CAPÍTULO 19

PIEZAS DE AJEDRÉZ

UNA HORA ATRÁS.

—Amo Ryo, este hombre dice que fue enviado por el Oyabun Himura – habló con respeto uno de los miembros del clan Ayagi al encontrarse al pequeño omega leyendo en la sala.

Ryo quien hasta ese momento había luchado por adaptarse a su nueva vida, trataba de ignorar el hecho de que su madre se había casado con un Yakuza; por lo que todos los días buscaba ver el lado positivo de quienes ahora eran su familia y de todo aquello que lo rodeara.

Cuando fue presentado a Chihiro unos días después de su llegada, este lo miró sin interés, pero no fue rudo con él, simplemente le había dado la bienvenida y prometido que como miembro de la familia podía contar con él cuando tuviera problemas. Cosa que complació al viejo Ayagi tras ver la enorme sonrisa que su esposa esbozaba.

En ocasiones Ryo y Chihiro coincidían y platicaban, para sorpresa de todos. Resultó que ambos podían conversar abiertamente y sin aire incómodo alrededor. No eran los hermanos amorosos, pero tampoco se eran indiferentes.

Por otro lado quien se le había pegado como chicle en el zapato era el miembro más joven de la familia: Aren Ayagi. Un nene de 9 años hijo de la fallecida madre de Chihiro.

El niño era un torbellino de energía que a todos les daba batería. Desde que Mari san, la madre de Ryo, llegó a la mansión la adoró, pues a la edad de dos años había perdido a su madre y aunque se la mostraran en fotos no podía recordarla, por lo que la figura materna que tanto había querido, fue llenada por la afable mujer que lo acogió como si fuera sangre de su sangre.

Debido al vínculo formado, en cuanto el niño vio a Ryo quedó encantado. Los días siguientes apenas llegaba del colegio, se le tiraba encima y pedía que jugara con él todo el día. El pobre Ryo no podía ni ir al baño porque Aren lo esperaba paciente fuera de este mientras le platicaba sobre su programa de tv favorito o cualquier otra cosa que pasara por su mente.

Ryo no podía seguirle el ritmo al niño, deseaba un poco de espacio personal. No obstante, sus deseos se vieron tirados de lado cuando escuchó al pequeño justificar sus acciones mientras era reprendido por Chihiro quien le decía que dejara de ser una "garrapata".

Aren con voz elevada y un tanto desesperado por el sermón de su hermano mayor, sacó su lado alfa y respondió: "Mamá y papá me dijeron que Ryo ha sufrido mucho y yo no quiero que vuelva a estar solo y triste. Yo haré que sonría todos los días".

Está de más decir que Ryo no tuvo corazón para hacerlo de lado cuando este estaba dando todo de sí por él, quien se consideraba a sí mismo un intruso.

Llevando sus manos hacia el pecho pensó en lo bendecido que había sido al tener una familia que pensara en él y lo cuidara.

Ryo, tras escuchar que alguien había sido enviado por Himura, dejó caer el libro al suelo y todo su cuerpo se tensó asustado. Su respiración agitada se podía apreciar por la manera en la que su pecho subía y bajaba. Estaba en tal estado de shock que no miró a la persona frente a él, hasta que este, con voz amable le habló extendiéndole el libro que había tirado.

—Disculpa por asustarte, ya sé que estoy re feo pero no muerdo – exclamó Ramiro con una sonrisa de oreja a oreja.

En ese momento Ryo lo vio cara a cara y un suspiro de alivio salió de su boca acompañado de unas palabras que hasta a él le tomaron por sorpresa.

—¡Oh no! feo no… eres realmente guapo… - dijo perdido en el rostro del moreno, quien al escuchar a Ryo tuvo que llevarse las manos a la boca para callar la risa que le había causado el omega, quien después de haber soltado semejante comentario se puso como tomate hasta las orejas tras caer en cuenta de la barbaridad que había dicho sin pensar ni un poco en estas. —Ah, yo… no… es que… - Tartamudeaba nervioso al tiempo que tomaba el libro y lo envolvía en su pecho.

No sabía como salir del bochorno y el tener al moreno de pie luciendo tan sexy haciendo absolutamente nada más que existir, no le ayudaba en absoluto.

Entonces la voz de Chihiro se dejó escuchar.

—Sí, está guapísimo, pero es mío. Así que está prohibido verlo, tocarlo, olerlo, llamarlo o cualquier cosa que pase por tu pequeña cabecita. ¿Entendiste? – Dijo el del lunar en la barbilla cruzado de brazos y con ojos entrecerrados.

—¡NO! Yo, no quise decir eso… fue como… - dijo intentando salir del lío, pero lo único que hacía era enredarse aún más.

En eso la figura respingada de Aren salió corriendo, tirándosele encima a Ryo.

—Onii-san, ¿Y YO? ¿CÓMO TE PAREZCO? Soy más guapo que él ¿cierto? ¿cierto? – preguntó impaciente con ojitos suplicantes tomando entre sus manos el rostro sonrojado de Ryo.

Este, sintiéndose un poco más relajado por la presencia del niño sonrió alegremente.

—Aren es el más guapo del mundo – Confirmó feliz dando palmaditas en la cabeza del pequeño. Quien al verse complacido por la respuesta se giró triunfante hacia el moreno.

—¡JA, TE GANÉ! Y tú ¿quién eres?

Ramiro estaba muy entretenido por el halago recibido, la muestra de celos de Ayagi y el show del pequeño que se permanecía inamovible sobre las piernas del otro. — Hola, me llamo Ramiro Tanaka y soy amigo de Chihiro y tú, ¿cómo te llamas? – preguntó amablemente.

—Mentiroso, eres mi NOVIO – recalcó el castaño colocándose al lado de Ramiro. El moreno sonrió ampliamente al tiempo que pasaba su brazo izquierdo por la cintura de Chihiro acercándolo para darle un piquito en los labios.

Acto que dejó a los otros dos anonadados.

—¡Onii-san! ¡De verdad tienes novio!

—Claro que sí, tu hermano solo tiene lo mejor — dijo orgulloso recargando su cabeza en el hombro del alto. —Ramiro, estos dos tontitos son mis hermanos. El que tiene cara de "trágame tierra" es Ryo y esa garrapata que tiene pegada al cuerpo es Aren el bebé de la casa y una patada en el culo. – presentó señalándolos con su mano.

—¡OYE! – reclamó el niño al ser comparado con un animal y como algo molesto. —¡NO SOY UN BEBÉ!

—Encantado de conocerlos. Ambos están bien chulos – Se apresuró Ramiro a decir. Dejando a los otros dos apenados por el ataque al que no estaban acostumbrados.

—Sí, pero no más que yo – habló con altivez Chihiro.

—¡PERO QUÉ HENTAI! – dijo Aren por el cumplido, a su parecer, inapropiado.

Ramiro que veía a los tres chicos alternadamente, no aguantó las ganas de reír, pues su novio parecía otro niño más, Aren un cachorro a punto de soltar la mordida y Ryo como mamá preocupada cada vez más escondido tras la espalda de Aren.

—Ya cállate garrapata parlanchina. Ramiro, ya los saludaste, ahora vámonos amor. Te estaba esperando, tengo una sorpresa para ti.

Ramiro lo miró un tanto intrigado. Se despidió de los chicos y siguió a Chihiro.

—¡LE DIRÉ A PAPÁ QUE ME DIJISTE GARRAPATA Y PATADA EN EL CULO! – gritó Aren.

—Sí, sí dile. Me dará la razón – Sonrió socarrón.

Había salido de la casa y atravesado un patio realmente grande hasta llegar a lo que parecía un almacén. Chihiro se detuvo girando hacia Ramiro para quedar de frente.

—Bebé, quiero que abras esta puerta y después me llenes de besos porque me lo merezco. Soy el mejor novio que puedas tener – dijo orgulloso de sí mismo.

Ramiro esbozó una media sonrisa picaresca.

—No necesito sorpresas tras la puerta para saber que eres el mejor mi flaquito – pronunció al tiempo que palmeaba el trasero de Chihiro. Pasó de largo y tomando las dos perillas reveló lo que había dentro.

Atado de manos, exhausto y desnudo, Hashiba se encontraba de pie sostenido del techo y en su espalda 2 latigazos frescos y sangrantes.

Ramiro abrió los ojos de par en par. Era como verse a sí mismo unas semanas atrás. La escena le recordó el dolor sufrido, la desesperación y el deseo de que todo terminara pronto, deseo que no se vio cumplido sino hasta mucho después.

Las cicatrices en su espalda le escocieron y tanto la furia como el resentimiento que por no causar problemas se había tragado, salieron de su pecho en una sonora carcajada que llegó a oídos del ex Saiko komon.

—Entonces ¿puedo interpretar esa risa como que te ha gustado?, ¿sí bebé? – preguntó Chihiro abrazando por la espalda a Ramiro. Este asintió. — Perdón por darle 2 latigazos, pero lo odio. Yo haría cualquier cosa por ti, pide lo que quieras y lo tendrás. Odié verte herido, jamás quiero que algo así se repita. Te entrego a esa escoria, has lo que quieras: humíllalo, golpéalo, aviéntalo a los perros, despedázalo si así lo deseas yo me encargaré de tirarlo.

Ramiro se giró para mirar de frente a Ayagi. Posó una mano sobre la mejilla de este y exclamó: —Eres aterrado… - dijo aludiendo a las opciones que le había dado. — Pero gracias mi flaquito, te amo. Esta noche no solo te daré besos – susurró con voz lujuriosa.

Acción que fue correspondida por el otro.

—Entonces, toma ese látigo, acaba con él y vayamos a casa para que me folles como loco.

Ramiro se estremeció cuando el aliento de Chihiro acarició su oreja. Inhaló su aroma y lentamente se alejó de él.

Con el látigo en mano, Ramiro caminó hasta quedar de frente a Hashiba, lo tomó de los cabellos levantándole la cabeza hasta mirarlo cara a cara. El crujir de las cadenas se escuchó dando al ambiente un extra de peligro.

—Mira nomás cómo se han invertido los papeles "sueñas si piensas que me detendré en 20" – dijo regresándole sus palabras. – Aquí nadie va a llegar para ayudarte. Te traigo ganas desde hace años y hoy es el día.

Con brusquedad soltó la cabeza del herido para tomar distancia. Hashiba pese a su precaria situación se atrevió a decir:

—No importa lo que hagas, tú siempre serás un beta, hafu de mierda, sirviente, ignorante tercermundista, bueno para ¡na- AAAAAAAAAAAHHHH!...

¡ZAS!

El aire fue cortado con violencia en un instante. El látigo llegó a destino con potencia marcando un enorme surco en la piel de Hashiba que se retorció moviendo las cadenas gritando a todo pulmón.

—Va uno, los otros dos no cuentan porque no te los di yo. – dijo con voz de hielo — Y para que vayas enterándote, si no te hice nada antes fue por mi patrón, no porque me faltaran huevos. Grita todo lo que quieras, puedes insultar hasta que te acabes todas las maldiciones que conoces, pero eso no cambiará que el que baila en la palma de mi mano como un mono de circo, eres tú.

¡ZAS!

—Dos.

TIEMPO ACTUAL

—Treinta y cinco.

La masacre no paraba. Habían sido muchos años de humillaciones como para que todo fuera olvidado con unos cuantos latigazos. Ramiro no solo lo hacía por él, sino también por Takato, quien en muchas ocasiones había recibido castigos por culpa de Hashiba quien buscaba cualquier pretexto para dejar mal parado al ojiazul. Logrando en varias ocasiones que este terminara en la jaula o golpeado brutalmente. Siempre con acusaciones falsas, metiendo cizaña a Haru para que no quisiera a su madre, pero la nena en su inocencia no lo comprendía.

Ramiro era consciente de la fidelidad de Hashiba hacia Himura, él mismo fue tan fiel a su patrón que podía decir que respetaba eso del Saiko komon, pero una cosa era ser fiel y otra un hijo de puta que vivía para dañar, un hombre así no merecía ser tratado con misericordia, no cuando él no la había tenido nunca con los demás. "Cosechas lo que siembras", pensó Ramiro una y otra vez.

Aunque a veces no siempre se actúa como se piensa.

—Treinta y seis.

La espalda de Hashiba era una masa amorfa con carne desprendida, parecía que en ratos se desmayaba y recuperaba la conciencia. Ya no salían palabras de su boca, solo gemidos de dolor que eran apenas audibles, pues poco a poco esta había perdido la fuerza debido a la irritación en su garganta causando afonía.

Ramiro dio un vistazo con los ojos ensombrecidos. Dejó caer al piso el látigo bañado en sangre y caminó hasta la silla contigua a Ayagi.

—¿Quieres tomar un descanso? Yo puedo continuar por ti. – dijo Chihiro más que dispuesto.

—Ya terminé, flaquito – dijo el moreno dejando salir un suspiro largo.

—¿Qué? Es broma, ¿verdad?

Ramiro volteó a verlo con rostro serio. —Yo no soy un carnicero. No pienso rasgarme las vestiduras y hacerme pasar como inmaculado. Le di suficientes latigazos como para que no los olvide nunca y he de decir que los disfruté, pero esto ya es suficiente. Así lo golpee hasta la muerte el daño ya está hecho y eso no cambiará. No quiero volver a verlo en mi vida, aún así quitarle la suya no es opción. Mientras se mantenga alejado de mi patrón, la patroncita y de mí, puedo vivir en paz.

Chihiro lo escuchaba con atención, lo cierto era que no podía comprender del todo su actuar. Toda su vida había aprendido que a los enemigos se les aniquila, pero ahora su hombre le decía algo que no iba acorde con sus creencias.

—¿Seguro que quieres eso? – preguntó el castaño aún confundido, a lo que el otro asintió. —La verdad es que yo lo habría matado, pero dije que haría lo que tu quisieras y si lo que quieres es mandarlo lo más lejos de ti, pues haré eso. Lo mandaré a la Antártida, allá a lo único que podría hacerle daño es a unos cuantos pingüinos.

Ramiro exhaló acompañado de un "ja" que se dibujó en su rostro. Acarició el rostro de Ayagi sintiendo su calor y suavidad, para finalmente decir: "Gracias, flaquito".

Chihiro suspiró cerrando los ojos.

—Ramiro, te lo repito: eres demasiado bueno para tu propio bien.

—No, no es así… - dijo perdido en sus propios pensamientos.

Ayagi se puso de pie y mandó llamar a unos hombres. Ellos se llevaron a Hashiba dejando a los dos solos.

El silencio prevaleció unos minutos brindando paz al momento. Hasta que Ramiro abrió la boca para decir aquello que se preguntó desde el principio, pero que debido a la euforia no había dicho.

—Flaquito, ¿cómo le hiciste para tener a Hashiba en tus manos? Él siempre está con Himura.

—Bueno, eso… ¿Recuerdas que en la mañana pasé por su casa? – Ramiro asintió. —Pues hice un trato. Con tal de ayudarle a guardar los millones que tenía sin lavar, le dije que me entregara a Hashiba y a ti. Desde ahora eres todo mío.

La felicidad se podía apreciar en su rostro cual niño mimado que obtiene el regalo pedido a Santa Claus.

Ramiro abrió los ojos como platos y de un brinco se puso de pie. Frunciendo el ceño miró al castaño que lo observaba desconcertado por su acción sin saber cómo reaccionar.

—¿Cómo se te ocurre? ¡¿Y ahora?! ¿cómo podré cuidar a mi patrón y la patroncita? Yo no puedo dejarlos así nada más a la buena de Dios, ¡me necesitan! – gritó un tanto exaltado moviendo los brazos.

Ayagi también se puso de pie, pero ahora indignado.

—¡¿Por qué demonios te interesan tanto ese omega y su hija?! ¿Acaso te gusta?, te estoy diciendo que ya no tienes que trabajar para el imbécil de Himura, que puedes estar conmigo siempre y ¿te pones a gritarme?

—¡Chihiro no digas tonterías, no te hagas ideas que no son!

—¡Entonces no me hagas pensar así! ¡mira cómo te estás comportando! Para ese omega no eres más que otro trabajador, eres reemplazable, pueden conseguir a otra persona y ya. ¡No son tu maldita responsabilidad!

—¡CÁLLATE, TÚ NO SABES NADA! ¡NO DEBISTE HACER ESO! – gritó enfadado Ramiro.

Ayagi se quedó mudo incapaz de reaccionar sintiendo un pinchazo en su pecho. Ramiro se veía como alguien completamente diferente. Cerró sus manos en puño y apretó con fuerza, la indignación y dolor de verse echado de lado se apoderó de él.

Rechinó los dientes y dijo:

—¿Por qué me gritas y los pones por encima de mí?, ¿entonces quién diablos soy yo para ti?, ¿no quieres estar conmigo?, ¿tanto te molesta que te haya separado de tu querido omega? – preguntó dolido. Su rostro de decepción mezclado con ansiedad y tristeza hizo que Ramiro se tragara sus palabras. De inmediato este comenzó a disculparse.

—No, no bebé… perdóname, perdóname por favor. No quise gritarte. ¡Soy un pendejo! – dijo al tiempo que tomaba al delgado entre sus brazos recargando la cabeza de este sobre su pecho. —Estoy bien estúpido para hablar. Claro que quiero estar contigo, pero primero…

¡RING, RING, RING!

—Chihiro créeme, no tengo esa clase de relación con…

¡RING, RING, RING!

El celular no dejaba de sonar a todo volumen matando así toda oportunidad de continuar con la conversación.

¡RING, RING, RING!

Chihiro se separó de Ramiro y dijo:

—Anda contesta, no vaya a ser que sea tu querido omega. – Dijo sabiéndole las palabras a vinagre.

Ramiro iba a refutarle cuando ahora el celular de Ayagi se unía a la sinfonía de llamadas entrantes. Este último salió de la habitación sin voltear hacia atrás, su padre lo requería y aunque siempre lo dejaba colgado, en esta ocasión era su chaleco salvavidas para huir un momento y evadir la situación que tenía frente a él, pues no sería capaz de soportar un desprecio de Ramiro o que este le dijera que amaba a alguien más.

Tenían poco con su relación, pero Ayagi lo amaba con intensidad, tanto que se sentía ahogado en emociones que nunca había experimentado y que lo estaban poniendo de los nervios.

Ramiro intentó seguirlo pero este le cerró la puerta en la nariz. Por lo que molesto y sin detenerse a mirar de quién se trataba, tomó el celular con furia.

—¡AAAH! ¡chingada madre! ¡¿BUENO?! – contestó. —¿Hasegawa san?

Cinco minutos después Ramiro cruzaba la puerta desesperado. Ayagi que había terminado también de hablar con su padre lo observó con ojos vacíos, cosa que no pasó desapercibida para el mayor.

—Chihiro, estos malentendidos no me gustan. Debemos hablar de frente, pero ahora debo irme y no lo haría si no fuera urgente. Nomás te quiero decir que me gustas un chingo, te amo y no te hagas ideas en esta cabecita bonita que tienes. – dijo presionando sus labios sobre la frente del castaño depositando un beso sonoro. — Te contaré todo te lo prometo, así que por favor no me vayas a ignorar.

Ramiro dio otro beso pero ahora en los labios y salió disparado del lugar. Tenía que ir al hospital de inmediato.

—¡No, no, no!, ¡¿por qué chingados no puedo hacer bien las cosas?! – gritó en el coche golpeando el manubrio. —Patrón, patroncita… perdón.

Mientras tanto por las calles de japón, los jefes Yakuzas mantenían su conversación.

—¿Por qué no vamos hacia el hospital? Debo ir por mi esposo e hija y largarnos de aquí - demandó saber al ver por la ventana que el recorrido del auto para nada mostraba el camino hacia el lugar que había pedido.

Se sentía ansioso, era una sensación que nunca antes había experimentado o al menos no como ahora. Minutos atrás, mientras destruía todo a su paso dominado por la desesperación e ignorado su nariz fracturada (cortesía del puñetazo dado por Takato), escuchó la voz de Yasuda informándole que tanto Takato como Haru habían sido llevadas al hospital "St. Louis" por Hasegawa tras ver sus heridas. Pero él seguía tan ensimismado en su furia que hasta que no se vio liberado mediante la destrucción, pensó en ver a su familia. Porque no importaba qué tanto mal les hiciera, eran suyos, su propiedad, era su dueño y debían estar con él.

Nada en el mundo los separaría y sus planes seguirían igual. Sin embargo, el imbécil olvidaba un detalle importante en todo esto: la policía ya estaba tras de él. Por lo que el siquiera pensar que podría salir del país como si nada, era una muestra más de que la locura comenzaba a ofuscarlo.

—Kenichi, en el momento que pongas un pie en el hospital te caería la ley encima. Toda la policía de Japón te busca, no podemos entregarles tu cabeza en bandeja de plata. ¿O acaso quieres eso? – exclamó Ayagi padre.

—¡Por supuesto que no! pero si no vamos al hospital, ¿a dónde demonios nos dirigimos? – preguntó molesto.

—A la bodega de Ayagi. – Exclamó Usaka prendiendo su cigarro y con toda intención de que su voz sonara lo suficientemente cortante para que el otro supiera que no debía preguntar nada más.

Himura guardó silencio.

—¿Una bodega?... bueno es desagradable, pero nadie pensaría que me encuentro en un lugar así. No importa, esto se calmará en unos días. Iré por Takato y Haru y nos iremos lejos. Si Usaka sama cuida de mi no habrá ningún problema. – Repetía el Alfa en su mente.

Minutos después la bodega estaba a la vista. El área en donde se ubicaba era concurrida, lo que la hacía el lugar más llamativo pero a la vez el más seguro para esconderse, pues entre el mar de gente nadie pondría atención a un hombre en particular.

Los individuos seguidos por sus guardaespaldas caminaron hacia la entrada. El ambiente se sentía frío y la poca iluminación daba un aspecto tenebroso. El nerviosismo que Himura había sentido volvió a su cuerpo. Los vellos de sus brazos y nuca se tensaron, era como si el peligro lo acechara desde un punto que salía de su vista pero que lo oprimía constantemente. No supo a qué atribuirlo, pues estaba entre amigos; sin embargo estaba seguro de que algo pasaría, su instinto de alfa dominante se lo gritaba. Golpeó su cabeza un par de veces y se concentró en seguir caminando. De pronto la última puerta del pasillo se abrió dejando a la vista al aliado que faltaba junto a su inseparable Sasaki.

—¡Maldita sea Azumaya! Te llamé muchas veces y ¿hasta ahora te presentas? Pero que buen hermano me tocó. – Dijo con sarcasmo en la voz.

—Mejor toma asiento, que estaremos aquí un buen rato. – Dijo el ojiverde indicándole donde hacerlo.

La silla estaba justo en el centro de la habitación con evidente rastro de sangre y fluidos secos imposibles de descifrar. El olor era repugnante, parecía una mala broma y él no estaba dispuesto a seguirla. Himura observó el asiento, — jamás se sentaría ahí. Prefiero estar de pie. Esa silla está hecha una mierda.

—Como gustes, igual ahí estará por si sientes que te fallan las piernas – Exclamó Junta con burla, lo que no pasó desapercibido para Himura.

Usaka tiró el cigarrillo en el suelo, lo pisó y mirando de lado a sus subordinados indicó que cerraran las puertas.

Todos permanecían como estatuas en su lugar, apenas si parecían humanos. Las caras afables que habían mostrado hacia Himura, ahora resplandecían con fuego del averno.

—¿Por qué tanto maldito misterio?, esto lo mire por donde lo mire se ve extraño. ¿Dónde están mis hombres? - preguntó Himura, pero nadie se molestó en contestarle. Una gota de sudor frío bajó por su sien y la esperanza de verse salvado por sus amigos poco a poco se fue desvaneciendo. Se sentía inquieto, miró a todos lados, las puertas ya habían sido bloqueadas pero eso no lo detendría. —Hay 20 personas en total, yo soy el único Alfa dominante, puedo someterlos a todos e irme con tranquilidad.

El ambiente comenzaba a ser asfixiante, pero eso no estaba ni cerca del pandemónium que se haría.

—Saben qué, váyanse a la mierda. Me largo de aquí, puedo cuidar de mí mismo perfectamente. Antes cuando los llamé nadie respondió, ya no los necesito – Dijo Himura caminando hacia la puerta que llevaba a la salida.

Entonces Ayagi fue el primero en hablar.

— Nakata, podrías decirle a tu socio de mierda que deje de intentar huir. Esto apenas comienza.

Himura, en cuanto escuchó el nombre de Nakata se congeló. Giró su cabeza en cámara lenta para mirar cómo desde el fondo oscuro iban emergiendo dos figuras. Uno de ellos empujaba la silla de ruedas mientras el otro estaba sentado sobre esta con las piernas fracturadas.

El sometido avanzó hasta quedar a un metro y medio de distancia. Himura se estremeció al ver la condición tan deplorable en la que este se encontraba. Las mejillas estaban hundidas, profundas y negras ojeras llamaban la atención, el cuerpo esquelético y la cabeza que mostraba enormes espacios donde el cabello había desaparecido, también presentaba hematomas y cortadas. El sujeto no era ni la sombra de lo que había sido. Nakata miró a Himura con ojos suplicantes, pero ni una palabra salió de su boca.

—Oh, es cierto. Pero qué despistado soy. Lo había olvidado por completo. – Dijo con voz animada el viejo Ayagi —Nakata no puede hablarte Kenichi kun, porque le corté la lengua.

Ante las palabras de este. Himura comenzó a observar a cada uno de los presentes y solo entonces comprendió el por qué de la sensación que lo había acompañado todo el tiempo. Desconcertado llamó a aquel en el que tanto confiaba.

—Usaka sama, ¿qué significa esto? – preguntó con ojos anhelantes esperando que su ídolo le explicara y orientara como en el pasado. Pero la respuesta fue la misma, silencio.

Todos lo miraban con ojos fríos bañados en el más profundo desprecio. No iban a ayudarlo, nunca fue esa su intención. Estaban ahí para destruirlo y él, cual cordero al matadero cayó en el engaño hasta quedar atrapado esperando ser degollado. El golpe había sido duro y por más que quisiera restarle importancia no podía. Se veía completamente solo y ser emboscado por aquellos en los que confiaba fue absolutamente devastador.

Himura se esforzó por controlar los temblores que atacaban su cuerpo. Su nerviosismo era evidente, en su rostro podía leerse la ansiedad así como las preguntas que rodaban su cabeza: ¿qué tanto saben?, ¿hace cuánto?, ¿podré librarme de esta?, ¿qué fue lo que les dijo este idiota? Pero lo cierto era que NO. No podría salvarse de esta.

Si creen que podrán hundirme están muy equivocados siempre puedo fingir demencia y mis feromonas son suficientes para someterlos a ustedes, moscas insignificantes. – pensó —JA… JA… JAJAJAJA. Son unos imbéciles ninguno de ustedes puede retenerme, no son más que betas y alfas comunes y corrientes.

En cuanto dijo eso dejó salir feromonas dominantes, la habitación se llenó de su esencia asfixiante, varios hombres comenzaron a caer al piso retorciéndose de dolor, los Oyabun llevaron sus pañuelos a su nariz para dejar de respirar el veneno, pero era como si esta penetrara hasta la piel. El poder de un Alfa dominante era aterrador.

Himura comenzó a caminar hacia la puerta de lo más tranquilo, nadie podría hacerle frente. Miró con arrogancia a los demás, tomó las llaves de los pantalones de un subordinado y estiró la mano para salir.

Sin embargo, justo cuando estaba por dar un paso fuera la voz de Junta lo detuvo.

—¡Regresa, ahora!

Himura se estremeció, la voz grave y de mando había taladrado su mente y cuerpo hasta la médula. Incapaz de controlar sus acciones se sorprendió al ver que sus extremidades se dejaban manejar por la orden recibida. Con incredulidad, pero sin detenerse caminó de nuevo hacia el centro.

—¡Arrodíllate y no te muevas!

Himura apretó los dientes y con pasmo pudo sentir como sus piernas se doblaban hasta que sus rodillas tocaron el suelo. Pero aquello no terminó allí. Sus feromonas habían sido neutralizadas y los que antes habían sido sometidos, volvían a ponerse de pie acomodando sus ropas.

—¡¿Co… cómo?! – gritó desesperado Himura sin perder de vista a Junta quien se mantenía de pie imponente y viéndose intocable.

—Usaka san, Ayagi san, podrían por favor dejarme a solas con estas dos basuras – pidió Junta.

—Claro, tienes todo el derecho. Llámanos en cuanto termines. – dijo Usaka llamando a sus hombres para que salieran, acción imitada por el viejo Ayagi. Todo bajo los ojos incrédulos de Himura y los asustados de Nakata.

En cuanto estos abandonaron la habitación, Junta acompañado de Sasaki caminaron hasta quedar a dos metros de distancia de Himura y Nakata.

El ojiverde los observó en silencio por unos segundos, el momento había llegado. Los recuerdos y emociones se desbordaban en su cabeza como rio. Volvió la vista a Sasaki y sonrió.

Himura y Nakata lo observaban sin decir nada limitándose a ser simples espectadores.

—Pongan mucha atención, escorias. Les contaré una buena historia. – Habló junta. —Recuerdas al hombre que te robó dinero y que me pediste asesinara el día de tu cumpleaños.

FLASHBACK

—… Azumaya kun, ¡toma! – dijo extendiéndole una pistola — quiero que mates frente a mí a ese hijo de perra, eso es lealtad para mí.

—¡No, no por favor! ¡piedad! ¡no volveré a hacerlo! – suplicaba con desesperación el colgado. A lo que de inmediato le gritaban toda clase de insultos para que guardara silencio.

Sasaki no daba crédito de lo que Himura le pedía a su Señor y estuvo a punto de soltar un "no lo haga", pero apretó la boca.

Ante la funesta petición, Takato miró con los ojos bien abiertos al castaño, sin creer que la persona tan amable, cálida y considerada que había conocido hace un par de minutos tomara sin vacilar el arma, asintiera y se encaminara hasta el hombre colgado con paso firme.

En cuanto se posó frente al torturado, giró el arma con destreza y con la culata arremetió contra la cabeza del inválido. Un ¡CRACK! Resonó con fuerza seguido de un grito adolorido y asustado suplicando por su vida. El ojiverde le tomó con fuerza de los cabellos, levantándole el rostro ensangrentado; mirándole tal y como se mira a la basura.

—¡Escucha bien, pedazo de mierda! Acabas de ser testigo del trato que reciben los que traicionan al Clan Himura, por lo que matarte no sería de ningún beneficio. Lo que sí haré es dejarte vivo, ve y cuéntales a todos el destino que les espera si intentan algo en contra de su Señor y ten cuidado, porque la próxima vez no seré tan benevolente – escupió soltándole.

El sujeto le miró como si viese a su creador agradecido hasta la médula —¡Lo haré, yo les diré, lo haré! ¡Jamás lo traicionaré, jamás! ¡Gracias, gracias! – chillaba el viejo.

FIN DEL FLASHBACK

—¿Qué?... - Himura no tenía idea de qué tenía que ver aquello con esto. —Sí, ¿qué demonios importa? - Quiso hacer memoria para recordar algo que hubiese sido significativo, pero no encontró nada. Un sujeto insignificante, eso es lo que había sido para él. Intentó levantarse pero la orden que había dado Junta seguía grabada en sus miembros.

Junta sonrió de lado.

—Pues perdonarle fue una acción premeditada, porque la gratitud es un arma mucho más poderosa que el miedo y él supo ser muy agradecido, pues desde ese día cuando gritó "jamás lo traicionaré" no te lo decía a ti, sino a mí.

Himura intentó hablar pero Junta lo calló, no permitiría ser interrumpido, no cuando todo se encontraba servido sobre la mesa listo para ser devorado.

—¡NO HABLES! – una orden fuerte y contundente estremeció al hombre haciendo efecto en el acto como si le hubieran sellado la boca a presión.

Junta acomodó su cabello y continuó:

—Ese hombre volvió a trabajar en tus filas, pero bajo mis órdenes y gracias a eso trajo a Ryo Narumiya a mí y ¿qué crees? el chico resultó ser la pieza que me faltaba, para que todas las piezas que había encontrado por mi cuenta encajaran a la perfección y confirmaran ante los líderes de los Clanes la verdad. Llegué a Japón gracias a la llamada de Usaka san, que por si no lo sabías, te lo digo. Él era un buen amigo de mi padre, no, corrección, era el mejor, y ante la repentina muerte tenía sus sospechas. O es que no recuerdas lo que este comentó cuando nos reuniste para tu función circense, aquella en la que fingiste ser afectado por Uenoshi y así tomar sus posesiones. Cuando esta se reanudó yo no estaba presente, pero Sasaki sí.

FLASHBACK

—Mi señor Ayagi, el jefe Azumaya tuvo que salir a atender una situación que se presentó en uno de sus negocios y me dio la orden de hacerme cargo de los asuntos financieros y legales que se traten en esta reunión. Él hará todo lo posible por reincorporarse en cuanto haya arreglado aquello.

—Y ¿por qué no fue usted? Él debería estar aquí – rugió el viejo.

—El jefe Azumaya me dijo que confía por completo en que ustedes harán una repartición justa de los bienes, por lo que no tiene nada por lo que preocuparse, por ello decidió ir a atender el otro problema – puntualizó amablemente.

—Mmm, bueno… tiene razón, nuestros tratos serán honestos entre nosotros. ¡Pero eso no quita que él deba estar aquí! ¡es su primera vez en esto! ¡me parece una falta de respeto…

—Ayagi san, por favor tranquilo, no queremos le dé un ataque al corazón – advirtió Usaka con rostro serio.

—Usaka san no diga tonterías, soy un alfa, eso no nos puede pasar a nosotros – dijo el hombre cepillando unos cabellos que habían bajado por su frente.

Si mal no recuerdo ya le pasó a uno. Así que mejor no se estrese. Si Azumaya dijo que volverá, entonces lo hará; además, su Saiko-komon está aquí. No perdamos más el tiempo y retomemos donde nos quedamos.

FIN DEL FLASHBACK

—Siempre tuvo sus sospechas, siguió comportándose normal contigo, pero la duda siempre estuvo clavada en él cual astilla, molestándolo. Misma inquietud que me transmitió. En aquel entonces yo era un ignorante, pero no sería así por mucho tiempo.

En cuanto pisé suelo japonés hablé por primera vez en persona con él y fue que escuché de los negocios que tenías con mi padre y la alianza que se había formado entre el Clan Azumaya y el Himura, mismo que databa desde generaciones atrás. Por lo que haciendo alusión a aquello te tomaste atribuciones que no te correspondían, como hacerte cargo de su funeral. No pude despedirme de mi padre porque lo incineraron en tiempo record y quien dio esa orden, no había sido otro más que tú, apoyado por Nakata, quien tras el deceso de papá y no conocerse un heredero por sangre había pasado a ser el Oyabun del Clan Azumaya.

Un silencio sepulcral se había apoderado del lugar, las cartas se iban poniendo sobre la mesa una por una y ambos hombres podían ver como el camino se iba cerrando poco a poco hasta llegar a un callejón sin salida.

—Me pareció curioso tanto apuro por desaparecerlo. Entonces con ayuda de Usaka descubrí los desfalcos del clan Azumaya al tiempo que tus arcas Se llenaban y entonces no tuve duda. Tú y Nakata estaban detrás de la muerte de mi padre.

Entonces, Ideé un plan: me acercaría a ti, conocería tus movimientos, socios, negocios, amantes, conexiones y seres amados. Sería tu mejor aliado, pero a la vez tu verdugo disfrazado bajo la apariencia de un beta ignorante del mundo Yakuza, pero la realidad tras esa fachada sería que mientras tú me veías como un inútil, yo recopilaría todo para hundirte. Por lo que tu fiesta de cumpleaños fue el momento perfecto para comenzar a mover mis hilos.

CUATRO MESES ATRÁS

—Jefe, he traído lo que me encargó – dijo Sasaki extendiendo los papeles hacia el imponente hombre tras el escritorio, quien en cuanto escuchó la voz del contrario levantó la vista tomando el expediente que se le ofrecía.

—Gracias Sasaki san, estaba impaciente por obtener esto. – Agradeció poniéndose de inmediato a leer la información que estaba escrita en las hojas.

Absorto en el documento, analizaba cada palabra de este, de vez en vez su expresión cambiaba mostrando toda clase de emociones, y tras largos minutos la lectura había finalizado.

—Bien, con lo que he leído es más que suficiente. Es asqueroso en todos los sentidos, esperaba mierda, pero esto es toda la maldita cloaca que se desborda por doquier.

—Así es Jefe, para mí también fue difícil mientras escribía el reporte. solo recuerde tener mucho cuidado, pues se meterá a la cueva del lobo.

—Eso ya lo sé, por eso me acompañarás en todo el proceso, serás otra extensión de mis ojos y oídos. – dijo mostrando una media sonrisa confiada. Sasaki era la persona más leal y su brazo derecho.

—Esta foto son su ¿hija y esposo?

—Sí y me costó mucho conseguirla, jamás salen de la mansión. Los mantiene bien ocultos.

—Ya, es un omega muy bello y espero que ingenuo también.

—Lo que pretende hacer es muy peligroso, ¿seguro que no hay otra forma? – preguntó Sasaki preocupado.

—No, no la hay. Sus hombres son realmente leales y a su clan solo entran recomendados del Son-Honbucho; además, soy el nuevo aquí, no puedo enviar a nadie. Aunque estos hombres hayan sido fieles a mi padre, eso no significa que lo serán conmigo, debo conocerlos y probarlos primero. Y no te preocupes, mis feromonas me ayudarán, beneficios de ser un raro – rio bajo, al tiempo que se levantaba de la silla y caminaba hacia la ventana. —Algo sí te aseguro Sasaki… Ese hombre pagará por lo que hizo, él y todos los que estuvieron involucrados en esto – arrastró las palabras con odio. Sus ojos de hielo se perdían en algún punto del horizonte con la seguridad de que si las miradas mataran, ya tendría a media ciudad dos metros bajo tierra.

El hombre joven continuó hablando, pero ahora con nostalgia.

—Sé que mi padre no quería esta vida para mí, se esforzó tanto como pudo, pero en cuanto mi venganza esté cumplida dejaré todo. Lo juro.

Sasaki escuchaba con atención. Su amigo había estado toda su vida fuera de este ambiente, resguardado a varios kilómetros de distancia de Japón. El padre de Junta y antiguo Jefe, previendo el peligro de ese ambiente y cumpliendo con la última voluntad de su esposa, a un mes de nacido lo mandó lejos desvinculándolo de todo lo que el mundo Yakuza encerraba.

Cada seis meses el líder viajaba sin falta hasta España para verse con su tesoro mejor oculto, donde pasaba una semana entera disfrutando de una vida "normal". Durante veintinueve años su rutina no había cambiado. Hasta que un mes atrás, la desgracia cayó repentinamente, siendo informados de ello, gracias a Usaka san un amigo del fallecido (y única persona que sabía de su existencia), quien les había llamado desde Japón.

Una vez en el país del sol naciente, se dirigieron al crematorio donde sus cenizas le esperaban. Según esto, El antiguo Oyabun se desplomó cuando se encontraba en una reunión con otros clanes, la causa: "infarto agudo al miocardio", o eso es lo que se había escrito en el registro médico. Cosa extraña para un Alfa puro.

Su muerte representó un duro golpe para su Clan y por supuesto para su hijo, quien desde que se enteró sobre el verdadero trabajo de su padre, se preparó y no dudo en tomar la cabeza de la organización, agarrando por sorpresa a todos en el medio pues desconocían de su existencia; así que, en cuanto le vieron, no tuvieron duda alguna de que era legítimo; pues además de lucir exactamente como el difunto, un aura de Alfa dominante le rodeaba. Aunque esto último fue echado de lado cuando él mismo se presentó como Beta ante todos.

—Tiene razón señor. Pagarán y verán cómo todo a su alrededor se destruye, pero… – hizo una pausa y continuó — este camino que ha escogido no es nada fácil, aparecerán muchos obstáculos y en su recorrido dejará un rastro de sangre y miseria ¿está listo para eso?, ¿podrá pisotear todo a su paso sin importar el qué o a quién? – le preguntó Sasaki con seriedad.

—Estoy consciente de todo eso, tengo muy claro mi propósito y eso no cambiará, el odio me mueve y no podré estar en paz hasta que haya vengado a mi padre – declaró con firmeza en su voz.

—Me ha quedado claro Señor y yo estaré para apoyarle en todo – exclamó al tiempo que le ofrecía una reverencia. —Lo que no entiendo es porqué ha dejado a Nakata Kauzaburou como su Saiko-komon.

—Porque a los enemigos, entre más cerca estén, ¡mejor! El que crea que no se nada es mi carta vencedora contra él y cuando le toque su hora saborearé cada maldito segundo; además, aunque me pese admitirlo, el hijo de puta conoce muy bien el negocio, le sacaré todo y cuando yo esté satisfecho verá lo que es ser dejado de la mano de Dios. ¿Recuerdas la cara que puso cuando me vio? – pronunció girando su cuerpo hasta quedar frente a Sasaki.

—Claro, fue casi como si viera a un fantasma, en la vida había visto un rostro tan pálido y menos que en segundos pasara a la furia– recordó Sasaki.

—El pedazo de mierda se veía como el nuevo líder del Clan Azumaya, pero el único que puede asumir ese lugar ¡Soy yo! – soltó con orgullo apoyando ambas manos en el escritorio.

En ese momento el teléfono timbró, ayudando a relajar un poco el ambiente. De inmediato, el de lentes corrió para contestarlo —Entendido, dígale que puede pasar, que nuestro Oyabun le espera – ordenó. — Señor, es Nakata, viene a dejarle el libro contable del restaurante en Ginza.

—Tardó mucho, seguramente los estuvo maquillando – rio entre dientes – ah, otra cosa, ¿tienes el regalo de Himura listo?

—Iré a recogerlo en cuanto me indique que puedo retirarme, y no se preocupe por eso, he escogido algo difícil de ignorar.

—Excelente – sonrió complacido. — Bien, puedes irte, nos vemos a las ocho. Todo debe salir bien.

DE VUELTA AL PRESENTE

—En esa fiesta conocí a Haru y a Takato. Tan adorables…

Himura intentó abrir la boca al escuchar el nombre de pila de sus posesiones como si de íntimos se trataran, pero no podía hablar.

—Y desde entonces nos hicimos muy cercanos, tanto que mientras tú te reunías con otros yo llevé a tu hija a un McDonals y mientras en la fiesta de los cerezos tú tratabas con tu amante y clientes yo saboreaba del celo que Takato presentaba. Delicioso de pies a cabeza.

Los ojos de Himura estaban inyectados en sangre y su cuerpo temblaba ardiendo en rabia sintiendo como sus entrañas se retorcían de coraje.

Junta por su parte sonrió complacido.

—Pero luego volveré a ese punto, te estaba contando sobre mi plan. Teniendo a mi infiltrado entre tus filas, recopiló todo esto. Sasaki muéstrale por favor – indicó Chunta.

Sasaki se inclinó y comenzó a colocar en el suelo todas las evidencias que había mandado a la policía y medios de comunicación.

—A que es eficiente, ¿verdad? Pero no lo hizo solo, Ryo también contribuyo. Como puedes ver tu caída no ha sido más que la suma de mis esfuerzos. Pero Ryo, fue como la cereza del pastel, tu peor error fue haberlo mantenido bajo tu dominio. Porque déjame decirte que quien ayudó al chico fui yo, todo el tiempo en el que estuviste buscándolo como loco, estuvo a mi cuidado muy bien atendido en una de mis cabañas. Y claro fui yo quien lo regresó a casa, ganándome la confianza absoluta del Viejo Ayagi.

FLASHBACK

—Azumaya san… creo que estoy listo para hablar. Ahora mismo le diré todo lo que se sobre Himura Kenichi y Nakata Kauzaburou.

Sasaki y Junta intercambiaron miradas, el primero tomó su celular y esperó la señal del ojiverde para comenzar a grabar.

Junta se inclinó un poco hacia el chico y habló:

—Ryo kun, ten la seguridad de que yo respaldaré cada una de tus palabras y te protegeré. Esos hombres no volverán a lastimarte. – Aseguró con voz firme.

El chico se limitó a asentir, dio otro sorbo de agua y comenzó.

—Antes de decirle mi historia, hay algo que debe saber. Su padre… era un buen hombre, de verdad.

—¿Conociste a mi padre? – preguntó Junta intrigado. A lo que el otro asintió.

—Solo una vez, pero jamás lo olvidaré y lamento que por mi culpa esté muerto. – dijo el chico bajando la mirada. —Nakata cuando se ponía muy ebrio, la boca se le aflojaba, la última vez que intenté escapar, me golpeó y me dijo que el era el Saiko komon del Clan Azumaya y que le había pedido a Himura que me trajera al área VIP. También me dijo que el trato por tenerme era que él no me regresara a mis padres, para así ser exclusivo de él y que como agradecimiento le estaría desviando ingresos del Clan Azumaya a sus cuentas. Así ambos se verían beneficiados. Pasó el tiempo y un día escuché cómo Nakata hablaba por teléfono con ese Himura, este último le reclamaba porque el Oyabun Azumaya había visto una foto mía en el celular de Nakata y se lo había comentado a Himura en confianza contándole sobre la reacción sospechosa del otro. Nakata se excusó y le dijo que solo había sido una imagen encontrada en internet. Ambos siguieron hablando, pero me sentía tan cansado que no pude continuar despierto.

Unos días después la puerta de mi habitación se abrió y un hombre que no era Nakata entró. Era el Jefe Azumaya, me contó que había seguido a Nakata a escondidas y que me había reconocido porque mi mamá le había mostrado una foto mía. Le conté sobre el acuerdo que Himura y el otro tenían. Me abrazó y dijo que me iba a ayudar, que pronto estaría en casa. Fue realmente bueno conmigo.

—Pero eso jamás pasó – agregó Junta.

—No, luego me enteré en otra borrachera de Nakata, de que el día que me encontró le habían avisado a Himura sobre la visita que me había hecho. Él, Nakata y Himura se habían enfrentado. Azumaya san dijo que en la próxima reunión los expondría ante los otros clanes si no me liberaban, que podía dejar pasar el robo de dinero, pero no mi cautiverio. Entonces Nakata dijo perdido en alcohol y orgulloso de sí mismo: "Le dijimos que te dejaríamos salir jajajaja y el muy imbécil se lo creyó, pero en la reunión Himura me dio unas gotas con veneno de medusa, sin que se diera cuenta puse unas cuantas gotas en su té y mientras estábamos en mesa redonda, se tocó el pecho y cayó. JAJAJA, ahí quedó muerto tu salvador. Tú te quedarás aquí para siempre y nuestro secreto quedará convertido en cenizas, nunca nadie lo sabrá".

Junta apretó los puños, así fue entonces como su padre había perdido la vida. Ahora todo quedaba realmente claro para él.

—Ryo, cuando vayamos a tu casa necesito que me hagas un favor. Omite esta parte, aún no es el momento para que los demás lo sepan.

—Haré lo que usted me diga Junta san. Usted y su padre son mis héroes.

FIN DEL FLASHBACK

—Él me lo dijo todo. Pensaste que al cremar el cuerpo de mi padre eliminarías toda evidencia de tus fechorías, pero la verdad tarde o temprano sale a la luz y te golpea cuando menos lo esperas. Con la confirmación de Ryo el camino se vio claro. Haría de tu vida un infierno. Así fui cerrando tus escapes. Mírate ahora, todos los jefes te han dado la espalda, tus propios hombres han dejado de escucharte, los bares, burdeles y demás negocios de mierda ya no existen, tu fortuna ha sido repartida, los cerdos con los que tratabas te delataron en cuanto la ley cayó sobre ellos, tu imperio ya no existe, nadie te respeta, nadie te quiere. Entregaste a tu mano derecha, aquel que metería las manos al fuego por ti, como si fuera mierda en el retrete. Hasegawa me llamó minutos atrás, sé lo que le hiciste a Haru y Takato, ahora tu amada hija que tanto te idolatraba te odia, en un arranque de estupidez mataste a golpes a tu propio hijo y el omega que con tanto ímpetu intentaste retener, ahora es SOLO MÍO. Me ama a mí, su corazón es mío, sus ojos me miran con amor y su cuerpo me llama con deseo, no tienes cabida alguna en él, no eres más que basura. Yo haré tan feliz a Takato y Haru que tu existencia será olvidada por completo, como si jamás hubieras existido. Para mañana la marca que está sobre el cuello de Takato se desvanecerá gracias a mi mordida. Sí, me acerqué a él para así quitarte todo lo que quieres y funcionó. Él me llamará con amor y tu hija me dirá papá.

—¡MALDITO HIJO DE PUTA! ¡YO LE DIRÉ QUE LO ENGAÑASTE! ¡ASÍ TE DEJARÁ DE AMAR! ¡ÉL ES MÍO! ¡HARU ES MÍA! – Gritó Himura a todo pulmón rompiendo la orden de guardar silencio y sumisión. Las palabras de Junta le habían hecho hervir la sangre al punto de revelarse, pero poco le duró.

Con voz de mando Junta lo dominó —¡SILENCIO! ¡ABAJO!

Himura se retorcía en el suelo sucio sin siquiera poder levantar su cabeza, la energía sobre él era abrumadora.

—Él jamás lo sabrá, porque nunca más volverás a verlo. No lo permitiré. Ya le has hecho suficiente daño. Ahora, yo te perdonaré la vida porque me es mucho más satisfactorio saber que pasarás el resto de tus días solo, sin un centavo en la bolsa, encerrado entre cuatro paredes lamentándote por lo miserable que eres, arrancándote los cabellos de la cabeza intentando comprender como todo tu mundo se fue al carajo. Sí, esa visión me llena mucho más que mandarte a un pozo, la muerte sería una salida muy fácil para ti. Además, yo no soy un asesino como tú.

Y a ti -llamó junta dirigiéndose ahora a Nakata — Te entregaré al clan Ayagi, que por lo que veo te han tratado muy, muy bien. Me hiciste un favor al confesarte ante él, porque eso hizo que tuviera aún más confianza en mí, para él soy el pobre chico que perdió a su padre a manos de dos desgraciados. – Pronunció con sorna.

Sasaki mantenía la respiración, Junta se veía cada vez más eufórico y los otros dos parecían más unos cadáveres vivientes.

Himura no podía creer lo que acababa de pasar, era como una horrible pesadilla de la que no podía despertar, el color se había ido de su cara y sudor frio empapaba su cuerpo. Su mundo se había desmoronado al punto de la pulverización y nada podía revertirlo. Había sido privado de todo y no había luz al final del camino. Recordó el momento en el que había hecho el trato con Nakata y se arrepintió de haber accedido, pero su orgullo y ambición lo cegó, todo habría sido tan diferente entonces.

Otra cosa que no lo dejaba en paz era el que Takato lo hubiera engañado, su orgullo como alfa estaba herido. Desde el momento en que lo había visto había quedado prendado de él y con ansias esperaba que esos bonitos ojos azules lo miraran con amor, pero al no conseguirlo se molestaba con facilidad descargando su frustración en el pequeño cuerpo que no podía oponer resistencia. Siendo cualquier excusa suficiente para desatar su violencia. Fue así que la visión de una nena con la boca ensangrentada llorando en el piso le hizo formar un rostro de angustia, jamás pensó que llegaría a golpear a su rayo de sol, pero el daño ya estaba hecho y las palabras de Junta revoloteaban en su cabeza torturándolo aún más.

—En un momento Usaka san y Ayagi san entrarán por esa puerta, porque, aunque te haya perdonado la vida, eso no significa que tu castigo haya terminado y sería grosero de mi parte no incluir a los demás en esta fiesta de la venganza.

Junta le indicó a Sasaki que llamara a los demás, los cuales fueron entrando uno a uno rodeando a los dos sujetos que permanecían inmóviles.

—Chicos, llévense a Nakata a la otra habitación para su tratamiento especial. ¿Podemos Azumaya san? – Preguntó el viejo Ayagi, quien para ese momento ya se encontraba acompañado de Chihiro. Junta asintió viendo cómo se llevaban al sujeto. Entonces dijo en voz alta: "Que te diviertas, Nakata Kauzaburou".

—Hijo mío, encárgate de esa escoria. – Pidió el viejo Ayagi a Chihiro, quien tras la pelea con Ramiro, lo único que quería era dejar de pensar.

Usaka tronó los dedos y en un instante varios de sus subordinados colocaron una mesa y sobre esta diferentes instrumentos de tortura.

—Junta kun – habló Usaka de manera afectiva — Supongo has terminado de decir todo lo que querías. – Este asintió. —Entonces es nuestro turno. Himura Kenichi, Oyabun del Clan Himura, debido a las faltas que has cometido deberías ser sentenciado a muerte y despojado de todas tus posesiones, pero como el principal afectado te ha perdonado la vida y en vista de que la policía a embargado tus propiedades y congelado tus cuentas, aplicaremos otras medidas. Ayagi san, ¿sabe qué se les hace a los mentirosos?

—Se les corta la lengua – dijo sonriente.

—Y ¿A los ladrones?

—Se les cortan las manos – continuó complacido.

—Correcto. Por lo que comenzaremos con esas dos cosas. No te preocupes, no te vas a morir, tenemos aquí un doctor que se encargará de mantenerte con vida.

La voz de Usaka, pese a siempre ser sería, ahora tenía un todo escalofriante, su comportamiento frío aterraba y la personalidad sanguinaria que se mantenía bien oculta salió a relucir.

—Jamás debiste poner tus manos sobre mi amigo. – Dijo Usaka molesto.

Sasaki que ya había tenido suficiente decidió abandonar el cuarto, su estómago no podía con el espectáculo sangriento que se estaba llevando dentro. Los agonizantes gritos de dolor eran opacados por el bullicio de afuera.

Cuando todo terminó, el cuerpo del Yakuza caído fue envuelto en una manta y sacado por miembros de los otros clanes.

Cuando este pasó al lado de Junta, este último hizo una seña para que se detuvieran. Se inclinó hacia el cuerpo maltrecho y susurró en su oído para que solo él lo escuchara.

—Como puedes ver, todos son mis piezas de ajedrez. Solo tuve que quedarme quieto y ver el juego. Jaque mate Himura, el único rey vencedor en este tablero ¡soy yo!