CAPÍTULO 20

A qué precio

Pasaban de las 3 de la madrugada, el brillo de las luces nocturnas de la calle le estaban volando la cabeza, se sentía mareado y un cúmulo de emociones se arremolinaban dentro de su pecho subiendo por su esófago hasta encontrar salida. Había sido un día realmente largo y nauseabundo.

Las arcadas se habían detenido minutos atrás, no sin antes haber devuelto por completo hasta la última gota de los jugos gástricos que dejaron en su boca un desagradable rastro de acidez.

Junta, recargado en la ventanilla del copiloto, masajeaba sus sienes en forma circular. Había utilizado excesivamente sus dotes de Enigma y su cuerpo le estaba pasando la factura. Sabía que no debió haber abusado de ello, pero la satisfacción de poder ejercer tal dominio sobre Himura lo había valido.

Sasaki, que se hacía cargo del volante, manejaba en completo silencio como si su mente hubiese quedado en blanco después de lo vivido. La misión había terminado, aquello por lo que habían viajado miles de kilómetros y por lo que se habían hundido en el lodo inmundo de todo un universo desconocido para ellos, ahora iba a quedar solo como un mal sueño que con los primero cantos de las aves se difuminaría hasta quedar hecho nada.

De vez en vez volteaba hacia el ojiverde quien al parecer también se encontraba sumido en sus propios pensamientos y no pretendía interrumpirlo, pero tarde o temprano las respuestas a sus preguntas llegarían y esperaba con sincera preocupación, que todo fuera para bien.

Pronto, la fachada del enorme hospital quedó a la vista con el característico color inmaculado y el sonido de ambulancias.

Ante esto, el castaño se acomodó mejor en el asiento listo para salir despavorido en cuanto el carro se detuviera, había demorado mucho en presentarse, pero su venganza requería su presencia y en aquel momento sus sentimientos de rencor inclinaron la balanza hacia aquello que tanto había estado maquinando.

Rápidamente tomó la manija de la puerta, pero antes de salir giró hacia su acompañante y habló:

—Sasaki, no me iré de aquí… por lo que puedes irte en cuanto quieras.

—Quisiera ver cómo se encuentra Saijo-san y la pequeña, si es que puedo- dijo el de lentes recibiendo un asentimiento por parte del otro. Junta tomó el peluche del asiento trasero y comenzó a caminar hacia el edificio.

TOC TOC

Dos toquidos suaves sobre la puerta de la habitación 204 advirtieron su presencia, el sonido de pasos apenas audibles fueron subiendo de intensidad cuando de un momento para otro la figura del moreno se dejó ver por la luz que se colaba del pasillo.

—Azumaya san, tardó mucho en llegar – expresó Ramiro de brazos cruzados. Su voz era baja pues no quería despertar a Takato y Haru; aun así, la fuerza con que lo dijo dejaba en claro su evidente molestia, pues ante sus ojos juzgadores no importaba qué estuviera haciendo, si la persona que ama se encuentra hospitalizada iría a su encuentro sin titubear y esa era su regla.

Sasaki se quedó estático en su lugar, pues jamás se le habría pasado por la cabeza que el moreno se comportara así con su jefe.

Por otro lado, Junta, que no estaba de humor para nada más, reveló un rostro frío intentando con ello camuflar la mueca de dolor que estaba amenazando con escapar al exterior. El comentario del alto se había clavado en su pecho cual daga, él tenía razón… había tardado. Por lo que, haciendo un esfuerzo, replicó:

—Lo sé… Ramiro san, sé que he tardado, pero si se me permite defenderme puedo alegar a que he estado al pendiente de Takato y Haru, fui yo quien le indicó a Hasegawa que los trajera a este hospital, quien está pagando las cuentas y quien a partir de este momento se hará cargo de ambos por el resto de mi vida. Me era imposible venir antes, pero por favor, déjame pasar, necesito verlos… me preocupan.- Expresó con evidente pesar que no pasó desapercibido para el moreno.

Este, que igual no se sentía convencido de cederle el paso, se hizo a un lado pues sabía bien que en cuanto el ojiazul abriera los ojos pediría ver en primer lugar a su bebé y en segundo al hombre que acababa de llegar.

Con cuidado de no hacer ruido, Junta, seguido de Sasaki y el moreno, entraron a la habitación. Esta parecía más la de un lujoso hotel que la de un hospital, todo lucía costoso y pulcro, pero por muy bien que se viera no quitaba el hecho de que fuera un lugar al que los enfermos iban a parar. Y para su desgracia, dos personas amadas eran quienes lo ocupaban.

La tenue luz de la luna, ayudada por una lámpara colocada en la esquina de la pequeña sala, proporcionaban la suficiente iluminación para notar el pequeño bultito envuelto en cobijas sobre la cama, misma que era designada para aquellos que deseaban pasar la noche cuidando del paciente.

La nena se veía realmente pequeña y vulnerable al estar hecha una bolita, como si temiera que al extender su cuerpo el calor de su interior la abandonara o que el monstruo que vive bajo la cama tomara uno de sus pies y la arrastrara a su mundo de terror.

Su fino cabello, ahora enredado de mil maneras diferentes, se esparcía sobre la almohada dejando un río de aguas oscuras en la superficie. Junta no resistió más y avanzó hacia ella, con cada paso su corazón se aceleraba y la fuerza ejercida sobre el peluche se acrecentaba, pero no fue hasta que bajó la cabeza para depositar un tierno beso en la cabecita de la princesa, que su estómago volvió a estrujarse cuando una muy hinchada mejilla y labio partido revelaban la salvaje agresión recibida.

—Ese hijo de su reputísima madre le pegó. ¡Cabrón! no se detuvo ni por su niña. – Dijo Ramiro rechinando los dientes. —Pero pos eso usted ya lo sabia ¿no? también se lo han de haber informado, pero pos una cosa es saberlo y otra verlo.

Junta volvió a besar a la niña y con movimientos suaves colocó a "Don Neko" (el peluche inseparable de Haru) a un lado de ella.

—Sé que ama este peluche, por eso se lo he traído. – Susurró el castaño sin despegar la vista del área lastimada.

Sentía de nuevo las ganas de vomitar, pero su estómago estaba vacío, una rabia que no había experimentado antes por alguien que no fuera su familia lo sacudió con violencia.

Siendo la voz de Ramiro lo que le ayudaría a controlar su impulso de quebrar lo primero que sus manos alcanzaran.

—Ese gato estaba en la casa, ¿cómo es que usted lo tiene? – preguntó curioso. A lo que Junta, usando una voz casual se apresuró a contestar.

—Estaba en la sala cuando Hasegawa los sacó uno de sus subordinados me lo hizo llegar- respondió Junta dando por terminada la conversación.

"MENTIRA." La realidad era que tras la orden de allanamiento de la mansión de Himura, el policía encargado había recibido la indicación de tomar ese peluche en específico junto con el otro gato de carne y huesos de nombre "copito" para llevarlos hasta uno de los restaurantes de comida gourmet, propiedad del Clan Azumaya. De esa manera, Yamada san devolvía en parte el favor que se le había hecho al darle el caso que le daría el puesto máximo del departamento policial.

Sin embargo, aquello era algo que no debía saberse, sus tratos y conexiones permanecerían en la clandestinidad y anonimato; de esa manera, incluso si Ayagi Chihiro le llegaba a comentar a Ramiro lo que sabía, todo iría y seguiría pareciendo como que Junta a último minuto se había enterado del asesinato de su padre. Porque solamente de esa forma, Takato jamás se enteraría de que la verdadera razón de su primer acercamiento tenía que ver solo con su venganza y no porque se hubiese enamorado de él a primera vista, como se lo había vendido desde el principio.

El castaño, tras dejar el peluche bien acomodado con la de ojos ámbar, siguió ahora con Takato que estaba a metro y medio de distancia, y cuando al fin pudo verlo cara a cara, su corazón terminó por quebrarse al punto de casi creer haber escuchado el "crack" fuerte y doloroso.

Su hermoso rostro estaba lleno de golpes y un feo parche cubría su ojo izquierdo; sus delgadas muñecas tenían marcados los dedos de quien lo había maltratado, así como su cuello. Y eso era solo lo que podía verse a simple vista. Pues los daños más terribles estaban dentro de su alma.

Junta tomó entre sus manos la de Takato y la besó con vehemencia. Subió su rostro hasta pegar su frente a la del azabache y casi al instante y sin que pudiera evitarlo comenzó a llorar cual niño pequeño.

Las gotas caían sobre Takato quien seguía inconsciente. Era como si una presa hubiese estallado dejando salir todo lo que bajo presión había resguardado.

Junta no dejaba de besar y acariciar con ternura cada parte del cuerpo debajo de él. no sabía cómo controlar lo que le estaba pasando; su llanto desmedido, las emociones fluctuantes, la rabia, el amor.

El dolor que sentía en su pecho tras ver a Takato en esas condiciones era agonizante, tanto, como si le estuvieran desgarrando la carne y cortando cada nervio de su cuerpo. Y entonces lo supo.

La marca que había sido puesta sobre la nuca del ojiazul cual grillete y que lo había condenado por tantos años, al fin se había desvanecido gracias a la mordida que Junta le había dado el día anterior.

Por lo que en cuando su vista se posó sobre este, la venda cayó de sus ojos. Todo su centro de gravedad se sacudió con violencia doblando sus rodillas; y el aroma dulce y delicioso que no había sido capaz de detectar, ahora danzaba travieso a través de sus fosas nasales, remolineándose hasta adentrarse en lo más profundo de su ser y entretejiéndose con cada fibra de su cuerpo.

—Mi amado, mi vida, mi todo. – Dijo entre sollozos con una voz apenas audible. —Tú eres mi destinado.

Sasaki, por su parte, no daba crédito a lo que veía. Ni siquiera con la muerte del jefe Azumaya, este se había puesto en tal estado. Giró para con el Moreno que estaba igual o más sorprendido que él; tanto, que hasta había comenzado a sentirse mal de cómo lo había recibido hace un momento, convenciéndolo en cierta medida del amor infinito que este gritaba a los cuatro vientos cada que podía.

Aún así, ambos debían hacer algo, pues si el comportamiento de Junta continuaba, terminaría despertando a la niña y al azabache, cuando era más que obvio que ambos necesitaban descansar.

Sasaki decidió dar el primer paso y haciendo uso de toda su fuerza, colocó sus manos en los hombros de Junta, entonces escuchó lo que este había dicho: "Mi destinado". Un escalofrío le recorrió la espalda, ahora todo tenía sentido y la revelación, aunque hermosa, por ahora solo representaba problemas y más dolor para el castaño. Quien tras leer las intenciones del otro habló.

—¡Sasaki aléjate! – ordenó fuerte con voz de mando. El de lentes tembló sintiendo como su cuerpo dejaba de obedecerle y comenzaba a actuar en contra de su voluntad siguiendo fielmente lo que se le había señalado.

Indignado, estaba a punto de reclamarle a Junta por haber usado su voz de mando contra él, pero en ese momento el penetrante olor a orina hizo que todos dirigieran su vista hacia una adormilada Haru que se había sentado sobre la cama de golpe temblando de miedo. Una horrible pesadilla o más bien, el recuerdo de una horrible escena en la que su padre arrastraba y golpeaba despiadadamente a su mami la había sacudido en sueños.

Llevó sus pequeñas manitas a su boca y comenzó a llorar ahogadamente.

De inmediato Ramiro corrió hacia ella y la tomó entre sus brazos sin importarle que esta estuviera empapada en orines.

—No llore mi patroncita, aquí estoy pa' cuidarla, solo fue un sueño – dijo el moreno intentando consolarla.

Haru al sentirse protegida entre los brazos de Ramiro comenzó a tranquilizarse, enfocó mejor la vista y se dio cuenta de que Junta y "el hombre que siempre anda con él" también se encontraban presentes.

Fue entonces que al cruzar la mirada con el castaño comenzó a llorar de nuevo, pero ahora por otro motivo.

—Ya ya mija, no pasa nada, shh shh. – la arrullaba el moreno.

Junta, que al fin había recobrado la compostura, besó por última vez (en ese rato) a Takato y caminó hasta ponerse de cuclillas frente a Haru.

—Hey Haru-chan, ¿Ya viste? Traje a Don Neko para que te haga compañía ¡y adivina qué más! copito está por ahora en mi casa, la Señora Eri lo está cuidando como rey pero estoy seguro de que te extraña, ¿te gustaría verlo? – dijo mostrando su mejor sonrisa al tiempo que dejaba salir feromonas cálidas para ayudarla a tranquilizarse. Su plática pretendía que la nena pensara en cosas más agradables y que le gustaran, de tal manera que los malos recuerdos se evaporaran.

Haru sacó la cabeza de entre el pecho de Ramiro y asintió. Junta aprovechó el momento para depositar un tierno besito en la frente de la nena quien al sentirlo quiso sonreír, pero la acción se vio frenada pues el labio reventado le escoció, provocando que un quejido saliera de su boca y sus manitas viajaran hasta esa zona que dolía.

Junta, que notó la angustia en el rostro infantil, acarició su cabeza y pidió con voz dulce.

— Bebé, llamaré a una enfermera para que te ponga una pomada con la que ya no te dolerá nada. – dijo el castaño mirándola con afecto. —Ahora, puedes decirme lo que sea, lo que te duele, lo que no, lo que te gusta, lo que no tanto… siempre voy a escuchar todo lo que me digas.

La pequeña tragó saliva aún sin percatarse de su condición inferior. Tomó la mano de Junta y sacando una determinación y fuerza poco, o más bien nada acorde a su edad, dijo:

Chunta san, dijiste que somos amigos, los amigos ayudan, ¿puedes… ayudar a mi mami?, no quiero que pap… papá le pegue otra vez. ¡Tú nunca le pegarías, ¿verdad que no?, no lo vas a lastimar nunca ni le dirás malas palabras, ¿verdad, verdad?! ¿lo cuidarás? – Su carita, hinchada por el golpe, suplicaba con cada centímetro de esta, incluso sus ojos acuosos por el llanto lo pedían con desesperación y esperanza implícita.

Los adultos presentes en la habitación enmudecieron y lamentaron su incapacidad para hacer sentir mejor a la niña que sufría más por su mami que por ella misma.

Junta sintió cómo un nudo enorme se formaba en su garganta al punto de no dejarle salir palabra alguna y por primera vez tuvo miedo de prometer algo, especialmente cuando ya había hecho cosas, que, de saberse, lastimarían a Takato; sin embargo, darle a Haru una respuesta negativa era un opción por demás inaceptable.

Tomando las manitas de la nena, las besó y prometió aquello que ella tanto esperaba escuchar.

—Yo cuidaré a tu mami y a ti, nadie les volverá a pegar ¡jamás! no mientras yo viva. Lo prometo. – Dijo con voz comprometida. A lo que la pequeña solo apretó sus manitas.

—Más le vale… - susurró Ramiro con tono amenazante.

Al menos, esa promesa era cierta. Jamás pondría una mano sobre Takato, antes preferiría que se la cortaran, pero de algo estaba seguro: definitivamente sí sería capaz de matar a quien se atreviera a hacerlo. En especial ahora que había descubierto que era su destinado. Lamentando así el haber dejado vivir a Himura; pues sin importar qué tantas cadenas perpetuas la ley terrenal le impusiera, jamás sería suficiente para expiar por todo el daño que había infringido.

Desde ese instante en el que: su alma, mente y cuerpo reconocieron a Takato como suyo, ¡todo había cambiado para él!, incluso el afecto que había desarrollado por la niña, de un momento a otro se intensificó exponencialmente, posiblemente por el simple hecho de ser hija de su amado.

Por lo que, después de escuchar la amenaza del moreno, estaba más que consciente del compromiso que voluntariamente aceptó.

—No quiero ir con papá…

Dijo de pronto Haru acurrucándose aún más entre los brazos de Ramiro. El trauma había sido tan fuerte que al menos por el momento no quería verlo.

Junta y Sasaki se voltearon a ver, cosa que no pasó desapercibida para Ramiro quien decidió no hacer preguntas. Después Chihiro le contaría todo, porque si no mal recordaba, los clanes estaban por deshacerse del hombre; aunque claro, para poder tener acceso a tal información, primero debía explicarle la relación que lo ataba a Takato y disculparse de nuevo por haberle gritado.

Tras escuchar las palabras de la niña, Junta aprovechó el momento que seguramente no se repetiría.

—Haru, tu mami y tú pueden quedarse en mi casa todo el tiempo que quieras. No te preocupes por nada, he preparado un cuarto que te va a encantar y si están conmigo podré cuidarlos mucho mejor. ¿Te gustaría venir?

La pequeña, que no lo pensó dos veces, asintió con energía y un suspiro de alivio salió de su boca. Ahora ella había hecho algo para proteger a su mami y se sentía orgullosa.

Con aquello la conversación se dio por finalizada.

Posteriormente a la promesa y de que Haru tomara un baño, junta la sostenía firmemente entre sus brazos protegiéndola de cualquier cosa que amenazara su sueño. Ella había caído rendida, después de todo, afuera seguía oscuro y las tantas emociones vividas le habían drenado su energía.

Junta, tras el incidente nocturno de Haru, había pedido una nueva cama para que estuviera cómoda, pero la niña se había sentido tan apenada por haberse orinado en esta que no quería volver a acostarse en ella. También, mientras caía dormida le fue contando a Junta lo que había soñado, lo que su papá había hecho y lo mucho que le había dolido, así como la historia del diente que perdió, y de lo extraña que sentía la cara, pero ya sin llorar. Las feromonas del castaño habían funcionado de maravilla manteniéndola relajada.

En ese momento deseó que esas feromonas también funcionaran en él, pues la carga de consciencia lo estaba matando y todo se hacía más y más doloroso cuando posaba su vista en la carita lacerada y su amado que permanecía en cama.

En cuanto la enfermera, que había ido por indicación de Junta, colocó un poco de medicamento sobre el golpe de la nena para que el dolor se fuera, el silencio volvió a imponerse, siendo el pitido del monitor de signos vitales lo único audible.

En medio de la oscuridad, el rostro de un demacrado Junta se mostraba como la personificación de la miseria.

Sasaki había decidido quedarse con él un poco más después de haberlo visto tan quebrado y perdido. Este intentó levantarle el ánimo con su comentario, pero para su mala suerte obtuvo por completo el resultado contrario.

—Al menos tu padre ha sido vengado y podrá descansar en paz.

El ojiverde levantó la vista y con ojos encendidos lo miró como si quisiera desaparecerlo.

—Mira a Takato como está, mira a Haru, debí solo exterminarlo desde el principio y no estar jugando con él, pude haberlos liberado desde el principio pero mi sed por la venganza me cegó, quería quitarle todo y lo más frustrante es que de verdad lo disfruté, disfruté ver lo lamentable y derrotado que Himura lucía, pareciendo más un trozo de carne que un ser humano y pensé "Ahora tienes lo que mereces", sentí alivio por mi padre y en serio me vi triunfador, pero ahora... es como si todo lo que hubiera hecho no tuviera sentido alguno, vengué a mi padre, sí, lo hice, pero… ¿a qué precio?

Sasaki escuchó con atención, acomodó sus lentes y tras un suspiro alargado mezclado con fastidio, no supo si lo que estaba por decir podía interpretarse como jugar el dedo en la llaga o como una forma de ayuda. Pero no conseguía permanecer en silencio por más tiempo.

—Deja de lamentarte, este fue el camino que escogiste, ¿no lo recuerdas? Aquel día te pregunté si estarías listo para pasar por encima de cualquiera sin sentir remordimientos y respondiste que sí. Por eso, ya deja de llorar sobre la leche derramada: "lo hecho, hecho está", no puedes viajar en el tiempo y deshacer las cosas; y si lo que quieres es aliviar tu consciencia o redimirte, entonces esfuérzate por cumplir con lo que le prometiste a esta nena, quien hasta el día de ayer aun creía que tenía la familia perfecta.

Ante las duras palabras, Junta apretó la boca y se limitó a asentir. No podía replicar absolutamente nada ni darse el lujo de lamentarse. Acercó a Haru a su pecho y sin perderla de vista dijo:

—Eso es lo que haré. Lo que le dije a esa bestia era verdad, los haré tan felices que lo olvidarán por completo. A partir de ahora ella es mi hija y Takato mi vida. – Aseguró el castaño con voz decidida.

—Entonces, a partir de ahora cuenta conmigo para ayudarte en ello – dijo Sasaki poniéndose de pie. —Ya casi son las 5 am, iré a la mansión para asegurarme de que todo esté como lo pediste y revisar las noticias, lo más seguro es que para esta hora Himura se encuentre en un hospital público, pero ya en custodia de la policía. No volverá a hacerle daño a nadie.

—Hasegawa san me dijo que hoy darán de alta a Takato, por eso; Por favor revisa que el gato copito esté aseado y con un moño para cuando lleguemos, quiero que sea lo primero que Haru vea, y que la habitación de Takato esté bien iluminada y con lirios, quiero que luzca lo más viva, reconfortante y cómoda posible. Al menos hasta que nos vayamos de Japón. – Pidió el ojiverde. —Si es que espero tener una vida familiar con Takato y Haru, primero debo asegurarme de que jamás se enteren de la verdad y si seguimos en este país tarde o temprano alguien se la diría.

Sasaki masajeó su puente nasal y agregó:

—Considero que esa es una medida muy drástica, sería todo un cambio para ellos, empezando por el idioma, la cultura…

—Puede ser, pero si se quedan aquí sería peligroso, el que me haya deshecho de Himura no significa que sus seguidores también hayan desaparecido, siempre habrá alguien extremista y con ese argumento convenceré a Takato para irnos de aquí; además, en Europa están mis abuelos, que estoy seguro los recibirán con los brazos abiertos y los consentirán hasta más no poder.

—Bueno, en eso tienes razón, pero igual… no te precipites y deja que Saijo san decida por sí mismo, recuerda que apenas está saliendo de un control asfixiante, lo que más necesita es asimilar su nueva libertad. No pretendas meterlo a otra jaula, porque te aseguro que si haces eso lo perderás.

El alto se estremeció tras las palabras de Sasaki. Estaba tan asustado de cómo podría reaccionar Takato ante la verdad, que lo único que quería era irse lejos y empezar desde cero, pero en el acto estaba olvidando lo más importante; la opinión y sentimientos de Takato y de Haru. Si se lo llevaba sin su consentimiento, estaría haciendo exactamente lo mismo que aquella basura innombrable.

—Por supuesto que hablaré con Takato…

—Bien, eso es bueno. ¿Le dirás que son destinados?

—No, no por ahora, sería muy abrumador para él, además de que tendría que explicarle que fue mi mordida la que lo liberó y eso podría desencadenar una serie de preguntas con las que no quiero lidiar en este momento, como por ejemplo el por qué le mentí al decirle que era un beta. Lo más importante es que se recupere. Controlaré mis feromonas, igual en algún momento se dará cuenta de que la marca se ha ido y cuando eso pasé le diré que obligué a Himura a liberarlo, o ya veré qué.

—Agh, no puedes cubrir una mentira con otra, solo terminarás enredándote.

—Sasaki, ya no más, por favor – pidió el castaño. Cansado de los sermones.

—Entonces me retiro. La ropa nueva está en el armario, también está el cambio que pediste para ti. El alta está programada para las…

—2:00 pm, lo sé.

—Estaré antes de las 2 para recogerlos y con todo listo. Tanaka san dijo que también llegaría antes de su salida. ¿Qué piensas hacer con él? – preguntó curioso.

Junta dejó salir un suspiro cansado, respondiendo:

—¿Viste cómo trata a mi niña?, es de confianza y es más que obvio que sería capaz de interponerse entre ella y una bala sin dudarlo. Le ofreceré trabajo como guardaespaldas de los dos, se que haría un excelente trabajo.

—Sí, yo también creo eso. Ojalá acepte.

—No dirá que no, estoy seguro.

Pronto, ambos hombres se despidieron, Junta (con Haru en brazos) se acercó a la camilla donde Takato dormía y tomó asiento en el sillón individual que se ubicaba justo al lado.

Agotado, se recargó en el mullido respaldo sintiendo como su espalda se acomodaba vértebra por vértebra. Así, cerró los ojos por un momento, pues desde el día de ayer las horas que había dedicado al sueño eran realmente escasas y por muy alfa supremo que fuera, el cuerpo pedía descanso; por lo que la oscuridad y el silencio que imperaban en la habitación lo incentivaron a dejarse llevar.

Sin embargo, el gusto le duró poco, pues a escasos minutos el sonido de movimiento lo hizo abrir los ojos de par en par.

Takato había despertado observando con horror y tristeza el rostro lastimado de su bebé cuya mano temblorosa acariciaba con amor esperando que el acto pudiera borrar las marcas; a lo cual, incapaz de contener las lágrimas comenzó a llorar.

Junta tomó la mano que se estremecía llenándola de besos castos.

—Mi amor… no llores, Haru está bien. El medicamento le ayuda a no sentir dolor y en un par de días no quedará rastro de nada – dijo a manera de consuelo, pero para Takato ver así a su razón de vivir y recordar el infierno por el que pasaron, se sentía como brasas calientes sobre su pecho.

Ante la imagen desconsolada de Takato, se puso lentamente de pie y acomodó su pequeña carga en la misma cama, justo a un costado del ojiazul que de inmediato la abrazó y besó sin despertarla.

—Perdón mi vida, perdón por no protegerte. – Susurró con voz dolida. Ante lo que Junta no pudo aguantar más.

—No, no Takato, no digas eso, tú hiciste todo lo que pudiste, yo soy el que no hizo suficiente.

El ojiazul miró a Junta sintiendo un escalofrío y respondió:

—Chunta… lamento tanto no haberme ido contigo cuando me lo propusiste, si yo te hubiera hecho caso esto no habría pasado… si te hubiera seguido… me diste una salida y la ignoré y por mi culpa mi bebé vio algo horrible y su infancia feliz ahora llevará esa marca. Soy tan idiota…

—No Takato, no eres un idiota. Tus razones para no creer en mi estaban bien justificadas, fui yo quien no te dio la confianza que necesitabas y en verdad lo siento mucho, no tienes idea de cuánto mi amor.

Sin importar qué le dijeran, Takato no podía deshacerse de ese sentimiento de culpabilidad que lo asfixiaba; y otra cosa alarmante, eran las emociones inexplicables que estaba sintiendo y que le removían el corazón cada que miraba a Chunta; sin embargo, adjudicó aquello a las hormonas que revolucionaban en su interior debido al embarazo.

Abriendo los ojos como platos, llevó su mano derecha hasta su vientre.

—¡El bebé! – exclamó Takato sorprendido al recordarlo. Fue entonces que miró alrededor y notó que se encontraba en la habitación de un hospital, además el pinchazo del catéter en su mano confirmaba su ubicación. —¿Qué?... ¿por qué?

De inmediato, Junta tomó entre sus manos el rostro asustado de Takato y lo besó tiernamente para relajarlo. Cuando notó que el delgado cuerpo dejaba de temblar se alejó unos centímetros y explicó:

—Takato, escucha con atención, quiero que asientas si estás en tus cinco sentidos. Necesito que te tomes con calma lo que te diré, ¿si amor?

A lo que el ojiazul asintió impaciente, lo último que recordaba era la paliza, y después, todo era negro.

—Estás en el hospital… debido a los golpes que recibiste te desmayaste. Gracias al cielo ningún hueso está fracturado, sentirás dolor, pero el medicamento te lo quitará, y los hematomas desaparecerán en unos cuantos días, tu ojito se inflamó, por eso lo tienes parchado.

—¿El bebé? – preguntó Takato interrumpiéndolo y quitándole importancia a lo anterior, pues la duda le carcomía los nervios y la respuesta seguía sin llegar.

Junta apretó la boca tomando la mano libre de Takato y continuó.

—El bebé no pudo soportarlo mi amor, perdiste mucha sangre, trataron de detener la hemorragia, pero no era posible, así que pasaron a hacerte un legrado. El doctor dijo que el bebé tenía 4 semanas… tu útero quedó muy lastimado, así que no podrás tener más. Lo siento cariño, lo siento tanto. – Repitió sin dejar de besar la mano del azabache.

Takato, sorprendido por la noticia, no pudo evitar hacer pucheros y mirar hacia su ahora vientre vació. Si bien, la criatura no había sido concebida por amor, no significaba que lo odiara; por lo que saber que el pequeño ser se había ido, lo sumió en un mar de tristeza y el hecho de que en la vida podría tener más familia fue el tiro de gracia.

—Takato, ¡estarás bien! debes estar en reposo absoluto por un periodo mínimo de 10 días. Y no quiero que te preocupes por nada, yo me encargaré de ti y Haru, no te va a faltar nada…

—Es mi culpa – susurró. —¡¿Cómo puedo ser tan inútil?!, ni siquiera soy capaz de cuidar de mí mismo… ¿cómo fue que pensé que sería capaz de protegerlos?, le fallé a Haru, al bebé… y a ti también, ¡debí elegirte, debí ser más fuerte, valiente, decidido! Pero lo cierto es que solo seguí el camino fácil el que era horrible pero que ya conocía y al ser tan cobarde permití que esto pasara…

—Takato. Entiendo tu dolor mi amor, justo ahora puedo sentirlo atravesándome. Pero necesitas dejar de culparte, porque tú hiciste cuanto estuvo en tus manos y por eso es que sigues aquí, con vida… pudiste haber muerto en ese quirófano, pero no fue así; Haru te necesita, yo te necesito y a partir de hoy tus días estarán llenos de paz y podrás hacer lo que quieras, ese hombre jamás volverá a su vida. Te dije que me haría cargo y así fue.

—¡¿Qué?! – soltó sorprendido.

—Te hablaré sobre ello después, por ahora descansa un poco más. Te despertaré antes de que te den de alta. No me iré de tu lado.

—Pero ¿a dónde iremos?, no volveremos a esa casa, no tengo dinero, ni conocidos...

Estaba abrumado. Hace unas hora atrás volvía del acuario con su hija y disfrutaba de una cena divertida y ahora se encontraba en un hospital, había perdido a su bebé, su niña dormía a su lado con una bata gigantesca y con un moretón en la cara; además de recibir la noticia de que el hombre que lo había mantenido cautivo por años no volvería a su vida, llenándolo de un cúmulo de sentimientos: alegría, sorpresa, disgusto, ira, miedo. Todo mezclado y haciendo de él un lío.

Junta podía notar sus emociones y también las sentía como propias, el hecho de ser destinados intensificaba todo, era algo nuevo, sorprendente y aterrador. Debía controlarse pronto, pues ahora más que nunca debía llenar de seguridad a Takato.

Inhaló profundo y puso una de sus mejores sonrisas.

—Amor, te dije que no tienes de qué preocuparte, iremos a mi casa y si ahí no te sientes cómodo buscaremos otro lugar.

—Chunta, eso… eso es demasiado, ¿cómo puedes ayudarme cuando te hice a un lado? – preguntó bañado en lágrimas — no merezco que me quieras así…

—Corazón por favor ya no llores, tú mereces ser amado, cuidado, mimado y de más cosas buenas. Te lo dije y te lo repito: ¡TE AMO! y quiero que seas inmensamente feliz. Tú no me hiciste a un lado, yo me rendí. Así que déjame, por favor, déjame estar a tu lado. -Pidió con ojos suplicantes.

El azabache asintió. No sabía si eran las hormonas, el miedo de verse solo en el mundo, la depresión o el amor lo que lo estaban moviendo para dejarse llevar de esa manera, pero por ese día se dejaría guiar por la persona frente a él y descansaría para así recuperar su fuerza y volver a enfrentar la vida, pero esta vez como siempre debió ser; en libertad, paz y amor.

Después de un par de besos, promesas, mimos y una dosis de analgésicos; el sueño volvió al ojiazul, y de nuevo, Junta volvió a preguntarse lo mismo: "¿a qué precio?", "¿era necesario que ellos pasaran por ese dolor?", obteniendo una y otra vez la misma respuesta: "NO"

Y fue así que la venganza que tan dulce pensó le sabría, terminó por amargarle desde adentro. Por lo que solo quedaba resarcir el daño hasta que cualquier mal recuerdo desapareciera por completo.