Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
El hanyou se aventuró más adentro de lo esperado, ahora se encontraba justo en el centro de la aldea, cadáveres estaban por doquier, unos con algunas mordidas y otros casi irreconocibles, el olor a sangre era increíblemente fuerte.
El corazón del peliplateado se contrajo, trató de captar el aroma del cachorro, pero el olor de la madera y piel quemada lo hacian una tarea difícil.
Saltó de casa en casa, al menos en las que aún se mantenían en pie. Entró en varias de ellas pero no había nada mas que una escena diferente de masacre en cada una.
El joven vestido de rojo se adentró en la ultima choza y su corazón se detuvo. Ahí entre los escombros y un charco de espeso líquido rojo se encontraba el hombre que había corrido hacía al cachorro la última vez.
Por la espada que se encontraba en la otra esquina y el leve olor a sangre youkai, supuso que él había dado pelea.
Con lentitud se acercó al cadaver que aun mantenía los ojos abiertos. Supuso que no debió tener una muerte rápida y seguramente fue dolorosa.
Posado frente a él, con sus garras cuidadosamente, cerro los parpados del hombre.
Sin pensarlo mucho recordando la razón por la que había llegado en primer lugar, se adentró un poco más en la vivienda, buscó por todos lados rastros del bebe. No habia nada.
No sabia si eso lo tranquilizaba verdaderamente.
En una esquina con otras cosas encontró una pequeña caja, supuso que allí era donde el cachorro extraño dormía. Las mantas se encontraban bañadas en gotas carmesie pero ninguna de estas eran del niño.
Decepcionado y cabizbajo salió de la estructura de madera apunto de ceder bajo el deterioro causado por el fuego.
Era demasiado tarde penso, dando un ultimo vistazo al rededor.
Estaba apunto de rendirse cuando capto el leve aroma a jazmines, venía de una dirección entre los arboles. El olor era casi imperceptible entre todo el desastre, pero podía agradecer a su condición de medio demonio por primera vez.
Sin pensarlo dos veces siguió su pequeño rastro de esperanza.
