Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi
Se detuvo bruscamente al captar otro aroma. El bebe no estaba solo. Por mucho que quisiera acercarse para cerciorarse del estado del cachorro, no podía arriesgarse.
Silencioso, se movió entre las ramas de los árboles, desde un punto donde estaba seguro nadie lo veria. Desde ahí la imagen de su preocupación era perfectamente visible.
Una mujer, de cabellos largos y lizos como la tinta, se encontraba acunando al niño entre sus brazos. Su piel estaba palida y su respiración entrecortada contaba su cansancio. El olor a sangre y muerte la cubrían completamente.
Su imagen serena contrastaba con el ruidoso llanto de la pequeña en sus brazos.
Él estaba siendo testigo de como ella intentaba aferrarse inútilmente a su vida sosteniendo a la niña de quizas tres años protectoramente entre sus brazos y pecho. Era inútil, luchaba fuertemente, pero él sabia que esa lucha estaba perdida, y aun asi, seguia usando lo ultimo de sus fuerzas para proteger al pequeño.
"Se que estas ahí"
la mujer, habló, con un susurro débil, el dueño de los ojos dorados se tenso, pero decidió no responder.
"Acércate" pidió.
El hanyou temeroso y contrariado, bajó del árbol y atendió a su llamado. Sintió el escrutinio de su mirada avellana y luchó por no encogerse ante ella. La mujer vislumbró una suave sonrisa.
"Nunca te agradeci por haber cuidado de mi pequeña, es un placer conocerte finalmente." dijo lentamente, lo ultimo acompañado de un quejido y un hilo de sangre saliendo de sus labios.
"Me temo, que no podre verla crecer" aceptó con la debil sonrisa desapareciendo de su rostro.
Para un ser humano, de los cuales su especie era conocida por temer a la muerte, se veia tan serena.
"Acércate" pidió de nuevo.
Con un ligero movimiento de cabeza le indicó que se acercará más, hasta tenerlo de cuclillas frente a ella.
Con una fuerza casi inexistente puso al bebe llorón en las manos con garras.
"Su nombre es Kagome." el hanyou trató de controlar al pequeño. Éste último, abrió sus ojos por fin, y al ver al peliplateado se calmó.
Ojos dorados se enfrentaron con azul infantil nuevamente. Se concentro en el extraño cachorro.
Las campanas de una suave risa devolvió su atención a la mayor.
"Cuida de ella por mi." Dijo antes de cerrar sus orbes avellana.
"O-oi! Espera!" pero ni siquiera un latido fue captado por sus sentidos.
Apretando fuertemente su mandíbula, con el flequillo cubriendo sus orbes doradas, el hanyou dio sus ultimos respetos, a la joven madre.
Tomó a la pequeña inconsciente de lo que acababa de pasar.
Y sin más, se la llevo lejos del lugar sin mirar atras.
