CAPÍTULO 24
VIDA NUEVA
No sabía cuanto tiempo había estado dormido, pero el sol aún no se manifestaba en el horizonte, lo que en definitiva significaba que no lo suficiente.
El cuerpo le dolía por la posición en la que había permanecido gran parte de la noche, y aunque estaba hecho polvo, su mente ahora estaba completamente clara.
Recordó que después de tomar unos tragos comenzó a sentirse caliente y eufórico. Sus feromonas se habían sobreestimulado y su visión nublado, era como si estuviera drogado. Jamás había consumido alguna sustancia que alterara sus sentidos de forma tan violenta, pero estaba seguro de que lo que había experimentado se trataba de eso, no había otra explicación.
Entre la confusión, falta de visión y mareos, una persona se acercó a él tomándolo por la cintura y besándolo con deseo. Intentó recordar el rostro de la persona, pero era borroso. Quería respuestas, pero al parecer no las encontraría. Pero justo ahí es donde las cosas perdían sentido, porque cuando el sujeto se despegó de él, la cara que vio era la de Ramiro.
La cabeza comenzó a dolerle acompañados de fragmentos borrosos de Ramiro y él entrando al hotel, manos impacientes desvistiéndolo, succionando sus labios, mordisqueando su piel, sometiéndolo, fueron los que acudieron en desorden para atormentarlo. Y finalmente, ahí estaban, las únicas cosas que recordaba con lujo de detalle. Ramiro diciéndolo las palabras que más lo habían lastimado para después abandonarlo.
Ahora lo entendía, tenía una explicación y aunque no era perfecta, al menos sí lo suficientemente justificable para ser escuchado, aunque eso no quitaba que sí se había acostado con aquel sujeto y que jamás le había dicho no, pero era porque creía que era Ramiro.
Movido por tal pensamiento, creyó que aún podría encontrar un rayo de esperanza al final del túnel si tan solo hablaba de nuevo con el moreno, pero de inmediato las palabras y acciones de este, así como sus propias declaraciones aunadas a la humillación, taparon ese haz de luz que por un momento lo había iluminado.
—¿Qué caso tendría aclarar las cosas?, para Ramiro, soy un cualquiera y esa imagen jamás cambiaría y menos cuando me encuentro lleno de fluidos ajenos. – suspiró dejando ir su alma.
Aun si pudiera demostrar inocencia, ya Ramiro lo había dejado jurando que en la vida volvería a verlo, arrancando desde la raíz todo sentimiento que había germinado en su interior como si su existencia jamás hubiera existido.
Pero lo que más le dolía era el hecho de que no le hubiera dado siquiera el beneficio de la duda.
—Yo habría creído en ti… siempre. – dijo con voz quebrada mientras se ponía de pie para ir al baño y quitar de su cuerpo todo rastro de marcas que el encuentro casual le había dejado.
Enredado en la sábana, lo único que le acompañó hacia la bañera fueron sus propias lágrimas.
Mientras tanto, algo lejos del hotel, un precioso omega esperaba sentado en una de las mesas del famoso café 24/7, que dada la hora eran realmente pocas las personas congregadas, la mayoría solo parecían trabajadores del área circundante donde las empresas tenían obreros a todas horas.
Con impaciencia tamborileaba sus dedos sobre la mesa, resoplando de vez en vez cada que miraba su reloj. Pronto la campanilla de la puerta se escuchó dejando ver la figura de un alfa alto y atractivo que no dejaba de acariciar su mejilla inflamada.
—¡TARDASTE UNA ETERNIDAD! – Gritó poniéndose de pie en un salto llamando la atención de algunos comensales.
Con cara de fastidio el bello alfa arrastró una de las sillas para tomar asiento frente al pequeño omega que volvía a su lugar. —Cállate omega. El beta llegó... Eso de activar la ubicación fue una excelente idea.
—Y por lo que veo te dio un buen puñetazo. – Agregó Ritsu con una risa burlona que para nada le causó gracia al otro.
—Sí, fue uno contundente, pero valió la pena, le dije que Ayagi era el que se me había lanzado diciendo que era soltero y otros detalles difíciles de ignorar.
En cuanto el nombre "Ayagi" viajó a sus oídos, el hombre de lentes que se encontraba a dos mesas de distancia y que bebía su café tranquilamente, decidió que no estaba de más prestar atención a la plática.
Ritsu sonrió complacido tras las palabras del alfa. —Si eso es cierto, ellos terminarán, es seguro... Ahora págame el resto, he cumplido con mi parte, te lo entregué en bandeja de plata y ahora que él esté nuevamente solo podrás acercarte con mayor facilidad.
El alfa sacó su celular para realizar la transferencia, pero antes preguntó con ojos inquisidores: —¿Estás seguro de que no recordará nada?
—No, no lo hará. La droga es muy potente; además le di tres veces más de dosis, jamás sabrá con certeza lo que pasó a menos que tú o yo hablemos. -Puntualizó rozando sus dedos índice y pulgar sobre la boca como si pasara un cierre sobre ellos.
—Ja… Eso no pasará. – Aseveró el alfa, quien ante las palabras del omega comenzó a hacer la transferencia.
—Jaja, por supuesto que no. Así seguro se le bajan esos aires de grandeza que tiene ese alfa engreído.
Una vez que la notificación del depósito llegó a su celular, el omega se puso de pie y con un movimiento de mano se despidió dejando al otro complacido.
Semanas atrás su encuentro había sido cosa del destino, pues ambos tenían un objetivo en común "Ayagi Chihiro", uno para vengarse por una humillación recibida y el otro para tenerlo.
El alfa siempre se había sentido atraído por Ayagi. El conocimiento de su existencia se remonta a cuando Chihiro entró a la universidad, en ese entonces él se encontraba en su último año de maestría y se dirigía hacia la biblioteca cuando la visión de unas facciones delicadas acompañadas de un lunar coqueto junto a la boca que pedía ser besada se manifestaron ante él, aunado a un cuerpo alto y delgado totalmente de su tipo.
Así, haciendo uso de sus feromonas caminó con seguridad hacia el castaño, confiado de su apariencia y porte; sin embargo, jamás imaginó que aquel hombre fuera también un alfa.
Aún así su interés no desapareció y siguió intentándolo, fracasando rotundamente. Después de 2 años su interés no menguaba y aún sabiendo que el yakuza tenía una vida libertina, él no tenía posibilidad con el objeto de su deseo.
No fue hasta que inesperadamente presenció la discusión de un omega con Chihiro, que una idea apareció.
Su orgullo de alfa, así como su amor no correspondido, se sentía herido al ver que su presa se iba gustoso con un beta que a simple vista se podía percibir que no sería el que recibiera, cosa que le hizo hervir aún más su sangre. Pues uno de los rechazos de Ayagi había sido con palabras textuales: "Soy tachi", dando así por terminada toda interacción y posibilidad de relación.
Después de ver cómo el omega salía disparado envuelto en un humo de vergüenza y rencor, él lo siguió y fue así como ambos se confabularon. El alfa le pagaría una buena cantidad, siempre y cuando el omega cumpliera con su petición.
Así, Ritsu siguió a Ayagi por un tiempo hasta familiarizarse con su rutina, informándole a su empleador que el castaño había comenzado una relación seria con el moreno, al punto de que había abandonado sus encuentros casuales y salidas a bares. Reavivando con sus palabras el coraje del otro.
No fue hasta que vio cómo después de tanto tiempo Chihiro entraba a aquel bar, que la tan esperada oportunidad de venganza llegó.
Así, pagándole al barman unos cuantos yenes, colocó la llamada "droga de la felicidad" en su vaso, droga conocida por hacer caer incluso a alfas dominantes. La droga inducía a un celo forzado y éxtasis, pero el efecto más buscado, y motivo de su popularidad, era que te mostraba aquello que más anhelabas, por eso su nombre.
Una vez que los efectos se hicieron presentes, el alfa hizo acto de presencia, sorprendiéndose cuando después del beso agresivo que le propinó al castaño, Ayagi se lanzó a sus brazos correspondiéndole y susurrando sobre sus labios el nombre de "Ramiro".
Motivado por el deseo y la rabia, aprovechó el estado vulnerable del otro alfa, quien bajo la influencia de "la felicidad" parecía un tierno gatito. Así, lo llevó hasta el hotel donde dio rienda suelta a sus deseos enfermos que por tanto tiempo habían sido reprimidos.
—Las cosas buenas le llegan, a quien sabe esperar. – Susurró el Alfa al tiempo que acariciaba su rostro recordando cada una de las cosas que le había hecho al castaño. —No, esto no es suficiente. Tú serás mío, Ayagi Chihiro.
Mientras tanto, el hombre de lentes se puso de pie lentamente. Con paso firme avanzó hacia la caja registradora girando para ver de frente el rostro de aquel alfa que se encontraba perdido en sus fantasía.
Una hora después, Ayagi entraba a su departamento, en apariencia nada había cambiado, pero tal y como lo esperaba, al abrir la puerta de su habitación la verdad innegable se mostraba impasible y cruda ante él.
Todo rastro de Ramiro había desaparecido: su cepillo de dientes, toalla, ropa y hasta el último par de zapatos. Ahora, ya no había nada mas que sus memorias para recordarlo. Realmente habían terminado.
Parado en medio de la habitación, sintió cómo su corazón se quebraba, si es que podía hacerlo aún más. Ahora tanto espacio le parecía innecesario y solitario, nunca antes esto había sido un problema, pero ahora era aterrador y doloroso.
Se sentó en el borde de la cama soltando su cuerpo agachando la cabeza, preguntándose si ya no tenía orgullo de alfa. Porque nuevamente pensamientos de llamarle y buscarlo volvían a él.
—Beta idiota…
Apretando los dientes y llevando las manos a su rostro terminó por desmoronarse.
El domingo llegó pronto y con ello la partida inminente de Takato, Haru, Sasaki y Junta.
Las maletas estaban listas, los pasaportes en mano y ya solo quedaba esperar un poco más para que su vuelo fuera anunciado. Los cuatro permanecían sentados en la sala VIP del aeropuerto, Junta hablaba con su familia informándoles sobre su salida y hora de llegada, Sasaki trabajaba en unos informes mientras que Takato y Haru se tomaban fuertemente de la mano entre pláticas infantiles.
Los nervios estaban presentes, pero ninguno de los dos decía algo al respecto. Era la primera vez que volarían, de hecho, era la primera vez que pondrían un pie fuera de Japón, por lo que la experiencia resultaba excitante y a la vez aterradora.
Haru miró hacia donde los demás viajeros esperaban e hizo una mueca al no encontrar lo que quería ver.
—Mami, ¿Ramiro y el tío Chihiro no vendrán? – preguntó al notar que la promesa que había mandado decir el castaño, no era cumplida.
Takato la miró y sonrió. —Aún tienen tiempo de llegar y despedirse. Pronto estarán aquí, ya verás.
No tan convencida de la afirmación de su mami, Haru siguió mirando hasta que de un brinco se colocó de rodillas en el sillón y levantando ambos brazos comenzó a saludar efusivamente a su persona querida. Acción que hizo que todos voltearan hacia aquel punto.
Takato sonrió ampliamente al verlo, pero pronto, la sonrisa fue remplazada por la sorpresa cuando vio que este portaba una mochila en su hombro y un billete de vuelo en la mano.
Sin perder el tiempo, Haru corrió hacia él en cuanto este cruzó la puerta de la sala. Ramiro puso su mejor rostro y besó las rosadas mejillas.
Junta le saludo de lejos, lo mismo que Sasaki, quienes seguían ocupados.
—¡VINISTE!, ¡te tardaste mucho! ¿y el tío Chihiro? – preguntó inocente la niña que no notó como el moreno apretó los labios en cuanto escuchó ese nombre.
—Haru, no presiones. Seguro el tío Ayagi tenía cosas que hacer. – Tomando a la niña la devolvió al suelo sin perder de vista a su amigo. —Qué te parece si le traes un jugo a Ramiro, toma, allá está la máquina expendedora – dijo colocando un billete de mil yenes en la pequeña manita. Emocionada corrió hacia allá no sin antes preguntar si podía también comprar algo para ella, recibiendo una respuesta afirmativa.
Con la pequeña a unos cuantos metros y con los otros hombres ocupados, Takato se giró hacia Ramiro pidiéndole que tomara asiento. El hecho de que llegara hasta esa sala privada en la que solo se le permitía el paso a aquellos que iban a viajar, era la información suficiente para intuir que algo había ocurrido con la pareja.
Tragando saliva y esperando no sonar como un entrometido, el azabache iba a preguntarle qué había pasado, pero antes de que pudiera decir algo, Ramiro habló.
—Patrón, dejé a Ayagi… sé que es algo apresurado y sorpresivo, pero… ¿podría ir con ustedes?, nada me haría más feliz que seguir cuidando de usted y de la patroncita.
Takato lo miró sorprendido sintiendo una punzada de culpabilidad en el pecho al pensar en que tal vez Haru y él hubieran sido el motivo de que Ramiro y Ayagi se separaran.
Con aquello en mente, el azabache solo pudo preguntar: —¿Por qué lo dejaste?, ustedes estaban perfectamente bien ¿qué pasó? – Comentó afligido al ver que, aunque Ramiro dijera que era feliz de seguirlos, una sombra de tristeza empañaba su rostro.
En ese momento Haru volvió con el jugo, recibiendo un gracias por parte del moreno quien con mucho esfuerzo apenas y pudo formar una sonrisa.
Satisfecha, Haru se sentó en el sillón de donde sus piernas colgaban dándole un aspecto aún más adorable, olvidando por un momento que el tío Chihiro no había venido, alistándose para devorar el pastelillo de chocolate que había sacado de la máquina.
Viendo que la niña estaba muy entretenida, Ramiro comenzó a contarle a Takato cómo se habían dado las cosas. Desde el momento que descubrió la mentira, seguido del acto de encontrarlo en una habitación de hotel fornicando con otro Alfa, hasta la escena culminante en la que había terminado con su relación.
Takato no podía creer lo que escuchaba, en su cabeza no cabía la idea de que aquel hombre que le había plantado cara exigiéndole reconocimiento para Ramiro y que lo metía en cada rezo que decía, hubiera sido capaz de engañarlo.
Con la incredulidad brotando en su voz, Takato preguntó: —Ramiro, ¿estás seguro?, quiero decir… él en serio parecía amarte.
El moreno apretó los puños. —Claro que estoy seguro, nadie me lo contó, yo mismo lo vi. Pero así es mejor, de habérmelo contado alguien más, no lo habría creído.
Aun tratando de comprender, Takato preguntó: —¿Y qué explicación te dio?
Ramiro rio amargamente. —Que no sabía por qué… que le diera tiempo. – apretando los dientes exclamó con coraje: —¡Hágame el chingado favor!
Takato agachó la cabeza rompiéndose los sesos por darle palabras de aliento a Ramiro o al menos algo que le ayudara a reflexionar seriamente si irse era la respuesta correcta.
—Ramiro… ¿Estás seguro de querer dejarlo?, a decir verdad… ustedes no han hablado bien sobre lo que pasó. Por lo que me cuentas, solo sacaste todo tu coraje y él no tenía idea de cómo explicarse. No crees que, por las cosas que han vivido, al menos podrían darse la oportunidad de conversar sin un escenario tan desastroso de por medio, ¿no lo crees?
Por un instante el semblante del alto cambió como si las palabras de Takato le hubieran golpeado como rayo haciéndole ver las cosas desde otra perspectiva, pero en cuanto la imagen de Ayagi con las piernas extendidas y el otro sujeto diciéndole que este no era un hombre de una sola persona, mandaba al carajo toda posibilidad de un diálogo.
—No, hablar con él solo sería una pérdida de tiempo. Lo que hizo, no puede ser perdonado. Yo no puedo perdonarlo. – Dijo apretando sus puños al grado de enterrar sus uñas en la carne que lucía pálida por la presión.
El menor suspiró incapaz de quitar la expresión compungida de su rostro. —Entiendo… solo… quiero que estés realmente seguro de tu decisión, porque cuando estemos volando a doce mil ochocientos metros de altura, bajarse no será una opción.
Ramiro exhaló el aire reprimido y mirándolo a los ojos dijo: —Estoy seguro.
Takato no quiso insistir más, la herida de Ramiro estaba abierta, sangrando y supurando. Estaba seguro de que lo que este estaba haciendo era un impulso del momento, pero al final, ¿quién era él para decirle algo cuando él mismo se comportaba igual?
Por lo que solo le quedaba ayudarlo a sanar y esperar que el tiempo también hiciera su parte.
—Entonces… ¡Bienvenido de vuelta! – Expresó abriendo los brazos para recibirlo.
Ramiro aceptó el gesto hundiendo su cabeza en el hombro del delgado.
Junta, que había terminado de hablar con su abuelo, observó la escena con curiosidad, a lo que Takato solo le hizo una seña de "luego te cuento", recibiendo un asentimiento por parte del ojiverde. Al fin de cuentas tendrían dieciséis largas horas para platicar.
Media hora después, el llamado para su salida estaba siendo anunciado. Sintiendo una enorme adrenalina recorrer cada milímetro de su cuerpo, las ahora cinco personas, abordaban el avión cada uno con mil cosas en la cabeza.
Haru originalmente iría junto a Takato, pero después de saber que Ramiro los acompañaría, pidió viajar a su lado. Dejando así el lugar libre para Junta, que gustoso de los resultados no pudo más que sonreír, finalizando el movimiento en Sasaki siendo desplazado al que en un principio iba a ser el lugar de Ramiro.
Después de sorprenderse por cada cosa que miraban del avión y de sus hermosos asientos, todos se acomodaron en sus respectivos lugares, Takato miraba por la ventanilla dando un último adiós al lugar que le había visto nacer y en el que sus peores y mejores recuerdos habitaban.
Pronto, el avión comenzó a moverse estremeciendo los asientos de los pasajeros. Takato enterró las uñas en ambos reposabrazos como si de un gato asustado se tratara. Su corazón retumbaba al tiempo que un nudo se iba formando en su estómago, hoy era el día en que dejaría atrás el pasado y comenzaría una nueva vida con el hombre que en un instante tomó su mano para besarla con reverencia, susurrando dulces palabras de afecto que poco a poco fueron tranquilizándolo. "Esto es lo mejor", se repitió internamente para autoconvencerse.
Cuando la turbulencia pasó, las nubes de japón los rodearon despidiéndose de ellos. En su corazón ya no podía haber más dudas.
Junta admiraba el perfil sereno de Takato al tiempo que acariciaba su tersa mano. Después de hablar con su abuelo tenía la certeza de que en cuanto llegaran serían muy bien recibidos. La voz de Celestino y Yachio se escuchaban sumamente emocionados de tras tantos años volver a tener un infante en casa. Pero aquello no era lo único que los hacía saltar de alegría, sino que su amado nieto, que había viajado por venganza dejándolos con el alma en un hilo, ahora regresaba feliz y de la mano de su pareja destinada.
El ojiverde cerró los ojos dejando caer todo su peso en el respaldo del asiento. En un par de horas llegarían a su tierra, y con ello, el secreto que guardaba con recelo quedaría sellado bajo mil candados que lo acompañarían hasta la tumba.
—¿Quieres algo para beber? – preguntó Junta obteniendo la atención de su compañero.
—Agua, por favor. Creo sigo un poco nervioso, nunca me había subido a un avión. – Comentó apenado pensando que la explicación estaba de más, pues sabido era que no tenía permitido sacar un pie de la casa.
Rápidamente Junta mandó pedir el agua y notando la incomodidad en Takato agregó:
—Ahora estoy más contento, porque podemos compartir tu primera vez en el avión – sonrió atacando su mejilla con un rápido beso. Causando en su compañero un sonrojo adorable color carmesí y aunque le encantaba ver esas reacciones en él, debía detenerse o no podría contra el impulso de besarlo y hacerlo suyo en el avión. —Y bien, cariño mío, ¿a qué se debe que Ramiro nos acompañe?
—¿Te molesta? – preguntó Takato con el ceño fruncido.
—No, para nada. Solo me sorprendió, creí se quedaría con Ayagi.
Más relajado, el azabache soltó un suspiro al tiempo que acomodaba su cabeza en el hombro del alto.
—Terminaron…
—Oh…
Ambos permanecieron en silencio unos segundos, hasta que Takato comenzó a platicarle cómo se habían dado las cosas.
—Y eso fue lo que pasó. – Soltó casi en un susurro.
—Ya veo, aún así… siento que algo no cuadra. Es decir, sí, Ayagi Chihiro no tenía la mejor fama, pero realmente se veía comprometido con Ramiro, debe haber alguna explicación. – Dijo el ojiverde pasándole una botella con agua al omega.
—Gracias – tomó unos cuantos tragos y agregó: — Fue lo mismo que le dije a Ramiro, pero él dice que no hay nada que decir, que lo que vio es más que suficiente.
—Debió ser un golpe realmente duro, aunque si hubiera sido nuestro caso, yo habría tomado al otro sujeto, porque sé que tú jamás harías eso. – Afirmó el alfa acariciando el bello rostro.
—Tanta confianza es abrumadora…
—Perdón por incomodarte, solo digo la verdad.
—Lo sé… lo sé…
—Bueno, solo diré que Ramiro es bienvenido, es tu familia. - Takato sonrió asintiendo.
—Gracias, no me hace feliz la manera en la que se nos unió, pero sí el hecho de que esté nuevamente con Haru y conmigo. ¿Es eso egoísta de mi parte? – preguntó Takato con ojos tristes.
—No, cariño, eso solo significa que es alguien preciado para ti. Egoísta habría sido separarlo intencionalmente de Ayagi con tal de traerlo. Peor tú siempre pensaste en su felicidad primero, eres extremadamente dulce y considerado. Por eso y muchas otras razones son por las que te amo tanto.
Los dedos de Junta, que descendieron por su muñeca, tocaron ligeramente la palma de Takato. Solo con el pequeño toque de sus yemas, sintió un hormigueo en la piel, la voz del otro era cálida y lo envolvía por completo haciéndolo olvidar hasta de donde se encontraba. Su te amo lo estremeció al tiempo que todo su cuerpo le gritaba que correspondiera y se lanzara sobre Chunta con un impulso feroz.
Apretando el reposabrazos intentó dominarse, pero ya era tarde, feromonas dulces comenzaron a salir de su cuerpo agradeciendo internamente que Junta no fuera capaz de percibirlas. —Yo también te amo, Chunta… - Susurró sin perder de vista los hermosos ojos verdes que brillaban con fuerza.
Junta apretó los dientes cuando el delicioso aroma de su destinado bailó por su cuerpo y entró por sus fosas nasales embriagándolo, por nada del mundo debía demostrar cuánto lo estaba afectando esa exquisita esencia o más bien, no debía demostrar siquiera que podía olerlas.
Aunque pudo detener la aparición de sus caninos, no resultó así con su parte inferior, la cual rápidamente se hinchó siendo dolorosamente contenida por el pantalón y escandalosamente descubierta cuando por accidente Takato rozó su parte sensible.
—Yo lo… lo siento. – Expresó de inmediato al ver el enorme bulto pidiendo ser liberado, cosa que generó una reacción en cadena, pues sus feromonas se dispararon al doble causando que su entrada comenzara a humedecerse.
—No, siempre me siento así de bien a tu lado - susurró Junta con un hilo de voz que denotaba deseo. —Y por lo que veo… tú también te sientes así, ¿verdad?... ya que estás duro aquí y jadeando… - afirmó al tiempo que llevaba su mano derecha al pequeño bulto que comenzaba a mojar la ropa.
En cuanto Takato lo sintió, llevó las manos a su boca para callar el gemido que aquel roce le generó.
Con el rostro completamente carmesí y ojos vidriosos, Takato suplicó: —Por favor… tócame…
Esas tres palabras fueron suficientes para volver loco a Junta, quien de inmediato miró hacia el asiento de Haru, quien junto con Ramiro, portaban audífonos y veían entretenidos la película de "Coco", después pasó a Sasaki. El hombre ya se encontraba recostado y con tapones en los oídos, y en vista de que eran las únicas personas en el área VIP del avión, decidió que aprovecharía la situación, corrió la puerta de su asiento para tener mayor privacidad y sin pensarlo dos veces tomó entre sus manos el rostro de Takato demandando sus labios.
—Haré lo que sea que me pidas.
Takato sintió un escalofrío correr por su columna, ver a Junta en ese momento era como observar a una bestia que había sido aislada y privada de alimento. Muchas veces había experimentado el sentimiento de ser atacado por un animal, pero esta vez, por alguna extraña razón, deseaba ser devorado hasta la médula.
—¿Por qué?, ¿por qué deseo tanto a este hombre? – se preguntaba cuando de repente los besos sobre su boca fueron deslizándose por su cuello y manos hábiles desabotonaron su camisa dejando a la visto dos rosados botones que rogaban ser acariciados, petición que no se hizo esperar, pues de inmediato la lengua húmeda de Chunta se posó sobre estos dando lamidas alrededor de la areolas.
—Chuu… chunta…
Junta sonrió al levantar la vista y observar la pequeña boca abierta jalando aire con las mejillas bañadas en un rojo furioso. Los ojos azules lo miraban suplicantes y ante la suculenta visión, llevó uno de los rosados pezones a su boca para succionarlo, mientras que con su mano derecha pellizcaba el desatendido.
—¡Ah! – gritó Takato cuando sus pezones fueron jalados y retorcidos.
—Shhh, nos pueden escuchar mi amor… - susurró Junta soltando su aliento en los botones mojados por la saliva. Recibiendo un asentimiento tembloroso por parte del ojiazul.
Esta era la segunda vez que tenían un acercamiento que implicara más que besos y manoseos juguetones. Pues Junta le había dado tiempo a Takato de asimilar su relación y recuperarse del aborto, así que el hecho de tener esta clase de contacto y no verse rechazado, era prueba de que tanto él como Takato se deseaban demasiado como para seguir esperando.
Oler sus feromonas y sentir su excitación lo estaban volviendo loco, pero debía ser fuerte y no dejar salir su aroma ni colmillos. Para despejarse un poco, se separó del cuerpo delgado que de inmediato protestó.
—Solo bajaré el asiento mi amor.
Cuando volvió la vista hacia un Takato recostado, con la ropa hecha girones, el cabello desparramado sobre el respaldo y su rostro en una mueca de excitación llamándolo con deseo, fue más que suficiente para encenderlo. — Ah, Takato… quiero besar cada centímetro de tu cuerpo.
Acto seguido Unas manos largas y bonitas recorrieron el pecho de Takato. Todos sus sentidos estaban concentrados, y sentía como si, en vez de las manos, fuera la lengua áspera de una bestia la que recorría todo su cuerpo.
—¿Puedo? – preguntó Junta observándolo con ojos hambrientos mientras sostenía su mano al tiempo que lamía cada dedo.
Takato tragó saliva y con voz temblorosa soltó un —Sí.
Pronto las únicas luces encendidas eran las del pasillo, afuera la oscuridad abrazaba el avión. habían decidido viajar de noche para no resentir tanto el efecto jet lag y ahora, con la azafata lejos, Sasaki dormido y Haru y Ramiro posiblemente a punto de caer también. La oportunidad de llegar hasta el final con Takato estaba presente.
Junta comenzó a besarlo de nuevo por todo el cuerpo. En los hombros, el pecho, los costados y en algunos otros lugares en donde permaneció durante bastante tiempo.
Este, estaba dejando marcas por todo el cuerpo de Takato que no dejaba de estremecerse con cada caricia.
De un momento a otro, el cuerpo de Takato se encontró sin una sola prenda. Un escalofrío le recorrió cuando los labios de Junta acariciaron meticulosamente entre sus muslos, y luego, lentamente cavaron más profundo. Con sus manos, barrió suavemente su ingle y comenzó a lamer con su lengua el pliegue debajo de sus testículos; y como si aquello no fuera suficiente, Junta arrastró su lengua hacia su entrada que no dejaba de derramar miel.
Lo injusto fue que además de su lengua, también estaba utilizando sus dedos. El cuerpo de Takato se fue derritiendo poco a poco debido a la sensación de humedad y calidez que le producía el lamerlo cuidadosamente.
—Ungh, aah…
Takato levantó ligeramente la parte superior de su cuerpo y miró hacia abajo. Los labios que surgieron desde abajo, recorriendo el perineo hasta sus testículos, ahora estaban chupeteando su pene.
—¡Chunta!¡Hmm…!
La lengua se enredó suavemente y lamió el pilar. Era cálido y suave. Todo su cuerpo parecía derretirse dentro de esa boca.
Junta levantó la punta de su lengua y lamió el glande de Takato como si estuviera escarbando, aplicó fuerza en su paladar para apretar la punta, y luego utilizó toda su boca para estimular todo el pene. Parecía que podría eyacular pronto.
—De-despacio… - Rogó, pero la lengua de Junta comenzó a succionar más ferozmente. Realmente sintió que iba a eyacular. Finalmente, Takato comenzó a golpearlo en el hombro, desesperado porque no quería ensuciarlo con su leche. Sin embargo, Junta ni siquiera se movió.
—Aaahhhh, nggghh…mmmm – la mano libre de Junta viajó hasta la pequeña boca para callar los gemidos que se estaban volviendo incontrolables.
Ahora, era realmente difícil de soportar su propia erección tras ver y sentir como Takato se retorcía bajo él. Por su parte, el azabache no podía aguantar más porque el placer se desplazaba hacia abajo. Realmente necesitaba liberarlo.
Mientras se inquietaba, los genitales, que habían sido deliciosamente succionados, comenzaron a convulsionar cuando un dedo largo tocó su punto feliz. Había eyaculado.
—¡Aahhhgg, ngh, ughh…!
Takato abrió los ojos suavemente, sintiéndose aliviado. Sin embargo, nada lo preparó para ver como la manzana de Adán de Junta subió y bajó una vez.
—¿Se lo tragó? – se preguntó a sí mismo. solo unos segundos después se dio cuenta de lo que había pasado; entonces, levantó la parte superior de su cuerpo de un salto.
—¡Chu… chunta! ¿Por qué te lo comiste?
Sacando el miembro de su boca, Junta respondió al tiempo que lamía sus labios —Sabe muy bien. Delicioso.
Takato tomó su camisa que se encontraba echa bola y la llevó hacia la boca de Junta intentando inútilmente limpiarlo.
Tan preocupado estaba, que no se dio cuenta de los ojos entrecerrados que lo miraban ardientes de deseo.
—Takato- llamó con voz ronca el hombre entre sus piernas.
—¿Sí? – preguntó despistado.
—¿Puedo ponerlo aquí? – pidió Junta haciendo que Takato jadeara tras sentir dos dedos largos rozar peligrosamente su entrada.
Perdido en los orbes verdes, Takato asintió separando aún más su piernas, saboreándose cuando el grueso trozo de Junta salió de sus pantalones.
Quería chuparlo, lamerlo y morderlo, por alguna razón un aroma a bosque comenzó a atraerlo aún más, haciéndole perder el control.
Pronto la punta del miembro ajeno, del que escurría líquido preseminal, se enfiló presionando su pequeña entrada.
Desesperado apretó el reposabrazos e inconscientemente se impulsó hacia abajo deseando mayor contacto. Entonces, la cabeza gruesa y jugosa se introdujo suavemente quemándole, desatando una oleada de euforia como si toda la vida lo hubiese deseado.
Junta soltó un resoplido inclinándose sobre el cuello de Takato, sus sentidos lo estaban abandonando y sin darse cuenta había dejado salir un poco de sus feromonas.
El cuello de Takato lo llamaba y su lado racional comenzaba a desvanecerse, cuando quiso empujar más que solo la cabeza de su miembro en el agujero del azabache, la voz muy conocida de una pequeña les bajó toda la pasión de golpe, aterrándolos.
—Mami… ¿puedo dormir contigo?
De inmediato Junta salió de Takato con un movimiento brusco, cosa que hizo que el otro se quejara.
—Lo siento, cariño. Toma tu ropa, dijo pasándosela, dejando un beso en su boca.
—¿Mami?
—Ya voy, Haru, ya estaba dormido… esta camisa está sucia – susurró Takato, a lo que de inmediato Junta sacó una playera que tenía pensada ponérsela antes de bajar del avión.
Takato odiaba mentir, pero por nada del mundo podría decir a su nena que estaba teniendo sexo en el avión con Junta.
—¡¿En qué estabas pensando, Takato?! – se dijo a sí mismo, escandalizado de sus acciones imprudentes.
En cuanto estuvo listo, Junta quitó el seguro y dejó entrar a la niña.
—Hola, preciosa cachorrita.
—Hola, Chunta san.
—Te dejaré mi asiento para que duermas con mami. Te quiero – aseguró dejando un beso en su cabecita para después hacer lo mismo con Takato. —Descansen.
Takato lo miró desanimado y con pena. Él había sido el único que había recibido placer, mientras que Junta era movido de su asiento con una erección dolorosa entre las piernas.
—Te lo compensaré… —dijo Takato angustiado.
—No tienes que hacerlo, no te preocupes.
Junta se despidió cerrando la puerta y caminó con paso firme hacia el baño. Una vez dentro metió la cabeza en la llave y dejó que el agua fría lo mojara.
—¡Idiota! ¡eres un idiota! – dijo reprendiéndose a sí mismo —No puede controlarme… ni siquiera estaba en celo y aún así no pude… dejé salir mis feromonas, ¿Takato se habrá dado cuenta?... no, sino me habría dicho algo. De no ser por Haru yo… le dije que nuestra primera vez sería especial. ¡MALDICIÓN!
En ese momento recordó las palabras de su abuelo en el teléfono:
FLASHBACK
—Junta, hijo… debes decirle la verdad sobre quién eres realmente, acá todo mundo te identifica como alfa, qué piensas hacer cuando se llegue el momento de presentar a Takato con nuestros conocidos y amigos o es que pretendes mantenerlo aislado como lo tenía ese malnacido de Himura. Es mejor que se entere por ti.
—Lo sé… lo sé, solo quiero un poco más de tiempo, por eso… por favor indiquen al personal de la casa que no digan nada sobre mí, y abuelo… prometo que hablaré con Takato, solo quiero que esté bien instalado.
—¿Para qué?, para que no pueda salir de inmediato cuando sepa que le has estado ocultando cosas, así no es la manera en la que tu abuela y yo te hemos educado.
—Ya casi es hora de que abordemos, nos vemos en Madrid. - Soltó con tono agotado.
—Junta, te estaremos esperando con los brazos abiertos, así como a tu omega y su niña, tu abuela se volvió loca decorando sus habitaciones, está realmente contenta y desde ya, son también nuestra familia y velaremos por ellos. Te amamos y solo queremos lo mejor para ti y eso incluye no empezar una relación basada en engaños. Nada bueno resulta de eso y si la confianza se va, no importa qué tan intenso sea el vínculo, esta no se recupera.
FIN DEL FLASHBACK
Junta golpeó la puerta soltando un enorme suspiro desesperado por el predicamento en el que se encontraba, pensó que al irse a España todo se solucionaría, pero la bola de nieve solamente se iba haciendo más grande. Debía hablar con Takato sobre que era un Enigma, pero no sabía cómo abordarlo ni cómo justificarse por haberlo ocultado.
Finalmente, su mente solo aterrizó en lo mismo, "decir la verdad" y aunque le costara debería hacerlo, pero no ahora, ni en un futuro inmediato, pues al hacerlo abría la puerta de otro tema que deseaba seguir teniéndolo bajo candado.
Por ello, decidió que la mejor manera de seguir guardando las apariencias era no volviendo a intimar con Takato, sería duro, aún más ahora que había probado por unos segundos estar dentro de él, pero al menos eso le compraría tiempo para pensar muy bien las cosas. Antes había podido controlar sus feromonas porque Takato tenía la marca de Himura, pero ahora que era libre y que Junta sabía que era su pareja, el mantener a raya sus emociones era realmente difícil, sobre todo la lujuria y deseo que su destinado le provocaba, si seguía jugando con fuego pronto se quemaría.
Mientras llevaba una batalla campal consigo mismo en el baño, Takato arropaba a su hija que de inmediato cayó dormida.
Al acercarse para darle su beso de buenas noches, pudo notar un leve rastro del aroma que antes había percibido.
—Un bosque… un bosque fresco, pero… ¿por qué?
