CAPÍTULO 17
CAOS
La mañana había llegado y Haru daba batalla en la sala. Estaba decidida a no moverse hasta ver a su mami. Hace 3 días después de la escuela se había esfumado sin decirle nada y los chicos solo le decían que estaba con el jefe.
Cruzada de brazos y sentada en el sillón individual de la sala, Haru esperaba impaciente.
—Deja de hacer berrinche y ve a la escuela. Se te hará tarde – ordenó Himura depositando un beso en la negra cabellera.
—No, quiero que mami me lleve a la escuela.
—Haru, eso no se va a poder…
—¡¿POR QUÉ NO?! – gritó un tanto desesperada por la falta de respuesta ante su petición.
—No grites. ¡Compórtate! – exclamó Himura elevando un poco más la voz. —Takato está enfermo, tiene gripe, así que no podrás verlo en dos semanas hasta que estemos seguros de que está curado.
—Eso es mucho tiempo. ¡Papi me estás mintiendo, mami estaba bien! – señaló poniéndose de pie y caminando hacia Himura.
Este se estaba impacientando con la actitud desafiante de Haru, en el pasado la niña se habría conformado con esa respuesta, pero ahora que era más grande no la podía convencer tan fácilmente.
—Escucha bien Haru, vas a tomar tu mochila, te subirás al carro y dejarás que te lleven a la escuela ¡ahora!
—¡QUE NO!
—¡HARU!, ¡NO PIENSO DISCUTIR CONTIGO, LO HARÁS Y PUNTO! – dijo tomando a la niña en brazos para entre pataleos meterla en el carro.
Los hombres del Clan habían presenciado la escena, misma que los tomó por sorpresa pues jamás su jefe le había levantado la voz a la pequeña.
Apenas le pusieron el cinturón, comenzó a llorar desconsolada frotando sus ojitos con sus pequeñas manitas. Ni su mami ni Ramiro estaban con ella aumentando así su ansiedad e inseguridad.
—¡Eres malo, no te quiero! – balbuceaba dolida por el regaño y por no haber podido ver a quien tanto quería.
Himura sintió una punzada en el pecho cuando esas palabras salieron de la boca de su hija, pero al final no le dio tanta importancia. Para él solo era una niña haciendo mohines por no tener lo que quería.
Se inclinó dándole un último beso y agregó:
—Pues yo te amo mucho. No quiero que mi hija sea una niña tonta. Así que deja de llorar y aprende muchas cosas hoy.
Así sin más cerró la puerta y observó como el auto se alejaba. No estaba de humor para lidiar con los berrinches de la pequeña, por lo que volvió adentro con prisa. Tenía muchas más cosas que atender como para entretenerse en nimiedades.
En cuanto entró a la oficina comenzó a delegar trabajo.
—Hashiba márcale a Kirito, necesitamos nos otorgue unos permisos para transportar la mercancía que viene de Tailandia.
Sin embargo, la respuesta de Hashiba no llegó a sus oídos, extrañado por eso dirigió la vista hacia este, quien a su vez miraba la televisión con los ojos desorbitados. El canal mostrado era el noticiero matutino ANN, y abarcando toda la pantalla, se encontraba el rostro del Embajador Kirito.
"Buena mañana tengan todos ustedes. Hace unos días recibimos información valiosa con respecto a los tratos sucios en los que el aún Embajador Kirito ha tenido participación desde que asumió el cargo. Nuestro equipo de reporteros se dio a la tarea de investigar la verdad y lo que encontraron fue toda una red de corrupción entretejida desde los rangos más altos de nuestro país."
—¡MIERDA, MIERDA, MIERDA! Súbele el volumen – ordenó Himura.
Hashiba, saliendo del trance, tomó el control como buen perro fiel y obediente a su dueño subió el sonido tanto como pudo.
"Kirito Sukuna, quien tenía la mira en convertirse en el gobernador de Tokyo, ha estado recibiendo dinero de una fuente aún desconocida, pero que se presume proviene de un grupo Yakuza bien asentado en el país. Al parecer el patrocinio para su campaña estaba condicionado con favores especiales, tales como: permisos y visas para transportar todo tipo de cosas que por la vía legal jamás se permitiría. La policía ya trabaja en el caso, el hombre no ha querido dar explicación alguna, sus cuentas han sido congeladas y se espera que en las próximas horas se vea revocado de su cargo. Esta conducta solo deja al descubierto la falta de efectividad de la justicia japonesa y como esta ha permitido que la Yakuza gane mayor territorio hasta el punto de posicionarse por encima de la ley actuando impunemente. Esperamos que el caso Kirito sirva para identificar en dónde se encuentran las fallas del sistema y se castigue con mano dura a todo aquel que intente pasar sobre los derechos de los demás. Les estaremos informando."
—¡Me cago en su puta madre! Ese Kirito es un imbécil, solo tenía un trabajo, UNO y lo echó a perder. Hashiba, ¿cuánto tiempo podemos retener la mercancía en Tailandia?
—Señor… como están las cosas ahora hacer una operación de tal magnitud sería contraproducente.
—Eso ya lo sé, te pregunté otra cosa, ¿acaso sigues dormido? ¡concéntrate con un demonio!
—Sí, perdone…. A lo mucho podemos retenerlos por dos días, después de eso tendríamos que traerlos o bien dejarlos morir.
—Solo dos días… es muy poco – aseguraba Himura sobando su barbilla. — ¿De cuánto sería la pérdida?
—Millones. Ya no podemos contar con Kirito y dado que hay una investigación formal de por medio no podemos acudir a otro funcionario.
Himura golpeó molesto el escritorio y agregó:
—Podemos pedirle el favor a Usaka San. Utilizar la ruta que emplea para las armas.
—Esa podría ser una buena alternativa. Ahora mismo le llamaré.
—En cuanto lo tengas en la línea me lo pasas.
Himura se sentía confiado, Usaka era un hombre de pocas palabras, pero cien porciento leal, organizado y perfeccionista. En definitiva el pedir su ayuda era la mejor decisión a tomar.
Lo que él no sabía es que el hombre jamás le contestaría.
—Señor, no responde.
—Sigue intentando, marca a su Waka gashira.
El resultado fue el mismo en todos los casos.
Los días pasaban y la cuerda que Junta había preparado alrededor del cuello de Himura se iba estrechando a una velocidad aterradora.
Después de aquello, cuatro semanas habían transcurrido en las que todo le salía mal. Tras fallar al conseguir el transporte para la trata de personas, sus pérdidas se elevaron por los cielos. La policía de Tailandia había encontrado los cuerpos sin vida de las pobres victimas en un camión abandonado cerca de un puerto pesquero. Lo que había desencadenado en una investigación exhaustiva para encontrar al o a los responsables de tal acto de crueldad.
Mientras tanto en Japón, Kirito había sido encontrado culpable bajo los cargos de corrupción al recibir dinero de la Yakuza para sostener su futura campaña, así como emplear su cargo con fines de enriquecimiento ilícito y atentar contra la sociedad.
Las noticias habían hecho un gran circo de aquello y el espectáculo apenas comenzaba; pues Kirito al verse acorralado por la justicia y en busca de una reducción de condena dio a las autoridades el nombre de Himura, mismo que por el momento no se había filtrado a los medios para evitar que la investigación policiaca se viera comprometida, aunque sabido era que las malas nuevas siempre vuelan y en menos de lo que cantara un gallo la vida del delincuente sería expuesta a nivel nacional.
El ahora exembajador había dicho los días en los que se encontraba con él, la cantidad de dinero que le daba, los favores que le pedía; así como los nombres en las visas y permisos que le había proporcionado. Las cuales al ingresarlas en la base de datos de la policía aparecieron en la investigación que llevaba en curso Yamada, el Comisionado Mayor de la Policía.
Este, tras recibir el paquete que aseguraría su acenso, había liderado una cacería contra los negocios ilegales en los que la explotación sexual era la mayor fuente de ingresos.
Siguiendo las pistas que Chunta le envió servidas en bandeja de plata llevó ante sus superiores a Subaru Amane, el corrupto que hacía la vista gorda con los burdeles de Himura a cambio de noches de placer y jugosos fajos de billetes. Subaru era el maldito que además de haber ignorado la súplica de Ryo cuando el pobre imploró por ayuda, lo había delatado ante el demonio mayor aumentando así su agonía.
No solo Amane corrió con esa suerte, los clientes pedófilos estrellas de Himura al ver que su destino sería la cárcel y conociendo las historias que se cuentan de lo que les hacen dentro a quienes abusan de niños, intentaron negociar, pero fue inútil. Las noticias no dejaban de mostrar la lista de famosos, políticos, hombres de negocios y demás que se habían visto envueltos en actos depravados. La sociedad se sentía asqueada y exigían justicia.
Las pruebas en contra de Himura eran contundentes: fotografías, contratos, videos, cuentas bancarias; aunado al testimonio de Ryo y otras 200 personas que tras el rescate valientemente habían abierto la boca, era la guinda en el pastel para refundirlo en la cárcel de por vida.
Cada burdel, bar y demás propiedades de Himura habían sido clausurados en redadas, las victimas confirmaban los hechos y aunque la mayoría no conocían a Himura en persona, los encargados de tales lugares como la vieja Terumi sí, y esta al ya no tener nada más que perder proporcionó los libros contables dando salto y seña de los movimientos internos del lugar; incluso, guio a los policías hasta el crematorio donde hacían desaparecer los cadáveres de aquellos que no habían podido soportar las jornadas infernales.
La cloaca se había destapado, el Clan Himura estaba por los suelos, algunos al ver que el barco se hundía, decidieron abandonar las filas y desaparecer.
Los demás Oyabun ignoraban cada llamada de Kenichi, quien inmerso en la incredulidad y desesperación veía como todo el imperio por el que había trabajado se iba a la mierda.
Ninguna orden de arresto le había llegado aún, pero era cuestión de nada para que aquello ocurriera. Por lo que debía prepararse para abandonar el país lo más rápido posible.
—Señor, acaba de llamar Hatori. Dice que la policía entró al Bar Aka y arrestó a todos los presentes – informó Hashiba estirando sus cabellos.
—¿Nos han mencionado en la tele?
—Aun no Señor.
Himura se dejó caer en su asiento. Su aspecto se había desmejorado por completo: enormes ojeras se dibujaban alrededor de sus ojos, las mejillas hundidas por la pérdida de peso hacían que la cicatriz en su rostro adquiriera mayor protagonismo; la ropa desarreglada y la evidente falta de aseo personal completaban el look de la dejadez.
Con el puño golpeó tres veces el escritorio y en un arranque de ira se puso de pie y barrió todo lo que había sobre este provocando un caos. El teléfono, lámpara, vasos, botellas de licor, documentos y demás cosas terminaron regados por el piso.
Su respiración era agitada y las feromonas se desbordaban incapaz de mantenerlas al margen.
Con la visión nublada y en actitud derrotada habló:
—Hashiba… prepara todo. En tres días nos largaremos de Japón, esto ya se lo llevó la chingada. No podemos seguir aquí, lo mejor será largarnos a un país tercermundista donde el dinero sea suficiente para cerrar bocas. Que Haru siga asistiendo al colegio, que piense que todo sigue normal. – el yakuza hizo una pausa y continuó:
—Llama a Hasegawa, que reúna a todos los que nos quedan y que los mate. – sentenció —"El hombre que mejor guarda un secreto, es el que está muerto."
Hashiba asintió, hizo una reverencia y salió de la oficina dispuesto a hacer todo lo que se le había pedido.
—Hijos de puta sean todos. Cuando más los necesito me dan la espalda, ni el cabrón de Azumaya, ni el imbécil de Nakata han mostrado su horrible cara. Pero me las van a pagar. – dijo el mayor apretando los dientes.
Mientras tanto en la mansión de Usaka los jefes de los clanes y sus Waka gashira se reunían para hablar sobre el tema que habían mantenido tras llave.
Los hombres sentados alrededor de la mesa mantenían una postura digna y serena. Cuando el té estuvo servido y los criados abandonaron la sala, Ayagi padre se apresuró en hablar.
El viejo entrecruzó las manos y dijo: —Azumaya, te hemos dado tu lugar y permitido que tomes las decisiones con respecto a Himura y Nakata, pero no eres el único que ha sido afectado. El Clan Ayagi también y no queremos seguir esperando.
Chihiro que miraba como su padre se contenía dirigió la mirada hacia Junta analizando sus expresiones.
—Mi padre tiene razón, por boca de Nakata nos hemos enterado de que Himura fue quien orquestó la muerte del antiguo Oyabun y de no ser porque mi padre te lo dijo seguirías en la ignorancia; además, te recuerdo que mi hermanastro fue secuestrado y prostituido por un año. Deseamos tanto como tú la venganza y soportar cuatro semanas sin mover un solo dedo es demasiado tiempo. – concluyó el castaño.
Lo cierto era que a Chihiro le valían dos hectáreas de madre lo que le había ocurrido a Ryo, nunca lo llegó a tratar por lo que no podía empatizar con su sufrimiento. Lo que realmente lo movía era su moreno y la imagen de este ensangrentado y adolorido. Él iba sobre Hashiba, pero por consideración hacia Azumaya, se había tenido que cruzar de brazos y contener sus ataques.
Usaka, que permanecía atento, levantó la mano para solicitar la palabra.
—Hermanos, pronto todos obtendremos lo que realmente deseamos. Azumaya Keita era mi amigo, nuestro amigo y su muerte fue un duro golpe para todos, en especial para su hijo, por lo que debe ser vengada apropiadamente. Por favor sean más pacientes, les aseguro que Junta kun consentirá que todos propongamos un castigo acorde a las atrocidades que Kenichi ha cometido, ¿no es así? – dijo mirando al de ojos verdes.
Junta entrelazó sus manos y habló.
—Así es Usaka san, todos en este cuarto tenemos un interés en común y veré que los deseos de todos se vean cumplidos; además, si han estado al pendiente de las noticias se habrán dado cuenta de que Himura ya no tiene salida alguna, de esta no lo salva nadie y la desesperación que está sintiendo justo ahora podemos presenciarla y disfrutarla sin haber movido un solo dedo. Cuando se vea completamente derrotado, entonces le llamaremos y le daremos la falsa esperanza de una salida a sus problemas, pero no será más que el día de su juicio.
—Suena como un buen plan, pero ¿qué haremos si piensa tomar sus cosas y largarse?
—Tomaremos el riesgo, pero puedo asegurarles que no escapará. – Agregó Junta.
—Cuanta seguridad. Luces demasiado tranquilo Azumaya.
—¿Y eso es malo? Se piensa mejor con la cabeza fría, Ayagi kun.
—Que asco, no agregues el kun. -
—Ya hijo, por ahora nos mantendremos al margen. Es gracioso… hasta pareciera que todo lo que se le ha venido encima a Himura no puede llamársele más que karma.
Usaka esbozó una media sonrisa que rápidamente tapó con su mano. Si había alguien que no creía en casualidades o "justicia divina" era el hombre de plomo y esa frase de Junta de "sin haber movido un solo dedo" le parecía lo más cínico del mundo.
—Ayagi, Ayagi… ¿podría existir alguien más ciego que tú, viejo amigo? – pensó Usaka.
Dicho todo lo que se tenía que decir y después de haber aceptado el plan que Junta les había señalado. Se despidieron esperando que todo saliera tal cual se había estipulado.
Mientras tanto en la mansión del horror, Ramiro se encontraba realizando una de sus tareas más difíciles del día "hacer que Haru comiera." La niña estaba enfermando de tristeza, el no poder ver a su mami por tanto tiempo le había quitado el apetito y el sueño. Para una nena tan pequeña si aquello continuaba sería fatal, pero ni con ello Himura daba su brazo a torcer para que Takato y su hija se reunieran; en cambio, consultó al médico familiar para que este le recetara a Haru medicamento para inducir el sueño. Ramiro no quería darle esa mierda a su "patroncita", pero si quería permanecer a su lado, darle un poco de alegría y cuidarla, aunque fuera un poco de tanta basura a su alrededor, debía hacer de la vista gorda cada que Hashiba vaciaba en su agua de sabor el polvo para dormirla.
Ramiro tomó un poco de pollo con el tenedor y lo llevó hasta la boquita que permanecía sellada.
—Ándele patroncita, aunque sea dele una probadita, le echaron la cremita que le gusta, está bien rico. – Insistió el moreno esbozando su mejor sonrisa con el fin de animarla, pero sus esfuerzos eran en vano. Bajó el cubierto regresándolo al plato y acarició la cabecita que se mantenía agachada abrazando al gato llamado copito.
Haru se incorporó lentamente hasta que su espalda quedó completamente recargada en la silla. Miró al moreno y dijo:
—Ramiro… quiero ver a mi mami. Lo extraño mucho – su pequeña barbilla comenzó a temblar en un puchero triste al tiempo que enormes gotas de agua salada corrían por sus mejillas hasta mojar al gato blanco que se acurrucaba en sus piernas como si intentara consolarla.
Al verla en ese estado tan lamentable, Ramiro sintió como su corazón se encogía. La nena que siempre sonreía y mostraba un rostro lleno de luz, ahora parecía que en cualquier momento colapsaría. Se veía débil, enferma, tanto como para creer que de un momento a otro caería agotada sobre la mesa.
Ramiro la tomó entre sus brazos acunándola amorosamente, depositando de vez en vez besitos en la tierna cabecita. La meció hasta que ella, cansada de llorar y bajo los efectos del medicamento, se quedó dormida. Otro día había pasado en el que su pancita había recibido en la noche solo un vaso de jugo con "veneno."
—¿Volvió a dejar el plato entero? – preguntó la vieja Yuko en un suspiro.
—Sí…
—Ay, tenía esperanza de que le diera unos bocados. Se lo preparé como tanto le gusta, hasta le puse cremita y puré de papa – dijo la mujer mientras tomaba el plato para arrojar su contenido al bote de basura.
—Lo que ella necesita es a Takato sama – Expresó Ramiro con tono agresivo.
—¡Cállate Tanaka, no digas eso en voz alta que seguro te ganas más latigazos! Sabes que el Oyabun anda de un humor de los mil demonios, hay menos hombres que antes, Hashiba sama nos grita a todos, no le des a ninguno más razones para enojarlos. Somos empleados y debemos limitarnos a hacer lo que se nos dice – expresó la mujer con seriedad.
Incapaz de seguir escuchando a la anciana, caminó hacia la habitación de Haru. Durante el trayecto estuvo tentado a llevarla hasta donde Takato se encontraba, seguro estaba de que si la niña podía escuchar su voz, le daría el ánimo suficiente para volver a comer; sin embargo, la idea pronto se desvaneció. El área se encontraba custodiada por hombres fieles a Himura que por nada del mundo le permitirían el paso.
—Cómo es posible que ni cayéndosele el cielo encima ese maldito deje el odio y las ganas de chingarle la vida. Con tal de hacer sufrir a Takato san deja que su propia hija padezca. ¿Cómo diablos puede hacer eso?, ¿cómo puede hacerle esto a su bebé?
Una vez en el cuarto, Ramiro acomodó a Haru en la cama y la arropó contemplando los ojos hinchados por tanto llorar.
Soltó un suspiro agotado. En su cabeza había hecho planes de la A la Z para sacar a Haru y a Takato de allí aprovechando el desorden, pero era imposible. Siempre había un punto en el que el escape se veía truncado; por lo que solo podía confiar en lo que Chihiro le había dicho.
Caminó hacia el pequeño escritorio y con tono agotado habló al aire recordando lo que le había prometido a Takato.
—Patrón, creo que no estoy haciendo bien mi trabajo.
FLASHBACK
Hace 2 semanas.
—Patrón, el Marioka me dijo que se encontraba aquí, él me ayudó a entrar… pero no puedo estar mucho tiempo. ¿Puede escucharme?
—¿Ramiro? – susurró una voz débil.
—Sí patrón, soy yo. Me vine pa'ca en cuanto pude levantarme de la cama, me tenía rete preocupado. ¿Cómo está?
—Ramiro, perdóname… por mi culpa te hicieron algo horrible. Lo siento, lo siento tanto – unos sollozos tristes se dejaron oír del otro lado de la puerta.
—No, no, usted no hizo nada malo. Aparte soy lo suficientemente fuerte para aguantar eso y más. Mejor dígame ¿cómo está usted?
Un silencio prolongado se apoderó del ambiente, hasta que unos segundos después Takato habló descompuesto.
—No lo sé… no lo sé, estoy tan cansado de todo… no creo poder soportarlo por más tiempo, ya no puedo. Mi cuerpo está agotado, adolorido, mi mente me traiciona, me estoy volviendo loco, él no me ha dejado ver a mi bebé, no puedo ni hablar con ella… no me dice cómo está, cómo le va, si está comiendo, si duerme bien, si sigue yendo al colegio. No sé nada y eso me está matando.
No era necesario ver al ojiazul para comprender que se encontraba deshecho, dos semanas atrapado entre cuatro paredes sin ver la luz del día volvería loco a cualquiera.
Ramiro se recargó en la puerta de acero incapaz de ofrecer alguna palabra de consuelo, pues cualquier cosa que le dijera no surtiría efecto.
El llanto de Takato se volvía cada vez más débil. Escuchó unos cuantos sorbidos y después nada. Pegó la oreja a la puerta para poder captar algo más: pasos apresurados, ruidos ininteligibles. Hasta que la voz del azabache se dejó oír de nuevo.
—Ramiro, escúchame bien… hablaré con Himura y lo convenceré para que te permita estar con Haru. Cuando él te mande llamar finge que estás arrepentido por ayudarme y que no lo volverás a hacer. Se que te pido demasiado, pero por favor, por favor, cuida a mi niña. No dejes que le pase nada malo, si está triste abrázala por mí, si llega a llorar seca sus lágrimas… consuélala; dile que la amo con toda mi alma y que pronto estaré con ella. Que ría todos los días; llévala a la escuela, que Yuko san le prepare las croquetas que tanto le gustan. A la salida del colegio recógela y pregúntale cómo estuvieron sus clases, dale un chocolate por la tarde mientras mira "Gauko, la niña dinosaurio". Por favor, por favor No permitas que Hashiba la envenene en mi contra -Takato hizo una pequeña pausa para deshacer el nudo que se había formado en su garganta y continuó. —Dile que todo el tiempo pienso en ella y que siempre está en mi corazón. Sabes que te adora y si te tiene a ti me sentiré menos ansioso y asustado. Solo cuento contigo ¡te lo suplico! ¡ayúdame!
—Por favor no suplique, sabe que no tiene que hacer eso conmigo. Le prometo que la voy a cuidar. Solo, no se rinda. Recuerda que salgo con Chihiro Ayagi ¿verdad? Él me dijo que los Clanes están planeando algo contra Himura, además Azumaya san le ha prometido que lo ayudará, tenga esperanza.
Takato, sentado en el suelo, escuchaba las palabras del moreno pero así como entraban por un oído le salían por el otro. Ya no quería tener esperanza, o mejor dicho, En su interior la flama de la esperanza se había extinguido por completo.
Al no recibir respuesta Ramiro volvió a llamar —¿Patrón?
Takato cubrió su rostro, respiró profundo y de nuevo comenzó a llorar.
—Ramiro… ya no me digas nada más. No quiero oírlo.
—Pero…
—No quiero oírlo… Jamás podré liberarme de su sombra y menos ahora…
FIN DEL FLASHBACK
Mientras revisaba los cuadernos de la niña, Ramiro encontró dos hojas membretadas y una carta. La primera solicitaba el permiso del tutor para realizar una excursión al planetario, al cual podían ir acompañados de sus padres. La segunda indicaba las cosas que debían cargar y la tercera estaba dirigida hacia Himura Kenichi. En esta, la maestra de Haru le informaba que la niña había estado distraída, ya no participaba en clases como antes, se quedaba dormida sobre su mesa; durante el receso se limitaba a estar sentada en alguna banca sin hablar con nadie a excepción de con Usaka Kiyomi, quien a veces lograba que ella comiera su almuerzo.
La maestra explicaba que había intentado hablar con ella para saber lo que le pasaba sin éxito alguno. La lista seguía cerrando con un "Por favor, hable con su hija, dígale que la ama y ayúdela a mejorar su condición."
Ramiro regresó la carta al sobre y maldijo un par de veces.
Haru jamás habría dejado pasar la oportunidad de salir a un lugar nuevo y en compañía de sus padres; por lo que al ni siquiera haberlo mencionado era una prueba más de lo mal que se encontraba.
Terminó de acomodar la mochila en el escritorio y corrió hacia la oficina de Himura con las hojas en mano. Sin importarle lo que pudiera pasar o cuánto tuviera que humillarse estaba decidido a no abandonar el lugar hasta obtener del hombre el permiso para sacar a Takato de su confinamiento, poder reunirlo con su hija y que el periodo de oscurantismo terminara de una vez por todas. Las cosas no podían seguir así ni un minuto más.
La mañana llegó con los primeros rayos del sol despejando las nubes grises acumuladas por la lluvia que había caído mientras todos dormían. El fenómeno que se repetía cada día jamás fue tan anhelado y maravilloso como por aquel que había permanecido en la oscuridad respirando el miedo y desasosiego.
En cuanto la enorme puerta se abrió, dejó a la vista la delgada figura de Takato sentado sobre la cama, aseado y arreglado de pies a cabeza. Las marcas del abuso se habían desvanecido; cuatro semanas habían sido más que suficientes para eliminarlas, pero las heridas que yacían escritas con tinta en el alma permanecerían por siempre.
Hashiba lo miraba con desdén, sin duda ver al azabache a primera hora del día era de sus cosas menos favoritas, pero debía seguir las indicaciones del Yakuza aunque lo odiara; por lo que antes de que Takato diera un paso fuera, informó.
—Himura sama me ha pedido que le diga lo siguiente: "Espero que hayas tenido más que suficiente." Ah y este es su nuevo celular, solo puede llamar a Himura sama. – Transmitido el mensaje, una sonrisa burlona le acompañó seguida de una sensación de superioridad para finalmente retirarse.
Takato ignoró el hecho de ser tratado como gusano, en su cabeza solo había espacio para una sola cosa, tomó el móvil e impaciente corrió hasta la habitación que guardaba su más grande tesoro.
Sus manos, frías y huesudas comenzaron a temblar en cuanto estas tocaron la perilla. La expectación lo estaba matando, la respiración se aceleraba tanto como su pulso. Sin hacer un solo ruido caminó de puntillas hasta posarse a un costado de la camita.
Casi al instante apretó su boca para callar el lamento que subía por su garganta. Apretó sus puños sintiendo como las uñas se enterraban en su palma, la sensación en todo su cuerpo era como si lo hubieran sumergido en aguas fangosas que le impedían respirar mientras se hundía cada maldito segundo hasta tocar el fondo.
Pese a que Haru estaba dormida, Takato pudo darse cuenta de que estas cuatro semanas no solo habían sido difíciles para él, sino también para su bebé; por lo que ver desde primera fila la cruda realidad dolía más de lo que podía soportar.
Sacudió la cabeza y golpeó sus mejillas para suavizar su expresión. Durante su encierro había imaginado los peores escenarios posibles, por lo que el que ahora se le presentaba, aunque fuera horrible, sabía por experiencia propia que siempre podría haber peores. Imaginó a Ramiro haciendo malabares para mantener a flote a Haru y agradeció internamente su esfuerzo.
Exhaló varias veces antes de inclinarse para besar el flequillo revuelto sobre la pequeña frentecita que ante el contacto se contrajo.
—Princesa, despierta. Hoy iremos de excursión al Planetario. – susurró Takato con voz bañada en azúcar.
Otro par de besitos atacaron las mejillas flacuchas.
—¿Mami? – abrió perezosa los ojitos - ¡MAMI!, ¡MAMI ERES TÚ! – gritó absolutamente emocionada al tiempo que aventaba las cobijas y se lanzaba a los brazos de Takato. El sueño se le había ido por completo y toda la tristeza acumulada se evaporaba como por arte de magia.
—Sí mi niña hermosa. Soy yo – exclamó Takato al tiempo que frotaba su nariz contra la respingada de la ambarina.
—¡Pensé que ya no me querías, que me habías dejado! – reclamó con tono afligido.
Sorprendido por las palabras de Haru, Takato separó el cuerpecito de su pecho, tomó con delicadeza el rostro de esta entre sus manos y dijo: —Haru mírame, ¡Yo te amo con todas mis fuerzas! ¡nunca te dejaría! ¡NUNCA! ¡jamás vuelvas a pensar eso!
Haru limpió con sus manitas las gotas que cayeron de sus ojos y mostrando su mejor sonrisa exclamó: —Sí. Ramiro me decía eso todos los días, ¡pero no venías a verme! ¡Te extrañé mucho! Pero… pero ya estás conmigo por eso ya no me duele aquí – dijo señalando su corazón.
Con el corazón en la mano y un nudo en la garganta, Takato volvió a abrazar fuertemente a su hija.
—Yo también te extrañé mucho ¡mucho, mucho, mucho! Estuve muy enfermo, no podía ni hablar y como era muy contagioso no podía acercarme a ti.
Takato odiaba mentirle a su hija, pero a veces las mentiras eran necesarias si con eso podía resguardar su inocencia dejándola fuera de la mierda interminable que se acumulaba bajo sus pies.
La niña, que lo único que deseaba era no separarse nunca más de Takato, aceptó sin cuestionar la respuesta que el azabache le había dado.
—Yo te voy a cuidar para que nunca te enfermes – exclamó protectoramente.
—Si Haru es de mi Doctora no necesitaré tomar vitaminas. Seré la persona más saludable del mundo.
Se abrazaron con fuerza y amor desbordante. Para su suerte en esta ocasión no hubo nadie que interrumpiera su momento feliz, por lo que en cuanto la pequeña aflojó su agarre, Takato la llevó al baño y comenzó a asearla. Arregló su uniforme, la vistió y mientras cepillaba la larga melena le informó sobre el itinerario del día y cuánto esperaba salir con ella.
En cuanto vieron a Ramiro junto al coche, la de las colitas corrió hacia él saltando y gritando que su mami los acompañaría a la excursión.
—Patrón – expresó como saludo.
—Gracias por todo Ramiro. – dijo Takato con sinceridad.
—No tiene nada que agradecer – respondió al segundo. —Ah, casi se me pasa, tome. Es su celular. Se lo guardé todo este tiempo.
La mano del mexicano se mantenía extendida, pero Takato no tuvo reacción alguna.
—No lo necesito. Puedes tirarlo. — Cortó tajante al tiempo que ingresaba al coche sin más que decir.
La acción no pasó desapercibida para el moreno.
"Resignación", fue lo que vio escrito en toda su cara y el brillo había desaparecido por completo de los ojos de Takato.
En cuanto cerró la puerta tomó el celular y escribió a la velocidad de la luz un mensaje, rogando que el destinatario pudiera verlo.
"Cosmo Planetarium Shibuya. Proyección Sala 2 10:00 am"
En cuanto lo envió, soltó un suspiro cansado mientras barría su cabello.
—¿Qué tanto escribes que ni siquiera notas que tu sexy novio está aquí?, ¿por qué suspiraste? y ¿a dónde vas que no me has avisado? – preguntó Ayagi al tiempo que se quitaba los lentes de sol.
Ramiro se giró en un instante para ver la espigada figura sonriéndole ampliamente. Golpeó la ventanilla del coche y le indicó al chofer que avanzara hasta la entrada. Rápidamente, el moreno acortó la distancia entre ellos y seducido por la idea de besarlo se inclinó para tomarlo, pero el grito de Hashiba lo hizo detenerse.
—¡¿Por qué demonios sigues aquí?! Hasta para hacer un encargo eres estúpido.
Al escuchar la voz de culo de quien había infringido las horribles heridas en la espalda de su Ramiro hablándole de manera despectiva, hizo que la sangre le hirviera en un segundo. Quería matarlo ahí mismo liberando sus feromonas agresivas hasta asfixiarlo, pero esa sería una salida muy fácil y ni por error le regalaría eso.
Hashiba caminó hasta quedar frente a ellos e inclinándose le saludó.
—Bienvenido Ayagi sama. Himura sama lo espera en su oficina. Disculpe que esto – dijo mirando con desprecio a Ramiro —haya sido lo primero que vio al llegar – agregó como si de una cosa sin valor alguno se tratara. —¿Qué me ves?, ¡ya lárgate, imbécil!
Ok, eso había sido suficiente.
Chihiro volvió la vista hacia Hashiba y arto de él rugió:
—¡Cierra ya tu puta boca, eres jodidamente molesto! El único estúpido aquí eres tú al dar un patético espectáculo incapaz de contenerte frente a un invitado diciendo la primera pendejada que tu cerebro de mierda puede pensar. ¿Por qué Himura manda al gato para recibirme cuando amablemente atiendo su llamado de auxilio? – Habló imponente mirándolo sobre el hombro. — Entra y dile a tu amo que si quiere que lo escuche salga él mismo a recibirme y que de paso te deje encerrado y con un bozal incluido para no tener que seguirte escuchando. Basura.
Tanto Hashiba como Ramiro miraban con la boca abierta a Chihiro.
El Saiko komon se había quedado clavado en el piso incapaz de mover un solo de sus músculos, jamás nadie lo había tratado de esa manera. Su rostro estaba rojo hasta las orejas por la vergüenza; sin embargo, lo más humillante para él fue el hecho de que todo había sido presenciado por el moreno y los guardaespaldas de Ayagi.
Chihiro, al ver que Hashiba no se movía, decidió regresarle las mismas palabras que este le había dedicado a Ramiro.
—"¡¿Por qué demonios sigues aquí?! Hasta para hacer un encargo eres estúpido" – soltó con desprecio mientras Hashiba lo veía con los ojos desorbitados. — "¿Qué me ves?, ¡ya lárgate, imbécil!"
Su voz grave de mando resonó en los oídos de todos haciendo que Ramiro recordara que, pese a tenerlo la mayor parte del tiempo debajo de él gimiendo, Ayagi era un verdadero alfa. Su Alfa.
Hashiba dio media vuelta y salió corriendo.
—Justo ahora quiero besarte – dijo Ramiro sintiéndose orgulloso de su pareja. La manera en la que lo había defendido provocó que su corazón se acelerara de emoción.
Ayagi esbozó una media sonrisa. —Lo sé, guárdalo para esta noche – dijo guiñándole un ojo.
Ramiro silbó complacido. Tan embelesado estaba que casi pasa por alto el hecho de que Chihiro estuviera ahí, por lo que apresurado preguntó: —¿Por qué vas a hablar con él?
—Bueno, me encantaría decírtelo, pero mira. Ya viene – dijo señalando al de la cicatriz que caminaba apresurado y completamente desarreglado.
Ramiro no quería dejar a Chihiro solo con un Himura inestable, pero Takato y Haru lo esperaban y tampoco quería que este los viera y amargara su día; por lo que, haciendo un gran esfuerzo se despidió de su amante.
—Por favor cuídate – dijo con tono preocupado.
—Siempre lo hago. Luego te cuento cómo me fue.
Ramiro asintió y corrió hacia el carro con una sensación molesta en su pecho.
—Aquí me tienes. ¿Ahora sí podemos hablar? - exclamó Himura.
Ayagi lo barrió de pies a cabeza y torciendo la boca dijo:
—Luces como vómito de perro. ¿Tan mal la estás pasando?
Himura apretó los puños, quería gritarle por hablarle de esa manera, pero no podía darse ese lujo debido a la precaria situación en la que se encontraba.
Con un esfuerzo sobrehumano ignoró el comentario.
—Pues ya lo estás viendo por ti mismo.
—Mmm… Sí. Y bien, ¿no me vas a invitar a pasar ni ofrecer té?
—Adelante, por favor – dijo apretando los dientes —que bajo has caído como para tener que recurrir a este idiota – pensó Himura.
Ayagi lo miró casi seguro de saber lo que este había pensado. Una risa espontanea salió de su boca. En el pasado habría tratado al hombre con pinzas, pero ahora, le parecía de lo más entretenido ver cómo los papeles se habían intercambiado.
Una vez dentro y acomodado en el amplio sillón, el castaño habló.
—Adelante soy todo oídos.
—Iré directo al grano. Mañana pienso irme del país, pero no puedo cargar con todo el efectivo y necesito que alguien de confianza se encargue de estármelo enviando con periodicidad.
—Oh, ¿así que soy de tu confianza?
—No, pedazo de mierda. Pero no me queda de otra – pensó Himura —Sí, lo eres.
—Jajaja, ay de lo que se están perdiendo los demás, miren esa cara patética, el tipo me detesta y aún así lo tengo comiendo de mi palma.
Chihiro luchaba por no soltar una carcajada. Haciendo uso de su raciocinio vio la petición como una oportunidad para obtener lo que quería antes de tiempo. A la mierda Azumaya, él haría las cosas a su modo.
—Me honras Himura. Por supuesto que te ayudaré, para eso estamos… pero no pienso hacerlo gratuitamente.
Himura dejó salir un resoplido —Claro, este imbécil quiere aprovecharse de mi situación. -Pensó. —Ja, ¿cuál es tu precio?
—Quiero que me entregues a Hashiba Fumio y Ramiro Tanaka.
—¡¿Qué?! – Exclamó sorprendido, ni en sus más locas alucinaciones habría pensado que Chihiro le pediría eso; por lo que incrédulo preguntó: —¿Hablas en serio?
—Sí, verás… - habló el del lunar apoyando los brazos sobre sus piernas —Hashiba parece muy competente y Ramiro ni se diga. ¿Has visto los músculos que tiene? Sería mi guardia personal.
Himura seguía sin creerlo, pero en vista de que lo que le pedía el castaño no representaba una carga económica, dio su aprobación. —Trato hecho, Tanaka es tuyo, en cuanto vuelva a casa con mi esposo e hija irá contigo… pero Hashiba no. Él es mi mano derecha, se va conmigo.
—Oh, ya veo. – Dijo dando pequeños toques sobre el reposabrazos. En un instante se puso de pie y acomodó su camisa bajo la atenta mirada del Yakuza. —Entonces no hay trato. Me das a los dos o dile adiós a mi ayuda.
—¡ESPERA!- gritó desesperado —Está bien… pero déjame conservarlo al menos hasta esta noche. Necesito me ayude a preparar las cosas.
Ayagi sonrió triunfal —Mmm, no puedo evitar ser generoso. Está bien, envíalo a las 6, me quiero dormir temprano, pero antes le daré un tour por su nueva morada.
Himura hizo un esfuerzo sobrehumano para no írsele encima al castaño.
—Llama a tus hombres, es hora de cargar el dinero – indicó Himura.
Chihiro asintió. Por dentro se estaba regodeando de sus logros. ¿Qué podría ser más devastador que una tortura física? Exacto, la psicológica. Para Hashiba el ser desechado como si nada por aquel a quien le había entregado su vida sería aún más doloroso que el castigo que por supuesto iba a propinarle en cuanto lo tuviera entre sus manos.
Por otro lado, ni por un segundo había olvidado que Himura había sido el que había mandado golpear a Ramiro, por lo que dejarlo ir tan fácilmente no era parte de su plan. Y el que este hubiera confiado en él era la peor decisión que había tomado.
En cuanto todo estuvo listo, ambos hombres se despidieron, uno jurando que lo ayudaría y el otro arrancándose los cabellos por verse en la necesidad de dejar sus riquezas en manos ajenas.
Ya en el carro, el castaño tomó su celular y marcó a la persona que estaría muy interesada en conocer los planes que el de la cicatriz tenía.
—Azumaya al habla. – contestó Junta.
—Como soy algo impaciente pero buen aliado y proactivo, conseguí información por mi cuenta que te gustará. Ahora mismo un camión se dirige a una de mis propiedades cargada con millones pertenecientes al Clan Himura. Me pidió de Favor que se lo cuide y esté depositándolo en una cuenta que me hará llegar, pues como lo habíamos previsto, Himura piensa huir del país mañana a primera hora. Así que dígame, señor "lo tengo todo bajo control" ¿Qué piensas hacer para detenerlo?
Junta apretó los dientes, tenía claro lo que debía hacer. El momento que tanto había esperado estaba al alcance de su mano listo para ser tomado. Exclamó un escueto "gracias por la información" seguido de un "Yo me encargo." Para finalmente cortar la comunicación, pues a quien había estado esperando había entrado en escena justo ahora.
—¡Takato!
