Eris — Ellos saben que los dioses no pueden morir, pero si hay algo que he aprendido en tantos milenios, es que los dioses pueden sentir dolor sin dejarle ni una sola marca.

Izuku sintió su piel palidecer, observando como a Dabi le surgían de las yemas de sus dedos hilillos de fuego azulado. Eris sonrió al ver cómo su rostro se deformaba.

El dios del amor se echó para atrás por inercia, mientras Dabi se acercaba con una sonrisa de lado a lado.

— Me divertiré mucho contigo, primor.

Izuku sin saber qué hacer, empezó a tratar de romper la cadena que lo mantenía cautivo. Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano.

— Está hecha de oricalco, cariño. Así que dudo mucho que puedas destruirla — dijo con socarronería el chico de ojos de hielo.

Izuku se pegó a la pared, sintiendo el miedo, el pesar y la desesperación carcomerle como una tórrida ponzoña, viendo cómo aquella figura se acercaba sin poder detenerla.

Después un grito de dolor, se escuchó en las abandonadas tierras de la Anticitera.


Nota:

Hola, Hola, aquí de nuevo "su desquiciado" autor.

POR FIN, terminé el capítulo después de tantos meses de bloqueo creativo.

Espero que todos estén muy bien. Lamento muchísimo la tardanza de verdad, a veces me odio, pero como les he dicho tenía un bloqueo creativo y estaban pasando muchas cosas por mi cabeza que no se materializaban.

Pero, pude al fin darle el capítulo que ustedes se merecían y que por fin seguirá esta crisis tan grande como lo es el secuestro de Izuku. Esperemos que nuestros dioses no lleguen tarde, porqué nuestro Izuku tal vez termine no siendo el mismo.

Los amo un montón, les mando un gran abrazo psicológico a toditos ustedes y espero se me cuiden mucho mucho mucho.

MARK, fuera